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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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La última luz (III de IV)
Pasó la noche en vela. Por su cabeza daban vueltas y vueltas muchas imágenes, muchos recuerdos. La imagen de la librería la conservaba perfectamente grabada y pasaba la escena por sus ojos una y otra vez y, como queriendo cambiar algo, se detenía siempre en el mismo fotograma. Allí estaban él y su hijo, perdido hacía cinco años, frente a frente, mirándose a los ojos.
En aquella mirada descubrió sorpresa, miedo y, sobre todo, rubor. Descubrió una expresión de ridículo, de vergüenza, en la cual fundó una última esperanza de recuperarlo. Pero aquella esperanza duró apenas unos segundos. Se desvaneció tan rápido como vino. Tuvo el efecto de un flash fotográfico: por un momento lo inundó todo de luz pero en cuanto desapareció todo quedó mucho más oscuro.
Pasaban los días, lentos, en el trabajo y Martín hablaba menos, si cabe, que antes. En casa incluso olvidaba encender el aparato de radio. Su pulso había perdido la firmeza que antes tenía. No conseguía terminar ninguna figura de madera e incluso algunas veces se había producido cortes en sus dedos manejando torpemente las gubias.
Debía romper con todo aquello, quería salir de ahí, de forma que consultó don el jefe de personal de la empresa en donde trabajaba y le solicitó por adelantado quince días de vacaciones. Era un obrero constante y nunca había creado ningún problema por lo que el director no se lo podía negar.
Martín en los últimos años no había hecho ningún gasto extraordinario y tenía en el banco una cuenta que le ofrecía ciertas posibilidades. Se fue directamente a una agencia de viajes en la que le informaron sobre varias opciones, de las cuales se decidió por un sugerente y placentero crucero por el Mediterráneo alrededor de las islas griegas.
Lo pasó ciertamente bien en su viaje a Grecia. Se planteó la necesidad de cambiar su carácter, de abrirse más a la gente. Comenzó por entablar alguna amistad entre los pasajeros de aquel crucero.
Ya de vuelta a casa su cara era otra. Se le adivinaba otro espíritu sólo con verlo caminar. Entró en el portal de su casa con una maleta en la mano y con su chaqueta doblada sobre el otro brazo. Abrió el buzón y cogió todo lo que había dentro: mucha publicidad y cinco o seis cartas, todas de ellas del banco o parecidas. Cogió el ascensor y subió hasta su piso. Dejó la maleta en el suelo y rebuscó entre sus bolsillos para encontrar la llave. Abrió la puerta y se agachó para coger la maleta. Mientras se agachaba vio en el suelo un papel, una nota que alguien había introducido por debajo de la puerta.
...continuará.
 
Comentario:
La vida da tantas vueltas...es como el mar, impredecible, guiado por mareas altas y bajas...te sigo...

Un biko y buen domigo;)biko azul
 
Comentario:
Vaya momento de dejarlo.

Esperando la IV parte.

Besos de una maia.
 
Comentario:
Me encanta, ¡esto es como una novela por entregas! Por cierto, yo tabmién me marché a un crucero yo sola, este por Italia, una vez en la que los problemas me atacaban por todas partes... y volví con fuerzas redobladas ;)

Un abrazo desde las lejanas tierras inglesas,
No