MECÁNICA DIVINA
...Salí de aquel caserón repleto de almas inquietas y de pronto me hallaba ante un océano de silencio.La cálida semi-oscuridad que abrazaba el espacio infinito en el que ahora me hallaba era reconfortante. No me dejaba ver a que punto estaba la marea. Sentí el frescor cálido de las ondas silenciosas que acariciaban mis tobillos. Creí perder el equilibrio y me dejé arrastrar por ese líquido del que ya formaba parte. No sabía si volvería a aquella mágica costa. Casi de inmediato el mar volvió a depositarme suavemente sobre la arena límpida, suave y cristalina, cuyo tacto era dulce como el abrazo de una madre cuando se es niño. Reposaba en aquella dimensión de calma, entre la playa silenciosa, de olas mudas, y un manto de astros que abrían el infinito sobre mí. A lo lejos podía verse la tierra, cerca la luna y algo más apartado un planeta rojo que era iluminado cíclicamente por un tenue resplandor que giraba a 360 grados. Todo aquello era yo mismo. El agua reposada. la arena límpida, la inmensidad astral...nada era materia, nadie personificación...sólo un todo homogéneo que era la nada.Un vacío de portentosa belleza que colmaba la inmensidad existencial...y esa quietud había gloriosamente triunfado sobre la materia. Luego al alba todo se desvaneció, progresivamente, con dulzura...y poco a poco una dolorosísima nostalgia fue invadiéndome. Quién sabe si podré volver a formar parte de la
mecánica divina.
mecánica divina.




