Madurez, senilidad, madurez y senilidad, madurez o senilidad, madurez contra senilidad.
Si fuera gringa, esta sería la ocasión perfecta, sin duda, para soltar eso de "Today is the first day of the rest of my life".
Como soy gallega, me conformo con recordar a la "Negra Sombra" que perseguía a mi muy admirada Rosalía de Castro, soltar un "carallo, onde se che foron os anos, rapaza" entre dientes, y fumarme un cigarro.
(Me considero afortunada en esto último, en comparación con la población gringa, que no puede decir palabrotas ni fumar, y mucho menos publicarlo).
El recuento de glorias de mi cumpleaños no está nada mal. Lo he celebrado durante dos días, gracias a mis exclusivas amistades y a un hombre que me quiere y se desvive por mí, aunque no siempre me entienda.
La noche del catorce de agosto organizó una cena romántica para dos personas a la que asistieron nueve (Las siete restantes eran el factor sorpresa) en un restaurante sublime, precioso, bohemio con clase del Borne. A veces me hago cruces intentando comprender cómo conoce muchísimos más sitios que yo en mi propia ciudad... pero claro, la gente de fuera siempre conoce las ciudades mejor que la de dentro. Puede que no siempre se empapen de los recuerdos de sus calles, de sitios, semáforos y paradas de metro, pero sin duda saben qué restaurante te va a gustar más.
Pues eso, con mucho misterio y un sinfín de intrigas (y ya se puede decir que el hombre tuvo paciencia, porque yo no hacía más que preguntarle, intentando seguir la velocidad de sus zancadas gigantes con mis tacones, que parecíamos tal cual pastor y cabra, por la plaza Sant Jaume, beeee, beeee.
Llegué al sitio y me encuentro con una mesa fascinante en que figuraba más gente de la que yo tenía prevista, incluyendo a Frida y a Friedrich (de este ya hablaré, pero sin pasarme, que me lee). Y aún llegaron más.
Fue una noche de esas que no quieres que se acaben, y al mismo tiempo no se acababa. No se acababa porque sabía que mis amigos y amigas están ahí, que cuento con su presencia cercana, que me arropan y que dan pinceladas de riqueza a mi propia identidad, a través de las suyas. Que hay complicidades que van más allá de una noche de cumpleaños.
(Una de las cosas que más empiezo a odiar de hacerme mayor es la lagrimilla fácil. Me pregunto si habrá algún remedio de farmacia, como los pañales de la incontinencia, o las cremas antiarrugas).
La noche acabó con Sacarina y una que escribe sentadas en un taburete, en Jamboree, haciendo un profundo estudio antropológico (aunque sería más adecuado a los hechos decir "zoológico") de las gentes que poblaban la sala. Nos llegamos a reír tanto que creo que aún me duele el estómago.
En fin, para que nadie piense que exagero al creerme vieja, y que sepan que aún mantengo alguna conexión con la realidad que me permite distinguir la diferencia entre madurez y senilidad, ahí les van un par de apuntes.
SENILIDAD: pasarte dos horas en una discoteca analizando a la gente, inventando sus vidas del modo en que tú las imaginas, observando sólo aquel preciso momento de ellas. (véase momento clásico de dos abuelas sentadas en una sala de espera de la seguridad social, criticando a todo bicho pasante. La única diferencia es que en nuestro caso, al menos, había reggaetón de fondo).
MADUREZ: Hacerlo con fundamento (lo de criticar) y sólo con el fin de intentar encontrar en qué punto de su miserable infancia o adolescencia se le dió a la rubia por volverse una pelambrusca, o si ya era carne de cañón desde el principio de los tiempos, y por qué el Latin King de turno le sigue el juego y si se habrá dado cuenta o no de la condición de C.P.* de ella. Es que si nos vamos a dedicar a la educación, hay que analizar todas las dimensiones de sociabilidad -o carencia de ésta- de la población.
C.P.: Calientapollas. Que nadie me mire mal, que también se hizo lo mismo con T.O.C., T.B., MDMA... Es un término médico, o biopsicológico, como cualquier otro.
SENILIDAD: antes te regalaban tebeos de esos de tapa dura (el archiconocido "Superhumor", que contaba con lo mejorcísimo de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, etc.). Ahora, un libro de Feng Shui (buenísimo el comentario de mi padre cuando me llamó por teléfono y le hice un recuento de mis regalos: "Pero si a ti no te gusta el pescado crudo") y otro de Paul Auster... Buena combinación de lecturas: la vida es una sucesión de terribles acontecimientos que nos llevan a una decadencia progresiva, vertiginosamente rápida e inevitable, pero... si pones la papelera al lado del micro-ondas, se acabó el mal rollo.
