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Cuaderno de Notas
La verdad raramente es pura y nunca simple
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En este magnífica ventana abierta al mundo, se me brinda la oportunidad de compartir, con uds., ideas,opiniones, etc...
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LOS JUEGOS OLIMPICOS INCLUYEN DEPORTE, DINERO Y POLITICA
Hemos hecho de los Juegos Olímpicos una hermosa ensoñación o un mito maravilloso para millones y millones de seres humanos. El siglo XX –entre otras circunstancias, algunas de ellas nauseabundas- pasará a la historia también como el siglo de la expansión multitudinaria y sin precedentes del deporte, lo que es altamente positivo. La resurrección de los Juegos Olímpicos se produjo en las postrimerías del XIX, concretamente el año 1896. Se desarrollaron en Atenas, en Grecia, en una especie de decíamos ayer deportivo, impulsados por Pierre de Fredi, barón de Cubertain.

Lema romántico
Su lema era romántico y, al mismo tiempo, hasta aristocrático: “Lo importante es participar, no ganar”. Como quedó certificado en aquella fascinante película Carros de Fuego (1981), el deporte era en los inicios del siglo XX un ejercicio básicamente elitista hasta que se transformó en una imparable eclosión popular. Los Juegos Olímpicos son un homenaje a la belleza universal del deporte, pero son asimismo muchas cosas más a la vez. Ignorarlo es muestra de notoria estolidez. O de cinismo.

Negocio extraordinario
Los Juegos Olímpicos constituyen desde la perspectiva económica un negocio extraordinario, en el que se mueven cifras fabulosas. Desde hace bastantes años -Barcelona en eso fue un ejemplo excelente-, contribuyen a la transformación y mejora en profundidad de las ciudades elegidas para tan impactante evento. Para tales urbes, los Juegos acaban siendo como la Lotería cuando toca. Se benefician las ciudades que son sede y su entorno, incluido el país al que pertenecen.

No son un cuento de hadas
En los Juegos Olimpícos además se juegan –y valga la redundancia-, aparte del dinero y del espectáculo deportivo, el orgullo nacional de cada Estado participante, por cierto con más voluntad de ganar que de participar. No son los Juegos un inocente y encandilador cuento de hadas. En 1936 la antorcha olímpica llegó a Berlín y, por supuesto, Adolf Hitler no desaprovechó la coyuntura para convertir a sus estadios y a sus atletas en una potentísima plataforma de propaganda nazi.

Verano del 36
Fueron un éxito, aquellos Juegos del verano del 36, para el III Reich, aunque Jesse Owens, el atleta negro de EEUU, demostrara in situ que la superioridad de la raza aria no era más que una perversa falsedad más de Hitler y sus compinches. Mientras, el golpe militar y la guerra española impedían la celebración de la Olimpíada Popular en Barcelona, prevista como alternativa de izquierdas a los fastos de Berlín.

Munich 72, Mèxico 68
Los de 1972, en Munich, significaron la actuación a escala mundial del terrorismo palestino, vía Septiembre Negro o fedayines, dirigido contra los israelíes. Hubo muertos y hubo rehenes. Los Juegos, no obstante, continuaron –tras una suspensión de 24 horas- como si tal cosa. Dijo el COI: sigamos. En Ciudad de México, cuatro años antes, los Juegos estuvieron precedidos, pocos días antes –como ha ocurrido ahora en China-, de una matanza llevada a cabo por el Ejército, en este caso contra estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas. Venció en los Juegos la URSS. EEUU quedó en segundo lugar. Cuba triunfó en relación a América latina y el Caribe.

Artículo 50.3
Con semejante historial, que corrobora por otra parte la obviedad de que el deporte, la política y el dinero acostumbran a ir de la mano, en ocasiones de forma abrupta y violenta, parece -como mínimo- ridículo que la Carta Olímpica en su artículo 50.3 proclame que “no se permite llevar a cabo manifestaciones de orden político, religioso o propagandístico en ningún emplazamiento olímpico”.

Dictadura férrea
Naturalmente, el Gobierno de China, que es una dictadura férrea y que utiliza el comunismo como fuerza represora, mientras la economía es ultra liberal o capitalista sin apenas freno, ha advertido que los deportistas no hablen de política. Hace casi veinte años de la masacre de la plaza de Tiananmen y el régimen de un país que está en camino de ser la primera potencia del mundo, o el nuevo imperio, no sólo no ha perdido disculpas, sino que se jacta todavía de aquel asesinato masivo.

Enchufes, linajes e influencias
La Carta Olímpica, si fuera recurrida en España ante el Tribunal Constitucional, sería declarada inconstitucional. ¿Quiénes son los dirigentes olímpicos para restringir, por escrito y solemnemente, la libertad de expresión de los atletas? Otra interesante cuestión es la de los dirigentes olímpicos de cada país y la de los máximos rectores del COI. Su legitimidad no es democrática, sino corporativa. Son encumbrados por cooptación o, dicho de otro modo, por enchufe o –en determinados casos- como reconocimiento a su linaje o a sus influencias.

La realpolitik
En el contexto de la realpolitik que siempre conviene tener presente, puede entenderse la declaración de María Teresa Fernández de la Vega, recordando –se supone que como aviso a los deportistas españoles- el citado artículo 50.3 de la Carta Olímpica. Pero desde otros muchos puntos de vista, no se entiende. Es más, ¿tal declaración resulta o no incongruente con la praxis del Gobierno Zapatero en relación a la defensa de los derechos civiles –que nadie en sus cabales puede negarle- y también con la ideología globalmente progresista del PSOE, refrendada el pasado 9 de marzo por más de once millones de ciudadanos?

07/08/2008
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