Primer encuentro entre páginas con John Irving.
Powered by Castpost
(Rape me. Nirvana)
Recapitula, haz el favor. ¿Cómo has llegado hasta aquí?
Aquí: suite carísima de archiconocido hotel de Park Avenue, con vistas privilegiadas a Central Park, NY.
Suelo, para ser más conciso. Suelo de la maldita suite carísima de archiconocido hotel de Park Avenue, blá blá.
No, suelo exactamente no, para ser aún más conciso. Hay algo que se interpone entre el suelo y tu cuerpo.
Un stripper transexual y no precisamente como su madre lo trajo al mundo, aunque sí con la misma cantidad de ropa. Tumbado e immovilizado bajo tu persona.
Pero recapitula, haz el favor. ¿Cómo has llegado hasta aquí y en silla de ruedas?
Silla de ruedas: instrumento/medio de transporte cuya utilidad todo el mundo conoce, menos tú, imbécil, que te has dedicado a atribuírle una nueva durante estos últimos meses de rodaje. Vale, sí, siempre está bien meterse en el personaje, pero... ¿Quién coño te mandaba ir por Manhattan en silla de ruedas si tienes dos piernas que pueden hacerlo solas? ¿Método Stanislavsky? ¿Nos vamos a engañar, a estas alturas? Si hay alguna parte de tu cuerpo que necesita silla, con ruedas o sin ellas, es tu cabeza. Sin duda.
Pero recapitula, haz el favor. ¿Cómo has llegado hasta aquí en silla de ruedas y con ella/o?
Ella/o: Susodicho stripper transexual que bailaba en el club de Manhattan en el que os fuisteis a meter -¡de todos los que hay, precisamente aquél!- la silla de ruedas y tú. Podías haberla ignorado, podías haberte ido o mejor, podías no haber ni entrado. Pero entraste, tenías que entrar. Te invitaba el rótulo de colores que anunciaba el tipo de carne que allí se exponía y te obligaban los años de internado de niñas en que tu madre te aparcó y las miradas de las adolescentes que te hicieron crecer demasiado en todas las direcciones. Mientras tanto, tu asexualidad se entretiene, tu heterosexualidad se escandaliza y tu sexualidad se excita, al percibir un par de pezones turgentes de plástico auténtico.
Pero recapitula, haz el favor. ¿Cómo has llegado hasta aquí, en silla de ruedas, con ella/o y cantando?
Cantando: canciones, mientras el stripper de sexos eclécticos te la pone dura, a fuerza de movimientos estudiados para ponérsela dura hasta a una abuela de la Séptima Avenida, si se tercia. El stripper te la pone dura y tú te dejas, mientras cantas. Intentas despedirte en el vestíbulo pero el/lla quiere más. Te acompaña al bar del hotel, donde seguís cantando mientras estudias esa obra de cirugía impecable y seguís cantando y sigues mirando y seguís cantando, hasta meteros en el ascensor tras el segundo o tercer intento fallido de la noche de darle las buenas noches y cada uno a su cama.
Y así llegáis hasta esa maldita suite carísima del archiconocido hotel con vistas a Central Park de las que sólo has oído hablar, porque durante meses ni has descorrido las cortinas, siquiera.
Y él, o ella, o ello, se empieza a desnudar, y entonces reaccionas.
Recapitula: la culpa no fue del chachachá, imbécil.
Y cuando reaccionas le dices, con esa honestidad que no te caracteriza y que siempre llega demasiado tarde, que no te la quieres follar, que no te van las mujeres con pene. Pero él, ella y ello ya están en plástico picado, con un par de tetas tan duras que amenazan con sacarte los ojos si no huyes. Señala hacia tu entrepierna, como si no te hubieras dado cuenta de que hay algo de una protuberancia que no casa con tus negativas. Pero hasta tú, imbécil donde los haya, sabes la diferencia entre fantasear y hacer. Entre ver y tocar. Entre vagina y pene.
Lo que te falla, y muy vergonzosamente, además, es la que hay entre caminar y rodar. Entre cantar y dar las buenas noches. Entre el sí y el no.
Entonces (oh, sorpresa) te levantas de la silla de ruedas como Lázaro después de tres rayas, la fuerzas a que se vista, no quiere, forcejea, intenta violarte, rompéis una lámpara (carísima también, seguro), te destroza la camisa, vuela una metralla de botones por todas partes, te muerde el antebrazo, tiráis un chiffonier (dioses, dioses) y piensas que cuando un transexual quiere follar, es como un hombre. Y que ése en concreto ha entrenado más en el gimnasio de lo que ha bailado en los bares, así que al cuerno la politesse.
