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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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y...
¡¡¡ CONCURSO DE SEPTIEMBRE !!!
Sindicación
 
Nuevo disfraz
En agosto pocos trabajamos. La sobras avanzan a medio gas, pero avanzan. Yo he seguido abriendo zanjas y mi zanja ya está lista. Ahora hay que dar paso a otros gremios, los que instalan las tuberías.
Ellos sí han estado de vacaciones y ahora vienen y se encuentran mucho tajo acumulado. Les he sacado demasiada ventaja y ahora les tendría que esperar, así que he decidido cambiarme de disfraz.
Voy a quitarme el buzo y ponerme unas bermudas, en vez de casco me pondré una visera, donde estaban las botas me pondré unas chancletas y voy a cambiar la pala por una jarra fresca de cerveza. Al despertador le cubriré con una tela oscura, como se hace con los pájaros enjaulados para que no canten. En el maletero de mi furgoneta, donde suele haber una caja de herramientas meteré una colchoneta; pondré una nevera en donde estaban los bidones para el gasoil y la mochila que suelo llevar con la ropa del trabajo pasará a ser la bolsa con las toallas para la playa.

La prisa pasará a ser un concepto abstracto cuando me quite el reloj de la muñeca. Es sudor lo encontraré en una calle sin sombra. El esfuerzo será levantarse de una siesta. La arena que el viento lance contra mi piel no será arena caliza para el hormigón sino arena de playa y ese hormigón de la calle ya habrá fraguado, no lo tendré que extender yo. El humo no saldrá del tubo de escape de un camión sino de la plancha de algún chiringuito. Los callos serán un plato típico y no durezas en las manos. El bordillo será una referencia para aparcar y no una pesada piedra (¿tenéis idea de lo que pesa un trozo de bordillo, sobre todo si es de granito?)

Eso sí, el nuevo encargado para estos días será mucho más exigente, creo que no me va a dejar ni respirar. Pero es muy diferente tener un encargado que te dé un beso antes de acostarse y al que puedas arropar un ratito después.

Espero que no tenga que borrar todo esto porque hasta que no esté de camino puede que una llamada de teléfono lo cambie todo. El mayor placer que espero tener estos días es poder desconectarlo. Sólo lo encenderé algunos ratos y fuera de horas de trabajo. Sólo llamaré yo, a quien quiera y cuando quiera.

Probablemente yo sea de las pocas personas que aún no conocen Benidorm. Incluso mi mujer y mi hijo lo conocen de algún otro año en el que me tuve que quedar “de Rodríguez” por causas del trabajo. Este año todo parece indicar que por fín lo conoceré. Pero sólo tengo una semana, después “la fiera” comienza el curso (tengo la corazonada de que éste va a ser “su curso”). Y seguido tendré que destapar el despertador y meter el buzo de nuevo en la mochila.

Echaré de menos estas páginas. Ha sido una enriquecedora experiencia colarme por aquí. No sólo he podido decir en voz alta las cosas que pensaba sino que, además, he recibido palabras bonitas de muchos de vosotros. He aprendido cosas nuevas, me he divertido con vuestras aventuras, me han interesado vuestros problemas, me he sentido útil (quizá para nada) tratando de ayudar, me han emocionado vuestro textos más líricos.

Pero lo peor de todo es que... amenazo con seguir dando la lata. Me está gustando y, aunque me cueste horas de sueño, tengo intención de seguir molestando a quien corresponda.

Así que en poco más de una semana volveré a abrir esta ventana y tendré que ponerme al día con las vuestras así que... tomadlo con calma, no es muy sano escribir mucho con este calor.

Por una vez me tocaba a mí dar un poquito de envidia. ¡Hasta pronto!
 
