Retrato de una llama.
Este fin de semana ha sido... olvidable... 
De pequeña, a mis padres les encantaba llevarme al zoo. A mí ni me iba ni me venía, creo que me interesaba más ir saludando a la gente que paseaba por allí que ver los animales, pero iba de todas maneras, porque a mis padres les hacía ilusión llevarme, y yo ponía buena cara. Para estar juntos.
Un día, me acerqué al sitio de las llamas. Mi madre me decía que no me acercara demasiado, que me podían morder, pero a mí me picó la curiosidad que fueran tan feas y a la vez tan dignas, tan altivas, tan arrogantes. Pensé que parecían damas, no llamas. Aquellos cuellos tan altos, aquellas caras afiladas. Feísimas, pero muy dignas. Dignidad, no como yo la entiendo, sino de esa dignidad impostada, a lo Jurado/Pantoja/Yo soy ésa.
Cuando estaba a un palmo de ellas, una se acercó a mí, me miró fijamente y me escupió en toda la cara.
Toma dignidad. Toma altivez. Toma savoir faire.
De aquella tenía yo unos tres o cuatro años. Ahora tengo veintipico, pienso que las apariencias pueden engañar, que por mucho que digan que la cara es el espejo del alma, blablá, una fea aún me puede dar una lección de buenos modales y es que no he aprendido la lección: no pensar.
El sábado por la noche, me presento en aquella fiesta de cumpleaños a la que había ido para que Sacarina no lo pasara tan mal, a hacer el paripé, porque cree que está enamorada de Birthday Boy. No lo está, pero aún le cuesta admitirlo, porque la rutina de estarlo se ha impuesto sobre su generalmente loable sentido común. Y odia tremendamente a la "novia" de éste, anfitriona de la fiesta, aunque ella nunca le ha hecho nada.
Me presento allí, y tal como sale de la cocina, a saludar (y hacer el paripé también, of course) me atacó un poco esa sensación incierta de que se acerca la llama a escupirte en la cara. Quizá fueran esos momentos frívolos, cínicos, crueles, que no puedo evitar cuando me topo con alguien que lleva ese corte de pelo, esos dientes imposibles, esa verruga negra al lado de la boca, ese deje barriobajero indisimulable, o esa mirada que no aciertas del todo a decir de dónde viene o adónde va. O esa camiseta que no pegaba ni consigo misma. Pensé que se me había tragado la tele y me había caído en una peli de Tim Burton. Qué digo. De Almodóvar.
Déjenme que les diga que si la cara es el espejo del alma, esta chica necesita un exorcista, como mínimo.
Estuve a punto de preguntar si Halloween no era en Noviembre, pero como soy una dama me callé y sonreí amablemente, a grandes carcajadas interiores. (También llevo una relación amor-odio con mis arrebatos de hipocresía impuesta. Me odio por hacerlo también, y me amo por ser tan buena hipócrita cuando ni siquiera soy hipócrita. Soy hipócrita doble, por ser hipócrita con mi propia hipocresía. Dioses, qué dolor. No soy hipócrita, tengo demasiada clase como para eso. Soy cínica, que no es lo mismo).
Yo pensaba, al principio, que Sacarina la odiaba por el papel que le tocaba en la historia; el papel de la tontalpeine que ha llegado la última y se ha llevado el mejor trozo del pastel sin ningún mérito (bueno, si al individuo se le puede calificar de pastel, y si se puede decir que aguantarlo NO sea un mérito, claro.)
Yo pensaba que todas sus críticas hacia Madame Llama (novia de Birthday Boy, no se me pierdan en la trama) venían de la impotencia y un cierto ataque de celos de "por-dios-qué-tiene-ella-que-no-tenga-yo", y habiendo conocido al B.B. intentaba convencerla de que en esto, no hay sentido común que valga. Que no se podían buscar parámetros, que las cosas salen así de injustas y punto. Pensaba todo eso hasta que estuve frente a Madame Llama y me di cuenta de cuánta razón tenía Sacarina y cuán objetiva había sido al describírmela.
