¿Por qué se desengrasan las puertas?
El año nuevo llega, y ya me he cogido el primer rebote. Lo que me duele es que sea por cuestión de dinero (aunque en el fondo me alegra y consuela que sea por eso, y no por otras razones). Me paro a ver la triste noticia de que en mi cuenta corriente no corre el dinero, que las facturas ahogaron las divisas y todavía quedan dos días para insuflar aliento a la tarjeta voraz. El segundo mosqueo me lo pillo conmigo mismo. ¿Cómo puedo ser tan idiota de sentirme mal por eso, cuando hay tanta gente que se queda a cero en su vida tras un maremoto, un terremoto, un tifón o una bala extraviada con muy mala leche en cualquier guerra?
Cuando una puerta chirria nos parece espantoso el ruido que hace, pero en el fondo no es problema, no hay 3en1 que no solucione ese desbarajuste. Pero hay puertas que se caen desvencijadas, y esas ya es difícil levantarlas. Hay puertas que se salen de sus goznes y peregrinan reclamando caridad por un mundo de puertas blindadas con mirilla de cristal ahumado.
Reclamo para este año nuevo una puerta desengrasada, porque confío en que a mis lirios no les faltará el vestido, ni a mis pájaros el alimento. Y si alguien llama a mi puerta..., pues habrá que repartir lo que no hay, porque se dan milagros y multiplicaciones que no alcanzo a comprender, pero bien es cierto que ando lejos de morir de hambre, ni mi techo se descascarilla amenazando ruina. No. Prefiero una vida chirriante que una puerta impenetrable. Ahora sé que vivo al día, y aunque a veces se me haga un nudo en la garganta, sé que hay nudos de soga dura, y ese, gracias a Tí, no es el mío.
Cuando una puerta chirria nos parece espantoso el ruido que hace, pero en el fondo no es problema, no hay 3en1 que no solucione ese desbarajuste. Pero hay puertas que se caen desvencijadas, y esas ya es difícil levantarlas. Hay puertas que se salen de sus goznes y peregrinan reclamando caridad por un mundo de puertas blindadas con mirilla de cristal ahumado.
Reclamo para este año nuevo una puerta desengrasada, porque confío en que a mis lirios no les faltará el vestido, ni a mis pájaros el alimento. Y si alguien llama a mi puerta..., pues habrá que repartir lo que no hay, porque se dan milagros y multiplicaciones que no alcanzo a comprender, pero bien es cierto que ando lejos de morir de hambre, ni mi techo se descascarilla amenazando ruina. No. Prefiero una vida chirriante que una puerta impenetrable. Ahora sé que vivo al día, y aunque a veces se me haga un nudo en la garganta, sé que hay nudos de soga dura, y ese, gracias a Tí, no es el mío.
Comentario:





