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Cuaderno de Notas
La verdad raramente es pura y nunca simple
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LA IMAGEN DE LOS DISCAPACITADOS EN LA LITERATURA
Dar palos de ciego, Parece que le ha mirado un tuerto, No me jorobes, No ser cojo, ni manco..., expresiones frecuentes en el lenguaje familiar que transmiten la visión negativa y descalificadora que la sociedad española ha tenido de los discapacitados. Consciente de la relación lenguaje-pensamiento, este trabajo pretende analizar esa visión, a través de refranes, frases hechas, cuentecillos..., con el fin de impulsar el desuso de las fórmulas lingüísticas injustas y ofensivas para las personas con discapacidad.

Matilde Cuevas Díaz.
 
LA BELLEZA IMPERFECTA LA DISCAPACIDAD EN EL ARTE
Enfermos, heridos, minusválidos, personas con alguna alteración física y locos han inspirado a pintores y escultores durante siglos. Ahora, Carlos Reyero, catedrático de Historia del Arte, plantea en su ensayo 'La belleza imperfecta' las claves históricas para entender cuál era la intención de esos artistas a la hora de plasmarlos en el lienzo.

Exaltación heroica, caridad religiosa, compasión, comicidad o repulsión son sólo algunas de las reacciones que los artistas buscaban despertar en el espectador retratando a discapacitados y enfermos y que "van evolucionando a lo largo de los siglos, paralelamente a los cambios en los cánones de belleza", ha afirmado Carlos Reyero en una entrevista con EFE.

Según ha explicado el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, 'La belleza imperfecta' (Siruela) surgió a partir de analizar "el interés de los artistas actuales por las deformidades del cuerpo", con lo que se planteó hacer un recorrido histórico y retrospectivo para conocer el papel que han tenido en el pasado los discapacitados.

"Hay una explicación concreta. Se hace por algo", ha afirmado Reyero. "Cuando un pintor retrata a un ciego, dependiendo del caso y de la época, puede tener un matiz burlesco, querer inspirar caridad religiosa o incluso insinuar que hay males inevitables para los que el hombre no tiene explicación", según ha dicho.

"Además, incluso es necesario un código de convenciones a la hora de representar a un invidente, que solía plasmarse con la cabeza ligeramente levantada y con la mirada perdida, o simplemente con los ojos cerrados", ha añadido.

Ejemplos y testimonios históricos

Sembrado de ejemplos pictóricos y escultóricos del siglo XIX y XX -se incluyen 60 fotografías-, el libro se apoya a su vez en testimonios literarios de escritores como Blasco Ibáñez, Quevedo o Galdós para ilustrar los argumentos.

Reyero ha destacado como dato curioso la escultura del general Pacheco, expuesta en una plaza de la localidad mexicana de Cuernavaca, en la que el militar aparece con la mirada alta, vestido de gala pero con una sola pierna, "en clara alusión a su heroicidad como excombatiente" en lugar de aludir a "la debilidad y fragilidad" del ser humano como ocurre en otros casos.

Entre las ilustraciones, destacan los comentarios a obras de, entre otros, Joaquín Sorolla, José Gutiérrez Solana, Diego Rivera, Francisco de Goya o Julio Romero de Torres.

Por otro lado, en el cine y la publicidad actuales, a la vez que se rinde culto al cuerpo perfecto, también hay un "deseo de no señalar", un esfuerzo ético por ver la discapacidad con naturalidad ya que "se asume que lo perfecto no existe y que todos somos un poco deformes, con lo que lo raro se convierte también en una forma de belleza", ha afirmado Reyero.
 
LOS JUEGOS OLIMPICOS INCLUYEN DEPORTE, DINERO Y POLITICA
Hemos hecho de los Juegos Olímpicos una hermosa ensoñación o un mito maravilloso para millones y millones de seres humanos. El siglo XX –entre otras circunstancias, algunas de ellas nauseabundas- pasará a la historia también como el siglo de la expansión multitudinaria y sin precedentes del deporte, lo que es altamente positivo. La resurrección de los Juegos Olímpicos se produjo en las postrimerías del XIX, concretamente el año 1896. Se desarrollaron en Atenas, en Grecia, en una especie de decíamos ayer deportivo, impulsados por Pierre de Fredi, barón de Cubertain.