MADUREZ: Te interesa Paul Auster; te interesa el Feng Shui... pero te paaaaaaartes de risa (y mira que te lo has leído veces) con aquel en que Mortadelo y Filemón se van a Nueva York y se oye al piloto que dice que la Ofelia mejor se vaya para el medio del avión, que hace contrapeso.
SENILIDAD: Hoy me he encontrado un paquete de arroz en la nevera. Lo que me hace llamarlo "senilidad" y no "despiste" (dado que me he llegado a encontrar unas medias en la nevera y un bote de mermelada en el cesto de la ropa sucia, y ya hace años que me pasan cosas así) es que no recuerdo cómo carajo llegó el susodicho paquete de arroz a la nevera. Igual ha sido Craig, en un intento de emulación de "Luz de gas", pero qué quieren que les diga, a mí me preocupa no acordarme de estas cosas. Igual algún día me meo en la bañera y ni me entero. Que alguien me vigile, por Dios, que no respondo de mis actos.
MADUREZ: En estas últimas semanas me he preguntado, a una media de diez veces por segundo, qué hago con Craig, si somos compatibles o si estamos perdiendo el tiempo, si debería dejarle o debería frustrarle hasta que me deje él, para no ser la mala de la película, si, si, si..... Ahora he descubierto que las cosas que a mi parecer estaban tan claras, acerca de las relaciones, de la convivencia, de la antimedianaranja... pues no: no están tan claras. En el amor no hay pasión, ni desesperación. Hay sentimientos, sí, claro, pero no necesariamente de fiebres que te arrebatan el sentido. Hay paciencia, tolerancia y un sinfín de conceptos cuyo significado real (que no significante) aún estoy aprendiendo, y tremendo camino que me queda. No voy a seguir con él por no quedarme sola, porque de hecho ya me he dado cuenta de que sola es como mejor estoy. Voy a seguir con él porque en él tengo un espejo perfecto de las virtudes de las que carezco, y me hacer aprender, día a día, a ser mejor persona. Voy a seguir con él porque quererle no significa querer tirármele encima cada cinco minutos, sino buscar su felicidad y servirle de espejo simultáneo en su desarrollo.
Voy a seguir con él, porque hay un montón de motivos, numerables e innumerables, racionales en su mayoría, para seguir con él.
Y dejaré las pasiones, las locuras y los momentos imposibles para el recuerdo, o para las películas, como quien establece un rincón lúdico dentro de su imaginación para soñar un rato, que las fantasías también son necesarias, por supuesto.
SENILIDAD: Tengo que volver a la traducción y no encuentro el puñetero libro por ninguna parte. Voy a mirar dentro de la lavadora... nunca se sabe.
Como soy gallega, me conformo con recordar a la "Negra Sombra" que perseguía a mi muy admirada Rosalía de Castro, soltar un "carallo, onde se che foron os anos, rapaza" entre dientes, y fumarme un cigarro.
(Me considero afortunada en esto último, en comparación con la población gringa, que no puede decir palabrotas ni fumar, y mucho menos publicarlo).
El recuento de glorias de mi cumpleaños no está nada mal. Lo he celebrado durante dos días, gracias a mis exclusivas amistades y a un hombre que me quiere y se desvive por mí, aunque no siempre me entienda.
La noche del catorce de agosto organizó una cena romántica para dos personas a la que asistieron nueve (Las siete restantes eran el factor sorpresa) en un restaurante sublime, precioso, bohemio con clase del Borne. A veces me hago cruces intentando comprender cómo conoce muchísimos más sitios que yo en mi propia ciudad... pero claro, la gente de fuera siempre conoce las ciudades mejor que la de dentro. Puede que no siempre se empapen de los recuerdos de sus calles, de sitios, semáforos y paradas de metro, pero sin duda saben qué restaurante te va a gustar más.
Pues eso, con mucho misterio y un sinfín de intrigas (y ya se puede decir que el hombre tuvo paciencia, porque yo no hacía más que preguntarle, intentando seguir la velocidad de sus zancadas gigantes con mis tacones, que parecíamos tal cual pastor y cabra, por la plaza Sant Jaume, beeee, beeee.
Llegué al sitio y me encuentro con una mesa fascinante en que figuraba más gente de la que yo tenía prevista, incluyendo a Frida y a Friedrich (de este ya hablaré, pero sin pasarme, que me lee). Y aún llegaron más.
Fue una noche de esas que no quieres que se acaben, y al mismo tiempo no se acababa. No se acababa porque sabía que mis amigos y amigas están ahí, que cuento con su presencia cercana, que me arropan y que dan pinceladas de riqueza a mi propia identidad, a través de las suyas. Que hay complicidades que van más allá de una noche de cumpleaños.
(Una de las cosas que más empiezo a odiar de hacerme mayor es la lagrimilla fácil. Me pregunto si habrá algún remedio de farmacia, como los pañales de la incontinencia, o las cremas antiarrugas).
