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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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Porqué no me gusta el golf
Quizá pasé demasiados años compartiendo el mismo campo de fútbol en el patio de colegio con otros cien niños. Quizá nunca aspiré a ser rico. Quizá mantenga la obsoleta idea de que mi ocio es más ameno en compañía.

El caso es que, por estas u otras razones no me gusta el golf. La sensación que me produce ver varias hectáreas acotadas para el disfrute de unos pocos irrita mis raíces de chaval con bocadillo de pan y chocolate y de balón Kaplan de aquellos que tatuaban sus hexágonos de plástico en mi frente al rematarlos de cabeza.

Pero nuestro verano está diseñado para ellos. En comarcas donde el agua vale más que el Eau de Rochas se instalan sistemas de regadío para que el verdín del fresco césped siga tiñendo de verdín esos absurdos zapatitos del albino nórdico pre-jubileta o del japonés de turno, con sus bermudas caqui y chaleco de Indiana Jones. Los promotores insisten en que diseñan lagunas que autoabastecen esos campos. Pero no ponen el mismo empeño para mantener viva la huerta que da de comer a la región que ofrece sus servicios a su hotel.

Allí hay otra clase de turismo, ese que viene del sur de Mediterráneo, ese que no viene buscando los rayos del sol sino huyendo de ellos. No necesitan más bronceado sino el calor de un puñado de euros y la esperanza de vivir dignamente. Y sudan, pero no por la pesada digestión de una paella en la tumbona de la playa sino por buscar su comida recolectando para la de otros.

No hay sauna más eficaz que trabajar 12 horas en un invernadero, aunque tenga el inconveniente de que no te deja las manos libres para leer la prensa ni el aliento suficiente para debatir con el compañero con qué tipo de palo se alcanza mejor el green.

Pero si en algo coinciden los extranjeros que llegan a nuestras playas es en el recibimiento con plásticos. A unos, según bajan del crucero les entregan un plástico que abre la puerta de una suite con el aire acondicionado a toda pastilla.
A otros, a medianoche, los cubren con plásticos para combatir la hipotermia con que muerden sus huesos las noches de travesía en patera.

Más tarde, para que a aquellos no les falte de nada, colocan en sus muñecas pulseras de plástico que garantizan comida y bebida hasta hartarse. Y lo harán a conciencia, beberán hasta perder esa dignidad que no necesitan porque se saben poderosos y tiene carteras llenas de plásticos que compran afecto, sonrisas y atenciones.

Pero de la dignidad de los otros cuelgan siempre pesadas bolsas bien cargadas de plásticos que intentarán vendernos por la calle y los bares, y en donde saben que llevan su posibilidad de cena y, lo que ellos más aprecian, unos meses de supervivencia para los suyos que esperan en la cara B de nuestro mundo solidario.

El plástico mueve el mundo; compra, paga, vende, pero sobre todo identifica y nos clasifica. Lo que no acabo de entender es porqué algunos, si tanto aprecian el plástico, no se compran la Play Station para jugar a un golf virtual, que ocupa tanto como un posavasos, y que lo puedan hacer desde la suite de su hotel, directamente en gayumbos, con la camiseta imperio y la lata de Budweiser y la pizza al lado, en vez de acaparar las pocas zonas verdes que el asfalto ha esquivado al crear accesos a colosales urbanizaciones.

Quizás las administraciones no recuerdan lo maravilloso que es pasar una tarde GRATIS con los hijos y unos buenos amigos en espacios naturales abiertos. O quizás sí lo recuerdan y no quieren volver a coincidir con los vulgares vecinos de la frutería de abajo y para ello conceden licencias de urbanización a cambio de generosas comisiones para que sus nuevas y glamourosas tardes de campo tengan como única molestia la compañía de un caddy y el hecho de no entender muy bien porqué tienen que llevar pantalones de rombos.

Vivimos rodeados de extranjeros. Yo personalmente trabajo hombro con hombro con muchos de ellos. Pero ellos no llevan pulseras de plástico con lo que no se les colma de atenciones ni los llaman turistas, sino que nos aportan sus manos y su sudor y a cambio los llamamos inmigrantes. Y los miramos con cierto desprecio.

A mí me están aportando mucho, pero es que soy de los que aún piensan que la riqueza no está en una tarjeta de plástico sino en crecer como persona aprendiendo y conviviendo con los demás ... con TODOS los demás.


A mis compañeros polacos, ucranianos, portugueses, rusos, peruanos, rumanos y... de Mali, de los cuales desconozco hasta su gentilicio.


 
Comentario:
Antes de escribir, hay que saber qué se escribe. Reflexionar!!! y después dejar salir lo que uno siente.
Lo que se no puede hacer, es escribir una cosa y hacer por detrás otra poniendo una pantalla de ordenador en medio de lo que haces y lo que dices. Vives rodeado de mucha falsedad, y te estás convirtiendo en un falso. Te estás dejando envenenar por lo superficial y lo banal, sin saber mirar mas allá de lo que se ve.
Eres como todo el mundo, no tienes nada de especial, solo una pag. donde plasmas lo que te gustaría ser y no eres.
 
Comentario:
Me haces replantearme las cosas que algunas veces pienso, me doy cuenta cuando te leo, y me haces sentir mal por los pensamientos que tengo; a veces cuando pienso en todos los emigrantes que veo en mi pueblo"Balma" creo que algo de nuestra manera de ser se va a perder y me hace rechazarlos mentalmente, aunque realmente hasta tengo gente conocida o incluso alguna amiga de otros paises menos favorecidos, bueno basta de chachara, a partir de ahora mirare con otros ojos y otro corazòn intentando pensar en ellos como tu agur
saludos
 
Comentario:
Para que unos pocos disfruten de algo, otros muchos tienen que pringar. Es ley de vida, injusta esa ley pero utópico intentar cambiarla.
Me alega volver a saludarte.
 
Comentario:
Es lo que pasa...y en algo estoy de acuerdo. Se aprende mucho más si dejamos de mirar las identificaciones, acentos o cosas que diferencian.

Un biko!
 
Comentario:
Nos vamos separando cada vez más de esa cara B (como tú dices) de este mundo solidario, cada vez somos más cara A. Hasta el punto que parece que olvidamos que todos somos portadores de los mismos derechos, puesto que todos somos personas y como tal, no caben las diferencias.

No, a mi tampoco me gusta el golf, ni las altas alcurnias, ni las noblezas, ni las familias reales... a mi me gusta le gente "normal" que respeta su entorno, la gente humilde, los trabajadores, vengan de donde vengan.

Besos
 
Comentario:
Mis padres fueron emigrantes y en compensación, creo firmemente que todo ser humano tiene el derecho de aposentarse donde encuentre el pan para sus hijos. Aparte de que enriquecen considerablemente nuestra riqueza cultural, todos somos hijos de la misma madre, somos seres humanos.

Precioso post.

Besos de una maia.

(Por cierto, tampoco me gusta el golf y por las misma razones que expones)
 
Comentario:
Como siempre, tienes más razón que un santo. Pero humanos y justicia, para mí, son conceptos incompatibles. Por desgracia, los cambios de sistema, grandes o pequeños, solo han servido para crear nuevas castas de golfistas.
Aprovecho este post para decirte - no quería hacerlo en el anterior - que me alegré un montón de que el Athletic siguiera en Primera. Por muchos años.
No