EL P.P., UNA PARTIDO ANTISISTEMA
Rajoy y sus comparsas chocan con los valores de la Constitución de la que se presentan como defensores de su ortodoxia
El PP de Mariano Rajoy, en estas vísperas electorales, parece caminar no por la senda de la Constitución –como prometiera Fernando VII, quien sin embargo no fue más que un despreciable Rey felón-, sino por los intrincados caminos que conducen a la caverna. El comportamiento de esta derecha durante toda la legislatura ha bordeado los límites del sistema democrático.
La rebelión cívica de la que es portaestandarte Francisco José Alcaraz no es sólo una iniciativa de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, lo que ya de por sí resultaría inquietante. ¿Quién pone en duda a estas alturas del curso que la AVT sería irrelevante –en términos políticos- de no ser porque Rajoy viene actuando respecto a Alcaraz de primo de Zumosol?
Explosión de rebeldía
Sucede que el PP –como partido con importantes terminales, entre las cuales los jerarcas de la Iglesia e influyentes medios de comunicación- se ha ido convirtiendo en un partido antisistema, de modo que muchos de sus actos y de sus objetivos son presentados por los dirigentes populares, explícita o implícitamente, como una legítima explosión de rebeldía.
Romper la baraja
Frente a la tiranía progresista imperante, frente al inminente riesgo de la disgregación de España, frente a leyes que atentan contra la decencia y el derecho natural y frente a un Gobierno arrodillado ante ETA, o con voluntad de hacerlo de nuevo a la primera oportunidad que se presente, el PP se siente obligado a romper, cada dos por tres, la baraja.
Actitudes montaraces
Un partido tan escorado a actitudes montaraces, que hasta ha sido calificado de modo positivo por algún líder de la extrema derecha belga como la única derecha que queda en Europa –es decir, que el PP, según tal versión, estaría muy cerca de la ultraderecha- no resulta compatible con los valores constitucionales. Es más, choca con ellos, por mucho que Rajoy y sus comparsas se empeñen en proyectarse ante la opinión pública como los cancerberos de la ortodoxia constitucional.
Fini y Aznar
No ha de extrañar, por tanto, que el italiano Giancarlo Fini, que procede del partido directamente heredero de Mussolini y que hace unos años se sometió a una operación cosmética, aparezca ahora apadrinando a José María Aznar como presidente de la Unión Europea. Dios los cría y ellos se juntan, eso sí gracias a la complicidad de Silvio Berlusconi, otro que tal baila.
La Nueva Rioja
Las consideraciones publicadas en La Nueva Rioja por Aznar contra la Constitución y en defensa de no pocos de los valores del franquismo corroboran el cinismo de algunos de los más conspicuos dirigentes del PP. De Rajoy se puede decir algo similar. Dos artículos suyos, difundidos hace más de veinte años en El Faro de Vigo, son todo menos favorables a los valores constitucionales. Por algo hace un año aproximadamente don Mariano fue ovacionado en la revista Fuerza Nueva nada menos que por Blas Piñar.
Botón de muestra
Si para muestra basta un botón, añadamos la irrupción de Dimas Cuevas, periodista albaceteño que ha sido fichado por el PP de Castilla-La Mancha para ocupar un escaño de senador. Este tipo es un facha, intercambiable con cualquiera de aquellos periodistas, de censura y correaje, adscritos al llamado Movimiento Nacional -por el Imperio hacia Dios-, ya fallecidos en su mayor parte. Cada uno de los escritos de Cuevas es un escaparate donde se amontonan la caspa, la nostalgia de la dictadura y su dimensión racista, sexista y xenófoba. Es decir, todo cuanto se contradice con la letra y el espíritu de la Constitución.
El Ancien Régime
La rebelión del PP es intensamente reaccionaria. Se corresponde a la ideología propia del Ancien Régime. Escuchar, por ejemplo, a Arias Cañete o a Juan Costa es un ejercicio de ubicación sociológica y política muy ilustrativa. Leer al tal Cuevas, lo mismo. Observar cómo prácticamente todos los centristas del PP han sido purgados, incluido el más reputado jefe de esa corriente, Alberto Ruiz Gallardón, cuadra a la perfección con el substrato verdadero de la derecha española.
Arrebatos dialécticos
Los últimos arrebatos dialécticos de Rajoy contra los homosexuales y su derecho a tener hijos -adoptados o no- son elocuentes. Insultar a artistas, intelectuales, científicos, profesores, escritores y cuantos apoyan la candidatura de Zapatero haciéndolos pasar por estómagos agradecidos da la talla ética del líder conservador. Sus propuestas sobre la inmigración lo retratan como un xenófobo y un provocador.
Regreso al pasado
No nos engañemos. La rebelión que propugnan los genoveses consiste en el regreso al pasado. Entonces sus familiares y amigos aludían con frecuencia no a la rebelión –que para eso existió el 18 de julio-, sino a la revolución pendiente. Que era una manera mendaz de denominar a la contrarrevolución. O sea, el retorno a la situación de antes de la Revolución francesa.
