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¿SEGUIRÁ FIDALGO NEGANDO LA PÉRDIDA DE PODER ADQUISITIVO DE LOS SALARIOS?
La subida salarial en convenios fue del 2,9%
EP - Madrid - 21/01/2008

El incremento salarial medio pactado en los convenios colectivos registrados al cierre de 2007 alcanzó el 2,90%, más de un punto por debajo del IPC, que se situó en el 4,2%, y tres décimas inferior al incremento salarial del 3,28% registrado en 2006. Según las estadísticas del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, de enero a diciembre se registraron 4.230 convenios, que afectaron a 8.412.100 trabajadores y contemplaban una jornada laboral media de 1.748,2 horas anuales.
Del total de convenios registrados, 3.247 eran de empresa, con efectos sobre 989.000 trabajadores, y 983 tenían ámbito sectorial, con cobertura sobre 7.423.000 trabajadores.


 
Réquiem por el Impuesto de Patrimonio
Réquiem por el Impuesto de Patrimonio

Juan Francisco Martín Seco
Público

El Impuesto de Patrimonio está condenado a muerte. Los dos partidos mayoritarios han incluido en los respectivos programas electorales su eliminación, lo que no puede extrañarnos, teniendo en cuenta la evolución que desde hace muchos años ha experimentado nuestro sistema fiscal: deterioro de la progresividad, reducción de gravámenes a las rentas empresariales y de capital, y potenciación de los impuestos indirectos. Como siempre, lo más hiriente de este proceso son las mentiras que se manejan.
El anuncio de la supresión del Impuesto de Patrimonio ha venido precedido de toda una campaña de desprestigio de esta figura tributaria. La estrategia es muy simple. Se trata de repetir constantemente la misma idea aunque sea sin argumentos, o bien con argumentos superficiales y falsos; la consigna va quedando y así uno de los principales políticos españoles puede afirmar en la radio sin que nadie le replique que van a suprimir el Impuesto de Patrimonio, “que, como todo el mundo sabe, es un impuesto injusto y obsoleto”.
Los que tachan de injusto este impuesto acuden a una teoría en boga, la doble imposición. Afirman que se tributa dos veces porque los recursos que se pretende gravar han tributado ya por el IRPF. Algunos han encontrado la piedra filosofal, siempre que quieren arremeter contra un gravamen se escudan en la doble imposición. Y es que, dado el proceso circular de la renta, todos los impuestos estarían inmersos en este concepto. De acuerdo con esta visión tan estrecha, sólo podría existir un tributo. ¿Acaso no tendríamos que hablar de doble imposición en el IVA o en los Impuestos Especiales, ya que los recursos que dedicamos al consumo han sido previamente gravados en el Impuesto sobre la Renta? En el Impuesto de Trasmisiones, ¿no son los mismos bienes los que se gravan en una serie indefinida de transacciones? Y qué decir del IBI, este sí que es un impuesto de patrimonio, sólo que generalizado, no progresivo y que recae exclusivamente sobre los bienes inmuebles, con lo que afecta principalmente a las rentas bajas. Nadie ha pedido sin embargo su supresión, todo lo contrario, se está incrementando de forma espectacular, entre otros motivos para compensar la eliminación de las licencias industriales de los empresarios.
La suficiencia y la equidad de un sistema fiscal exigen una pluralidad de impuestos complementarios y debidamente armonizados que graven las manifestaciones de capacidad económica de los ciudadanos, y pocas magnitudes indican mejor dicha capacidad que el patrimonio.
La segunda razón esgrimida por los detractores del impuesto para tildarlo de injusto es, cómo no, que recae exclusivamente sobre las clases medias, puesto que los contribuyentes de ingresos elevados se escapan de su gravamen mediante la creación de sociedades interpuestas. No es, desde luego, un argumento muy original. Un razonamiento similar se ha utilizado cuando se trataba de reducir la progresividad del IRPF o de eliminar el Impuesto de Sucesiones.
Siempre la misma monserga que posee una buena dosis de cinismo, sobre todo cuando después se reduce el Impuesto de Sociedades, o cuando se exime a éstas de tributar por los incrementos patrimoniales o se eliminan los mecanismos de transparencia que permitían imputar a los socios los beneficios y patrimonios de la sociedad.
Si las grandes fortunas eluden tributos tales como el IRPF, Patrimonio o Sucesiones, es tan sólo porque el poder político se lo permite. Las sociedades no se encuentran flotando en el aire, tienen accionistas, que pueden ser perfectamente identificados, y los valores de aquéllas, incorporarse al patrimonio de sus dueños. El Estado tiene suficientes mecanismos para evitar la evasión o la elusión (para el caso, da lo mismo) de este impuesto. Algo similar cabe afirmar de las clases medias. No existe ningún impedimento para no elevar el límite exento y dejar por tanto fuera del alcance de este tributo el montante de riqueza que se desee.
Se afirma que este impuesto ha quedado obsoleto. Por lo visto, ahora los tributos modernos e innovadores son los indirectos. Por ese camino, puede que lleguemos a un gravamen tan original como era el de puertas y ventanas. Lo cierto es que el Impuesto de Patrimonio no puede estar obsoleto por la sencilla razón de que está casi por estrenar, apenas se había comenzado a extraer toda su virtualidad.
Se afirma con superficialidad que su único objetivo consistía en ser un elemento de control. No hay por qué negar que ésta podría ser una de sus finalidades –curiosamente, tal cometido parece despreciarse ahora a pesar de las enormes bolsas de fraude existentes–, pero hay otra más importante: la de ser, junto con el Impuesto de Sucesiones y el IRPF, un factor de corrección de la injusta y desigual distribución de renta que realiza el mercado. No es ningún secreto que el sistema económico capitalista produce la acumulación progresiva de recursos y riquezas, y que se precisa de la actuación del Estado, especialmente a través del sistema fiscal, para subsanar tales efectos nocivos.
El Impuesto de Patrimonio puede ser un buen instrumento de socialización, pero precisamente por esto siempre ha contado, tanto en España como en Europa, con la oposición radical de las fuerzas económicas y reaccionarias.
En un sistema fiscal moderno y progresivo, el Impuesto de Patrimonio tiene un importante papel que cumplir. Es evidente que el actual tiene múltiples defectos y lagunas, pero ello debe constituir un motivo para su reforma, nunca para su supresión. Esto me recuerda aquella coplilla de nuestra tradición literaria: “El Señor Don Juan de Robres, con caridad sin igual, hizo hacer este hospital y primero hizo a los pobres”. Nosotros primero creamos los agujeros fiscales y luego, amparándonos en ellos, suprimimos el gravamen.
Juan Francisco Martín Seco es economista
 
