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COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
"Cosas por hacer en Australia" y cosas por hacer antes de llegar.
(Buddy Holly. Heartbeat).

En primicia mundial puedo anunciarles, exacta y concisamente, qué día empezará a hacer buen tiempo de verdad (sin lluvias ni terremotos) en Barcelona:

El día veintiocho a las nueve y cuarto de la mañana.
Ya lo saben. Preparen toallas, cubos y palas. Y manguitos, que no queremos disgustos.
(No, no tengo ninguna bola de cristal. Es mi cochina mala suerte, de una rigurosidad infalible. Olvídense del Tarot. Confíen en mí).

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. De gran orgullo y satisfacción. En estos meses he logrado:

a) No asesinar despiadadamente a Macgaiber y meterlo en una olla con patatas, garbanzos y otros nutrientes, e invitar a toda la familia a comer un domingo.

b) Decidir que menda ya no querer ser ni parecerse a Lara Croft. Para empezar, porque no lo soy (momento de realismo máximo, me dirán) pero además, porque ello supondría, en estos momentos de la historia, que George Clooney sería el mejor amigo de mi marido (amén de que ni borracha me liaba con el Brad Pitt. No es por ponerme chula, pero a pesar de que como actor me gusta, como hombre no es mi tipo), y como dicen por aquí, "lleig". Sería un feo imperdonable para con el marido pegársela con George Clooney, y caso de que no se la llegara a pegar de verdad, sin duda me pasaría la vida pecando de pensamiento, así que... estoy mejor como estoy. Además, después de meses de comida sana -excluyendo capítulos telepizza, que no vienen a cuento- ya me gusto como estoy. (Atención a las diferencias entre estar y ser).

c) Entregar todas las prácticas de informática y examinarme. (¿Es el Aleluya de Händel lo que oyen mis baudios?)
El examen fue ayer. El último examen de la carrera, por fín.De vuelta a casa iba yo pensando.... sin duda, si informática tratarse meramente de simple cuestión de ceros y unos, como dicen por ahí cerebritos binómicos, ello significar seguramente que si sale, es porque ha salido bien, si no, es que no sale, con lo que ya dar cuenta de suspenso al instante, si no sale. Sin embargo, archivos que me pedían, ahí estaban, prueba de que digo yo que debió de salir, porque si sólo hay ceros y unos y ya sé que cero, va a ser que no es, pues que digo yo que va a ser que es uno, o al menos... en fin, voy a dejarlo antes de abrir un nuevo infierno en el infernal mundo de la infernática, que diga, informática, y que a partir de ahora todos esos cerebritos binómicos cambien su forma de vida por mi culpa, por una simple cuestión de ceros, cero coma treses, ceros coma cincos, cero coma ochos, cero coma pi al cuadrados y unos. En resumidas cuentas, quería decir que creo que ya soy licenciada, ergo oficialmente traductora e intérprete.

c) Lograr especie de Armisticius Tacitus con Sra. Madre. Ya van tres o cuatro veces que conseguimos hablar por teléfono más de diez minutos sin acabar chillándonos cual chimpancés peleándose por último plátano existente en planeta, cosa que me llena de alegría por una parte, y de preocupación, angustia y depresión por la otra, dado que falta menos de un mes para irme. Sospechar que comportamiento de Sra. Madre ser muy similar al de antes mencionada chinchilla macho con problemas de actitud: ambas estar de lo más dulce y mono, justo ahora que me voy. Pensar que si lo hacen para hacerme sufrir, no merecer que yo extrañar. Pero si lo hacen para que menda dar cuenta de lo que perder, ser seres despiadados, en cuyo caso tampoco merecer que yo extrañar.
(¿Lo ven? Asunto resuelto. Soy mujer fuerte. Soy mujer adulta. Soy mujer-saco de nervios).

2. De expectación e incertidumbre causadas no sólo por temido y ansiado resultado de susodicho examen de tradumática, sino también por hecho de que semana pasada embajada llamar para comunicar que conceder visado a menda, y aún no haber enviado pasaporte de menda, con lo que por lo que a menda respecta, seré residente australiana, pero no puedo entrar en Australia porque no tengo pasaporte. De hecho, no puedo ni llegar a la primera escala, que es Zurich. Como no enviar rápido, a menda dar siroco asegurado.

3. De alegría extendida. Dentro de poco vuelve mi amigo Hans Magnus, el alemán, a visitarme. Contenta de pasar últimos días aquí con él, porque probablemente no volver a vernos hasta que menda celebrar bicentenario (de edad).

4. De confección de nuevo blog. Pensar que del mismo modo en que cambiaba de libreta cuando cambiaba de parte vital -lo de parte vital no ha sonado exactamente como tenía en cabeza, pero confío en que entenderán- cambiar también de blog al cambiar de vida. Así es como empezar secuela de presente blog, Cosas por hacer en Australia del que ya pueden ver primer post.
Seguiré escribiendo en este blog hasta que me vaya, sin embargo. Sólo quería dejarlo montado para escribir desde esos mundos de la Madre Naturaleza en mi portátil nuevo.


COSAS POR HACER:

1. Aprender a hacer furrular portátil nuevo y dejar de buscar otras tareas para justificarme por no hacerlo, tales que:
-Poner lavadoras (hacía tiempo que no lavaba ropa con desesperación semejante, créanme)
-Mirar vuelos a Bahía Cochinos, lugar en que no tengo intención alguna de poner pie, al menos, de momento. (Momento equivaler a de aquí a treinta y cinco o sesenta y cinco años, o, por qué no admitirlo, nunca)
-Rascar barriga de Macgaiber durante horas y reprimir lágrimas. Barriga de Macgaiber convertirse progresivamente en alegoría peluda de todo bicho viviente al que voy a echar de menos. Si Macgaiber darse cuenta del amor condensado en barriga, Macgaiber aprender a hacer el puente, fijo. (No referirme a hacerle el puente a la jaula, referirme al puente que te hacen hacer en Educación Física, ese que te tiras para atrás y la compañera que se suponía que te tenía que sujetar, te suelta y se espera, para escuchar el CRAS de tu columna vertebral al espetarse contra el suelo).

1b (Inferido de 1): Dejar de hacer frases más largas que un día sin Buffet Libre Chino de Abajo. Asimismo, intentar escribir con un mínimo de sentido y evitar idas de tiesto/maceta/semejantes.

