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COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
Ravalear - ravaler - rawaling - ravalejar.
Janis Joplin Destartalada ravalea su fantasía hacia el lugar de la entrevista de trabajo, un viernes por la mañana.
El Raval es el lado oscuro de todos los lados oscuros del mundo, concentrados en apenas un par de quilómetros cuadrados (aunque no me hagan caso con las medidas, que ya saben lo negada que soy para los números), dentro de Barcelona.
El Raval es una especie de alter-mundo donde conviven gentes de todas clases, condiciones y características.
Podría coger el metro o el autobús. Podría ir Paral·lel hacia arriba, girar a la derecha en la Ronda Sant Pau, hasta Sant Antoni y luego Villarroel. Pero... caminar un sinfín de metros aburridos, cruzándose con turistas aburridos, turistas borrachas o de resaca, y gente del montón, cuando tiene la oportunidad de seguir la senda de su querido Lado Oscuro? Nunca.
Los pasos la llevan, pasando por un callejón de carismático y constante cambio de olores, hacia la Rambla del Raval, más conocida como "Rambla de les Lamentacions", porque siempre está atestada de hombres hindúes descalzos, sentados en la hierba, quejándose de una cosa o de otra.
Antes de llegar allí ya se ha cruzado con una buena veintena de gentes pobrísimas de países inimaginables, tres prostitutas de úteros apenas desarrollados, cinco o seis drogadictos/as de caminar pesado hacia el dispensario de metadona de Drassanes (¿qué estarían haciendo allí de buena mañana, si no lo abren hasta las ocho?) , dos prostitutas de rancio abolengo, tres camellos adolescentes, dos niñas con sari y bambas de marca, cinco niños de cinco colores diferentes, jugando con cien canicas de cien colores diferentes y una estampida de criaturas en bicicleta. Uno muy pequeñito se desprende torpemente de la estampida y va a caer justo encima de ella con bicicleta y todo. Ella le ayuda a levantarse, y aquellos ojos enormes le dedican una sonrisa de más de cien millones de euros, musitan cuantas palabras en urdu y se vuelven a enganchar al manillar y, segundos después, a la estampida.
Sonríe. Ojalá se los encuentre cada día. Ojalá haya ojos que la miren así todas las mañanas, con ese "Buf, ¿qué ha pasado?" ingénuo y sorprendido, escrito en ellos.
Y llega a la Rambla del Raval, la Rambla de las Lamentaciones, La Rambla del Kebab, donde está ubicada la mejor baba de toda la ciudad, donde se sirven los mejores kebabs, y se topa con un grupo de intelectuales snobs, otro de prostitutas feas, un sinfín de marujas que parecen haber nacido ya con cincuenta años, perro feísimo y alpargatas aún más feas que éste (perro), que van apareciendo en su campo de visión como si aquello fuera alguna pantalla dificil de superar de algún juego de la Playstation.
Hoy hay fiesta en la Rambla del Kebab. La ciudad entera está de fiesta, pregúntenselo a todas las Mercès y Mercedes de Barcelona. Hay un grupo de payasos y una muchedumbre de criaturas con ojos, alma y bracitos literalmente estucados al escenario.
Los payasos y payasas, subidos en un escenario montado para la ocasión, hablan en un catalán que no entiendo ni yo.
Los niños y las niñas hindúes y de otros colores los miran como desde otro planeta, y ella se pregunta en qué deben de estar pensando, mientras en su CD portátil suenan The Ziggens y las letras se confunden con las cabecitas de pelo negro, lacio y tieso como la caña.
Deben de estar pensando, "qué dirán, el grupo de patéticos mal vestidos estos...." Pero no, porque a veces dejan escapar unas risillas, señal de que el lenguaje que entienden las criaturas es universal, como la música, como el amor, como...
Como el sonido que acaba de oir. Suena como suele sonar un perro tan mequetrefe como feo cuando le pisan la cola... Se quita un auricular, mira para abajo y efectivamente... uno de los perros más horripilantes de la historia mundial de la existencia perruna le está pegando unos ladridos tan desorbitados que, desde su metro setenta y cinco, le puede ver el páncreas al puñetero bicho.
El bicho, claro está, va seguido, irrefutablemente, de otro bicho peor: una de las Marujas tipo uno de pantalla de Playstation.
"¿Corro? ¿Me enfrento?" Y la inmundicia hecha can, allá, sin moverse, y ella de pie frente a "aquello". No duró más que un segundo, hasta que la dueña ( Maruja tipo uno y, a su vez, bicho número dos) viene gritando Rambla arriba:
-A vé si míra por ande vá, cohóne, pobresito Sandocán! Que ejque soi tós úno drogaísto, que vái to borrácho y no mirái por ande ponéi lo pié!- berrea, mientras avanza galopando hacia ella con todo su tonelaje.
"¿Ha dicho Sandokán?¿A ESTO le llama Sandokán?" piensa, y no puede evitar sonreir. Reirse, vamos. Y para su propia sorpresa, o quizá porque tiene tiempo de sobras, se agacha a hablar con aquel bicho que parece una chufa estrujada más que un... un ¿qué? Un... otra cosa.
-¿Sando-can? Te llamas Sando-can?- le pregunta.
El perro la mira con cara de pocos amigos, enseñando los siete palillos gastados que tiene por dientes, así como diciendo:
"Mira nen, 'metokelowebo ke no arrepondo de mi fuersa".
-Sí, definitivamente eres un perro algo garrulo. Si fueras humano, estarías tuneando el coche, en vez de aguantar a la pelmaza esa que viene por ahí. En fin, ha sido un placer- le dice, mientras le acaricia el lomo- Pero me voy antes de que alguien se quite una alpargata que debe de oler peor que tú y me dé con ella en la cabeza. Charming to meet you, darling.
Y allí los deja, y piensa que quizá ahora le den un bonus point, pero no ve ningún "SAVE TO MEMORY CARD", y se da cuenta de que divaga, y sigue caminando, escuchando a los Ziggens.
Desde la Rambla del Kebab y las Lamentaciones hasta la escuela de inglés aún topa con un par de parejas de turistas fuera de órbita, de esos que te vienen a preguntar sosteniendo un mapa ininteligible (hasta que, o te das cuenta de que estaba en sueco, o se dan ellos cuenta de que lo miraban del revés) y de tropecientas Marujas tipo dos, a todas luces diferenciables de las del tipo uno porque llevan zapatos en vez de alpargatas (horribles, pero zapatos) llevan marido en vez de perro (marido probablemente más feo que perro, pero humanoide en cualquier caso). Básica diferencia entre Marido en Maruja tipo dos y Perro en Maruja tipo uno es que perro caga, mea y lo huele todo y marido escupe, eructa y huele. Mal, huele mal).
Al cruzar la Ronda Sant Antoni en la esquina con Villarroel, todo ese mundo de colorido, vida intensa y olores exóticos desaparece, como un bosque denso que de repente se convierte en arena de playa.
Al final consigue llegar al sitio y le abre la puerta un hombre inglés de unos cuarenta y pico años, que le pregunta, amable y educadamente como manda la Santa Tradición Victoriana:
-¿Has llegado sin dificultades?
Y ella, con una sonrisa cómplice hacia si misma, le responde:
-Sí. Ha sido un paseo.
 
Comentario:
Une personne qui sait tirer autant de jus d’une simple conversation téléphonique où d’une promenade devrait sérieusement penser à écrire une nouvelle.
No