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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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¡¡¡ CONCURSO DE SEPTIEMBRE !!!
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A mi regreso ... un parche.
Hace demasiado tiempo que no escribía. Eso sí: al correo me han llegado numerosos mensajes de todo tipo. Gracias a todos. Uno de ellos es este que reproduzco a continuación y que me dejó pensativo, lo encontraba inacabado y me he animado a prolongarle un poco más. Confío en no haber ensuciado mucho el texto original.

Decía así:



Una universitaria cursaba el sexto semestre de sus estudios. Como es común en los universitarios, pensaba que era de izquierda y estaba a favor de la distribución de la riqueza, que aún ella no había logrado.

Tenía vergüenza que su padre fuera de derecha y que se opusiera a los programas socialistas, proyectos de ley que otorgaban beneficios a los que no los merecían e impuestos más altos para los que tenían mayores ingresos de dinero. Sus honorables y objetivos profesores le habían asegurado que la de su papá era una filosofía equivocada.

Por lo anterior, un día se decidió a enfrentar a su padre. Le habló del materialismo histórico, la dialéctica de Marx, tratándole de hacerle ver a su padre cuán equivocado estaba al defender un sistema tan injusto como el que defendía la derecha. En medio de la conversación su padre le pregunto
- ¿Cómo van las clases?

- Van bien – respondió la estudiante - tengo promedio de notas de 17 puntos. Me cuesta, no tengo vida social y duermo poco, pero lo logro.

El padre pregunta:
- ¿Y a tu amiga Soledad, cómo le ha ido?

La hija respondió muy segura de sí misma:
Muy mal, Soledad tiene cero cinco de promedio. Se la pasa todo el tiempo en los centros comerciales, o anda de fiesta en fiesta, no estudia y muchas veces ni siquiera asiste a clases. No me extraña que repita el semestre.

El padre mirándola a los ojos, lo respondió:

Entonces busca al Jefe de Departamento o al Decano mismo, a quien tú quieras y pídele que le transfiera 6 de los 17 puntos tuyos a ella, para que ambas tengan un 11, esta sería una buena y democrática distribución de notas.
Ella indignada le gritó ¡¿Por qué?! Argumentando que había tenido que trabajar muy duro para lograr su promedio, mientras que Soledad se había limitado a no estudiar y a buscar el lado fácil de la vida. Ella no le iba a regalar su trabajo a otra persona.

Su padre la abrazó cariñosamente y le dijo:

"¡¡¡BIENVENIDA A LA DERECHA!!!"



(Me daba la impresión de que esta conversación no terminaba aquí. Por eso me he aventurado a continuarla.)



Y tengo entendido que no es la única. Me comentan que Marisa llega cada noche cerca de las 12 a casa, con aspecto sucio y un fuerte holor a humo. Seguro que tampoco tiene unas notas excelentes.

-No, papá. Ella también suspende a menudo. Pero es porque apenas tiene tiempo para estudiar. Trabaja por las tardes en una hamburguesería para pagarse la matrícula y el transporte a la universidad. ¿Recuerdas que su padre trabajaba en una serrería? Pues su dueño vendió la finca a quienes instalaron allí un centro comercial. Después de 30 años allí, se quedó sin trabajo y con sus 53 años le está resultando imposible encontrar un puesto de lo que sabe hacer.

-Pero supongo que cobrará una compensación...

-Sí, pero es mínima, gracias a la política de rebajar los impuestos. Eso sí, la diputación no ha reparado en gastos para mejorar los accesos a ese centro comercial. Pronto será la inauguración y habrá muchas fotos de políticos y empresarios juntos.

-Bueno... Pero Marisa ¿no es amiga tuya? ¿porqué no te ofreces a llevarla cada día en tu coche?, te pilla de camino.

-Papá, ¿me estás proponiendo que ayude en los costes del transporte a quien no tiene la suerte nuestra? Ten cuidado, que en cuanto uno piensa que los demás son personas se acaba volviendo de izquierdas...

-¡No!, lo digo por hacer un favor a una amiga en apuros.

-Hace tiempo que me ofrecí a hacerlo, papá, pero ¿sabes que me dijo Marisa? Que si uno acepta limosnas se convierte en esclavo de quien se las da y que pierde lo único que les queda a los pobres: la dignidad y el orgullo de saberse capaces de vivir con su esfuerzo. Y que tiene fe en que algún día los dirigentes vean cómo hay un gran colectivo que mejoraría su calidad de vida con un pequeño esfuerzo de lo que se gastan en comisiones, lujos y ostentaciones, propias y de sus amigos.
Marisa tiene fe en la justicia y en su esfuerzo... Pobre, creo que así nunca prosperará, ¿no, papá?

Ah, por cierto. Soledad no va a clase porque su padre es dueño de una inmobiliaria y le da todos los caprichos que quiere. Nunca le falta dinero en el bolso y tampoco necesita estudiar porque en breve su padre la va a colocar en una de sus oficinas de ventas. Con el tiempo será la dueña del negocio.

Papá, ni la derecha ni la izquierda son sistemas perfectos. Lo que no entiendo es porqué tanta gente se odia y se insulta por pensar diferente. No deberías haberme soltado ese sermón. Mejor muéstrame tus ideas y escucha las mías, ya verás cómo todo nos va mejor.