Proceso de resurrección.
Supongo que hay días en que llegas al fondo, sin comerlo ni beberlo, y allí en el fondo mismo aún te caes por un agujero que había en el suelo.
En ese preciso momento es cuando oyes una voz potente, una voz con eco, una voz cuyas resonancias captas emanando de las paredes, que te grita:
-¡?!Pero tú qué coño haces por el centro con esos pantalones de pordiosera!?!
Y es que, si hay alguien más interesante (en cuanto a estudio antropológico se refiere) que mi sra. Madre, esa es, sin duda, mi sra. Tía, que se me llevó de retail therapy ayer por la tarde.
(Retail therapy no es más que una manera algo más sofisticada de llamarle a eso de arreglar la depresión a base de irse de compras. Deporte muy practicado en el Reino Unido y los Estados Unidos. N. de la A.)
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Confuso. No tengo clases a las que ir, qué quieren que les diga. Sólo un par de días más de victimismo y prometo dejar el tema, pero es que ahora me duele mucho y no puedo evitar ejercer el único derecho que me queda, que es el derecho a pataleta.
2. Maltrecho. Mi padre me dijo ayer que le recordaba a la típica personaje de los cómics de Maitena.
-Sí-, le dije yo -"Mujeres ultrajadas".
Por la mañana pensé en lo que he estado leyendo últimamente, eso que decían en las revistas guarras esas de que "tu look te expresa" y todo eso, y me dispuse a autoelaborarme el look de Desempleada del Año. Vamos, que no me dejé barba porque no me sale, pero a Sacarina dejo por testigo, que me vio, que no me puse ni sostén, y que anduve luciendo todo el día pantalones de chandal/pijama. Sí, sí, la loca que caminaba por Passeig de Gràcia en pijama y sin peinar era yo, no lo duden.
3. Deshecho. No iba por Passeig de Gràcia a montar una manifestación ni a pasear mi desesperación, no. Iba a buscar a mi tía al trabajo, ella que lo tiene, porque habíamos quedado para ir a mirar el ya archimentado écharpe para el condenado vestido de novia. Uno que les gustara a mi sra. Tía y mi sra. Madre.
En cuanto la primera me vio, casi le dio un pasmo. Y me chilla, delante mismo de la Bolsa de Barcelona:
-¡Pero qué te ha pasado!?
Y yo:
-Baja la voz, por favor. Es que no estoy de humor. Me han echado del trabajo-, expliqué yo, pensando que al decirle esto cambiaría la expresión de su cara y lo entendería al momento.
Su respuesta:
-Ya, bueno. ¿¡Y qué te ha pasado?!
Es que mi tía es de las de "antes morir que dejar de presumir", y no saldría de una casa ardiendo sin ponerse su maquillaje y sus tacones de aguja. El fuego puede esperar.
Desde Passeig de Gràcia y durante todo lo larga que es la Gran Vía hasta llegar a Plaça Espanya y aún un buen trozo de Creu Coberta me pegó una parrafada infernal acerca de las mujeres y la obligación que tenemos para con nuestros cuerpos y nuestra feminidad.
Yo iba diciéndole que sí con la caebza, levantándola todo lo menos que podía.
La gente del autobús, mirándome como si mi sra. Tía me acabara de traer de la Selva Amazónica y me estuviera poniendo al día de las costumbres de la civilización occidental.
Lo que me faltaba.
Pensé que no iba a durar ni un minuto más, pero en seguida me metió en una tienda (de un empujón en la espalda) le dio cuatro bocinazos a la pobre chica que había allí, y salí con unos pantalones que me quedan muy bien.
3. De reinserción (leve).
Pues parecerá mentira, pero con aquellos pantalones puestos me empecé a sentir mejor y todo. Mens divina in corpore divino.
Llegamos a la tienda del vestido y me enseñaron una especie de disfraz de avestruzbarragallinacaponata, que decían que era de malibú, o marabú, o qué sé yo, porque en cuanto lo vi me dio el bajón otra vez. Casi les vuelvo a llorar allí delante y todo. Dije que yo aquello no me lo pondría ni de mortaja, muerta, ergo obligada, y mi sra. Tía les pidió disculpas por mí y les preguntó si había alguna alternativa.
4. Animado. Salimos de allí y nos fuimos a tomar un café en un sitio cuya plantilla estaba compuesta, al completo, por los especímenes masculinos más eróticos de la población cubana. Pedimos dos cortados, y a mi tía se lo traen con la espuma de la leche en forma de corazón. Ella no se dio cuenta, así que se lo dije yo:
-Tata, el camarero se te está intentando ligar, que lo sepas.
Y ella:
-Quita, quita, qué dices.
Es que todo hay que decirlo, mi sra Tía responde al perfil de madurita con morbo, así, tan arregladita, tan bien puesta y con esos perjúmenes que sulivellan y esas cosas.
Al ir a pagar casi la secuestran. Quién me iba a decir que iba a acabar yo aquella tarde partiéndome de risa. Que si "los dos cortados son nueve euros con sesenta", y mi tía que los iba a pagar y todo, y yo sin poder dejar de reírme viendo como intentaban ligársela.
Hay situaciones en que el surrealismo deviene caricatura, y la caricatura, carcajada.
5. De recomposición (lenta). Al llegar a casa de mis padres me di cuenta de algo increíble. Mi madre, al verme más animada, se animó también, y hasta cenó en la mesa con nosotros. A media cena, mi hermano sacó nuestros anillos de boda, que había ido a recoger, y casi acabamos todos llorando de las emociones. Llevamos una flojera comunitaria que para qué.
Así que pensé... Bueno, desempleada, con sobrepeso anti-southbeach y aparentemente ningún tipo de buen gusto al vestir, peeeero, eso sí, con una familia digna de oda.
Y pese a todo, me siento muy, muy afortunada.
6. De cambios y anticambios. Para empezar, he ido esta mañana a la peluquería y parece que la piel de la cara ha debido de sufrir algún tipo de lifting con los gases de los tintes, porque me veo cinco años más joven.
Para continuar, me propuse hace un par de semanas tomarme las cosas con humor y más tranquilidad, y no me da la gana de faltarle más a mi propia palabra, o acabaré militando en el PP, el día menos pensado.
COSAS POR HACER:
1. Ir a comer a casa de mi sra. Madre, ahora que el tiempo libre me lo permite, y hacerle mimitos y pegarle bronca (intermitencias características de nuestra relación desde el principio de los tiempos) Ayer, si nos descuidamos, se pone a fregar platos, recién operada, la tía. Más que cuidarla, hay que protegerla de si misma.
2. Prepararme la clase particular de esta tarde, ya que de eso aún me queda.
3. Evitar flashbacks de careto letal de jefa repitiendo "rescindir tu contrato, rescindir tu contrato, rescindir tu contrato, rescin....
4. (Vid. anterior:) Dejar de escribirlo reiteradamente en aras de lograr punto núm. 3.
En ese preciso momento es cuando oyes una voz potente, una voz con eco, una voz cuyas resonancias captas emanando de las paredes, que te grita:
-¡?!Pero tú qué coño haces por el centro con esos pantalones de pordiosera!?!
Y es que, si hay alguien más interesante (en cuanto a estudio antropológico se refiere) que mi sra. Madre, esa es, sin duda, mi sra. Tía, que se me llevó de retail therapy ayer por la tarde.
(Retail therapy no es más que una manera algo más sofisticada de llamarle a eso de arreglar la depresión a base de irse de compras. Deporte muy practicado en el Reino Unido y los Estados Unidos. N. de la A.)
