ELOGIO DEL SENTIDO COMÚN (EDUARDO GALEANO)-LITERATURA 4º MEDIO
Nos reúne, en la mañana de hoy, la búsqueda de áreas de cooperación y de encuentro en este mundo enfermo de desvínculos. ¿Dónde podremos encontrar un gran espacio todavía abierto al diálogo y al trabajo compartido? ¿No podríamos empezar por buscarlo en el sentido común? ¿Es cada vez más raro el sentido común?
Los cinco países que más armas fabrican y venden son los que gozan del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. ¿No contradice el sentido común que los custodios de la paz mundial sean los que hacen el negocio de la guerra?
A la hora de la verdad, esos cinco países mandan. También son cinco los países que mandan en el Fondo Monetario Internacional. Ocho toman las decisiones en el Banco Mundial. En la Organización Mundial del Comercio está previsto el derecho de voto pero jamás se usa.
La lucha por la democracia en el mundo, ¿no tendría que empezar por la democratización de los organismos que se llaman internacionales? ¿Qué opina el sentido común? No está previsto que opine. El sentido común no tiene voto, y tampoco tiene voz.
Muchas de las más feroces extorsiones y de los más atroces crímenes que el mundo padece se llevan a la práctica a través de esos organismos que dicen ser internacionales. Sus víctimas son los otros desaparecidos: no los que se perdieron en la niebla de horror de las dictaduras militares sino los desaparecidos de la democracia. En estos años recientes, en el Uruguay, mi país, y en América Latina y otras regiones del mundo han desaparecido los empleos, los salarios, las jubilaciones, las fábricas, las tierras, los ríos, y hasta han desaparecido nuestros hijos, que desandan el camino de sus abuelos, obligados a emigrar en busca de lo que desapareció.
¿Obliga el sentido común a aceptar estos dolores evitables? ¿Aceptarlos, cruzados de brazos, como si fueran la inevitable obra del tiempo o de la muerte?
¿Aceptación, resignación? Reconozcamos que poquito a poco el mundo va siendo menos injusto. Por poner un ejemplo, ya no es tan abismal la diferencia entre el salario femenino y el salario masculino. Poquito a poco, digo: al ritmo actual, habrá igualdad de salarios entre los hombres y las mujeres dentro de 475 años. ¿Qué aconseja el sentido común? ¿Esperar? No conozco a ninguna mujer que viva tanto.
La verdadera educación, la que proviene del sentido común y al sentido común conduce, nos enseña a luchar por la recuperación de todo lo que nos ha sido usurpado. El obispo catalán Pedro Casaldáliga (1) lleva largos años de experiencia en la selva brasileña. Y él dice que es verdad que más vale enseñar a pescar que regalar pescado, pero advierte que de nada sirve enseñar a pescar si los ríos han sido envenenados o vendidos.
Para que los osos bailen en los circos, el domador los amaestra: al ritmo de la música, les golpea las ancas con un palo erizado de púas. Si bailan como deben, el domador deja de golpearlos y les da comida. Si no, continúa el tormento, y en las noches los devuelve a las jaulas sin nada que comer. Por miedo, miedo al castigo, miedo al hambre, los osos bailan. Desde el punto de vista del domador, esto es puro sentido común. Pero, ¿y desde el punto de vista del domado?
Septiembre del 2001, Nueva York. Cuando el avión embistió la segunda torre, y la torre crujió, la gente huyó volando escaleras abajo. Entonces los altavoces mandaron que los empleados volvieran a sus puestos de trabajo. ¿Quiénes actuaron con sentido común? Se salvaron los que no obedecieron.
Para salvarnos, juntarnos. Como los dedos en la mano. Como los patos en el vuelo.
Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que se alza abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero levanta vuelo al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta fuerza al séptimo...
Cuando se cansa el pato que hace punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa V invertida que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante. Según mi amigo Juan Díaz Bordenave (2), que no es patólogo pero sabe de patos, ningún pato se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás. Los patos no han perdido el sentido común.
Eduardo Galeano
periodista y escritor uruguayo, autor del ensayo Las Venas Abiertas de América Latina
1 NDLR. Monseñor Pedro Casaldáliga, nacido en 1928, religioso claretiano, teólogo de la liberación, obispo titular desde hace 35 años de la prelatura de Sao Felix de Araguaia, una de las más pobres de Brasil, perdida en el Estado de Mato Grosso. En 1992 fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz.
2 NDLR. Juan Enrique Díaz Bordenave, ensayista paraguayo especialista en comunicación, autor entre otros de Comunicación y Sociedad, Búsqueda, Buenos Aires, 1985.
Los cinco países que más armas fabrican y venden son los que gozan del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. ¿No contradice el sentido común que los custodios de la paz mundial sean los que hacen el negocio de la guerra?
A la hora de la verdad, esos cinco países mandan. También son cinco los países que mandan en el Fondo Monetario Internacional. Ocho toman las decisiones en el Banco Mundial. En la Organización Mundial del Comercio está previsto el derecho de voto pero jamás se usa.
La lucha por la democracia en el mundo, ¿no tendría que empezar por la democratización de los organismos que se llaman internacionales? ¿Qué opina el sentido común? No está previsto que opine. El sentido común no tiene voto, y tampoco tiene voz.
Muchas de las más feroces extorsiones y de los más atroces crímenes que el mundo padece se llevan a la práctica a través de esos organismos que dicen ser internacionales. Sus víctimas son los otros desaparecidos: no los que se perdieron en la niebla de horror de las dictaduras militares sino los desaparecidos de la democracia. En estos años recientes, en el Uruguay, mi país, y en América Latina y otras regiones del mundo han desaparecido los empleos, los salarios, las jubilaciones, las fábricas, las tierras, los ríos, y hasta han desaparecido nuestros hijos, que desandan el camino de sus abuelos, obligados a emigrar en busca de lo que desapareció.
¿Obliga el sentido común a aceptar estos dolores evitables? ¿Aceptarlos, cruzados de brazos, como si fueran la inevitable obra del tiempo o de la muerte?
¿Aceptación, resignación? Reconozcamos que poquito a poco el mundo va siendo menos injusto. Por poner un ejemplo, ya no es tan abismal la diferencia entre el salario femenino y el salario masculino. Poquito a poco, digo: al ritmo actual, habrá igualdad de salarios entre los hombres y las mujeres dentro de 475 años. ¿Qué aconseja el sentido común? ¿Esperar? No conozco a ninguna mujer que viva tanto.
La verdadera educación, la que proviene del sentido común y al sentido común conduce, nos enseña a luchar por la recuperación de todo lo que nos ha sido usurpado. El obispo catalán Pedro Casaldáliga (1) lleva largos años de experiencia en la selva brasileña. Y él dice que es verdad que más vale enseñar a pescar que regalar pescado, pero advierte que de nada sirve enseñar a pescar si los ríos han sido envenenados o vendidos.
Para que los osos bailen en los circos, el domador los amaestra: al ritmo de la música, les golpea las ancas con un palo erizado de púas. Si bailan como deben, el domador deja de golpearlos y les da comida. Si no, continúa el tormento, y en las noches los devuelve a las jaulas sin nada que comer. Por miedo, miedo al castigo, miedo al hambre, los osos bailan. Desde el punto de vista del domador, esto es puro sentido común. Pero, ¿y desde el punto de vista del domado?
Septiembre del 2001, Nueva York. Cuando el avión embistió la segunda torre, y la torre crujió, la gente huyó volando escaleras abajo. Entonces los altavoces mandaron que los empleados volvieran a sus puestos de trabajo. ¿Quiénes actuaron con sentido común? Se salvaron los que no obedecieron.
Para salvarnos, juntarnos. Como los dedos en la mano. Como los patos en el vuelo.
Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que se alza abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero levanta vuelo al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta fuerza al séptimo...
Cuando se cansa el pato que hace punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa V invertida que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante. Según mi amigo Juan Díaz Bordenave (2), que no es patólogo pero sabe de patos, ningún pato se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás. Los patos no han perdido el sentido común.
Eduardo Galeano
periodista y escritor uruguayo, autor del ensayo Las Venas Abiertas de América Latina
1 NDLR. Monseñor Pedro Casaldáliga, nacido en 1928, religioso claretiano, teólogo de la liberación, obispo titular desde hace 35 años de la prelatura de Sao Felix de Araguaia, una de las más pobres de Brasil, perdida en el Estado de Mato Grosso. En 1992 fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz.
2 NDLR. Juan Enrique Díaz Bordenave, ensayista paraguayo especialista en comunicación, autor entre otros de Comunicación y Sociedad, Búsqueda, Buenos Aires, 1985.
TERCERO MEDIO "EL ENSAYO"
UN CONCEPTO DE ENSAYO
A. TEXTOS DENOMINADOS ENSAYOS
Llevan el nombre de "ensayos" escritos relativos a muy diversos campos: historia, ciencia, filosofía, política, etc.
En la primera sección recojo diecisiete ensayos sobre muy diversos temas de tipo científico popular. A veces tienen carácter narrativo, otras más bien anecdótico, o bien llevan alguna intención aleccionadora, a manera de mensaje, especialmente para las generaciones jóvenes (R. Zeledón. Ensayos e ideas científicas).
En este libro se ensaya hacer Historia de Guatemala bajo principios metodológicos que se aplican por primera vez al estudio de nuestro desarrollo (S. Martínez. La patria del criollo)
Este ensayo considera la concepción de la vida onírica en la filosofía de Descartes (particularmente en sus Meditaciones Metafísicos) dentro de la perspectiva teórica de la fenomenología (principalmente desde la filosofía de Sartre y los trabajos fenomenológico - antropológicos de Dieter Wyss (A. Zamora. "El cógito también sueña").
Este ensayo trata de ordenar mis preocupaciones de muchos años, expuestas en numerosos artículos y conferencias en Costa Rica y en el exterior (José Figueres. La pobreza de las naciones)
Además de la temática, existen otros rasgos que se presentan muy diferenciados entre los textos llamados ensayos: la extensión oscila entre algunas pocas páginas y varios cientos de ellas; la rigurosidad de los planteamientos va desde un análisis impresionista hasta un detallado marco conceptual; el vehículo de comunicación puede ser desde el periódico, hasta el voluminosos libro, pasando por la conferencia o el trabajo de graduación.
Otro de los rasgos de la mayoría de los textos denominados ensayos es presentarse como aproximaciones, como esbozos iniciales. Véanse ejemplos:
Aunque consciente de mis limitaciones, he querido ofrecer al lector una vivencia, o más bien una interpretación muy personal de los hechos relatados, buscando entrelazar lo material con lo espiritual, y el origen del ser con el principio de las grandes ideas (J. Jaramillo. La aventura humana)
Estos ensayos – dirigidos hacia educadores, estudiantes de educación y demás personas interesadas en el tema tienen el fin de contribuir a la discusión y al análisis de nuestro sistema educativo, como paso indispensable previo a la toma de acciones para mejorarlo (H. Pérez. Ensayos sobre educación)
Nos proponemos, en las páginas siguientes, describir a grandes rasgos la labor de los físicos que corresponde a la meditación pura del investigador. Nos ocuparemos, principalmente, del papel de los pensamientos e ideas en la búsqueda aventurada del conocimiento del mundo físico. (A. Einstein. La Física, aventura del pensamiento).
Soltando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no se espera de mi que lo haga bien ni que me concentre en mí mismo. Varío cuando me place y me entrego a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual que es la ignorancia (M. De Montaigne. Ensayos)
Lo cierto es que esta clase de materiales, a pesar de la tradicional modestia de los autores, constituye uno de los principales recursos de la cultura moderna. Por su medio es que se debaten las ideas más influyentes, se conocen los últimos aportes de la ciencia, se forma opinión, se produce discrepancia productiva. Inclusive, como se ha visto, el más conspicuo científico abandona, a ratos, los rigurosos procedimientos de comunicación de su disciplina y toma la particular herramienta del ensayo para tratar de otra manera su objeto de estudio.
B. DEFINICIÓN DE ENSAYO
La más generalizada de ellas dice que "el ensayo es literatura de ideas". Esto significa que a la preocupación estética y la creación de recursos expresivos se suma un afán utilitario: el planteamiento y debate de temas de interés actual. El uso que Rodrigo Zeledón (1982) hace del género con el fin de "despertar interés en nuestras generaciones jóvenes por los atractivos problemas que nos depara el anchuroso campo de las ciencias biológicas" es una buena muestra de este rasgo.
Otra de las definiciones es la atribuida a J. Ortega y Gasset: "El ensayo es la ciencia sin la prueba explícita". Con esto se subraya que no es un discurso irresponsable sino un texto que obvia el aparato teórico y la aridez de las fórmulas y cuadros con el fin de aumentar la lecturabilidad y la capacidad explicativa. José L. Vega Carballo (1979) señala sobre el esquema analítico de un de sus ensayo: "el que aquí se discute no puede, ni debe tomarse como final y exhaustivo, se trata, más bien de una aproximación basada en un examen global".
La última definición por analizar es la que proporciona Alfonso Reyes: "el ensayo es la literatura en su función ancilar". La palabra "ancilla", es decir, esclava, sirve para expresar el papel subalterno que lo ornamental e imaginativo tiene para el género. Al respecto dice Gómez de Baquero (1917): "El ensayo está en la frontera de dos reinos: el de la didáctica y el de la poesía y hace excursiones del uno al otro".
C. COMPARACIÓN CON OTROS GÉNEROS
En cuanto a la extensión o el tema, el ensayo puede parecerse a la monografía o artículo científico. No obstante, si se considera que este último es el informe del proceso integrar de una investigación científica, lo cual implica dar cuenta de teorías, procedimientos y fuentes de una manera prolija, puede notarse una gran diferencia. No obstante, los alcances de los procesos de investigación científica reportados en artículos pueden ser indagados, analizados, contrastados, profundizados, en ensayos.
Los trabajos teóricos, metódicamente dirigidos, que se realizan en el área de la filosofía y la filología, tal vez por carecer de un aparato metodológico visible a simple vista (fórmulas, cuadros, gráficos) y no haberse estatuido una estructura lógica convencional como en las ciencias básicas (introducción, procedimientos, resultados, discusión), no suelen llamarse artículos científicos y se acostumbra denominarlos genéricamente "ensayos". En realidad se trata de un tipo de escritos al cual bien le cabe el nombre de "artículo de humanidades"
Otro de los escritos muy cercano al ensayo es el artículo periodístico. L. Ferrero (1979) lo considera como una de sus variantes, aunque con la advertencia de que sus temas son con frecuencia pasajeros. En los diarios contemporáneos coexisten las materiales absolutamente intranscendentes y los verdaderos ensayos, es decir, piezas que sobrevivirán por su mensaje. Por ejemplo, la obra principal del costarricense Cristián Rodríguez ha sido rescatada de los periódicos e incluida en libro (1988). Asimismo, Tribuna Nacional (1993) recoge 25 años de excelentes ensayos breves publicados en la página 15 de La Nación (Costa Rica).
D. VENTAJAS DEL ENSAYO
Uno de los rasgos del ensayo que ya se ha venido comentando es su agilidad. Esto quiere decir su sencillez productiva, su capacidad de comunicar en forma directa. Como no hay por que evidenciar el proceso de investigación seguido no es necesario subdividir detalladamente el escrito; en vista de que no se leen los ensayos para conocer datos sino implicaciones de estos, se ahorran las citas bibliográficas; por cuanto valen más las ideas que sus representaciones, no son necesarios las fórmulas, los cuadros y los gráficos. Claro, estas no son prohibiciones: la libertad del género permite incluirlas ocasionalmente. J. Figueres dice en la introducción de su libro de ensayos La pobreza de las naciones (1973): "Empleo a menudo cifras ilustrativas que no son indispensables ni exactas, solamente porque creo que facilitan el estudio, aunque varíen de país a país y de tiempo en tiempo".
La brevedad puede declararse una virtud del ensayo. No obstante hay largos ensayos suficientemente virtuosos. La corta extensión permite publicarlos con mayor facilidad, obtener mayor número de lectores, producir un efecto más directo, escribirlos más rápidamente y con la adecuada oportunidad. Con respecto a este rasgo dice J.L. Gómez (1976): "Se intenta únicamente dar un corte, uno sólo, lo más profundo posible y absorber con intensidad la savia que nos proporcione".
El intercambio, tanto entre ensayista y lector como entre ensayista y diferentes autores, es otro de los rasgos propios del género. El escritor se dirige a un público no especializado para quien interpreta un tema. Esto significa presentarle, lógicamente orquestadas por la suya, las opiniones de quienes se han ocupado del tema. Gómez (1976) expresa esto en las siguientes palabras: "el ensayista reacciona ante los valores actuales para insinuarnos una interpretación novedosa o proponernos una revaluación de las ya en boga, pero una vez abierta la brecha y tendido el puente del nuevo entendimiento, el ensayista, como creador al fin y al cabo, deja al especialista el establecer la legitimidad de lo propuesto, sin renunciar él mismo a continuarlo en otra ocasión".