Pese a todo, yo intentaba hacerle ver a Sacarina que la llama, digo dama, se deshacía en simpatía, cosa que, dicho sea de paso, se metía conmigo de manera atroz, pero yo estaba allí para hacer de abogada del diablo y no avivar más las brasas en Sacarina, que ya ardía por sí sola, de tener que estar allí con aquella tipa más fea que cantar Britney Spears en público.
Y es que se supone que BB es el mejor amigo de Sacarina, y viceversa. Se supone. Por eso pensé, "aquí hemos venío porque hemos venío".
La noche no transcurrió mal. Nos lo pasamos bastante bien, hablando con todo el mundo, riéndonos, cantando tangos. Haciendo las tonterías que una hace cuando bebe un par de Boldams. Ji ji. Ji ji. Ji. Ja. Nada fuera de lo común.
Todo el mundo hacía un poco el tonto, sin pasarse, y en un momento va BB y me agarra de las piernas con nocturnidad y alevosía y yo, intentando desasirme, porque no me gusta el contacto físico que yo no he autorizado ni tácita ni explícitamente, me caigo (todo lo larga que soy) al suelo.
En éstas que viene Madame Llama graznando, rebuznando o cacareando (no acierto a decir qué), y yo pensaba que iba con él, por haber tirado a una invitada al suelo, o algo así.
Me reincorporo para oírla mejor y me doy cuenta de que "es a mí, es a mí", no a él.
Rebuzna/grazna/cacarea en un idiolecto que no acierto a descodificar porque ni estoy de convivencias con un colectivo de criaturas tipificadas por mi señora madre como "carne de cañón" ni me están pagando para procesar toda aquella sarta de vulgaridades.
Pero sale la traductora/descodificadora que llevo dentro, e interpreto que me está diciendo que siente unos celos enormes de Sacarina por llevarse bien con todo el mundo, de que no tenga una verruga negra en la cara ni unos dientes imposibles, de que no tenga que estar llamando la atención contínuamente para sentirse como una reina y de que su novio nos haga más caso a Sacarina, y a mí de rebote, que a ella. Básicamente viene a decir que odia tremendamente a Sacarina por ser ciento veintiocho veces más importante que ella en la vida de BB, pero que con ella no puede desahogar su rabia porque BB la dejaría, sin pensárselo un momento. Y que básicamente, yo soy la cabeza de todos los turcos. (con el perdón de la población turca).
Estos son los momentos de mi vida en que doy gracias a Chomsky por haber teorizado sobre la gramática universal. Si no hubiera leído sus teorías, probablemente no habría desarrollado mi gramática universal y habría quedado peor que un guiri cantando pasodobles en una corrida de toros.
Yo, como entenderán, no me iba a poner a gritar, rebajándome hasta perder la dignidad. Lo que estaba claro, y lo sabía todo el mundo, era que allá, la antidivina era ella.
Madame Llama ignoraba que mi cerebro es incapaz de procesar gritos, y seguía allá, escupiendo a su "Yo" verdadero por primera vez aquella noche, como quien libera al tigre, exponiéndose de mala manera delante de un montón de gente.
Hasta que entre rebuznos/cacareos/graznidos expresó (de manera muy inarticulada, todo hay que decirlo) su deseo de verme fuera de aquella casa. En eso coincidimos: mi deseo de largarme de allá era igual de intenso que el suyo. Si alguien saca a relucir que he llegado a relacionarme con la clase de gente a la que esta tipa pertenece, nunca llegaré a ser la primera mujer en la presidencia del gobierno. "Discúlpenme, señores y señoras, me gustaría quedarme, pero mi linaje, mi clase y mi savoir faire me lo impiden".
Se lo montaba bien, porque era matar dos pájaros de un tiro. Si me iba yo, se iba Sacarina, y muerto el perro, muerta la rabia.
Yo casi susurré, para que me oyera todo el mundo: "No sufras por que pueda llegar ni a plantearme remotamente la posibilidad de quedarme. Nada me satisface más que poder irme, después de haber visto esto. Que alguien ate a la fiera, por favor".
Sacarina salió justo detrás de mí.
Y nos fuimos de fiesta por ahí.
