logotipo

img_google
COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
Freedom's just another name for nothing left to lose.
(Janice Joplin - Kosmic Blues)

Dioses. ¿Otra vez son las once y media de la noche?
¿Cómo lo he hecho?
¿Me despertaré mañana por la tarde a lo Kafka, y me habré convertido en búho?
... ¿Qué?
Ma foi...

Resulta que en un curso que estoy haciendo, un día llegó Histeria Informativa a darnos una conferencia sobre un tema que, por cierto, no tenía, a mi entender, nada que ver con los objetivos del curso.
Pero la mujer vino, y lo primero que hizo fue preguntarme:
"¿Lees periódicos? ¿Cuáles?"
A lo que yo respondí "No" y "El País" respectivamente.
A lo que ella respondió con otra pregunta que yo ya me veía venir porque después de trabajar con criaturas, si hay algo que se adquiere, y de una manera vertiginosa, es rapidez.
"¿Por qué no lees periódicos?" Como bien demuestra este ejemplo, hay gente que se queda entrabancada en el atrium del proceso de cocción personal. Vamos, que hay gente que no madura más allá de los siete años. Una de las reglas de oro que aprendí después de los siete y antes de los ocho es que si no quieres saber algo, no lo preguntes.
Histeria Informativa se pasó el tercero de EGB jugando con la barbi, por lo que se ve. Y yo, que no soy mucho mejor ejemplo, tocando el piano sin querer preguntarle a mi madre "¿Cuánto rato más tengo que tocar?", temiendo la respuesta.
Sea como fuere, yo todavía albergaba esperanzas de que, viendo mi cara, tuviera un poco de mano izquierda y no preguntara. Pero, temeraria como era, preguntó, y honesta como soy, respondí.
Y preguntó:
"¿Por qué no lees los periódicos? Laura, te llamabas, ¿no?"