Un corolario de la función de intercambio que tiene el ensayo, es el carácter persuasivo. Así como la "ciencia pura" - expresada por medio de artículos científicos - reivindica su objetividad, su desinterés en convencer por otro procedimiento que no sean los hechos, el ensayo se usa para impulsar ciertas ideas para convencer de ciertas posiciones con respecto a los hechos. Para cumplir este carácter, en el ensayo se ordenarán los datos y los conceptos de manea que resulte evidente una tesis. José L. Vega (1979) se expresa así en su ensayo "Etapas y procesos de la evolución sociopolítica de Costa Rica": Surgen, pues, las siguientes preguntas: ¿Hasta cuándo aguardarán par tomar la iniciativa histórica en favor de su desarrollo todos los sectores que no se han visto beneficiados con los logros del modelo agrocomercial tradicional, ni tampoco ahora, con el nuevo esquema de la integración dependiente de tipo industrial – financiero – tecnológico?" Puede observarse en este texto la carga emotiva que hay, el uso de una pregunta retórica, la acumulación de información, etc., rasgos que inclinan a una particular posición.
E. LOS CONTENIDOS DEL ENSAYO
Como se ha visto el ensayo trata de cualquier tema. La diferencia con respecto a la expresión científica convencional y con la literatura propiamente dicha es la particularidad de ese tratamiento.
El primer rasgo que al respecto debe observarse es la función ideológica. Son múltiples las definiciones de ideología; en las ciencias sociales predomina una visión negativa de este rasgo: falsa conciencia, visión interesada, deformación, limitación. Un concepto de ideología que podría ser aceptado en forma general es el de concepción de la realidad desde una perspectiva particular. Si se considera que esta perspectiva es la del escritor, podría inferirse que no es la de la ciencia, la cual es una práctica que no tiene por qué coincidir con la de individuos en particular. Por ello es que se suele oponer ideología a ciencia. Efectivamente, el ensayo es ideológico en la medida que no se ciñe a la ciencia sino que busca transcenderla o antecederla.
Por otra parte, la función ideológica se manifiesta en el texto como un afán que tiene el escritor de persuadir con respecto a su manera de ver las cosas. Uno de los más influyentes ensayos que se ha escrito dice en su página final:
Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. Proletarios de todos los países uníos. (Marx y Engels s.f.)
La ideología no consiste en las ideas específicas sino en los procedimientos mediante los cuales se analizan los hechos. Una categoría de análisis es un criterio que se aplicará para juzgar un fenómeno, por ejemplo, Manuel Picado en su estudio Literatura, ideología, crítica (1983) va descubriendo en los ensayos la crítica literaria relativa a novelas costarricenses una serie de criterios, no advertidos, mediante los que se juzgan las obras: algunos de ellos son: si el lenguaje usado en la obra es o no el usado en la realidad, si en la obra se refleja o no el autor, si la obra esta redactada o no con sencillez.
La función ideológica es una condición presente en todas las formas de la literatura. En novelas como Los errores (J, Revueltas 1975), en cuentos como "El matadero" (E. Echeverría 1838) o en poemas como "El canto Nacional" (E. Cardenal 1970), es posible percibir la presencia de amplios textos en los que el autor intercala su visión de mundo. Se trata, en realidad, de ensayos insertados en obras de imaginación. Con mayor razón, el ensayo propiamente dicho es una manifestación ideológica. Con respecto a este fenómeno, lo que se propone no es suprimir en el ensayo la visión particular de los hechos sino, cuando menos, hacerla explícita y dejar entrever los fundamentos del análisis.
Asociado a la función ideológica del ensayo, esto es a las categorías de análisis que lo sustentan, está el sistema de pensamiento, los procedimientos intelectuales con los que se discurre. El ensayista va planteando su posición con respecto al tema mediante una serie de proposiciones que llevan un orden.
Uno de los órdenes es el inductivo, palabra que no se usa en el sentido estricto que tiene en filosofía. Se trata de que el ensayista vaya acumulando pruebas de lo que quiere evidenciar y, al final, enuncie la idea demostrada. Esta técnica puede observarse inclusive en un breve ejemplo:
Mientras no haya agua suficiente en un pueblo, casi no se piensa en otra cosa. Cuando al fin se instala un medio de abastecimiento, ya no se piensa en el agua. La abundancia mata el deseo y hace nacer aspiraciones nuevas. (J. Figueres 1973)
El otro orden básico es el deductivo, término que tampoco se usa tan específicamente como en filosofía, pero que sirve para denominar el razonamiento que va desde afirmaciones generales a afirmaciones particulares. En este caso, el ensayista plantea conceptos de aceptación más o menos generalizada y empieza a desprender de ellos implicaciones. Véase un ejemplo:
En el hombre, pensó Metchnikoff, son los microbios los que más frecuentemente provocan la inflamación; es, pues, contra estos intrusos que debe dirigirse la lucha de las células móviles del mosedermo o sean los glóbulos blancos de la sangre; por su origen estas células deben gozar de la propiedad de digerir, deben por lo tanto, digerir los microbios y traer la solución. (Picado 1988).
Los órdenes inductivo y deductivo no siempre se aprecian bien a nivel de párrafo, sino que se manifiestan con mayor claridad en segmentos mayores. Por otra parte, ambos pueden coexistir en el mismo trabajo.
La posibilidad de ordenar inductiva o deductivamente el ensayo parte del análisis detallado del tema sobre el que se reflexiona ensayísticamente. R. Descartes (1983) en su famoso trabajo Reglas para la dirección de la mente propone la necesidad de dividir cada una de las dificultades que se examinen en tantas partes como se pueda y como sea necesario para mejor resolverlas. El producto de esa división constituye la lista de asuntos tratados en el ensayo; la escogencia del orden inductivo o deductivo da, por otra parte, la distribución de esos asuntos en el texto.
A la rigurosidad que Descastes exige para el trabajo filosófico, se opone la liberalidad de Miguel de Montaigne, uno de los padres del género: "Elijo al zar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero". (Gómez 1976).
Un equilibrio entre la concepción cartesiana y la de Montaigne posiblemente sea lo que produce los mejores ensayos modernos.
PREPARACIÓN DE ENSAYOS
Las siguientes son algunas recomendaciones, derivadas de la observación de la buena práctica, para la preparación de ensayos. No pueden dirigirse al escritor profesional, ni al experimentado investigador, quienes, por un lado pueden crear sus propias estrategias y, por otro, tienen necesidades muy particulares. Se dedican, pues. Al estudiante que debe preparar ensayos para efectos de evaluación, y tal vez, al que quiera explorar las posibilidades del género para comunicar de manera diferente sus contenidos.
1. Establecimiento de la intención
En cualquier trabajo de redacción se parte de una clara determinación de su propósito. Este requisito permite saber si lo que se requiere es un ensayo u otro tipo de escrito; también ayuda a concretar el enfoque que debe darse, el nivel, los recursos por aplicar, etc. Es muy corriente que el escritor deslice en los primeros párrafos de su escrito la intención:
Nos proponemos, en las páginas siguientes, describir a grandes rasgos la labor de los físicos que corresponde a la meditación pura del investigador (A. Einstein 1943)
Las páginas que aparecen a continuación y que proponemos como una introducción a la pedagogía del oprimido son el resultado de nuestras observaciones en estos tres años de exilio. (P. Freire 197).
Este libro trata del tema centras de nuestros tiempos: de la dominación y la liberación de los hombres y de los pueblos. Que es también el tema radical de la existencia humana, y por eso, una idea básica de a historia del hombre. (S. Salazar B. 1977)
En los textos más breves, ensayos periodísticos o de carácter más literario, no es tan frecuente que la intención se haga explícita. No obstante es imprescindible que quien se dispone a preparar uno lo haga como primer paso.
2. Investigación bibliográfica
Un segundo paso en el proceso de producción de un ensayo es investigar los contenidos que se desea desarrollar. La bibliografía es la base de esta labor. El objetivo es ampliar criterio, contrastar con posiciones ajenas, conocer los antecedentes de la discusión al respecto. No obstante, no se busca una fundamentación de los criterios; al respecto señala José Luis Gómez (1976):
El verdadero ensayista, por ejemplo, sólo en ocasiones muy especiales hará uso de notas al pie de la página, y esto nos lleva al meollo de nuestro tema: las citas, numerosas en los ensayos, tienen valor por sí mismas en relación con lo que el ensayista nos está comunicando: importa destacar que alguien creó una idea, representada en la cita, pero el "quién" y el "dónde" carecen en realidad de valor. No son las citas importantes porque fulano o mengano las dijo, sino por su propia eficacia. Y el hecho de señalarlas como citas es sólo con el propósito de indicar que no son de propia cosecha, sino que forman parte del fondo cultural que se trata de revisar.
Las ideas derivadas de la bibliografía pueden ser muy importantes pero es necesario que lo sean aún más las del propio ensayista. Por tanto, la revisión que se haga debe realizarse en función de un planteamiento base e ir incorporando, para ilustrar, contrastar o comparar, las ideas de otros autores.
3. Elaboración del diseño
En literatura se denomina diseño a la disposición que el autor decide darle a la información del texto. Es realmente el producto de su creatividad. Diseño del ensayo podría ser, por ejemplo, la decisión de empezar por un planteamiento general para incluir, posteriormente, los argumentos; presentar detallados antecedentes y pasar luego a una rápida resolución: desarrollar, una por una las partes del planteamiento; etc.
La forma en que el escritor disponga sus ideas en el texto puede ser muy personal. Por tal razón podría resultar innecesaria para muchas personas una sugerencia al respecto. No obstante, para efectos didácticos, es posible proponer una guía.
Esta guía puede derivarse de la forma de organización del discurso clásico, manifestación por excelencia del afán persuasivo del lenguaje, así como del periodismo moderno, expresión por parte del sentido práctico contemporáneo. La siguiente es una estructura aplicable al ensayo.
Motivación. Ningún discurso sería escuchado ni material escrito alguno leído, si su receptor no tuviera motivación. La oratoria clásica perpetuaba la necesidad de preparar el alma del auditorio y ganarse su benevolencia en una sección inicial que llevaba el nombre de exordio. El periodismo moderno propone hacer una entrada llamativa, que capte el interés. El ensayo puede aprovecharse de esos consejos. Véanse algunos ejemplos:
La lluvia que refresca y humedece la tierra y el sol que la calienta y seca, contribuyen por igual al mantenimiento de la vida. Los grandes espíritus, ya sean optimistas o atormentados, por más que sean opuestos, forman un complejo cuyo conocimiento es tan útil al desarrollo intelectual de los que los suceden, como son útiles a la vida el agua y el son. (C. Picado T. "Pasteur y Metchnikoff").
Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes. (Marx y Engels. "El manifiesto comunista")
Me invitaron a la playa. Acepté con gusto. Había acabado el curso escolar cansado y sentía la necesidad de descanso. Para mi este consiste en hacer lo contrario que cuando "trabajo", compré veinte novelas policiacas y salí a la playa. (C. Láscaris. "Pesca con siesta")
Con gran frecuencia, el papel de captar la atención del lector se realiza por medio de una cita textual. Esto es lo que se denomina un epígrafe, y se ubica, resaltado, en la parte superior del escrito, después del título.
Proposición. En el discurso clásico esta es una breve mención de la tesis general que se pretende impulsar. Ese recurso suele presentarse en los primeros párrafos del ensayo. Los siguientes son algunos ejemplos:
Pretendo mostrar cómo el desarrollo social y la conducta humana actual, no son logros del presente, sino que se apoyan en el conocimiento de los hechos pasados; y que el conocimiento es una progresión de ideas y acciones que se juntan y han sido transmitidos a través de las épocas. (J. Jaramillo. La aventura humana).
Cabe advertir, por otra parte que el ensayo tiende a evidenciar el papel decisivo que, a la par de los factores de cambio endógenos, han jugado los exógenos como resultado de la rápida inserción del país en el mercado internacional, a partir de la década de 1840. (J.L. Vega. "Etapas y procesos de la evolución sociopolítica de Costa Rica")
Así, pues, mi propósito no es enseñar aquí el método que cada cual debe seguir para conducir bien su corazón, sino solamente mostrar de qué manera he tratado yo de conducir el mío. (R. Descartes. El discurso del método)
División. Un procedimiento que en el discurso y en el texto relativamente extenso ayuda mucho, es enumerar los asuntos que se tratarán. Considérense algunos ejemplos:
Este ensayo comprende, primero, varios capítulos introductorios. Luego vienen tres grandes "cuestiones" relacionadas con la pobreza. Por su orden: La cuestión internacional, que señala el reparto indebido del Producto Mundial; la Cuestión Social, que se ocupa de la mala distribución del Producto Nacional; la Cuestión Económica, que indica errores y sugiere remedios, en los mecanismos de la producción contemporánea. Finalmente aparece una Conclusión, que pretende dar sentido al esfuerzo económico del hombre. (J, Figueres. La pobreza de las naciones)
Trata de mis recuerdos de niñez: del paisaje, de cosas y gentes del antaño orotinense y de mi juventud en San José de Costa Rica. Presenta cierta intimidad, como toda remembranza. Hay en él la colaboración del tú; en otras palabras, de muchos otros. (L. Ferrero. Arbol de recuerdos).
La división o mención de los puntos por tratar predispone a la comprensión y permite seguir el hilo expositivo.
Desarrollo. Cada uno de los puntos propuestos para el ensayo se desarrollará en el orden que convenga. Por ejemplo, en el ensayo "La isla que somos" I. F. Azofeifa (1979) incluye tres grandes componentes: la geografía costarricense, el carácter nacional, el proceso histórico.
Recapitulación. Debe disponerse un espacio para repasar los aspectos fundamentales del desarrollo del ensayo. Esto puede hacerse dentro de un apartado que se llame "conclusión" o no, pero debe estar al final del trabajo con el fin de atar los cabos sueltos. Véanse algunas recapitulaciones:
Sean estas notas tan aburridas sólo para recordar que muy a nuestra manera, pero que siempre, tuvimos carnaval si carnaval es hacer loco para tranquilizar la carne, la diferencia con los europeos no está en la ausencia del antifaz. La verdadera diferencia es que ellos después de sus excesos "se borraban los pecados" pintarrajeándose en la frente una cruz con ceniza para, piadosos, comenzar la Semana Santa. (M.A: Jiménez 1979).
En resumen: parece que pueden caer partículas en agujeros negros que luego se desvanezcan y desaparezcan de nuestra región del universo. Las partículas parten hacia pequeños universos que se separan del nuestro.
Es posible que esos universos reintegren en algún otro punto. Quizá no sirvan gran cosa para los viajes espaciales, pero su presencia significa que seremos capaces de predecir menos de lo que esperábamos, incluso aunque encontráramos una teoría unificada completa (...) en los últimos años, varios investigadores han comenzado a estudiar los pequeños universos. No creo que nadie se haga rico patentándolos como un modo de viaje espacial, pero se han convertido en un campo muy interesante de investigación. (Stephen Hawking 1994)
4. Elaboración del esquema
Una vez establecido el diseño, valga decir que la forma de organización general del ensayo, es conveniente preparar un esquema de redacción.
Bajo cada uno de los grandes asuntos (motivación, proposición, división, desarrollo, recapitulación) pueden irse apuntando las ideas que allí se considerarán. De paso, cabe estudiar la posibilidad de introducir algún tipo de subdivisión del escrito mediante títulos. No obstante, en los textos relativamente breves no se suele incluir ningún tipo de separaciones.
Dentro de cada apartado propuesto puede pensarse en algún tipo de ordenamiento de las ideas: presentarlas cronológicamente, en orden causa-efecto, de manera comparativa, etc. Estos criterios se tratan con mayor amplitud en la sección "Técnica textual del ensayo".
El esquema es una herramienta imprescindible para la generación de un texto amplio. El tiempo invertido en su perfeccionamiento y desarrollo se va a recuperar con creces en el proceso de redacción.
5. Redacción
Con base en el esquema preparado y todas las felices improvisaciones que surjan, se inicia la redacción. Lo normal es que se requieran varios borradores sucesivos. El resultado, de acuerdo con un generalizado precepto de redacción, puede guardarse algunos días entre una versión y otra.
No es de extrañar que resulte necesario hacer grandes correcciones, modificaciones del orden, supresiones, ampliaciones, etc. Conviene aceptarlas con resignación y estar en capacidad de renunciar a amplios fragmentos otrora considerados perfectos, o tener que redactar nuevo material para ampliar un asunto.
A continuación se tratan algunos recursos específicos de redacción.
5.1. Ordenes de la información
El orden es el criterio con que se clasifica la información en un texto. En los escritos de carácter práctico, los órdenes más corrientes en el ensayo son tres: cronológico, causa-efecto, comparativo.
