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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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¡¡¡ CONCURSO DE SEPTIEMBRE !!!
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Leer estas mentiras nos hace mucho daño
He tardado bastante en escribir porque estaba recopilando datos para comparar aquellas pequeñas historias que pasan en mi entorno y que pasan desapercibidas para los demás. Seguiré con esa historia pero esta mañana, buscando en el Google datos sobre el carnet de identidad vasco, me he dado de morros con el artículo de un blog y no he podido menos que contestarle.
En mi lucha porque la situación de Euskadi se normalice, aunque siga intentándolo, me he dado cuenta de que tratar de convencer a los violentos cara a cara es estéril y creo que, al menos, podía intentar ofrecer a quienes viven fuera de aquí una visión más real y alejada de los grandes titulares de la prensa. De eso quiero hablar próximamente pero hoy he visto el más claro ejemplo de unas ideas que me gustaría borrar de la cabeza de la gente que no conoce mi región. Pienso que aclarar esa imagen puede servir de ayuda.
Me he visto en la necesidad de responder y creo que puede ser útil publicar tanto el artículo como mi respuesta. Perdón por si no es un modo correcto de utilizar un blog y perdón también por si es demasiado largo.
Copio textualmente ambos:

Entre Francia y España a caballo de los Pirineos se encuentra un pueblo que es mejor evitar, viven como salvajes, se reúnen en akelarres y dictan sentencias de muerte para todo aquel que opina diferente
Si vienes a Euskal Herria lo primero que te llamara la atencion son las zonas verdes que rodean todas las ciudades, sus paisajes son verdes. Al fondo, siempre hay un fondo en todo horizonte, los restos de cualquier incendio que te van a indicar la dirección de cualquiera de sus ciudades.
Si entras en una de estas ciudades te llamara la atencion las calles casi solitarias y la mirada furtiva y esquiva de quien se atreve a cruzarlas.
En Euskal Herria todos parecen tener prisa por llegar a cualquier parte, todos creen haber olvidado algo en su constante mirar hacia atrás.
Podrás ver en muchas calles, en especial las mas céntricas, a jóvenes encapuchados que se asoman insolentes tras los cristales de todos los coches que paran en sus semáforos. Llevan camisetas con lemas como Independentzia (independencia), Burujabetza (soberanía), Euskal Presoak (presos vascos), Egunkaria, Egin, Ardi Beltza (son nombres de periódicos o revistas cerradas por el jueces de la Audiencia Nacional), una litrona siempre casi vacía, un porro y un recio palo que aquí llaman makilla.
Grandes coches custodiados por furgones de ertzaintzas (policía autónoma vasca), Guardia Civil, policía Armada o CRS con fornidos armarios (guarda espaldas) protegidos con chalecos antibalas y armados hasta los dientes en tanto que políticos y representantes democráticos intentan ejercer su derecho a la discrepancia son eclipsado por el cuerpo de estos.
Autobuses precedidos y seguidos por dotaciones de policías que llevan a los hijos de políticos del PSE, PNV, PP, UNPV, Aralar, EB, EA, a los colegios del modelo A, únicos donde son admitidos.
Es muy fácil acudir al embarque o desembarque de cualquiera de ellos. Primero oirás pulular sirenas que parecen acudir desde todas las partes, te encontraras en medio de carreras frenéticas de jóvenes que parecen salir desde todos los portales, la calle, momentáneamente, se vestirá de negro y rojo parapetada tras grandes escudos y un pasillo negro de bocachas y relucientes cascos por el que los amenazados serán llevados a volandas por intrépidos guardaespaldas que hacen de muro ante cualquier posible ataque.
A la entrada de muchos centros los podrás ver pidiendo el ENHA (Carnet de identidad vasco) y negando su entrada a todo aquel que no lo tiene o lo ha olvidado.
Grandes carteles te recordaran tu obligación “Kristau, hitz egin euskeraz” (Cristiano, habla en vasco) en tanto otros te recuerdan donde estas. Ez da espaina, es da frantzia (no es España, no es Francia).
De muchos de los balcones cuelgan blancas ikurras (banderas) con el lema “Euskal Presoak Euskal Herrira” (los Presos Vascos a Euskal Herria). En otros balcones escondidos tras ventanales de madera y decorados con grandes explosiones de color rojo y amarillo, azul y blanco en iparalde (Euskal Herria norte), solo ondea el silencio y el abandono.
No es difícil encontrar el resto de un contenedor quemado, el chasis de un autobús incendiado o los restos de cien barricadas que nos hablan de otros cien enfrentamientos entre las fuerzas represivas, zipaios, txakurras, maderos o pikolos según un argot que pronto tendrás que aprender (ertzantza, perros, policía armada o guardia civil).
Todas las paredes, no se libran ni los espacios mas pequeños, nos ofrecen graffitis monotemáticos, dianas con Garzón o Savater en el centro, lemas del Alde Hemendik (fuera de aquí) o Herriak ez du barkatuko (el Pueblo no olvidara/perdonara), logotipos de ETA y proclamas a la organización armada ETA Herria zurekin (Eta el Pueblo contigo), ETA mátalos, tal cual, Gora ETA militarra (Viva Eta militar), PNV saltzile (PNV traidor), Ivarreche español.
Todas las paredes tienen algo que decir.
Si vienes a Euskal Herria y entras en cualquiera de sus tabernas, herriko tabernak les llaman aquí, veras en primer lugar las fotos de los etarras presos junto a una pequeña aclaración que puede ser desde el año en el que esta preso a la dirección de la cárcel donde esta.
Sobre su barra una hucha de hierro amarrada a una gruesa cadena con un petición para los grupos (taldeak) de Amnistía, Gestoras, Gurasoak, Batasuna, Presoak, Etxerat o cien mil fuentes de financiación de la lucha armada o de sus presos y familiares. Aprende a depositar los cambios de la consumición si no quieres ser señalado como txakurra.
En todos los pueblos hay calles donde la izkierda (izquierda) abertzale (nacionalista radical separatista) tienen su espacio único, en las grandes ciudades mas de una, y es mejor que las evites. No te será difícil encontrarlas por su fuerte olor a urea, tienen costumbre de mear en plena calle, mezclado con otro olor a pólvora, acostumbran a probar sus cócteles molotov en plena calle, y un sinfín de ikurriñas (bandera nacionalista separatista vasca) y arranos (negra águila sobre fondo amarillo logotipo de los reyes navarros traidores a la corona de castilla).
Si vienes a Euskal Herria el lema ver y callar debe formar parte de tu mochila, de tu equipaje de viaje. Antes de salir a la calle mírate en el espejo y no mezcles nunca los colores rojo y amarillo, blanco, rojo y azul. Nunca
Si vienes a Euskal Herria y tienes la desgracia de tener que detenerte entre su frontera tal vez no tengas tiempo para vivir y contarlo.
Entre Francia y España a caballo de los Pirineos se encuentra un pueblo que es mejor evitar, viven como salvajes, se reúnen en akelarres y dictan sentencias de muerte para todo aquel que opina diferente, no condenan la violencia y hacen de esta su justificación permanente, su único dialogo y su única razón.
Si vienes a Euskal Herria, si no lo puedes evitar, en tu primer destino adquiere un ejemplar de periódico rojo separatista terrorista Gara y llévalo siempre contigo, el será tu mejor salvoconducto.
www.viejoblues.com