Bueno, no. Al cuerno todo tú, de tremendo derechazo del stripper transexual/luchador griego.
Pero recapitula, sigue recapitulando, casi llegamos.
Stripper transexual con las piernas abiertas y los tacones agujereando la moqueta, de pie, puro edificio de músculo con vistas estrambóticas a otra parte, si puede ser, frente a imbécil de turno (ese eres tú), sentado en el suelo sin haber visto el puño venir.
Te cuelas entre sus piernas hasta quedar detrás de él, ella y su Ello (por un fugaz segundo crees que le has rozado el miembro con la cabeza, al pasar. No lo pienses otra vez, es demasiado violento. Concéntrate.)
Una vez detrás, le haces aquella llave que aprendiste en otra película, hace tiempo, pequeño saltamontes, lo tumbas, lo dejas miembro abajo y te sientas encima de él, ella y toda la parafernalia del ello, immovilizándole los dos brazos contra la espalda. Immovilizando el ensemble.
Así has llegado hasta aquí. No, no pienses en cómo salir de ésta. Ésta te la mereces, porque de ésta aprenderás no meterte en otras.
(Dedicado a John Irving. No a modo de plagio, nunca me atrevería a plagiar a un genio. A modo de homenaje).
My beloved monster and me.
Powered by Castpost
(My beloved monster. Eels)
Hmmmm...
FffFffffffFffff....
No sé por dónde empezar. Hace tiempo que Sinclair me pasó el relevo del ahora ya archifamoso post de las cinco manías.
Y desde que leí que estaba "nominada", que llevo dándole vueltas.
No es que no se me ocurra ninguna, no.
Es que no me cabrían ni en tres blogs enteros de a 10MB el blog. Necesitaría, primero, inspiración suficiente como para crear tres URLs de esas. (Hablo como si supiera lo que estoy diciendo, y todo).
Todos/as tenemos nuestras manías, eso es de saber universal, claro. Lo mío roza el desdoblamiento de personalidad, sin embargo. Y no, no estoy intentando ningún "a mí a manías no me gana nadie", porque mi Sra. Madre seguro que me gana con diferencia... pero sí que es un mundo entero que llevo encima todo el día, todos los días.
My beloved monster and me
we go everywhere together...
En fin... siempre hay las manías clásicas, los pecadillos más frecuentes, de los que intentaré hacer memoria aquí.
COSAS POR EVITAR:
1. Antiaseveración paranoide de cosas irrelevantes.
No sé por qué, pero cuando alguien me explica algo que me resulta irritantemente trivial, supérfluo o simplemente estúpido, me da por contradecir a quien lo emite. Quizá es porque me aburro, y buscarle los tres pies al gato siempre es buen pasatiempo. Tengo que dejar de hacerlo, porque acabo enzarzándome en auténticos discursos de cuatro horas sobre cosas que no me ocupan ni un byte en la memoria. Me encanta, lo admito. Me encanta hablar, desde que tenía apenas un año y le repetía a mi padre "Tate queco" (estate quieto) cada vez que me hacía cosquillas, pero hablar sobre cosas que me la traen tal... es mal vicio. Y dice muy poco de mi persona. Lo bueno es que la gente se piensa que realmente les estaba escuchando.
(I'm a bitch, capítulo 394875287529).
2. Transtorno obsesivo-compulsivo culinario.
Cuando cocino, me lavo las manos una vez por minuto. Quizá una vez cada dos minutos, pero no menos. No sé por qué lo hago, es un acto compulsivo que me lleva a un gasto de tiempo, de jabón y de agua caliente innecesario. Visto en perspectiva, desde aquí, me recuerdo un poco a Jack Nicholson en As good as it gets, lo cual no me hace ni pizca de gracia, si consideramos que en esa película, Jack interpreta a un escritor loco con un T.O.C.
Claro que, dicho sea de paso, tampoco me gusta pisar las rayas entre baldosa y baldosa en la calle, y eso no significa nada. Vamos a sincerarnos: ¿Quién las pisa? Nadie, en su sano juicio las pisaría, pudiendo pisar dentro del cuadradito de la baldosa, que para eso se hizo, ¿no?