Se denomina orden cronológico al que permite distribuir la información según el criterio del tiempo. Esta forma de organizar la información domina la referencia de hechos históricos, los procesos de elaboración o transformación de productos, etc. Analícese un ejemplo:
En un principio el hombre cosechaba sin sembrar. Se alimentaba de los frutos naturales del mar y de la tierra. No había nacido el derecho de propiedad. Solo existía el instinto de la cueva propia. /Cuando los productos gratuitos escasearon, el hombre trabajó. Sembró y cosechó para si mismo y para su familia. Nació la agricultura, Nació la propiedad./ Pronto el cazador tuvo más carne de la que podía comer, y el agricultor más legumbres de las que necesitaba. Vino el trueque. Vino la dependencia en otros./ Con el tiempo, el hombre primitivo se dedicó a producir más y más verduras, o más y más carne de caza. Cambiaba sus productos por granos de caco y con los granos compraba pieles finas, flechas y ornamentos almacenados por alguien que a su vez los obtenía de diversos productos. Se había establecido el comercio. (J. Figueres 1973)
El orden cronológico se caracteriza por una serie de nexos que ayudan a reforzarlo: inicialmente, posteriormente, luego, finalmente, de inmediato, después, con posterioridad, con anterioridad, al principio, seguimiento, al final.
Por otra parte, lleva el nombre de orden comparativo el procedimiento de relacionar la información según semejanzas y diferencias. Es una manifestación típica de todos los razonamientos de contraste. El siguiente es un ejemplo:
Desconfiado y astuto como un montañés: cortés pero tímido; trabajador sin constancia, buscando el provecho fácil de su esfuerzo; campesino egoísta, pero bondadoso, cazurro siempre, vive aquí un pueblo que no ha sido ni miserable ni inmensamente rico; ni guerrero ni sumiso; ni servil, ni rebelde; independiente sin guerra de independencia; liberado del coloniaje español por virtud de un oficio llegado de Guatemala un día de octubre de 1821, en que se le hacía saber que desde el 15 de setiembre ... en suma, un pueblo sin sentido trágico de la existencia. Un pueblo sin héroes, y que si alcanza a tenerlos, los destruye o los olvida, que es otro modo de destruir. (I: F. Azofeifa 1979).
El orden comparativo se refuerza en el texto por medio de enlaces como los siguientes: por otra parte, más bien, contrariamente, a diferencia de, no obstante, sin embargo, en contraposición, en cambio, etc.
Por otra parte, se llama causa-efecto una manera de ordenar un texto en el que se mencionan las razones y las consecuencias de una situación. Véase un ejemplo:
El hombre, en la actualidad, no está en ciento modo ya sometido a esta selección. Por ello, la selección natural no podrá impedir en el futuro la acumulación de trastornos hereditarios, pues el ser humano está interveniendo en este aspecto y dando supervivencia a seres que en otro tiempo no tendrían oportunidad de sobrevivir y reproducirse y que en términos genéticos se podrían considerar taras hereditarias. Esto podría significar para el ser humano que la herencia se fuera empeorando con los años, al no ser eliminados los seres con mutaciones negativas, ya que estas continuarán presentándose en nuestros elementos hereditarios y la recombinación de genes enfermos podría generar en un futuro lejano una civilización mucho menos sana. (J. Jaramillo 1992).
El orden causa-efecto se evidencia, entre otros, por medio de los siguientes enlaces: por tanto, en consecuencia, debido a ello, por esto, como resultado de ello.
El uso de enlaces en la redacción ayuda a ilustrar mejor las relaciones entre las ideas; no obstante, es necesario tratar con mesura este recurso para no recargar el texto.
5.2. Recursos retóricos
La retórica es la técnica del bien decir, de dar al lenguaje eficacia para deleitar, persuadir o conmover. Se le asocia generalmente con la oratoria, por ser este arte pionero en la preocupación de utilizar todos los medios posibles para lograr su efecto persuasivo. El ensayo, por ser una forma de literatura en la que sobresale el afán de convencer, tiene a la retórica como uno de sus medios principales.
Los recursos retóricos se clasifican dos grandes campos:
Figuras de dicción y Figuras de significación
Las figuras de dicción, por adornar el texto en su nivel fónico o sea su sonido, tienen papel fundamental en la poesía. En cambio, las figuras de significación, que son las que permiten resaltar una idea, aunque desempeñan importante papel en los otros géneros literarios, poseen participación especial en el ensayo. A continuación se tratan algunas de estas figuras que pueden aplicarse en el ensayo.
Sentencia. Es la exposición breve y enérgica de una enseñanza profunda.
Sin embargo, la producción y la guerra pueden ser fuentes de frustración. Hasta los más nobles corceles, espoleados en exceso, se desbocan y se desbandan, si no se aplica a tiempo el freno de otro de la cultura. (J. Figueres).
Gradación. Se colocan las ideas en forma ascendente o descendente.
Verbo, Logos, Palabra, diversas expresiones de un mismo y grandioso instrumento mediante el cual el hombre no solo se sitúa en el Mundo y el Universo, sino que se hace de ellos su hogar. (L. Zea)
Paradoja. Reúne ideas al parecer contradictorias para poner más de relieve la profundidad del pensamiento.
El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él, que aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen. (R. Descartes)
Antítesis. Contrapone unos pensamientos a otros, unas palabras a otras para que resalte más la idea principal.
De altar se ha de tomar la patria para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal para levantarnos sobre ella. (J. Martí)
Interrogación. Expresa el efecto en forma de una pregunta cuya respuesta no se ignora.
¿Hasta cuándo respetarán esos sectores en Costa Rica el ordenamiento constitucional, sobre todo si continúan deteriorándose, más y más, velozmente, los índices del nivel de vida, se desata la inflación y siguen sin solución real los problemas del subdesarrollo? (J.L. Vega)
Hipérbole. Exagera una verdad para inculcarla con más fuerza.
Más que un poeta único. Ezra Pound parece un grupo de poetas de escuelas diferentes. (J. Coronel U)
Prosopopeya. Da vida a los seres inanimados.
Costa Rica está situada en una zona en que el Istmo centroamericano se adelgaza más y más descendiendo hacia la cintura del continente donde el Canal de Panamá muestra su herida abierta. (I. F. Azofeifa.
En el ensayo las figuras retóricas deben usarse con mesura y plena justificación. Es necesario que estén al servicio de las ideas fundamentales que se quieren impulsar.
5.3. Estilo del ensayo
El ensayo es un género moderno. Es por tanto un producto en el que se refleja el sentido práctico contemporáneo. En consecuencia, su lenguaje debe ser directo pero sin perder elegancia; su forma demanda sencillez aunque con cuidado de la rigurosidad; su contenido exige información precisa, pero rechaza el detallismo superficial.
El ensayista dirá lo que tenga que decir y callará lo innecesario. Planeará meticulosamente su planteamiento y lo expresará en el mínimo de palabras posible.
Le corresponderá garantizar su escrito contra la retórica innecesaria, la vaguedad, la repetición, la inconsistencia. Con ese fin debe planear ,. Investigar, ejecutar y revisar su producto.
En tiempos ya no tan modernos, Santiago Ramón y Cajal (1896) describen el estilo de los trabajos científicos:
En síntesis, el estilo de nuestro trabajo será genuinamente didáctico, sobrio, sencillo, sin afectación, y sin acusar otras preocupaciones que el orden y la claridad.
A. TEXTOS DENOMINADOS ENSAYOS
Llevan el nombre de "ensayos" escritos relativos a muy diversos campos: historia, ciencia, filosofía, política, etc.
En la primera sección recojo diecisiete ensayos sobre muy diversos temas de tipo científico popular. A veces tienen carácter narrativo, otras más bien anecdótico, o bien llevan alguna intención aleccionadora, a manera de mensaje, especialmente para las generaciones jóvenes (R. Zeledón. Ensayos e ideas científicas).
En este libro se ensaya hacer Historia de Guatemala bajo principios metodológicos que se aplican por primera vez al estudio de nuestro desarrollo (S. Martínez. La patria del criollo)
Este ensayo considera la concepción de la vida onírica en la filosofía de Descartes (particularmente en sus Meditaciones Metafísicos) dentro de la perspectiva teórica de la fenomenología (principalmente desde la filosofía de Sartre y los trabajos fenomenológico - antropológicos de Dieter Wyss (A. Zamora. "El cógito también sueña").
Este ensayo trata de ordenar mis preocupaciones de muchos años, expuestas en numerosos artículos y conferencias en Costa Rica y en el exterior (José Figueres. La pobreza de las naciones)
Además de la temática, existen otros rasgos que se presentan muy diferenciados entre los textos llamados ensayos: la extensión oscila entre algunas pocas páginas y varios cientos de ellas; la rigurosidad de los planteamientos va desde un análisis impresionista hasta un detallado marco conceptual; el vehículo de comunicación puede ser desde el periódico, hasta el voluminosos libro, pasando por la conferencia o el trabajo de graduación.
Otro de los rasgos de la mayoría de los textos denominados ensayos es presentarse como aproximaciones, como esbozos iniciales. Véanse ejemplos:
Aunque consciente de mis limitaciones, he querido ofrecer al lector una vivencia, o más bien una interpretación muy personal de los hechos relatados, buscando entrelazar lo material con lo espiritual, y el origen del ser con el principio de las grandes ideas (J. Jaramillo. La aventura humana)
Estos ensayos – dirigidos hacia educadores, estudiantes de educación y demás personas interesadas en el tema tienen el fin de contribuir a la discusión y al análisis de nuestro sistema educativo, como paso indispensable previo a la toma de acciones para mejorarlo (H. Pérez. Ensayos sobre educación)
Nos proponemos, en las páginas siguientes, describir a grandes rasgos la labor de los físicos que corresponde a la meditación pura del investigador. Nos ocuparemos, principalmente, del papel de los pensamientos e ideas en la búsqueda aventurada del conocimiento del mundo físico. (A. Einstein. La Física, aventura del pensamiento).
Soltando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no se espera de mi que lo haga bien ni que me concentre en mí mismo. Varío cuando me place y me entrego a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual que es la ignorancia (M. De Montaigne. Ensayos)
Lo cierto es que esta clase de materiales, a pesar de la tradicional modestia de los autores, constituye uno de los principales recursos de la cultura moderna. Por su medio es que se debaten las ideas más influyentes, se conocen los últimos aportes de la ciencia, se forma opinión, se produce discrepancia productiva. Inclusive, como se ha visto, el más conspicuo científico abandona, a ratos, los rigurosos procedimientos de comunicación de su disciplina y toma la particular herramienta del ensayo para tratar de otra manera su objeto de estudio.
B. DEFINICIÓN DE ENSAYO
La más generalizada de ellas dice que "el ensayo es literatura de ideas". Esto significa que a la preocupación estética y la creación de recursos expresivos se suma un afán utilitario: el planteamiento y debate de temas de interés actual. El uso que Rodrigo Zeledón (1982) hace del género con el fin de "despertar interés en nuestras generaciones jóvenes por los atractivos problemas que nos depara el anchuroso campo de las ciencias biológicas" es una buena muestra de este rasgo.
Otra de las definiciones es la atribuida a J. Ortega y Gasset: "El ensayo es la ciencia sin la prueba explícita". Con esto se subraya que no es un discurso irresponsable sino un texto que obvia el aparato teórico y la aridez de las fórmulas y cuadros con el fin de aumentar la lecturabilidad y la capacidad explicativa. José L. Vega Carballo (1979) señala sobre el esquema analítico de un de sus ensayo: "el que aquí se discute no puede, ni debe tomarse como final y exhaustivo, se trata, más bien de una aproximación basada en un examen global".
La última definición por analizar es la que proporciona Alfonso Reyes: "el ensayo es la literatura en su función ancilar". La palabra "ancilla", es decir, esclava, sirve para expresar el papel subalterno que lo ornamental e imaginativo tiene para el género. Al respecto dice Gómez de Baquero (1917): "El ensayo está en la frontera de dos reinos: el de la didáctica y el de la poesía y hace excursiones del uno al otro".
C. COMPARACIÓN CON OTROS GÉNEROS
En cuanto a la extensión o el tema, el ensayo puede parecerse a la monografía o artículo científico. No obstante, si se considera que este último es el informe del proceso integrar de una investigación científica, lo cual implica dar cuenta de teorías, procedimientos y fuentes de una manera prolija, puede notarse una gran diferencia. No obstante, los alcances de los procesos de investigación científica reportados en artículos pueden ser indagados, analizados, contrastados, profundizados, en ensayos.
Los trabajos teóricos, metódicamente dirigidos, que se realizan en el área de la filosofía y la filología, tal vez por carecer de un aparato metodológico visible a simple vista (fórmulas, cuadros, gráficos) y no haberse estatuido una estructura lógica convencional como en las ciencias básicas (introducción, procedimientos, resultados, discusión), no suelen llamarse artículos científicos y se acostumbra denominarlos genéricamente "ensayos". En realidad se trata de un tipo de escritos al cual bien le cabe el nombre de "artículo de humanidades"
Otro de los escritos muy cercano al ensayo es el artículo periodístico. L. Ferrero (1979) lo considera como una de sus variantes, aunque con la advertencia de que sus temas son con frecuencia pasajeros. En los diarios contemporáneos coexisten las materiales absolutamente intranscendentes y los verdaderos ensayos, es decir, piezas que sobrevivirán por su mensaje. Por ejemplo, la obra principal del costarricense Cristián Rodríguez ha sido rescatada de los periódicos e incluida en libro (1988). Asimismo, Tribuna Nacional (1993) recoge 25 años de excelentes ensayos breves publicados en la página 15 de La Nación (Costa Rica).
D. VENTAJAS DEL ENSAYO
Uno de los rasgos del ensayo que ya se ha venido comentando es su agilidad. Esto quiere decir su sencillez productiva, su capacidad de comunicar en forma directa. Como no hay por que evidenciar el proceso de investigación seguido no es necesario subdividir detalladamente el escrito; en vista de que no se leen los ensayos para conocer datos sino implicaciones de estos, se ahorran las citas bibliográficas; por cuanto valen más las ideas que sus representaciones, no son necesarios las fórmulas, los cuadros y los gráficos. Claro, estas no son prohibiciones: la libertad del género permite incluirlas ocasionalmente. J. Figueres dice en la introducción de su libro de ensayos La pobreza de las naciones (1973): "Empleo a menudo cifras ilustrativas que no son indispensables ni exactas, solamente porque creo que facilitan el estudio, aunque varíen de país a país y de tiempo en tiempo".
La brevedad puede declararse una virtud del ensayo. No obstante hay largos ensayos suficientemente virtuosos. La corta extensión permite publicarlos con mayor facilidad, obtener mayor número de lectores, producir un efecto más directo, escribirlos más rápidamente y con la adecuada oportunidad. Con respecto a este rasgo dice J.L. Gómez (1976): "Se intenta únicamente dar un corte, uno sólo, lo más profundo posible y absorber con intensidad la savia que nos proporcione".
El intercambio, tanto entre ensayista y lector como entre ensayista y diferentes autores, es otro de los rasgos propios del género. El escritor se dirige a un público no especializado para quien interpreta un tema. Esto significa presentarle, lógicamente orquestadas por la suya, las opiniones de quienes se han ocupado del tema. Gómez (1976) expresa esto en las siguientes palabras: "el ensayista reacciona ante los valores actuales para insinuarnos una interpretación novedosa o proponernos una revaluación de las ya en boga, pero una vez abierta la brecha y tendido el puente del nuevo entendimiento, el ensayista, como creador al fin y al cabo, deja al especialista el establecer la legitimidad de lo propuesto, sin renunciar él mismo a continuarlo en otra ocasión".
Un corolario de la función de intercambio que tiene el ensayo, es el carácter persuasivo. Así como la "ciencia pura" - expresada por medio de artículos científicos - reivindica su objetividad, su desinterés en convencer por otro procedimiento que no sean los hechos, el ensayo se usa para impulsar ciertas ideas para convencer de ciertas posiciones con respecto a los hechos. Para cumplir este carácter, en el ensayo se ordenarán los datos y los conceptos de manea que resulte evidente una tesis. José L. Vega (1979) se expresa así en su ensayo "Etapas y procesos de la evolución sociopolítica de Costa Rica": Surgen, pues, las siguientes preguntas: ¿Hasta cuándo aguardarán par tomar la iniciativa histórica en favor de su desarrollo todos los sectores que no se han visto beneficiados con los logros del modelo agrocomercial tradicional, ni tampoco ahora, con el nuevo esquema de la integración dependiente de tipo industrial – financiero – tecnológico?" Puede observarse en este texto la carga emotiva que hay, el uso de una pregunta retórica, la acumulación de información, etc., rasgos que inclinan a una particular posición.
E. LOS CONTENIDOS DEL ENSAYO
Como se ha visto el ensayo trata de cualquier tema. La diferencia con respecto a la expresión científica convencional y con la literatura propiamente dicha es la particularidad de ese tratamiento.