Buscando datos sobre el carnet de identidad vasco he llegado hasta tu blog y lo he leído con interés. Quería mejor información para mi próximo escrito. Yo también escribo en uno, desde hace poco,por si te interesa su dirección es www.blogs.ya.com/desdemizanja
Me ha llamado la atención el odio con que escribes sobre el Pais Vasco, que es donde yo he vivido siempre. Deberías saber que si dividieramos las opiniones en blanco y negro yo estaría de tu parte pero te has olvidado de que la gama de colores es muy amplia.
Ni siquiera puedo creer que te hayas acercado por aquí. Has escrito desde lejos. No es cierto todo aquello que dices.
Por supuesto que la libertad en esta región es algo desconocida para los que no somos nacionlistas pero no puedes ir por ahí difundiendo todas esas calumnias sobre mi pueblo.
Te ha cegado el odio y has escrito cosas para amedrentar a la gente que no conoce ésto. Te has dedicado a hacer una caricatura de lo que has oído. Al menos dí que has exagerado todo lo posible para contribuír a la mala imagen que los vascos tenemos por ahí fuera.
Iré por partes guiado por tu escrito.
Yo no vivo como un salvaje ni me reuno en akelarres sino que vivo en un humilde piso, con mi mujer y mi hijo y cuando no estoy trabajando en la obra me reúno con mis amigos en algún bar para ver el futbol, tomar unas cervezas, hablar de lo que salga en ese momento, hacer que nuestros hijos se encuentren para jugar y, en general, para salir a pasar un buen rato. No dictamos sentencias de muerte para los que opinan diferente a nosotros porque precisamente luchamos con la palabra contra esos criminales y nos diferenciamos muy bien de ellos.
Cuando hablas de los incendios no entiendo muy bien si es una metáfora, si no lo es te diré que de lo poco bueno que se hace aquí es la prevención contra tales incendios y no quiero que lo tomes como una chulería sino como un dato que te ofrezco. Aquí se conservan razonablemente bien nuestros bosques.
Las calles de aquí estan normalmente muy transitadas y el ambiente suele ser acogedor para el visitante, eso sí, hay algunas zonas conflictivas, como en cada ciudad.
De no ser que te hayas encontrado de frente con alguna manifestación o algún acto de la kale borroka no habrás visto a ningún encapuchado, Cosa que yo, por cierto sí he tenido el "placer" de vivir, pero por salir el día equivocado y en el lugar equivocado.
Si es cierto que se ven por ciertos lugares a jovenes con camisetas reivindicativas, y con porros y litronas, pero... tú vives en el Vaticano acaso? En tu ciudad no los hay?
Es cierto que hay gente escoltada y bastante es con que lo digas, pero no cuentes que hay por la calle un ejercito de "Rambos" con las cartucheras cruzadas sobre el pecho. Eso tú jamás lo has visto.
De momento, los niños van al colegio en libertad, eso sí, daría mucho que hablar el sistema educativo de aquí, los modelos de idiomas y el contenido de las clases, en especial de geografía e historia.
La película que te has montado con lo de los autobuses mejor se la pasas a Tarantino para que haga un guión basado en ella. Eso tampoco lo has visto tú nunca, sencillamente porque no ha ocurrido nunca. Deberías reconocerlo.
Lo del carnet vasco es vergonzoso, es cierto, y es lo que me ha traído a traves del Google hasta aquí, pero de momento no es útil ni se exoge en ningún lado... y esperemos que así sea para siempre. Tiene la misma validez que mi carnet de acceso a las piscinas...incluso ni para eso sirve.
Es cierto que en muchos balcones cuelga ese trapo blanco con la petición para el retorno de los presos aquí, pero no se los quemamos como harían ellos con cualquier reivindicación nuestra. Queremos demostrarles lo que es la libertad.
Esos restos de batallas campales que dices que no es difícil encontrar te reto a que vengas y me muestres uno, o tendrás que esperar a que ocurra cualquier acontecimiento extraordinario? Sigues hablando sobre lo que no has visto.
Los graffitis, sí los hay, y muchos. Tú sabes cuanta gente se necesita para emborronar una fachada? Un chaval con un espray es suficiente y, claro, los más vandalos de aquí se alinean con los violentos... sigo pensando que tú debes vivir en el Vaticano.
Las tabernas de aquí no son las "herriko tabernas", esas son las que deberían estar clausuradas por ser las sedes de Batasuna pero el Govierno Vasco da manga ancha. Aquí hay bares, cafeterías, pubs, y discotecas para todos los gustos. En las herriko tabernas sí que piden dinero para los presos, son de su partido, pero puedes no entrar, como hago yo. Hay muchísimas otras opciones.
Esos espacios que cuentas que sirven como urinarios encima de la polvora y como campo de pruebas para los cocteles molotov te quedarían muy originales para tu próxima fantasía bélica. Tienes más imaginación que Tolkien. Sí, en algunas zonas muy concretas, los del botellon orinan donde les da la gana. Y, por cierto, aunque odie las banderas te diré que la ikurrina no es la bandera separatista vasca como la española tampoco creo que lo sea de ninguna autonomía. Ambas son oficiales.
Al final estoy convencido de que nunca has pisado mi tierra, una tierra que tiene un gran problema y que en nada ayuda el que gente como tú cuente mentiras como estas para promover el odio hacia nosotros. Más bien necesitamos personas con un sentir más demócrata y con ganas de ayudar a que todo se resuelva por unos cauces menos violentos.
Espero que no te tomes mi respuesta como un enfrentamiento a tus ideas sino como una ayuda para que no te equivoques de camino y, sobre todo, para que no lo hagas con los demás.
Un saludo desde Euskadi.

 
Querido Pablo...
El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.

Cuando Pablo comenzó a ponerle música a estos versos todos decidimos convertirnos en su coro. Hasta entonces habíamos permanecido atentos, silenciosos, hablando sólo con nuestras manos tras cada canción.

Pablo se había subido al escenario, tranquilo, despacio,... tarde, pero cuando esperas a alguien con tanta ilusión el reloj se esconde en el momento en que él aparece. Su lugar había sido preparado hasta el último detalle. Dos vasos de agua, sí, dos; al alcance de su mano izquierda. Hubo quien se sentó para ensayar el gesto de cogerlos midiendo la distancia. El atril con las partituras y letras lo puso otro. Hubo también quien comprobó la tensión de las cuerdas de su guitarra para dejarla colgada a su derecha. Dos músicos más sobre el escenario, muy retrasados respecto a él, encargados de los teclados, y para alguna canción uno de ellos hacía sonar un violín.
El público, en un campo de fútbol dispuesto con paneles de plástico que protegían el césped, sentado a la espera. Mientras, dos jóvenes artistas (Daniel?-no estoy seguro- Merino y Yosu Aguinaga) ofrecieron seis temas de aquello que comienzan a crear. No tienen mala pinta, dos guitarras, una armónica y letras y ritmos sugerentes, pero no tienen los rizos de Bisbal ni la cintura de la Spears... difícil vivir de la música si sólo haces música.

