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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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La madre de Dorian Gray

No es aconsejable jugar con los grandes poderes. Así le pasó a Dorian Gray al hacer pactos con el diablo. No se puede vender el alma al diablo y luego pretender que aquel se olvidará de cobrarlo. La eterna juventud dura lo que el pacto marque, o quizás incluso menos. Y nunca una gran fuerza va a dar marcha atrás porque un triste individuo haya cambiado de opinión.

Oscar Wilde emparejó a su personaje con el mismísimo diablo. Y el bueno de Dorian sucumbió a los encantos de la eterna juventud, olvidándose de que su alma se estaba pudriendo. Y todo se paga. Y no se paga cuando uno quiere sino cuando el poderoso lo decide y a la manera de aquel.

Hay un caso reciente de síndrome de Dorian Gray. Un canalla que llegó a un pacto con la justicia por el cual en los próximos tres mil años sólo envejecería dieciocho. Pero no los dedicó a hacer el bien sino todo lo contrario; cargó su tambor de ira, odio y locura y apretó el gatillo cobardemente detrás de 25 nucas.

Y empezó a creerse un héroe, un símbolo. Es el efecto que produce en el cerebro la idea de ser superior a cualquiera que viva a nuestro lado, de pensar que la razón y la falta de escrúpulos es lo mismo, de medir los ideales en función de los kilos de dinamita.

Hoy han pasado esos dieciocho años y este nuevo Dorian confiaba en concluir su pacto con la justicia. Pero aquella había puesto algunas cláusulas a las que Dorian no hizo caso. Se creyó más fuerte que ella y, además de asesinar a esas 25 personas, olvidó que en el acuerdo había firmado que no se regodearía en público de estos crímenes ni alentaría a nadie para seguir con su sangría.

Y él sonreía, y brindaba con champagne cada nuevo crimen, y escribía artículos con intención de que todo aquel terror continuase. A su vez, en su casa una mujer confiaba a volver a abrazar a su hijo. Un hijo terrible, asesino, despiadado, cruel... pero un hijo. Ella quería ver a su Dorian fuera de los barrotes de la cárcel y para eso esperó 18 años.

Mientras, en la cárcel, su hijo negaba que la justicia pudiera cobrarle tan alto precio por aquella pequeña cláusula mientras que le había permitido asesinar al módico precio de nueve meses por víctima. Pero el poder es así de caprichoso y recto.

Y aquí se vio el verdadero valor de este personaje. Un hombre a quien no le hacía pestañear el ruido de un impacto de bala en un cráneo ajeno, cuando estaba tan cerca que seguro que podía apreciarlo, no ve la forma de acabar con su propia vida tras la frustración que la justicia le provoca. Finge una huelga de hambre que le mantiene vivo más de dos meses.

La cobardía llega a estos extremos. Hace años, 25 familias perdieron el apetito cuando él sí sabía como aplicar la pena de muerte y hoy se le ha olvidado cómo dejar de respirar. Lo que ahora tiene es miedo y quiere ir con su mamá.

Pero ya es tarde, su crimen nº 26 acaba de producirse. Su madre, de 83 años, y que llevaba los 18 últimos esperándole, ha dejado de esperar. Ha muerto ayer sola en su casa, sin su hijo que, emborrachado de euforia hace años, decidió romper el pacto con la justicia.

Ahora no vele decir que no es justo. Tampoco lo era pagar menos por matar a una persona que lo que se tarda en traer un hijo al mundo. No niego que ahora sea un símbolo; lo es, pero de la cobardía.

 
Comentario:
A mi me da igual que pase 18 o 3000 años en una cárcel. Para qué sirve? En el tiempo que estuvo entre rejas, no cambió, no relexionó, no se arrepintió, no pidió perdón, no le dio miedo los fantasmas de sus asesinados.

Muchas veces he pensado que lo mejor es hacer lo mismo que él hizo, ir por detrás, a traición y darle un tiro en la nuca, y mas ahora que está indefenso debido a su estúpida idea de convertirse en un mártir.

Pero la diferencia entre ese monstruo y yo, es que yo si tengo un corazón con sentimientos. Él tiene una piedra y el único sentimiento que tiene es el del odio a no se sabe quien.

Ójala alguna vez llegue a tener no 100 años de soledad, si no 3.000 años de soledad. Personas como esa no representan ni nada ni a nadie, solo representa lo inhumanos que podemos llegar a ser.
 
Comentario:
Hola tocayo:
redondo el post de hoy.
Yo no entiendo que se pueda condenar a una persona a tantísimos años sabiendo que no los cumplirá, no entiendo esta justicia.
Un abrazo
José
 
Comentario:
Aunque suene muy cruel por mi parte y sin que sirva de precedente, tengo que decir que los años que lleva en la cárcel y la muerte de su madre, no son castigo suficiente por todo el daño que ha generado.
Es un mierda y con mierda hay que pagarle.
Un beso José
 
Comentario:
Totalmente de acuerdo contigo: un cobarde. Por lo demás, ni siquiera me apetece acordarme de su existencia, así que no comento nada más.

Besos
 
Comentario:
Triste y acertada paradoja.
Y con las palabras justas y necesarias para manifestar lo que sentimos una gran mayoria. ¡Buen post José! (Si bien no el único a tenor del breve ojeo que he dado pues tiempo, últimamente no me sobra mucho).
Un abrazo y sigue siendo así, como eres.
 
Comentario:
Suele pasar que vender el alma....tiene un costo que no lo pagan precisamente quienes debieran.

Un biko.
No