(No, no empiecen a sudar todavía; soy mucho más freak de lo que parezco)
3. Desorden crónico del comportamiento frente a cigarros mal apagados.
Me paso tres años estrujando una colilla contra el cenicero cada vez que acabo un cigarro. Y no sólo eso, no: además, odio, aborrezco y torturo verbalmente a la gente que no los apaga bien. Me molesta hasta límites insospechables (y digo insospechables porque fumo más de un paquete diario, que ya les gustaría a los obreros del puerto) el humo de una colilla agónica en un cenicero.
4. Psicosis borderline servilletera.
¿Saben esos servilleteros de plástico o de metal con un muellecito, figurantes en todo bar-restaurante-cafetería que se precie (excepto Starbucks)? Pues yo sí que sé. Sé que llego, me siento y lo primero que hago es sacar una servilletita del susodicho servilletero de turno y ponerme a sacarle brillo al ídem. No lo pienso. No me doy cuenta. La gente que va conmigo incluso intenta pararme, sin éxito, porque al cabo de un minuto estoy dale que te pego otra vez.
Cosas así son las que me frenan a la hora de ir a analizar mis sueños. Si mi conciencia es tan inconsciente, entiendan el miedo que me da ir a hurgar más allá.
5. Síndrome Higgins-Maëlstrom.
Dícese de comportamiento patológico que consiste en la incapacidad de ingerir cualquier tipo de comida bicolor y/o de cualquier otro modo heterogénea sin haberla homogeneizado primero con cuchara y/o cualquier otro instrumento de cubertería.
Así, soy incapaz de comerme un helado de dos bolas (aunque sea de cucurucho) sin haberlas mezclado y chafado previamente (gesta dificil, lo sé. Pueden imaginarse la de cucuruchos que me cargué antes de pillarle el truco).
Tampoco me puedo comer esas típicas (y exquisitas) mousses de chocolate con nata por encima, si no las revuelvo. No hablemos ya del típico desayuno australiano, que consiste en bol con cereales, fruta troceada por encima, leche por encima de la fruta, y yogur por encima de todo. Necesitaría un diazepan antes de ponerme frente al bol.
No como macedonia por motivos obvios, y lo que mucha gente considera una simple sopa con croutons, para mí es una pesadilla incomestible.
Los helados de tarrina, bien machacados, revueltos, y llanos. Nada de formitas ni leches.
(NOTA: Lo de Higgins-Maëlstrom es inventado, pero, ¿a que queda divino? Así nació la psicología moderna: Encuentren un nombre enrevesado a más no poder, y tendrán un nuevo caso de estudio. Pido disculpas a Higgins y a Maëlstrom por los inconvenientes que pueda haberles causado. Si es que existen, claro.)
Luego está lo de echarle agua fría al café, al té y a la sopa; lo de darle treinta y siete veces por segundo al icono de guardar de Word, lo de mirarme los pies siempre que salgo de casa para comprobar que llevo calzado de calle y no me he vuelto a dejar las alpargatas puestas; lo del tic del ojo (esa era broma, pero tenía que ponerla, tenía que ponerla) y lo de escribir frases ilegibles, de tan largas que se me acaban haciendo. Pero para todas esas, tengo motivos... ya sean irrazonables o absurdos.
En fin, más o menos, ya está.
Sé lo que estarán pensando: "Y ¿aún conseguiste casarte, y todo?" Pues sí. Se trata de sonreír mucho todo el día, y sobre todo, de esperar a que no mire nadie para echarle agua al café, abrillantar lo abrillantable y retirar croutons de la crema de noséquémanjarenitaliano que nos pusieron, entre los otros mil platos que tuve que ir modificando a mi gusto.
P.S. No sé a quién pasarle el relevo, porque parece que todo el mundo ya se ha confesado (al menos, los blogs que he leído) así que... quien quiera, que se apunte. Hay algo relajante e instructivo, en esto de autoanalizarse.
Prostitución profesional y surferos en pelotas.
Powered by Castpost
(When I'm sixty-four. The Beatles).