Pablo se sorprendió – lo dijo así – del respeto con que habíamos escuchado a ese dúo y de que nos mantuviéramos sentados en el suelo de forma que aquello pareciera un concierto de cámara. Lo cierto es que la música de este trovador cubano no incita a mover las piernas tanto como a remover el alma.

Y así comenzó, con canciones que incluirá en un próximo nuevo disco, para nada diferentes de su línea de siempre. No, no es un reproche, todo lo contrario. Es capaz con sus letras de hacernos recordar sentimientos que guardamos en el ático de nuestra memoria, de evocar ilusiones que dejamos aparcadas en su día por la búsqueda de un estatus social.
No era tan necesario mirar todo el tiempo su imagen entre las luces; su música, sus versos, sólo necesitan unos oídos atentos y un corazón entregado. Más de una canción la escuché con la mirada caída entre mis rodillas, sentado allí, entre la multitud. Dicen algunos que la droga te produce sensaciones así, deja tu cuerpo inmóvil y transporta tu mente a otros lugares, otros momentos, otras compañías. Si es así, me confieso drogadicto de Pablo Milanés, de Silvio Rodríguez, de Joaquín Sabina, de Ismael Serrano, de Víctor Manuel, de Joan Manuel Serrat, de Patxi Andión , de Alberto Cortez, de Pedro Guerra, de Amaral, de Rosana, de Aute.

Poco a poco fueron apareciendo aquellos temas que todos hemos tarareado alguna vez y él nos animó a acompañarle en algunos estribillos. La noche se había cerrado ya. La temperatura, una vez escondido el sol, era la ideal. Todo sonaba bien. Nosotros entregados a su lírica con el suficiente respeto para saborear cada verso hasta el final. La luna llena reinaba sobre todos. Hay momentos en los que deberíamos poder congelarnos durante una temporada.

No sé qué o quién mueve los hilos para que yo fuese de los pocos, no sé si el único, que acudiese solo a escuchar este concierto. Y tampoco sé si es un castigo o un premio... o ninguna de las dos cosas. El hecho de estar solo hizo que cada palabra me hiciese reflexionar. Pensaba en el cúmulo de casualidades que me llevaron a estar así y en cada uno de los que echaba de menos a mi lado. Supongo que todo eso me hizo más permeable a la música y me caló más hondo. Por eso, al final creo que el destino me regaló un abrazo al corazón envuelto en un papel de soledad.
Y Pablo puso fin a su concierto... pero nosotros no. No se podía ir así, a la primera. Allí se acabó el ambiente de concierto de cámara y todos en pié nos abalanzamos hacia la valla que nos separaba del escenario. Una gran ovación adornada con algún ramo de flores llegaba hasta el escenario, ... y se fue. Pero hay faltaban cosas, Pablo, y lo sabíamos. No cesaron los aplausos hasta que volvió a su silla, cogió su guitarra y comenzó a entonar este verso: “Muchas veces te dije que antes de hacerlo había que pensarlo muy bien..” , el primero de la que, para mí, es su mejor canción: Para vivir.
Pegados a la valla, acabábamos con las baterías de nuestras cámaras tratando de recoger cada gesto del artista, las últimas imágenes del concierto. Acabó “Para vivir” y tras un nuevo amago de irse, decidió regalarnos otro tema, tras el cual abandonó el escenario, hasta que regresó para despedirse definitivamente, no sé si casualmente, con los versos de “Yo pisaré las calles nuevamente”, versos como:
...más temprano que tarde sin reposo
retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas,
renacerá mi pueblo de sus ruinas
y pagarán su culpa los traidores
...y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Esta canción cuando Pablo la compuso hablaba de la ciudad de Santiago de Chile, hoy puede hablar de muchas otras ciudades, por desgracia, y en mi tierra, casi en cada plaza se pueden recoger lágrimas.

Gracias por venir, Pablo. Ahora guardo muchas fotos tuyas pero la más especial de todas es la que te saqué con mis oídos, a la luz de la luna llena.
 
Voces que remueven las cenizas
No tenéis vergüenza! No os queda ya ni educación, ni respeto, ni escrúpulos, ni dignidad.
Una tragedia cono ésta, 11 personas, voluntarios, achicharrados, varios pueblos desalojados, media provincia calcinada ... y vosotros a voces. ¿No conocéis el significado de la palabra respeto? Sois una cuadrilla de sinvergüenzas! Todos!
Lo sé. Estoy alterado pero me da igual. Yo sé que los familiares y amigos de las víctimas no están ocupados en leerme, no están pendientes de lo que yo escriba. Desde aquí no altero el silencio que necesitan ahora. Sin embargo, vosotros os habéis mezclado entre ellos dando voces, sin importaros que ésta gente lo que necesita ahora es tranquilidad, respeto, un abrazo y mucha paz a su alrededor.
Resulta paradójico pensar que mandáis un grupo de psicólogos para serenar sus ánimos y os enzarzáis vosotros mismos en peleas barriobajeras rompiendo sin ningún pudor el silencio y la calma que esta gente necesita.

Parecéis una banda de buitres carroñeros desesperados por arrancar alguna víscera que alimente el hambre que provoca vuestra ineficacia. Parecéis ratas. Dais asco!
Luego queréis que no actuemos como vosotros, o es eso lo que realmente buscáis? Lo que estáis consiguiendo es que mucha gente os imite. No hago más que oír por la radio o la televisión a muchas personas anónimas achacando responsabilidades a unos y a otros.

De acuerdo; hay que tomar medidas pero... no es el momento ni el lugar. En Guadalajara ahora sólo se necesita paz y compañía serena. Y como vosotros no sois capaces de ofrecer eso, marchaos bien lejos de allí y durante unos días dedicaos a hablar de vuestras banderolas, de vuestros estatutos o de vuestras vacaciones que, realmente a los ciudadanos nos importan lo mismo, o sea: nada.

Habrá tiempo para mejorar las condiciones de nuestros bosques, pero esa labor la deberían haber hecho en invierno. Ahora, la suerte ya está echada. Como siempre, esperáis a ver la herida para poner la venda.
Y si buscáis responsables por negligencia mirad de frente un espejo. Sí, sois vosotros... todos. Esta dejadez no es fruto de un día. ¿Cuánto tiempo le dedicáis al estudio semántico de las palabras autonomía, nación, estado, estatuto y otras ambigüedades así? Y, ¿Cuánto a la prevención para que estos bosques no se quemen? Esto no es nuevo, nos pasa cada año y, lo que es peor, nos pasará el año que viene también. Ahora, con aquellas palabras ya no podemos definir a esta provincia. Ahora la podéis llamar tierra muerta, desnuda, calva, calcinada... a pesar de 11 valientes anónimos que entregaron todo en ese bosque porque a ellos sí les importaba su país. Porque su país no se compone de leyes y decretos sino de pueblos y bosques, de animales y ríos, de compañeros de trabajo, no de fronteras, campañas de insultos y comisiones para el “trinque”. Ahora ya no os queda ninguna rama donde colgar orgullosos la bandera con vuestra vitola bordada en oro como escudo.

