logotipo

img_google
Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
Acerca de
Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
hit counter
Enlaces
Debilidades
y...
¡¡¡ CONCURSO DE SEPTIEMBRE !!!
Sindicación
 
La última luz (II de IV)
Martín esperaba simplemente otro día más, uno de tantos. En el trabajo todo transcurría normal, él dedicado a lo suyo, con un gesto impasible. No hablaba más que lo necesario si no se dirigían a él. Por la tarde, a la salida del trabajo, un seco “adiós, hasta mañana”, y vuelta a casa.
Esa tarde, al llegar a casa, Martín se duchó, como todos los días, y después se cambió de ropa con la intención de salir a la calle. La tarde estaba un tanto desapacible. Corría un aire fresco que constantemente cambiaba de dirección, pero no llovía. Por aquella zona de la ciudad el tráfico era denso y el ruido de los motores en marcha de todos aquellos vehículos, el de sus bocinas y el de alguna que otra sirena, bien de la policía o bien de las ambulancias, lo irritaban mucho. Pero él quería pasear. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo y quería caminar por su ciudad, contemplar los escaparates, cruzarse con la gente.
Se quedó observando a un crío que, insistentemente, tiraba de la mano de su madre mientras con la otra señalaba un coche de carreras que se exponía en un escaparate. Siguió caminando y, unos metros más adelante, estuvo a punto de ser derribado por una cuadrilla de jóvenes estudiantes que corrían, tirándose unos a otros sus carpetas. Este incidente, lejos de enfadarle, le robó una sonrisa que lo animó a seguir paseando.
Y así, viendo cómo vivía la ciudad, se acercó hasta una coqueta librería. Decidió entrar a buscar algo con lo que entretenerse. La tienda estaba vacía. Únicamente un hombre de unos sesenta años, con gafas y un canoso bigote atendía tras un pequeño mostrador, colocado a la izquierda de la entrada. Entró y, tras dar las buenas tardes al dependiente, le comentó lo que iba a buscar. El canoso dueño le señaló la zona de aquel tema y lo invitó a que buscase él mismo. Se dirigió a unas estanterías que había en el fondo de la tienda y allí comenzó a ojear algunos libros.
Sonaron los cascabeles de la entrada de la tienda. Martín tenía en esos momentos un libro de bricolaje en las manos y estaba de espaldas a la puerta. No se preocupó de mirar quién había entrado.
Oyó decir al dueño asustado: “¿Qué van a hacer?”. Y quiso darse la vuelta pero alguien ya lo sujetaba por el brazo con fuerza y notó en su garganta el frío metálico de una navaja. Una voz nerviosa y baja le advirtió: “No te muevas o te corto el cuello”. Escuchó cómo otro intimidaba al dependiente y le pedía que abriese la caja. El que le sujetó a él seguía a su lado, pero le había soltado y le recriminaba al otro: “Date prisa, tú!”. Martín aprovechó para girar la cabeza y vio primero al dueño, asustado, con pulso tembloroso, cogiendo el dinero que había en la caja. Después, al otro individuo, joven, que lo encañonaba con una pistola. Siguió girando la cabeza y vio al que estaba junto a él, de medio lado. En la mano derecha aún esgrimía una navaja que mantenía muy cerca de sus costillas. También miraba la escena de la caja. Cuando el atracador volvió la cara de nuevo, lo reconoció y lentamente se volvió hasta ponerse frente a él.
Aquel joven dio un paso hacia atrás, guardó la navaja y, sin dejar de mirar a su padre, gritó: “¡Vamos, acaba!”. Padre e hijo se miraban a los ojos sin pronunciar palabra alguna.
Aquella escena duró apenas unos segundos pero en ese poco tiempo pasaron por la cabeza de martín infinidad de recuerdos. Cuando, como acababa de ver en la calle, Roberto le pedía todo lo que veía en los escaparates; recordó la cara de Paula, con él en brazos el día en que nació; recordó el desconsolado llanto de Roberto cuando los abandonó para siempre Patricia; recordó el brillo extraño de aquellos ojos la primera noche que Roberto llegó a casa “volando”...
Una voz dijo desde la puerta: “¡Vamos!”. Ellos seguían mirándose. Roberto dio dos pasos hacia atrás, muy lentamente, y se detuvo. Aún se miraban. Su compañero gritaba impaciente desde la puerta. “¿Qué esperas?”. Martín quiso avanzar hacia Roberto, que permanecía inquieto pero inmóvil delante de él. Pero en cuanto le tendió una mano acercándose a él, éste giró y salió de la librería corriendo. Martín se asomó a la puerta lo más rápidamente que pudo y sólo consiguió verle doblar la esquina huyendo... quizás de él.
“Fue todo muy rápido. Eran dos jóvenes morenos, de mediana estatura. Uno de ellos llevaba una pistola.” Es todo lo que declaró a la policía cuando le interrogaron.
... continuará
 
La última luz (I de IV)
No sé qué razón me ha movido a hacerlo pero he decidido sacar a la luz algo que escribí hará unos 15 años. Espero que alguno de vosotros sea capaz de soportarlo. Lo he dividido en cuatro partes y ésta es la primera.