Creo que estarán de acuerdo conmigo en que existen un sinfín de parámetros para ordenar las cosas. Así, las actividades realizadas por la que escribe en un día como hoy...
a) Se pueden ordenar por números:
0 comidas sanas
1 ducha
2 cafés
3 menús del Chino de Abajo
4 cigarros cada media hora
5 animaladas verbales pronunciadas por segundo...
b) por su posición en el abecedario, en cuyo caso la lista cambiaría:
1. Animaladas pronunciadas por segundo.
2. Cafés.
3. Chino de Abajo.
4. Cigarros fumados.
5. Comida sana.
6. Ducha.
c)... O por sucesión cronológica, que es el parámetro de orden que he escogido para explicarles cómo acabé prostituyéndome justo un minuto antes de que Craig acabara en pelotas en un bar de obreros del puerto. Aún ahora no sé quién es más puta de los dos. (Aunque lo de él no fue voluntario y lo mío es por dinero).
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De prostitución profesional.
Ayer, día gélido en Barcelona donde los haya, con tintes de tormenta, lluvia ininterrumpida y el cielo en un estado que parecía que lo acabaran de acusar de asesinato, y después de unos cuantos días traduciendo unas doce o catorce horas por ídem, llegó "la piedra en el camino". En todas las novelas siempre llega una "piedra en el camino". La mía fue tener que traducir una canción de los Beatles al catalán. Los Beatles, mis Beatles, que me dieron la vida (musicalmente hablando) y que luego la mimaron a base de melodías alegres e historias de amor. Los Beatles, que educaron mi oído, no sólo en notas sino en un idioma que aprendí mucho más rápido gracias a ellos.
No levantaba un palmo del suelo y ya iba por el mundo cantando mi versión del "Yellow Submarine" (lo que entendía de ella, quiero decir).
Los Beatles, que me llenaron de esperanza en momentos de desesperación. Los Beatles, que siempre han tenido alguna canción para explicar cualquier momento de mi vida.
Los Beatles. Traducidos al catalán por mis viles dedos corruptos por el dinero y la fama.
Ustedes no sé, pero para mí representa una traición más grande que meter a tus propios padres en la cárcel.
Y todo por la pasta.
Aquí estaba yo, sentada frente al ordenador, a punto de flagelarme delante de una foto que me hice en Penny Lane (Liverpool), cuando de repente, sonó el teléfono.
2. De imprevistos previsibles.
Era Craig (el que llamaba, quiero decir), que se había ido a surfear cuatro o cinco horas antes de aquel preciso momento mío de crisis existencial escarabajística. Ayer había buenas olas en Barcelona, y como eso no pasa a menudo, los surferos (y las surferas también) aprovechan al máximo. En fin, lo que esta gente entiende por aprovechar al máximo es lo que entiendo yo por "cagarse de frío y hacer el pinchafigos en público", pero no es el tema que me ocupa.
El tema es que llama y me dice:
-Me han robado la mochila.
Y yo hice lo que se esperaba de mí:
a) insertar chip USB de mujer casada. (En la alegría y en la tristeza, en la salud y la enfermedad, en la juventud y en la chochez...)
b) autocundirme en pánicos varios, entre imágenes de mi recién estrenado marido sangrando hasta por los ojos, después de paliza tremenda propinada por atracadores/as malvados/as.
-Que no, que la mochila la dejé en la arena, no te montes películas que no me han hecho nada.
(desinsertar chip USB mujer casada, tirarlo al suelo y patearlo siete veces. Ni enfermedad, ni vejez ni pollas en vinagre, como dicen en mi pueblo, que una no es una ONG con patas).
-Entonces, ¿para qué me llamas, para matarme del susto?
-No. Para que cojas un taxi y me traigas ropa, que la tenía toda en la mochila. Estoy en pelotas en un bar.
Aaaah, bueno, magnífico. Si es así, asunto arreglado, ¿no?
Intento repetirme mil veces que esto es lo que pasa cuando una no tiene un matrimonio convencional, mientras meto toda la ropa de abrigo que puedo en otra mochila e intento acordarme de dónde carajo escondí las llaves de casa. Salgo por la puerta (y al cielo gracias, porque en el estado mental que estaba no me habría extrañado sorprenderme a mí misma intentando salir por la ventana) y me doy cuenta de un dato importante: aún voy con el uniforme de traductora puesto. (id est, el puto pijama).
Dejo paraguas, abrigo de Craig y mochila en suelo de rellano, rebusco en bolso siete meses hasta dar con llaves recién introducidas en este, vuelvo a entrar en casa, me quito abrigo, me visto, me pongo abrigo y vuelvo a salir en condiciones.
Pillo taxi y claaaaaro. Cómo no. (Algún día escribiré un post íntegramente dedicado al gremio taxitista. Hoy no , que llevo prisa). Topo con taxista gallego que se cree GPS atrapado en cuerpo de señor taxista gallego, y que me empieza a hacer una lista de posibles rutas para llegar al sitio.
