La avestruz deprimida
Como sueño kafkiano, una mañana al despertar no me reconocí... largo rato me estuve observando al espejo y por momentos sentí que no tenía cabeza, circunstancia que contrastaba con la larga cola que imaginaba por detrás, lista para ser aplastada por cualquiera que pasara a mi lado... todo el dia tuve esa horrible sensación de inseguridad, de verguenza, de desapego de lo que hasta ahora he sido.
Los días continuaron y en el noble oficio de "educar" a pequeñas criaturas incíviles, con problemas de conducta y aprendizaje, de nivel medio superior, caí en la cuenta de que ahora tengo que predicar justamente lo contrario a mis actitudes más cotidianas, es más, y sin afán de lavarme las manos, podría decirse que actitudes inconsientes.
Durante toda mi vida he pasado de un extremo a otro: de la irresponsabilidad al perfeccionismo, de la irreverencia a la lambisconería, de la imposición a la falta de carácter. Es entonces cuando pienso ¿como carajos pasó esto? de las millones de escuelas que existen en esta ciudad de México a qué hora caí en esta de niñitos problema. Seguramente es karma, si, ahora he de aprender con sangre que es respetar y asegurarme el respeto.
Confieso que me voy reconstruyendo, cada mañana me digo HOY SI ESTOS CABRONCITOS SABRÁN DE QUE ESTOY HECHA... pero cuando ya en plan de descansar, por la noche, enciendo el televisor y miro ¡como nuestra cámara de diputados desconoce los más elementales valores morales! se me agotan los argumentos. Me doy cuenta que en este país hay que ir contra corriente si pretendemos actuar como gente, pues somos calca pura de la sociedad que nos rodea.
Comentario:
pues... de eso justamente es lo que mucha gente huye... explíqueme señorita, cómo fue a caer allá? me debe un café y una laaaaaaarga plática...





