COMENTARIO OBRAS DE PALOMA PAJARO EN EL DOMUS ARTIUM DE SALAMANCA
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A primera vista las imágenes coloristas de iconografía festiva que conforman de una manera permanente las obras de Paloma Pájaro parecen evocar universos de felicidad. Tanto por dicha presencia iconográfica como por el modo en que están elaboradas: colores mayoritariamente planos, descontextualización de las figuras, perspectiva plana, contrastes lumínicos intensos… establecen relaciones implícitas con algunos artistas emblemáticos del pop art norteamericano como James Rosenquist, Ed Ruscha o Mel Ramos. En general los protagonistas de aquella tendencia de los años sesenta glorificaban tácitamente la cultura de consumo que por entonces sólo se hallaba en sus primeras fases de desarrollo. La extensión de la tecnología al ámbito doméstico, como refleja el histórico collage de Richard Hamilton, Just what is it that make today’s home so different so appealing?, el incremento cuantitativo de la publicidad como una forma eficaz de incentivación del consumo de todo tipo de productos elaborados, no podía, por entonces, suscitar sino entusiasmo, pues representaba la superación de los difíciles años de postguerra que además mejoraban considerablemente el confort previo al evento bélico. La pintura pop instauró esa iconografía de la banalidad consumista y también unos criterios plásticos encabezados por la intensidad cromática; un cromatismo vibrante aplicado a las figuras descontextualizadas en espacios planos que en los últimos años han sido retomados por algunos artistas de las últimas generaciones. De manera que la poética de Paloma Pájaro no supone una extrañeza, pues la comparte con artistas españoles como Salvador Cidrás, e incluso con otros del propio ámbito castellanoleónes. Por ejemplo con Félix Angulo o Jesús Alonso. Pero dicha orientación formal se relacionó también con el fotorrealismo, una expresión que delata tanto el origen de la imagen representada: la cámara fotográfica, como el carácter de la misma, si bien el resultado no es precisamente realista, algo que asimismo es palpable en las imágenes de Paloma Pájaro.
Si la representación se limitara a la imagen de la casa unifamiliar, como en la citada obra de Paul Staiger, el discurso se concentraría en el orden sociológico. Sin embargo, como he señalado, en la serie de Paloma Pájaro forma parte de un díptico que se completa con la presencia de una figura humana, lo que hace derivar la lectura hacia un ámbito psicosocial. Así lo que a priori parecía constituir un espacio de la dicha se convierte en testimonio de la infelicidad, sobre todo porque la artista ha concentrado la representación humana en el rostro para enfatizar lo que ella misma ha denominado “lectura emocional de la imagen”. Y los rostros expresan en todos los casos sentimientos de desdicha: dolor, aburrimiento, tristeza, asco; exteriorizan sus sentimientos con gran intensidad, casi de una forma exagerada, un signo inequívoco tanto de su veracidad como de su desesperación, ya que sólo cuando el grado de aflicción es muy elevado su manifestación exterior elude toda contención. La descontextualización a que son sometidos por la artista, recortándolos sobre un fondo blanco y encuadrándodos en un plano corto, incrementa el carácter dramático de sus expresiones. La yuxtaposición de estos pares de imágenes sin vinculaciones formales explícitas me hace recordar el “efecto Kulechov”, una experiencia cinematógrafica inserta en la orígenes de las vanguardia soviética que resultaría decisiva en el desarrollo de la teoría del montaje cinematográfico de aquel movimiento.
El texto forma está extraido del realizado por Javier Hernando para el catalogo que se editará proximamente.


At first sight, the colourist images of holiday iconography that permanently feature in the work of Paloma Pájaro seem to evoke universes of happiness. But not only because of the iconography, also because of the way that they are represented - the mostly flat colour, the decontextualisation of the figures, the flat perspective, the intense contrast of light…etc. all imply a link to emblematic artists of American pop art such as James Rosenquist, Ed Ruscha or Mel Ramos. In general, the leaders of the 60’s movement tacitly glorified consumerist society that was still in its infancy at the time. The spread of technology into the home, as reflected in Richard Hamilton’s collage, Just what is it that make today’s home so different so appealing?, and the quantitative increase in publicity as an effective incentive for the consumption of all types of products could not at the time instil anything but enthusiasm, since it reflected the idea that the difficult post-war years had been overcome and even comforts prior to the war had been improved upon. Pop painting established this iconography of consumerist banality and also certain visual criteria, in particular an intensity of colour. In recent years, the same vibrance of colour has been re-examined by a new generation of artists, applying it to decontexualised figures in flat spaces. As such, the poetics of Paloma Pájaro isn’t so unusual and shares a lot in common with artists like Salvador Cidrás, and even some from Castilla y León such as Felíx Angulo and Jesús Alonso. This formal tendency also relates to photo-realism which challenges both the origin of the image represented – the camera – and its very nature even though the result isn’t realist as such. It too is a quality that is very noticeable in the images of Paloma Pájaro.