2. Buscar libraco mortal de instrucciones de portátil nuevo para aprender a hacer furrular susodicho.

3. Asimismo y ya que estar, buscar libraco mortal instrucciones móvil nuevo, que regalaron el otro día hermano de menda y cuñada y que seguir apagado por fobia de menda cada vez que sonar ruido raro que supuestamente ser mensaje, pero no poder abrir por causas que escapar total e imperdonablemente a control y/o entendimiento de menda. Móvil ser tb de lo más sofisticado del mercado, cosa que matarme ya que ubicarse irreversiblemente, en el orden natural de las cosas en el universo, al extremo opuesto de sofisticación cero exhibida por menda desde principio de los tiempos, y hacer que menda seguir con el San Benito colgado de que Dios le da pan a quien no tiene dientes. Frase que familiares repetir cada vez con más frecuencia al referirse a menda.

4. Encontrar persona responsable, paciente, estable y fumadora que quiera hacerse cargo de Macgaiber. (Fumadora es condición sine qua non, dado que no querer que bicho sufrir de ansiedad a causa de síndrome de abstinencia, que bastante rebelde es ya con nicotina como para someterlo a carencias).

5. Dejar de ir a abrir puerta cada diez minutos para ver si llega mensajero/a con correo de embajada y pasaporte de menda.

6. Despedirme hasta pronto. Menda esperar ustedes disfrutar de blog nuevo.
 
El más insignificante espectáculo del mundo.


(Pink Martini. Hang on little tomato).

Mi vida hasta ahora.
Insignificante, desde una perspectiva global, porque no he descubierto la vacuna contra el sida, ni he salvado a diez mil niñas tailandesas de un destino peor que un destino peor que la muerte, ni me han sacado fotos junto a Teresa de Calcuta con una criatura tras una cortina de mocos y moscas, ni he ganado ningún Nobel, ni...
(Vale. Debería empezar por las cosas que sí he hecho, que acabaría mucho antes: Quejarme y fumar. En eso me autodeclaro doctora Honoris Causa)...
Espectacular, no obstante, porque nací para exagerar las cosas hasta cotas insospechables. Hay gente que nace para triunfar, otra que nace para conseguir grandes cosas, otra que nace para ser útil... y al final de la cadena, debajo de Homer Simpson, está mi foto.
Quizá al calificarlo de espectáculo adquiera connotaciones positivas, pero créanme, esta manía de "espectacularizar" me ha costado, en un 99,9% de los casos, un índice infernal de recriminaciones y críticas. (El porcentaje restante eran freaks como yo, que lograban identificarse con los triples saltos mortales de mi psique).

¿Dónde quiero ir a parar con todo esto? Ni idea, oigan. (No me irán a decir que se esperaban, a estas alturas, a leer algo con un mínimo de sentido, aquí. Ya, claro que no. Lo entiendo, lo entiendo. Si aún siguen leyendo es, evidentemente, porque a) pertenecen a ese privilegiado e ínfimo porcentaje que practica el salto mortal; b) No lo practican pero les entretiene observarlos, como a mí el patinaje artístico sobre hielo o c) Les inspiro para su doctorado en psicopatologías paranoico-obsesivas en la post-adolescencia del especimen femenino de la raza humana en el s. XXI).

Vaya. Otro paréntesis que se me estira como el chicle. Mi profesor de inglés de la facultad me abofetearía con un atún vivo si leyera esto.

Hmmm... He dicho atún, ¿verdad? En fín, era lo único de lo que he podido echar mano en ese momento para añadirle a la bofetada un toque de humillación, dolor extra y olor más bien tirando a desagradable.

No voy a dejar de escribir. De hecho, como creo que ya comenté (aunque no lo recuerdo. ¿Qué quieren? Es imposible recordar todo lo que una dice cuando presenta un caso clarísimo de Motormouthosis. Segundo paréntesis, de fresa ácida).
Como creo que ya comenté, me he comprado un ordenador de esos que aún me hacen menos caso que los normales (que ya es decir), y que me ha hecho cuestionarme la existencia de mis huellas digitales, porque en vez de ratón tiene una especie de pista de baile para dedos
en la que mis índices resbalan, pero no consiguen mover flecha alguna en la pantalla. En cuanto acabe el examen de informática prometo que aprenderé a utilizarlo. A encenderlo, al menos.
No puedo dejar de escribir. ni aquí, ni en Australia, ni en la luna. Creo que tengo un deber para con el mundo, sin ánimo de resultar pretenciosa.
A saber:
Soy de la atípica clase de gente que decide hacerse un par de sesiones de rayos UVA supercontrolados, medidos y cuidadísimos para no quemarse cuando vaya a la playa, y va y se quema a la segunda sesión. (que si dijeras, me quemé a la primera... aún, pero no. Hay que conseguir el sinsentido de los sinsentidos).
Soy una persona incapaz de dejar las cosas en su sitio, e incapaz, a su vez, de recordar dónde carajo las dejé. ¿Saben esa gente que dice "yo ya me organizo en mi propio caos"? Bien. Pues yo no soy de esa clase de gente.
Soy una persona incapaz de mantener la boca cerrada a causa de mi incapacidad primera de discernir cúando conviente abirla y cuándo no, cosa que me lleva a abrirla siempre, por defecto... y nunca mejor dicho. Por defecto.
Soy menos activa que una ameba con migraña, más quisquillosa que yo misma (gestas imposibles a mí, já), mil seiscientas ochenta y nueve veces más dramática y exagerada que mi sra. Madre y más inestable que los matrimonios de Enrique VIII.
Tengo la sentimentalidad de Virginia Woolf, pero la sensibilidad de una nevera vieja. Tengo la creatividad de una fotocopiadora y por mucho que me esfuerzo en recordar que debe de tener algún otro significado oculto, cuando oigo la palabra "voluntad" sigo creyendo que la gente se refiere a alguna colonia de Calvin Klein o similar.
Tengo muchos nervios, pero todos de patata frita y ninguno de acero (ni nada remotamente parecido).
Tengo ojeras crónicas, los dedos y la lengua demasiado largos, un ojo vago y el otro reticente, un oído medio sordo y otro que se empeña en rebatir todo lo que oye, indiscriminadamente.
Tengo una fobia profunda e irrefenable a las mariposas y a los pájaros, un desprecio absoluto por la gente que hace ruido al masticar y un pánico persistente a dejarme llevar y traspasar la linea divisoria que existe entre la pasión y el fanatismo.
Siento celos de la gente risueña, de la gente amable y de la gente calmada. Siento admiración por mis amigos y amigas (quizá por eso puedo contar mis amistades con la uña del dedo meñique de la mano izquierda, que creo que es la que más me muerdo); y por la gente insensata, la gente persistente y la gente ignorante.
Me repugna el papel de celofán. Me pierden los hombres con traje. Me asustan los relojes. Frustro a los horarios, a las dietas sanas y a las dentistas. A veces fumo mucho, y otras veces, demasiado.
Añoraré la Boldam. Seguiré llorando con la cebolla y con Moulin Rouge y estornudando con la lejía.
Seguiré metiendo la pata antes de poder solucionarlo, y seguiré metiéndome en berenjenales inexplicables, que explicaré de todas maneras. Seguiré disfrutando de las tormentas, aunque sean de viento y arena del desierto. Volveré a tocar el piano. Seguiré escuchando y escupiendo música. Seguiré queriéndome y mimándome como el día en que me conocí (o lo intentaré, al menos). Seguiré metiéndome donde no me llaman, y seguiré diciendo que no vuelvo a probar el alcohol en lo que me queda de vida, cada mañana de resaca en que viva para decirlo.
Y seguiré escribiendo, porque se lo debo a quien piense que no hay nadie peor, a quien se sienta mediocre de vez en cuando y no sepa verle el lado imprescindible a esa mediocridad, a quien esté de vuelta en casa, aunque se la primera vez que la pisa, y a quien piense en ir a Australia y a quien cada día tenga que añadirle tareas nuevas a su lista de cosas por hacer.