-Mire, vaya por donde quiera, pero que sea la vía más rápida y directa, que tengo a mi neomarido en pelotas en un bar.
Les juro que a partir de ahora diré siempre lo mismo, cada vez que entre a un taxi.
No sé si por solidaridad masculina, o por imaginarse al pobre marido medio muerto de hipotermia, con los huevos convertidos en tetas, de tanto encogérsele, pero el GPS gallego con forma humanoide-taxista cerró la boca y pisó el acelerador hasta la puerta del bar en cuestión.
Al llegar, me lo encuentro en la barra, a lo Jesucristo Supernosaberestar, con una toalla azul celeste que le habían dejado a modo de faldita hawaiiana (prueben a dejarse puesto, si no, el traje de neopreno mojado en un día como ayer. Se te cangrena hasta el nervio óptico), y los labios azules, también, pero más bien de un azul marino tocando al negro.
Lo curioso fue que me invadió un inusual buen humor, y me empecé a reír. Supongo que todos los obreros del puerto, allí presentes, con sus cervezas, se debieron de pensar que me reía de mi propio marido, y la escena era para reírse, claro, pero.... no soy tan cruel. Me reía porque no le había pasado nada, no le habían hecho daño. Estaba muerto de frío, pero no sangraba, y no le habían robado nada de valor porque lo único que llevaba dentro de la mochila era la ropa más vieja que tenía y las bambas más baratas que encontré en el Decathlón. (Vestuario elegido a propósito, por si acaso pasaba lo que acabó pasando).
Así que chorizo/a, si estás leyendo esto, jódete. Y luego piensa a ver qué leches haces con unas bambas del 47.
3. Mañana de hoy: festival de estornudos y mocos. Y es que como dice mi hermano, que es un sabio, "con la playstation también puedes surfear durante horas y nunca te pasan estas cosas".
Con la Playstation, sin embargo, a Craig nunca se le queda la cara de felicidad y satisfacción que lleva hoy pegada encima del cuello.
It was worth it, me dice con esa sonrisa inmaculada que tiene, surf was awesome.
Y yo pensé, fíjense las ironías que tiene la vida...
Will you still need me
will you still feed me
when I'm sixty-four
COSAS POR HACER:
1. No releerme la traducción de la letra de la canción de los Beatles que destrocé ayer. No volver a preguntarme por qué quiso el autor meterla en la novela, sin pensar en que ello podía dar lugar a este tipo de situaciones violentas.
(A punto he estado de buscar la editorial que lo publica en Japón, a ver si allí también traducen a los Beatles. Al menos así tendría el consuelo de verlos escritos en japonés que, digo yo, deben de sonar aún más estrafalarios que en catalán, ¿no?)
2. Seguir, seguir, seguir, traductora no hay páginas, se hacen páginas al traducir. (si puedo traducir canciones, también puedo modificar poemas, qué leches).
3. Esconder las pruebas para que mi descendencia, si algún día la tengo, no me pregunte nunca en qué carajo estaba pensando el día que me dió por traducir a sus divinidades The Beatles.
4. Llamar a Yoko y a Paul para disculparme. Como se enteren por terceras personas, me matan.
London Calling (III)
Powered by Castpost
Qué raro...
Hoy me he despertado, hacía un frío de esos que cortan, rasgan, queman y secan pieles, y lo primero que me ha venido a la mente ha sido un día de Enero por estas fechas, en Londres, en que me desperté pensando. "Hoy no va a poder hacer peor día que ayer", miré por la ventana y estaba nevando al compás de una ventolera atroz.
Estarán pensando qué carajo tiene que ver eso con No Doubt, claro...
Este recuerdo me ha llevado a otro, que a su vez me ha llevado a otro, que me ha conducido inexorablemente a recordar mis noches en Londres.
En todos los pubs había determinadas canciones que después de algunas semanas de frecuentarlos, devenían himnos.
La versión de No Doubt del clásico "Come on Eileen" era una de esos himnos, en todos. Nunca la aburrí, porque su ritmo y sus acordes mayores siempre me ponían de buen humor, hiciera el tiempo que hiciera.
La he puesto aquí hoy, día de frío, con la esperanza de animar un poco las vistas desde el máximo número de ventanas posible.
¡Disfruten, que al menos es sábado!
Unblogged in Barcelona.