El primer rasgo que al respecto debe observarse es la función ideológica. Son múltiples las definiciones de ideología; en las ciencias sociales predomina una visión negativa de este rasgo: falsa conciencia, visión interesada, deformación, limitación. Un concepto de ideología que podría ser aceptado en forma general es el de concepción de la realidad desde una perspectiva particular. Si se considera que esta perspectiva es la del escritor, podría inferirse que no es la de la ciencia, la cual es una práctica que no tiene por qué coincidir con la de individuos en particular. Por ello es que se suele oponer ideología a ciencia. Efectivamente, el ensayo es ideológico en la medida que no se ciñe a la ciencia sino que busca transcenderla o antecederla.
Por otra parte, la función ideológica se manifiesta en el texto como un afán que tiene el escritor de persuadir con respecto a su manera de ver las cosas. Uno de los más influyentes ensayos que se ha escrito dice en su página final:
Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. Proletarios de todos los países uníos. (Marx y Engels s.f.)
La ideología no consiste en las ideas específicas sino en los procedimientos mediante los cuales se analizan los hechos. Una categoría de análisis es un criterio que se aplicará para juzgar un fenómeno, por ejemplo, Manuel Picado en su estudio Literatura, ideología, crítica (1983) va descubriendo en los ensayos la crítica literaria relativa a novelas costarricenses una serie de criterios, no advertidos, mediante los que se juzgan las obras: algunos de ellos son: si el lenguaje usado en la obra es o no el usado en la realidad, si en la obra se refleja o no el autor, si la obra esta redactada o no con sencillez.
La función ideológica es una condición presente en todas las formas de la literatura. En novelas como Los errores (J, Revueltas 1975), en cuentos como "El matadero" (E. Echeverría 1838) o en poemas como "El canto Nacional" (E. Cardenal 1970), es posible percibir la presencia de amplios textos en los que el autor intercala su visión de mundo. Se trata, en realidad, de ensayos insertados en obras de imaginación. Con mayor razón, el ensayo propiamente dicho es una manifestación ideológica. Con respecto a este fenómeno, lo que se propone no es suprimir en el ensayo la visión particular de los hechos sino, cuando menos, hacerla explícita y dejar entrever los fundamentos del análisis.
Asociado a la función ideológica del ensayo, esto es a las categorías de análisis que lo sustentan, está el sistema de pensamiento, los procedimientos intelectuales con los que se discurre. El ensayista va planteando su posición con respecto al tema mediante una serie de proposiciones que llevan un orden.
Uno de los órdenes es el inductivo, palabra que no se usa en el sentido estricto que tiene en filosofía. Se trata de que el ensayista vaya acumulando pruebas de lo que quiere evidenciar y, al final, enuncie la idea demostrada. Esta técnica puede observarse inclusive en un breve ejemplo:
Mientras no haya agua suficiente en un pueblo, casi no se piensa en otra cosa. Cuando al fin se instala un medio de abastecimiento, ya no se piensa en el agua. La abundancia mata el deseo y hace nacer aspiraciones nuevas. (J. Figueres 1973)
El otro orden básico es el deductivo, término que tampoco se usa tan específicamente como en filosofía, pero que sirve para denominar el razonamiento que va desde afirmaciones generales a afirmaciones particulares. En este caso, el ensayista plantea conceptos de aceptación más o menos generalizada y empieza a desprender de ellos implicaciones. Véase un ejemplo:
En el hombre, pensó Metchnikoff, son los microbios los que más frecuentemente provocan la inflamación; es, pues, contra estos intrusos que debe dirigirse la lucha de las células móviles del mosedermo o sean los glóbulos blancos de la sangre; por su origen estas células deben gozar de la propiedad de digerir, deben por lo tanto, digerir los microbios y traer la solución. (Picado 1988).
Los órdenes inductivo y deductivo no siempre se aprecian bien a nivel de párrafo, sino que se manifiestan con mayor claridad en segmentos mayores. Por otra parte, ambos pueden coexistir en el mismo trabajo.
La posibilidad de ordenar inductiva o deductivamente el ensayo parte del análisis detallado del tema sobre el que se reflexiona ensayísticamente. R. Descartes (1983) en su famoso trabajo Reglas para la dirección de la mente propone la necesidad de dividir cada una de las dificultades que se examinen en tantas partes como se pueda y como sea necesario para mejor resolverlas. El producto de esa división constituye la lista de asuntos tratados en el ensayo; la escogencia del orden inductivo o deductivo da, por otra parte, la distribución de esos asuntos en el texto.
A la rigurosidad que Descastes exige para el trabajo filosófico, se opone la liberalidad de Miguel de Montaigne, uno de los padres del género: "Elijo al zar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero". (Gómez 1976).
Un equilibrio entre la concepción cartesiana y la de Montaigne posiblemente sea lo que produce los mejores ensayos modernos.
PREPARACIÓN DE ENSAYOS
Las siguientes son algunas recomendaciones, derivadas de la observación de la buena práctica, para la preparación de ensayos. No pueden dirigirse al escritor profesional, ni al experimentado investigador, quienes, por un lado pueden crear sus propias estrategias y, por otro, tienen necesidades muy particulares. Se dedican, pues. Al estudiante que debe preparar ensayos para efectos de evaluación, y tal vez, al que quiera explorar las posibilidades del género para comunicar de manera diferente sus contenidos.
1. Establecimiento de la intención
En cualquier trabajo de redacción se parte de una clara determinación de su propósito. Este requisito permite saber si lo que se requiere es un ensayo u otro tipo de escrito; también ayuda a concretar el enfoque que debe darse, el nivel, los recursos por aplicar, etc. Es muy corriente que el escritor deslice en los primeros párrafos de su escrito la intención:
Nos proponemos, en las páginas siguientes, describir a grandes rasgos la labor de los físicos que corresponde a la meditación pura del investigador (A. Einstein 1943)
Las páginas que aparecen a continuación y que proponemos como una introducción a la pedagogía del oprimido son el resultado de nuestras observaciones en estos tres años de exilio. (P. Freire 197).
Este libro trata del tema centras de nuestros tiempos: de la dominación y la liberación de los hombres y de los pueblos. Que es también el tema radical de la existencia humana, y por eso, una idea básica de a historia del hombre. (S. Salazar B. 1977)
En los textos más breves, ensayos periodísticos o de carácter más literario, no es tan frecuente que la intención se haga explícita. No obstante es imprescindible que quien se dispone a preparar uno lo haga como primer paso.
2. Investigación bibliográfica
Un segundo paso en el proceso de producción de un ensayo es investigar los contenidos que se desea desarrollar. La bibliografía es la base de esta labor. El objetivo es ampliar criterio, contrastar con posiciones ajenas, conocer los antecedentes de la discusión al respecto. No obstante, no se busca una fundamentación de los criterios; al respecto señala José Luis Gómez (1976):
El verdadero ensayista, por ejemplo, sólo en ocasiones muy especiales hará uso de notas al pie de la página, y esto nos lleva al meollo de nuestro tema: las citas, numerosas en los ensayos, tienen valor por sí mismas en relación con lo que el ensayista nos está comunicando: importa destacar que alguien creó una idea, representada en la cita, pero el "quién" y el "dónde" carecen en realidad de valor. No son las citas importantes porque fulano o mengano las dijo, sino por su propia eficacia. Y el hecho de señalarlas como citas es sólo con el propósito de indicar que no son de propia cosecha, sino que forman parte del fondo cultural que se trata de revisar.
Las ideas derivadas de la bibliografía pueden ser muy importantes pero es necesario que lo sean aún más las del propio ensayista. Por tanto, la revisión que se haga debe realizarse en función de un planteamiento base e ir incorporando, para ilustrar, contrastar o comparar, las ideas de otros autores.
3. Elaboración del diseño
En literatura se denomina diseño a la disposición que el autor decide darle a la información del texto. Es realmente el producto de su creatividad. Diseño del ensayo podría ser, por ejemplo, la decisión de empezar por un planteamiento general para incluir, posteriormente, los argumentos; presentar detallados antecedentes y pasar luego a una rápida resolución: desarrollar, una por una las partes del planteamiento; etc.
La forma en que el escritor disponga sus ideas en el texto puede ser muy personal. Por tal razón podría resultar innecesaria para muchas personas una sugerencia al respecto. No obstante, para efectos didácticos, es posible proponer una guía.
Esta guía puede derivarse de la forma de organización del discurso clásico, manifestación por excelencia del afán persuasivo del lenguaje, así como del periodismo moderno, expresión por parte del sentido práctico contemporáneo. La siguiente es una estructura aplicable al ensayo.
Motivación. Ningún discurso sería escuchado ni material escrito alguno leído, si su receptor no tuviera motivación. La oratoria clásica perpetuaba la necesidad de preparar el alma del auditorio y ganarse su benevolencia en una sección inicial que llevaba el nombre de exordio. El periodismo moderno propone hacer una entrada llamativa, que capte el interés. El ensayo puede aprovecharse de esos consejos. Véanse algunos ejemplos:
La lluvia que refresca y humedece la tierra y el sol que la calienta y seca, contribuyen por igual al mantenimiento de la vida. Los grandes espíritus, ya sean optimistas o atormentados, por más que sean opuestos, forman un complejo cuyo conocimiento es tan útil al desarrollo intelectual de los que los suceden, como son útiles a la vida el agua y el son. (C. Picado T. "Pasteur y Metchnikoff").
Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes. (Marx y Engels. "El manifiesto comunista")
Me invitaron a la playa. Acepté con gusto. Había acabado el curso escolar cansado y sentía la necesidad de descanso. Para mi este consiste en hacer lo contrario que cuando "trabajo", compré veinte novelas policiacas y salí a la playa. (C. Láscaris. "Pesca con siesta")
Con gran frecuencia, el papel de captar la atención del lector se realiza por medio de una cita textual. Esto es lo que se denomina un epígrafe, y se ubica, resaltado, en la parte superior del escrito, después del título.
Proposición. En el discurso clásico esta es una breve mención de la tesis general que se pretende impulsar. Ese recurso suele presentarse en los primeros párrafos del ensayo. Los siguientes son algunos ejemplos:
Pretendo mostrar cómo el desarrollo social y la conducta humana actual, no son logros del presente, sino que se apoyan en el conocimiento de los hechos pasados; y que el conocimiento es una progresión de ideas y acciones que se juntan y han sido transmitidos a través de las épocas. (J. Jaramillo. La aventura humana).
Cabe advertir, por otra parte que el ensayo tiende a evidenciar el papel decisivo que, a la par de los factores de cambio endógenos, han jugado los exógenos como resultado de la rápida inserción del país en el mercado internacional, a partir de la década de 1840. (J.L. Vega. "Etapas y procesos de la evolución sociopolítica de Costa Rica")
Así, pues, mi propósito no es enseñar aquí el método que cada cual debe seguir para conducir bien su corazón, sino solamente mostrar de qué manera he tratado yo de conducir el mío. (R. Descartes. El discurso del método)
División. Un procedimiento que en el discurso y en el texto relativamente extenso ayuda mucho, es enumerar los asuntos que se tratarán. Considérense algunos ejemplos:
Este ensayo comprende, primero, varios capítulos introductorios. Luego vienen tres grandes "cuestiones" relacionadas con la pobreza. Por su orden: La cuestión internacional, que señala el reparto indebido del Producto Mundial; la Cuestión Social, que se ocupa de la mala distribución del Producto Nacional; la Cuestión Económica, que indica errores y sugiere remedios, en los mecanismos de la producción contemporánea. Finalmente aparece una Conclusión, que pretende dar sentido al esfuerzo económico del hombre. (J, Figueres. La pobreza de las naciones)
Trata de mis recuerdos de niñez: del paisaje, de cosas y gentes del antaño orotinense y de mi juventud en San José de Costa Rica. Presenta cierta intimidad, como toda remembranza. Hay en él la colaboración del tú; en otras palabras, de muchos otros. (L. Ferrero. Arbol de recuerdos).
La división o mención de los puntos por tratar predispone a la comprensión y permite seguir el hilo expositivo.
Desarrollo. Cada uno de los puntos propuestos para el ensayo se desarrollará en el orden que convenga. Por ejemplo, en el ensayo "La isla que somos" I. F. Azofeifa (1979) incluye tres grandes componentes: la geografía costarricense, el carácter nacional, el proceso histórico.
Recapitulación. Debe disponerse un espacio para repasar los aspectos fundamentales del desarrollo del ensayo. Esto puede hacerse dentro de un apartado que se llame "conclusión" o no, pero debe estar al final del trabajo con el fin de atar los cabos sueltos. Véanse algunas recapitulaciones:
Sean estas notas tan aburridas sólo para recordar que muy a nuestra manera, pero que siempre, tuvimos carnaval si carnaval es hacer loco para tranquilizar la carne, la diferencia con los europeos no está en la ausencia del antifaz. La verdadera diferencia es que ellos después de sus excesos "se borraban los pecados" pintarrajeándose en la frente una cruz con ceniza para, piadosos, comenzar la Semana Santa. (M.A: Jiménez 1979).
En resumen: parece que pueden caer partículas en agujeros negros que luego se desvanezcan y desaparezcan de nuestra región del universo. Las partículas parten hacia pequeños universos que se separan del nuestro.
Es posible que esos universos reintegren en algún otro punto. Quizá no sirvan gran cosa para los viajes espaciales, pero su presencia significa que seremos capaces de predecir menos de lo que esperábamos, incluso aunque encontráramos una teoría unificada completa (...) en los últimos años, varios investigadores han comenzado a estudiar los pequeños universos. No creo que nadie se haga rico patentándolos como un modo de viaje espacial, pero se han convertido en un campo muy interesante de investigación. (Stephen Hawking 1994)
4. Elaboración del esquema
Una vez establecido el diseño, valga decir que la forma de organización general del ensayo, es conveniente preparar un esquema de redacción.
Bajo cada uno de los grandes asuntos (motivación, proposición, división, desarrollo, recapitulación) pueden irse apuntando las ideas que allí se considerarán. De paso, cabe estudiar la posibilidad de introducir algún tipo de subdivisión del escrito mediante títulos. No obstante, en los textos relativamente breves no se suele incluir ningún tipo de separaciones.
Dentro de cada apartado propuesto puede pensarse en algún tipo de ordenamiento de las ideas: presentarlas cronológicamente, en orden causa-efecto, de manera comparativa, etc. Estos criterios se tratan con mayor amplitud en la sección "Técnica textual del ensayo".
El esquema es una herramienta imprescindible para la generación de un texto amplio. El tiempo invertido en su perfeccionamiento y desarrollo se va a recuperar con creces en el proceso de redacción.
5. Redacción
Con base en el esquema preparado y todas las felices improvisaciones que surjan, se inicia la redacción. Lo normal es que se requieran varios borradores sucesivos. El resultado, de acuerdo con un generalizado precepto de redacción, puede guardarse algunos días entre una versión y otra.
No es de extrañar que resulte necesario hacer grandes correcciones, modificaciones del orden, supresiones, ampliaciones, etc. Conviene aceptarlas con resignación y estar en capacidad de renunciar a amplios fragmentos otrora considerados perfectos, o tener que redactar nuevo material para ampliar un asunto.
A continuación se tratan algunos recursos específicos de redacción.
5.1. Ordenes de la información
El orden es el criterio con que se clasifica la información en un texto. En los escritos de carácter práctico, los órdenes más corrientes en el ensayo son tres: cronológico, causa-efecto, comparativo.
Se denomina orden cronológico al que permite distribuir la información según el criterio del tiempo. Esta forma de organizar la información domina la referencia de hechos históricos, los procesos de elaboración o transformación de productos, etc. Analícese un ejemplo:
En un principio el hombre cosechaba sin sembrar. Se alimentaba de los frutos naturales del mar y de la tierra. No había nacido el derecho de propiedad. Solo existía el instinto de la cueva propia. /Cuando los productos gratuitos escasearon, el hombre trabajó. Sembró y cosechó para si mismo y para su familia. Nació la agricultura, Nació la propiedad./ Pronto el cazador tuvo más carne de la que podía comer, y el agricultor más legumbres de las que necesitaba. Vino el trueque. Vino la dependencia en otros./ Con el tiempo, el hombre primitivo se dedicó a producir más y más verduras, o más y más carne de caza. Cambiaba sus productos por granos de caco y con los granos compraba pieles finas, flechas y ornamentos almacenados por alguien que a su vez los obtenía de diversos productos. Se había establecido el comercio. (J. Figueres 1973)
El orden cronológico se caracteriza por una serie de nexos que ayudan a reforzarlo: inicialmente, posteriormente, luego, finalmente, de inmediato, después, con posterioridad, con anterioridad, al principio, seguimiento, al final.