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Confuso. No tengo clases a las que ir, qué quieren que les diga. Sólo un par de días más de victimismo y prometo dejar el tema, pero es que ahora me duele mucho y no puedo evitar ejercer el único derecho que me queda, que es el derecho a pataleta.
2. Maltrecho. Mi padre me dijo ayer que le recordaba a la típica personaje de los cómics de Maitena.
-Sí-, le dije yo -"Mujeres ultrajadas".
Por la mañana pensé en lo que he estado leyendo últimamente, eso que decían en las revistas guarras esas de que "tu look te expresa" y todo eso, y me dispuse a autoelaborarme el look de Desempleada del Año. Vamos, que no me dejé barba porque no me sale, pero a Sacarina dejo por testigo, que me vio, que no me puse ni sostén, y que anduve luciendo todo el día pantalones de chandal/pijama. Sí, sí, la loca que caminaba por Passeig de Gràcia en pijama y sin peinar era yo, no lo duden.
3. Deshecho. No iba por Passeig de Gràcia a montar una manifestación ni a pasear mi desesperación, no. Iba a buscar a mi tía al trabajo, ella que lo tiene, porque habíamos quedado para ir a mirar el ya archimentado écharpe para el condenado vestido de novia. Uno que les gustara a mi sra. Tía y mi sra. Madre.
En cuanto la primera me vio, casi le dio un pasmo. Y me chilla, delante mismo de la Bolsa de Barcelona:
-¡Pero qué te ha pasado!?
Y yo:
-Baja la voz, por favor. Es que no estoy de humor. Me han echado del trabajo-, expliqué yo, pensando que al decirle esto cambiaría la expresión de su cara y lo entendería al momento.
Su respuesta:
-Ya, bueno. ¿¡Y qué te ha pasado?!
Es que mi tía es de las de "antes morir que dejar de presumir", y no saldría de una casa ardiendo sin ponerse su maquillaje y sus tacones de aguja. El fuego puede esperar.
Desde Passeig de Gràcia y durante todo lo larga que es la Gran Vía hasta llegar a Plaça Espanya y aún un buen trozo de Creu Coberta me pegó una parrafada infernal acerca de las mujeres y la obligación que tenemos para con nuestros cuerpos y nuestra feminidad.
Yo iba diciéndole que sí con la caebza, levantándola todo lo menos que podía.
La gente del autobús, mirándome como si mi sra. Tía me acabara de traer de la Selva Amazónica y me estuviera poniendo al día de las costumbres de la civilización occidental.
Lo que me faltaba.
Pensé que no iba a durar ni un minuto más, pero en seguida me metió en una tienda (de un empujón en la espalda) le dio cuatro bocinazos a la pobre chica que había allí, y salí con unos pantalones que me quedan muy bien.
3. De reinserción (leve).
Pues parecerá mentira, pero con aquellos pantalones puestos me empecé a sentir mejor y todo. Mens divina in corpore divino.
Llegamos a la tienda del vestido y me enseñaron una especie de disfraz de avestruzbarragallinacaponata, que decían que era de malibú, o marabú, o qué sé yo, porque en cuanto lo vi me dio el bajón otra vez. Casi les vuelvo a llorar allí delante y todo. Dije que yo aquello no me lo pondría ni de mortaja, muerta, ergo obligada, y mi sra. Tía les pidió disculpas por mí y les preguntó si había alguna alternativa.
4. Animado. Salimos de allí y nos fuimos a tomar un café en un sitio cuya plantilla estaba compuesta, al completo, por los especímenes masculinos más eróticos de la población cubana. Pedimos dos cortados, y a mi tía se lo traen con la espuma de la leche en forma de corazón. Ella no se dio cuenta, así que se lo dije yo:
-Tata, el camarero se te está intentando ligar, que lo sepas.
Y ella:
-Quita, quita, qué dices.
Es que todo hay que decirlo, mi sra Tía responde al perfil de madurita con morbo, así, tan arregladita, tan bien puesta y con esos perjúmenes que sulivellan y esas cosas.
Al ir a pagar casi la secuestran. Quién me iba a decir que iba a acabar yo aquella tarde partiéndome de risa. Que si "los dos cortados son nueve euros con sesenta", y mi tía que los iba a pagar y todo, y yo sin poder dejar de reírme viendo como intentaban ligársela.
Hay situaciones en que el surrealismo deviene caricatura, y la caricatura, carcajada.
5. De recomposición (lenta). Al llegar a casa de mis padres me di cuenta de algo increíble. Mi madre, al verme más animada, se animó también, y hasta cenó en la mesa con nosotros. A media cena, mi hermano sacó nuestros anillos de boda, que había ido a recoger, y casi acabamos todos llorando de las emociones. Llevamos una flojera comunitaria que para qué.
Así que pensé... Bueno, desempleada, con sobrepeso anti-southbeach y aparentemente ningún tipo de buen gusto al vestir, peeeero, eso sí, con una familia digna de oda.
Y pese a todo, me siento muy, muy afortunada.
6. De cambios y anticambios. Para empezar, he ido esta mañana a la peluquería y parece que la piel de la cara ha debido de sufrir algún tipo de lifting con los gases de los tintes, porque me veo cinco años más joven.
Para continuar, me propuse hace un par de semanas tomarme las cosas con humor y más tranquilidad, y no me da la gana de faltarle más a mi propia palabra, o acabaré militando en el PP, el día menos pensado.
COSAS POR HACER:
1. Ir a comer a casa de mi sra. Madre, ahora que el tiempo libre me lo permite, y hacerle mimitos y pegarle bronca (intermitencias características de nuestra relación desde el principio de los tiempos) Ayer, si nos descuidamos, se pone a fregar platos, recién operada, la tía. Más que cuidarla, hay que protegerla de si misma.
2. Prepararme la clase particular de esta tarde, ya que de eso aún me queda.
3. Evitar flashbacks de careto letal de jefa repitiendo "rescindir tu contrato, rescindir tu contrato, rescindir tu contrato, rescin....
4. (Vid. anterior:) Dejar de escribirlo reiteradamente en aras de lograr punto núm. 3.
Teacher blues
Y de nuevo, para que vean que no levanto cabeza, la tostada vuelve a rebotar en el suelo y me vueeeelve a dar en toda la cara. Del lado de la mantequilla.
Es que no levanto cabeza, carajo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Exterior. Me han echado del trabajo, así que supongo que es un estado exterior.
2. Exteriorizante. Como me creo anti-cohibida, explico por qué me han echado: Porque me caso. Así de simple. Porque me caso y pedí siete días, que generalmente vienen dados por la ley, esa gran...
En fin, el caso es que desde que pedí esos días, mi jefa dejó de tratarme como me solía tratar. Ayer, al acabar la última clase, me pidió que fuera a hablar con ella, me metió en un aula, se sentó con toda la ceremonia del mundo, y me dijo, muy diplomáticamente:
-El gestor nos ha dicho que tenemos que rescindir tu contrato.
Yo pensé: "¿El gestor? ¿El gestor ha venido a ver cómo doy las clases? ¿Qué tipo de organización es ésta?"
Y le dije:
-¿Por qué?
Y me responde:
-Bueno, porque con todo esto de la boda, vas a faltar al trabajo, son demasiadas cosas y no podemos permitírnoslo.
Y yo:
-¿Qué?
-Es que claro, es puramente una cuestión económica, blá blá, interminable blá.
-Pero ya sabíais que me casaba antes de decidir ni que me contratábais. Os lo dije, y os dije que quería que lo supiérais por si acaso.