Con la boca abierta
A principios de julio escribía un artículo en el que contaba los problemas de mi hijo con la lectura, a causa de la dislexia. Abrí las puertas a la esperanza de par en par, declaré mi insensatez por querer agarrarme a la seguridad que mostró la optometrista en solucionar su problema. Nos dijo que en cuatro sesiones se corregiría.
Hoy hemos hecho la cuarta visita... y habrá al menos una quinta. No. No es que las cosas vayan mal, es que todo tiene un tiempo y un orden. Hay un camino intermedio entre la euforia desmedida que me produjo la seguridad de una profesional y el pesimismo que se apoderaba de mí tras años de pelea estéril. No se arregla la cabeza de un niño como quien cambia las bujías a un coche. Está allanando el camino para que comience un aprendizaje casi con tres años de retraso. No puedo esperar que salga de allí sabiendo leer; se trata de que evite los problemas de conexión que existen entre los ojos y la imagen que llega al cerebro. Una vez solucionados tendrá que ponerse a aprender a leer. Y sé que lo va a hacer bien. Es un ganador.
Hasta ahora, las consultas han sido cada quince días. Se comprobaban los avances en los ejercicios que tenía que hacer en casa cada día. Así ha pasado el verano: trabajando.
Cada mañana se ha levantado a hacer sus ejercicios. Aunque suene extraño, hay tantos ejercicios físicos como de lectura, ejercicios de movimiento y enfoque de los ojos, con la ayuda de parches (sí, como un pirata), de gafas de colores, como esas que se usan para ver películas en 3-D, de cuerdas por donde se desplazaban bolas de colores que él tenía que seguir sin perder de vista, pelotas que se hacían girar alrededor de su cabeza para que él las siguiera sin moverla, cartones opacos para poner de canto delante de su nariz haciendo individual el trabajo de cada ojo y láminas transparentes con franjas en verde y en rojo para poner sobre textos que tenía que leer.
No es un trabajo que agote... a los demás. Para cualquiera de nosotros sería un juego,
como lo sería pasear si no tuviésemos un problema en las piernas o hablar si no hubiera problemas en las cuerdas vocales. No soy capaz de medir hasta dónde llega el esfuerzo que ha tenido que hacer, pero sé que lo ha hecho, que lo está haciendo; y no sólo ahora sino desde hace tres años.
Hoy hemos aprendido algo más. Algo que nos obliga de nuevo a pedirle perdón a Axel. Estábamos en la óptica y él trataba de leer unas letras muy pequeñas con la dificultad añadida de unas lentes adecuadas para ese ejercicio. Al cabo de unos minutos se pone a bostezar. La primera vez no comentamos nada pero el gesto se comenzaba a repetir. La optometrista se dio cuenta de que nos preocupaba verle con esa desgana y no tardó en aclararnos algo.
Le comentamos que es un gesto que repite mucho en casa cuando está haciendo sus deberes y que nos da la impresión de que se aburre y que deja de prestar atención a lo que está haciendo. Más de una reprobación se ha llevado en casa por repetir ese gesto. De nuevo estábamos equivocados, de nuevo me dieron ganas de abofetearme a mí mismo por cada vez que reproché que bostezara.
Nos explicaron que el bostezo responde a la necesidad que muestra el cerebro de oxigenarse cuando está haciendo un esfuerzo mayor de lo habitual. Trata de recoger más aire para poder seguir con el esfuerzo. De nuevo Axel, sin saberlo, nos daba en los morros con su trabajo. Cada día me demuestra que está muy por encima de mí. Ahora... hace tiempo que yo ya lo sé. Lo que espero es que él se dé cuenta pronto para que su autoestima se ponga a la altura que le corresponde y esa confianza le ayude a superar todos estos obstáculos que aparecieron en su camino.
Sé que va a arrancar, tarde pero imparable.
Gracias a todos aquellos que le mandasteis un mensaje en aquel artículo. Aún no ha leído ninguno entero pero sí pequeñas frases de cada uno. Algún día los leerá y escribiré el artículo que más deseo hacer.

 
Agua
Ayer llovía. Eran poco más de la una y media, acababa de comer en un bar. A las dos había que regresar a la zanja. Y llovía.