 
Australia

(Advance Australia Fair. -Himno oficial de Australia.)

El post de hoy va a ser el más corto de la historia de este blog.

Ya tengo el visado. Me devuelven el pasaporte la semana que viene y por fin podré volar con los pies en el suelo.

Me voy a Australia en un mes, un día, veinte horas y diez minutos.
A.
 
Jíuston, tenéis un problema.

(Dixie Chicks. Long time gone).

De repente se aparece el reproductor de windows sin venir a cuento, pantalla maximizada; se activa la barrita esa verde, sale el león de la Metro que siempre e invariablemente me pega un susto del copón, con el rugido en dolbisarráun, y se ve Texas.
A modo de Far West. En plano de esos como si filmaras desde un helicóptero después de cuatro Boldams (A ver, no es plan de ponerse con travellings y tecnología. Hablamos de Texas, la patria del incesto, de la matanza de ídem y otras desviaciones patológicas varias).
El caso es que la cámara se va acercando a un puntito diminuto en la lejanía, hasta convertirlo en una construcción de madera a lo rancho, de esas de porche con mecedora.
Hay un par de críos über-llanquis en lo que algún día podría haber sido un jardín, ahora poblado únicamente por esas bolas de polvo, hierba, paja, o vaya usted a saber, que se pelean por una pelota (los cacahuetes, no las bolas del desierto) y se quejan de que sus padres no les hayan comprado más pelotas, como a todos los otros cachuetes llanquis.

-Diesss o tressse pelouutass porr vivieeinda, aunkey sóulou haia two cacaweeiteiss, Nou, Jimmy? Eeeis lou key deberríamous pedirr, pour dereeeichow, nou, Jimmy? Podrrríamous irr a interneeit and consultarr con un abougahdow to see a verr si podeimows denunsiaarr a mom and dad pourrr precarieiidad de tratow! Yee-hah!

(Y el Jimmy):

-Brouder, ke nous passa en la bowka, ke no podeimous hablarr norrmall? Porke tenemos este assento tan estiuuupit?

Entonces se abre la puerta de la casa, y de repente todo para. Sólo se oye el tímido, aunque rebelde, aullido del viento del desierto. Cae una gota de sudor del sol, desde el cielo, y los minillanquis se cagan la patabajo de golpe.
(Y se oye el típico ni-nu-ni-nu-niiiiiiii de los Westerns. Sí, ya saben, el típico, tipiquísimo, ése, ése)
Tras la puerta aparece nada menos que Sacarina. Sí, Sacarina, con sombrero a lo cowgirl, camisa a cuadros sin mangas, vaqueros, pañuelo-bandera sureña en cuello, espuelas en las botas de montar y una escopeta que haría las delicias de servidora en el más cáustico de mis días.
Sacarina les dedica una mirada corrosivo-aniquiladora a los cacahuetes-in-the-ranch, le pega un tiro a la pelota, que se convierte en un deshecho similar a unas bragas sucias y perpetra inmenso escupitajo atroz que provoca tremendo agujero en el suelo.

(Qué cabrona, cien años metiéndose conmigo porque fumo, y a la que me quedo un poco traspuesta va la tía y se pone a mascar tabaco, nada menos).

Sacarina, una mujer con clase donde las haya, de lo más delicado en comportamiento (exceptuando esos días malos que tiene todo el mundo), maneras, vocabulario y apetencias musicales, vestida de John Wayne y mascando tabaco.

Sigmund, ten piedad de mí.

Después de perforar suelo, que ya le habría gustado al Chimaláian aquél, el de la peli de "Señales", se acerca a pasos aterradores hacia los k-k-weteeis en cuestión, escopeta en mano ...

(Un momento, un momento, ¿Eso de ahí es un anillo de sello? Pero si a ella nunca le ha ido el rollo este de.... aghhh)

Y les dice:

-Ahora mismo seos entráis padentro más rápido de lo que se roba una cartera en las Ramblas, y os acabáis las lentejas sin decir ni mú. Hasta el coño, que me tenéis, ya, de repetiros que no se sale de la mesa sin haberse acabado la comida. Cawendios.

Ahí es donde me he desvelado, sobresaltada y sudando.

Y es que Sacarina se va a Texas. De verdad. Se va a Texas de verdad.
Ahora sé que por fin se va a hacer justicia en el mundo, y que los Estados Unidos van a sufrir en sus propias carnes una caída en picado que hará que las futuras generaciones se piensen que la Caída del Imperio Romano fue la patética bancarrota de una cadena de pizzerías. Estoy completamente convencida de que Sacarina es lo que necesitan en Estados Unidos.
Prepárense para dejar de ver fútbol en el telediario. Prepárense para ver levantamientos de gente sureña exigiendo la derogación de la constitución estadounidense, quemando banderas sureñas y adoptando cacahuetes africanos, y llevando a sus criaturas a casals d'estiu, y cantando "vora al fooooc a la nit freee-daaa" con acento Brinnispiars.
Hum... Claro que allá, cuando se haga famosa... ¿Cómo la llamarán? Porque lo de Sacarina de Aragón queda descartado, por motivos obvios: uno, esa gente no sabe decir Sacarina (ni sabe lo que significa) y dos, mucho me temo de que no tienen ni puñetera idea de qué es Aragón, y mucho menos de quién era Agustina de ídem.
...
Juás, se me acaba de ocurrir uno genial, pero sólo lo diré si me prometen no decírselo. Este post es totalmente CLASSIFIED.

