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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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Las luces de la caravana de la muerte
Estoy triste, muy triste por la muerte de Pinochet.

No ha muerto como merecía. Lo ha hecho demasiado pronto, bien rodeado, bien atendido y provocando horas de reportajes en todas las televisiones del mundo.

Seguimos sin hacer las cosas bien. Seguimos gobernados por cobardes y vendidos materialistas. No se atreven a arrancar la cabeza del cuerpo de un asesino poderoso. Y no lo hacen porque, en el fondo aunque no en las formas, todos –repito- todos crean su política escribiendo en el mismo idioma: el del poder material.

Ninguno de los políticos del mundo se mantiene indiferente ante cualquier mandatario, por muy tirano que sea, sino que le recibe y le saluda atentamente, mientras desoyen las manifestaciones de obreros echados de sus trabajos por cuestiones de productividad.

El tirano chileno ha cumplido su mandato hasta el final. Yo le deseaba la muerte, pero no ésta. Me hubiera gustado más que su cuerpo siguiera respirando una década más, pero sin que nadie supiera nada de él, sin las atenciones que ha tenido, olvidado y escondido vergonzosamente en el peor barrio de Santiago. Que hubiese muerto años más tarde, después de comprobar que ya nadie le conocía por la calle, que nadie recordaba su herencia política.

Me hubiera gustado que ese viejo asesino no viviese mejor que aquella viuda, que no puede dormir porque aún oye por las noches las pisadas de la caravana de la muerte, que lleva más de 30 años llorando una pena sin que nadie le dedique un programa, un reportaje, una entrevista, una pregunta, un abrazo.

Pero no. Se les llena la boca a quienes se creen justos por poder llamar asesino oficialmente al viejo sanguinario. Y se cuadran ante él para decírselo. Y esperan a que él se vista su uniforme de matador, engalanado con decenas de condecoraciones de honor. Y eso es lo que él nunca ha perdido: el honor.

Hoy me da asco ver la televisión. Hoy todos hacen el homenaje a una vida criminal. Hoy escucho cómo preparan su funeral. Su viuda no pasará jamás desapercibida, tendrá todas las cámaras y micrófonos de la prensa alrededor. No le faltará una pensión desorbitada para vivir como una estrella de cine. No le arrebatarán las riquezas robadas a su pueblo. No será olvidada.

No sé nada de las otras viudas, las que dan vida y no muerte, las que en su bolso tienen amor y no poder, las que besan y no disparan, las que callan y lloran y no las que se exhiben con orgullo.

Incluso cuando un dictador muere gana batallas. Y eso es porque la moneda que conocen todos los políticos es la del poder, el orgullo, las balas y la muerte. Y se miran en su bolsillo y ven demasiadas coincidencias.

Estoy en contra de la pena de muerte. Sin embargo, para casos de este tipo, para genocidas y ladrones poderosos, se debería de instaurar la pena del olvido. Pero ninguno, por muy demócrata que sea, quiere arriesgarse a tal sentencia, les da más pavor que la propia muerte.

Y es porque no quieren acabar siendo uno de los nuestros. Saben demasiado bien cuál es la vida que nos regalan y no se ven capaces de soportarla. Prefieren que les insultemos pero no entra en sus planes caer en el anonimato.

Nadie quiere el olvido. Pero vivimos en un mundo en el que la atención y el homenaje es para los asesinos, y el silencio y el olvido es para a las víctimas. El progreso democrático es sólo un eufemismo. Y la justicia, un protocolo para el poder.

Descanse en paz ... el deseo de justicia del pueblo chileno.



Aprovecho para volver a copiar este texto rescatado de entre recortes que guardo en mi cajón, y que publiqué en este artículo en octubre de 2005.

“...le deseo sinceramente un juicio justo, apegado a derecho y, en la medida de lo posible, un calabozo limpio, cómodo y digno.
Ojalá que nadie lo golpee, general, que nadie lo humille.
Que no le confisquen su casa y su auto ni le destruyan su biblioteca.
Que no le venden los ojos ni lo tiren al suelo, para darle patadas y culatazos.
Que no le cuelguen de los pulgares, ni le administren descargas eléctricas en los testículos.
Que no le arranquen la lengua, que no le hundan la cara en el vómito, ni lo asfixien metiéndole la cabeza en una bolsa de plástico, que no le revienten los globos oculares, que no le quiebren los huesos de las manos, que no le introduzcan ratas hambrientas por el ano.
Que no le violen ni lo mutilen.
Que no lo hagan volar a pedazos con una carga explosiva; que no disuelvan su entierro a macanazos, que no secuestren a sus hermanos ni le arranquen los pezones a sus hijas.
Es decir, general, ojalá que no le hagan nada de lo que sus subordinados hicieron, bajo las órdenes de usted...
La humanidad habrá dado un paso, simplemente con un juicio justo.”

(Fragmento de una carta de Pedro Miguel. Chile,1999)
 
Comentario:
YO PISARÉ LAS CALLES NUEVAMENTE

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé de las primeras balas
más temprano que tarde sin reposo
retornarán los libros las canciones
que quemaron las manos asesinas
renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes
 
Comentario:
Para mi fue una noticia agridulce la muerte de Pinochet, dulce porque al fin desapareció y agria porque no lo hizo después de haber pagado por todos sus crímenes como se merecía. De todas formas creo que hay que celebrar el lado bueno y pensar que estamos de enhorabuena: hay un monstruo menos rondando por este mundo. Yo tengo que reconocer que solo ver su imagen me producía repugnancia, rabia e impotencia tal como por lo que leo, también te producía a ti.
Que no descanse en paz... no se lo merece.

Besos
 
Comentario:
Ya me conmovió en su día esa carta. Que no dejen de brillar en nuestro recuerdo las luces que un ser abominable extinguió.

Un besín
 
Comentario:

No se como lo haces pero me encanta leerte, sabes hacer la descricción esacta de mi manera de pensar sobre la mayoria de las cosas, lo que pasa que yo no soy capaz de transcribirlas desde mi cerebro a papel, enhorabuena te superas cada dia,
un saludo

agur
 
Comentario:
Me vienen a la memoria el presidente Salvador Allende, con casco y fusil, que pudo haber huido pero hizo honor a su palabra defendiendo con su vida el Palacio de la Moneda, o Victor Jara, que seguía cantando después que le destrozaran las manos. Esos sí eran hombres, y no este malnacido que se ha muerto de viejo, y en su cama.
 
Comentario:
Me quito el sombrero (invisible) ante tu post. Y te agradezco que lo hayas escrito, es para enmarcar. Muchas gracias.
 
Comentario:
Hola Tocayo:
Como a ti me jode mucho que tantos dictadores mueran tranquilamente en sus camas y sin recibir el castigo que les correspondía.
Un abrazo
José
 
Comentario:
Hay vidas inocentes adornando la tumba de aquél que los mato en alma y cuerpo.

Bikos.
biko azul

No