Si de verdad valéis para algo, coged una pluma y unos folios y trabajad en ello. Plasmad ahí vuestros conocimientos y ofrecednos soluciones, pero por escrito. Después unid esas ideas para encontrar entre todos las mejores soluciones; pero para nosotros, no para vuestros cargos.
Os recuerdo que sois nuestros empleados, que os pagamos el sueldo y no para que habléis sino para que evitéis sucesos como éste de Guadalajara. Si por mí fuera os haría lo mismo que le hicieron a Víctor Jara. Un político sin lengua me daría mucha mas confianza.

Sé que habrá quien me critique por hablar ahora y no tras el 11-M o tras el Prestige, porque allí pasó lo mismo; pero entonces yo aún no había empezado a escribir.
Fuimos la vergüenza del mundo. Pero no lo fuimos por los miles de voluntarios que hundieron su orgullo entre el chapapote ni por todos aquellos que prestaron sus mantas, sus vehículos... su sangre el 11-M. No. Fuimos el hazmerreír del mundo porque mientras nosotros tratábamos de recomponer vidas, costas... vosotros erais capaces de ponerle a esas tragedias una banda sonora insoportable, histérica, vergonzosa. Rompisteis a un país, fuisteis cobardes, los terroristas os ganaron, os dividieron. Por Dios! Aprended de Londres!
Lo primero es el respeto a las víctimas. Lo segundo, la unión frente a los asesinos...
Pero no, vosotros a lo vuestro, al desprestigio del adversario político, a la caza del voto.
Pues de mi parte debéis saber una cosa: que sólo creo que decís la verdad cuando habláis mal uno del otro. Sois lo peor. No os importa romper el silencio de un camposanto con vuestros berridos.

Y os olvidáis de algo. El fin de semana posterior al atentado de Londres murieron 43 personas en la carretera. Este último fin de semana han sido 34. Y, aunque yo no quisiera, el próximo lunes aparecerá una nueva cifra. Y así todo el año.
Pero eso no importa. No sabéis cómo achacarlo a la negligencia de los otros. Ninguno de vosotros ha sabido tomar medidas eficaces para acabar con esta sangría semanal. Ahí demostráis vuestra incapacidad.
Incluso os ha importado mucho más que esto el hecho de que no concedan a Madrid los juegos olímpicos. Allí sí que se podían sacar trapos sucios del rival político.
Sinvergüenzas! No me importa acabar con más insultos. No os importan las personas más que cuando llevan cada 4 años un papel en la mano.
Es un extraordinario momento para que os vayáis de vacaciones; no os echaremos de menos.

Dejad por una temporada que Guadalajara y su gente descanse en paz.

... A todos aquellos que ven a quien está a su lado como un hermano y que cuidan de su entorno como de su casa. Gracias.
 
Tras la frontera
Escribí esto el lunes 4, pero primero quise terminar el relato y luego surgieron acontecimientos que no quise dejar de comentar. Por eso sale hoy. La fecha no es tan importante como su contenido lo es para mí.


Mi banda sonora para hoy debería ser sin duda el Stormy monday blues, en una cualquiera de sus múltiples versiones. Ha sido un lunes de tormenta y de mucho calor.
Sin embargo, el día de ayer me trae también muchas sonidos de guitarras eléctricas y de calor, pero otro tipo de calor. Cuando me levanté no pensaba que el día iba a ser tan inolvidable. Había algo fuera de la rutina pero que para nada pensé hasta dónde me iba a hacer vibrar.
A pesar de haber desaparecido por completo durante esta temporada, recibí la invitación del club de baloncesto con el que colaboré la pasada campaña, para una comida con todos los jugadores del club, grandes y pequeños; chicos y chicas, los directivos, entrenadores y los padres de muchos de ellos.
–Por cierto, hay un grupo de padres que son mucho más que un ejemplo para todos los padres. De lo único que pecan es de exceso; exceso de colaboración, exceso de ilusión, exceso de buen humor, exceso de compromiso, exceso de deportividad en los partidos, exceso de ganas de preparar celebraciones por cualquier motivo y, ayer... exceso de bebida en la mesa que ellos nos prepararon a todos. Sí; ellos cocinaron, prepararon las mesas, las sirvieron y lo recogieron todo. Para lo deportivo, siempre están allí cuando que hay que ir con los chavales a algún sitio, echan una mano a lo que les pidas y, sobre todo, nunca estorban. Digo esto porque he llegado a ver hace años a una madre dando instrucciones en un tiempo muerto haciendo callar al entrenador, que era un chico joven. Estos de los que hablo, saben algo más pero sólo comentan cosas después de acabado el partido y nunca para sacar pegas. Gente así hace mucho más fácil la labor de cualquier club.-
El lugar donde comimos es la misma cancha del frontón donde juegan las categorías mayores del equipo. Unas mesas preparadas a base de tableros sobre caballetes y sillas plegables de madera nos sirvieron para el evento. La comida tenía de especial hasta ese momento lo de muchas otras comidas: el buen ambiente, los grupitos en cada mesa en función de las edades, las anécdotas de este año y las bromas de siempre entre compañeros. No puedo decir que era una comida más porque cada una te deja algún recuerdo especial, pero no parecía que ésta me iba a dejar la huella que me dejó.
Hacia el centro de la cancha había dispuesto un sencillo equipo de música como para un grupo. Yo, para dejar bien claro hasta dónde me había alejado del club este año, no tenía ni idea de a qué se debía.
Al acabar la comida, tres de los jugadores del equipo al que yo había entrenado el año pasado, Eduardo, Juan y David, se acercaron al equipo de música y comenzaron a preparar sus guitarras y los micros, junto a Ana, a quién yo no conocía y descubrí que sólo su sonrisa es mas dulce que su voz.

