SOCIALISMO EN TIEMPOS DIFICILES
Zapatero, abocado a defender el Estado social en una Europa que afronta la crisis escorada a la derecha
La UE, integrada mayoritariamente por Gobiernos conservadores, sólo abandona temporalmente de su parálisis institucional y de identidad para consensuar proyectos impensables hace unos años, como el aumento de la semana laboral hasta las 65 horas semanales, el progresivo aumento en la potestad estatal de vigilar a los ciudadanos en nombre del combate contra el terrorismo o la posibilidad de detener a los inmigrantes ilegales hasta 18 meses antes de su expulsión. A nivel interno, la extensión de la percepción de la crisis anima a los liberales a ser más explícitos cuando aluden a las “reformas” necesarias: “adelgazar” las competencias gubernamentales y reivindicar una vez más el thatcherismo. A pesar del contexto desfavorable, Zapatero reivindica los niveles de protección social conseguidos. A nivel internacional, insiste en la cooperación multilateral como único mecanismo para afrontar retos inseparables como la inmigración y la pobreza agravada ahora por la crisis alimentaria.
La parálisis institucional de la UE acuciada por el rechazo francés a la Constitución europea y más recientemente por el no de Irlanda al Tratado de Lisboa tiene como reverso el refuerzo de los ejes de poder tradicionales en la Unión: Francia, Alemania y, en menor medida, Italia; todos ellos –como en la mayor parte del resto de Europa por otra parte- controlados por Ejecutivos conservadores que están escorando la Unión hacia sus postulados. Así se ha puesto de manifiesto recientemente con la aprobación del aumento de la semana laboral o la posibilidad de recluir a inmigrantes hasta 18 meses antes de expulsarlos.
La crítica suena más en soledad
La soledad del Ejecutivo socialista español quedó patente cuando fue una de las pocas voces que se levantaron contra el proyecto de criminalizar a los inmigrantes ilegales de Silvio Berlusconi en Italia, lo que permitió a la ultraderecha italiana que gobierna en coalición presentar la crítica como una injerencia.
“Nunca correlación de fuerzas tan desfavorable”
En el seno de la UE, Alejandro Cercas, ponente socialista en la directiva laboral, justificaba en la debilidad actual de su grupo el hecho de que no se hubieran opuesto mayoritariamente a las 65 horas: “Nunca la correlación de fuerzas ha sido tan desfavorable y esto nos lo pone muy difícil si queremos influir. Si se quiere frenar la iniciativa, hay que tratar de unir al mayor número de países y esto es más fácil con la abstención que con la negativa”. En declaraciones a El País, Cercas advertía de que “el momento es tremendamente delicado: con tantas barbaridades se están fabricando millones de euroescépticos”.
Pescando en río revuelto
Estas restricciones se producen en gran parte enarbolando el miedo ante la crisis económica, una situación propicia para señalar a los inmigrantes como chivos expiatorios mientras se sacrifican logros sociales en nombre de las “reformas” necesarias. En España, las discusiones semánticas sobre si asistimos a una crisis, a una desaceleración, o una coyuntura desfavorable ocultan otro debate de más calado: cuáles son esas “reformas” a las que se aluden para afrontar los problemas. Desde la FAES de Aznar aprovechan la crisis para recetar una vez más liberalismo y reducción del gasto social. Aguirre ha recogido el guante y habla ya de “reducir el gasto y adelgazar el Gobierno” como prioridad en la CAM. Incluso el presidente de los obispos españoles, Rouco Varela, ha hecho bandera del liberalismo económico en un reciente discurso apuntando al carácter “extraordinariamente absorbente” de los impuestos y reclamando que las competencias del Estado se limiten a garantizar “el justo orden público”.
Diálogo social y protección
En esta situación desfavorable y a nivel nacional, Zapatero insiste en que actuará en sintonía con la patronal y los sindicatos y presentaba el diálogo social como uno de los principales “activos” para solventar la situación económica, apuntando asimismo al mantenimiento del nivel de protección social ante “las dificultades” y mostrando su oposición a las 65 horas o a la contención salarial.
Problemas globales, soluciones globales
En el plano europeo, se impone el pragmatismo. Zapatero está haciendo gala de una buena sintonía con Sarkozy, cerrando con él acuerdos estratégicos en materia de inmigración, energía o lucha antiterrorista. A falta de interlocutores progresistas, el presidente busca aliados más allá de las fronteras de la Unión para poner en práctica otro tipo de políticas. A la hora de afrontar la inmigración ilegal por ejemplo, ya en la pasada legislatura insistió en que no basta con una política de control de aduanas mientras persistan los problemas que llevan a los emigrantes a abandonar sus países de origen. En este sentido, ha anunciado “un nuevo Plan África”, aumentando “la apertura de embajadas y oficinas comerciales” y los recursos para la cooperación. Y después del fracaso de la cumbre de la FAO para abordar la crisis alimentaria mundial ante el aumento en el precio de alimentos básicos, Zapatero ha convocado en otoño una conferencia internacional “que dé continuidad a la de Roma y asuma compromisos concretos”.