-Sí, pero sólo necesitábamos a alguien por un par de horas al día, al principio. Luego nos gustaste mucho y por eso te dimos muchas más horas, y claro, ahora...
-Y ¿cuándo me voy?
-Hoy.
-Ah, genial.
Lo de genial lo dije con el corazón. Temía tener que quedarme ni un minuto más en el sitio sabiendo que no me quieren.
No tienen ni una queja. Los cacahuetes me quieren, los adultos se lo pasan de muerte en clase, los adolescentes aprenden a mil por hora, y las madres y los padres han dicho lo contentos que estaban conmigo. Llego un cuarto de hora antes, siempre, y me quedo después, lo que haga falta. Me preparo las clases hasta el último nanosegundo. ¿Qué más? ¿Qué más necesito para poder ser profesora? ¿Vender mi alma al diablo?
Luego mi padre, al explicárselo, me llamó de todo, porque podría haber dicho que no firmaba nada y que los llevaba a los tribunales. ¿para qué? Si hay algo que me quedó claro en derechoe s que en cuestión de tribunales, quien gana pierde, y quien pierde, pierde mucho más todavía. A menos de dos meses de casarme, lo último que quiero es tener que ir corriendo de oficina en oficina con papeles por aquí y papeles por allá. De todas maneras, ya ha quedado claro que no me quieren, y punto.
Lo único que me mata de verdad es que no he podido ni despedirme del alumnado... Y a saber lo que les van a decir ahora. Que recen por que no me encuentre a nadie por la calle y se lo explique. Y es que en caliente no reacciono, pero con un poco de tiempo puedo ser bastante más cabrona de lo que aparento.
A la mierda con el tema éste, ya. Estoy contenta de haber hecho un buen trabajo, me lo he pasado genial enseñando y sé que he enseñado. Las burocracias me matan.
3. De dietus interruptus. Ayer, dadas las circunstancias, acabé en el Chino de Abajo. Ayer no cuenta. El día entero de ayer no cuenta.
COSAS POR HACER:
1. Resucitar de mis cenizas, a lo Ave Fénix, y esas cosas.
2. Pasar de buscar trabajo hasta después de casarme. ¿Para qué? ¿Para que me la vuelvan a pegar? ¿Para que me vuelvan a echar de un día para el otro, como si hubiera llegado a clase borracha, como si hubiera robado dinero?
No, gracias, que el alma se resiente, de estas cosas.
Además no pienso ni decir a nadie que estoy casada, no vaya que me echen por si me quedo embarazada, que ya sería el acabóse. Una cosa es que no me contraten como alta directiva de una multinacional, y otra esto.
3. Adaptarme, que en este contexto vital equivale a convertirme en la maruja más sofisticada y realizada del planeta. Igual hasta me da por comprarme más revistas guarras de esas. Me pregunto cuántas dietas diferentes puede seguir un ser humano a la vez.
4. (Vid. anterior:) Ir al gimnasio, seguir con mis alumnos particulares, continuar con italiano y sacarme la dichosa asignatura de la universidad en aras de lograr establecerme en alguna empresa más seria que toda esta recua de presuntas academias de inglés de mierda.
Es que no levanto cabeza, carajo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Exterior. Me han echado del trabajo, así que supongo que es un estado exterior.
2. Exteriorizante. Como me creo anti-cohibida, explico por qué me han echado: Porque me caso. Así de simple. Porque me caso y pedí siete días, que generalmente vienen dados por la ley, esa gran...
En fin, el caso es que desde que pedí esos días, mi jefa dejó de tratarme como me solía tratar. Ayer, al acabar la última clase, me pidió que fuera a hablar con ella, me metió en un aula, se sentó con toda la ceremonia del mundo, y me dijo, muy diplomáticamente:
-El gestor nos ha dicho que tenemos que rescindir tu contrato.
Yo pensé: "¿El gestor? ¿El gestor ha venido a ver cómo doy las clases? ¿Qué tipo de organización es ésta?"
Y le dije:
-¿Por qué?
Y me responde:
-Bueno, porque con todo esto de la boda, vas a faltar al trabajo, son demasiadas cosas y no podemos permitírnoslo.
Y yo:
-¿Qué?
-Es que claro, es puramente una cuestión económica, blá blá, interminable blá.
-Pero ya sabíais que me casaba antes de decidir ni que me contratábais. Os lo dije, y os dije que quería que lo supiérais por si acaso.
-Sí, pero sólo necesitábamos a alguien por un par de horas al día, al principio. Luego nos gustaste mucho y por eso te dimos muchas más horas, y claro, ahora...
-Y ¿cuándo me voy?
-Hoy.
-Ah, genial.
Lo de genial lo dije con el corazón. Temía tener que quedarme ni un minuto más en el sitio sabiendo que no me quieren.
No tienen ni una queja. Los cacahuetes me quieren, los adultos se lo pasan de muerte en clase, los adolescentes aprenden a mil por hora, y las madres y los padres han dicho lo contentos que estaban conmigo. Llego un cuarto de hora antes, siempre, y me quedo después, lo que haga falta. Me preparo las clases hasta el último nanosegundo. ¿Qué más? ¿Qué más necesito para poder ser profesora? ¿Vender mi alma al diablo?
Luego mi padre, al explicárselo, me llamó de todo, porque podría haber dicho que no firmaba nada y que los llevaba a los tribunales. ¿para qué? Si hay algo que me quedó claro en derechoe s que en cuestión de tribunales, quien gana pierde, y quien pierde, pierde mucho más todavía. A menos de dos meses de casarme, lo último que quiero es tener que ir corriendo de oficina en oficina con papeles por aquí y papeles por allá. De todas maneras, ya ha quedado claro que no me quieren, y punto.
Lo único que me mata de verdad es que no he podido ni despedirme del alumnado... Y a saber lo que les van a decir ahora. Que recen por que no me encuentre a nadie por la calle y se lo explique. Y es que en caliente no reacciono, pero con un poco de tiempo puedo ser bastante más cabrona de lo que aparento.
A la mierda con el tema éste, ya. Estoy contenta de haber hecho un buen trabajo, me lo he pasado genial enseñando y sé que he enseñado. Las burocracias me matan.
3. De dietus interruptus. Ayer, dadas las circunstancias, acabé en el Chino de Abajo. Ayer no cuenta. El día entero de ayer no cuenta.
COSAS POR HACER:
1. Resucitar de mis cenizas, a lo Ave Fénix, y esas cosas.
2. Pasar de buscar trabajo hasta después de casarme. ¿Para qué? ¿Para que me la vuelvan a pegar? ¿Para que me vuelvan a echar de un día para el otro, como si hubiera llegado a clase borracha, como si hubiera robado dinero?
No, gracias, que el alma se resiente, de estas cosas.
Además no pienso ni decir a nadie que estoy casada, no vaya que me echen por si me quedo embarazada, que ya sería el acabóse. Una cosa es que no me contraten como alta directiva de una multinacional, y otra esto.
3. Adaptarme, que en este contexto vital equivale a convertirme en la maruja más sofisticada y realizada del planeta. Igual hasta me da por comprarme más revistas guarras de esas. Me pregunto cuántas dietas diferentes puede seguir un ser humano a la vez.
4. (Vid. anterior:) Ir al gimnasio, seguir con mis alumnos particulares, continuar con italiano y sacarme la dichosa asignatura de la universidad en aras de lograr establecerme en alguna empresa más seria que toda esta recua de presuntas academias de inglés de mierda.
Le nozze di Aldara (O South Beach hip-hop).
Una decisión.