The representations of holiday homes that make up the series of diptychs in Quédate día feliz (Stay, happy day) transmit a sensation of strangeness, due in large part to the use of form mentioned above which bankrupts the naturalistic logic of the scene. In this sense, it would seem valid that the sensations produced by the work would be similar to other pieces, though they may have been produced at very different time. The analysis that Peter Sager made of Tony Curtis’ House by photo-realist Paul Staiger in 1971, might also be applied to the work of Paloma Pájaro: “Staiger hasn’t added or eliminated objects but has instead nullified its materialism by inserting heavy areas of light and shade.
The text is a part of the written tyext for the catalogue by Javier Hernando

A primera vista las imágenes coloristas de iconografía festiva que conforman de una manera permanente las obras de Paloma Pájaro parecen evocar universos de felicidad. Tanto por dicha presencia iconográfica como por el modo en que están elaboradas: colores mayoritariamente planos, descontextualización de las figuras, perspectiva plana, contrastes lumínicos intensos… establecen relaciones implícitas con algunos artistas emblemáticos del pop art norteamericano como James Rosenquist, Ed Ruscha o Mel Ramos. En general los protagonistas de aquella tendencia de los años sesenta glorificaban tácitamente la cultura de consumo que por entonces sólo se hallaba en sus primeras fases de desarrollo. La extensión de la tecnología al ámbito doméstico, como refleja el histórico collage de Richard Hamilton, Just what is it that make today’s home so different so appealing?, el incremento cuantitativo de la publicidad como una forma eficaz de incentivación del consumo de todo tipo de productos elaborados, no podía, por entonces, suscitar sino entusiasmo, pues representaba la superación de los difíciles años de postguerra que además mejoraban considerablemente el confort previo al evento bélico. La pintura pop instauró esa iconografía de la banalidad consumista y también unos criterios plásticos encabezados por la intensidad cromática; un cromatismo vibrante aplicado a las figuras descontextualizadas en espacios planos que en los últimos años han sido retomados por algunos artistas de las últimas generaciones. De manera que la poética de Paloma Pájaro no supone una extrañeza, pues la comparte con artistas españoles como Salvador Cidrás, e incluso con otros del propio ámbito castellanoleónes. Por ejemplo con Félix Angulo o Jesús Alonso. Pero dicha orientación formal se relacionó también con el fotorrealismo, una expresión que delata tanto el origen de la imagen representada: la cámara fotográfica, como el carácter de la misma, si bien el resultado no es precisamente realista, algo que asimismo es palpable en las imágenes de Paloma Pájaro.
Si la representación se limitara a la imagen de la casa unifamiliar, como en la citada obra de Paul Staiger, el discurso se concentraría en el orden sociológico. Sin embargo, como he señalado, en la serie de Paloma Pájaro forma parte de un díptico que se completa con la presencia de una figura humana, lo que hace derivar la lectura hacia un ámbito psicosocial. Así lo que a priori parecía constituir un espacio de la dicha se convierte en testimonio de la infelicidad, sobre todo porque la artista ha concentrado la representación humana en el rostro para enfatizar lo que ella misma ha denominado “lectura emocional de la imagen”. Y los rostros expresan en todos los casos sentimientos de desdicha: dolor, aburrimiento, tristeza, asco; exteriorizan sus sentimientos con gran intensidad, casi de una forma exagerada, un signo inequívoco tanto de su veracidad como de su desesperación, ya que sólo cuando el grado de aflicción es muy elevado su manifestación exterior elude toda contención. La descontextualización a que son sometidos por la artista, recortándolos sobre un fondo blanco y encuadrándodos en un plano corto, incrementa el carácter dramático de sus expresiones. La yuxtaposición de estos pares de imágenes sin vinculaciones formales explícitas me hace recordar el “efecto Kulechov”, una experiencia cinematógrafica inserta en la orígenes de las vanguardia soviética que resultaría decisiva en el desarrollo de la teoría del montaje cinematográfico de aquel movimiento.
El texto forma está extraido del realizado por Javier Hernando para el catalogo que se editará proximamente.

At first sight, the colourist images of holiday iconography that permanently feature in the work of Paloma Pájaro seem to evoke universes of happiness. But not only because of the iconography, also because of the way that they are represented - the mostly flat colour, the decontextualisation of the figures, the flat perspective, the intense contrast of light…etc. all imply a link to emblematic artists of American pop art such as James Rosenquist, Ed Ruscha or Mel Ramos. In general, the leaders of the 60’s movement tacitly glorified consumerist society that was still in its infancy at the time. The spread of technology into the home, as reflected in Richard Hamilton’s collage, Just what is it that make today’s home so different so appealing?, and the quantitative increase in publicity as an effective incentive for the consumption of all types of products could not at the time instil anything but enthusiasm, since it reflected the idea that the difficult post-war years had been overcome and even comforts prior to the war had been improved upon. Pop painting established this iconography of consumerist banality and also certain visual criteria, in particular an intensity of colour. In recent years, the same vibrance of colour has been re-examined by a new generation of artists, applying it to decontexualised figures in flat spaces. As such, the poetics of Paloma Pájaro isn’t so unusual and shares a lot in common with artists like Salvador Cidrás, and even some from Castilla y León such as Felíx Angulo and Jesús Alonso. This formal tendency also relates to photo-realism which challenges both the origin of the image represented – the camera – and its very nature even though the result isn’t realist as such. It too is a quality that is very noticeable in the images of Paloma Pájaro.