01/07/2008
La UE, integrada mayoritariamente por Gobiernos conservadores, sólo abandona temporalmente de su parálisis institucional y de identidad para consensuar proyectos impensables hace unos años, como el aumento de la semana laboral hasta las 65 horas semanales, el progresivo aumento en la potestad estatal de vigilar a los ciudadanos en nombre del combate contra el terrorismo o la posibilidad de detener a los inmigrantes ilegales hasta 18 meses antes de su expulsión. A nivel interno, la extensión de la percepción de la crisis anima a los liberales a ser más explícitos cuando aluden a las “reformas” necesarias: “adelgazar” las competencias gubernamentales y reivindicar una vez más el thatcherismo. A pesar del contexto desfavorable, Zapatero reivindica los niveles de protección social conseguidos. A nivel internacional, insiste en la cooperación multilateral como único mecanismo para afrontar retos inseparables como la inmigración y la pobreza agravada ahora por la crisis alimentaria.
La parálisis institucional de la UE acuciada por el rechazo francés a la Constitución europea y más recientemente por el no de Irlanda al Tratado de Lisboa tiene como reverso el refuerzo de los ejes de poder tradicionales en la Unión: Francia, Alemania y, en menor medida, Italia; todos ellos –como en la mayor parte del resto de Europa por otra parte- controlados por Ejecutivos conservadores que están escorando la Unión hacia sus postulados. Así se ha puesto de manifiesto recientemente con la aprobación del aumento de la semana laboral o la posibilidad de recluir a inmigrantes hasta 18 meses antes de expulsarlos.
La crítica suena más en soledad
La soledad del Ejecutivo socialista español quedó patente cuando fue una de las pocas voces que se levantaron contra el proyecto de criminalizar a los inmigrantes ilegales de Silvio Berlusconi en Italia, lo que permitió a la ultraderecha italiana que gobierna en coalición presentar la crítica como una injerencia.
“Nunca correlación de fuerzas tan desfavorable”
En el seno de la UE, Alejandro Cercas, ponente socialista en la directiva laboral, justificaba en la debilidad actual de su grupo el hecho de que no se hubieran opuesto mayoritariamente a las 65 horas: “Nunca la correlación de fuerzas ha sido tan desfavorable y esto nos lo pone muy difícil si queremos influir. Si se quiere frenar la iniciativa, hay que tratar de unir al mayor número de países y esto es más fácil con la abstención que con la negativa”. En declaraciones a El País, Cercas advertía de que “el momento es tremendamente delicado: con tantas barbaridades se están fabricando millones de euroescépticos”.
Pescando en río revuelto
Estas restricciones se producen en gran parte enarbolando el miedo ante la crisis económica, una situación propicia para señalar a los inmigrantes como chivos expiatorios mientras se sacrifican logros sociales en nombre de las “reformas” necesarias. En España, las discusiones semánticas sobre si asistimos a una crisis, a una desaceleración, o una coyuntura desfavorable ocultan otro debate de más calado: cuáles son esas “reformas” a las que se aluden para afrontar los problemas. Desde la FAES de Aznar aprovechan la crisis para recetar una vez más liberalismo y reducción del gasto social. Aguirre ha recogido el guante y habla ya de “reducir el gasto y adelgazar el Gobierno” como prioridad en la CAM. Incluso el presidente de los obispos españoles, Rouco Varela, ha hecho bandera del liberalismo económico en un reciente discurso apuntando al carácter “extraordinariamente absorbente” de los impuestos y reclamando que las competencias del Estado se limiten a garantizar “el justo orden público”.
Diálogo social y protección
En esta situación desfavorable y a nivel nacional, Zapatero insiste en que actuará en sintonía con la patronal y los sindicatos y presentaba el diálogo social como uno de los principales “activos” para solventar la situación económica, apuntando asimismo al mantenimiento del nivel de protección social ante “las dificultades” y mostrando su oposición a las 65 horas o a la contención salarial.
Problemas globales, soluciones globales
En el plano europeo, se impone el pragmatismo. Zapatero está haciendo gala de una buena sintonía con Sarkozy, cerrando con él acuerdos estratégicos en materia de inmigración, energía o lucha antiterrorista. A falta de interlocutores progresistas, el presidente busca aliados más allá de las fronteras de la Unión para poner en práctica otro tipo de políticas. A la hora de afrontar la inmigración ilegal por ejemplo, ya en la pasada legislatura insistió en que no basta con una política de control de aduanas mientras persistan los problemas que llevan a los emigrantes a abandonar sus países de origen. En este sentido, ha anunciado “un nuevo Plan África”, aumentando “la apertura de embajadas y oficinas comerciales” y los recursos para la cooperación. Y después del fracaso de la cumbre de la FAO para abordar la crisis alimentaria mundial ante el aumento en el precio de alimentos básicos, Zapatero ha convocado en otoño una conferencia internacional “que dé continuidad a la de Roma y asuma compromisos concretos”.
01/07/2008