El trabajo dignifica a la mujer, el trabajo dignifica a la mujer, el trabajo dignifica.....Cuando, pese a repetirte un mantra mil quinientos millones de veces, sigues sin creértelo, tienes que dejarlo por escrito, para aprehenderlo de verdad, para adherir al alma las sensaciones que te provoca, para hacer las maletas de ese viaje interior al corazón catártico del kharma...
...
...
... Claro que corres el riesgo de darte cuenta de que dejarlo por escrito tampoco te lleva a nada y de que estás hasta las pelotas de hacer el imbécil, y de abrir la ventana y ¡hala barritas de incienso de los cojones a tomar por el ccccccc....!
Nota para sesiones futuras: buscar actividad alternativa a mantras en aras de lograr estado mental exhilarante y positivista. E.g., kickboxing, gastronomía sadomasoquista, cría y cuidado de insectos venenosos, etc.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. ( y único) Desblogueada. Llevo lo que parecen mil años sin pasarme por ningún blog, ni dejar comentarios, ni mirar siquiera el mío, que con tanta ilusión empecé y con tanto cariño mimé y que de tanta sabiduría (EJEM) llené día a día (ejemplo de "prosa patética", Sacarina, para tus comentarios de texto, que no es lo mismo que "prosa poética").
Y no, no es por haberme casado, ni nada de eso. Como ya dije, la vida diaria no ha cambiado en absoluto
(Bueeeeno, quizá ahora ya no se me aparece la cara de mi madre en esos momentos de roce carnal con Craig al grito de "¡Concubina! ¡Pecadora!", pero el resto sigue igual).
(eh, que era broma, jolín, que hay que explicarlo todo...)
Pues eso, que no es por la alteración severa de mi estado civil, sino por una concatenación de sucesos que me han vuelto a clavar al ordenador en lo que parece estar convirtiéndose en un Inseculaseculorum, que quiere decir (para quienes no sepan latín) "En silla, en-la-silla" (In secula) "ese culo" (seculorum). Es decir, el culo pegao a la silla. Permanentemente.
Justo cuando empezaban mis pies a palpar el suelo del atrium de la paz, la calma, el sosiego y el buen rollo, recibí una llamada de esas que empiezan:
-ring.
-quién.
-yo.
... y que acaban con la servidora re-dirigiendo esos mismos pieses a la editorial, a recoger un libro para otra traducción kamikaze.
Traducción kamikaze: dícese de producto de proceso translaticio que parece dificilísimo a primera vista pero que tras un segundo análisis resulta ser imposible.
Y así, doscientas doce páginas de una novela para Antesdeayerday, que parece ser el octavo día de la semana que sólo figura en el calendario de las gentes de éste mi querido gremio.
Al contrario que el último libro, este me encanta, me chifla y me engancha a partes iguales. No hace repeticiones innecesarias, los diálogos son de verdad, los personajes adquieren matices, historia, forma y volúmen a medida que paso las páginas y... en fin, sólo me quejo de una cosa:
¡No hay tiempo!
No hay tiempo suficiente para tantas páginas. Claro que si se lo preguntan a Donjon, les dirá que sí, que hay tiempo de sobras... pero es que Donjon pertenece al Olimpo de San Gerónimo que digo yo... y aquí, una que escribe, aún está en los cadetes.
Así que no: no tengo tiempo para "matrimoniadas" (agggh, qué "nochedefiesta" que ha quedado eso, dioses), ni para nada de nada. Sólo para cumplir con necesidades fisiológicas y poco más.
COSAS POR HACER:
1. Recordar no volver a poner ropa interior de puntilla, que dejar marca perenne de estampado de flores en culo que no ir ni fregando culo con estropajo.
2. Agradecer a Donjon esta aventura y lo bien que lo estoy pasando (y esta va sin sarcasmo, que conste por si acaso)
3. Mirar por internet qué santo ser patrón de dentistas y proceder a ubicación de vela en frente del/a susodicho/a, a ver si a la sexta visita con la dentista próximo lunes me dice que muela ya está preparada para empastar. Si Buñuel estuviera vivo para ver esto...
4. Buffet libre Chino de Abajo caca, Buffet libre Chino de Abajo caca, Buffet libre Chino de Abajo caca...
...
...
... Claro que corres el riesgo de darte cuenta de que dejarlo por escrito tampoco te lleva a nada y de que estás hasta las pelotas de hacer el imbécil, y de abrir la ventana y ¡hala barritas de incienso de los cojones a tomar por el ccccccc....!