La noche acabó con Sacarina y una que escribe sentadas en un taburete, en Jamboree, haciendo un profundo estudio antropológico (aunque sería más adecuado a los hechos decir "zoológico") de las gentes que poblaban la sala. Nos llegamos a reír tanto que creo que aún me duele el estómago.
En fin, para que nadie piense que exagero al creerme vieja, y que sepan que aún mantengo alguna conexión con la realidad que me permite distinguir la diferencia entre madurez y senilidad, ahí les van un par de apuntes.
SENILIDAD: pasarte dos horas en una discoteca analizando a la gente, inventando sus vidas del modo en que tú las imaginas, observando sólo aquel preciso momento de ellas. (véase momento clásico de dos abuelas sentadas en una sala de espera de la seguridad social, criticando a todo bicho pasante. La única diferencia es que en nuestro caso, al menos, había reggaetón de fondo).
MADUREZ: Hacerlo con fundamento (lo de criticar) y sólo con el fin de intentar encontrar en qué punto de su miserable infancia o adolescencia se le dió a la rubia por volverse una pelambrusca, o si ya era carne de cañón desde el principio de los tiempos, y por qué el Latin King de turno le sigue el juego y si se habrá dado cuenta o no de la condición de C.P.* de ella. Es que si nos vamos a dedicar a la educación, hay que analizar todas las dimensiones de sociabilidad -o carencia de ésta- de la población.
C.P.: Calientapollas. Que nadie me mire mal, que también se hizo lo mismo con T.O.C., T.B., MDMA... Es un término médico, o biopsicológico, como cualquier otro.
SENILIDAD: antes te regalaban tebeos de esos de tapa dura (el archiconocido "Superhumor", que contaba con lo mejorcísimo de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, etc.). Ahora, un libro de Feng Shui (buenísimo el comentario de mi padre cuando me llamó por teléfono y le hice un recuento de mis regalos: "Pero si a ti no te gusta el pescado crudo") y otro de Paul Auster... Buena combinación de lecturas: la vida es una sucesión de terribles acontecimientos que nos llevan a una decadencia progresiva, vertiginosamente rápida e inevitable, pero... si pones la papelera al lado del micro-ondas, se acabó el mal rollo.
MADUREZ: Te interesa Paul Auster; te interesa el Feng Shui... pero te paaaaaaartes de risa (y mira que te lo has leído veces) con aquel en que Mortadelo y Filemón se van a Nueva York y se oye al piloto que dice que la Ofelia mejor se vaya para el medio del avión, que hace contrapeso.
SENILIDAD: Hoy me he encontrado un paquete de arroz en la nevera. Lo que me hace llamarlo "senilidad" y no "despiste" (dado que me he llegado a encontrar unas medias en la nevera y un bote de mermelada en el cesto de la ropa sucia, y ya hace años que me pasan cosas así) es que no recuerdo cómo carajo llegó el susodicho paquete de arroz a la nevera. Igual ha sido Craig, en un intento de emulación de "Luz de gas", pero qué quieren que les diga, a mí me preocupa no acordarme de estas cosas. Igual algún día me meo en la bañera y ni me entero. Que alguien me vigile, por Dios, que no respondo de mis actos.
MADUREZ: En estas últimas semanas me he preguntado, a una media de diez veces por segundo, qué hago con Craig, si somos compatibles o si estamos perdiendo el tiempo, si debería dejarle o debería frustrarle hasta que me deje él, para no ser la mala de la película, si, si, si..... Ahora he descubierto que las cosas que a mi parecer estaban tan claras, acerca de las relaciones, de la convivencia, de la antimedianaranja... pues no: no están tan claras. En el amor no hay pasión, ni desesperación. Hay sentimientos, sí, claro, pero no necesariamente de fiebres que te arrebatan el sentido. Hay paciencia, tolerancia y un sinfín de conceptos cuyo significado real (que no significante) aún estoy aprendiendo, y tremendo camino que me queda. No voy a seguir con él por no quedarme sola, porque de hecho ya me he dado cuenta de que sola es como mejor estoy. Voy a seguir con él porque en él tengo un espejo perfecto de las virtudes de las que carezco, y me hacer aprender, día a día, a ser mejor persona. Voy a seguir con él porque quererle no significa querer tirármele encima cada cinco minutos, sino buscar su felicidad y servirle de espejo simultáneo en su desarrollo.
Voy a seguir con él, porque hay un montón de motivos, numerables e innumerables, racionales en su mayoría, para seguir con él.
Y dejaré las pasiones, las locuras y los momentos imposibles para el recuerdo, o para las películas, como quien establece un rincón lúdico dentro de su imaginación para soñar un rato, que las fantasías también son necesarias, por supuesto.
SENILIDAD: Tengo que volver a la traducción y no encuentro el puñetero libro por ninguna parte. Voy a mirar dentro de la lavadora... nunca se sabe.