Del bar a la obra hay apenas dos minutos a buen paso. Tardé casi cinco. Ayer no tomé café. Lo hago normalmente en la barra del bar; las mesas del comedor son escasas y prefiero dejar que otros las ocupen después, todos tenemos poco tiempo para comer. Así que me acerqué a la barra y antes de pedir café miré hacia la puerta. Seguía lloviendo; no pedí café.

Aquí casi nunca falta el agua y hay veces que uno maldice no poder trabajar sin barro durante semanas, pero el agua forma parte de nosotros. Ayer la echaba en falta. Cambié el café por una ducha bajo el sirimiri. Estaba en su punto justo, no molesta sino que relaja. Cuando llegué a la obra, la camisa se había mojado mucho y como no hacía frío, me la quité para ver llover, esta vez ya a cubierto, durante un cuarto de hora más. Así, en camiseta, sentado en el suelo y recostado en un palet de sacos de cemento, empecé a recordar muchas cosas.

Me acordé de aquellos que viven en tierras secas, áridas; tierras en las que la lluvia se recibe como un regalo. Incluso en ese rato quise regalar a alguien agua por teléfono. ¡Tantos medios, tantos avances y no sabemos cómo llevar el agua a nuestros campos! Eso sí, hace pocos días, todo el mundo celebraba como un gran éxito haber hecho regresar con vida a los tripulantes del Discovery. ¿Alguien me puede explicar este logro?
Según entiendo, una nave que cuesta no sé cuántos miles de millones parte hacia el espacio. Algo falla. Un tripulante sale al exterior y consigue reparar el daño. Para volver a aterrizar, el tiempo no ayuda y se tiene que desviar la nave miles de kilómetros. El coste previsto de la operación se dispara más por ello. La vida de los astronautas corre serio peligro. Al final aterrizan y la misión es un éxito.

Traduzco a mi idioma de ingenuo: Se han gastado una millonada en poner en peligro la vida de unas personas y el éxito consiste en que no han muerto.
¿Y si les dejan en casa o les pagan un os días en un parque temático e invierten lo demás en salvar vidas allí donde corren peligro sólo por el hecho de nacer? Hay varias ONG que dicen que por un euro al mes se puede salvar la vida de un niño... ¡Aunque fuera mentira! ¡Aunque tuvieran que ser dos!

No dudo de que la ciencia avanza, lo que no sé es hacia dónde ni para qué.

Perdón. Me he desviado. Hablaba de la lluvia.
Me acordaba también de todos aquellos que están librando batallas contra el fuego, extenuados sus pulmones por el esfuerzo de combatir respirando humo, angustiadas sus miradas por ver borrarse en unas horas el horizonte que siempre vieron desde sus ventanas, asustados por ver peligrar su hogar, su huerta, su cabaña.

Veía los pequeños regatos que se forman en las cunetas y la vista se me iba en la misma dirección que el agua. Como si de un efecto hipnótico se tratase, relajante, rítmico, fresco. Pero unos metros más abajo la veía encerrarse entre los barrotes de una alcantarilla y la calma se volvía impotencia....Quise regalarla por teléfono, no supe hacer nada mejor.

Recordé también un programa de radio que escuché una mañana. Llamaban las familias que acogían algunas temporadas a niños de otros países para contar sus experiencias. Se me quedó grabado el testimonio de dos mujeres que coincidieron en la misma anécdota. Ellas habían acogido a niños del norte de Africa, niños que jamás habían visto un juguete, una televisión, apenas conocían la fruta. Niños a los que no les cabían los ojos en la cara cuando paseaban por algún centro comercial, cuando montaban en coche. Y llegaba la hora de regresar a su tierra, y estas familias les ofrecían lo que ellos quisieran para llevarse a su casa. Los niños pedían algo que no se podían llevar, lo más absurdo que se pudiera imaginar, algo que nosotros no valoramos porque siempre lo hemos tenido. Esos niños querían llevar como regalo para sus familias... un grifo.