Una vez más, como cada tarde, Martín volvía del trabajo. Caminaba despacio, parsimonioso, con la mirada caída apenas unos metros delante de él. Parecía no importarle lo que sucediera a su alrededor. Al llegar a casa intentaría de nuevo darle vida a un pequeño trozo de madera.
La ausencia de su mujer, que una inoportuna neumonía le robó, le había aficionado a estas manualidades, ya que se encontraba muy solo y aburrido en su casa. Eran ya tres largos años los que llevaba viviendo con la única compañía de su radio, a todas horas encendida. Ahora, martín, se había convertido en un lobo solitario y únicamente dejaba que los días se sucedieran, uno tras otro, sin la esperanza de que algún nuevo acontecimiento lo rescatara de su rutina. Sólo la conclusión de alguna de sus pequeñas obras le hacía esbozar en sus labios una leve sonrisa, quizás también tras alguna broma de sus compañeros de trabajo.
Decididamente, a Martín no le sonreía la vida. La muerte de Paula había sido la última, pero no la única pérdida en su familia. A la pequeña Patricia, con apenas unos meses, se le cerraron los ojos y su pequeño corazón dejó de latir. Hoy contaría dieciocho años.
A Roberto se le llevó otro tipo de muerte. Martín no lo entendió bien la primera vez que lo vio, aquella tarde que Roberto legó con un extraño brillo en sus ojos. Pero aquello se habría de convertir en algo habitual y, poco a poco, se fue dando cuenta de que estaba perdiendo el único hijo que le quedaba. Intentó por todos los medios rescatarle de donde se había metido, pero Roberto no quiso, o no pudo, colaborar. Quizá fue demasiado tarde.
Ni Martín ni Paula pudieron controlarlo nunca más. Comenzó a faltar algunos días. Más tarde sus ausencias eran de semanas enteras. Luego, sólo se acercaba por casa para pasar alguna noche o para pedir dinero; dinero que en las primeras ocasiones no se atrevieron a negarle: a pesar de todo, seguía siendo su hijo.
Hacía ya cinco años que lo había visto por última vez. Ya no le quedaban más lágrimas que derramar por él. Era ya un recuerdo al que Martín no quería acudir, aunque golpeaba con frecuencia su memoria, ... y le producía un áspero dolor.
Pasaban lentos los días, grises, monótonos. Esa tarde el cielo estaba más oscuro que nunca. Él examinaba con orgullo el pequeño potrillo de haya que mantenía en su mano izquierda. Mientras, con dos dedos de su otra mano parecía querer acariciar su crin y su lomo. El barniz aún estaba fresco, por lo que decidió posarlo en una estantería hasta que secara. Allí reposaría junto a otras figuras de animales...una rana, un inquieto gato, un búho vigilante y un toro de cuernos desiguales, todos ellos del mismo material.
Después se asomó a la ventana. Puso tras de su hombro la cortina y, lentamente, desempañó en uno de los cristales un pequeño círculo por el cual podía ver la calle. Desde su altura – vivía en un séptimo- contemplaba multitud de paraguas abiertos que se movían rápidos en todas las direcciones. Y los coches, agitando nerviosos sus limpiaparabrisas. Se mantuvo mucho tiempo en aquella postura, mirando sin ver tanto la calle como los edificios de enfrente y, de vez en cuando, alzando la vista al cielo como solicitando algo. Por el exterior del cristal, justo delante de sus ojos, descendía una gota de lluvia que haría de espejo a la lágrima que estaba a punto de brotar de ellos.
Pasado un tiempo, con gesto enérgico se deshizo de la cortina y giró sobre sus pies dirigiéndose hacia la radio. Sintonizó otra emisora donde oír las noticias y, cuando la encontró, fue hasta la cocina para prepararse una cena sencilla. Más tarde vería una película en la televisión antes de ir a acostarse. A las siete de la mañana sonaría de nuevo el despertador y habría que ponerse de nuevo en marcha. Vuelta al trabajo, vuelta a empezar.
...continuará.