Sacarina Croft.
Me gusta, no puedo evitarlo. Le va como anillo al dedo.

 
Relixión, debilidade, ambalasdúas, ningunha.


Galegos, sedes fortes;
prontos á grandes feitos;
aparellade os peitos
a glorioso afan;
fillos dos nobres celtas,
fortes e peregrinos
luitade pl' os destinos
dos eidos de Breogán.



("Gallegos, sed fuertes,
prestos a grandes hechos;
aparejad los pechos
a igual glorioso afán;
hijos de los nobles celtas,
fuertes y peregrinos
luchad por los destinos
del solar de Breogán.")
(Fogar de Breogán. Hino Galego).



DESESPERO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. Caos, confusión, ingestión masiva y compulsiva de nicotina (nada recomendable, inteligente ni oportuna, dicho sea de paso) y dolor de estómago ante llegada no sólode DÍA D, sino de MOMENTO M.
Ríome yo de Einserhower. Menudo nenaza. Quien no esté de acuerdo conmigo, que me diga a ver si necesitó el tío un visado para el desembarco en Normandía. No, ¿verdad?

2. (ver: anterior) En estas últimas horas de cuenta atrás inexorable hacia Momento M de revisión médica, psicológica y de rayos y centellas varios/as me he dado cuenta, así como quien no quiere la cosa, de que soplo cardíaco (lucido por menda desde hace años, quizá desde nacimiento, aunque han venido científicos/as de todo el mundo y aún no han sido capaces de ponerle fecha)equivale a heart condition para las autoridades australianas, y que en cuestionario más largo que monólogos de La Celestina indican claramente que en caso de condición cardíaca, applicant (ésa soy yo) tiene que presentar pruebas hechas por especialistas en el pasado.

3. Horrrrror. Pruebas hechas por especialista en el pasado aún están en ambulatorio, porque menda no haber ido a recoger por motivos que no venir a cuento. Marcar telf. de ambulatorio con desesperación inversamente proporcional a longitud de uñas e ir a dar con very fuckingly fucked up mercifuckingless fuckopterous funcionaria que básicamente venir a decirme lo que en mi pueblo equivaldría a "vaite foder, miña nena".
Mi lagnerò tacendo de la mia sorte avara....(cap. 7328275629)

4. Cardiosysumadreanálisis unavailable para esta tarde (y me lo merezco, me lo merezco, me lo merezco, lo sé) de modo que después de razonar, calcular pros y cons y etcétera he llegado a una única salida posible: rezar.

5. Actividad rezatoria imposibilitada a causa de:
a) Obliteración absoluta de cualquier tipo de ruego y/u oración, dado que no rezar desde que curas obligar en traumatizante campamento de verano y catequesis posterior de equivalente efecto.
b) Agnosticismo declarado ceremonia mediante, delante de la mismísima Nôtre Dame. Capaz que empiezo el primer verso del Padrenuestro y me cae un rayo de la Ira de Dios y me fulmina, o algo semejante.

6. Frente a imposibilidad física y moral de rezar, evaluar alternativas y dar con el clavo. Es así como encomendarme a la Madre Naturaleza, id est, a mis ancestros geográficos y genéticos... id est, a los celtas.
(y por una vez no, no me refiero al tabaco. Me refiero a las tribus).

7. Después de minutos de meditación y grandes vibraciones espirituales, de repente entrar sentimiento patriótico de cagarse y pensar si hay un gallego en la luna también poder haber gallega en Perth, qué carallo, de modo que no poder ser tan dificil aprobar puñeteros exámenes médico/psicológicos.

8. Con tanta agitación casi olvidar adquisición de ordenador portátil que comprar ayer y que tener que recibir hoy (en teoría). Si lograr pasar pruebas de resistencia vital tan sumamente complejas, seguro poder aprender con el tiempo a hacer furrular cacharrito nuevo.

9. Nota mental: aprender, primero, y de vez por todas, significado de "sincronizar" en lenguaje MP3 de sofisticación dolorosa, que cada vez que intentar meter canción nueva, borrar todas las anteriores. Seguro no debe de ser muy normal. Seguro con 3 gigas de capacidad no debieron diseñarlo para que fuera tan güevón, ¿no? Seguro debe de haber manera de recuperar Valses, Mazurkas, Polcas y estudios de Chopin interpretados por Rubinstein y colección entera de conciertos para cello, ambos borrados de ordenador tras "sincronizado" (o lo que sea que hice) en MP3, de alguna manera ciberelectrónica aún no descubierta por menda.

COSAS POR HACER:

-Preparación para revisión psico-médico-rayológica:
1. Lavar dientes hasta que pleura sangrar por oreja derecha.
2. Inspeccionar ojos con espejo efecto ampli en busca de posibles legañas nostálgicas. Pensar no ser bueno para evaluación de personalidad de menda tener que alegar que legañas de menda ser nostálgicas y exponerme a que doctora tachar con rottring rojo de 10 de diámetro de punta formulario entero de menda en menos de lo que se tarda en decir "loca".
3. Fregar cavidades interdigitales de pies (just in case), ya que tras trigésimo-octava lectura de formulario no decir nada de necesitar muestra de cultivos podológicos. (Podológicos es palabrota. Fijo).
4. Introducir cuerpo céltico-suevo (que no serrano, ahora que encomendarme a dioses y diosas paganos/as) de menda en ducha y proceder a fregado exhaustivo de células muertas, células celulosas, células perezosas y hasta células madre si hacer falta.
5. Inspeccionar hueco trasero de orejas para descartar que quedar pelusillas rebeldes y/o restos de jabón y/o derivados cosméticos y/o alguna tuerca de algún pendiente olvidada (nunca se sabe).
6. Limpiar cavidades nasales desde punta inferior de nariz hasta lóbulo frontal cerebral para asegurar ausencia absoluta de mucosas nasales, posibles piercings practicados alguna noche de mi pasado oscuro (desventajas de la boldam) y lentejas, guisantes, caracoles y/o similares que menda hubiera podido introducir en susodichas cavidades durante la infancia.
7. (ver anterior) mismo procedimiento, aplicado a ambos conductos auditivos.
8. Seleccionar ropa interior a poner. Tarea dificil dado que menda no soler llevar ropa interior más allá de sostenes. Oir voz de sra. Madre resonar con alevosía entre conductos auditivos (der. e izq.), entre los cuales repetirse sin orden, pero con intensidad, las siguientes máximas de la lencería femenina post-moderna:
"La ropa interior hay que llevarla siempre impecable por si se tiene un accidente". (Me pasé la adolescencia soñando que tenía un accidente y que llamaban a mi madre del hospital y que lo primero que preguntaba era qué bragas llevaba. Sick.)
"Una mujer siempre tiene que guardarse una muda de ropa interior nueva por si hay que ir de urgencias" (...A no ser que estés ya en el hospital porque hayas tenido el accidente de antes, claro, en cuyo caso necesitarías dos mudas: una para el primer supuesto de hecho, y otra para el segundo. Confusión: ¿Eso quiere decir que puede darse el caso de que servidora llegue a estar en la puerta de urgencias y a la vez en la UVI? ¿Cómo se daría tal caso? ¿Tendría que ser partida por la mitad? Pero si me parten por la mitad, sin duda no necesitaré dos mudas de ropa interior, sino un ejemplar para "arriba" y otro para "abajo", ¿no? Agggghhhhhh.....
Absurdo elucubrar, dado que práctica totalidad de ropa interior que poseer estar nueva, por motivos explicados. Sólo quedar decidir entre color y forma.
Tercera pista de Greatest Hits de Sra. madre haciendo eco en interior de nuevo: "Blaaaaanca, blaaanca, que no querrás que piensen que eres una freeeeesca"... Pero sin duda negro ser color mucho más sobrio, ¿no? Gustar más color negro, quedar mejor y sostenes tener forma más elegante que blancos. Voz de Sra. Madre no influenciar esta decisión. Menda saber mantener criterio propio. Menda ser mujer adulta, capaz de decidir. Menda gustar color negro desde más tierna infancia. Menda no dejar avasallar por criterios maternos.
...Y una vez escogida ropa interior blanca, queda decidir forma. Useasé, bragas blancas o tanga blanco.
Gran diatriba estriba en que servidora no soportar ni concepto "bragas", ya no digamos tener que llevarlas puestas físicamente. Claro que tanga no prenda muy oportuna para revisión médica....

9. Cerrar ojos y cabeza y proceder a calzado de ropa interior blanca tan grande como encuentre en cajones. Algo decirme que madre tener razón en esto. Quizá ser hecho irrefutable de que madre (muy a pesar de menda) tener razón en 99,9% de los casos. No servir de nada encomendarme a ancestros para luego ignorar generación inmediata a la mía en orden jerárquico de matriarcado gallego, ¿no?

10. Combatir mentalmente visiones repetidas a intervalos periódicos de larga fila de mesillas con doctores nazis inspeccionando población judía tan desnuda como desnutrida.

11. Repetir mantra de propósitos existenciales específicamente concebido en aras de lograr paz interior absoluta para con mi espíritu en las cruciales horas de este día que aún quedan por pasar:
Encoge barriga, saca pecho, sonríe; encoge barriga, saca pecho, sonríe; encoge barriga...
 
Sacarina y Cheeky Monkey.

(Neil Sedaka. Little Devil).

Ayer fui a acompañar a mi abuelo al médico y recibí gratísima sorpresa en la sala de espera. Estaba sentada en una de esas horribles sillas de plástico marrón diseñadas, sin duda, para que la gente espere de pie, cuando de repente algo me golpeó la mejilla derecha. Por el rabillo del ojo vislumbré una manita de una rechonchez casi inverosímil, y al girarme descubrí dos pares de ojos mirándome con una cara de pillos digna de foto: eran Sacarina y Cheeky Monkey.
Cheeky Monkey, "truhán y señor" (palabras textuales de Sacarina) donde los haya, es un Tony Manero versión cacahuete tipo III. Sí, ya sé que nunca había hablado del cacahuete tipo III, pero es precisamente porque ha sido Mofletones quien ha inaugurado la clasificación.

Cacahuete tipo III: Dícese de especimen cacahuetil que responde a tipo I en cuanto a edad y estatura, pero a tipo II en cuanto a peso y evolución hormonal.
Así pues, no es de extrañar que de vuelta del ambulatorio, donde el diablillo estimuló la aceleración de la secreción salival no sólo de mi abuelo sino de todas las abuelas allí presentes, que se desvivían por no perder de vista al repollo de tres dientes y barriga cervecera, estuviéramos a punto de perderlo un par de veces. Y es que al tío lo bajas del cochecito para que camine, y lo primero que hace es poner el radar detector de mujeres. Si nos descuidamos acaba pidiéndoles el teléfono a un grupito de niñas adolescentes que había en la calle.
Al principio piensas que es porque es pequeño el pobre y no sabe lo que hace.
Después de casi tener que sacarlo de un bar, de casi tener que despegarlo del escaparate de una charcutería donde se exhibía medio queso del tamaño de su cuerpo con el que parecía estar sufriendo algo así como un brote esquizofrénico al grito de "Cheese, cheese!" ( es de madre llanqui), de casi montar la de San Dios con las adolescentes y de casi invitarlo a un cigarro, te das cuenta de que el niño será pequeño, pero saber, sabe más que el hambre.
En fin, cuando digo "pequeño" no me malinterpreten: me refiero a su edad. Me recuerda a la película aquella de "Cariño, he agrandado al niño", porque parece el zoom de un bebé. Sólo sabe decir cheese y taxi (no pregunten, yo tampoco lo entiendo. Igual es cosa del consumismo llanqui, que modifica las necesidades esenciales de su raza desde las edades más tiernas).
Pero el tío triunfa allá donde va, las cosas como sean. Con esos rizos amarillo pálido, esos codos y esas rodillas invisibles, de tanta carne, esos andares tan irregulares que a una le recuerdan a la cobertura de Amena y esos mofletes tan gordos que cuando sonríe un poco ya no le caben en la cara ni los ojos ni la nariz... quién no va a perder un litro de baba por segundo con el cacahuete peso melón, díganme.

Cheeky Monkey y Sacarina son un ejemplo por excelencia de esa gran frase de Star Wars: Cuando el alumno está preparado, el profesor aparece.Y aunque así, a primera vista, es Sacarina quien cuida de Cheeky Monkey, la relación entre ambos es tan simbiótica que se hace dificil decidir quién es maestro/a y quién alumno/a. Creo que han tenido mucha suerte de encontrarse.