Si nos ponemos en su lugar no es nada absurda la petición. Un niño necesitado sabe realmente lo que valen las cosas. Probemos a darle a escoger a esa gente entre un grifo y el Discovery. Propongo hacer esa encuesta y enviar los resultados a la NASA.

 
De perseidas y sensaciones
Anunciaban una lluvia de perseidas ... y las vi, ¡vaya si las vi! En apenas diez minutos distinguí seis perfectamente. Me hubiera quedado para ver muchas más pero mi pequeño duende comenzaba a tener miedo.
Habíamos subido unos pocos metros por la falda de un pequeño monte que hay frente a la casa y nos habíamos tumbado boca arriba como si fuéramos Timón y Pumba, los personajes del Rey León. Yo le rodeaba con mi brazo a modo de almohada dejando caer mi mano sobre su hombro pero, a pesar de ello, a los pocos minutos se sintió inquieto pos si algún insecto o pequeño animalillo se acercaba por allí.
A pesar del poco tiempo que estuvimos así fue uno de los momentos mágicos de este fin de semana.

Muchas veces despreciamos esos pequeños pueblos, apartados de cualquier gran urbe, por sus carencias en alardes técnicos: luces, música, discotecas, escaparates, atracciones mecánicas, piscinas climatizadas, canales digitales, conexiones informáticas... No sé lo que tardaremos pero estoy seguro de que, con el paso de los años, acabaremos valorando poder alejarnos de todo aquello para encontrar estos pequeños paraísos en donde la tranquilidad sólo es distraída por el vuelo de algún insecto, el silencio sólo lo rompen las aves y el discurrir del agua por el río y el tiempo se mide por la longitud que nuestra sombra proyecta en el suelo.

Esta fin de semana he podido disfrutar de todas estas cosas tan poco sofisticadas pero tan llenas de vida. Ver juntos al hombre que me educó y al que yo trato de educar preparando unas chuletas para compartir con la familia, a la orilla del Pisuerga. Si hay algo aún más gratificante que observar cómo se entretiene un hijo es verlo “trabajar” con su abuelo mano a mano.
Ningún menú del más afamado de los chef del mundo vale para mí lo que aquellas chuletas a la brasa. Ningún lujoso restaurante supera en sensaciones lo de aquella mesa de madera bajo las ramas de un manzano, construida este mismo año por un viejo ebanista jubilado. Ninguna cocina da ese mismo calor a la carne como ese bidón de chapa preparado para tales ocasiones.
Todo aquello sabe a verdad, a viento, a tierra. Ni siquiera se necesitan platos; la vajilla consiste en trozos de una hogaza de pan y los cubiertos son las manos de cada uno.

Pero no todo consiste en comer; hay que “salir de marcha”. Pero no lo hicimos en un coche “tuneado” ni por la ruta del bacalao, no. Nos fuimos en bicicleta por la ruta de las eras, entre chopos y trigales. Y no estábamos solos. Un azor nos vigilaba desde lo alto y poco más tarde un joven ciervo cruzaba delante nuestro hacia el río tan rápido que no pude parar la bicicleta y desenfundar la cámara de fotos.

En estas “rutas” también es necesario consumir. El sol cae a plomo y tanto la joven promesa del ciclismo como “el grueso del pelotón” que le seguía con la lengua fuera necesitábamos reponer líquidos.
Así llegamos al “pub” de moda. Una pequeña fuente junto a la iglesia del pueblo de al lado, al que habíamos llegado sin pisar ni un metro de asfalto.
No sé si Induráin saldría tan satisfecho cuando pasaba en cabeza los Alpes en el Tour de Francia como lo estaba yo al acabar 2º en una carrera entre dos.