 
Empezar a los 33
Ayer sonó el teléfono. “Sí?”. – “Jose Mari? Hola soy Pedro”
Os suena la parábola del hijo pródigo? Pues algo como la alegría del padre es lo que me pasó por el estómago. No, no es mi hijo, ni un amigo de la infancia, ni siquiera un familiar. Es un antiguo compañero de trabajo. ...Pero es muy frío decir esto así, no es sólo uno más.
Yo sólo tengo hermanas pero si algún día tengo que decir quién fue lo más parecido a un hermano, ese es Pedro. Yo era como un hijo para su padre y él, claro: mi hermano.
Pasamos muchas historias juntos. Divertidas, difíciles, duras, entrañables... Hoy recordamos juntas unas cuantas. Y las que nos quedan por revivir.
Cuando le conocí, él tenía 18 años y yo 24. Su padre acababa de montar una empresa de excavaciones y yo era el único empleado. Un año después se unió él. Y aquello funcionó así durante un tiempo. Sólo tres marinos en aquel barco, un capitán y dos grumetes.
Pasaron los años y aquello comenzó a crecer. La empresa reclutaba gente y el viejo capitán nos puso a los dos grumetes a cargo de un grupo de gente a cada uno. De esa manera Pedro y yo pasamos al mismo tiempo de ser maquinistas a ser encargados sin preparación alguna. Algunas veces nos reuníamos para ver qué habíamos aprendido cada uno a base de recibir bofetadas de los inspectores y los jefes de obra. El ritmo de vida aquellos años fue insoportable pero teníamos el apoyo el uno del otro para animarnos después de cada nuevo bofetón. Incluso nos tocó a cada uno una obra por los montes de Navarra en pleno diciembre. Aquello fue una odisea, ni siquiera el hormigón fraguaba por el frío.
Nos tocó hacernos especialistas en todos los gremios de la construcción y hasta en eso las cosas nos fueron parecidas: la paleta y la baldosa no eran para nosotros, era la excepción. Así que a su padre lo único que le exigíamos era un albañil, para lo demás nosotros nos encargábamos de enseñar a la gente. Pero a nosotros nadie nos enseñó el arte de soportar una forzada sonrisa frente a los comentarios caprichosos de los inspectores. Su padre nos insistía: “No discutáis con ellos, que son los que mandan”. No estaba hecho para ninguno de los dos la parte que corresponde a lamerle los cuartos traseros a los jefecillos de turno, no señor. No fuimos inteligentes? Probablemente no, pero la boca la manteníamos limpia de pelos. Un día que coincidimos en la misma obra, Pedro se bajó asustado de la máquina para intervenir pensando que yo le iba a atizar al inspector de turno. No hubiera hecho falta... o eso creo yo, tampoco lo puedo asegurar.
Así que, de nuevo a la vez, algún tiempo después, viendo su padre que la diplomacia no era nuestro fuerte nos devolvieron a las máquinas, o a conducir camiones cuando hacía falta, o a echar asfalto, o a hormigonar zanjas, o a meter tuberías... y, la verdad, se trabajaba más a gusto.
Hace más de cinco años me fui de aquella empresa. Pedro hacía tiempo que no trabajaba con buena cara. Su forma de pensar en cómo llevar la empresa chocaba frontalmente con la de su padre, sin embargo nadie trabajó más y mejor para aquella empresa, no dejó ni un momento de pelear por levantar aquello.
La última vez que lo vi fue en una obra hace año y medio. Estaba muy enfadado con su padre y pensaba dar un giro a su vida. ... Y desapareció. Solo me dijeron que se fue, nunca supe a donde ni para qué... hasta que ayer me llamó.
Ahora quiere empezar de cero y es porque es eso lo que le queda: cero. Pero va a empezar a vivir marcando él el ritmo, lejos de la mano de su padre, que nunca le soltó la correa. Vino a mí para que le ayudara a buscar trabajo y estuvimos hablando más de cuatro horas... y quedamos en volver a vernos enseguida. Lo encontrará, seguro. Tiene un currículum envidiable para nuestro gremio, pero lo que no puede poner por escrito en ningún papel es la capacidad de dedicación, de tenacidad, y de fidelidad que tiene este hombre. Y las ganas que tiene de abrirse paso. Y la necesidad de libertad.
Ni siquiera ha tenido tiempo en 33 años de encontrar alguien con quien ir a la playa de su pueblo a ver una luna llena como la de hoy. Solo ha tenido tiempo para trabajar para los demás porque hasta su sueldo de muchos años se quedó en alguna mala gestión de su empresa paterna. Me cuenta que para dejar de pensar a todas horas ha ido aprendiendo a practicar surf, pero lo mejor ha sido el comentario que me ha hecho y que demuestra el tipo de persona que es. Me dice: ”Resulta que en el surf también hay gente normal, como yo, hay algunos que no llevan una coleta teñida de rubio” Dice que ha tardado seis semanas en lograr ponerse de pie en la tabla. Espero que en un tiempo parecido arranque tu nueva vida.
Ha llegado tu momento, Pedro. Pocos de ahí fuera saben lo que vales como trabajador, pero casi nadie sabe lo que vales como persona. Ahora les toca a los demás descubrirte.
Yo sé que vas a salir adelante, aún estás a tiempo de disfrutar de la vida. Eso sí, espero no volver a perderte la vista.
 