David a la guitarra, Eduardo al bajo, Juan a la batería y Ana cantando. Sería injusto ahora valorar la calidad técnica de lo que oía. Primero porque no soy un entendido, segundo porque tienen el equipo que tienen, tercero porque tienen 18 años y apenas están empezando. Yo me paso el día escuchando a Pink Floyd o a los Dire Straits y con esa referencia no es justo que los juzgue. Pero sonaba bien, no perdían el ritmo y conseguían mover a la grada (de nuevo los padres de los que hablaba, sobre todo ellas, desmelenados por la grada). Conseguían hacernos tararear algunos temas conocidos, de La oreja de Van Gogh, por ejemplo. Las que eran en inglés mejor no intentarlo, con un “nananianaaaa” vale, que el nivel nuestro de idiomas no es como para ir a la ONU de intérpretes. ... Vale, les buscaré un fallo: algunas veces no estaban demasiado seguros de cuándo entrar a hacer voces, pero supongo que también había nervios por actuar para todos nosotros.
Mediado el concierto, David cogió el micrófono y nos contó algunas cosas. Habían escrito una canción dedicada especialmente a lo que han vivido alrededor del club, una canción que hablaba sobre todo lo que se consigue a través del deporte, especialmente de que mucho más allá de ganar partidos o trofeos se consigue hacer un grupo de amigos que en algunos casos te acompañarán para siempre. Un trofeo es un buen recuerdo pero un amigo es un tesoro para cada día.
Y quiso dedicarla, y lo hizo para una gente a la que él nombró como especial por su dedicación hacia el club y hacia ellos. Mi sorpresa fue el hallarme entre esa media docena de nombres teniendo en cuenta que los demás aún habían estado allí dando el callo este año, mientras que yo había abandonado el año anterior. Gracias David, gracias a todo el grupo: me llegó muy adentro, gracias. También nos quiso dar a conocer que tanto él como Juan se despedían del club porque se van a estudiar a Madrid. ... No fue un momento fácil.
Cómo me recordaron interpretando esa canción a lo que hacían en el campo! La técnica va mejorando pero aún tienen que aprender, pero el corazón y la ilusión con que defendieron esos acordes les hizo merecer el mejor de los aplausos. El grupo “Tras la frontera”, que es como se han bautizado, nos hizo vibrar a todos.
Pero, por si no había suficientes emociones, el final de la canción hizo mella en el grupo, en especial en David, que tuvo que girarse porque no podía seguir. Entonces fue cuando desde la grada saltaron todos los compañeros del equipo junior para fundirse en un enorme abrazo. Los demás permanecimos en el sitio, aplaudiendo a rabiar por aquella emotiva escena, tratando de no girar la cabeza no sea que quien estuviera a nuestro lado descubriera que aún no sabemos contener algunas emociones.

Como no podía ser de otro modo, unos minutos después, de nuevo ese espléndido grupo de padres tuvo que intervenir bajando a la cancha para pedir al grupo “Tras la frontera” que repitiese alguna de las canciones, animándose a bailar para terminar todos en una gran cadeneta, que pondría fin al concierto.
Nunca sabes hasta dónde te puede llenar un día cuando te rodeas de gente de gran corazón. En muchos años jugando a baloncesto jamás recibí un trofeo tan hermoso. He abierto una vitrina aquí dentro en donde permanecerá este día.
Gracias a todo el equipo, sé que todos sois unos ganadores. “ Moses” siempre os recordará.


 
...Y no me uní.
Pensaba contar hoy la historia de una boda,en un día que fue clave para mi forma de pensar, y lo haré, pero no puedo pasar por alto el hecho de que esta mediodía, a menos de un kilómetro de donde yo estaba trabajando, los “salvadores del pueblo vasco” han colocado 4 artefactos que han hecho explosión en una empresa que está apunto de abrirse (en agosto). Así se construye el país libre que tanto quieren, reventando las inversiones que vienen de fuera para mandar al paro a un puñado de trabajadores de aquí. ¡Bravo por aquellos que les apoyan con sus votos y su confianza!
...Y se dicen de izquierdas? Apoyando a esos obreros que han sido atacados hoy?
...Y se llaman “gudaris” (luchadores)? Poniendo petardos y echando a correr?
...Y piden libertad para un pueblo? Imponiendo a base de bombas nuestro puesto de trabajo?
...Y os llamáis vascos? Dinamitando el futuro de este país?
Euskadi sólo será libre cuando os vayáis a imponer vuestro modelo de estado a Groenlandia (que me perdonen las focas)

Hoy hace 8 años que se casaron mis amigos Tomás y Begoña. Una de esas bodas que jamás olvidaré. El convite tuvo lugar en un hotel a escasos 100 metros del ayuntamiento de Bilbao. Siempre podríamos decir que la boda de un amigo es especial, pero ésta de veras que lo fue.
Avanzada la comida corrió el rumor de que ETA había secuestrado a un concejal de Ermua. Es triste decirlo, pero acostumbrados ya a estos actos, tras unos cuantos comentarios de asco e indignación, tratamos de regresar al banquete para no estropear el día a la nueva pareja.
Por turnos, nos acercábamos a la televisión de la cafetería del hotel para recoger las nuevas noticias y trasladarlas discretamente a nuestros compañeros de mesa.
Lo que planteaban los terroristas era abominable. Habían puesto precio y hora a la vida de un joven concejal vasco llamado Miguel Angel Blanco. La gente empezó a salir de sus casas, en lo que fue, para mí, la más espontánea manifestación que he vivido. Nadie la convocó. La ciudad, impotente ante tal amenaza sólo tuvo el recurso de salir a expresar su rechazo a quienes decían actuar en nombre del País Vasco.
Las horas pasaban y yo me preguntaba qué debía hacer: si unirme a la manifestación o continuar en aquella forzada fiesta que era aquel banquete. Los saludos y abrazos se sucedían con medias sonrisas, a caballo entre la felicidad por una boda y la angustia de una amenaza.
Pero llegó lo peor. Los verdugos ejecutaron su sentencia. Las caras ya no pudieron forzar más sonrisas. Lo más que conseguimos es unirnos todos frente al televisor, casi en silencio para al menos no dejar solos a los novios en su gran día.
La manifestación se hizo aún más numerosa y se dirigía al ayuntamiento. Pasaba por delante de nuestro hotel. Era ya de noche. Recuerdo que salí hasta la calle y por delante de mí pasaba, a escasos dos metros la manifestación. Me quedé parado, sin saber qué hacer y, como si me leyeran el pensamiento, comenzaron a corear una frase que aún hoy martillea mis recuerdos: “No nos mires, únete”. No habéis sentido nunca esa sensación de estar en el momento justo, en el sitio equivocado, sin poder salir de allí? Quise unirme pero no hubiera actuado con lógica sino con las entrañas, mas que con el corazón. Muchas veces he pensado que ya van muchos y que uno más no se notaría, pero ese día no pensaba de esa manera, no quería unirme para sumar sino para gritar y desahogarme. Nadie había convocado a la gente, salieron todos como impulsados por la indignación y el odio.
Por primera vez, aquella noche, algunos abertzales tuvieron miedo de la gente de paz. Se refugiaron en algunos bares y pidieron el amparo de la gente a la que en otro momento matan.
Conocieron la ira de los vascos de verdad. La ertzantza tuvo que protegerlos de algún altercado. Comprobaron cómo se vive sometido, acobardado, en silencio, como ellos nos tienen a los demás.
Nunca pensaron que los demás tenemos un límite... y lo habían traspasado. A veces pienso si no nos contenemos demasiado la ira, pero después me entra la cordura y confío en que otra fuerza, la de la sensatez, nos de la victoria y la libertad algún día.
Aquel 12 de julio me produjo un cambio que espero que no tenga vuelta atrás. Hasta ese día yo era de los partidarios de, en casos extremos, poder aplicar la pena de muerte. Sí, ahora me asusta saber que pensaba así pero ese 12 de julio presencié una ejecución programada y me juré a mí mismo que jamás vería como una solución quitarle la vida a alguien. ETA me enseñó que ni siquiera ellos merecen acabar de una manera tan inhumana. Ojalá ellos fueran capaces de verlo así.
Mi admiración más grande por todos aquellos que exponen sus vidas a diario, ejerciendo la política desde el más pequeño ayuntamiento hasta el más alto cargo: ello son los verdaderos “gudaris” de este pueblo.
 