Por otra parte, lleva el nombre de orden comparativo el procedimiento de relacionar la información según semejanzas y diferencias. Es una manifestación típica de todos los razonamientos de contraste. El siguiente es un ejemplo:
Desconfiado y astuto como un montañés: cortés pero tímido; trabajador sin constancia, buscando el provecho fácil de su esfuerzo; campesino egoísta, pero bondadoso, cazurro siempre, vive aquí un pueblo que no ha sido ni miserable ni inmensamente rico; ni guerrero ni sumiso; ni servil, ni rebelde; independiente sin guerra de independencia; liberado del coloniaje español por virtud de un oficio llegado de Guatemala un día de octubre de 1821, en que se le hacía saber que desde el 15 de setiembre ... en suma, un pueblo sin sentido trágico de la existencia. Un pueblo sin héroes, y que si alcanza a tenerlos, los destruye o los olvida, que es otro modo de destruir. (I: F. Azofeifa 1979).
El orden comparativo se refuerza en el texto por medio de enlaces como los siguientes: por otra parte, más bien, contrariamente, a diferencia de, no obstante, sin embargo, en contraposición, en cambio, etc.
Por otra parte, se llama causa-efecto una manera de ordenar un texto en el que se mencionan las razones y las consecuencias de una situación. Véase un ejemplo:
El hombre, en la actualidad, no está en ciento modo ya sometido a esta selección. Por ello, la selección natural no podrá impedir en el futuro la acumulación de trastornos hereditarios, pues el ser humano está interveniendo en este aspecto y dando supervivencia a seres que en otro tiempo no tendrían oportunidad de sobrevivir y reproducirse y que en términos genéticos se podrían considerar taras hereditarias. Esto podría significar para el ser humano que la herencia se fuera empeorando con los años, al no ser eliminados los seres con mutaciones negativas, ya que estas continuarán presentándose en nuestros elementos hereditarios y la recombinación de genes enfermos podría generar en un futuro lejano una civilización mucho menos sana. (J. Jaramillo 1992).
El orden causa-efecto se evidencia, entre otros, por medio de los siguientes enlaces: por tanto, en consecuencia, debido a ello, por esto, como resultado de ello.
El uso de enlaces en la redacción ayuda a ilustrar mejor las relaciones entre las ideas; no obstante, es necesario tratar con mesura este recurso para no recargar el texto.
5.2. Recursos retóricos
La retórica es la técnica del bien decir, de dar al lenguaje eficacia para deleitar, persuadir o conmover. Se le asocia generalmente con la oratoria, por ser este arte pionero en la preocupación de utilizar todos los medios posibles para lograr su efecto persuasivo. El ensayo, por ser una forma de literatura en la que sobresale el afán de convencer, tiene a la retórica como uno de sus medios principales.
Los recursos retóricos se clasifican dos grandes campos:
Figuras de dicción y Figuras de significación
Las figuras de dicción, por adornar el texto en su nivel fónico o sea su sonido, tienen papel fundamental en la poesía. En cambio, las figuras de significación, que son las que permiten resaltar una idea, aunque desempeñan importante papel en los otros géneros literarios, poseen participación especial en el ensayo. A continuación se tratan algunas de estas figuras que pueden aplicarse en el ensayo.
Sentencia. Es la exposición breve y enérgica de una enseñanza profunda.
Sin embargo, la producción y la guerra pueden ser fuentes de frustración. Hasta los más nobles corceles, espoleados en exceso, se desbocan y se desbandan, si no se aplica a tiempo el freno de otro de la cultura. (J. Figueres).
Gradación. Se colocan las ideas en forma ascendente o descendente.
Verbo, Logos, Palabra, diversas expresiones de un mismo y grandioso instrumento mediante el cual el hombre no solo se sitúa en el Mundo y el Universo, sino que se hace de ellos su hogar. (L. Zea)
Paradoja. Reúne ideas al parecer contradictorias para poner más de relieve la profundidad del pensamiento.
El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él, que aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen. (R. Descartes)
Antítesis. Contrapone unos pensamientos a otros, unas palabras a otras para que resalte más la idea principal.
De altar se ha de tomar la patria para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal para levantarnos sobre ella. (J. Martí)
Interrogación. Expresa el efecto en forma de una pregunta cuya respuesta no se ignora.
¿Hasta cuándo respetarán esos sectores en Costa Rica el ordenamiento constitucional, sobre todo si continúan deteriorándose, más y más, velozmente, los índices del nivel de vida, se desata la inflación y siguen sin solución real los problemas del subdesarrollo? (J.L. Vega)
Hipérbole. Exagera una verdad para inculcarla con más fuerza.
Más que un poeta único. Ezra Pound parece un grupo de poetas de escuelas diferentes. (J. Coronel U)
Prosopopeya. Da vida a los seres inanimados.
Costa Rica está situada en una zona en que el Istmo centroamericano se adelgaza más y más descendiendo hacia la cintura del continente donde el Canal de Panamá muestra su herida abierta. (I. F. Azofeifa.
En el ensayo las figuras retóricas deben usarse con mesura y plena justificación. Es necesario que estén al servicio de las ideas fundamentales que se quieren impulsar.
5.3. Estilo del ensayo
El ensayo es un género moderno. Es por tanto un producto en el que se refleja el sentido práctico contemporáneo. En consecuencia, su lenguaje debe ser directo pero sin perder elegancia; su forma demanda sencillez aunque con cuidado de la rigurosidad; su contenido exige información precisa, pero rechaza el detallismo superficial.
El ensayista dirá lo que tenga que decir y callará lo innecesario. Planeará meticulosamente su planteamiento y lo expresará en el mínimo de palabras posible.
Le corresponderá garantizar su escrito contra la retórica innecesaria, la vaguedad, la repetición, la inconsistencia. Con ese fin debe planear ,. Investigar, ejecutar y revisar su producto.
En tiempos ya no tan modernos, Santiago Ramón y Cajal (1896) describen el estilo de los trabajos científicos:
En síntesis, el estilo de nuestro trabajo será genuinamente didáctico, sobrio, sencillo, sin afectación, y sin acusar otras preocupaciones que el orden y la claridad.
FORMATO DE PAPER /4to MEDIO/
La ley del gallinero de Jorge Guzmán: una visión desmitificada de Portales.
EDDIE MORALES PIÑA
Resumen:
El artículo aborda algunos aspectos de la novela La ley del gallinero del escritor chileno Jorge Guzmán. En ella el autor vuelve a releer la historia nacional con el fin de ficcionalizarla y recursarla; en este caso, la época portaliana y la figura del Ministro Diego Portales, inscribiendo el relato dentro de los márgenes de la nueva novela histórica.
Palabras claves: Historia y novela-Epoca portaliana-Visión anticanónica de Portales-Nueva Novela Histórica
Abstract:
This article examines certain aspects of the novel La ley del gallinero of the chilean writer Jorge Guzmán. In it, the authour reexamines chilean history so as to fictionalise and revise it; in this case specifically the Portalian period and the person of Diego Portales. This work falls within the images of the new historical novel.
Key words: History and novel- Portales period- Anticanonic vision of Portales- New historical novel
1. Preliminar:
El escritor Jorge Guzmán en su más reciente producción narrativa vuelve a retomar la historia nacional con el fin de releerla y ficcionalizarla; esta vez, focaliza su interés narrativo en la figura de Diego Portales y su tiempo. Portales, desde el punto de vista histórico, resulta ser una personalidad compleja que ha sido leída con diferentes matices según el discurso histórico. La novela -publicada en 1999- se titula La ley del gallinero (1) y se inscribe dentro de los márgenes de la nueva narrativa histórica chilena e hispanoamericana.
Jorge Guzmán es un destacado escritor que, de acuerdo a los parámetros generacionales, pertenece a la generación del 50 o del 57 (2) Anteriormente, ya había incursionado en la relación historia y ficcionalización en su novela Ay mama Inés. Este relato estaba centrado en los tiempos de la conquista de Chile y en la figura de Inés de Suárez (3). La nueva novela, por el contrario, tiene como cronotopo esencial a la época de la consolidación de la República, es decir, a lo que cierto discurso histórico ha denominado la época portaliana.
Este artículo en un primer momento abordará -someramente- la contextualización histórica de la novela de Guzmán; fundamentalmente, se dará una visión panorámica al personaje de Diego Portales. En una segunda instancia, se hará la lectura crítica de algunos aspectos del relato de Jorge Guzmán sobre la base de que se trata de una relectura de la figura del Ministro Portales efectuada por el escritor chileno.
2. El Ministro Diego Portales:
Diego Portales y Palazuelos nació en Santiago en 1793 en el seno de una familia vinculada a la aristocracia colonial. Se educó en el Convictorio Carolino y en el Instituto Nacional. Según el historiador Jocelyn-Holt, "su educación fue somera y poco brillante" (4). Siendo un joven de veintiocho años quedó viudo sin descendencia; más tarde, mantendrá una larga y tormentosa relación con Constanza de Nordenflycht y Cortés y Azúa, una aristócrata peruano-polaca, con la que tuvo tres hijos. Constanza sólo sobrevivirá tres días a la muerte de Portales que, como es sabido, fue fusilado el 6 de junio de 1837 luego de ser tomado prisionero por un regimiento militar amotinado en Quillota.
El nombre de Portales, aparte de su labor ministerial, aparece asociado en la historiografía nacional a la actividad comercial, participando en el creciente tráfico mercantil existente a comienzos del siglo XIX. En 1821 estuvo radicado en Lima representando los intereses de la sociedad mercantil Portales, Cea y Compañía, regresando al país dos años después debido al fracaso del negocio.
Jocelyn-Holt argumenta que "una vez de regreso en Chile, su sociedad obtuvo por diez años la administración del monopolio o estanco de tabaco, naipes, té y licores extranjeros (1824), a cambio de pagar el servicio anual de un cuantioso empréstito gubernamental contratado en Londres durante el gobierno de O'Higgins" (5). Sin embargo, el no poder cumplir con los compromisos mercantiles, y la liquidación del estanco, hizo que se produjera el descrédito de Portales especialmente quien rompió con el gobierno, aglutinando en torno a él a los denominados estanqueros.
Según Bernardo Subercaseaux en su ensayo "Diego Portales: singularidad histórica e interpretación retórica" (6), además de sus labores en el sector mercantil, Portales también impulso las actividades mineras desde antes que se descubriera Chañarcillo. Por otra parte, en 1834, expandió sus labores hacia la agricultura, adquiriendo para ello en sociedad una hacienda cerca de Valparaíso. "En las cartas de esa época menciona planes de construcción, de regadío, de plantaciones; habla con entusiasmo de un método para extraerle el jugo a las palmas sin destruir el árbol, y hasta sugiere la posibilidad de comercializarlos. Biográficamente, entonces, Portales participa en los tres ámbitos que en esa época podían concurrir a la formación de un sector empresarial de empuje nacional: el agrícola, el minero-fundidor y el del comercio, prestamistas y habilitadores" (7).
En 1829 participó en el quiebre gubernamental, apareciendo como el hombre fuerte del gobierno, ocupando las carteras ministeriales de Interior, Relaciones Exteriores y Guerra y Marina, entre los años 1830-1831. El historiador recién citado manifiesta que durante este período fue un virtual dictador, retirándose en 1832 a Valparaíso donde desarrolló nuevamente actividades mercantiles. En 1835 regresó a Santiago para ocupar cargos ministeriales en la administración Prieto hasta el año en que fue asesinado.
Destacan entre sus obras ministeriales de los dos períodos importantes medidas y reformas, entre las que cabe citar: la redacción de la Constitución de 1833, el saneamiento de los déficit fiscales, la disminución del poder político castrense, la reducción del bandidaje rural, la devolución de los bienes confiscados a las órdenes regulares en 1824 y la gestación de la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana, con el fin de "resguardar un equilibrio geopolítico en el subcontinente que permitiera garantizar y consolidar la autonomía política de Chile recién ganada durante el período de la Independencia" (8).
El historiador a quien estamos siguiendo en este acápite, sostiene que en Portales cabe distinguir la figura pública de la privada, además de la imagen mitificada del Ministro que ha realizado el discurso historiográfico a partir de su muerte. En este sentido, hay que mencionar que la poetisa Mercedes Méndez Marín, una de las exponentes de la lírica romántica chilena, escribe a propósito del asesinato de Portales una composición lírica de carácter elegíaco cuyas preguntas retóricas serán respondidas en los años posteriores por diversos autores. Méndez Marín escribe: "Un eco triste repite por doquier: 'Murió Portales'/ Y todo es miedo, indignación y susto, y todo anuncio de futuros males… ¿Son estos restos fríos/ es esta imagen insensible y muda/ lo que nos ha quedado de Portales?" (9). En 1937, en el diario "El Mercurio" de Santiago, Carlos Silva Vildósola, por su parte, escribía a propósito de Portales siempre dentro del contexto mitificante del personaje, que "el martirio, como ocurre siempre, consagró y consolidó la obra de Portales. El hombre de Estado que muere por una idea lo hace irresistible e inmortal siempre que ha interpretado el alma de su pueblo" (10).
Entre los autores que han abordado la figura del Ministro destacan José Victorino Lastarria, Benjamín Vicuña Mackenna, Isidoro Errázuriz, Carlos Walker Martínez, Alberto Edwards, Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre, Mario Góngora, Bernardino Bravo, Sergio Villalobos y Bernardo Subercaseaux, además de Jocelyn-Holt, el autor que hemos estado siguiendo en estas consideraciones preliminares (11). Como puede apreciarse la constitución del corpus historiográfico en torno a Portales es abundante y de diversa índole, pues su personalidad y su accionar público y privado han sido leídos desde diversas perspectivas críticas que, sin embargo, se mantienen dentro de los márgenes arquetípicos y paradigmáticos con que el personaje se ha consolidado en el imaginario histórico nacional.
Para Jocelyn-Holt, "las explicaciones que se han formulado acerca de Portales, aun con toda su riqueza conceptual e interpretativa, se quedan cortas, eluden o no logran captar en plenitud al personaje" (12). De allí que el historiador plantee una interpretación alternativa del Ministro. Afirma, por ejemplo, que Portales fue un escéptico del poder, ya que constantemente se mofó de los que lo ejercen; más bien creyó en el ejercicio pragmático del mando. Por otra parte, la actividad política la realizó coyunturalmente, pues sus intereses siempre fueron los comerciales. "El Ministro se introduce en la historia política chilena para resolver un problema coyuntural: el problema de la autoridad", acota el historiador (13). La imagen cristalizada del Ministro nos lo muestra como una personalidad vitalista, hedonista, voluntariosa y desprendida ("así como ejerce el poder, lo deja"). Además lo califica de una frialdad apasionada.
En la conocida epístola, fechada el 16 de julio de 1832, Portales alude al orden en Chile, en que está inscrita su famosa frase el peso de la noche, y que fuera escrita en el contexto de la post-Independencia, tiempo que, según nuestro historiador, no era claro aún de poder alcanzarlo. Escribía el Ministro en parte de su misiva:
"El orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, hábiles y cosquillosos: la tendencia casi general de la masa al reposo es la garantía de la tranquilidad pública. Si ella faltase, nos encontraríamos a obscuras y sin poder contener a los díscolos más que con medidas dictadas por la razón, o que la experiencia ha enseñado a ser útiles; pero, entre tanto…" (14).
Jocelyn-Holt interpreta, en parte de su estudio, estas afirmaciones del Ministro Portales y, específicamente, la frase el peso de la noche -que, por lo demás, está incorporada también al imaginario lingüístico-literario chileno- como "la tendencia de la masa al reposo (…) no es otra cosa que la constatación de la ineficacia del orden sistémico-institucional ilustrado". Agrega el historiador que el orden en Portales debe entenderse como la resultante de "la confrontación de fuerzas relativas, una de la cuales terminará por imponerse" (15).
De acuerdo a este historiador contemporáneo, la figura histórica por excelencia es el Ministro Portales, por cuanto es un material historiográfico recurrente en el devenir histórico nacional que -como dice el autor- se complejiza cada vez que se vuelve a él.
Subercaseaux en el ensayo citado más arriba, manifiesta que el Ministro tenía una concepción política distinta a la de Lastarria, es decir, la concepción liberal. Para Portales la actividad política tenía como finalidad última llevar a la tranquilidad necesaria para "el desarrollo de los negocios". Esta concepción pragmática, realista, del accionar político, provenía según Subercaseaux de "su relación práctica con el ambiente socioeconómico de la época". También se observa en Portales una cierta dualidad, ya que "propició una estricta regulación gubernamental en varios aspectos de la economía, mientras, por otro lado, favorecía el liberalismo económico y el laissez faire" (16).
La misma dualidad es posible observarla en sus relaciones con el clero. Creyente, pero blasfemo e iconoclasta a la vez, algunos lo consideran incluso un hereje. Su ética, según Subercaseaux, fue eminentemente pragmática y antimetafísica. "Otro rasgo de su espíritu burgués fue un estilo intelectual, un estilo llano, ni rebuscado ni utopista, antirretórico a menudo irónico o paródico, con notas de humor cáustico y de lenguaje socarrón" (17).