Mariconadas, las justas.
Antes de nada debería explicar lo del título.
Hay quien me animó a que escribiera sobre la manifestación del sábado. Sí, ya veis, hay gente que quiere más tortura en forma de comentarios y, claro, uno, medio oculto por su inflamado ego y en una conversación distendida contesta: “Mira, pues ya tengo el título” y es que he colocado aquí arriba. Por eso os ruego que lo toméis con buen humor.
Pero resulta que no va tan mal este título para lo que estoy viendo por ahí. Ahora dicen que no es una manifestación contra el matrimonio gay sino que es a favor de la familia.
Mira qué bien! Vaya manifa más absurda! Cuál es la protesta entonces? A quién se convoca? Contra qué organismo se manifiestan? Hay alguien en contra de la familia? (aparte de Carlos de Inglaterra, claro).

La primera mariconada es no tener valor para decir bien claro contra qué van. Porque si es a favor de la familia y ahora los homosexuales pueden ser una familia legal, estarán a favor de ellos también, no?... Pues va a ser que no (expresión que últimamente empieza a dar por saco, por cierto)
La mani va en contra de que los homosexuales puedan formar una familia bajo el nombre de matrimonio. Como siempre, ya estamos con la dichosa pelea por las palabras. No gusta la palabra matrimonio ya que se ha referido siempre a la unión de un hombre y una mujer. Tampoco deberíamos decir “colgar el teléfono” cuando interrumpimos una llamada o acaso ahora los teléfonos se cuelgan de alguna parte? Pero las cosas cambian y no creo tan necesario inventarse vocablos nuevos para definir novedades sociales.
De todos modos, es lo de menos cómo se le llame. Lo que es cierto es que hay una realidad nueva y es que hay mucha gente que quiere vivir con su ser querido aunque sea de su mismo sexo y que ambos cuidarán el uno del otro como una familia tradicional y deberían tener los mismos derechos civiles que los demás. Llámalo matrimonio, pareja, asociación, comunidad o reino si hace falta. Qué más da?

Antes de seguir comentaré que yo, particularmente no entiendo los gustos de la gente homosexual, pero es que tampoco entiendo a la gente que le gusta la música bacalao o el cine de Steven Seagal o Jean Claude Van Damme, y por eso no creo que haya que impedirles el acceso a discotecas o salas de cine. Hay ofertas y gustos para todo... y sino poned la tele un rato, y eso que todos vemos exclusivamente los documentales de la 2.

Sobre los convocantes tengo una duda. Al defender a la familia (supongo que la que entendemos como tradicional) pondrá como ejemplo aquellas con un marido y una mujer ante la aberración de las parejas formadas por dos hombres o mujeres que se quieren y se respetan.
...Aunque la mujer lleve enjaulada en una cocina 30 años sin recibir un gesto amable.
...Aunque sea una madre toxicómana y un padre traficante.
...Aunque el marido sea un alcohólico que nunca se ha ocupado de sus hijos.
...Aunque sean fruto de una conveniencia para legalizar situaciones de inmigración, pagadas con dinero.
...Aunque sean dos famosillos buscando una exclusiva hasta el próximo divorcio pactado.
...Aunque la única razón sean los puños del marido.
...Aunque sea de una cupletista octogenaria encaprichada por un trípode caribeño.

Todos estos casos, y más, son ejemplos de matrimonios “como Dios manda” o mejor, “como Dios acepta”, o mejor todavía “como el Vaticano admite”.
Y puestos a continuar con ello: Alguien le ha pedido a la iglesia que bendiga a una pareja gay? Nadie duda de que para la iglesia no es lo correcto. En realidad, personalmente, a mí tampoco me interesa la opinión de la iglesia sobre mi relación de pareja, nunca he ido a preguntárselo. Supongo que me darían su bendición pero, porque quiero a mi pareja?, no, eso no importa tanto, sino porque es mujer. Con esa condición todo vale.
Así que no me venga la iglesia apoyando esta manifestación que no tiene nada que ver con ellos. Señores fieles de ésta o de cualquier iglesia: existe la vida fuera de la religión.

Otro tema. Qué hace un partido político en una manifestación? En esta o en cualquiera.
Señores encorbatados, ustedes tienen la palabra en el parlamento y se les paga un buen sueldo por arreglar las cosas hablando allí. Si no son capaces de hacerlo, dimitan y vengan a mi obra a ver si son capaces de levantar el país con un pico y una pala. Pero nosotros, los que solo tenemos un mísero voto cada cuatro años, cuando vemos que ustedes no son capaces de ver lo que el pueblo necesita, sólo tenemos la calle para manifestarnos. Y además lo haremos contra ustedes, así que dejen la calle libre y métanse sus pancartas entre las piernas y la espalda, que sólo salen para provocar incidentes contra el partido rival. Y no se suman ustedes a las manifestaciones sino que nos suman a nosotros como cautivos de su iniciativa. Luego el motivo de la protesta es lo de menos, lo que importa es que a fulanito le miraron mal y va a poner una querella contra el eje del mal, la CIA o la confederación australiana para la defensa del koala. El caso es ser el centro de la noticia.
Señores políticos: fuera de la calle, no es su sitio. Así que calladitos, a escuchar al pueblo y a trabajar en su puesto.
Porqué será que a los únicos políticos que respeto es a los que no conozco?
 