Lema romántico
Su lema era romántico y, al mismo tiempo, hasta aristocrático: “Lo importante es participar, no ganar”. Como quedó certificado en aquella fascinante película Carros de Fuego (1981), el deporte era en los inicios del siglo XX un ejercicio básicamente elitista hasta que se transformó en una imparable eclosión popular. Los Juegos Olímpicos son un homenaje a la belleza universal del deporte, pero son asimismo muchas cosas más a la vez. Ignorarlo es muestra de notoria estolidez. O de cinismo.

Negocio extraordinario
Los Juegos Olímpicos constituyen desde la perspectiva económica un negocio extraordinario, en el que se mueven cifras fabulosas. Desde hace bastantes años -Barcelona en eso fue un ejemplo excelente-, contribuyen a la transformación y mejora en profundidad de las ciudades elegidas para tan impactante evento. Para tales urbes, los Juegos acaban siendo como la Lotería cuando toca. Se benefician las ciudades que son sede y su entorno, incluido el país al que pertenecen.

No son un cuento de hadas
En los Juegos Olimpícos además se juegan –y valga la redundancia-, aparte del dinero y del espectáculo deportivo, el orgullo nacional de cada Estado participante, por cierto con más voluntad de ganar que de participar. No son los Juegos un inocente y encandilador cuento de hadas. En 1936 la antorcha olímpica llegó a Berlín y, por supuesto, Adolf Hitler no desaprovechó la coyuntura para convertir a sus estadios y a sus atletas en una potentísima plataforma de propaganda nazi.

Verano del 36
Fueron un éxito, aquellos Juegos del verano del 36, para el III Reich, aunque Jesse Owens, el atleta negro de EEUU, demostrara in situ que la superioridad de la raza aria no era más que una perversa falsedad más de Hitler y sus compinches. Mientras, el golpe militar y la guerra española impedían la celebración de la Olimpíada Popular en Barcelona, prevista como alternativa de izquierdas a los fastos de Berlín.

Munich 72, Mèxico 68
Los de 1972, en Munich, significaron la actuación a escala mundial del terrorismo palestino, vía Septiembre Negro o fedayines, dirigido contra los israelíes. Hubo muertos y hubo rehenes. Los Juegos, no obstante, continuaron –tras una suspensión de 24 horas- como si tal cosa. Dijo el COI: sigamos. En Ciudad de México, cuatro años antes, los Juegos estuvieron precedidos, pocos días antes –como ha ocurrido ahora en China-, de una matanza llevada a cabo por el Ejército, en este caso contra estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas. Venció en los Juegos la URSS. EEUU quedó en segundo lugar. Cuba triunfó en relación a América latina y el Caribe.

Artículo 50.3
Con semejante historial, que corrobora por otra parte la obviedad de que el deporte, la política y el dinero acostumbran a ir de la mano, en ocasiones de forma abrupta y violenta, parece -como mínimo- ridículo que la Carta Olímpica en su artículo 50.3 proclame que “no se permite llevar a cabo manifestaciones de orden político, religioso o propagandístico en ningún emplazamiento olímpico”.

Dictadura férrea
Naturalmente, el Gobierno de China, que es una dictadura férrea y que utiliza el comunismo como fuerza represora, mientras la economía es ultra liberal o capitalista sin apenas freno, ha advertido que los deportistas no hablen de política. Hace casi veinte años de la masacre de la plaza de Tiananmen y el régimen de un país que está en camino de ser la primera potencia del mundo, o el nuevo imperio, no sólo no ha perdido disculpas, sino que se jacta todavía de aquel asesinato masivo.

Enchufes, linajes e influencias
La Carta Olímpica, si fuera recurrida en España ante el Tribunal Constitucional, sería declarada inconstitucional. ¿Quiénes son los dirigentes olímpicos para restringir, por escrito y solemnemente, la libertad de expresión de los atletas? Otra interesante cuestión es la de los dirigentes olímpicos de cada país y la de los máximos rectores del COI. Su legitimidad no es democrática, sino corporativa. Son encumbrados por cooptación o, dicho de otro modo, por enchufe o –en determinados casos- como reconocimiento a su linaje o a sus influencias.

La realpolitik
En el contexto de la realpolitik que siempre conviene tener presente, puede entenderse la declaración de María Teresa Fernández de la Vega, recordando –se supone que como aviso a los deportistas españoles- el citado artículo 50.3 de la Carta Olímpica. Pero desde otros muchos puntos de vista, no se entiende. Es más, ¿tal declaración resulta o no incongruente con la praxis del Gobierno Zapatero en relación a la defensa de los derechos civiles –que nadie en sus cabales puede negarle- y también con la ideología globalmente progresista del PSOE, refrendada el pasado 9 de marzo por más de once millones de ciudadanos?

07/08/2008