Otro de los “lujos asiáticos” fue refrescarse al atardecer entre las limpias – y escasas – aguas de un pantano. Poderse bañar en un paraje tranquilo, rodeado de montes, sin ruidos ni problemas de aglomeraciones. Ver desde la orilla cómo, cuando el sol comienza a esconderse tras los montes, una tía juega con su sobrino que se resiste a salir del agua; le voltea de su barquita hinchable y escapa del “lugar del crimen” para evitar que éste le salpique a modo de represalia.

Son tantos los pequeños detalles que inyectan dosis de paz, que acarician un sistema nervioso alterado por otros acontecimientos en los que el hombre es un animal social y económico, guiado por ansias de poder y de riqueza, y no como aquí, donde se convierte en un mamífero inteligente y sensible, guiado únicamente por los sentidos y por el afecto.
Son tantos aquellos lugares en los que deberíamos sacar la fotografía de lo que disfruta el espíritu en lugar de aquellas fotos inertes que nos sacan a la entrada de los parques temáticos.

No me he olvidado de que éramos tres, lo que sucede es que varias de estas excursiones necesitan ciertas capacidades físicas que a ella le “robaron” como ya os conté en otra ocasión. Aquí, y no en una fría consulta, es donde quiero ver a esos jueces y médicos para que le digan que no puede dar un paseo en bici con su hijo pero sí puede trabajar porque consigue inclinar la espalda hasta cierto grado; que no puede subir una decena de metros por un monte para ver las estrellas pero sus pulmones aún tienen la capacidad mínima que exigen la leyes; que no puede jugar con su hijo en el agua pero es capaz aún de caminar y por lo tanto está bien.
Ella también disfrutó del fin de semana, pero porque hace tiempo que ha aprendido a vivir renunciando a unas cuantas cosas. Los médicos responsables de aquel destrozo no han sido capaces de renunciar a cinco miserables minutos de su sacrificada vida para descolgar el teléfono e interesarse por ella, a pesar de que delante de mí lo prometieron con un rictus de compromiso merecedor de un Oscar.

Pero el tiempo no para y llegó el día de regresar. Nos fuimos de allí y aquel pequeño pueblo se iba perdiendo, tímido, silencioso, oculto entre los árboles.
Apartado del mundo, sin querer hacer ruido, habiendo cosechado durante muchos años el fruto de sus tierras, después de criar jóvenes que después se van lejos y casi se olvidan de él; se quedó allí, arrinconado en el mapa, con su arquitectura en donde se refleja el paso de los años, su vida tranquila, aquel rincón de la montaña palentina.
Igual que el pueblo te quedaste tú allí, viejo ebanista. Tu imagen en el retrovisor fue la última que me traje.

Hay lugares, hay personas a las que nunca visitamos lo suficiente.
 
Contaminados!
Quería contaros algunas cosas que están pasando por aquí pero se me ha instalado un virus o algo parecido que me incluye los datos que quiere y cuando quiere. Es un virus muy extendido, sobre todo en las redacciones de periódicos y en los despachos de muchos políticos. También se mueve libremente por las centrales sindicales y por las radios y televisiones. Cada vez es más potente.

Lo peor de todo es que donde se instala ya no saben trabajar sin él y mediatiza toda la información. Mezcla unas noticias con otras, las contamina con datos dependiendo de con qué intención se vaya a publicar y confunde a quienes las vayan a recibir.

Ahora se me ha instalado a mí y no consigo terminar de contaros estas noticias sin quitármelo de encima. Parece que se activa solo al copiar noticias de otras páginas web y como este post lo he confeccionado así se me ha metido y no hago carrera con él. Para el próximo artículo procuraré deshacerme de él. Creo que podré escribir sin su “ayuda”. Pero en éste me es imposible quitarlo. Confío en que sepáis distinguir entre las noticias que cuento y los textos que me incluye el virus a su antojo.

Ah! Me han dicho que este dañino virus tiene el extraño nombre de demagogia. Cuidaos bien de él.

Bueno, a ver cómo queda. Intentaré modificar el color del texto para diferenciarlo bien del intruso.