Matemáticas justas...?
No es posible. Las cuentas no me salen. Yo quiero aplicarme ese porcentaje. Voy a mandar un recurso basándome en éste caso para reducir una multa que tengo por circular sin cinturón de 90 euros a 54 céntimos. Eso es lo que debo pagar... o no?
Pensándolo bien, debería pagar aún menos. Supongo que el porcentaje de reducción de penas no se considerará igual por un delito de no llevar el cinturón de seguridad que por asesinar a sangre fría a 25 personas. Únicamente he hecho una sencilla regla de tres para saber cuánto debo. Si por 3.000 años de condena un...ser vivo... puede salir a la calle sólo con 18 años de cárcel, yo de los 90 euros que tengo que pagar, acogiéndome a la misma ley pagaré 0,54 euros.
Ah! Me dicen que es que ese...primate erguido...se matriculó en un curso de euskera, aunque no tuvo tiempo de asistir porque estaba celebrando con champán y langostinos cada nuevo crimen de sus compañeros de jauría. Y mira, con estar matriculado en ese curso se le quitan 2.982 años. Y eso que no asistió.
Siguiendo con los números, 18 años por 25 crímenes... 8 meses y 20 días por cada funeral provocado. No parece un poco barato? Dura más el luto de la viuda que sus vacaciones en la sombra. Puede incluso presentarse a la misa del cabo de año, además bien moreno porque aún le sobran 3 meses para tomar el sol en la playa.
Luego se quejan de las leyes que les dispersan y les hacen recorrer kilómetros para visitar a sus familiares encarcelados. Aunque el gobierno vasco les subvenciona esos viajes. Sin embargo cuando yo viajo a Castilla a ver a la hija de mi madre, exiliada por miedo entre otras cosas, la gasolina la pago de mi bolsillo. Y con los impuestos de esa gasolina les pago parte de su viaje a las familias de esos “angelitos”.
Esta semana una mujer ha rociado con gasolina y quemado en un 60% de su cuerpo al que había sido el violador de su hija, cuando ésta contaba con 13 años. El gozaba de un permiso penitenciario y la madre se tomó la justicia por su mano. Hoy la han cogido e irá a la cárcel. Calculadora en mano, por quemarle es 60% me salen 5 meses y 2 días, considerando que un crimen completo cuesta 8 meses y 20 días, pudiéndosele aplicar la atenuante de que su víctima aún sigue con vida...
Pero me temo que no, que sobre esta mujer la justicia se ensañará. Habrá otra colecta como una que vimos hace poco para pagar su fianza? Le pondrán también 400.000 euros? Si es así, propongo una colecta para sacarla de allí, yo ofrezco 50 euros. Y la pena es que no se los pude dejar antes para comprar más gasolina. Vaya, ésto no debería haberlo dicho pero aún no sé cómo se borran aquí los textos.
Muchas madres como esta mujer, y bien cargadas de gasolina, me gustaría ver a la salida de ese perro, para que arda los 2.982 años que le quedan por cumplir.
Lo siento, se me ha escapado, otra vez usaré la cabeza antes de escribir.
 
Cuando todo cambia de rumbo
Voy a intentar acabar lo que contaba el artículo “Con el permiso de los bloggers”, y que fue el calvario a que se vio sometida mi mujer tras un no demasiado importante accidente de trabajo. Os había contado cómo la mutua la mandó a trabajar con una hernia discal y lo habíamos dejado con ella en urgencias y calmada a base de morfina. Hasta aquí la negligencia de la mutua es evidente pero de lo que sucedió en el hospital no tengo el conocimiento suficiente para saber quién o qué fue el responsable.