Tomas UNA estúpida decisión que crees sin transcendencia alguna, y de repente te caes de culo en el agujero del triángulo de las Bermudas.
Mi decisión fue comprar el bendito vestido de novia del que, a estas alturas, ya deben de estar ustedes más hasta las narices que yo y todo. Eso fue cuando yo aún era yo y mis principios aún eran mis principios. Ahora ya no. Ahora he ido resbalando y patinando casi toda la poca gracia de la que soy capaz de hacer alarde, por los abismos de la sociedad de consumo.
No pierdan detalle, aunque sólo sea para no seguir mi ejemplo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De subidón folklórico. Y es que no debería haber ido al hospital ayer, pero, ¿cómo no iba a ir a ver a mi propia madre, que ha estado más pallá que paquí en los últimos días?
En fin, la cosa ya pintaba mal cuando iba yo caminando por el pasillo con mi écharpe de seda natural de cuarenta euros recién comprado, cual trofeo de guerra, y aparece delante de mí una enfermera acercándose con una caja tamaño Chivas Regal, y a medida que la silueta de agrandaba ante mis ojos descubro con horror lo que reza la caja: ENEMA. Y el pasillo que empieza a hacerse estrecho, y más estrecho, y yo que empiezo a sudar, pensando en los titulares del día siguiente:
"Entra en el hospital para visitar a su madre y sale con el intestino grueso y el bazo en una bolsa de congelados"
Quién me mandaba a mí... Siempre pienso que no vuelvo al puñetero hospital, y siempre vuelvo. La primera vez que fui, volví a casa deshidratada de los nervios y la llorera, la segunda, con medio litro de sangre menos... Una tragedia, oigan. No sé ir a un hospital como la gente normal, con flores y esas cosas.
En fin, logré esquivar al enema y a la enfermera con toda la destreza que me permitieron los súbitos temblores corporales que me entraron, y llegué a la habitación, esperando encontrarme a mi madre dormida, o anestesiada, o algo así.
Qué poco conozco a mi propia madre. Estaba leyéndose un libro de estadísticas de resultados académicos de la enseñanza primaria, con cara de pocos amigos. (Ella, no el libro.) La verdad, si me permiten la digresión, es para cabrearse. Lo de los resultados, quiero decir. Yo me leí los de inglés y lloré más que con "Cumbres borrascosas". Pero bueno, a lo que iba.
Entro, y lo primero que me dice es que dónde leches voy yo con ese "écharpe", que a ver si me pienso que la boda es una fiesta o qué. Justo cuando estoy a punto de decirle que sí, que la boda es una fiesta, me mira, me remira y me vuelve a mirar y me dice:
-Te estás poniendo como un bólido.
Nunca he entendido qué relación conceptual existe entre un bólido y una persona que se engorda a pasos agigantados, pero la metáfora me la conozco, porque es lo típico que le dicen siempre a un primo mío en todas las comidas y celebraciones familiares, y que siempre pienso "bueno, al menos no me toca oírlo a mí, buf, buf". Y ayer no. Ayer me tocó a mí.
Obviamente, al tratarse de mi madre, hice ver que no me importaba un pepino y en cuanto salí del hospital me fui corriendo a un quiosco a comprarme una de esas revistas guarras. Eh, ojo. Revistas guarras, para mí, son esas que lucen especímenes femeninos en proceso de descomposición, con ropas imposibles y miradas de esas de "fóllame, que total, no me viene la regla desde hace dos años". Y siento ser tan gráfica, pero es exactamente lo que hay.
Una de las susodichas espeluznantes revistas anunciaba/prometía/amenazaba con una dieta llamada "South Beach", que es la que hace la Jennifer López.
(Recapitulo y me releo última frase. ¿Se puede ser tan Maruja sin intentar suicidarse?)
Pensé: "Ni hablar. Vale, te compraste el vestido, pasaste por el aro, pero esto está llegando demasiado lejos. ¿Te vas a poner a hacer la archicélebre dieta para la boda? Que no, que no y que no. Que lo que te está haciendo engordar son precisamente los nervios a causa de tanto atropello a tus principios, con tanto casorio y tanta leche. Que no. Ni dietas, ni revistas guarras, ni pollas en vinagre, como dicen en mi pueblo.
2. De primera fase de dieta South Bitch, digo Beach. Sin comentarios.
Después de considerar pros (lista vacía) y contras (tres horas de divagaciones delante del pobre hombre del quiosco, que ya me empezaba a mirar mal) decidí tragarme la falacia ad hominem al pie de la letra y pensé: si quieres estar como la J-Lo, te haces la dieta esa, y santas pascuas.
Muy pronto decidí yo empezar la mierdaladietaemarras. Hoy, como prueba de que cada día voy perdiéndome a mí misma un poco más, en vez de encontrarme, me he comido una pechuga de pollo y una chuleta de cerdo.
Sí, yo, la vegetariana recalcitrante. Porque la mierdaladieta dice que las primeras dos semanas (primera fase) hay que comer proteínas y verduras, Y NADA MÁS.
Se acabó el Chino de Abajo. Se acabaron los cruasans de la panadería de a la izquierda. Se acabó mi vida tal y como la conocía.
3. De dolor de muelas, consecuencia de recién adoptada primera fase de lamierdaladietaemarras. ¿Por qué yo, por qué?

4. Hiperdiurética. Prueben a sustituir de golpe los cientos y miles de carbohidratos que me ventilaba yo hasta hace apenas veinticuatro horas, por todo un festival de verduritas, botellas de agua y cachos de carnes de cuerpos de animales varios. Resultado, en lo que va de post ya he ido a mear unas cinco veces. Y no, no exagero, muy a mi pesar. Pero eso es bueno, es liberación de toxinas y rayos y centellas, y a mí se me ha metido entre ceja y ceja que South Bitch (que diga, beach) y hala. Religiosa y diligentemente.

COSAS POR HACER:
1. Intentar controlar válvulas fisiológicas o llevarme los libros al lavabo y dar las clases desde allí.
2. Buscar écharpe que case (válgame el verbo) con vestido y que (sobre todo!) NO parezca de fiesta.
3. Corregir setecientas cincuenta y ocho libretas.
4. Dejar de cantar Ten little Indians, qué Thanksgiving ni qué pollas en vinagre. Llevo tres o cuatro semanas cantando cosas incantables. De aquí a Britney Spears no me queda ni un paso.
5. Recortar fotos para enseñar a peluquera (y que le quede claro) el color de pelo que quiero, el próximo jueves. Que siempre me dejan que parezco el duende Pumuky, leches.
6. Pedir cita con la dentista (todo un clásico)
7. Dejar definitivamente el Chino de Abajo. (Otro que tal).
Tomas UNA estúpida decisión que crees sin transcendencia alguna, y de repente te caes de culo en el agujero del triángulo de las Bermudas.
Mi decisión fue comprar el bendito vestido de novia del que, a estas alturas, ya deben de estar ustedes más hasta las narices que yo y todo. Eso fue cuando yo aún era yo y mis principios aún eran mis principios. Ahora ya no. Ahora he ido resbalando y patinando casi toda la poca gracia de la que soy capaz de hacer alarde, por los abismos de la sociedad de consumo.
No pierdan detalle, aunque sólo sea para no seguir mi ejemplo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De subidón folklórico. Y es que no debería haber ido al hospital ayer, pero, ¿cómo no iba a ir a ver a mi propia madre, que ha estado más pallá que paquí en los últimos días?
En fin, la cosa ya pintaba mal cuando iba yo caminando por el pasillo con mi écharpe de seda natural de cuarenta euros recién comprado, cual trofeo de guerra, y aparece delante de mí una enfermera acercándose con una caja tamaño Chivas Regal, y a medida que la silueta de agrandaba ante mis ojos descubro con horror lo que reza la caja: ENEMA. Y el pasillo que empieza a hacerse estrecho, y más estrecho, y yo que empiezo a sudar, pensando en los titulares del día siguiente:
"Entra en el hospital para visitar a su madre y sale con el intestino grueso y el bazo en una bolsa de congelados"
Quién me mandaba a mí... Siempre pienso que no vuelvo al puñetero hospital, y siempre vuelvo. La primera vez que fui, volví a casa deshidratada de los nervios y la llorera, la segunda, con medio litro de sangre menos... Una tragedia, oigan. No sé ir a un hospital como la gente normal, con flores y esas cosas.
En fin, logré esquivar al enema y a la enfermera con toda la destreza que me permitieron los súbitos temblores corporales que me entraron, y llegué a la habitación, esperando encontrarme a mi madre dormida, o anestesiada, o algo así.
Qué poco conozco a mi propia madre. Estaba leyéndose un libro de estadísticas de resultados académicos de la enseñanza primaria, con cara de pocos amigos. (Ella, no el libro.) La verdad, si me permiten la digresión, es para cabrearse. Lo de los resultados, quiero decir. Yo me leí los de inglés y lloré más que con "Cumbres borrascosas". Pero bueno, a lo que iba.
Entro, y lo primero que me dice es que dónde leches voy yo con ese "écharpe", que a ver si me pienso que la boda es una fiesta o qué. Justo cuando estoy a punto de decirle que sí, que la boda es una fiesta, me mira, me remira y me vuelve a mirar y me dice:
-Te estás poniendo como un bólido.
Nunca he entendido qué relación conceptual existe entre un bólido y una persona que se engorda a pasos agigantados, pero la metáfora me la conozco, porque es lo típico que le dicen siempre a un primo mío en todas las comidas y celebraciones familiares, y que siempre pienso "bueno, al menos no me toca oírlo a mí, buf, buf". Y ayer no. Ayer me tocó a mí.
Obviamente, al tratarse de mi madre, hice ver que no me importaba un pepino y en cuanto salí del hospital me fui corriendo a un quiosco a comprarme una de esas revistas guarras. Eh, ojo. Revistas guarras, para mí, son esas que lucen especímenes femeninos en proceso de descomposición, con ropas imposibles y miradas de esas de "fóllame, que total, no me viene la regla desde hace dos años". Y siento ser tan gráfica, pero es exactamente lo que hay.
Una de las susodichas espeluznantes revistas anunciaba/prometía/amenazaba con una dieta llamada "South Beach", que es la que hace la Jennifer López.
(Recapitulo y me releo última frase. ¿Se puede ser tan Maruja sin intentar suicidarse?)
Pensé: "Ni hablar. Vale, te compraste el vestido, pasaste por el aro, pero esto está llegando demasiado lejos. ¿Te vas a poner a hacer la archicélebre dieta para la boda? Que no, que no y que no. Que lo que te está haciendo engordar son precisamente los nervios a causa de tanto atropello a tus principios, con tanto casorio y tanta leche. Que no. Ni dietas, ni revistas guarras, ni pollas en vinagre, como dicen en mi pueblo.

2. De primera fase de dieta South Bitch, digo Beach. Sin comentarios.
Después de considerar pros (lista vacía) y contras (tres horas de divagaciones delante del pobre hombre del quiosco, que ya me empezaba a mirar mal) decidí tragarme la falacia ad hominem al pie de la letra y pensé: si quieres estar como la J-Lo, te haces la dieta esa, y santas pascuas.
Muy pronto decidí yo empezar la mierdaladietaemarras. Hoy, como prueba de que cada día voy perdiéndome a mí misma un poco más, en vez de encontrarme, me he comido una pechuga de pollo y una chuleta de cerdo.
Sí, yo, la vegetariana recalcitrante. Porque la mierdaladieta dice que las primeras dos semanas (primera fase) hay que comer proteínas y verduras, Y NADA MÁS.

Se acabó el Chino de Abajo. Se acabaron los cruasans de la panadería de a la izquierda. Se acabó mi vida tal y como la conocía.
3. De dolor de muelas, consecuencia de recién adoptada primera fase de lamierdaladietaemarras. ¿Por qué yo, por qué?

4. Hiperdiurética. Prueben a sustituir de golpe los cientos y miles de carbohidratos que me ventilaba yo hasta hace apenas veinticuatro horas, por todo un festival de verduritas, botellas de agua y cachos de carnes de cuerpos de animales varios. Resultado, en lo que va de post ya he ido a mear unas cinco veces. Y no, no exagero, muy a mi pesar. Pero eso es bueno, es liberación de toxinas y rayos y centellas, y a mí se me ha metido entre ceja y ceja que South Bitch (que diga, beach) y hala. Religiosa y diligentemente.

COSAS POR HACER:
1. Intentar controlar válvulas fisiológicas o llevarme los libros al lavabo y dar las clases desde allí.
2. Buscar écharpe que case (válgame el verbo) con vestido y que (sobre todo!) NO parezca de fiesta.
3. Corregir setecientas cincuenta y ocho libretas.
4. Dejar de cantar Ten little Indians, qué Thanksgiving ni qué pollas en vinagre. Llevo tres o cuatro semanas cantando cosas incantables. De aquí a Britney Spears no me queda ni un paso.
5. Recortar fotos para enseñar a peluquera (y que le quede claro) el color de pelo que quiero, el próximo jueves. Que siempre me dejan que parezco el duende Pumuky, leches.
6. Pedir cita con la dentista (todo un clásico)
7. Dejar definitivamente el Chino de Abajo. (Otro que tal).
Juventud, divino tesoro.
Killer Barbie no. 1 (a la que, por cierto, estoy cogiendo un cariño tan intenso como involuntario) se sube a la silla rodilla por delante. Subirte a una silla tamaño adulto cuando apenas llegas a la altura de una Chochona es un proceso complicado y largo. Se sube, mostrándonos su ropa interior al completo, y una vez ya está encima, de rodillas, se revuelve para sentarse.
Me extraña que esté tan callada. O tiene fiebre, o se la está pensando. Yo sigo pegando gomets (una de esas palabras que nunca sabré en castellano, por algún motivo misterioso) en algo que algún día se convertirá en un poster de colores, y hago ver que no me entero de nada, entre canción y canción.
Las otras están en pleno proceso de elaboración de tesis oral en consenso acerca de si la teacher es vieja o joven. Intento reprimirme las carcajadas, serán marujas cotorras...
La mayoría acuerda que soy joven, porque si no, no sería capaz de cantar Head, shoulders knees and toes, para la cual hace falta buena forma física (esta explicación la añado yo, para quien no haya tenido que sufrir el inevitable dolor de espalda post-canción) pero Killer Barbie es capaz de mucha más profundidad analítica. Se hace un silencio de esos en que cualquiera pensaría "Ha pasado un ángel" pero que yo, conociendo el contexto, siento la bomba a punto de estallar.
Entonces me pregunta, muy seria:
-A ver, pero, ¿tú estás casada?
Y le digo:
-No.
Y me dice:
-Pero te vas a casar? (Por favor, tengan en cuenta en todo momento que les hablo de una criatura de cinco añitos)
Y yo:
-Sí.
-Pues entonces aún no eres vieja. Cuando te cases, entonces sí que serás vieja.
(Amén.)