Al principio me pegué unas buenas risas, para qué negarlo. Me gustó comprobar que Madame Llama también odia a Sacarina, señal de que tampoco las tiene todas consigo. Con razón, y no es por pasión de amiga, pero Sacarina le da cuatrocientas cincuenta mil, setecientas veintiocho patadas a la tipa esta.
(Deduzco que por eso Birthday Boy prefiere la llama, a la dama. Para llevar a una llama basta con un impermeable, una zanahoria y un palo. Para llevar a una dama se requiere mucho más que eso, y muy diferente a eso.)
Luego me dio una rabia enorme no haberle pegado cuatro puñetazos de esos con el puño bien cerrado. (que yo también tengo instintos, o qué se piensan). Cabe decir que esta chica cuenta con un currículum que ya le gustaría a Vin Diesel, de peleas callejeras y juicios por agresión. A mí no me pegó porque no creo que fuera tan imbécil como para NO darse cuenta, dentro de su estupidez galopante, de que le saco dos palmos y de que mis manos abarcan diez teclas de piano normal. Aunque la tipa no haya visto un piano en su condenada vida ni por la tele. Aunque yo tenga demasiada clase como para llegar ni a considerar algo tan recondenadamente paleolítico.
¿Qué? ¿Pegarme? ¿Por un individuo? ¿Por uno que ni siquiera me gusta, además? Que venga la Madre Naturaleza a poner sentido a algo de esto, por favor.
Menudo esperpento. Tuve visiones toda la noche de mi puño dando contra su cara y ajustándole (de una dichosa vez por todas) aquellos dientes imposibles. Y volándole la verruga negra peluda, de paso.
Era lo que decía de la inseguridad femenina... aunque lo de ésta es pura chabacanería. No creo que tenga luces suficientes ni como para plantearse inseguridades. Le faltan años de lectura y un par de palmos, y le sobran quilos de subnormalidad, porque como ya he dicho en más de una ocasión, hay un abismo entre tener una discapacidad mental, tener el síndrome de Down o ser, llana y simplemente, subnormal. Un abismo.
Creo que voy a llamar al zoológico y les voy a pedir que cuenten las llamas, a ver si se les ha escapado alguna.

De pequeña, a mis padres les encantaba llevarme al zoo. A mí ni me iba ni me venía, creo que me interesaba más ir saludando a la gente que paseaba por allí que ver los animales, pero iba de todas maneras, porque a mis padres les hacía ilusión llevarme, y yo ponía buena cara. Para estar juntos.
Un día, me acerqué al sitio de las llamas. Mi madre me decía que no me acercara demasiado, que me podían morder, pero a mí me picó la curiosidad que fueran tan feas y a la vez tan dignas, tan altivas, tan arrogantes. Pensé que parecían damas, no llamas. Aquellos cuellos tan altos, aquellas caras afiladas. Feísimas, pero muy dignas. Dignidad, no como yo la entiendo, sino de esa dignidad impostada, a lo Jurado/Pantoja/Yo soy ésa.
Cuando estaba a un palmo de ellas, una se acercó a mí, me miró fijamente y me escupió en toda la cara.
Toma dignidad. Toma altivez. Toma savoir faire.
De aquella tenía yo unos tres o cuatro años. Ahora tengo veintipico, pienso que las apariencias pueden engañar, que por mucho que digan que la cara es el espejo del alma, blablá, una fea aún me puede dar una lección de buenos modales y es que no he aprendido la lección: no pensar.
El sábado por la noche, me presento en aquella fiesta de cumpleaños a la que había ido para que Sacarina no lo pasara tan mal, a hacer el paripé, porque cree que está enamorada de Birthday Boy. No lo está, pero aún le cuesta admitirlo, porque la rutina de estarlo se ha impuesto sobre su generalmente loable sentido común. Y odia tremendamente a la "novia" de éste, anfitriona de la fiesta, aunque ella nunca le ha hecho nada.