Debo pedir disculpas antes de continuar porque probablemente os aburra con las fechas pero es el único modo de poder contar de una forma ordenada todo aquello que allí pasó. Todo sucedió hace dos años, dos que se han hecho larguísimos años.
El 25 de marzo entró en el hospital por urgencias y pasó esa noche en lo que llaman Evolución, tratada con morfina a causa de sus alergias a otros medicamentos. Al día siguiente la trasladaron a una habitación de la planta de traumatología donde los médicos intentaron recuperar la normalidad sin tener que pasar por el quirófano. Aquello no daba resultado y el día 7 de abril tuvo que ser operada de dos hernias, en concreto L4-L5 y L5-S1. Si todo hubiese ido de un modo normal en 3 o 4 días deberíamos haber tenido que abandonar el hospital y por su propio pie, al menos eso es lo que tuve tiempo de comprobar durante mucho tiempo en aquella planta; tres días después de ser operado, cualquier paciente se iba para casa andando.
Pero aquello no era normal, los dolores no remitían y además se le habían trasladado al pecho. Algunas enfermeras decían que podía ser por la postura, que era incómoda por tratar de mantener la sonda bien colocada. Alguna otra se atrevió a echarle la bronca, que era muy quejica y que todo eran nervios; que se debería ir para casa. Cada día tosía más y algunas veces parecía que le faltaba el aire. No eran ataques agudos pero empezábamos a estar muy preocupados, sin embargo los médicos decían que todo iba normal y contra eso no podíamos pelear, ellos son los que saben.
No sé si tuvo algo que ver, pero llegó el viernes santo, el día 18 de abril y la visita de ese día la realizó un médico muy joven. Esto lo supongo yo, pero me parece que era alguno de los novatos haciendo sustituciones para esas fechas que normalmente se cogen para vacaciones. No sé si por eso o sencillamente porque ese era el día, pero el caso es que nos sacó de la habitación y se interesó un poco más que los habituales en las demás visitas diarias. No nos dijo nada nuevo al salir, sólo supimos que había explorado algo más a conciencia su respiración.
Esa tarde yo estaba con mi hijo en una bolera cercana, tratando de que los dos pensáramos en otras cosas por un rato, cuando recibí la llamada de mi suegra: “Jose, ven al hospital, rápido”. Tuve que dejar a mi hijo con una cuñada fuera de allí y no pregunté nada hasta que estuve dentro, pero las caras no escondían que pasaba algo serio. A Maribel (no había dicho su nombre hasta ahora, perdón) la estaban operando pero mi suegra no acertaba a decirme exactamente de qué. Estaba muy asustada y solo podía decir: “Está muy mal”
La espera se hizo larguísima hasta que terminaron la operación y nos convocaron en una salita para explicarnos algo. En la primera operación se había colado en la columna una bacteria. Esa bacteria se había ido extendiendo (en 11 días no lo vieron) y estaba dejando muy débiles a cantidad de órganos, los más afectados, los pulmones. Claro, lo primero que se me ocurre es preguntar si con esta operación todo estaba solucionado, pero no recibo buenas noticias. La bacteria ha dañado mucho y no pueden saber si han conseguido limpiar todo, hay que esperar.
Directamente entra en la UVI. Allí pasa algunos días en los que no da buenas señales. Tiene un corte vertical en la espalda de 25 cm. que tiene que permanecer abierto porque esta bacteria (klebsiella pneumoniae) se reproduce en ambientes sin oxígeno. Ella se mantiene consciente aunque con dificultades para mantener una conversación debido a su debilidad y la cantidad de medicamento que recibe.
La noche del lunes 21 tiene que volver a quirófano para terminar de limpiar restos de la bacteria que pudiesen quedar. De nuevo nos advierten que las cosas están muy mal, incluso peor que antes.
A partir de ese momento la mantienen en coma, con ventilación asistida. Llegué a contar hasta 14 sondas conectadas a la vez. Pero lo peor es el informe de esa mañana. La fiebre es muy alta y si no baja, el cuerpo no podrá soportarlo. Varios órganos no funcionan bien por sí solos.
Nunca he pedido perdón a quienes me esperaban fuera para saber cómo iba todo, por las cosas que les fui ocultando. No les mentía, pero tampoco les decía hasta dónde llegaba la gravedad. Recuerdo cómo aprovechaba que tenía que buscar un espacio con menos gente para llamar a mi familia de más lejos, para poder desahogarme un poco y regresar con una expresión más aceptable. Solo mi suegra y yo sabíamos todo lo que pasaba, y ella dejaba que hablase yo. Sin haberlo pactado y con sólo mirarnos llevábamos la misma estrategia, sólo queríamos ganar tiempo en espera de mejores noticias.
Y esas noticias se asomaron, por fin, dos días después. La fiebre comenzaba a bajar. Apareció la luz del final del túnel. Los médicos nos decían que aún seguía en peligro pero nosotros ya no éramos capaces de pensar en negativo. Por fin un paso adelante!
El día 25 empieza a despertar del coma. El día 2 de mayo vuelve a quirófano para otra limpieza y para comenzar a cerrar el corte parcialmente. El día 5 sale de la UVI y es trasladada a planta. Mantiene un drenaje por donde expulsa cantidad de cosas que sería mejor no describir.
El 23 de mayo es operada por última vez y se cierra por fin la espalda. Desde este día y hasta el 20 de junio permaneció en el hospital, en una habitación, tratando cada día de intentar ponerse de pié, de dar algún paso apoyada en esos carritos con ruedas; tratando de mirar hacia delante y no llorar, tratando de regresar a casa y poder dormir bajo el mismo techo que su hijo.
Ese último mes ya no tuvo peligro para su cuerpo, pero la cabeza pasó por muy malos momentos. La psicóloga que la trató a petición nuestra le dijo que no es extraño que tuviese una depresión, que no era por causas remotas y absurdas, que lo difícil hubiera sido mantenerse de una pieza tras todo aquello.
Hoy está aquí, conmigo, en casa. Hay quienes dicen que ahora todo es normal, pero quienes estamos muy cerca de ella sabemos que allí, en aquellos quirófanos quedaron muchas cosas. Cosas que no se ven desde fuera. Lo de menos es la costura de un palmo en la espalda. La ilusión, la alegría, el instinto, el ánimo, la confianza...quién puede medir esas cicatrices?
Un abrazo desde aquí a todos aquellos que estéis o tengáis a alguien cercano bajo la amenaza de una enfermedad. Animo, vikinga.
 