Que se me entere todo el mundo: Me quedan menos de dos meses de juventud. Esto sí que me da ganas de seguir viviendo, carajos.
Moraleja: NUNCA intenten llevar una conversación de más de dos intercambios de frases con una criatura en edad pre-escolar, a no ser que ya tengan hora para psicoanálisis.
Me extraña que esté tan callada. O tiene fiebre, o se la está pensando. Yo sigo pegando gomets (una de esas palabras que nunca sabré en castellano, por algún motivo misterioso) en algo que algún día se convertirá en un poster de colores, y hago ver que no me entero de nada, entre canción y canción.
Las otras están en pleno proceso de elaboración de tesis oral en consenso acerca de si la teacher es vieja o joven. Intento reprimirme las carcajadas, serán marujas cotorras...
La mayoría acuerda que soy joven, porque si no, no sería capaz de cantar Head, shoulders knees and toes, para la cual hace falta buena forma física (esta explicación la añado yo, para quien no haya tenido que sufrir el inevitable dolor de espalda post-canción) pero Killer Barbie es capaz de mucha más profundidad analítica. Se hace un silencio de esos en que cualquiera pensaría "Ha pasado un ángel" pero que yo, conociendo el contexto, siento la bomba a punto de estallar.
Entonces me pregunta, muy seria:
-A ver, pero, ¿tú estás casada?
Y le digo:
-No.
Y me dice:
-Pero te vas a casar? (Por favor, tengan en cuenta en todo momento que les hablo de una criatura de cinco añitos)
Y yo:
-Sí.
-Pues entonces aún no eres vieja. Cuando te cases, entonces sí que serás vieja.
(Amén.)
Que se me entere todo el mundo: Me quedan menos de dos meses de juventud. Esto sí que me da ganas de seguir viviendo, carajos.
Moraleja: NUNCA intenten llevar una conversación de más de dos intercambios de frases con una criatura en edad pre-escolar, a no ser que ya tengan hora para psicoanálisis.
¡Vale!
Se hace sabeeeer...
Por aclamación popular, me he decidido por las velitas.
Lástima que he perdido la tarjetita de la tienda, así que la mujer aún no lo sabe. Ya iré por allí en una de estas.
Candles it is, then.
(En el discurso diré que conté con la ayuda de todos/as ustedes/es, lo prometo).
A.
Por aclamación popular, me he decidido por las velitas.
Lástima que he perdido la tarjetita de la tienda, así que la mujer aún no lo sabe. Ya iré por allí en una de estas.
Candles it is, then.
(En el discurso diré que conté con la ayuda de todos/as ustedes/es, lo prometo).
A.
Strawberry & McArthur
You know it seems the more we talk about it
it only makes it worse to live without it
but let's talk about it...
(Pues no, no cumplí la cosa aquella por hacer de dejar de escuchar Beach boys subida en la tabla de Craig. Me va a matar, si no me mato yo de una hostia antes, claro).
Bueno, bueno... Qué sorpresa. ¡Me han dedicado un post enterito! Un post impresionante, instruyente y reconstituyente que incluye setecientas mil cosas que yo no sabía acerca de los cachuetes... y quilos, toneladas de humor y simpatía. ¡Gracias, Reina! Y, por supuesto, lo enlazo ahora mismito.
Cacahuetes Net
Otra cosa. Un écharpe (que no sé por qué en castellano es un, si en francés es une y se sigue diciendo en francés) es una especie de bufanda, como bien señaló Tintin, que es el entendido de modas pretaporté. (Mets les circomflexes où tu voudras, j'en ai marre, moi, et la tête en bois, aussi)
Y sí... igual he entendido por fin el significado de una boda, aunque no sé si voy a estar anestesiada (quiero decir, que no sé si anestesiada es un buen eufemismo para llevar la caraja del milenio, jeje) pero sí sé que me he propuesto pasármelo bien y que toda la gente que venga también disfrute. Boda familiar, y tal, sin grandes pretensiones.
A estas alturas sí que deben de estar preguntándose ya qué leches tiene que ver todo esto con el título del post.
Yo también. (Me lo pregunto. Yo también me lo pregunto, quiero decir).
Es que lo empecé a escribir pensando en McArthur y en Strawberry, y se me ha vuelto a ir el santo de putas -no se engañen, nunca iba al cielo, el condenao, que un día lo pillé yo-.
Dónde iba. Dioses, qué mala es la resaca de Boldam.
Eso, que ayer, para celebrar que McArthur no se había perdido del Prat a nuestro piso, salimos por ahí a tomar una cerveza.
De nuevo les recuerdo la traducción de to have a beer, para que tengan en cuenta las torturas etílicas a las que veo sometido a mi hígado cada vez que vienen visitas de pueblos bárbaros.
Discúlpenme un momento, creo que mi hígado está intentando decirme algo, ahora vuelvo.
(¿Cómo dices? ¿Hija de qué? Eso no me lo repites tú en la calle, que me bebo otra y te acabo de rematar, peazo gallina!)
En fin, que McArthur llegó por la tarde y me lo llevé a hacer la maratón Gaudí casi entera a pie. Ni nos dimos cuenta de lo que llegamos a caminar, porque nos pasamos unas tres horas hablando, entre hierro, piedra, cristal y mosaicos, y aunque parezca mentira, tenemos muchas cosas en común. Me encanta, además, el buen humor que tiene, esa sonrisa pilla, esos pedazo músc.... no, no, y noooo...
Como él mismo decía esta mañana, "Caminamos unos quince ks, tíoooo, Ai am rebenteited". (Lo siento, lo último ha sido licencia literaria. Les juro que creo que aún ando más pallá que paquí).
Luego me fui a trabajar, donde me encontré con Strawberry. Strawberry es una compañera de trabajo, más inglesa que la Reina (y bastante menos hetero, también hay que decirlo) con la que congenié desde aquél -ahora clásico y mítico- día en la fotocopiadora, especie de rollo Darwiniano de selección natural. En fin, el caso es que quedé con ella y sus valkirias inglesas en un bar que he redescubierto después de siglos de no ir por allí, un bar que me encanta, en la calle Aurora (Una de las esquinas de la famosa Rambla del Raval).
Y entre remordimientos Shakespearianos de to beer or not to beer, llegamos al Karma (Plaça Reial) más borrachas/os que O Mauricio de mi pueblo. Un enfermo, el hombre, oigan. Una cosa que no tenía nombre (aunque sí muchos adjetivos), cantando (Strawberry y yo, no O Mauricio. O Mauricio creo que la espichó de cirrosis hepática, predictable, predictable) ehhh, que me voy otra vez... Eso, que llegamos al Karma que parecíamos la tuna de química de la universidad del Raval. Y llegamos a la puertaNos instalamos en la entrada, de cara al tío de la puerta (que debía de estar haciendo un estudio antropológico basado en nosotras, a juzgar por su cara. Igual pensó que era la primera vez que nuestros padres nos dejaban salir de casa y que en realidad estábamos fingiendo) y Strawberry saca todo su repertorio de palabras en español:
-Ehh, helloooo, guaaaa-pooooo, let us in for freee, we have nice and big meloooo-neeees! (agarrándose las susodichas, en coreografía espontánea similar a un retortijón gástrico, o un ataque epiléptico, no sabría decir).
Yo pensando, al único sitio que vamos entrar gratis es al cuartelillo, como ésta no pare de hacer el gili, pero se produjo un milagro y entramos gratis. Extrapoint para Strawberry y colleja para mí, mujer de poca fe. Le debió de gustar el numerito, al hombre. (O puede que necesitara urgentemente sacársenos de delante, también).