Nota de Prensa:EL SECTOR CRÍTICO CALIFICA DE IRRESPONSABLE A SOLBES Y LE INVITA A VISITAR LAS CASAS DE LAS FAMILIAS OBRERAS
EL SECTOR CRÍTICO CALIFICA DE IRRESPONSABLE A SOLBES Y LE INVITA A VISITAR LAS CASAS DE LAS FAMILIAS OBRERAS

El empeoramiento y la sombría perspectiva de la situación económica es evidente. El paro está aumentando a un ritmo preocupante; los precios están desbocados, hasta el punto de que la previsión de IPC del gobierno ha tenido una desviación superior al 100%, y los productos alimenticios de primera necesidad (pan, leche, fruta, verdura, pollo...) han experimentado subidas espectaculares; el acceso a la vivienda cada vez está peor, porque las hipotecas no dejan de crecer con el Euribor más alto; los salarios pierden poder adquisitivo por los reiterados pactos de moderación salarial; la precariedad laboral sigue estando por encima del 30%; el nivel de las pensiones y prestaciones sociales sigue siendo de los más bajos de Europa por el déficit en gasto social de 9 puntos respecto a la media de la EU-15. Todo ello, cuando mantenemos un modelo productivo de baja competitividad, desequilibrado por el peso de la construcción y con poca inversión en investigación, desarrollo e innovación.

Así las cosas, negar la realidad no resuelve los problemas, sino que los agrava. En este sentido, nos parece irresponsable la actitud de un ministro de Economía que viene recurriendo al chascarrillo para negar los hechos, en vez de adoptar medidas para corregir el deterioro de la situación económica. Un ministro de práctica y pensamiento neoliberal, que viene aplicando una política de rebaja de impuestos y de control del gasto para asegurar el superávit presupuestario, a pesar de las necesidad sociales existentes: no hay más que ver los informes de Cáritas sobre los millones de pobres realmente existentes en España.

La ocurrencia de que los bares y los grandes almacenes están llenos, no tiene ningún rigor para analizar la situación general y es pura demagogia. Pretende olvidar que nuestro modelo social tiene una fuerte dualización, porque coexisten sectores con alto poder adquisitivo con sectores anclados en la pobreza; olvida que se fomenta en consumismo desaforado hasta el punto de que se compra sin dinero (a crédito, plazos); y no recuerda que, hasta en las épocas históricas más duras desde el punto de vista de la explotación laboral, las tabernas estaban llenas y se las conocía como la “iglesia del obrero” en la Inglaterra de la revolución industrial.

Para evitar la demagogia y las ocurrencias y para que el responsable de la economía sepa de qué habla, no estaría mal que Pedro Solbes visitase a las familias de alguno de los más de dos millones de personas que están en el paro, a la de una limpiadora del metro de Madrid, a la de un jubilado, a la de un trabajador inmigrante, o a la casa alquilada entre cinco o seis jóvenes que trabajan con contratos precarios. En definitiva, que se interese por los muchos millones de personas que no llegan a fin de mes debido a los bajos salarios, la inexistencia o la escasez de prestaciones al desempleo, a la precariedad de su puesto de trabajo, a las altas hipotecas o a las mínimas pensiones. Quizá así dejase de mirar para otro lado y se animase a tomar medidas, aunque afecten a los intereses de poderosos sectores económicos.

Madrid, 11 de enero de 2008
 
CRITICCOOS DICIEMBRE 2007