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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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La última luz (I de IV)
No sé qué razón me ha movido a hacerlo pero he decidido sacar a la luz algo que escribí hará unos 15 años. Espero que alguno de vosotros sea capaz de soportarlo. Lo he dividido en cuatro partes y ésta es la primera.


Una vez más, como cada tarde, Martín volvía del trabajo. Caminaba despacio, parsimonioso, con la mirada caída apenas unos metros delante de él. Parecía no importarle lo que sucediera a su alrededor. Al llegar a casa intentaría de nuevo darle vida a un pequeño trozo de madera.
La ausencia de su mujer, que una inoportuna neumonía le robó, le había aficionado a estas manualidades, ya que se encontraba muy solo y aburrido en su casa. Eran ya tres largos años los que llevaba viviendo con la única compañía de su radio, a todas horas encendida. Ahora, martín, se había convertido en un lobo solitario y únicamente dejaba que los días se sucedieran, uno tras otro, sin la esperanza de que algún nuevo acontecimiento lo rescatara de su rutina. Sólo la conclusión de alguna de sus pequeñas obras le hacía esbozar en sus labios una leve sonrisa, quizás también tras alguna broma de sus compañeros de trabajo.
Decididamente, a Martín no le sonreía la vida. La muerte de Paula había sido la última, pero no la única pérdida en su familia. A la pequeña Patricia, con apenas unos meses, se le cerraron los ojos y su pequeño corazón dejó de latir. Hoy contaría dieciocho años.
A Roberto se le llevó otro tipo de muerte. Martín no lo entendió bien la primera vez que lo vio, aquella tarde que Roberto legó con un extraño brillo en sus ojos. Pero aquello se habría de convertir en algo habitual y, poco a poco, se fue dando cuenta de que estaba perdiendo el único hijo que le quedaba. Intentó por todos los medios rescatarle de donde se había metido, pero Roberto no quiso, o no pudo, colaborar. Quizá fue demasiado tarde.
Ni Martín ni Paula pudieron controlarlo nunca más. Comenzó a faltar algunos días. Más tarde sus ausencias eran de semanas enteras. Luego, sólo se acercaba por casa para pasar alguna noche o para pedir dinero; dinero que en las primeras ocasiones no se atrevieron a negarle: a pesar de todo, seguía siendo su hijo.
Hacía ya cinco años que lo había visto por última vez. Ya no le quedaban más lágrimas que derramar por él. Era ya un recuerdo al que Martín no quería acudir, aunque golpeaba con frecuencia su memoria, ... y le producía un áspero dolor.
Pasaban lentos los días, grises, monótonos. Esa tarde el cielo estaba más oscuro que nunca. Él examinaba con orgullo el pequeño potrillo de haya que mantenía en su mano izquierda. Mientras, con dos dedos de su otra mano parecía querer acariciar su crin y su lomo. El barniz aún estaba fresco, por lo que decidió posarlo en una estantería hasta que secara. Allí reposaría junto a otras figuras de animales...una rana, un inquieto gato, un búho vigilante y un toro de cuernos desiguales, todos ellos del mismo material.
Después se asomó a la ventana. Puso tras de su hombro la cortina y, lentamente, desempañó en uno de los cristales un pequeño círculo por el cual podía ver la calle. Desde su altura – vivía en un séptimo- contemplaba multitud de paraguas abiertos que se movían rápidos en todas las direcciones. Y los coches, agitando nerviosos sus limpiaparabrisas. Se mantuvo mucho tiempo en aquella postura, mirando sin ver tanto la calle como los edificios de enfrente y, de vez en cuando, alzando la vista al cielo como solicitando algo. Por el exterior del cristal, justo delante de sus ojos, descendía una gota de lluvia que haría de espejo a la lágrima que estaba a punto de brotar de ellos.
Pasado un tiempo, con gesto enérgico se deshizo de la cortina y giró sobre sus pies dirigiéndose hacia la radio. Sintonizó otra emisora donde oír las noticias y, cuando la encontró, fue hasta la cocina para prepararse una cena sencilla. Más tarde vería una película en la televisión antes de ir a acostarse. A las siete de la mañana sonaría de nuevo el despertador y habría que ponerse de nuevo en marcha. Vuelta al trabajo, vuelta a empezar.
...continuará.



 
Comentario:
¿Por qué el dolor por las pérdidas es acumulativo? Nunca se pierde.

Besos de una maia.
 
Comentario:
Gracias por el comentario que me dejaste en el blog... el comentario a esta historia vendrá cuando ella acaba; hasta el momento ha despertado mi interés.. GRACIAS, ojalá me anime a resignarme algún día... cómo lo hiciste tú??? Saludos.
 
Comentario:
Este tipo de "tortura" es de la que deberías tener más a menudo.

Es un relato que atrapa, te sigo.

Biko.biko azul
 
Comentario:
espero impaciente el resto de los capitulos para poder opinar.
esto lo escribiste hace muchos años, no has escrito mas cosas desde entonces? lo dicho, no tardes en entregarnos el resto de capitulos y gracias por compartirlos.
 
Comentario:
Empieza muy bien la historia... ¿La escribiste cuando tu mujer estaba enferma? El tono de una historia siempre suele coincidir con el de quien la escribe.

Un abrazo desde la pérfida Albión,
 
Comentario:
Y digo yo, así que mirando las fechas ehhh??, no te fiabas de mi cuando te dije que había sido casualidad??, vale, vale,.....jajajaaa.
 
Comentario:
Ha siso un placer "soportar" tu escrito. Pero no me ha gustado que Paula muriera de neumonía, que aún me estoy recuperando de una y lo estoy pasando de mal.......y he perdido a mucha gente querida (familiares y amigos) por culpa de ese brillo en los ojos..........Se me ha hecho muy ameno, en serio. Saludis.
Lo de "saludis" viene del primer comentario que dejé en un blog, se me fué el dedo y le di a la "i" en vez de a la "o" que estan juntitas las jodías. Al leerlo me pareció gracioso y lo dejé así, ahora se ha convertido en mi saludo particular, pero no me lo copies, que lo veo mu mariconero para un tío, jajajajaa. Otro saludis, ala.
No