Se me ha caído un mito
Hoy se me ha caído un mito. Hoy he tenido que escuchar unas declaraciones que me han hecho pensar hasta cuánto corrompen la presencia de una cámara y unos micrófonos. Qué diferente es hablar desde el corazón, cuando aún se retuercen de dolor las entrañas por la pérdida de aquél que de allí salió. Cuánta verdad hay en una madre a la que han amputado a su hijo. Qué capaz es de distinguir los valores reales, tan separados normalmente de los valores institucionales. Con cuánta fe y verdad se puede comenzar una cruzada contra el imperio del insulto, la mentira, el manejo de los hechos y la vergonzosa batalla de lanzamientos de restos de una masacre entre los bandos políticos como carniceros en una sangrienta orgía en un matadero.
Estás cansada, Pilar. Has librado una tremenda batalla en un terreno que desconocías y has terminado confundiéndote entre los escombros. Estoy seguro que aún se puede recuperar aquella madre. Y es sólo la madre la que fue capaz de poner un estropajo con lejía en las fauces de los bocazas. Cerraste en unos minutos aquellas gargantas que solo vomitaban envenenados escupitajos para sus adversarios y que pasaban por encima de los cuerpos de tu familia y de casi 200 más. Quiero volver a ver a Pilar madre.
Quizá debiste abandonar tu imagen pública tras aquel manifiesto. Su eco seguiría retumbando en aquellas cabezas obtusas. No había que decir nada más.
Tómate un año de tranquilidad, dedícalo a la memoria de tu hijo. Piensa sólo en él. Visita a sus amigos, comparte recuerdos con ellos. Haz en su lugar ese viaje que siempre quiso hacer y cuéntale lo que ves: seguro que puedes hacerlo.
Pero, por favor y por tu bien, no dediques ni un solo minuto de ese año, ni un solo pensamiento, a aquello de lo que se habla en las noticias. Aíslate, necesitas aire fresco. No es culpa tuya pero has estado demasiado tiempo rodeada de fumadores de basura y su humo te ha nublado el corazón. Nos gustaría verte volver tan blanca como lo eras antes, tan llena de verdad, sin lentillas en los ojos que distorsionaran tu idea de la justicia. Sabemos que eres capaz, y nos hace falta gente como tú... pero descansa, busca un balneario para la razón, límpiate bien.
Tus últimas palabras han hecho daño. No tienes el derecho a negarme un abrazo. No puedes decir que no soy de los tuyos. ¿Es necesario que mi familia sangre para que pueda estar contigo? ¿Solo una madre tiene derecho a ser víctima? ¿El dolor, sólo estuvo alrededor de aquel tren?
Recuerdo, como si fuera hoy, aquella terrible mañana. Se hacía imposible trabajar. Cada minuto pesaban más las herramientas. Formábamos corrillos cada hora para escuchar una cifra que no terminaba de subir y no podíamos hacer comentarios. Volvíamos después cada uno a su tajo sin saber muy bien para qué. Era difícil mantener los ojos secos. Al día siguiente paramos un cuarto de hora mientras no éramos capaces de contestar a ninguna pregunta. Y no importaba la pregunta, sólo nos venía a la mente una siniestra cifra: 200. Aquel día estábamos abrazados a ti, Pilar, y no rechazaste el abrazo, no nos lo niegues ahora.
Y recuerda que lo mismo que para ti aquel día se partió en dos el calendario hay otras muchas familias que tienen grabado a sangre en su memoria otra fecha, y son como tú, victimas de la sinrazón, de una bala, de una granada, de una bomba. Y son personas con un nombre, no con unas siglas. Son madres, como tú. Son hermanos, son hijos, son amigos, son vecinos, son gente de paz.
No uses un mensaje de locos como sudario. No escribas en una lápida el porqué. No justifiques la metralla ni las balas. Mira a otra madre como tú y no le preguntes ni quién ni porqué... sólo abrázala.
Nadie más que tú merece que se le comprenda una debilidad tras un año como éste. Sé que puedes volver a ser simplemente madre. Toma aire fresco, Pilar, y regresa limpia, así seguro que seguirás abriendo muchos ojos y cerrando muchas bocas.
Con todo mi cariño.
 