Getxo encarga un logotipo para que puedan llevarlo quienes «deseen comunicarse en euskera»

El Ayuntamiento de Getxo ha encargado el diseño de un logotipo para «los euskaldunes que deseen comunicarse en euskera», según explicó el alcalde, Iñaki Zarraoa. Se trata de elaborar un distintivo que resulte fácilmente identificable y pueda plasmarse en elementos diversos, como por ejemplo un 'pin' o una pegatina.




1939
Noviembre 23: Se introduce en Polonia la ley de que los judíos deben llevar en sus vestidos la estrella de David, con la inscripción "Judío".
1941
Septiembre 15: Se introduce la "estrella judía" para todo el "Reich".



Está pensado para que lo utilicen los vecinos, que podrían llevar esa identificación haciendo explícito así su propósito de comunicarse en euskera. Pero también serviría para instalarlo, con otro soporte, en locales hosteleros y comerciales, siempre y cuando lo autorizasen sus propietarios, así como en las dependencias municipales donde se ofrezca el servicio en euskera.

1933.
Abril 1º: Los nazis proclaman el boicoteo general contra todas las empresas de propiedad judía.
1935
Verano: En las entradas a municipios y ciudades, y en restaurantes y almacenes, aparecen carteles "Juden Verboten" (Prohibida la entrada a judíos).



Este encargo forma parte de una campaña de difusión del euskera, en la que también se establecerá un calendario para dar a conocer la existencia del logotipo. Todo ello costará al Ayuntamiento 26.000 euros.
Los ámbitos a los que tiene previsto llegar esta iniciativa son, especialmente, los relacionados con los niños y jóvenes de la localidad. Para el próximo otoño se elaborará la campaña dirigida a comercios, mientras que a principios de 2006 se afrontará la destinada a promocionar las matrículas escolares en el modelo D.


1938
Noviembre 15: Prohibición para niños judíos de asistir a escuelas alemanas.


Un grupo de 'kale borroka' arrasa de madrugada bancos y comercios en Getxo
La violencia callejera al servicio de ETA no ha parado en el último mes en el País Vasco. Una veintena de alborotadores bien organizados atacó en la madrugada de ayer y en pleno centro del barrio getxotarra de Algorta seis entidades bancarias y la oficina de Correos con cócteles molotov y material incendiario. Los embozados, que actuaron con grandes mazas para destrozar los cristales de los lugares atacados, arrasaron también dos agencias de viajes y una de Telefónica.


1938
Noviembre 9: "La Kistallnacht" (noche de los vidrios rotos); desórdenes antijudíos en toda Alemania y Austria, destrucción de prácticamente todas las sinagogas, saqueo de los almacenes de propiedad judía, encarcelamiento de los hombres judíos en campos de concentración.


No es la primera vez que Iñaki Zarraoa observa cómo un grupo de radicales asola el barrio de Algorta. El alcalde de Getxo está convencido de que los encapuchados que la medianoche del domingo atacaron con 'cócteles molotov' una decena de locales comerciales y sucursales bancarias buscaban «repercusión mediática» y «no eran conscientes de lo que pudo haber ocurrido».

-¿Por qué este rebrote de 'kale borroka'?

-Buscar la razón a algo que no la tiene es complicado. Algunos dicen que con las medidas que puso en marcha el PP, la 'kale borroka' descendió. No sé; puede que también hayan ayudado. Yo creo que este fenómeno perdía fuerza por el rechazo de la sociedad. Ahora ha vuelto y no lo entiendo.


1945
Abril 30: Hitler se suicida.


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El 13 y 14 de diciembre, en cientos de pueblos de toda Euskal Herria, podras tramitar el EHNA. Aqui tienes la información básica para poder hacerlo.

El Euskal Herriko Naziotasun Aitormena (EHNA) ofrece a todo aquel que quiere ver reconocida su nacionalidad vasca la opción de hacerlo. Como reza la Declaración Universal de Derechos Humanos "Toda persona tiene derecho a una nacionalidad", y a l@s ciudadan@s vasc@s también nos corresponde ese derecho, aunque hoy, como ayer, nos sea negado.