Bien, aquí tengo que hacer un par de apuntes. No puedo evitar sentir un menosprecio absoluto -que viene a ser desprecio- por esa gente que no se acuerda de tu nombre y que considera esa falta de memoria un pecado mortal y un suicidio social, y entonces prueba, y no sólo se equivoca, sino que ADEMÁs utiliza el pretérito imperfecto "te llamabas". Si me llamaba Laura, me sigo llamando, porque no me he muerto, y tampoco me ha dado tiempo de ir al registro civil y cambiarme de nombre desde hace escasamente siete minutos hasta ahora. Y si no me llamaba, o no lo sabías, o no te acordabas, ¿tan horrible es decir, sin más, "¿me puedes decir cómo te llamas otra vez, por favor?"? Francamente, no lo acabo de entender. Considero lo más normal del mundo que no se acuerde de mi nombre de buenas a primeras, puesto que nos acabamos de conocer y ella sólo era una conferenciante y nosotros, un montón de gente. Pero dejemos de lado ese detalle, porque Histeria Informativa tenía reservados otros más interesantes.
Volviendo al casus belli, que era el hecho de que yo, maldita HIJNORANTE DE LA BIDA, no leía periódicos, o no con la suficiente periodicidad... Pensé "you don't want to know" e inmediatamente le dije el por qué.
"Porque los periodistas escriben muy mal y acabo fijándome tanto en los errores que no me entero de nada, así que me limito a ver las noticias de la Dos, cuando puedo, y me compro el Time, que es semanal, está bien escrito, tengo tiempo de leérmelo y no le hago morados a nadie a la altura de las costillas cuando voy en metro o ferrocarril."
Dioses.
Aunque de buenas a primeras esta respuesta pueda parecerle una mala idea a cualquiera que no le dé dos vueltas a las cosas, aquí una que escribe, sí que se las da. A algunas cosas, no a todas.
Yo ya sabía, aunque llegué tarde y me había perdido los preliminares, que Histeria Informativa era periodista, de profesión (y por lo que se vio, de brote esquizofrénico también) pero me traía sin cuidado. O no, mejor dicho no. Quería que lo supiera.
Durante un segundo de dieciséis años, reinó en la sala un silencio de aquellos que permitían a la gente presente oir las termitas del armario.
Histeria Colectiva, digo, Informativa, me miró como si acabara de cagarme en Dios por el micrófono del altar del monasterio barroco de mi pueblo y me dijo (¿esperando dejarme mal? no lo sé. I couldn't care less, como dicen por ahí):
"Oye, yo soy periodista".
Y yo la miré fijamente a los ojos, sonreí tan ancha, sin sarcasmos, ni malas leches, con la cordialidad de un psiquiatra frente a su paciente, y le dije:
"fantástico, entonces he venido a quejarme al sitio adecuado. A ver si hacéis algo, porque nos pasamos tanto tiempo en la carrera corrigiendo vuestros textos, que para cuando los podemos traducir ya estamos a final de cuarto de carrera. Francamente."
Entonces se hizo otro silencio que duró un minuto de treinta y siete años y pico y que en absolutismo, superó realmente al primero.
Nadie decía nada. Nadie. Supongo que todo el mundo esperaba a que alguien dijera algo amable o distendido, o que no tuviera nada que ver, para cambiar de tema.
Entonces habló Sacarina, que es mi amiga tarada, la dueña de Oscar, el conejo que se cree Yorkshire. Cuando cogió aliento para ir a hablar, las caras de la gente cambiaron al MODO ALIVIO, pero antes ni de empezar, sacó un periódico que llevaba en su bolsón y dijo:
"Eso, y yo de faltas no entiendo, pero en este periódico, encima, hay un artículo con más mentiras que publicidad, que ya es decir".
Por eso adoro a las pocas amigas hembras que tengo.
Total, que lo del MODO GENERAL ALIVIO duró unos tres segundos, aproximadamente.
No quiso ni venir a tomar café con nosotras en la pausa; habráse visto.
No me gusta insultar, pero sí diagnosticar, que duele más que un insulto tirado al aire de cualquier manera. Psicóloga frustrada con madre educadora autoritaria y superprotectora. No es culpa mía ser un ogro.El primer diagnóstico que hice fue el mío, y aún ni lo he acabado.
Obviamente, tengo mi diagnóstico hecho de esta periodista también, y ni mucho menos pienso que sean todas igual. Esto era profesional los primeros tres minutos, y las tres horas y cincuenta y pico minutos restantes, fue completamente personal porque ella así lo quiso llevar:
1. Histérica, necia, y con graves problemas de adaptación.
2. Tono alto de voz, que denota ansiedad.
3. Ansiedad causada en parte por baja autoestima (el tono de voz de la gente muchas veces es inversamente proporcional a su autoestima. No siempre, sólo a veces. Como en ésta, por ejemplo).
4. Falta de confianza en sí misma, en relación estrecha con su carencia grave de autoestima.
5. Zapatos horrendos (tenía que decirlo, tenía que decirlo) y posturas extremas, tanto ideológicas, como físicas.
¿Por qué he querido explicar una historia tan larga sobre alguien que sólo pasó por mi vida una pocas horas, alguien tan insignificante en mi crecimiento personal?
Porque Histeria Informativa no es la única mujer en su situación. Las mujeres nos intentamos comer siempre las unas a las otras, y no me refiero al mismo estilo de intención ingestiva que sale en las películas porno, no.
Me refiero a que parece que las mujeres me odian antes siquiera de que empiece a hablar, por el mero hecho de ser mujer y de ir a hablar. Por el mero hecho de que en cuanto me ves, sabes que voy a decir algo.
Esto, también cabe decirlo, sólo me pasa en España. En otros países nunca me he encontrado a una mujer que fuera a la defensiva conmigo. Puedes ponerte la ropa que quieras, puedes tener el cuerpo más deseado del continente, puedes haber follado hasta con George Clooney (y te odiaré por ello, no más de treinta segundos muy supérfluos) pero por tu mirada, sé si te intimido o no, y si puedo hablar contigo o no. Otra cosa es como me dé la gana de reaccionar luego.
Este blog, pues, no contiene nada que no sea capaz de decir en persona. Simplemente, lo contiene con forma, fecha, y un poco más de orden. El día que no me sienta libre de poder ser yo, que me metan en la cárcel, que me sentiré igual, pero al menos no tendré que pagar alquiler ni facturas y podré leer sin escuchar cuál es la maldita próxima estación de las narices.




No