Nota para sesiones futuras: buscar actividad alternativa a mantras en aras de lograr estado mental exhilarante y positivista. E.g., kickboxing, gastronomía sadomasoquista, cría y cuidado de insectos venenosos, etc.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. ( y único) Desblogueada. Llevo lo que parecen mil años sin pasarme por ningún blog, ni dejar comentarios, ni mirar siquiera el mío, que con tanta ilusión empecé y con tanto cariño mimé y que de tanta sabiduría (EJEM) llené día a día (ejemplo de "prosa patética", Sacarina, para tus comentarios de texto, que no es lo mismo que "prosa poética").
Y no, no es por haberme casado, ni nada de eso. Como ya dije, la vida diaria no ha cambiado en absoluto
(Bueeeeno, quizá ahora ya no se me aparece la cara de mi madre en esos momentos de roce carnal con Craig al grito de "¡Concubina! ¡Pecadora!", pero el resto sigue igual).
(eh, que era broma, jolín, que hay que explicarlo todo...)
Pues eso, que no es por la alteración severa de mi estado civil, sino por una concatenación de sucesos que me han vuelto a clavar al ordenador en lo que parece estar convirtiéndose en un Inseculaseculorum, que quiere decir (para quienes no sepan latín) "En silla, en-la-silla" (In secula) "ese culo" (seculorum). Es decir, el culo pegao a la silla. Permanentemente.
Justo cuando empezaban mis pies a palpar el suelo del atrium de la paz, la calma, el sosiego y el buen rollo, recibí una llamada de esas que empiezan:
-ring.
-quién.
-yo.
... y que acaban con la servidora re-dirigiendo esos mismos pieses a la editorial, a recoger un libro para otra traducción kamikaze.
Traducción kamikaze: dícese de producto de proceso translaticio que parece dificilísimo a primera vista pero que tras un segundo análisis resulta ser imposible.
Y así, doscientas doce páginas de una novela para Antesdeayerday, que parece ser el octavo día de la semana que sólo figura en el calendario de las gentes de éste mi querido gremio.
Al contrario que el último libro, este me encanta, me chifla y me engancha a partes iguales. No hace repeticiones innecesarias, los diálogos son de verdad, los personajes adquieren matices, historia, forma y volúmen a medida que paso las páginas y... en fin, sólo me quejo de una cosa:
¡No hay tiempo!
No hay tiempo suficiente para tantas páginas. Claro que si se lo preguntan a Donjon, les dirá que sí, que hay tiempo de sobras... pero es que Donjon pertenece al Olimpo de San Gerónimo que digo yo... y aquí, una que escribe, aún está en los cadetes.
Así que no: no tengo tiempo para "matrimoniadas" (agggh, qué "nochedefiesta" que ha quedado eso, dioses), ni para nada de nada. Sólo para cumplir con necesidades fisiológicas y poco más.
COSAS POR HACER:
1. Recordar no volver a poner ropa interior de puntilla, que dejar marca perenne de estampado de flores en culo que no ir ni fregando culo con estropajo.
2. Agradecer a Donjon esta aventura y lo bien que lo estoy pasando (y esta va sin sarcasmo, que conste por si acaso)
3. Mirar por internet qué santo ser patrón de dentistas y proceder a ubicación de vela en frente del/a susodicho/a, a ver si a la sexta visita con la dentista próximo lunes me dice que muela ya está preparada para empastar. Si Buñuel estuviera vivo para ver esto...
4. Buffet libre Chino de Abajo caca, Buffet libre Chino de Abajo caca, Buffet libre Chino de Abajo caca...
El otro lado de la vida y el otro lado del mundo.
Podría decir que ya estoy de vuelta, pero no sería verdad.
Estoy en otro peldaño de la escalera, uno diferente, por más que juré por escrito (más de una vez, si mal no recuerdo) que mi vida no cambiaría, que todo seguiría siendo igual, que blá y que re-blá. No ha cambiado el día a día, más allá de un anillo con su nombre por dentro, que me encanta. Todo lo demás... todo lo demás me ha tenido días pensando en que necesitaba escribir, pero inutilizada por la enormidad de las circunstancias.