3. La ley del gallinero: una visión anticanónica de Portales:
La novela de Jorge Guzmán es una densa novela de casi cuatrocientas apretadas páginas que está articulada sobre la base de cuatro partes; a saber, "Tiempos del monopolio", "Tiempos de los liberales", "Tiempos de los pipiolos" y "Tiempos de la revolución conservadora", antecedidas de una especie de prólogo titulado "Final y comienzo", con el subtítulo de "Martes 6 de junio de 1837 que corresponde al día en que el Ministro fue asesinado. Al programar Guzmán el discurso en torno a estos espacios temporales, le exige al lector virtual una competencia lectora que le permita desentrañar el sentido de la trama, ya que aluden evidentemente a los momentos históricos en que se desenvuelve la vida del Ministro Portales.
El relato es un gran friso en que deambulan una notoria cantidad de personajes de las distintas esferas políticas, económicas y culturales que es posible distinguir en dicha época, entre los que Portales es uno más; sin embargo, éste siempre está omnipresente, puesto que es él en quien descansa el proyecto narrativo de Guzmán. Según G. Rojo, -y aludiendo a las tesis de G. Salazar-, "el mayor corte que se puede realizar entre ellos (…), es el que separa al "alto" del "bajo" pueblo". Agrega que "el margen de autonomía del bajo pueblo en las relaciones que el entabla con el alto es limitado"; concluyendo que "el tratamiento del bajo pueblo es en La ley del gallinero más rico y placentero (esto es, más gozoso y gratificante para quien lee la obra) que el del pueblo alto" (18).
El proyecto narrativo de Guzmán en esta novela es, ciertamente, el dar cuenta ficcionalmente de una parte de la historia de Chile nacional, que es el del ascenso al poder de Diego Portales, es decir, mostrar la transición desde los tiempos de los liberales a los de la revolución conservadora, aplicando, como el título de la novela lo señala "la ley del gallinero".
La historia narrativa tiene un comienzo in medias res, es decir el narrador básico nos incorpora inmediatamente en la trama presentándonos al personaje del Juez de Puerto Paraíso, don José Alvarez, quien es despertado al amanecer, con el fin de que vaya a observar el cadáver de Portales asesinado. El primer párrafo abre las expectativas del lector virtual, así como del narratario, dejando abierta una serie de intersticios y vacíos para el lector virtual -de acuerdo a la estética de la recepción- (19), que paulatinamente se irán complementando en el transcurso de la narración:
"Cuando vinieron a buscarlo, al amanecer, el Juez de Puerto Paraíso don José Alvarez estaba a punto de dormirse. Tenía una montaña de sueño acumulada en tres noches de casi total desvelo. El sábado, lo había mantenido insomne la muy alarmante noticia de que el coronel Vidaurre y un grupo de oficiales del Sur habían sublevado a su regimiento y aprisionado al hombre más poderoso de todo el país, el Ministro Portales. El suceso hizo caer sobre las callejas del Puerto una suerte de gran silencio, por encima del cual sonaban, trivializados, los ruidos de siempre. Las gentes se veían cambiadas. Absortos unos. Otros desafiantes. Unos pocos, furiosos" (20).
Este primer párrafo para un lector informado y competente -estamos pensando ahora en el lector real-, es iluminador por cuanto deja entrever ya algunos indicios significativos de lo que vendrá en la andadura narrativa; así, por ejemplo, la frase "la muy alarmante noticia", como la mención del coronel Vidaurre -antiguo colaborador de Portales- y la sublevación del regimiento y el aprisionamiento del Ministro, van entregando la atmósfera discursiva con que se despliega el relato en este verdadero prolegómenos a los distintos tiempos en que está dividida la novela.
En sentido estricto, todo este prefacio se constituye en una especie de primer movimiento de la obra de Guzmán, puesto que en él están dados los indicios diegéticos que la narración de la historia va a explicitar con distintas modulaciones y movimientos. En esta apertura a la polifonía discursiva de la novela, el lector tiene en el pensar del personaje de Alvarez los resquemores y aprehensiones que despertaba el Ministro Portales ante sus conciudadanos:
"Siete años antes, Alvarez había visto con enorme esperanza la revolución conservadora de Portales. Y de alguna manera, todavía lo consideraba un gran político, un hombre público de la rara especie de los que no quieren el poder para medrar, sino para servir. Si mantenía una idea equivocada del servicio, eso no era todavía un asunto moral. Nadie ignoraba que los siete años de dominación casi absoluta sobre el país, en vez de hacerlo más rico, lo tenía en la ruina. Sin embargo, lo que el juez había visto en siete años le daba la seguridad de que si no lograban derrocarlo, iba a convertirse en un tirano espantoso" (21).
El juez Alvarez en estas primeras líneas se nos dibuja como un pusilánime, temeroso ante el Ministro y también ante la posibilidad del triunfo de los opositores, ya que según dice el narrador inmiscuyéndose en la conciencia de su personaje:
"Pero también temía mucho a la derrota de Portales. Odios enormes habían juntado los liberales contra su gobierno conservador que por siete años los afligió con penurias económicas humillantes, con el hambre en sus familias, con destierros, con prisiones, con arrogancias inaguantables" (22).
El discurso del narrador en estas primeras páginas, ciertamente, que nos va configurando la imagen de un Diego Portales autoritario y despótico en el razonar del personaje del juez, toda vez que -como lo dijimos- este prefacio resulta ser una especie de prolepsis narrativa, es decir, un discurso de apertura a los acontecimientos que se desplegarán en los capítulos que conforman la historia.
Los juicios emitidos tanto por Alvarez como por el narrador estarán confirmados en la diégesis. Así, por ejemplo, en el "tiempo de los pipiolos" se nos narra la presencia de Portales en un banquete al que asiste, entre otros, Sofanor Concha, en que había muchos invitados que eran liberales como los Carrera, el narrador -nuevamente inmiscuyéndose en la conciencia de este personaje- y emitiendo juicios de valor, dice respecto de Portales:
"Todos sabían que odiaba a los liberales. Y si algo fueron los Carrera, fue justo eso: liberales. No era fácil entender que estuviera honrándolos este comerciante disoluto, que se las daba de moralista público. Este hijo de padres pobres que despreciaba a los que no tenían propiedades. Este fundador de un diario de insultos y canalladas donde llamaba "pelajianos" a los liberales, porque eran unos pobres "pelados" y porque los acusaba de vivir para "pelar" a los demás de sus bienes y de sus honras" (23).
Ciertamente que el discurso de la ficción narrativa dialoga con el discurso histórico; sin embargo, es notorio que el locutor básico - en su propio discurso, o bien cuando le entrega la voz narrativa a los personajes sea directa o indirectamente desacraliza la imagen del personaje histórico de Portales, recargándolo con diversos epítetos y frases: "comerciante disoluto", "moralista", "despreciativo" y "canalla". La novela, por tanto, nos revela una personalidad que, el discurso historiográfico más reciente como la obra de Villalobos (24), ya ha comenzado a mirar con una perspectiva u óptica analítica distinta a la del discurso histórico tradicional.
Como lo afirmamos más arriba, una de las notas sobresalientes del relato de Guzmán es lo que se ha denominado la polifonía discursiva; en otras palabras la multiplicidad de discursos o el uso consciente de distintos niveles de lenguaje que le dan al relato una mayor variedad estilística en la aprehensión de la realidad. Según Aínsa (25), se trata este fenómeno del discurso de una de las características de la modalidad de la nueva novela histórica hispanoamericana. En este sentido, Rojo (26) sostiene que "en cuanto al discurso narrativo de La ley del gallinero, aclaremos desde luego que no se trata de uno sino de varios. No son lo mismo los discursos habituales en tercera persona, como los que cuentan la epidemia de los temblores de Santiago y la muerte y el velorio de la hija que se le va al cielo a la Francisca (la Tinita, con la que los parientes y amigos hacen el "angelito" consabido), que los discursos en primera".
En el capítulo VI de la primera parte, el lector se enfrenta con uno de estos discursos en primera persona. Allí, el locutor es el propio Diego Portales quien narra uno de sus encuentros con Constanza:
"El sábado dieciocho me obligué a pasar un par de horas junto a Constanza. Llevaba seis benditas semanas de no verla. Pocas veces he estado más alegre en toda mi vida que esa tarde. El día anterior había terminado casi dos años de continuo esfuerzo. Éxito completo. El gobierno nos vendía, por fin, todo el Monopolio del Tabaco, Naipes y Licores" (27)
Portales-narrador se nos devela en su discurso como un personaje enamoradizo, una especie de calavera, que mezcla sus afanes sentimentales con sus preocupaciones mercantiles; ahora con el monopolio adjudicado, Portales piensa, pragmáticamente, que sus pesares de hombre pobre quedarán atrás, pudiendo de este modo formalizar su relación con la niña bien, Constanza, a quien había embarazado.
Constanza, por su parte, también se transforma en narradora, usando como pretexto discursivo su diario de vida. Como sabemos, el diario de vida corresponde a una formalización textual que, desde los tiempos de la conquista de América, encontró un terreno propicio para desarrollarse como una especie de escritura particular dentro de los cánones conventuales. Como ha dicho M. Glanz (28) era un tipo de "labores de mano" ejercitado por las monjas, sólo que en este caso se trataba de un bordado lingüístico. Obviamente que el diario de vida -llamado también autobiografía dentro del ámbito conventual- se hizo extensivo después a los otros ambientes de la sociedad colonial; y, en los siglos posteriores, se transformó en una forma escritural propio de las mujeres pertenecientes a la burguesía.
El diario de vida de Constanza de Nordenflycht -el personaje ficcional- es el tú con el que dialoga la amada de Portales; Constanza apela, apostrofa, al diario como esperando de él una respuesta ante sus inquietudes sentimentales, pero también otras de índole diferente:
"Después de darle su papa a Ricardito, te he seguido leyendo, diario. Si levanto mi vista de tus ajadas páginas, veo el firmamento tachonado de estrellas. La Vía Láctea. Dijo Diego que se llamaba así porque los antiguos creyeron que Hércules le apretó su teta a Juno y el chorro de leche salpicó de luces la noche" (29)
El lenguaje sentimental de la locutora propio de una personalidad romántica que revisa las "ajadas páginas" del diario, con la invocación del nombre de Portales que se nos tematiza también como un hombre ilustrado. Por otra parte, en las líneas siguientes, Constanza alude a una promesa no cumplida que -probablemente- en la experiencia concreta del personaje explicará parte de su existencia malograda como una actante desgraciada en el devenir de los acontecimientos:
"Lo que tú conociste decía ´si mi mamita se muere, Dios mío, quiero que me ayudes a consagrarte humildemente mi vida". Y el Cura Torres me decía que esa era la mejor decisión que una mujer podía tomar en este mundo: abandonarlo y ser la esposa de Cristo Jesús. De eso no hace todavía cinco años. Y ahora estoy aquí, viviendo con mis dos hijos y una empleada que es tonta, pero es obediente y buena conmigo y con los niños" (30).
El narrador básico de la novela de Guzmán, tal como lo sostiene Rojo (31), "se distingue por su morosidad, por su agudeza y por el ojo del novelista puesto sobre el brillo de lo particular y concreto". El trabajo lingüístico del novelista, a pesar de que no tiene el sentido con que se manifestaba en Ay mama Inés, atrae y atrapa al lector del texto precisamente por los diversos niveles lingüísticos del habla chilena (v.gr. "tiempos de peloteras y zafacocas"). Así, ocurre en el discurrir monologante de Cruz Galleguillos:
"Si esta mierda de yegua vuelve a dar otro brinco como el de recién, termino enterrada en el barro hasta el ombligo (…) Un rebenque debí traer y no esta varillita de mimbre, y sacarle un pedazo de hocico a esta mierda de yegua para que aprenda a no dar esos tremendos brincos" (32).
La visión de Portales y de los diversos tiempos históricos en que se divide el relato, así como la proliferación de acontecimientos y personajes que participan en la novela de Guzmán, a juicio de Rojo (33), tienden a desdibujar la presencia de Diego Portales, es decir, tiende a esfumarse; por el contrario, sostiene este crítico que el héroe de la novela no es singular sino colectivo. En otras palabras, el pueblo de Chile, ya que Portales se materializa como un héroe pequeño. Agrega Rojo que "eso no significa que no haya en este Portales un sujeto inteligente e inescrupuloso, cuyas acciones nefandas tienen el éxito que tienen habida cuenta de una coyuntura histórica en las que los dueños del poder pueden hacer un uso óptimo de esta suerte de individuo" (34).
De acuerdo al discurso histórico tradicional, Portales fue el constructor de la nacionalidad en el principio de nuestra existencia como República (35). La presencia del ejercicio del poder político, más bien, el ejercicio pragmático del mando, en lo que se ha denominado el autoritarismo portaliano, hacen que el Ministro tenga una virtualidad narrativa a lo largo de la novela, a pesar del desdibujamiento que de él se produce en más de una instancia diegética. Una de los indicios de la presencia del Ministro Portales, según ha hecho notar Jocelyn-Holt es la imagen de un Portales siempre sonriente. Una interpretación que le da el historiador a la sonrisa del personaje tanto cuando gana como cuando pierde, explicaría el sentido del título de la novela. Dice Jocelyn-Holt que "la suya es la sonrisa del que esconde sus motivos, la de un conspirador y manipulador , el que pecha por los más altos escalones del gallinero usando malas artes, y se mofa de los restantes, los "gallinas" (36).
Sin embargo, el historiador -con el que concordamos- argumenta que dicha sonrisa que a veces se transforma en mueca, estaría revelándonos a un Portales escéptico de sí mismo que se esconde tras ese gesto facial. "Pero la mueca Guzmán pareciera entenderla únicamente como despreciativa de los demás, cuando en verdad es de sí mismo que se está riendo. En cuyo caso Portales es un hombre muy razonable, muy reflexivo, no sólo un obseso del poder. El poder, al fin de cuentas, no se la puede con la razón. Por eso siempre queda la mueca, o si se quiere, la sonrisa de la razón, la ironía final de saberse un nada" (37).
En definitiva, se trata el relato de Jorge Guzmán de un ambicioso proyecto narrativo. Es una novela, de todos modos, que puede ser leída desde distintas perspectivas porque es, precisamente, una historia poliédrica que presenta diversas aperturas interpretativas. Las relaciones de intertextualidad y los rasgos paródicos, satíricos y burlescos hacen del relato guzmaniano una interesante propuesta que apela constantemente al lector. Un lector competente fácilmente descubrirá los juegos discursivos que entabla el narrador con el tiempo presente (la mención a "los mil días" de la Patria Vieja, por ejemplo). La visión anticanónica del personaje histórico de Portales llevada a cabo por Jorge Guzmán, nos revela en éste a uno de los más sobresalientes narradores chilenos contemporáneos.
4. Notas:
1. Guzmán, Jorge: La ley del gallinero. Santiago: Editorial Sudamericana. 1998. 392 pp.
2. Goic, Cedomil: Historia de la Literatura Hispanoamericana. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso. 1972. Ver páginas 244-250.
3. Cfr. Nuestro artículo: "Acerca de la ficcionalización de la historia en Mercedes Valdivieso y Jorge Guzmán", en: Historia y novela. La ficcionalización de la historia en la narrativa latinoamericana. Francia: Université de Poitiers. 1996. (Fernando Moreno, ed.), pp. 17-22. Tb. Cfr. "Ay mama Inés de Jorge Guzmán: la reescritura de la Historia", tesina dirigida por nosotros, de Valeska de la Fuente, et al, para optar al Grado de Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas. Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, 1994.
4. Jocelyn-Holt, Alfredo: El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica. Argentina: Editorial Ariel. 1997, p. 107.
5. Idem., pp. 107-108.
6. Subercaseaux, Bernardo: Historia, literatura y sociedad. Ensayos de hermenéutica cultural. Santiago: Ediciones Documentas-CENECA-CESOC. 1991. Ver págs. 11-40.
7. Idem., p. 20.
8. Jocelyn-Holt, op.cit., p. 109.
9. Méndez Marín, Mercedes: "Canto fúnebre a la muerte de don Diego Portales", en: Promis, José: Poesía romántica chilena. Santiago: Editorial Nascimento. 1975, pp. 18-31.
10. Silva Vildósola, Carlos: Páginas Escogidas. Santiago: Editorial Andrés Bello. 1969, p. 84.
11. Jocelyn-Holt en su ensayo "Portales: un romántico escéptico del poder" -que forma parte de la obra citada en la nota 4-, hace una síntesis de las diversas orientaciones historiográficas con que la crítica ha abordado al personaje histórico de Diego Portales; ver las páginas 120-129.
12. Jocelyn-Holt, op. cit., p. 129.
13. Jocelyn-Holt, op. cit., pp. 132-133.
14. Portales, Diego: carta del 16 de julio de 1882. Epistolario de don Diego Portales, 1821-1837, comp. Ernesto de la Cruz y Guillermo Feliú Cruz. Santiago. 1937, T. II, pp.228-229.
15. Jocelyn-Holt, op. cit., p. 151.
16. Subercaseaux, op. cit. pp. 22-23
17. Idem., p. 31.
18. Rojo, Grinor: "Anotación sobre La ley del gallinero" en: Revista Chilena de Literatura. Universidad de Chile. Nº 56. 2000, p. 106.