Strawberry es un hallazgo. Strawberry y yo podemos pasarnos horas hablando de cacahuetes, de lo buena que está la Boldam (tengo el orgullo y la satisfacción de poder decir que la introduje y la vicié al veneno), de pelis, libros, personas, antipersonas, alcachofas (esto último tampoco es licencia literaria) y un largo etcétera, borrachas o sobrias.
McArthur y Strawberry han sido un par de descubrimientos, en verdad. Estoy contenta de darme cuenta de la de gente interesantísima que he conocido en este año. Gente con la que me identifico más, o menos, pero con la que congenio bien. Gente que entiende mi humor insoportable y que hasta se ríe.
Craig pilló la de su vida y acabó hablando de tríos (sexuales, no de cámara) con dos de las valkirias, que por sus caras yo diría que estaban calculando de qué talla necesitaba (Craig) la camisa de fuerza.
Tós borrachos, tós borrachos. Qué vergüenza. Qué risas. Qué buen rato. Ya me arrepentiré otro día, cuando sea mayor y vea un sombrero, y no la boa que se tragó al elefante.
Hoy, como penitencia, unas anginas ecuestres y unas conversaciones de lo más surrealista con mi hígado.
Ahora me tengo que ir, que creo que está mentándome la madre otra vez.
it only makes it worse to live without it
but let's talk about it...
(Pues no, no cumplí la cosa aquella por hacer de dejar de escuchar Beach boys subida en la tabla de Craig. Me va a matar, si no me mato yo de una hostia antes, claro).
Bueno, bueno... Qué sorpresa. ¡Me han dedicado un post enterito! Un post impresionante, instruyente y reconstituyente que incluye setecientas mil cosas que yo no sabía acerca de los cachuetes... y quilos, toneladas de humor y simpatía. ¡Gracias, Reina! Y, por supuesto, lo enlazo ahora mismito.
Cacahuetes Net
Otra cosa. Un écharpe (que no sé por qué en castellano es un, si en francés es une y se sigue diciendo en francés) es una especie de bufanda, como bien señaló Tintin, que es el entendido de modas pretaporté. (Mets les circomflexes où tu voudras, j'en ai marre, moi, et la tête en bois, aussi)
Y sí... igual he entendido por fin el significado de una boda, aunque no sé si voy a estar anestesiada (quiero decir, que no sé si anestesiada es un buen eufemismo para llevar la caraja del milenio, jeje) pero sí sé que me he propuesto pasármelo bien y que toda la gente que venga también disfrute. Boda familiar, y tal, sin grandes pretensiones.
A estas alturas sí que deben de estar preguntándose ya qué leches tiene que ver todo esto con el título del post.
Yo también. (Me lo pregunto. Yo también me lo pregunto, quiero decir).
Es que lo empecé a escribir pensando en McArthur y en Strawberry, y se me ha vuelto a ir el santo de putas -no se engañen, nunca iba al cielo, el condenao, que un día lo pillé yo-.
Dónde iba. Dioses, qué mala es la resaca de Boldam.
Eso, que ayer, para celebrar que McArthur no se había perdido del Prat a nuestro piso, salimos por ahí a tomar una cerveza.
De nuevo les recuerdo la traducción de to have a beer, para que tengan en cuenta las torturas etílicas a las que veo sometido a mi hígado cada vez que vienen visitas de pueblos bárbaros.
Discúlpenme un momento, creo que mi hígado está intentando decirme algo, ahora vuelvo.
(¿Cómo dices? ¿Hija de qué? Eso no me lo repites tú en la calle, que me bebo otra y te acabo de rematar, peazo gallina!)
En fin, que McArthur llegó por la tarde y me lo llevé a hacer la maratón Gaudí casi entera a pie. Ni nos dimos cuenta de lo que llegamos a caminar, porque nos pasamos unas tres horas hablando, entre hierro, piedra, cristal y mosaicos, y aunque parezca mentira, tenemos muchas cosas en común. Me encanta, además, el buen humor que tiene, esa sonrisa pilla, esos pedazo músc.... no, no, y noooo...
Como él mismo decía esta mañana, "Caminamos unos quince ks, tíoooo, Ai am rebenteited". (Lo siento, lo último ha sido licencia literaria. Les juro que creo que aún ando más pallá que paquí).
Luego me fui a trabajar, donde me encontré con Strawberry. Strawberry es una compañera de trabajo, más inglesa que la Reina (y bastante menos hetero, también hay que decirlo) con la que congenié desde aquél -ahora clásico y mítico- día en la fotocopiadora, especie de rollo Darwiniano de selección natural. En fin, el caso es que quedé con ella y sus valkirias inglesas en un bar que he redescubierto después de siglos de no ir por allí, un bar que me encanta, en la calle Aurora (Una de las esquinas de la famosa Rambla del Raval).
Y entre remordimientos Shakespearianos de to beer or not to beer, llegamos al Karma (Plaça Reial) más borrachas/os que O Mauricio de mi pueblo. Un enfermo, el hombre, oigan. Una cosa que no tenía nombre (aunque sí muchos adjetivos), cantando (Strawberry y yo, no O Mauricio. O Mauricio creo que la espichó de cirrosis hepática, predictable, predictable) ehhh, que me voy otra vez... Eso, que llegamos al Karma que parecíamos la tuna de química de la universidad del Raval. Y llegamos a la puertaNos instalamos en la entrada, de cara al tío de la puerta (que debía de estar haciendo un estudio antropológico basado en nosotras, a juzgar por su cara. Igual pensó que era la primera vez que nuestros padres nos dejaban salir de casa y que en realidad estábamos fingiendo) y Strawberry saca todo su repertorio de palabras en español:
-Ehh, helloooo, guaaaa-pooooo, let us in for freee, we have nice and big meloooo-neeees! (agarrándose las susodichas, en coreografía espontánea similar a un retortijón gástrico, o un ataque epiléptico, no sabría decir).
Yo pensando, al único sitio que vamos entrar gratis es al cuartelillo, como ésta no pare de hacer el gili, pero se produjo un milagro y entramos gratis. Extrapoint para Strawberry y colleja para mí, mujer de poca fe. Le debió de gustar el numerito, al hombre. (O puede que necesitara urgentemente sacársenos de delante, también).
Strawberry es un hallazgo. Strawberry y yo podemos pasarnos horas hablando de cacahuetes, de lo buena que está la Boldam (tengo el orgullo y la satisfacción de poder decir que la introduje y la vicié al veneno), de pelis, libros, personas, antipersonas, alcachofas (esto último tampoco es licencia literaria) y un largo etcétera, borrachas o sobrias.
McArthur y Strawberry han sido un par de descubrimientos, en verdad. Estoy contenta de darme cuenta de la de gente interesantísima que he conocido en este año. Gente con la que me identifico más, o menos, pero con la que congenio bien. Gente que entiende mi humor insoportable y que hasta se ríe.
Craig pilló la de su vida y acabó hablando de tríos (sexuales, no de cámara) con dos de las valkirias, que por sus caras yo diría que estaban calculando de qué talla necesitaba (Craig) la camisa de fuerza.
Tós borrachos, tós borrachos. Qué vergüenza. Qué risas. Qué buen rato. Ya me arrepentiré otro día, cuando sea mayor y vea un sombrero, y no la boa que se tragó al elefante.
Hoy, como penitencia, unas anginas ecuestres y unas conversaciones de lo más surrealista con mi hígado.
Ahora me tengo que ir, que creo que está mentándome la madre otra vez.