COSAS POR HACER:

1. Encontrar novio de edad de Sacarina o similar para ésta, antes de que se me convierta en versión exageradísima de Mrs Robinson (al menos Dustin Hoffman no llevaba pañales, ni salía corriendo detrás de cada perro que veía por la calle, ni se metía las manos en la boca después de hurgarse la nariz en público). Conociendo la capacidad de seducción de Cheeky Monkey y su irrefenable tendencia a perseguir mujeres a lo Vicomte de Valmont, a bien seguro que el tío se la intenta ligar el día menos pensado.

2. Agradecerles que me alegraran la tarde. Hacía tiempo que servidora no ganaba una carrera por la calle, aunque sea contra unos zapatitos de seis centímetros de largo.
 
Patología de la adireccionalidad paranoide (nada nuevo).

(Elvis Costello. My mood swings).

All people dream, but not equally.
Those who dream by night in the dusty recesses of their mind,
Wake in the morning to find that it was vanity.
But the dreamers of the day are dangerous people,
For they dream their dreams with open eyes,
And make them come true.

(D.H. Lawrence).



Ayer alguien me preguntó si se podía morir de felicidad. Curioso que me lo preguntara precisamente a mí, que siempre he creído que la felicidad es algo que sólo seré capaz de evaluar, calcular y comprender el día en que me muriera... y eso contando con que me dé tiempo, claro.
Luego lo estuve pensando. Más que morir en si de felicidad, me atrevo a decir que la felicidad puede llegar a matarnos si no sabemos cómo emplearla, cómo mezclarla con algunas dosis de amargura de vez en cuando. Claro que bien mirado, podría ser peor. Podría perdonarnos la vida, también, y forzarnos a pasar por los años sin pisar el suelo y darnos cuenta, al final, cuando llegue el barco que nos ha de llevar, de que no hemos gastado ni un mísero par de suelas.
Estoy de acuerdo en eso de que la gente no cambia... aunque debo añadir, copiado y pegado desde mi disco duro (o debería decir endurecido) que eso sólo es una verdad a medias. Porque aunque nuestra esencia no cambie, hay experiencias que nos cambian. Situaciones que nos cambian. Hábitos que adquirimos, y que nos cambian. Gente a la que conocemos que hace que entendamos las experiencias, las situaciones, los hábitos, de maneras diferente.
Claro que no cambiamos si no queremos, de modo que por mucho que nuestro entorno se empeñe en darnos codazos para movernos, podríamos quedarnos para siempre en posición fetal. Pero tarde o temprano te das cuenta de que eso no es vida.
No tengo excusa para mis defectos. Tengo años de vida, y memorias silvestres, extendidas por todas partes, que vienen de vez en cuando a recordarme que no se han perdido y, justo cuando estoy intentando entenderlas, se largan corriendo a jugar por ahí otra vez. No tengo cuerdas para atarlas y que se queden hasta que mi poca razón las domine y las supere... ni bote de gasolina y mechero para quemarlas una vez procesadas. Y... cuando no tienes manera de atacar, sólo te quedan dos opciones, a mi entender: defenderte, o dejarte machacar. Por muy típico y usado que suene, párense a pensar cuál de las dos opciones responde a nuestros instintos, mucho más allá de teorías sobre quién es más cobarde, quién es más fuerte, o quién no conoce el valor. Eso son mamarrachadas que nos hemos ido inventando luego. Hablo de instinto: cuando ves un puño cerrado aproximársete a toda velocidad, puede que la primera vez acabes con un ojo morado, pero la segunda vez, ¿quién no se aparta o se cubre la cara?
Yo me aparto de la gente en cuanto creo que son susceptibles o capaces de enroscarse los dedos en la palma de la mano. Aunque no lo hagan nunca. Aunque ni se lo hayan planteado en la vida. Quizá con ello sacrifique sentimientos, horas de existencia, experiencias que de otro modo sí que viviría... con el perpétuo propósito , eso sí, de no tener que arrepentirme nunca de algo que no hice, por no haberlo hecho.
Y es verdad, sin embargo, que sueño más de día que de noche, pero ni dejo que la vida me quite el sueño, ni dejo que el sueño me robe el día.

COSAS POR HACER:

1. Aprender a compartir las palomitas y las patatas fritas.
2. Mejor pensado, dejar de ingerir ambas, ya que contener índices calóricos desmesurados.
 
I's no illegal sista, byotch.

(Weird Al Yankovic. Secret Agent Man. Austin Powers OST).

He perdido la cuenta de los rounds que llevo. Lo único que sí puedo asegurar, a estas alturas de lo que parece el combate de boxeo más encarnizado de la historia del Peso Ornitorrinco, es que se me están poniendo unos bíceps (metafóricamente hablando) dignos de que servidora se convierta en la primera mujer de la historia elegida como la nueva "Agente 007".

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN.

1. Ojeroso y tirando a malhumorado, con precipitaciones al sureste causadas por ciclón que amenaza obtención de visado.
Ayer, en medio de una importante sesión de concentración profunda con el firme propósito de aprenderme todos los botoncitos de un programa de traducción asistida, llamaron al timbre.

2. Segundo y medio previo a llamada a timbre, menda descubrir, después de años preguntando, por qué le llaman traducción asistida. Le llaman traducción asistida porque al cabo de meses intentando descubrir dónde falla lo de la memoria de traducción y por qué leches no se te han grabado los datos, irrefrenable e instintivamente lanzas un "¡ QUE DIOS NOS ASISTA!" al aire, perdigones incluídos.

3. Segundo y tres cuartos posterior a llamada a timbre procedo a peinarme, vestirme, meter a Macgaiber en jaula y abrir puerta (asombrosa rapidez de movimiento sólo alcanzable uno o dos días al año, no se crean) y es mensajero con paquete.
-¿Dónde firmo? -le pregunto.
-Primero pague -me contesta.
Túuuu.... mucha capacidad de hacer amigos, que digamos, no te dieron, ¿no?, pienso, mientras configuro nota mental de salir con escote demencial próxima vez que ver mensajero por mirilla de puerta. Igual me hace descuento, hope springs eternal.
Le pago e ipso facto descubro que remitente es embajada australiana de Madrid.
Oh dioses, oh dioses, oooooohohhhhhhhhh diosesssss....

En minuto cinco posterior a cerrado de puerta (con mensajero fuera, claro) vuelvo a planeta tierra y me descubro a mí misma aún de pie con gran sobre/paquete en mano e incapaz de mover un músculo para proceder a abertura de sobre. Única neurona funcional chilla "ábrelo, ábrelo" pero resto de neuronas no responden, cual sobrecarga en servidor o similar.

