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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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Cuando todo cambia de rumbo
Voy a intentar acabar lo que contaba el artículo “Con el permiso de los bloggers”, y que fue el calvario a que se vio sometida mi mujer tras un no demasiado importante accidente de trabajo. Os había contado cómo la mutua la mandó a trabajar con una hernia discal y lo habíamos dejado con ella en urgencias y calmada a base de morfina. Hasta aquí la negligencia de la mutua es evidente pero de lo que sucedió en el hospital no tengo el conocimiento suficiente para saber quién o qué fue el responsable.

Debo pedir disculpas antes de continuar porque probablemente os aburra con las fechas pero es el único modo de poder contar de una forma ordenada todo aquello que allí pasó. Todo sucedió hace dos años, dos que se han hecho larguísimos años.
El 25 de marzo entró en el hospital por urgencias y pasó esa noche en lo que llaman Evolución, tratada con morfina a causa de sus alergias a otros medicamentos. Al día siguiente la trasladaron a una habitación de la planta de traumatología donde los médicos intentaron recuperar la normalidad sin tener que pasar por el quirófano. Aquello no daba resultado y el día 7 de abril tuvo que ser operada de dos hernias, en concreto L4-L5 y L5-S1. Si todo hubiese ido de un modo normal en 3 o 4 días deberíamos haber tenido que abandonar el hospital y por su propio pie, al menos eso es lo que tuve tiempo de comprobar durante mucho tiempo en aquella planta; tres días después de ser operado, cualquier paciente se iba para casa andando.
Pero aquello no era normal, los dolores no remitían y además se le habían trasladado al pecho. Algunas enfermeras decían que podía ser por la postura, que era incómoda por tratar de mantener la sonda bien colocada. Alguna otra se atrevió a echarle la bronca, que era muy quejica y que todo eran nervios; que se debería ir para casa. Cada día tosía más y algunas veces parecía que le faltaba el aire. No eran ataques agudos pero empezábamos a estar muy preocupados, sin embargo los médicos decían que todo iba normal y contra eso no podíamos pelear, ellos son los que saben.
No sé si tuvo algo que ver, pero llegó el viernes santo, el día 18 de abril y la visita de ese día la realizó un médico muy joven. Esto lo supongo yo, pero me parece que era alguno de los novatos haciendo sustituciones para esas fechas que normalmente se cogen para vacaciones. No sé si por eso o sencillamente porque ese era el día, pero el caso es que nos sacó de la habitación y se interesó un poco más que los habituales en las demás visitas diarias. No nos dijo nada nuevo al salir, sólo supimos que había explorado algo más a conciencia su respiración.
Esa tarde yo estaba con mi hijo en una bolera cercana, tratando de que los dos pensáramos en otras cosas por un rato, cuando recibí la llamada de mi suegra: “Jose, ven al hospital, rápido”. Tuve que dejar a mi hijo con una cuñada fuera de allí y no pregunté nada hasta que estuve dentro, pero las caras no escondían que pasaba algo serio. A Maribel (no había dicho su nombre hasta ahora, perdón) la estaban operando pero mi suegra no acertaba a decirme exactamente de qué. Estaba muy asustada y solo podía decir: “Está muy mal”
La espera se hizo larguísima hasta que terminaron la operación y nos convocaron en una salita para explicarnos algo. En la primera operación se había colado en la columna una bacteria. Esa bacteria se había ido extendiendo (en 11 días no lo vieron) y estaba dejando muy débiles a cantidad de órganos, los más afectados, los pulmones. Claro, lo primero que se me ocurre es preguntar si con esta operación todo estaba solucionado, pero no recibo buenas noticias. La bacteria ha dañado mucho y no pueden saber si han conseguido limpiar todo, hay que esperar.
Directamente entra en la UVI. Allí pasa algunos días en los que no da buenas señales. Tiene un corte vertical en la espalda de 25 cm. que tiene que permanecer abierto porque esta bacteria (klebsiella pneumoniae) se reproduce en ambientes sin oxígeno. Ella se mantiene consciente aunque con dificultades para mantener una conversación debido a su debilidad y la cantidad de medicamento que recibe.
La noche del lunes 21 tiene que volver a quirófano para terminar de limpiar restos de la bacteria que pudiesen quedar. De nuevo nos advierten que las cosas están muy mal, incluso peor que antes.
A partir de ese momento la mantienen en coma, con ventilación asistida. Llegué a contar hasta 14 sondas conectadas a la vez. Pero lo peor es el informe de esa mañana. La fiebre es muy alta y si no baja, el cuerpo no podrá soportarlo. Varios órganos no funcionan bien por sí solos.
Nunca he pedido perdón a quienes me esperaban fuera para saber cómo iba todo, por las cosas que les fui ocultando. No les mentía, pero tampoco les decía hasta dónde llegaba la gravedad. Recuerdo cómo aprovechaba que tenía que buscar un espacio con menos gente para llamar a mi familia de más lejos, para poder desahogarme un poco y regresar con una expresión más aceptable. Solo mi suegra y yo sabíamos todo lo que pasaba, y ella dejaba que hablase yo. Sin haberlo pactado y con sólo mirarnos llevábamos la misma estrategia, sólo queríamos ganar tiempo en espera de mejores noticias.
Y esas noticias se asomaron, por fin, dos días después. La fiebre comenzaba a bajar. Apareció la luz del final del túnel. Los médicos nos decían que aún seguía en peligro pero nosotros ya no éramos capaces de pensar en negativo. Por fin un paso adelante!
El día 25 empieza a despertar del coma. El día 2 de mayo vuelve a quirófano para otra limpieza y para comenzar a cerrar el corte parcialmente. El día 5 sale de la UVI y es trasladada a planta. Mantiene un drenaje por donde expulsa cantidad de cosas que sería mejor no describir.
El 23 de mayo es operada por última vez y se cierra por fin la espalda. Desde este día y hasta el 20 de junio permaneció en el hospital, en una habitación, tratando cada día de intentar ponerse de pié, de dar algún paso apoyada en esos carritos con ruedas; tratando de mirar hacia delante y no llorar, tratando de regresar a casa y poder dormir bajo el mismo techo que su hijo.
Ese último mes ya no tuvo peligro para su cuerpo, pero la cabeza pasó por muy malos momentos. La psicóloga que la trató a petición nuestra le dijo que no es extraño que tuviese una depresión, que no era por causas remotas y absurdas, que lo difícil hubiera sido mantenerse de una pieza tras todo aquello.
Hoy está aquí, conmigo, en casa. Hay quienes dicen que ahora todo es normal, pero quienes estamos muy cerca de ella sabemos que allí, en aquellos quirófanos quedaron muchas cosas. Cosas que no se ven desde fuera. Lo de menos es la costura de un palmo en la espalda. La ilusión, la alegría, el instinto, el ánimo, la confianza...quién puede medir esas cicatrices?
Un abrazo desde aquí a todos aquellos que estéis o tengáis a alguien cercano bajo la amenaza de una enfermedad. Animo, vikinga.
 