Tenemos derecho a ser ciudadan@s vasc@s, a vivir como tales, y para ello el EHNA puede ser un instrumento perfecto. Es tu derecho, y tu decides.


1938
Octubre 5: Los pasaportes de los judíos son marcados con una "J".


El encierro que desde el pasado día 22 de febrero protagoniza un grupo de docentes que se han visto excluidos del acceso a la estabilidad por no haber acreditado la capacitación lingüística PL2 refleja la contestación que -dentro y fuera de la función pública vasca- recibe en ocasiones la acción política del Gobierno vasco en materia lingüística. Es una paradoja que un decreto que hizo suyo el acuerdo entre el Departamento de Educación y los sindicatos STEE-EILAS, ELA y LAB precisamente para propiciar la estabilidad del personal docente en el período 2004-2006 conduzca al orillamiento de 157 enseñantes, hoy angustiados por su difícil futuro dentro de la red educativa que depende de dicho departamento. Lo que resulta más dudoso es que esos requisitos legales respondan siempre a necesidades educativas objetivas.

1933.
Abril 7: Los judíos son despedidos de la administración pública y no se les admite más para ejercer la abogacía.


Lo siento de veras, sólo trataba de mostraros unas anécdotas sin mayor importancia que se han dado por aquí pero el dichoso virus me ha emborronado todo el artículo. Confío en vuestra atención para distinguir entre las noticias que os he seleccionado y los datos que ha introducido ese virus. Os contaré más anécdotas como éstas cuando me libre de él.




 
Para verte despertar
No. No me he ido de vacaciones, todo lo contrario. El principio de agosto ha sido terrorífico en lo que al trabajo se refiere y ha provocado que haya roto el supuesto y aproximado ritmo que tenía para escribir aquí. Y lo mismo me ha pasado con las visitas a vuestras páginas. Pido disculpas por ello, aunque sé que me diréis que no hacía falta.
Esto es lo que he ido escribiendo esta semana en ratitos robados.


No dejo de sorprenderme de este mundo que yo no conocía. Me refiero al mundo de los blogs. Cada día experimento sensaciones nuevas. Se me hace difícil poner un límite a los blogs que voy visitando y eso hace que no pueda atender a todos como quisiera. Algunos escriben cada día, otros cada semana y, además, se pierde tiempo en comprobar si hay nuevos artículos en cada uno de ellos.

-Por cierto: ¿es lo mismo “artículo” que “post”? ¿es un anglicismo? ¿cuál es el modo correcto de nombrarlo?-

Buceando una noche de blog en blog, enlazando comentarios y páginas favoritas de otros llegué al blog de Elen (mundosparalelos) y me llamó la atención un enlace que destacaba en rojo: Concurso de relatos cortos.
Busqué a ver de qué se trataba y era exactamente eso: un concurso. Se proponía, sin demasiada rigidez, escribir un texto de diez líneas. Me pareció que por vago que yo fuera - que lo soy – merecía la pena hacer un esfuerzo para llenar esas diez líneas.
No me veo capaz de escribir un libro; para eso se necesita técnica, talento, riqueza de léxico, agilidad, capacidad para estructurar un texto, imaginación, una enorme fe en lo que se está intentando y, sobre todo, paciencia y continuidad. Sin embargo, emborronar diez líneas sí podría estar a mi alcance.
Merecía la pena el premio, porque el premio que buscaba era únicamente integrarme un poco entre todos vosotros, los que escribís aquí, los que leéis, los que contestáis, en definitiva los que formáis esta original familia: Los Blóguez.
Esta familia que desde hace unos pocos meses me acoge en su asimétrica casa, lena de habitaciones diferentes, peculiares, personales, constructivas, relajantes, poéticas, solitarias, divertidas, enigmáticas, rebeldes, ambiguas, maternales, viajeras... Esta casa llena de interminables pasillos por los que me pierdo cada noche de insomnio abriendo sigilosamente nuevas puertas tal como si hiciera de un ratoncito Pérez, recogiendo historias en lugar de dientes y dejando siempre que puedo el humilde pago de una frase amable y un saludo.