En minuto siete posterior a cerrado de puerta (con mensajero fuera), posición no ha variado pero sí ha sufrido mutaciones, tales que alteración severa del ritmo cardíaco, sarpullido intrasináptico y desaparición absoluta de resto alguno de celulitis, provocada por acusado temblor de piernas.
(Sí, qué más quisiera yo. Pero algo tenía que poner para que no quedara tan triste la cosa, ¿no?)

En minuto ocho, única neurona funcional sufre de afonía aguda pero sigue instándome a que abra el puñetero sobre. Resto de neuronas (las otras tres, quiero decir) caen sobre nariz en avalancha de pensamientos negativos no controlables de los que hago lista detallada a continuación:

a. Cálculo del tiempo que hace que envié todos los documentos: 2 semanas y media, aprox.
b. Respuesta tan rápida sólo puede significar negativa, por razonamiento universitario siguiente: cuando terminas un examen en tres minutos es porque sólo has puesto el nombre, lo cual equivale a suspender.
c. Suspenso, suspenso. Me han suspendido. No porque no supiera suficiente ni me hubiera guardado papeles, no. Me han suspendido como persona. No doy talla australiana. Oh, dioses...
d. Talla australiana suele ser grande, esp. en mujeres que he conocido. Nicole Kidman no es ejemplo fiable de talla media de mujer australiana, en verdad.
e. Oh, dioses, Nicole Kidman. Qué guapa es, qué clase tiene. Qué elegancia...
f. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Dónde he dejado el tabaco? Aibá, un sobre de plástico...
g. Ábrelo. Ábrelo de una puñetera vez. A los enemigos hay que verlos de cara.
h. Bueno, de acuerdo. Énciéndete un cigarro primero y siéntate, que aunque haya que verlos de cara, hay cosas que se reciben mejor con un cigarro y el culo aposentado.


Minuto trece posterior a cerrado de puerta bla bla he logrado sentarme delante de sobre pero no he logrado abrirlo porque el muy recondenado está sellado herméticamente y no se deja. De repente, minutos estáticos sufren frenético efecto muelle y se convierten en enajenación transitoria. Resultado: acabo abriendo sobre/paquete con los dientes y lo dejo hecho unos zorros.

Paquete contiene sobre que a su vez contiene sobre que contiene:
-La fotos que envié, con post-it indiscutiblemente sugiriendo que menda no responder a perfil de persona fotogénica ( decía: "No necesitamos copias de estos documentos, gracias").
-Mi pasaporte viejo. (¿Debería llamarles para decirles que el que necesito es el nuevo, que el viejo no me sirve porque le cortaron la contratapa cuando me hice el nuevo? Hum....)
-Una carta. No, no carta estilo Isabel Gemio, sino más bien carta estilo notificación judicial a criminal peligroso en libertad condicional informando de fotos enviadas con su cara a todas las fronteras y salidas posibles del país. Estilo de carta que podría pertenecer perfectamente a película titulada "No way out" o similar, con banda sonora hip-hop recontracargada de palabrotas e insultos al sistema.

Resultado: Segunda avalancha (bineuronal tras trágica pérdida de una de las tres neuronas anteriores por recóndito lugar de alguna parte entre lóbulo frontal y rodilla derecha) en que se suceden imágenes de servidora vestida integralmente Tommy Gear con malla en cabeza y chandal superancho, F.N. semiautomática belga Five Seven 28 milímetros colgada de tira elástica de cintura, munición en bolsillo derecho y cadenas de oro y anillos de sello y cara de " you don't wanna fuck with me, mothafucka".

Tercera avalancha (unineuronal, no pregunten): Oh, dioses, de repente ya no soy Aldara, niña repelente sabelotodo bocazas y torpe, sino mujer de pasado oscuro, silenciosa pero letal, luchando contra el Establishment, cual versión gangsterizada de Lara Croft excluyendo silicona pectoral y ropa ajustada (porque no es por nada, pero si yo fuera mujer supermegaindependiente que no quiere nada con hombres y que es su propia jefa en su propia vida y tan feminista y tan radical, anda que iba a llevar la ropa ajustada y los escotes de la Croft. No te jode....) Mi identidad oculta como gangster responde sólo a misión de incógnito para gobierno subversivo de algún país conflictivo y en realidad soy superagente secreta.
Y entonces plaf. La única neurona que quedaba, haciendo snowboard por los infinitos parajes de mi desierto cerebro muere a causa de choque frontal con realidad: si menda fuera superagente secreta o peligrosa gangster post-moderna, definitivamente tendría contactos que a bien seguro le facilitarían pasaportes falsos, con lo cual no tendría que pedir un dichoso visado, ¿no? ¿O han visto alguna vez a algún espía haciendo cola en el ayuntamiento mientras los terroristas hacen volar el país? Por Dios, esta gente no ha visto ni una película en su vida o qué? Qué poca cultura, vírgen santísima del amor hermoso.

Bien. Aproximadamente veinte minutos después de cerrado de puerta (con mensajero fuera) y tras abertura de sobre y toda la vaina, me encuentro con la siguiente lista de

COSAS POR HACER:

1. Tres formularios de severidad australiana (ríanse de holocausto) por rellenar (donde digo rellenar, digo superar/aprobar). Uno de personalidad en que me vuelven a hacer jurar una lista de cosas que darán para otro post, no lo duden, otro de revisión médica en que mucho me temo que me van a sacar hasta una muestra de tejido estomacal (no vaya que introduzca diarrea en el país, ahora que ya hace dos siglos que la erradicaron, me ca[CENSORED]go hasta en...)
y el tercer formulario es el único que viene realmente a cuento, porque después de ver los otros dos menda gritó: "¡rayos!" y hala, eso. Rayos. Y no rayos cualesquiera, ni centellas, no. Rayos de esos que te tienes que desnudar fijo, a juzgar por el título amenazador en primera página de formulario que reza "rayos X".

2. Intentar Mos Procedendi alternativo, a saber: llamar a embajada y pedir día y hora para personarme en susodicha institución y que me marquen el culo con hierro candente como ha hecho en mi pueblo mi familia toda la vida en las granjas de cerdos. Acabaremos antes, digo yo, y llevar escudo australiano en posaderas aporta, en mi opinión, nuevas dimensiones a concepto de patriotismo immigrante.

3. Comprar caja tamaño industrial de valeriana para facilitar sesión de rellenado de formulario de personalidad. Pensar absurdo tener que contestar que sí que sufrir ataques de nervios, pero ser todos causados precisamente por rellenados de formularios terroríficos.