Me presento allí, y tal como sale de la cocina, a saludar (y hacer el paripé también, of course) me atacó un poco esa sensación incierta de que se acerca la llama a escupirte en la cara. Quizá fueran esos momentos frívolos, cínicos, crueles, que no puedo evitar cuando me topo con alguien que lleva ese corte de pelo, esos dientes imposibles, esa verruga negra al lado de la boca, ese deje barriobajero indisimulable, o esa mirada que no aciertas del todo a decir de dónde viene o adónde va. O esa camiseta que no pegaba ni consigo misma. Pensé que se me había tragado la tele y me había caído en una peli de Tim Burton. Qué digo. De Almodóvar.
Déjenme que les diga que si la cara es el espejo del alma, esta chica necesita un exorcista, como mínimo.
Estuve a punto de preguntar si Halloween no era en Noviembre, pero como soy una dama me callé y sonreí amablemente, a grandes carcajadas interiores. (También llevo una relación amor-odio con mis arrebatos de hipocresía impuesta. Me odio por hacerlo también, y me amo por ser tan buena hipócrita cuando ni siquiera soy hipócrita. Soy hipócrita doble, por ser hipócrita con mi propia hipocresía. Dioses, qué dolor. No soy hipócrita, tengo demasiada clase como para eso. Soy cínica, que no es lo mismo).
Yo pensaba, al principio, que Sacarina la odiaba por el papel que le tocaba en la historia; el papel de la tontalpeine que ha llegado la última y se ha llevado el mejor trozo del pastel sin ningún mérito (bueno, si al individuo se le puede calificar de pastel, y si se puede decir que aguantarlo NO sea un mérito, claro.)
Yo pensaba que todas sus críticas hacia Madame Llama (novia de Birthday Boy, no se me pierdan en la trama) venían de la impotencia y un cierto ataque de celos de "por-dios-qué-tiene-ella-que-no-tenga-yo", y habiendo conocido al B.B. intentaba convencerla de que en esto, no hay sentido común que valga. Que no se podían buscar parámetros, que las cosas salen así de injustas y punto. Pensaba todo eso hasta que estuve frente a Madame Llama y me di cuenta de cuánta razón tenía Sacarina y cuán objetiva había sido al describírmela.
Pese a todo, yo intentaba hacerle ver a Sacarina que la llama, digo dama, se deshacía en simpatía, cosa que, dicho sea de paso, se metía conmigo de manera atroz, pero yo estaba allí para hacer de abogada del diablo y no avivar más las brasas en Sacarina, que ya ardía por sí sola, de tener que estar allí con aquella tipa más fea que cantar Britney Spears en público.
Y es que se supone que BB es el mejor amigo de Sacarina, y viceversa. Se supone. Por eso pensé, "aquí hemos venío porque hemos venío".
La noche no transcurrió mal. Nos lo pasamos bastante bien, hablando con todo el mundo, riéndonos, cantando tangos. Haciendo las tonterías que una hace cuando bebe un par de Boldams. Ji ji. Ji ji. Ji. Ja. Nada fuera de lo común.
Todo el mundo hacía un poco el tonto, sin pasarse, y en un momento va BB y me agarra de las piernas con nocturnidad y alevosía y yo, intentando desasirme, porque no me gusta el contacto físico que yo no he autorizado ni tácita ni explícitamente, me caigo (todo lo larga que soy) al suelo.
En éstas que viene Madame Llama graznando, rebuznando o cacareando (no acierto a decir qué), y yo pensaba que iba con él, por haber tirado a una invitada al suelo, o algo así.
Me reincorporo para oírla mejor y me doy cuenta de que "es a mí, es a mí", no a él.
Rebuzna/grazna/cacarea en un idiolecto que no acierto a descodificar porque ni estoy de convivencias con un colectivo de criaturas tipificadas por mi señora madre como "carne de cañón" ni me están pagando para procesar toda aquella sarta de vulgaridades.
Pero sale la traductora/descodificadora que llevo dentro, e interpreto que me está diciendo que siente unos celos enormes de Sacarina por llevarse bien con todo el mundo, de que no tenga una verruga negra en la cara ni unos dientes imposibles, de que no tenga que estar llamando la atención contínuamente para sentirse como una reina y de que su novio nos haga más caso a Sacarina, y a mí de rebote, que a ella. Básicamente viene a decir que odia tremendamente a Sacarina por ser ciento veintiocho veces más importante que ella en la vida de BB, pero que con ella no puede desahogar su rabia porque BB la dejaría, sin pensárselo un momento. Y que básicamente, yo soy la cabeza de todos los turcos. (con el perdón de la población turca).
