Viernes de invitados
L´imagination
¿Cuántas veces la imaginación ha sido nuestro salva vidas? ¿No es verdad que nos estimula, nos eleva, nos lleva a lugares que nunca conoceremos? y a otros de los que sabemos ¡tan poco! ¿Quién dice que la historia y la imaginación no son buena compañía? que no se retroalimentan... ¡Pero claro! esta declaración no es la invención del "agua hervida", ni mucho menos interesante para todo el mundo, lo que sí puede serlo es el relato de don Gilbertito, historiador y candidato a maestro por la UNAM.
Se trata de un cuento situado en la época colonial; como es extenso para publicarlo de una sola vez, lo iremos haciendo poco a poco en nuestros viernes de invitados. Gracias amigo.
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El bautizo.
Por supuesto que nadie se lo esperaba. Si se pudieran prevenir estas cosas tal vez no ocurrirían y, de ocurrir, todo el remolino de sensaciones que producen cobraría otro sentido, otro matiz; pero la suerte es así, qué se le va hacer. Su suerte había sido estar allí, en ese preciso momento.
Margarita se lo había dicho desde la mañana, cuando despertó con el canto del colorado y la humedad de las últimas lluvias del verano. Había tenido otro de sus sueños. Estaba en medio de la sierra con su rebozo de bolitas como única ropa, él la había dejado, la había abandonado para regresar a España con su esposa y sus dos hijos. Llovía y ella misma se diluía entre las gotas, era una lágrima perdida entre los pétalos de una margarita solitaria. Si, de una margarita.
-Un día de estos te vas a volver loca si sigues soñando esas tonterías. Cuantas veces te he dicho que vine desde España cuando apenas tenía trece años. Anduve viajando con mi tío Ildefonso hasta que el pobre se murió. ¿Cómo iba a tener esposa, y luego dos hijos? Mejor préndete el fogón que ya tengo que ir con don Manuel.
José Antonio nunca le había mentido a su esposa. La amó desde el primer momento en que la vio esa mañana al salir de misa. Tenía doce años de andar recorriendo Nueva Vizcaya, e incluso llegó hasta el Nuevo Santander, con su tío Ildefonso. Gracias a él había salido de Mondragón, en las Montañas Vascas, cuando su padre murió...
¿Cuántas veces la imaginación ha sido nuestro salva vidas? ¿No es verdad que nos estimula, nos eleva, nos lleva a lugares que nunca conoceremos? y a otros de los que sabemos ¡tan poco! ¿Quién dice que la historia y la imaginación no son buena compañía? que no se retroalimentan... ¡Pero claro! esta declaración no es la invención del "agua hervida", ni mucho menos interesante para todo el mundo, lo que sí puede serlo es el relato de don Gilbertito, historiador y candidato a maestro por la UNAM.
Se trata de un cuento situado en la época colonial; como es extenso para publicarlo de una sola vez, lo iremos haciendo poco a poco en nuestros viernes de invitados. Gracias amigo.
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El bautizo.
Por supuesto que nadie se lo esperaba. Si se pudieran prevenir estas cosas tal vez no ocurrirían y, de ocurrir, todo el remolino de sensaciones que producen cobraría otro sentido, otro matiz; pero la suerte es así, qué se le va hacer. Su suerte había sido estar allí, en ese preciso momento.
Margarita se lo había dicho desde la mañana, cuando despertó con el canto del colorado y la humedad de las últimas lluvias del verano. Había tenido otro de sus sueños. Estaba en medio de la sierra con su rebozo de bolitas como única ropa, él la había dejado, la había abandonado para regresar a España con su esposa y sus dos hijos. Llovía y ella misma se diluía entre las gotas, era una lágrima perdida entre los pétalos de una margarita solitaria. Si, de una margarita.
-Un día de estos te vas a volver loca si sigues soñando esas tonterías. Cuantas veces te he dicho que vine desde España cuando apenas tenía trece años. Anduve viajando con mi tío Ildefonso hasta que el pobre se murió. ¿Cómo iba a tener esposa, y luego dos hijos? Mejor préndete el fogón que ya tengo que ir con don Manuel.
José Antonio nunca le había mentido a su esposa. La amó desde el primer momento en que la vio esa mañana al salir de misa. Tenía doce años de andar recorriendo Nueva Vizcaya, e incluso llegó hasta el Nuevo Santander, con su tío Ildefonso. Gracias a él había salido de Mondragón, en las Montañas Vascas, cuando su padre murió...