Comentario:
Pues el Sr. klebsiella pneumoniae es uno de los millones de bacterias que se encuentran pululando por el ambiente de hospital, incluso tenemos bacterias en nuestra piel que con una herida abierta podria jodernos la vida. Yo en una operación en la pierna derecha tuve al Sr. Stafilococo Meticilín Resistente y me tiré un mes y medio en el hospital hasta que al final consiguieron matarlo. Además la medicación que más daño le hacia al susodicho bicho me daba alergia, así que tenian que hacer las curas con pomadas y cremas, y cambiar éstas porque, como su nombre indica, se hacia resistente a la pomada o crema aplicada. ¿Cómo una cosa tan pequeña puede hacer tanto daño?.

Me alegro un montón que al final todo saliera bien, y que podais seguir disfrutando el uno del otro junto a vuestro peque.
Un cordial abrazo.
 
Comentario:
Por desgracia son cosas que siguen ocurriendo y ocurrirán. He padecido varias negligencias médicas, con mi padre, con mi hijo y conmigo misma, menos mal que estamos vivos los tres.
De ahí mi "recelo" a los médicos, lo que para ellos es rutina para otros es la vida de un ser querido. No podían ser un poquito más.....humanos???
Tu mujer y tu familia ya no será la misma, habrá un antes y un después de aquel ingreso hospitalario, como si hubiera vuelto a nacer. Un beso.
 
Comentario:
solo decirte que se bien lo que habeis pasado, y solo te daré como apunte, que gracias a ese tipo de negligencias yo estuve un año y un mes, invalido de por vida, con solo 22 años, no te contaré aqui mi esperiencia porque no viene al caso, tan solo decirte, deciros, que eso ya no lo quita nadie, y que lo que queda por vivir es lo que cuenta, animos y mirando palante,
 
Comentario:
Me horroriza pensar por todo lo que habéis tenido que pasar, tanto ella como tú y el resto de gente que la quería. Y me horroriza también el daño que se puede hacer cuando un profesional se muestra poco escrupuloso a la hora de hacer su trabajo. Sólo puedo darte a ti y a Maribel mi más sincera enhorabuena por haber superado ese mal trago y mis deseos de que todo quede atrás.

Un abrazo muy fuerte de la asturianina,
No