Y es que te compras un vestido sin pensar demasiado, te vas setecientas veces a la peluquería (hasta encontrar una peluquera que no sea daltónica), corres para aquí y para allá, dos semanas en Portugal necesitadas con desesperación, vuelta, fiestas, preparativos, carreras de última hora, risas, llantos, ceremonia y celebración divinas, emotivas, inolvidables, familia, amistades, amigas de verdad, amigas despistadas, más risas, más llantos, un pasodoble con mi abuelo, un tango protagonizado por mis padres que dejó a todo el mundo sin respiración (más llantos, esos de ahí son mis padres, sí señor, qué orgullosa estoy, miradlos bien, esa rosa en la boca, que tiemblen Patrick Swayze & co.) y un día se acaba todo, las visitas se van, los amigos y las amigas vuelven al trabajo, el piso está repleto aún de fiesta, celebración y buenos deseos, te vas a dormir, lo ves ahí a tu lado, sientes su respiración, piensas... ¿este es el hombre con el que voy a pasar el resto de mi vida? ¿Quiero morir a su lado?...
...Y una gran sonrisa de satisfacción te inunda y te revuelve las mejillas, porque sabes que has tomado la mejor decisión de tu vida.
Porque pueden pasar mil cosas de aquí al último latido de tu corazón, pero ahora mismo, la certeza te calma y la alegría te desordena, y es en esa calma desordenada donde sabes que eres tú más que nunca.
Ya somos legales. No más preocupaciones por visados, derechos, policía pidiendo papeles.
A finales de este año, si todo va según lo previsto, nos iremos a Australia. Lo mejor de este matrimonio es que no tengo ni idea de lo que va a ocurrir a partir de ahora, pero sí con quién va a ocurrir... y las perspectivas desde este nuevo peldaño de la escalera son, simplemente, perfectas, con todas sus imperfecciones, curvas, guiños y piruetas.
Mi sueño: llegar a la edad de mis padres y bailar como bailaron ellos en mi boda; agarrados, enamorados y satisfechos como un par de adolescentes.
Bueno... eso, y comprarme el dichoso piano, claro.
Estoy en otro peldaño de la escalera, uno diferente, por más que juré por escrito (más de una vez, si mal no recuerdo) que mi vida no cambiaría, que todo seguiría siendo igual, que blá y que re-blá. No ha cambiado el día a día, más allá de un anillo con su nombre por dentro, que me encanta. Todo lo demás... todo lo demás me ha tenido días pensando en que necesitaba escribir, pero inutilizada por la enormidad de las circunstancias.
Y es que te compras un vestido sin pensar demasiado, te vas setecientas veces a la peluquería (hasta encontrar una peluquera que no sea daltónica), corres para aquí y para allá, dos semanas en Portugal necesitadas con desesperación, vuelta, fiestas, preparativos, carreras de última hora, risas, llantos, ceremonia y celebración divinas, emotivas, inolvidables, familia, amistades, amigas de verdad, amigas despistadas, más risas, más llantos, un pasodoble con mi abuelo, un tango protagonizado por mis padres que dejó a todo el mundo sin respiración (más llantos, esos de ahí son mis padres, sí señor, qué orgullosa estoy, miradlos bien, esa rosa en la boca, que tiemblen Patrick Swayze & co.) y un día se acaba todo, las visitas se van, los amigos y las amigas vuelven al trabajo, el piso está repleto aún de fiesta, celebración y buenos deseos, te vas a dormir, lo ves ahí a tu lado, sientes su respiración, piensas... ¿este es el hombre con el que voy a pasar el resto de mi vida? ¿Quiero morir a su lado?...
...Y una gran sonrisa de satisfacción te inunda y te revuelve las mejillas, porque sabes que has tomado la mejor decisión de tu vida.
Porque pueden pasar mil cosas de aquí al último latido de tu corazón, pero ahora mismo, la certeza te calma y la alegría te desordena, y es en esa calma desordenada donde sabes que eres tú más que nunca.
Ya somos legales. No más preocupaciones por visados, derechos, policía pidiendo papeles.
A finales de este año, si todo va según lo previsto, nos iremos a Australia. Lo mejor de este matrimonio es que no tengo ni idea de lo que va a ocurrir a partir de ahora, pero sí con quién va a ocurrir... y las perspectivas desde este nuevo peldaño de la escalera son, simplemente, perfectas, con todas sus imperfecciones, curvas, guiños y piruetas.
Mi sueño: llegar a la edad de mis padres y bailar como bailaron ellos en mi boda; agarrados, enamorados y satisfechos como un par de adolescentes.
Bueno... eso, y comprarme el dichoso piano, claro.