4. No volver a casarme nunca más, bajo ninguna circunstancia, giro o pirueta de la vida ni bajo ningún efecto de ninguna droga ni administrada contra mi voluntad mientras alguien roza sien izquierda de menda con pistola para que firme. Que me maten. La muerte, al menos, te excluye de tener que rellenar nada que no sea una caja de pino.

5. Personarme en FNAC o similar para adquisición de "The Bourne Identity" y secuela "The Bourne Supremacy" envueltas para regalo, con intención de culturizar plantilla de Embajada Australiana. Las futuras generaciones de mujeres españolas que se emborrachan y van a tugurios donde conocen a australianos con los que inician rollo de una noche que se convierte en rollo de cuatro años con anillo en dedo sin duda me lo agradecerán. Quién sabe, igual acaba figurando nombre de menda en manuales de historia de derecho internacional.

6. Intentar disimular desesperación por encontrar alguna consecuencia buena a todo esto.
 
The good enough road yet to find.

(Sarah McLachlan. Good enough).


Hey your glass is empty
It’s a hell of a long way home
Why don’t you let me take you
It’s no good to go alone
I never would have opened up
But you seemed so real to me
After all the bullshit I’ve heard
It’s refreshing not to see
I don’t have to pretend
She doesn’t expect it from me



Es dificil decir quién es Thelma y quién es Louise, en esta historia. Creo que lo más realista sería observar que, tal y como ocurre con todos los estereotipos, se van intercambiando los papeles en cada ceda el paso. Antes sabían intercambiárselos, al menos, y a veces una era la ingénua llorona, perdida y desesperada y era la otra quien la guiaba... y otras veces era justo al revés. Qué mejor manera de viajar con alguien que así, precisamente. No se puede pretender ser siempre la que conduce. Es mucho más saludable ir turnándose y que una de las dos descanse.

Después de un viaje de seis años por una carretera en que han parado para contarse secretos, para bailar, para cantar, para vivir sorpresas juntas, para compartir cenas de fruta y tabaco, para verse crecer y madurar mútuamente, Thelma y Louise llegan a una bifurcación donde nunca han estado, en medio del desierto, y cada una se ha comprado un mapa diferente, en una gasolinera donde pararon.
No pueden preguntarle a nadie, porque no hay nadie. Están solas en el punto exacto donde la carretera se convierte en dos carreteras que van en direcciones opuestas.
No pueden dar la vuelta porque la carretera por donde iban acaba de desaparecer a sus espaldas, fundida por la aridez del entorno, o por el calor y la arena, que han sepultado bajo si hasta las señales.
Sólo pueden tirar hacia delante, lo cual implica necesaria e inevitablemente tomar una decisión, y como ya han tomado decisiones antes, saben que al decidir también desdeciden, y al escoger un camino, desescogerán los otros caminos.
Puede que lleguen al mismo sitio, o puede que no. Puede que una se pierda. Puede que no se pierda ninguna, y cada una llegue al sitio exacto donde quería ir. Puede que se pierdan las dos, cada una por separado, o mútuamente. O puede que se encuentren, al final, las carreteras por las que iban y vuelvan a viajar juntas... si es que ninguna ha decidido dejar de rodar, para cuando ese momento llegue.
Están justo en la bifurcación. Llevan un montón de tiempo ahí paradas. Tanto, que se les han dormido las piernas con las que bailaban y se les han secado las voces con las que cantaban.
No se ponen de acuerdo sobre qué camino seguir. Las dos quieren conducir. Y no sólo eso, sino que al haber viajado juntas tanto tiempo, las dos se creen con derecho de decirle a la otra por dónde debe ir... claro ejemplo de la veracidad del dicho donde hay confianza, da asco.
Seguir el viaje juntas sólo por el trayecto ya recorrido sería hacerle un feo a los recuerdos. Continuar el viaje juntas no debe de sacrificar el principio de de ser honestas la una con la otra.
Lo malo es que hace mucho tiempo que ninguna sabe explicarle a la otra las ventajas de su camino... y que quizá no se hayan dado cuenta aún de que, en toda bifurcación, siempre hay un tercer camino. (No se le llama trifurcación porque le mataría la gracia. El tercer camino hay que andarlo para construirlo) No hay sólo un norte o un sur. Hay trescientas sesenta opciones.
La diferencia de esta pareja de Thelmas y Louises es que, al contrario que las de la película, no están solas contra el mundo, sino solas, la una contra la otra, sin saber por qué han llegado hasta el punto exacto donde están, y cada una con la firme convicción de que fue culpa de la otra que llegaran hasta allí. Cada una, terca como ella sola e indignada de que la otra no respete su camino.

...It’s not the wind that cracked your shoulder
And threw you to the ground
Who’s there that makes you so afraid
You’re shaken to the bone
And I don’t understand
You deserve so much more than this



Quizá haya algo superior a ellas moviendo unos hilos que no controlan, que ni ven siquiera, pero que les harán comprender, tarde o temprano, que separarse era cosa inevitable del destino. Quizá no, y es bastante inútil planteárselo, porque si hay algo no metafórico en esta historia es que ninguna de las dos tiene carnet de conducir, y eso no les ha impedido ni frustrado el viaje hasta ese preciso momento, lo que las ha recubierto de una fortaleza especial, de una seguridad (quizá fingida en ambas) al volante que les otorga, a cada una, el derecho autoproclamado tácitamente de creerse mejor conductora que la otra.
Quizá no sea una cuestión de quién conduce mejor, sino de un entendimiento recíproco, de saber despedirse con buen humor y sin rencores, si es que toca despedirse, o de saber continuar juntas repetándose mútuamente.
La inmovilidad en la que se encuentran les impide pensar con claridad. Cada una siente sus propias piernas dormirse, su propia voz secarse, sin pararse a analizar que a la otra igual también le está pasando lo mismo. Se hablan sin girar el cuello. No por miedo a encontrarse cara a cara, sino por miedo a hacerlo al mismo tiempo y darse de bruces la una con la otra. El coche se ha ido haciendo pequeño a medida que ganaban confianza y comprendían que eran dos personas compartiendo un mismo, un solo recorrido.
Ahora casi ni encuentran sitio para dejar las palabras, sin invadirse el espacio mútuamente... y ya no recuerdan que hubo un tiempo en que ninguna de las dos sabía vivir sin las palabras de la otra esparcidas a su alrededor.

Don’t tell me I haven’t been good to you
Don’t tell me I have never been there for you
just tell me why
nothing is good enough