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COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
La casita de muñecas.

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(Elvis Presley. A little less conversation -remixed).

Después de convencer a dos o tres especialistas, hace mucho tiempo, de que mi rebeldía/falta de madurez no se debía al hecho de que mi Sra. Madre no me hubiera dejado jugar con muñecas de pequeña, sino al mero hecho de que tenía diecisiete años, ergo derecho de sobras a ser todo lo rebelde que me pidiera el cuerpo, va y resulta que no. Que a mis veintiocho, aún me gusta jugar con muñecas. Señal de carencias infantiles, sin duda.
De entre los innumerables juegos de la Playstation 2 que existen, el que más me gusta (después del GTA 4, eso sí) es el de los Sims 2.
Sé que esta confesión me puede costar la blogovida, pero si me quiero dedicar a ponerle pegas al resto del mundo, tengo que empezar por publicar las mías propias, ¿no?
Bien. Mi historia con los Sims 2 empezó hace dos años, una tarde en que una alumna adolescente nos explicó el juego, en una de esas sesiones de "vamos a hablar en inglés". A mí aquello me metió una curiosidad en el cuerpo que para qué contar, pero me consideré demasiado mayor para ni adentrarme en tal mundillo electrónico.
Dos años después, mírenme.
Entro, diseño personajes, destrozo la casa antes existente, monto la mía propia, meto personajes, y hala. A jugar a las muñecas.
Llevo unas tres semanas así. Cuando acabo de traducir (es decir, cuando ya no me salen ni los tiempos verbales en catalán) voy directa a la PS2 (esto va a poner muy contenta a la de la óptica, la de al lado del Chino de Abajo, que se va a forrar conmigo, a este paso).

Jugar, en realidad, es un rollo, porque tienes que ir al lavabo todo el rato (o mearte en medio del salón, lo cual conlleva tener que ir a ducharte y fregar el suelo, que es un doble rollo y entonces ya no puedes realizar tus aspiraciones).
Tienes que cocinar, tienes que ver la tele o bailar, para divertirte (o más cosas, según lo que hayas comprado para la casa). Es decir, tienes que hacer un montón de cosas que a mí me dan un palo del carajo incluso en la vida real, con lo que no voy a pasar mis ratos de ocio haciéndolas virtualmente, ¿no?
Suerte que para eso se inventó el cheating (acción consistente en mamoneo de botoncitos, tras profunda investigación internauta, para conseguir todos los niveles de habilidades, pipis, cacas, horas de sueño etcétera, sin tener que pasarte años yendo y viniendo del WC) En cuanto a las relaciones sociales, tres cuartos de lo mismo. Hay que pasarse diez horas de estiras y aflojas para llegar a hacerte algún amigo, amiga, novio o novia. Vas haciendo cosas para relacionarte con los personajes y te van quitando o poniendo puntos, lo cual me está haciendo pensar que la gente que ha creado este juego recibe importante patrocinio de todas las empresas distribuidoras de fluoxetina, porque las crisis de ansiedad que te pegan al ver que estás intentando hacerte amiga de un capullo de enciclopedia son de órdago. Venga a hablar, venga a hablar, y nada, oyes.
estuve evitándolo durante un tiempo, lo de buscar las trampas. Resultado: llegué a uno de esos puntos de engorde de "a tomarporccccc....", y así, me he hecho con las trampas, y he conseguido a mis Sims toda la pasta que les da la gana, los niveles más altos de habilidad en todo y pueden dedicarse a lo realmente importante, que es el curro y la vida social.
(Soy consciente de lo triste que es mi vida, no se preocupen).
Sin embargo, jugar no es lo más interesante del juego. Lo que más me gusta es montarlo (además, para cuando lo has montado, ya no tienes ni ganas de jugar) Montarlo es como un viaje a Ikea de gratis. Puedes conseguir desde paredes hasta el electrodoméstico más absurdo, pasando por instrumentos musicales, telescopios, plantas, pecera (te comes los peces) y un interminable etcétera, de los dos catálogos que te dan.
Para muestra, una sim-biótica (la que escribe).
Ahora mismo tengo en la tarjeta de memoria:
casa 1: Clarice Starling y Hannibal Lecter. Los tengo casi enrollaos. Me salió un Hannibal casi impecable, en serio, con su pelo cortísimo y blanco, su barriguilla y su cara de psicópata peligroso.
casa 2: Thelma y Louise. Compañeras de piso y residentes en pedazo mansión. Son unas pelandruscas, para qué negarlo, pero al menos Thelma se gana una pasta pintando y vendiendo cuadros. Louise es Leo y ni tira de la cadena cuando va al baño (lo cual me provocó una crisis de orgullo Leo que no les cuento). Un consejo, si deciden jugar sin trampas: nunca acepten la opciñon Leo ,cójanlos escorpio o virgo, que son más activos (no necesitan dormir tanto) y tiran solos de la cadena. Eh, que conste que aquí una que escribe es Leo, que no intento criticar a nadie.
casa 3: Lara Croft, con aún más pasta que Thelma y Louise, viviendo sola y tirándose a cada tío que pasa por la calle, cuando vuelve del trabajo. (Trabaja en una especie de laboratorio médico o algo así, fregando suelos. Me encanta ver a Lara Croft fregando suelos, resulta exhilarante, ¿no creen?).
casa 4: Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Los casé la otra noche e immediatamente después intenté que Simone se tirara a una de sus amigas, en homenaje a la Simone de verdad. No funcionó, porque por más que Simone me haya quedado perfecta, las sims que te vienen dadas son todas unas estrechas. Así que le busqué un amante masculino, que (oh, porca miseria) había, previamente, comido algo en mal estado y se fue a vomitar, en vez de seguirla hasta la habitación. Qué paciencia hay que tener en este juego para conseguir algo, dioses.
casa 5: Craig y yo. Craig se diseñó su propio personaje, así que no se extrañen de que el muy freak lleve una americana beige con pajarita y sin nada debajo. Mi Aldara es más normalita.
casa 6: Julia Roberts y Vin Diesel. Una casa preciosa, con patio interior y todo. Julia Roberts tiene como tres o cuatro amigos con derecho a roce, aunque Vin es su amante oficial, y a su vez Vin sale por las noches como un gato en celo, a tirarse a Lara Croft.
Si esto no es jugar a las muñecas, que venga alguien y me lo explique.
Lo que más me llega a gustar de este quehacer tan dulcemente trivial no es el culebrón que se monta. De hecho, una noche estuve a punto de dejarlo, de puro aburrimiento... pero tiene un plus enorme, y es que finalmente puedo decir que tengo una casa con piano.
 
Comentario:
me-par-to xd
No