The representations of holiday homes that make up the series of diptychs in Quédate día feliz (Stay, happy day) transmit a sensation of strangeness, due in large part to the use of form mentioned above which bankrupts the naturalistic logic of the scene. In this sense, it would seem valid that the sensations produced by the work would be similar to other pieces, though they may have been produced at very different time. The analysis that Peter Sager made of Tony Curtis’ House by photo-realist Paul Staiger in 1971, might also be applied to the work of Paloma Pájaro: “Staiger hasn’t added or eliminated objects but has instead nullified its materialism by inserting heavy areas of light and shade.
The text is a part of the written tyext for the catalogue by Javier Hernando
DARREN ALMOND VISTO POR JUAN ALBARRÁN
Cuando un artista toma su propia experiencia vital, sus recuerdos o su fami-lia como motivos centrales de su trabajo, corre el peligro de caer en un subjetivismo radical difícilmente contestable. En el complejo, espinoso y discutible panorama del arte actual, donde ya no quedan dogmas ni valores establecidos, las obras deben enfrentarse a un proceso de legitimación: qué las hace interesantes, qué las convierte en pertinentes, qué puede atraernos de ellas. El subjetivismo, en tanto yo proyectado sobre la obra, ha sido (y por desgracia sigue siendo) el valor central de buena parte de las prácticas artís-ticas contemporáneas convertidas así en ejercicios onanísticos tremendamente placente-ros para sus creadores y carentes de verdadero interés para el espectador.
Las cuestiones relacionadas con la intimidad y la vida privada han venido siendo temáticas habituales entre los artistas de la generación de Almond: pensemos en los amantes y la cama de Emin, en la peculiar familia de Billingham o en la enfermedad de Taylor-Wood. En el caso de Almond, las referencias personales van mucho más allá de la pura autocomplacencia. Sus preocupaciones personales sirven para abordar algunos de los grandes temas del hombre: la enfermedad, la memoria, el paso del tiempo, el trabajo, las relaciones afectivas, etc. Todo ello a través de imágenes de una belleza extraña, casi molesta, seductoras e inquietantes al tiempo. Imágenes que configuran espacios de reflexión delimitando la oscuridad de unas salas en las que los recuerdos de Al-mond pasan a ser también nuestros.
Juan Albarrán es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca. Corresponsal de la revista Art.es en Castilla y León
Las cuestiones relacionadas con la intimidad y la vida privada han venido siendo temáticas habituales entre los artistas de la generación de Almond: pensemos en los amantes y la cama de Emin, en la peculiar familia de Billingham o en la enfermedad de Taylor-Wood. En el caso de Almond, las referencias personales van mucho más allá de la pura autocomplacencia. Sus preocupaciones personales sirven para abordar algunos de los grandes temas del hombre: la enfermedad, la memoria, el paso del tiempo, el trabajo, las relaciones afectivas, etc. Todo ello a través de imágenes de una belleza extraña, casi molesta, seductoras e inquietantes al tiempo. Imágenes que configuran espacios de reflexión delimitando la oscuridad de unas salas en las que los recuerdos de Al-mond pasan a ser también nuestros. Juan Albarrán es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca. Corresponsal de la revista Art.es en Castilla y León
ANÍMATE, VEN A VISITAR LAS EXPOSICIONES DEL VERANO
DOCUMENTA EN EL DOMUS ARTIUM DE SALAMANCA
Desde que Docuemnta comenzó en 1955 su andadura en Kassel se convirtió en el referente, bastante endocentrico, de todos los amantes del arte de hoy hasta el punto de marcar tendencias y reconocimientos. En algo tan discutido como el arte último, pocos se atreven a discutir. A ello ayuda el que por su ritmo de celebración (cada 4 o 5 años) le da tiempo a analizar - o a inducir - lo que se hace o se hará en el arte. Ahora se nos ofrece un apretado repaso por su historia mediante documentaos gráficos y visuales de cada una de las Documenta. Creo que, salvo para minorias muy vinculadas la rate, esta parte de la exposición resulta frio por historicista en exceso. Pero los organizadores han logrado un asidero más atractivo. Por un lado, se ha encargado una obra de arte que responda a las propuestas de cada documenta. Por otro lado, la sección de "videos y performances" permiten ver obras y autores fundamentales en este tiupo de soportes, tales como Beys, Nauman y Beckett.El texto es de Ricardo López





