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MÁLAGA
Un lugar de ocio y cultura. Una ciudad para perderse...
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Me llamo María y soy estudiante de 3º de Periodismo en Madrid, está es una de mis prácticas para la carrera. Espero que os guste e intentaré hacerlo lo más completo que pueda. A ver si consigo contar con vuestro apoyo para ir mejorándolo y ampliándolo entre todos. Muchas gracias.
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Un lugar para perderse... Castillo de Bil - Bil


El Castillo de Bil-Bil es uno de los monumentos emblemáticos de Benalmádena y la Costa del Sol. Situado en primera línea de playa, junto al Paseo Marítimo, es una construcción de estilo neoárabe que data de 1934, de tonos rojos en el exterior y decorado con azulejos y bajorrelieves. Las fuentes, herencia de la cultura musulmana, rodean el castillo y desde el exterior se puede disfrutar de un espléndido balcón al mar.

La construcción del edificio, creado por el arquitecto malagueño Enrique Atencia, se realizó por encargo del matrimonio León y Fernanda Hermann. Aunque esta familia no llegó a habitarlo ya que, debido al estallido de la Guerra Civil (1936), decidieron ponerlo a la venta.

Años más tarde, fue el matrimonio americano Schestrom quienes finalmente residieron en él hasta la década de los 80, tras la cual el Ayuntamiento de Benalmádena lo destina a Centro Cultural. Actualmente, se organizan exposiciones, conferencias, conciertos, diversas actividades culturales y bodas civiles.

A pesar de estar situado a pocos kilómetros de mi casa, sólo lo había visitado en alguna ocasión y como fruto de la casualidad al dar un paseo por las playas de Benalmádena. Es curioso observar como un monumento tan característico de países árabes se acerca al tipo de vida mediterráneo, situado apenas a unos pasos de los famosos “chiringuitos” con sus espetos en barcas a pie de mar.

Elegí este lugar como parte de mi sección semanal al recordar hojeando un albúm de fotos la boda que celebraron unos amigos, quizás por el romanticismo del momento imaginé como sería este lugar para vivirlo. No me había parado nunca a considerarlo como lo harían sus anteriores dueños, aquellos que lo mandaron construir como su “casa”, su privilegiado refugio.

Paseando por los alrededores, el olor a jazmín y madreselva que al caer la tarde se intensifica junto con la brisa del mar y el atardecer sobre el Mediterráneo me hicieron sentir verdadera envidia de los que durante un corto espacio de tiempo fueron sus inquilinos. Por cierto, a mis amigos, los de la boda, les va muy bien ya tienen un gordito con el que se nos cae la baba a todos.

Por lo tanto, es un lugar donde se mezclan recuerdos del pasado con las últimas tendencias del arte moderno en sus múltiples exposiciones, sólo decir que si visitáis dentro de poco mi ciudad no dejéis de verlo.

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