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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
Acerca de
Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.
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Una ilusión cautivadora
Quería la brisa pasar alguna página de su libro, pero él mantenía firme el pulgar de su mano izquierda en la base del mismo, entre las dos páginas que tenía abiertas ante sí. Su pierna derecha descansaba sobre la izquierda y su codo derecho se incrustaba en el brazo de la silla de camping que lo sostenía, por el peso de su cabeza que cada vez estaba más recostada sobre la palma de la mano.

Sólo al cambiar de página sus ojos se alzaban más allá del libro para comprobar con desgana cómo el sedal de la caña permanecía inmóvil en el mismo lugar. La pesca no era su gran ambición, sino la lectura en un paraje silencioso, bello y tranquilo.

Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketPor una vez, sin necesidad de terminar la página, algo llamativo distrajo su lectura. No sólo la punta de la caña se bamboleaba sino que un fuerte resplandor provenía del lugar en donde el sedal se hundía en el agua. Sea lo que fuere, aquello que había mordido el anzuelo era extraño y llamativo. No era un pez cualquiera, es más, juraría que ni siquiera era un pez.

Tomó la caña con firmeza y trató de recoger el sedal. Pero no sólo no lo conseguía sino que, por cada intento de recogerlo, aquella extraña captura se alejaba un poco más. Parecía imposible sacarlo a la superficie y su brillo comenzaba a difuminarse a medida que se sumergía más y más.

Era tal la excitación que le provocaba la curiosidad que, sin perder de vista aquella luz, se despojó de parte de su ropa y vació sus bolsillos sobre la silla y, guiado con sus manos sobre el sedal, fue caminando hacia el agua como hipnotizado por aquel resplandor.

Llenó bien de aire sus pulmones cuando comprendió que habría de sumergirse por completo. A medida que se adentraba en las aguas más profundas aquella figura dorada comenzaba a tomar forma. Aún no sabía de qué se trataba, ni siquiera si era un objeto o un ser vivo pero distinguía bien sus destellos brillantes bailando al ritmo de las aguas.

Pero se olvidó de coger más aire en su afán por desvelar el misterio y súbitamente sintió una fuerte presión en los pulmones que le recordaron su condición de mortal. Cuando fue consciente de ello quiso salir a la superficie, pero braceó torpemente y su boca se abrió pronto comenzando a tragar agua...


...Sonó un estruendoso trueno de aquellos que producen las repentinas tormentas de verano. La lluvia caía sobre él en forma de enormes y pesadas gotas y lo despertó sobresaltado, asustado y desconcertado sobre lo que pasaba. Le costaba respirar y su ritmo cardíaco estaba alarmantemente acelerado. Se levantó de la silla de un salto. El libro, que hasta entonces reposaba en su regazo, salió disparado por el impulso y cayó cerrándose unos metros delante de él, casi en el mismo lugar donde estaba clavada la caña.

El fuerte viento que se levantó hacía bailar la punta de la caña violentamente. Sobre las aguas del río, agitadas por el viento, se reflejaban fantasmales rayos de sol de aquellos que se cuelan entre las nubes negras de la tormenta. Estos reflejos lo cegaron y aumentaron más aún su desconcierto.

Photo Sharing and Video Hosting at PhotobucketSe llevó las manos al pecho. Quiso toser pero no le llegaba el aire a los pulmones y en su desesperación corrió hacia el río y se lanzó al agua de cabeza, en dirección a aquella luz, sin comprender porqué lo hacía.

A la mañana siguiente rescataron del río un cuerpo con varias vueltas de sedal alrededor del cuello y un brillante anzuelo clavado en una de sus manos, que permanecía cerrada.

Recogieron la caña de pescar, la cesta con los aparejos y la silla; pero nadie echó de menos el libro. Quizás lo llevó el viento, o algún animal jugó con él. Quizás cayó al río, quizás ... quizás aquella tarde de pesca no lo llevó.



 
Comentario:
Un saludo, viejo amigo.
 
Comentario:
yo no entendí que has querido contar...
 
Comentario:
Ufff, precioso.
 
Comentario:
Definitivamente se vuelve un placer la espera para poder leerte.

Mil bikos siempre.
 
Comentario:
Qué cinematográficas resultan las dos secuencias con sus respectivas luces… está muy bien estructurado el relato, es intenso y delirante… una ilusión óptica muy bien matizada.
Te felicito, es muy bueno

Un abrazo

 
Comentario:
Jo!, pensé que te habías olvidado de escribir, qué bueno que no!
Muy curioso el final de tu relato...

Besos
No