El PP de Mariano Rajoy, en estas vísperas electorales, parece caminar no por la senda de la Constitución –como prometiera Fernando VII, quien sin embargo no fue más que un despreciable Rey felón-, sino por los intrincados caminos que conducen a la caverna. El comportamiento de esta derecha durante toda la legislatura ha bordeado los límites del sistema democrático.
La rebelión cívica de la que es portaestandarte Francisco José Alcaraz no es sólo una iniciativa de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, lo que ya de por sí resultaría inquietante. ¿Quién pone en duda a estas alturas del curso que la AVT sería irrelevante –en términos políticos- de no ser porque Rajoy viene actuando respecto a Alcaraz de primo de Zumosol?
Explosión de rebeldía
Sucede que el PP –como partido con importantes terminales, entre las cuales los jerarcas de la Iglesia e influyentes medios de comunicación- se ha ido convirtiendo en un partido antisistema, de modo que muchos de sus actos y de sus objetivos son presentados por los dirigentes populares, explícita o implícitamente, como una legítima explosión de rebeldía.
Romper la baraja
Frente a la tiranía progresista imperante, frente al inminente riesgo de la disgregación de España, frente a leyes que atentan contra la decencia y el derecho natural y frente a un Gobierno arrodillado ante ETA, o con voluntad de hacerlo de nuevo a la primera oportunidad que se presente, el PP se siente obligado a romper, cada dos por tres, la baraja.
Actitudes montaraces
Un partido tan escorado a actitudes montaraces, que hasta ha sido calificado de modo positivo por algún líder de la extrema derecha belga como la única derecha que queda en Europa –es decir, que el PP, según tal versión, estaría muy cerca de la ultraderecha- no resulta compatible con los valores constitucionales. Es más, choca con ellos, por mucho que Rajoy y sus comparsas se empeñen en proyectarse ante la opinión pública como los cancerberos de la ortodoxia constitucional.
Fini y Aznar
No ha de extrañar, por tanto, que el italiano Giancarlo Fini, que procede del partido directamente heredero de Mussolini y que hace unos años se sometió a una operación cosmética, aparezca ahora apadrinando a José María Aznar como presidente de la Unión Europea. Dios los cría y ellos se juntan, eso sí gracias a la complicidad de Silvio Berlusconi, otro que tal baila.
La Nueva Rioja
Las consideraciones publicadas en La Nueva Rioja por Aznar contra la Constitución y en defensa de no pocos de los valores del franquismo corroboran el cinismo de algunos de los más conspicuos dirigentes del PP. De Rajoy se puede decir algo similar. Dos artículos suyos, difundidos hace más de veinte años en El Faro de Vigo, son todo menos favorables a los valores constitucionales. Por algo hace un año aproximadamente don Mariano fue ovacionado en la revista Fuerza Nueva nada menos que por Blas Piñar.
Botón de muestra
Si para muestra basta un botón, añadamos la irrupción de Dimas Cuevas, periodista albaceteño que ha sido fichado por el PP de Castilla-La Mancha para ocupar un escaño de senador. Este tipo es un facha, intercambiable con cualquiera de aquellos periodistas, de censura y correaje, adscritos al llamado Movimiento Nacional -por el Imperio hacia Dios-, ya fallecidos en su mayor parte. Cada uno de los escritos de Cuevas es un escaparate donde se amontonan la caspa, la nostalgia de la dictadura y su dimensión racista, sexista y xenófoba. Es decir, todo cuanto se contradice con la letra y el espíritu de la Constitución.
El Ancien Régime
La rebelión del PP es intensamente reaccionaria. Se corresponde a la ideología propia del Ancien Régime. Escuchar, por ejemplo, a Arias Cañete o a Juan Costa es un ejercicio de ubicación sociológica y política muy ilustrativa. Leer al tal Cuevas, lo mismo. Observar cómo prácticamente todos los centristas del PP han sido purgados, incluido el más reputado jefe de esa corriente, Alberto Ruiz Gallardón, cuadra a la perfección con el substrato verdadero de la derecha española.
Arrebatos dialécticos
Los últimos arrebatos dialécticos de Rajoy contra los homosexuales y su derecho a tener hijos -adoptados o no- son elocuentes. Insultar a artistas, intelectuales, científicos, profesores, escritores y cuantos apoyan la candidatura de Zapatero haciéndolos pasar por estómagos agradecidos da la talla ética del líder conservador. Sus propuestas sobre la inmigración lo retratan como un xenófobo y un provocador.
Regreso al pasado
No nos engañemos. La rebelión que propugnan los genoveses consiste en el regreso al pasado. Entonces sus familiares y amigos aludían con frecuencia no a la rebelión –que para eso existió el 18 de julio-, sino a la revolución pendiente. Que era una manera mendaz de denominar a la contrarrevolución. O sea, el retorno a la situación de antes de la Revolución francesa.