Asociaciones para el enfrentamiento.
Se me hace muy difícil entender cómo enfocamos el modo de relacionarnos con los demás. Cuando lo hacemos a pequeña escala en muy sencillo. Solo se trata de reconocer quiénes son nuestros amigos. Abrimos una agenda interna en la que se incluyen a todos, pero no hay más subdivisiones. Cada uno tendrá sus virtudes y defectos pero no necesito anotarlo en ningún post-it al lado de su fotografía. Quizá seamos demasiado sencillos pero, al menos en mi caso, no necesitamos mucho más.
Siempre creí que el mundo, en general, es una gran familia y tiendo a simplificar las cosas. Seguro que no es tan fácil como yo lo veo. Seguro que hay muchos conceptos que se escapan a mi limitada forma de mirar. Lo siento, no doy para más, alguien debería explicarme algunas cosas que no alcanzo a ver.
No entiendo lo que pasa ahí afuera. Veo grandes reuniones para tratar de borrar las fronteras mientras en la mesa de al lado la misma gente intenta marcarlas mucho más. No acierto a comprender de qué se trata, si de unirnos o de separarnos. Ese intento de estar al lado de los demás para que les podamos decir que somos diferentes hace que me vuelva loco. ¿Somos iguales o diferentes? ¿Somos amigos o enemigos? ¿Vivimos con o contra los vecinos?
Con este panorama no es de extrañar lo que está pasando con las elecciones europeas. Pronto daré mi opinión sobre esto. Alguien comentó, y creo que con razón, que cada opinión es válida aunque quien la dé no tenga una carrera, un título nobiliario o un puesto en algún ministerio. En este caso lo leí en el blog “ya lo pensaré”.
Miro hacia fuera y no hago más que encontrar grupos de gente haciendo divisiones de grupos atendiendo a diferentes conceptos. Los países los dividimos por sus formas de gobierno, sus religiones, su posición geográfica, su capacidad de generar riqueza, las razas de sus gentes. Hay asociaciones de países incluso porque tienen petróleo. No sé porqué motivo no hacen asociaciones de países en donde tengan aire para respirar y tierra bajo sus pies.
Luego, en cada país, marcamos las diferencias entre las regiones, pero no con la intención de agradar a los demás con nuestras peculiaridades sino con la idea de hacer sentir extraño al visitante. Alguien debería haberse dedicado a otros menesteres cuando acuñó los términos “extranjero” e “inmigrante”. Como mucho me quedo con las palabras “visitante” o “turista” porque atienden a un estado temporal.
A nivel local se me hacen comprensibles las asociaciones culturales o deportivas siempre que sean abiertas y su única función sea la de poner a disposición de quien quiera los medios para mejorar o adquirir conocimientos en algunas materias. Por eso me gustan los clubs de fotografía, los deportivos (los de barrio a poder ser), los grupos de manualidades, de pintura, clubs de montaña, etc.
Pero hay otros que no me gustan nada. Son esos que tienen un ámbito cerrado porque para pertenecer a ellos debes ser diferente a los demás. Todos aquellos que se forman a partir de un pensamiento político, de una raza, de una religión, de un modo extraño de comportamiento, de bandas callejeras. Si me dicen que para pertenecer a un grupo debo tener un comportamiento similar al grupo, ese club ya no es para mí. Muchos deberían hacerse la reflexión que se hizo el genial Groucho antes de entrar a formar parte de un club: “¿me gustaría formar parte de un club en el que admitieran gente como yo?”. ¿No será mucho más importante pertenecer a un club en el que pueda aprender algo de cada uno de sus socios y poder enseñar yo algo?
Lo más absurdo que he llegado a ver son asociaciones de gente que se dividen en función de quién y como les ha causado daño. ¿Realmente es necesario enfrentar a la gente que ha sido atacada por alguien? Hay asociaciones de victimas del terror que no se pueden ni ver según quién haya sido el autor del disparo. Si han lanzado una granada contra tu casa debes de acudir a algún investigador para saber quién ha sido, no vaya a ser que entres en la asociación equivocada. Ahí las mujeres maltratadas tienen ventaja: ya saben que ha sido su marido y saben, por tanto, a qué grupo pertenecen. Qué triste! Sólo me falta ver grupos de víctimas del tirón de bolso enfrentándose con los damnificados por el robo de radio-cassettes.
Me gustaría formar mi propio club en el que entrasen jóvenes, adultos, ancianos, negros, asiáticos, blancos, indios, musulmanes, cristianos, ateos, budistas, comunistas, capitalistas, parados, trabajadores, estudiantes, amas de casa, homosexuales, heterosexuales, banqueros, carpinteros, secretarias, cajeras, médicos, artesanos, pintores, ingenieros, ocupas, toxicómanos, enfermos, invidentes, deficientes mentales, futbolistas, poetas, ricos, pobres ... tú mismo... Para entrar a este club sólo pediría un dato: el nombre. Y con un lema: cada uno de los socios es tu mejor compañero.
No entiendo en el mundo más que dos tipos de gente: la que quiere vivir y la que no deja que lo hagamos en paz.