19. Cfr. "La estructura apelativa de los textos" y "El proceso de lectura" de Wolfgang Iser, en: Estética de la recepción. Madrid: Visor. 1989. (Rainer Warning, ed.), pp. 133-165.
20. Guzmán, op. cit., p. 13.
21. Idem., p.19.
22. Idem.
23. Idem., p. 250.
24. Villalobos, Sergio: Portales: una falsificación histórica. Santiago: Editorial Universitaria. 1989.
25. Aínsa, Fernando: "La nueva novela histórica hispanoamericana", en: Plural, nº 240, septiembre 1991, pp. 82-85. Un texto clásico chileno que sirve para contrastar la nueva novela histórica de la novela histórica es La novela histórica en Chile de José Zamudio (Buenos Aires: Editorial Francisco de Aguirre. 1973). A propósito de la ficcionalización de la época portaliana, Zamudio menciona entre los relatos que lo han hecho tempranamente, la obra de Daniel Barros Grez, Pipiolos y Pelucones (1876), a la que califica de "apasionada sátira" política contra el régimen pelucón, o sea el gobierno del General Prieto y de su ministro Diego Portales.
26. Op. cit., p. 108.
27. Guzmán, op.c it., p. 58.
28. Glanz, Margo: "La conquista de la escritura: Sor Juana y otras monjas", en: Debate feminista, México, año 3, vol. 5, marzo 1992, pp. 223-239. Cfr. Tb. Nuestro artículo: "Los escritos de Santa Teresa de Los Andes" en: La Revista Católica. Santiago: Seminario Pontificio Mayor. Nº 1.129 (1). 2001, pp.29-32.
29. Guzmán, op.cit., p.128.
30. Idem.
31. Rojo, op. cit., p. 108. La anotación de Grínor Rojo a la novela de Guzmán es uno de los escasos textos críticos que ha suscitado el texto guzmaniano, y ha sido muy iluminador para nuestra propia lectura.
32. Guzmán, op.c it., p. 199.
33. Rojo, op. cit., p. 107.
34. Idem.
35. Una síntesis de la república portaliana, se puede revisar en Foresti, Carlos, et al: La narrativa chilena. Desde la Independencia hasta la Guerra del Pacífico 1810-1859. Santiago: Editorial Andrés Bello. Tomo I. 2000, página 47 y siguientes. La obra de Foresti et al es un texto fundamental acerca de las relaciones entre historia y ficción. Para los lectores no interiorizados de la realidad chilena y de la relación entre texto y contexto, la obra incluye una visión general sobre la evolución del país en las primeras décadas del siglo XIX.
36. Jocelyn-Holt, Alfredo: "Entre gallos y medianoche", en: Espejo retrovisor. Santiago: Editorial Planeta, 2000, p.65.
37. Idem., pp. 36-37.
AGOSTO / 2001
EDDIE MORALES PIÑA
Resumen:
El artículo aborda algunos aspectos de la novela La ley del gallinero del escritor chileno Jorge Guzmán. En ella el autor vuelve a releer la historia nacional con el fin de ficcionalizarla y recursarla; en este caso, la época portaliana y la figura del Ministro Diego Portales, inscribiendo el relato dentro de los márgenes de la nueva novela histórica.
Palabras claves: Historia y novela-Epoca portaliana-Visión anticanónica de Portales-Nueva Novela Histórica
Abstract:
This article examines certain aspects of the novel La ley del gallinero of the chilean writer Jorge Guzmán. In it, the authour reexamines chilean history so as to fictionalise and revise it; in this case specifically the Portalian period and the person of Diego Portales. This work falls within the images of the new historical novel.
Key words: History and novel- Portales period- Anticanonic vision of Portales- New historical novel
1. Preliminar:
El escritor Jorge Guzmán en su más reciente producción narrativa vuelve a retomar la historia nacional con el fin de releerla y ficcionalizarla; esta vez, focaliza su interés narrativo en la figura de Diego Portales y su tiempo. Portales, desde el punto de vista histórico, resulta ser una personalidad compleja que ha sido leída con diferentes matices según el discurso histórico. La novela -publicada en 1999- se titula La ley del gallinero (1) y se inscribe dentro de los márgenes de la nueva narrativa histórica chilena e hispanoamericana.
Jorge Guzmán es un destacado escritor que, de acuerdo a los parámetros generacionales, pertenece a la generación del 50 o del 57 (2) Anteriormente, ya había incursionado en la relación historia y ficcionalización en su novela Ay mama Inés. Este relato estaba centrado en los tiempos de la conquista de Chile y en la figura de Inés de Suárez (3). La nueva novela, por el contrario, tiene como cronotopo esencial a la época de la consolidación de la República, es decir, a lo que cierto discurso histórico ha denominado la época portaliana.
Este artículo en un primer momento abordará -someramente- la contextualización histórica de la novela de Guzmán; fundamentalmente, se dará una visión panorámica al personaje de Diego Portales. En una segunda instancia, se hará la lectura crítica de algunos aspectos del relato de Jorge Guzmán sobre la base de que se trata de una relectura de la figura del Ministro Portales efectuada por el escritor chileno.
2. El Ministro Diego Portales:
Diego Portales y Palazuelos nació en Santiago en 1793 en el seno de una familia vinculada a la aristocracia colonial. Se educó en el Convictorio Carolino y en el Instituto Nacional. Según el historiador Jocelyn-Holt, "su educación fue somera y poco brillante" (4). Siendo un joven de veintiocho años quedó viudo sin descendencia; más tarde, mantendrá una larga y tormentosa relación con Constanza de Nordenflycht y Cortés y Azúa, una aristócrata peruano-polaca, con la que tuvo tres hijos. Constanza sólo sobrevivirá tres días a la muerte de Portales que, como es sabido, fue fusilado el 6 de junio de 1837 luego de ser tomado prisionero por un regimiento militar amotinado en Quillota.
El nombre de Portales, aparte de su labor ministerial, aparece asociado en la historiografía nacional a la actividad comercial, participando en el creciente tráfico mercantil existente a comienzos del siglo XIX. En 1821 estuvo radicado en Lima representando los intereses de la sociedad mercantil Portales, Cea y Compañía, regresando al país dos años después debido al fracaso del negocio.
Jocelyn-Holt argumenta que "una vez de regreso en Chile, su sociedad obtuvo por diez años la administración del monopolio o estanco de tabaco, naipes, té y licores extranjeros (1824), a cambio de pagar el servicio anual de un cuantioso empréstito gubernamental contratado en Londres durante el gobierno de O'Higgins" (5). Sin embargo, el no poder cumplir con los compromisos mercantiles, y la liquidación del estanco, hizo que se produjera el descrédito de Portales especialmente quien rompió con el gobierno, aglutinando en torno a él a los denominados estanqueros.
Según Bernardo Subercaseaux en su ensayo "Diego Portales: singularidad histórica e interpretación retórica" (6), además de sus labores en el sector mercantil, Portales también impulso las actividades mineras desde antes que se descubriera Chañarcillo. Por otra parte, en 1834, expandió sus labores hacia la agricultura, adquiriendo para ello en sociedad una hacienda cerca de Valparaíso. "En las cartas de esa época menciona planes de construcción, de regadío, de plantaciones; habla con entusiasmo de un método para extraerle el jugo a las palmas sin destruir el árbol, y hasta sugiere la posibilidad de comercializarlos. Biográficamente, entonces, Portales participa en los tres ámbitos que en esa época podían concurrir a la formación de un sector empresarial de empuje nacional: el agrícola, el minero-fundidor y el del comercio, prestamistas y habilitadores" (7).
En 1829 participó en el quiebre gubernamental, apareciendo como el hombre fuerte del gobierno, ocupando las carteras ministeriales de Interior, Relaciones Exteriores y Guerra y Marina, entre los años 1830-1831. El historiador recién citado manifiesta que durante este período fue un virtual dictador, retirándose en 1832 a Valparaíso donde desarrolló nuevamente actividades mercantiles. En 1835 regresó a Santiago para ocupar cargos ministeriales en la administración Prieto hasta el año en que fue asesinado.
Destacan entre sus obras ministeriales de los dos períodos importantes medidas y reformas, entre las que cabe citar: la redacción de la Constitución de 1833, el saneamiento de los déficit fiscales, la disminución del poder político castrense, la reducción del bandidaje rural, la devolución de los bienes confiscados a las órdenes regulares en 1824 y la gestación de la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana, con el fin de "resguardar un equilibrio geopolítico en el subcontinente que permitiera garantizar y consolidar la autonomía política de Chile recién ganada durante el período de la Independencia" (8).
El historiador a quien estamos siguiendo en este acápite, sostiene que en Portales cabe distinguir la figura pública de la privada, además de la imagen mitificada del Ministro que ha realizado el discurso historiográfico a partir de su muerte. En este sentido, hay que mencionar que la poetisa Mercedes Méndez Marín, una de las exponentes de la lírica romántica chilena, escribe a propósito del asesinato de Portales una composición lírica de carácter elegíaco cuyas preguntas retóricas serán respondidas en los años posteriores por diversos autores. Méndez Marín escribe: "Un eco triste repite por doquier: 'Murió Portales'/ Y todo es miedo, indignación y susto, y todo anuncio de futuros males… ¿Son estos restos fríos/ es esta imagen insensible y muda/ lo que nos ha quedado de Portales?" (9). En 1937, en el diario "El Mercurio" de Santiago, Carlos Silva Vildósola, por su parte, escribía a propósito de Portales siempre dentro del contexto mitificante del personaje, que "el martirio, como ocurre siempre, consagró y consolidó la obra de Portales. El hombre de Estado que muere por una idea lo hace irresistible e inmortal siempre que ha interpretado el alma de su pueblo" (10).
Entre los autores que han abordado la figura del Ministro destacan José Victorino Lastarria, Benjamín Vicuña Mackenna, Isidoro Errázuriz, Carlos Walker Martínez, Alberto Edwards, Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre, Mario Góngora, Bernardino Bravo, Sergio Villalobos y Bernardo Subercaseaux, además de Jocelyn-Holt, el autor que hemos estado siguiendo en estas consideraciones preliminares (11). Como puede apreciarse la constitución del corpus historiográfico en torno a Portales es abundante y de diversa índole, pues su personalidad y su accionar público y privado han sido leídos desde diversas perspectivas críticas que, sin embargo, se mantienen dentro de los márgenes arquetípicos y paradigmáticos con que el personaje se ha consolidado en el imaginario histórico nacional.
Para Jocelyn-Holt, "las explicaciones que se han formulado acerca de Portales, aun con toda su riqueza conceptual e interpretativa, se quedan cortas, eluden o no logran captar en plenitud al personaje" (12). De allí que el historiador plantee una interpretación alternativa del Ministro. Afirma, por ejemplo, que Portales fue un escéptico del poder, ya que constantemente se mofó de los que lo ejercen; más bien creyó en el ejercicio pragmático del mando. Por otra parte, la actividad política la realizó coyunturalmente, pues sus intereses siempre fueron los comerciales. "El Ministro se introduce en la historia política chilena para resolver un problema coyuntural: el problema de la autoridad", acota el historiador (13). La imagen cristalizada del Ministro nos lo muestra como una personalidad vitalista, hedonista, voluntariosa y desprendida ("así como ejerce el poder, lo deja"). Además lo califica de una frialdad apasionada.
En la conocida epístola, fechada el 16 de julio de 1832, Portales alude al orden en Chile, en que está inscrita su famosa frase el peso de la noche, y que fuera escrita en el contexto de la post-Independencia, tiempo que, según nuestro historiador, no era claro aún de poder alcanzarlo. Escribía el Ministro en parte de su misiva:
"El orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, hábiles y cosquillosos: la tendencia casi general de la masa al reposo es la garantía de la tranquilidad pública. Si ella faltase, nos encontraríamos a obscuras y sin poder contener a los díscolos más que con medidas dictadas por la razón, o que la experiencia ha enseñado a ser útiles; pero, entre tanto…" (14).
Jocelyn-Holt interpreta, en parte de su estudio, estas afirmaciones del Ministro Portales y, específicamente, la frase el peso de la noche -que, por lo demás, está incorporada también al imaginario lingüístico-literario chileno- como "la tendencia de la masa al reposo (…) no es otra cosa que la constatación de la ineficacia del orden sistémico-institucional ilustrado". Agrega el historiador que el orden en Portales debe entenderse como la resultante de "la confrontación de fuerzas relativas, una de la cuales terminará por imponerse" (15).
De acuerdo a este historiador contemporáneo, la figura histórica por excelencia es el Ministro Portales, por cuanto es un material historiográfico recurrente en el devenir histórico nacional que -como dice el autor- se complejiza cada vez que se vuelve a él.
Subercaseaux en el ensayo citado más arriba, manifiesta que el Ministro tenía una concepción política distinta a la de Lastarria, es decir, la concepción liberal. Para Portales la actividad política tenía como finalidad última llevar a la tranquilidad necesaria para "el desarrollo de los negocios". Esta concepción pragmática, realista, del accionar político, provenía según Subercaseaux de "su relación práctica con el ambiente socioeconómico de la época". También se observa en Portales una cierta dualidad, ya que "propició una estricta regulación gubernamental en varios aspectos de la economía, mientras, por otro lado, favorecía el liberalismo económico y el laissez faire" (16).
La misma dualidad es posible observarla en sus relaciones con el clero. Creyente, pero blasfemo e iconoclasta a la vez, algunos lo consideran incluso un hereje. Su ética, según Subercaseaux, fue eminentemente pragmática y antimetafísica. "Otro rasgo de su espíritu burgués fue un estilo intelectual, un estilo llano, ni rebuscado ni utopista, antirretórico a menudo irónico o paródico, con notas de humor cáustico y de lenguaje socarrón" (17).
3. La ley del gallinero: una visión anticanónica de Portales:
La novela de Jorge Guzmán es una densa novela de casi cuatrocientas apretadas páginas que está articulada sobre la base de cuatro partes; a saber, "Tiempos del monopolio", "Tiempos de los liberales", "Tiempos de los pipiolos" y "Tiempos de la revolución conservadora", antecedidas de una especie de prólogo titulado "Final y comienzo", con el subtítulo de "Martes 6 de junio de 1837 que corresponde al día en que el Ministro fue asesinado. Al programar Guzmán el discurso en torno a estos espacios temporales, le exige al lector virtual una competencia lectora que le permita desentrañar el sentido de la trama, ya que aluden evidentemente a los momentos históricos en que se desenvuelve la vida del Ministro Portales.
El relato es un gran friso en que deambulan una notoria cantidad de personajes de las distintas esferas políticas, económicas y culturales que es posible distinguir en dicha época, entre los que Portales es uno más; sin embargo, éste siempre está omnipresente, puesto que es él en quien descansa el proyecto narrativo de Guzmán. Según G. Rojo, -y aludiendo a las tesis de G. Salazar-, "el mayor corte que se puede realizar entre ellos (…), es el que separa al "alto" del "bajo" pueblo". Agrega que "el margen de autonomía del bajo pueblo en las relaciones que el entabla con el alto es limitado"; concluyendo que "el tratamiento del bajo pueblo es en La ley del gallinero más rico y placentero (esto es, más gozoso y gratificante para quien lee la obra) que el del pueblo alto" (18).
El proyecto narrativo de Guzmán en esta novela es, ciertamente, el dar cuenta ficcionalmente de una parte de la historia de Chile nacional, que es el del ascenso al poder de Diego Portales, es decir, mostrar la transición desde los tiempos de los liberales a los de la revolución conservadora, aplicando, como el título de la novela lo señala "la ley del gallinero".
La historia narrativa tiene un comienzo in medias res, es decir el narrador básico nos incorpora inmediatamente en la trama presentándonos al personaje del Juez de Puerto Paraíso, don José Alvarez, quien es despertado al amanecer, con el fin de que vaya a observar el cadáver de Portales asesinado. El primer párrafo abre las expectativas del lector virtual, así como del narratario, dejando abierta una serie de intersticios y vacíos para el lector virtual -de acuerdo a la estética de la recepción- (19), que paulatinamente se irán complementando en el transcurso de la narración:
"Cuando vinieron a buscarlo, al amanecer, el Juez de Puerto Paraíso don José Alvarez estaba a punto de dormirse. Tenía una montaña de sueño acumulada en tres noches de casi total desvelo. El sábado, lo había mantenido insomne la muy alarmante noticia de que el coronel Vidaurre y un grupo de oficiales del Sur habían sublevado a su regimiento y aprisionado al hombre más poderoso de todo el país, el Ministro Portales. El suceso hizo caer sobre las callejas del Puerto una suerte de gran silencio, por encima del cual sonaban, trivializados, los ruidos de siempre. Las gentes se veían cambiadas. Absortos unos. Otros desafiantes. Unos pocos, furiosos" (20).