Estos son los momentos de mi vida en que doy gracias a Chomsky por haber teorizado sobre la gramática universal. Si no hubiera leído sus teorías, probablemente no habría desarrollado mi gramática universal y habría quedado peor que un guiri cantando pasodobles en una corrida de toros.
Yo, como entenderán, no me iba a poner a gritar, rebajándome hasta perder la dignidad. Lo que estaba claro, y lo sabía todo el mundo, era que allá, la antidivina era ella.
Madame Llama ignoraba que mi cerebro es incapaz de procesar gritos, y seguía allá, escupiendo a su "Yo" verdadero por primera vez aquella noche, como quien libera al tigre, exponiéndose de mala manera delante de un montón de gente.
Hasta que entre rebuznos/cacareos/graznidos expresó (de manera muy inarticulada, todo hay que decirlo) su deseo de verme fuera de aquella casa. En eso coincidimos: mi deseo de largarme de allá era igual de intenso que el suyo. Si alguien saca a relucir que he llegado a relacionarme con la clase de gente a la que esta tipa pertenece, nunca llegaré a ser la primera mujer en la presidencia del gobierno. "Discúlpenme, señores y señoras, me gustaría quedarme, pero mi linaje, mi clase y mi savoir faire me lo impiden".
Se lo montaba bien, porque era matar dos pájaros de un tiro. Si me iba yo, se iba Sacarina, y muerto el perro, muerta la rabia.
Yo casi susurré, para que me oyera todo el mundo: "No sufras por que pueda llegar ni a plantearme remotamente la posibilidad de quedarme. Nada me satisface más que poder irme, después de haber visto esto. Que alguien ate a la fiera, por favor".
Sacarina salió justo detrás de mí.
Y nos fuimos de fiesta por ahí.
Al principio me pegué unas buenas risas, para qué negarlo. Me gustó comprobar que Madame Llama también odia a Sacarina, señal de que tampoco las tiene todas consigo. Con razón, y no es por pasión de amiga, pero Sacarina le da cuatrocientas cincuenta mil, setecientas veintiocho patadas a la tipa esta.
(Deduzco que por eso Birthday Boy prefiere la llama, a la dama. Para llevar a una llama basta con un impermeable, una zanahoria y un palo. Para llevar a una dama se requiere mucho más que eso, y muy diferente a eso.)
Luego me dio una rabia enorme no haberle pegado cuatro puñetazos de esos con el puño bien cerrado. (que yo también tengo instintos, o qué se piensan). Cabe decir que esta chica cuenta con un currículum que ya le gustaría a Vin Diesel, de peleas callejeras y juicios por agresión. A mí no me pegó porque no creo que fuera tan imbécil como para NO darse cuenta, dentro de su estupidez galopante, de que le saco dos palmos y de que mis manos abarcan diez teclas de piano normal. Aunque la tipa no haya visto un piano en su condenada vida ni por la tele. Aunque yo tenga demasiada clase como para llegar ni a considerar algo tan recondenadamente paleolítico.
¿Qué? ¿Pegarme? ¿Por un individuo? ¿Por uno que ni siquiera me gusta, además? Que venga la Madre Naturaleza a poner sentido a algo de esto, por favor.
Menudo esperpento. Tuve visiones toda la noche de mi puño dando contra su cara y ajustándole (de una dichosa vez por todas) aquellos dientes imposibles. Y volándole la verruga negra peluda, de paso.
Era lo que decía de la inseguridad femenina... aunque lo de ésta es pura chabacanería. No creo que tenga luces suficientes ni como para plantearse inseguridades. Le faltan años de lectura y un par de palmos, y le sobran quilos de subnormalidad, porque como ya he dicho en más de una ocasión, hay un abismo entre tener una discapacidad mental, tener el síndrome de Down o ser, llana y simplemente, subnormal. Un abismo.