El ruído de un túnel
Aún recuerdo el día en que, por primera vez, entré a trabajar a los túneles que después serían los del Metro de Bilbao. Era una mañana soleada. Para llegar abajo había que recorrer un túnel de entrada en forma de espiral. Bajaba girando sin parar mientras iba desapareciendo la luz. Al llegar abajo ya había perdido completamente la orientación y sólo algunas indicaciones, escritas con spray en la pared, hacían saber hacia dónde ir. Entré por la plaza Moyúa y me habían indicado que debía dirigirme dirección San Mamés.
Me encontraba en un punto más iluminado por ser una confluencia de túneles, pero al dirigirme hacia mi tajo la luz sólo provenía de unas tristes bombillas que había en lo alto del túnel, una cada 40 metros aproximadamente. Yo iba sólo, conduciendo una excavadora, y sólo veía la bombilla de delante y la de atrás. Todo lo demás era oscuridad y agua por todos los lados; paredes húmedas y una película de lodo por todo el suelo. No puedo negar que estaba tenso, pero me olvidaba de eso mientras admiraba aquellas enormes excavaciones bajo las calles de Bilbao.
Pero en un momento mi corazón se puso a mil. Detuve la máquina. Había escuchado un enorme estruendo. Pasé miedo. No sabía lo que estaba ocurriendo. Me quedé en el mismo lugar unos minutos esperando saber las consecuencias de aquella explosión. Por un momento pensé que todo aquello se podía venir abajo. Pero pasaba el tiempo y se quedó todo en silencio. Aún con pánico en el cuerpo decidí continuar mi camino.
Más adelante llegué a un lugar en el que había movimiento de camiones y descubrí el motivo de aquella “explosión”. Volví a ver otra con mis propios ojos. Era mucho más sencillo de lo que yo había pensado.
En aquellos días había una huelga de transportes así que los camiones movían su carga sin salir al exterior. Estaban descargando allí, delante de mí. Los camiones abren su portón de atrás con el peso de la carga cuando levantan el volquete y, cuando ésta termina de caer, ese portón vuelve con violencia hasta golpear la caja del camión produciendo un gran estruendo metálico. Eso lo había visto miles de veces en el exterior pero la sensación que me produjo allí dentro fue de un pánico atroz. El ruido se multiplicaba por 100 allí dentro. Era sobrecogedor, retumbaba todo el túnel.
Ahora pienso lo que debió pasar toda aquella gente en Londres. Yo viví desde lejos el golpeo de dos chapas metálicas. No puedo ni imaginar la sensación que tiene que ser estar donde explosiona una bomba. Sólo estar allí debe de ser algo que tiene que dejar unas secuelas para siempre. Pero es que además, aquellos afortunados que sólo recibieron el impacto sonoro de aquello, tras recobrar el sentido, pudieron abrir los ojos y mirar a su alrededor.
Después de una sensación de pánico le sigue otra peor. No sé qué nombre ponerle, quizás terror. Se me ocurre esta palabra pensando en quienes provocan estos atentados pero no creo que sea esa la más correcta. Puede que se le aproxime más la palabra desolación.
Entre la destrucción de un ingenio mecánico que sólo se puede valorar en dinero, aparecen arrancadas de sus dueños una gran cantidad de sueños, proyectos, ilusiones, compromisos; desgajados de sus familias, de su pueblo, de su trabajo, de su familia. Aparece la muerte en el más crudo significado de la palabra. No me cabe en la cabeza lo que llevará a unas seres humanos a provocar estas matanzas pero de lo que sí estoy seguro es de que no es ninguna reclamación política, religiosa o territorial. Son gente con una personalidad muy débil a la que se une una deficitaria educación. Estos deshechos humanos son reclutados por algún loco, pero no idiota, con poder y los convierte en virus de laboratorio y a los demás nos convierte en cobayas.
A lo que me niego en rotundo es a escuchar valoraciones políticas de todo ésto a gente que no estaba en ese túnel o en ese autobús. Preguntadle a ellos, a ver si están preocupados por el G-8 o por la guerra de Irak. Id al hospital para que un lisiado por este u otros atentados os den una explicación diplomática coherente sobre porqué está él allí.
Los únicos responsables de colocar bombas son los que las ponen y quienes las mandan poner. La clase política hará las cosas muy mal, siempre pueden hacerlo mejor, pero no ponen bombas. Debemos exigirles mayor control sobre esta gentuza, mejor aplicación de las penas, eficacia al trabajo policial, pero nunca les podemos cargar con la responsabilidad de estas masacres.
Desde Inglaterra nos han dado una lección. Había un terrorista enemigo y un pueblo unido como víctima... y nada más. Los cadáveres son sólo para sus familias y el país sigue, dolido y angustiado, con su rutina. Allí el terrorismo ha perdido la batalla, eso sí, se ha cobrado un precio altísimo. Ha matado a mucha gente pero no ha roto un país.
Porqué nos cuesta tanto ver a TODOS los lideres políticos de cada país, de cada región, de cada bando, unidos a TODOS los líderes religiosos de cada doctrina, haciendo una declaración conjunta y A UNA SOLA VOZ gritar que esa gente no está amparada por ninguno de nosotros?
 