Con esta intención me planteé completar este mini-relato que, curiosamente, me dio la mejor sorpresa que podía esperar, como lo fue ser el segundo más votado. (Doy mi palabra, y Elen lo puede confirmar, de que no me vote a mí mismo, ni siquiera desde otra dirección). Digo bien lo de ser el segundo porque soy tan vago y tan torpe con la informática que no hubiera soportado la carga del primer premio que consiste en ser el organizador del próximo certamen.

Este premio fue para Lara, que escribió un soberbio alegato sobre el amor de una reciente madre. Le quitaré mérito: lo ha sido hace muy pocos meses y no tuvo más que conectar a sus dedos los latidos de su corazón que, hasta hace bien poco, latía pegado al de su hijo; por ahí se deslizaron hasta el teclado todas aquellas sensaciones que ningún hombre podremos sentir jamás. Era demasiada ventaja para competir contra ella.

Enhorabuena, Lara; pero no sólo por lo que has escrito sino sobre todo por estar viviendo todo aquello que te lo inspiró. Que todo continúe bien.

Los relatos aparecieron publicados en el blog de Elen (...los mundos paralelos), quien fue la ganadora del mes anterior en un concurso de fotografías. En concreto, los relatos se pueden encontrar en un enlace de su blog que dice: CONCURSO DE RELATOS CORTOS
Desde aquí me gustaría animaros a participar en el próximo concurso que organiza Lara. Todos vosotros demostráis capacidad creativa y con una mayor participación seguro que aumentará la calidad del concurso. No penséis que se necesita ser un genio para hacerlo. Pondré al final del post el relato que me condujo -gracias seguramente a algunos de vosotros- hasta este segundo lugar para que comprobéis lo que quiero decir. A ver si soy capaz de decirlo sin ofender a nadie (me meto en cada jardín...)

Quiero decir que mi relato demuestra que no es necesario escribir como García Márquez o Antonio Gala para concursar. Pero si lo explico así haré de menos a todos los que compitieron conmigo. Así que simplemente os quiero animar a participar; no cuesta nada, estimula la creatividad y sirve para conocernos algo más algunos y para descubrir a otros. Y con mayor número el concurso ganará en calidad.

Estoy seguro de que muchos de vosotros hubierais superado este relato que, por cierto, lo han interpretado de muchos modos siendo su explicación mucho más sencilla de lo que algunos se complican en pensar. Os dejo con lo que escribí (pero no os olvidéis de leer a los demás, que os dejo enlaces por aquí) y que lo titulé:

Para verte despertar.

“No sé porqué te empeñas en no parar ni un momento. Llevo toda la noche tras de ti y sin embargo ni te has dignado a dirigirme la palabra. Si no quieres saber nada de mí, ¿me puedes explicar porqué no dejas de revolotear alrededor de mí? Y cuando me acerco, das un giro brusco y te alejas. Además... a dónde vas? No llevas un rumbo fijo, me estás volviendo loco... para un momento!
No, allí no! Solo te gustan aquellos lugares tan luminosos, esas luces te vuelven loca, pero no son nada buenos. Mira! Hay demasiados aquí y no hacen más que bailar deslumbrados por esos focos. Pero si ni siquiera se ven!
Quédate aquí, a mi lado, sólo un momento y escúchame...
Qué ha pasado? Nos hemos quedado a oscuras! ... Al menos nos hemos quedado tú y yo juntos. Mereció la pena seguirte. Mañana amaneceré a tu lado. Descansa, mi reina.”
...A las doce en punto se apagaban cada día las luces de aquel escaparate.