Este primer párrafo para un lector informado y competente -estamos pensando ahora en el lector real-, es iluminador por cuanto deja entrever ya algunos indicios significativos de lo que vendrá en la andadura narrativa; así, por ejemplo, la frase "la muy alarmante noticia", como la mención del coronel Vidaurre -antiguo colaborador de Portales- y la sublevación del regimiento y el aprisionamiento del Ministro, van entregando la atmósfera discursiva con que se despliega el relato en este verdadero prolegómenos a los distintos tiempos en que está dividida la novela.
En sentido estricto, todo este prefacio se constituye en una especie de primer movimiento de la obra de Guzmán, puesto que en él están dados los indicios diegéticos que la narración de la historia va a explicitar con distintas modulaciones y movimientos. En esta apertura a la polifonía discursiva de la novela, el lector tiene en el pensar del personaje de Alvarez los resquemores y aprehensiones que despertaba el Ministro Portales ante sus conciudadanos:
"Siete años antes, Alvarez había visto con enorme esperanza la revolución conservadora de Portales. Y de alguna manera, todavía lo consideraba un gran político, un hombre público de la rara especie de los que no quieren el poder para medrar, sino para servir. Si mantenía una idea equivocada del servicio, eso no era todavía un asunto moral. Nadie ignoraba que los siete años de dominación casi absoluta sobre el país, en vez de hacerlo más rico, lo tenía en la ruina. Sin embargo, lo que el juez había visto en siete años le daba la seguridad de que si no lograban derrocarlo, iba a convertirse en un tirano espantoso" (21).
El juez Alvarez en estas primeras líneas se nos dibuja como un pusilánime, temeroso ante el Ministro y también ante la posibilidad del triunfo de los opositores, ya que según dice el narrador inmiscuyéndose en la conciencia de su personaje:
"Pero también temía mucho a la derrota de Portales. Odios enormes habían juntado los liberales contra su gobierno conservador que por siete años los afligió con penurias económicas humillantes, con el hambre en sus familias, con destierros, con prisiones, con arrogancias inaguantables" (22).
El discurso del narrador en estas primeras páginas, ciertamente, que nos va configurando la imagen de un Diego Portales autoritario y despótico en el razonar del personaje del juez, toda vez que -como lo dijimos- este prefacio resulta ser una especie de prolepsis narrativa, es decir, un discurso de apertura a los acontecimientos que se desplegarán en los capítulos que conforman la historia.
Los juicios emitidos tanto por Alvarez como por el narrador estarán confirmados en la diégesis. Así, por ejemplo, en el "tiempo de los pipiolos" se nos narra la presencia de Portales en un banquete al que asiste, entre otros, Sofanor Concha, en que había muchos invitados que eran liberales como los Carrera, el narrador -nuevamente inmiscuyéndose en la conciencia de este personaje- y emitiendo juicios de valor, dice respecto de Portales:
"Todos sabían que odiaba a los liberales. Y si algo fueron los Carrera, fue justo eso: liberales. No era fácil entender que estuviera honrándolos este comerciante disoluto, que se las daba de moralista público. Este hijo de padres pobres que despreciaba a los que no tenían propiedades. Este fundador de un diario de insultos y canalladas donde llamaba "pelajianos" a los liberales, porque eran unos pobres "pelados" y porque los acusaba de vivir para "pelar" a los demás de sus bienes y de sus honras" (23).
Ciertamente que el discurso de la ficción narrativa dialoga con el discurso histórico; sin embargo, es notorio que el locutor básico - en su propio discurso, o bien cuando le entrega la voz narrativa a los personajes sea directa o indirectamente desacraliza la imagen del personaje histórico de Portales, recargándolo con diversos epítetos y frases: "comerciante disoluto", "moralista", "despreciativo" y "canalla". La novela, por tanto, nos revela una personalidad que, el discurso historiográfico más reciente como la obra de Villalobos (24), ya ha comenzado a mirar con una perspectiva u óptica analítica distinta a la del discurso histórico tradicional.
Como lo afirmamos más arriba, una de las notas sobresalientes del relato de Guzmán es lo que se ha denominado la polifonía discursiva; en otras palabras la multiplicidad de discursos o el uso consciente de distintos niveles de lenguaje que le dan al relato una mayor variedad estilística en la aprehensión de la realidad. Según Aínsa (25), se trata este fenómeno del discurso de una de las características de la modalidad de la nueva novela histórica hispanoamericana. En este sentido, Rojo (26) sostiene que "en cuanto al discurso narrativo de La ley del gallinero, aclaremos desde luego que no se trata de uno sino de varios. No son lo mismo los discursos habituales en tercera persona, como los que cuentan la epidemia de los temblores de Santiago y la muerte y el velorio de la hija que se le va al cielo a la Francisca (la Tinita, con la que los parientes y amigos hacen el "angelito" consabido), que los discursos en primera".
En el capítulo VI de la primera parte, el lector se enfrenta con uno de estos discursos en primera persona. Allí, el locutor es el propio Diego Portales quien narra uno de sus encuentros con Constanza:
"El sábado dieciocho me obligué a pasar un par de horas junto a Constanza. Llevaba seis benditas semanas de no verla. Pocas veces he estado más alegre en toda mi vida que esa tarde. El día anterior había terminado casi dos años de continuo esfuerzo. Éxito completo. El gobierno nos vendía, por fin, todo el Monopolio del Tabaco, Naipes y Licores" (27)
Portales-narrador se nos devela en su discurso como un personaje enamoradizo, una especie de calavera, que mezcla sus afanes sentimentales con sus preocupaciones mercantiles; ahora con el monopolio adjudicado, Portales piensa, pragmáticamente, que sus pesares de hombre pobre quedarán atrás, pudiendo de este modo formalizar su relación con la niña bien, Constanza, a quien había embarazado.
Constanza, por su parte, también se transforma en narradora, usando como pretexto discursivo su diario de vida. Como sabemos, el diario de vida corresponde a una formalización textual que, desde los tiempos de la conquista de América, encontró un terreno propicio para desarrollarse como una especie de escritura particular dentro de los cánones conventuales. Como ha dicho M. Glanz (28) era un tipo de "labores de mano" ejercitado por las monjas, sólo que en este caso se trataba de un bordado lingüístico. Obviamente que el diario de vida -llamado también autobiografía dentro del ámbito conventual- se hizo extensivo después a los otros ambientes de la sociedad colonial; y, en los siglos posteriores, se transformó en una forma escritural propio de las mujeres pertenecientes a la burguesía.
El diario de vida de Constanza de Nordenflycht -el personaje ficcional- es el tú con el que dialoga la amada de Portales; Constanza apela, apostrofa, al diario como esperando de él una respuesta ante sus inquietudes sentimentales, pero también otras de índole diferente:
"Después de darle su papa a Ricardito, te he seguido leyendo, diario. Si levanto mi vista de tus ajadas páginas, veo el firmamento tachonado de estrellas. La Vía Láctea. Dijo Diego que se llamaba así porque los antiguos creyeron que Hércules le apretó su teta a Juno y el chorro de leche salpicó de luces la noche" (29)
El lenguaje sentimental de la locutora propio de una personalidad romántica que revisa las "ajadas páginas" del diario, con la invocación del nombre de Portales que se nos tematiza también como un hombre ilustrado. Por otra parte, en las líneas siguientes, Constanza alude a una promesa no cumplida que -probablemente- en la experiencia concreta del personaje explicará parte de su existencia malograda como una actante desgraciada en el devenir de los acontecimientos:
"Lo que tú conociste decía ´si mi mamita se muere, Dios mío, quiero que me ayudes a consagrarte humildemente mi vida". Y el Cura Torres me decía que esa era la mejor decisión que una mujer podía tomar en este mundo: abandonarlo y ser la esposa de Cristo Jesús. De eso no hace todavía cinco años. Y ahora estoy aquí, viviendo con mis dos hijos y una empleada que es tonta, pero es obediente y buena conmigo y con los niños" (30).
El narrador básico de la novela de Guzmán, tal como lo sostiene Rojo (31), "se distingue por su morosidad, por su agudeza y por el ojo del novelista puesto sobre el brillo de lo particular y concreto". El trabajo lingüístico del novelista, a pesar de que no tiene el sentido con que se manifestaba en Ay mama Inés, atrae y atrapa al lector del texto precisamente por los diversos niveles lingüísticos del habla chilena (v.gr. "tiempos de peloteras y zafacocas"). Así, ocurre en el discurrir monologante de Cruz Galleguillos:
"Si esta mierda de yegua vuelve a dar otro brinco como el de recién, termino enterrada en el barro hasta el ombligo (…) Un rebenque debí traer y no esta varillita de mimbre, y sacarle un pedazo de hocico a esta mierda de yegua para que aprenda a no dar esos tremendos brincos" (32).
La visión de Portales y de los diversos tiempos históricos en que se divide el relato, así como la proliferación de acontecimientos y personajes que participan en la novela de Guzmán, a juicio de Rojo (33), tienden a desdibujar la presencia de Diego Portales, es decir, tiende a esfumarse; por el contrario, sostiene este crítico que el héroe de la novela no es singular sino colectivo. En otras palabras, el pueblo de Chile, ya que Portales se materializa como un héroe pequeño. Agrega Rojo que "eso no significa que no haya en este Portales un sujeto inteligente e inescrupuloso, cuyas acciones nefandas tienen el éxito que tienen habida cuenta de una coyuntura histórica en las que los dueños del poder pueden hacer un uso óptimo de esta suerte de individuo" (34).
De acuerdo al discurso histórico tradicional, Portales fue el constructor de la nacionalidad en el principio de nuestra existencia como República (35). La presencia del ejercicio del poder político, más bien, el ejercicio pragmático del mando, en lo que se ha denominado el autoritarismo portaliano, hacen que el Ministro tenga una virtualidad narrativa a lo largo de la novela, a pesar del desdibujamiento que de él se produce en más de una instancia diegética. Una de los indicios de la presencia del Ministro Portales, según ha hecho notar Jocelyn-Holt es la imagen de un Portales siempre sonriente. Una interpretación que le da el historiador a la sonrisa del personaje tanto cuando gana como cuando pierde, explicaría el sentido del título de la novela. Dice Jocelyn-Holt que "la suya es la sonrisa del que esconde sus motivos, la de un conspirador y manipulador , el que pecha por los más altos escalones del gallinero usando malas artes, y se mofa de los restantes, los "gallinas" (36).
Sin embargo, el historiador -con el que concordamos- argumenta que dicha sonrisa que a veces se transforma en mueca, estaría revelándonos a un Portales escéptico de sí mismo que se esconde tras ese gesto facial. "Pero la mueca Guzmán pareciera entenderla únicamente como despreciativa de los demás, cuando en verdad es de sí mismo que se está riendo. En cuyo caso Portales es un hombre muy razonable, muy reflexivo, no sólo un obseso del poder. El poder, al fin de cuentas, no se la puede con la razón. Por eso siempre queda la mueca, o si se quiere, la sonrisa de la razón, la ironía final de saberse un nada" (37).
En definitiva, se trata el relato de Jorge Guzmán de un ambicioso proyecto narrativo. Es una novela, de todos modos, que puede ser leída desde distintas perspectivas porque es, precisamente, una historia poliédrica que presenta diversas aperturas interpretativas. Las relaciones de intertextualidad y los rasgos paródicos, satíricos y burlescos hacen del relato guzmaniano una interesante propuesta que apela constantemente al lector. Un lector competente fácilmente descubrirá los juegos discursivos que entabla el narrador con el tiempo presente (la mención a "los mil días" de la Patria Vieja, por ejemplo). La visión anticanónica del personaje histórico de Portales llevada a cabo por Jorge Guzmán, nos revela en éste a uno de los más sobresalientes narradores chilenos contemporáneos.
4. Notas:
1. Guzmán, Jorge: La ley del gallinero. Santiago: Editorial Sudamericana. 1998. 392 pp.
2. Goic, Cedomil: Historia de la Literatura Hispanoamericana. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso. 1972. Ver páginas 244-250.
3. Cfr. Nuestro artículo: "Acerca de la ficcionalización de la historia en Mercedes Valdivieso y Jorge Guzmán", en: Historia y novela. La ficcionalización de la historia en la narrativa latinoamericana. Francia: Université de Poitiers. 1996. (Fernando Moreno, ed.), pp. 17-22. Tb. Cfr. "Ay mama Inés de Jorge Guzmán: la reescritura de la Historia", tesina dirigida por nosotros, de Valeska de la Fuente, et al, para optar al Grado de Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas. Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, 1994.
4. Jocelyn-Holt, Alfredo: El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica. Argentina: Editorial Ariel. 1997, p. 107.
5. Idem., pp. 107-108.
6. Subercaseaux, Bernardo: Historia, literatura y sociedad. Ensayos de hermenéutica cultural. Santiago: Ediciones Documentas-CENECA-CESOC. 1991. Ver págs. 11-40.
7. Idem., p. 20.
8. Jocelyn-Holt, op.cit., p. 109.
9. Méndez Marín, Mercedes: "Canto fúnebre a la muerte de don Diego Portales", en: Promis, José: Poesía romántica chilena. Santiago: Editorial Nascimento. 1975, pp. 18-31.
10. Silva Vildósola, Carlos: Páginas Escogidas. Santiago: Editorial Andrés Bello. 1969, p. 84.
11. Jocelyn-Holt en su ensayo "Portales: un romántico escéptico del poder" -que forma parte de la obra citada en la nota 4-, hace una síntesis de las diversas orientaciones historiográficas con que la crítica ha abordado al personaje histórico de Diego Portales; ver las páginas 120-129.
12. Jocelyn-Holt, op. cit., p. 129.
13. Jocelyn-Holt, op. cit., pp. 132-133.
14. Portales, Diego: carta del 16 de julio de 1882. Epistolario de don Diego Portales, 1821-1837, comp. Ernesto de la Cruz y Guillermo Feliú Cruz. Santiago. 1937, T. II, pp.228-229.
15. Jocelyn-Holt, op. cit., p. 151.
16. Subercaseaux, op. cit. pp. 22-23
17. Idem., p. 31.
18. Rojo, Grinor: "Anotación sobre La ley del gallinero" en: Revista Chilena de Literatura. Universidad de Chile. Nº 56. 2000, p. 106.
19. Cfr. "La estructura apelativa de los textos" y "El proceso de lectura" de Wolfgang Iser, en: Estética de la recepción. Madrid: Visor. 1989. (Rainer Warning, ed.), pp. 133-165.
20. Guzmán, op. cit., p. 13.
21. Idem., p.19.
22. Idem.
23. Idem., p. 250.
24. Villalobos, Sergio: Portales: una falsificación histórica. Santiago: Editorial Universitaria. 1989.
25. Aínsa, Fernando: "La nueva novela histórica hispanoamericana", en: Plural, nº 240, septiembre 1991, pp. 82-85. Un texto clásico chileno que sirve para contrastar la nueva novela histórica de la novela histórica es La novela histórica en Chile de José Zamudio (Buenos Aires: Editorial Francisco de Aguirre. 1973). A propósito de la ficcionalización de la época portaliana, Zamudio menciona entre los relatos que lo han hecho tempranamente, la obra de Daniel Barros Grez, Pipiolos y Pelucones (1876), a la que califica de "apasionada sátira" política contra el régimen pelucón, o sea el gobierno del General Prieto y de su ministro Diego Portales.
26. Op. cit., p. 108.
27. Guzmán, op.c it., p. 58.
28. Glanz, Margo: "La conquista de la escritura: Sor Juana y otras monjas", en: Debate feminista, México, año 3, vol. 5, marzo 1992, pp. 223-239. Cfr. Tb. Nuestro artículo: "Los escritos de Santa Teresa de Los Andes" en: La Revista Católica. Santiago: Seminario Pontificio Mayor. Nº 1.129 (1). 2001, pp.29-32.
29. Guzmán, op.cit., p.128.
30. Idem.
31. Rojo, op. cit., p. 108. La anotación de Grínor Rojo a la novela de Guzmán es uno de los escasos textos críticos que ha suscitado el texto guzmaniano, y ha sido muy iluminador para nuestra propia lectura.
32. Guzmán, op.c it., p. 199.
33. Rojo, op. cit., p. 107.
34. Idem.
35. Una síntesis de la república portaliana, se puede revisar en Foresti, Carlos, et al: La narrativa chilena. Desde la Independencia hasta la Guerra del Pacífico 1810-1859. Santiago: Editorial Andrés Bello. Tomo I. 2000, página 47 y siguientes. La obra de Foresti et al es un texto fundamental acerca de las relaciones entre historia y ficción. Para los lectores no interiorizados de la realidad chilena y de la relación entre texto y contexto, la obra incluye una visión general sobre la evolución del país en las primeras décadas del siglo XIX.
36. Jocelyn-Holt, Alfredo: "Entre gallos y medianoche", en: Espejo retrovisor. Santiago: Editorial Planeta, 2000, p.65.
37. Idem., pp. 36-37.
AGOSTO / 2001