Creo que voy a llamar al zoológico y les voy a pedir que cuenten las llamas, a ver si se les ha escapado alguna.
Comentario:
Vaya!
Comentarios son sustancia! No imaginan lo contenta que me ponen...
En realidad no, no me propasé con su novio (ni ganas, para qué mentir. Es que no soy de ese tipo, por mucho que quisiera y Bruji, tienes razón. Dime con quién andas, y si su novia es un adefesio, por algo debe de ser...)
Luego, Bogato, estuve pensando en maneras de disculparme con la comunidad de las llamas, que porque una me hubiera escupido no tenía que extender la depresión post-traumática hasta el Fin de los Días, pero qué le voy a hacer. Los escupitajos propinados en plena cara marcan de por vida.
Señor Evro, tened a bien hablar sobre lo que íbais a hablar igualmente. En su día os dije que vuestras particulares perspectivas y vuestros recursos les dan cuarenta patadas a los míos, así que poco importa que se trate del mismo tema.
Y comprad una caja de Alka-Seltzer, por favor, o en su defecto mezclad una aspirina, un sobre de ibuprofeno y otro de paracetamol con café y agua en un vaso, que es lo mismo.
Gracias por leerme.
Comentarios son sustancia! No imaginan lo contenta que me ponen...
En realidad no, no me propasé con su novio (ni ganas, para qué mentir. Es que no soy de ese tipo, por mucho que quisiera y Bruji, tienes razón. Dime con quién andas, y si su novia es un adefesio, por algo debe de ser...)
Luego, Bogato, estuve pensando en maneras de disculparme con la comunidad de las llamas, que porque una me hubiera escupido no tenía que extender la depresión post-traumática hasta el Fin de los Días, pero qué le voy a hacer. Los escupitajos propinados en plena cara marcan de por vida.
Señor Evro, tened a bien hablar sobre lo que íbais a hablar igualmente. En su día os dije que vuestras particulares perspectivas y vuestros recursos les dan cuarenta patadas a los míos, así que poco importa que se trate del mismo tema.
Y comprad una caja de Alka-Seltzer, por favor, o en su defecto mezclad una aspirina, un sobre de ibuprofeno y otro de paracetamol con café y agua en un vaso, que es lo mismo.
Gracias por leerme.
Comentario:
anda que te has despachado a gusto! jajajaja, pero no he acabado de entender porque se supone que te echo de la fiesta ?¿ pensaba que te estabas propasando con su novio? le tocaste el paquete al susodicho en la caída sin querer? :-P
Hay hombres que tienen a las buenas como amigas y que luego tienen un secreto gusto por la cutrez que les hace escoger a las chungas por novias-amantes-rollos-apaños. Pero a mí como me gustan los hombres de gustos delicados, si le veo con una tía así dejaría de gustarme ipso facto!
kisses!
Me he reído mucho :-)
Hay hombres que tienen a las buenas como amigas y que luego tienen un secreto gusto por la cutrez que les hace escoger a las chungas por novias-amantes-rollos-apaños. Pero a mí como me gustan los hombres de gustos delicados, si le veo con una tía así dejaría de gustarme ipso facto!
kisses!
Me he reído mucho :-)
Comentario:
Aldara, leí pues tu post al respecto de las llamas (Damas) y el entorno del que las rodeaste. Se me ha enganchado en el pensamiento esta idea de cómo ciertas acciones sufridas en la infancia nos marcan para toda la vida y nos hacen generan esas asociaciones que resultan únicas a cada individuo. La que en ti nace al respecto de las llamas mira que es particular.
Comentario:
Acabo de levantarme -fin de semana movidito- y mientras tomaba un café antes de volver a la cama he acudido a su blog... ¡Es vd. mejor que la prensa internacional para empezar, o acabar según se mire, el día. Y una vez más me ha pisado el tema del que tan orgullosa reflexión hice, rodeado de resacosa aristocracia, en un vuelo privado desde Mónaco. Pero esta vez, cuando recupere a la única neurona que no me bebe, lo escribiré igualmente. Cordiales saludos.