Una cárcel de letras
Nunca sabes por dónde te pueden venir los problemas. Si algo deseamos todos cuando esperamos un hijo es que su salud sea buena, muy por encima de si es más o menos guapo, más o menos alto o si se parece más al padre o a la madre. Yo estaba muy agradecido por haber tenido la suerte de que ese deseo se cumpliera. En el desarrollo de mi hijo todo parecía ir bien. Es alto, ágil, activo, no tiene más problemas físicos que los propios de los niños, nada más serio que alguna otitis, algún virus gástrico durante un par de días, las típicas gripes y los eternos rasponazos en las rodillas cuyas consecuencias más graves las suelen pagar los pantalones.
Sin embargo con el paso del tiempo se le empieza a exigir rendimiento en los estudios y con 7 años algo no demasiado preocupante empieza a aparecer. El ritmo de aprendizaje de la lectura no parece el mismo que el de sus compañeros. No alarmados, pero sí preocupados nos interesamos especialmente por este atasco que nuestro hijo tenía. En el centro nos comentan que le han hecho varias pruebas en las que todo parece correcto; incluso nos dicen que presenta un coeficiente intelectual más alto que la media.
Axel no destaca por su orden y concentración para nada, más bien al contrario, así que intentamos corregir ese problema a base de apretarle y exigirle más para ponerse al día con sus compañeros. Pero nos cuesta muchos ratos de enfados y mal humor, él dice que está muy cansado de leer y nosotros empezamos a pensar que es un vago, con lo que los tres acabamos en casa con malas caras.
Insistimos en el colegio y nos indican que le miremos la vista. Hasta ahora no había presentado ningún síntoma de miopía ni nada parecido pero quisimos comprobarlo.
Nada. Ve perfectamente. Otra cosa descartada. En noviembre nos consuela su tutor ya que nos dice que para febrero va a dar el salto y romperá a leer. No ve ningún otro problema. Nosotros insistimos en que le haga todas las pruebas necesarias pero a él se le ve seguro y además es su trabajo y habrá que darle cierta confianza. Nos anima el hecho de que, por problemas de natalidad en una localidad pequeña, en el aula sólo hay 7 alumnos ese año y así puede estar muy encima de cada uno de ellos.
Descartados todos los problemas, tuvimos que ponernos la máscara de duros y apretar a Axel para provocar esa reacción lo antes posible. Es muy difícil obligar a que un hijo trabaje tanto mientras da muestras de desesperación y cansancio, por mucho que creamos que es por su bien; pero había que hacerlo. Pero pasaron las navidades y aquello no cambiaba, incluso había días que parecía empeorar. Estaba encerrado en una enorme sopa de letras, preso de no sabemos qué.
Llegó febrero, y marzo... y nada. Por si fuera poco coincidió con todo aquel problema que tuvo a su madre en el hospital tres meses, lo que hizo que terminara por bajar su rendimiento. Los comentarios de los compañeros no ayudaban. Aquí debo hacer un inciso.
-Muchas veces hablamos de la crueldad de los niños, y puede ser cierta. Pero Axel tuvo que escuchar muchas veces el comentario: “dicen que tu madre se va a morir”, comentario que nos costaba mucho esfuerzo a la familia borrarle de su cabeza. Y ese comentario no lo sabía ningún alumno por boca nuestra, así que ¿dónde están los padres que cuentan estas cosas a sus hijos ahora?, ¿quién les da derecho a saber más que los médicos?, y si eso que dicen pudiera ser cierto ¿porqué no se meten la lengua en el culo una temporada?. Hay niños crueles, sí, pero sobre todo hay padres imbéciles.-
Acabó el curso y Axel tuvo que repetir, era normal, no era capaz de leer una frase de una línea en menos de cinco minutos. Sus notas en cualquier actividad oral o manual eran muy buenas pero la lecto-escritura era un caos. Solucionar sumas o restas no era tan difícil pero leer el enunciado del problema era una odisea.
Comienza el curso y al de poco tiempo, desde el colegio, nos descubren una palabra desconocida hasta entonces para nosotros: DISLEXIA.Llego a casa esa tarde y cuando mi mujer me la nombra me voy directo al google para descubrir, entre otras cosas, que he estado sometiendo a mi hijo a la mayor de las torturas para un disléxico. Una de las primeras cosas que leo es que nunca se les puede presionar, que se esfuerzan el triple que los demás para conseguir resultados casi ridículos y que hay que tener mucha paciencia. Se me cayó el alma a los pies. No sabía cómo pedirle perdón a mi hijo. No sé qué pensaría él de mí. Ahora entendía porqué se quejaba tanto de cansancio.
Después de una sesión de autoflagelación interna vuelvo a leer los síntomas que encuentro en internet para hacer mi propio análisis sobre Axel.
Particular dificultad para aprender a leer y escribir. – Evidente
Persistente tendencia a escribir los números en espejo o en dirección o orientación equivocada. – Habitual en el cambiar la d por la b y el 5 por el 2
Dificultad para distinguir la izquierda de la derecha. – Lo achacábamos a su edad
Dificultad de aprender el alfabeto y las tablas de multiplicar y en general para retener secuencias, como por ejemplo los días de la semana, los dedos de la mano, los meses del año. – Otra cosa que achacábamos a la edad, después comprobamos que en las tablas recuerda el resultado pero no es capaz de seguir el orden del 1 al 10.
Falta de atención y de concentración. – Otro dato evidente en él.
Frustración, posible inicio de problemas de conducta. – Nos insistían que su autoestima iba bajando.
Después de leer esto y más cosas que ponía me pregunté si esos profesores habían estudiado algo de esto en su carrera porque dudo mucho que en magisterio no se tengan en cuenta los posibles problemas de aprendizaje. Así que mi siguiente sensación fue de ira. Crecía en mí la idea de pasar por el colegio con una motosierra como en “La matanza de Texas” pero mi mujer me contuvo.
Había llegado el momento de mirar hacia delante. El porqué habíamos llegado hasta aquí ahora pasaba a un segundo plano así que nos pusimos en contacto con una logopeda para que tuviese un apoyo extra tres días a la semana. A pesar del buen trabajo de ella y el excelente rendimiento de Axel en esas clases, la mejoría aparece muy lentamente. -Si algún día os toca algún caso así repetid un millón de veces la palabra paciencia antes de desesperaros.- Así que a base de preguntar, informarnos, leer y dar la lata a todo el mundo oímos la posibilidad de que un optometrista pudiera dar con la solución.
No os puedo explicar casi nada sobre esta profesión porque tampoco yo sé qué es exactamente lo que mira. Hoy mismo lo hemos conocido y hemos ido hasta San Sebastián a la consulta de una joven optometrista que nos ha alegrado el día. Sé que decir esto nada más salir de allí es un poco prematuro pero es el famoso “clavo ardiendo” al que queremos agarrarnos desde hace tiempo. Ella parecía saber perfectamente dónde y qué buscar. Le ha puesto un montón de trastos de aquellos para mirar los ojos e iba tomando notas mientras las decía en voz alta, todo esto mezclando rapidez para decidir y tranquilidad para escuchar las respuestas de Axel.
En cualquier otro caso dudaría y en este, si fuera sensato, también lo debería hacer, pero dejadme que vea esta prueba con optimismo. Por una vez necesito creer en la capacidad de una persona. Ella parece tener claro cuál es el problema y cómo solucionarlo. No sabría explicar bien todo lo que nos ha dicho, pero tiene que ver con problemas de enfoque y de atención continua de la mirada a una serie de figuras. Seguro que no lo he dicho bien pero me conformo con que ella lo tenga claro.
Cada quince días tendremos que volver para una nueva sesión y después de cuatro podría estar solucionado. Aquí sí que creo que es demasiado aventurado pensar que sólo necesitará cuatro sesiones, estamos preparados para las que hagan falta, aunque la seguridad con que la optometrista lo dice es asombrosa. Ojalá fuera así. Sería un bonito regalo para su décimo cumpleaños, allá por septiembre, que comenzase a leer con cierta normalidad, que acabara su pesadilla; esa que le hace decirnos casi entre sollozos algunas veces “yo no quiero tener dislexia”, porque es consciente de lo que tiene pero no entiende cómo no se puede “curar” con un jarabe, unas pastillas o incluso una inyección. Ojalá su autoestima haya tocado fondo y rebote hacia arriba. Ojalá no vuelva a sentir vergüenza ante los demás si tiene que leer algo. Ojalá deje de ser un martirio para él cada tarde frente a sus deberes. Ojalá se anime a ver lo que dicen esas revistas infantiles cuyas fotos y dibujos devora hasta ver el más mínimo detalle. Ojalá pueda dormir tranquilo, sin soñar que al día siguiente le espera otra batalla frente a un libro...
Ojalá pueda disfrutar de ser niño.
Si alguna vez habéis creído en el valor de un apoyo a distancia, por favor, dedicadle uno a Axel. Algún día lo podrá leer él mismo y sabrá que no estuvo solo.
 
La última luz (IV de IV)
Cogió su maleta y entró cerrando la puerta tras de sí. Dejó la chaqueta en una silla, las cartas encima de una pequeña mesa de cristal y la maleta en el suelo. Sentía una gran curiosidad por conocer el contenido de aquella nota, que estaba vuelta hacia abajo. La cogió y la acercó a sus ojos. La nota era muy corta, decía: “Papá, necesito verte. Quiero que me ayudes. Volveré otro día.”
Lo leyó varias veces. No podía creerlo. Aún tenía la posibilidad de recuperar a Roberto. Comenzó a sentirse intranquilo, responsabilizado por la tarea que se le venía encima. Debía, por segunda vez, educar a su hijo. Pero ahora iba a ser mucho más difícil; más difícil para él y, sobre todo, para Roberto, que debería luchar contra un enemigo muy poderoso y dañino. Le entusiasmaba el reto. No tenía nada que perder y, a cambio, podía recuperar a su hijo, lo podía recuperar para la vida.
Con prisa, se puso a deshacer la maleta. Guardó toda la ropa limpia en el armario, con la sucia preparó una lavadora. Sentía hambre y buscó una lata de conservas que abrió y esparció en un plato. Se ayudó de un palillo para, sin sentarse, ir picando algo de vez en cuando mientras deambulaba por la casa. Los nervios no lo dejaban parar. Miraba todas las cosas; impulsivamente cogía algunas, las miraba unos segundos y las volvía a dejar donde estaban.
De esta forma reparó en las cartas que había dejado sobre la mesilla de cristal. Las cogió y miró con más detenimiento que antes su procedencia. Todas tenían el mismo formato: del banco, del banco, del banco... y una del juzgado. Esta última atrajo el interés de Martín. Tenía fecha de hace dos días. Se ayudó para abrirla del palillo que tenía entre los dientes y comenzó a leer:
“Estimado señor D. Martín.. Nos vemos en la obligación de comunicarle que en el día de ayer, con fecha... su hijo, D. Roberto... ingresó cadáver en el Hospital de ... como consecuencia de un accidente de tráfico ocurrido en la carretera...
El vehículo era conducido por D. ... que también ingresó cadáver.
El informe del forense reveló que ambos se encontraban bajo los efectos de estimulantes...”
Martín sintió como si de pronto alguien le oprimiera la garganta. No podía tragar saliva, incluso le costaba respirar. No quiso leer más. Dejó caer el papel en la mesilla y, suavemente, se acercó las dos manos a la cara, cubriéndosela. Respiró profundamente varias veces, aunque con dificultad. Pasó las manos por su cabeza, como echándose el pelo hacia atrás y entrelazó los dedos en la nuca.
Después se dirigió a la ventana, retiró la cortina y abrió las dos hojas. Apoyó las manos una a cada lado del marco, a la altura de los hombros y miró hacia el frente. Luego miró hacia abajo y vio a la gente, que deambulaba igual que siempre, igual que lo vieron hace años él, su mujer y sus dos hijos. Para la ciudad todo continuaba igual; para Martín todo había acabado.
Unos minutos después levantó la mirada hacia el cielo y vació sus pulmones en un grito en el que sólo dijo: “¡Dios!”. La mirada le cayó, sin vista hasta sus pies, y repitió la misma palabra en un tembloroso suspiro. Por última vez cayeron, tímidas, unas lágrimas de sus ojos.
Más tarde, se acomodó en un butacón, delante de la televisión y estuvo allí sentado, con la mirada perdida en la pantalla, mientras duró la película, una película que nunca vio. Cuando ésta acabó, se levantó, apagó el televisor y, sin cenar, se fue a la cama. Al día siguiente tenia tantas cosas por hacer..

En memoria de mi prima Itziar, que aún estaba con nosotros cuando escribí este relato.
 
La última luz (III de IV)
Pasó la noche en vela. Por su cabeza daban vueltas y vueltas muchas imágenes, muchos recuerdos. La imagen de la librería la conservaba perfectamente grabada y pasaba la escena por sus ojos una y otra vez y, como queriendo cambiar algo, se detenía siempre en el mismo fotograma. Allí estaban él y su hijo, perdido hacía cinco años, frente a frente, mirándose a los ojos.
En aquella mirada descubrió sorpresa, miedo y, sobre todo, rubor. Descubrió una expresión de ridículo, de vergüenza, en la cual fundó una última esperanza de recuperarlo. Pero aquella esperanza duró apenas unos segundos. Se desvaneció tan rápido como vino. Tuvo el efecto de un flash fotográfico: por un momento lo inundó todo de luz pero en cuanto desapareció todo quedó mucho más oscuro.
Pasaban los días, lentos, en el trabajo y Martín hablaba menos, si cabe, que antes. En casa incluso olvidaba encender el aparato de radio. Su pulso había perdido la firmeza que antes tenía. No conseguía terminar ninguna figura de madera e incluso algunas veces se había producido cortes en sus dedos manejando torpemente las gubias.
Debía romper con todo aquello, quería salir de ahí, de forma que consultó don el jefe de personal de la empresa en donde trabajaba y le solicitó por adelantado quince días de vacaciones. Era un obrero constante y nunca había creado ningún problema por lo que el director no se lo podía negar.
Martín en los últimos años no había hecho ningún gasto extraordinario y tenía en el banco una cuenta que le ofrecía ciertas posibilidades. Se fue directamente a una agencia de viajes en la que le informaron sobre varias opciones, de las cuales se decidió por un sugerente y placentero crucero por el Mediterráneo alrededor de las islas griegas.
Lo pasó ciertamente bien en su viaje a Grecia. Se planteó la necesidad de cambiar su carácter, de abrirse más a la gente. Comenzó por entablar alguna amistad entre los pasajeros de aquel crucero.
Ya de vuelta a casa su cara era otra. Se le adivinaba otro espíritu sólo con verlo caminar. Entró en el portal de su casa con una maleta en la mano y con su chaqueta doblada sobre el otro brazo. Abrió el buzón y cogió todo lo que había dentro: mucha publicidad y cinco o seis cartas, todas de ellas del banco o parecidas. Cogió el ascensor y subió hasta su piso. Dejó la maleta en el suelo y rebuscó entre sus bolsillos para encontrar la llave. Abrió la puerta y se agachó para coger la maleta. Mientras se agachaba vio en el suelo un papel, una nota que alguien había introducido por debajo de la puerta.
...continuará.