Don't worry baby
Powered by Castpost
Vaya. Ahora que me vuelven estas terribles y condenadas ganas de escribir, no tengo tiempo. Iba a decir algo incluyendo a Dios, una barra de pan y no sé qué de los dientes pero se me ha ido el santo al cielo. (Qué día bíblico que llevo).
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1.De inusual buen humor, que me causa un principio de depresión al contar con posibilidad de tener desorden bipolar. No me lo puedo permitir. Lo de ser bipolar, quiero decir. En fin, basta con echarles la culpa a las hormonas, que es lo que vengo haciendo en los últimos diez años.
2.De nervios de última hora. Mcarthur está al caer, me he despertado pensando alegremente “uuuuuuy, las siete, si aún tengo tiempo de sobras para limpiar, fregar y recoger” y me han dado las once y lo único que he hecho ha sido escuchar un CD que me he baj… comprado. (toses, toses, más toses). Mcarthur, para más información, es un amigo de Craig, casi más australiano que Craig (que ya es decir) que viene a pasar unos días con nosotros. De nuevo instauramos sede temporal de la ONU. Este, al menos, se comporta, al contrario que el cuñao rebelde. No se crean, a mí en cierto modo me gusta esto de tener tíos rubios musculosos en casa. No nos engañemos, que a nadie amarga un dulce.
3.De remordimientos (leves, eso sí) por lo que acabo de decir. Estoy a punto de casarme, for fuck’s sake.
4.De correcciones y contradicciones. Mirar no es pecado, carajo. Y menos a mi edad.
5.De indecisión en lo referente a “velitas versus hierbitas”. Al contrario de lo que algunos/as hayan podido pensar, las hierbitas sólo son aromáticas, no son “happy herbs” ni nada de eso. Imagínense a mi abuelo, el revolucionario de izquierdas, emporrado, pillando a primera chica joven que pase por delante para bailar “Adiós muchachos”. Dioses, no. Vamos a dejar el tema, que no tengo el estómago para fiestas.
6.De preocupación filial. Me preocupa mi madre. Ayer la operaron. Fue una operación mayúscula, dolorosísima y complicada. Estuvo toda la mañana en el quirófano, y unas cuantas horas dormida/drogada en la habitación, y mi padre y yo allí esperando, controlando hasta el último movimiento, la mínima respiración. En estas que abre los ojos, como en las películas americanas, nos ve y dice:
-Ajjjrfctxjdkjdsugnjkgl djknskur sdkjfoak dhoduihyrk.
Y yo:
-¿Qué?- con toda la suavidad del mundo, pensando que igual necesitaba más calmantes, o algo. Me acerco, para que no tenga que forzar la voz, porque sé que la anestesia (el “happy gas”, quiero decir) te jode la garganta cosa mala, que lo he sufrido un par de veces, y repite:
-Que te tienes que comprar ropa como Dios manda para antes y después de la ceremonia, que no vas a andar veinticuatro horas con el vestido largo, ni con esos tejanos zarrapalleiros que me llevas siempre.
Juro por Macgaiber que a punto estuve de gritar que llamaran a un médico para que viniera a darle el alta.
La fortaleza (o testarudez, según se mire) de algunos seres humanos es verdaderamente ilimitada. La de mi madre me pasma y aún me sigue sorprendiendo después de veintiocho años que hace que la conozco.
Estoy contenta de que al menos haya encontrado un tema con el que obstinarse, que le haga pensar menos en el trance que está pasando. Con el rollo de la boda se comporta como si estuviera de relax en un balneario, no convaleciente en un hospital.
COSAS POR HACER:
1.Fregar, limpiar, recoger, limpiar, fregar, recorrer, gregar, pinliar, frecogar, limpier, rafringar, pingrer…
2.Fumarme un cigarro y calmarme.
3.Pensar en qué hago de dilema existencial “velitas versus hierbitas”.
4.Dejar de escuchar Beach Boys. Por el amor de la Madre Naturaleza. Me doy una vergüenza musical que no me soporto. (¡Pero me gusta, no lo puedo evitar!
Don't wooorry baaaaaaby
Everything will turn out alriiiiiiiiight
Don’t worryyyyy baaaabbbbyyyyy uuuuuh uh uhhhhhh)
Reprise.
Hum... No sé por dónde empezar a agradecerles las atenciones, los mimos, las ideas acertadas y las más acertadas todavía.
Me he leído todos sus comentarios unas cuantas veces antes de ponerme a escribir, eso sí.
Igual necesitaba unas vacaciones... Igual necesitaba unas cuantas páginas en blanco para que vean (y para que me conste a mí también) cómo cambian las cosas en apenas un par de semanas.
Les pongo en situación. ¿Se acuerdan de mis planeados planes de antiboda? Todo bien explicadito, bien remendadito, bien pensado y estipulado, ¿verdad?
Pues ahora bórrenlos de sus mentes, porque por una vez en mi vida he decidido darle otra interpretación al Árbol de la Ciencia de Baroja y ser feliz e ignorante.
Lo he hecho en defensa propia, eso sí.
Un abrazo a toda la parroquia. Uno muy fuerte a Sacarina, por no abandonar su puesto al pie del cañón, y otro a mi querido marqués, por pegarme un toque vía mail. A la Reina de las Nieves, una cerveza en vaso de plástico (como aquella noche, como está mandao) por sus dulcísimos rayos X.
Abrazos también a Maki, a Laura, a Juli, , a Sinclair, a Aitor (es oficial, me confieso adicta a Mertens), a Paquito en Chocolatero, a Ángela y a Tintin.
Dioses, cualquiera que leyera esto sin saber de qué va pensaría que tengo un cáncer terminal o que acaban de darme un Oscar.
Ustedes sí que lo saben, no obstante, y aunque no haya escrito sí que me he leído sus blogs.
Ahora toca explicar la causa de mi bloqueo, pienso yo.
THE ANTIPLANES DE BODA REVOLUSHIONS.
CAPÍTULO 1. Consideraciones.
En apenas dos semanas he sufrido una terrible y muy abrupta mutación, de la revolucionaria feminista de izquierdas que creía ser a una especie de Marujilla Junior no muy definida cuya preocupación máxima en estos momentos estriba en la dicotomía "velitas-o-hierbitas-aromáticas-como-recuerdo-de-mi-boda".
Y no. Lo más cachondo del tema es que no me he olvidado del hambre que pasan las criaturas en algunas regiones de África, ni de las torturas, ni de Cachemira, ni nada de nada. Sigo pensando que hay cosas harto más importantes de las que preocuparse que una boda... con el añadido de la contradicción. ¿Velitas o hierbitas? ¿Por qué la Comisión de Genocidios de la ONU es tan recontracondenadamente inútil? ¿Lambrusco o vino español? ¿Por qué no quisieron llevar a cabo el magnífico plan de Macnamara, que se habrían evitado un montón de muertes infantiles, de sed, de hambre, de infecciones, de tristeza? ¿Écharpe o abrigo?
Hay algo que sí que tengo claro, porque me ha venido impuesto: los puros, cubanos.
Y este es el único convencimiento de mi vida en estos momentos. Que los puros tienen que ser cubanos, y que es fácil entender de puros: basta con comprar los más horriblemente caros que encuentre.
CAPÍTULO 2. Vestido de novia.
Quedamos mi Sra. Madre y yo el sábado pasado para ir a mirar. El presunto e inocente "Ir a mirar" acabó con mi sra. Madre y yo metidas en un probador más grande que mi piso (eso tampoco es decir tanto, claro, pero tendrían que haberlo visto. En el condenado probador podrían vivir siete familias chinas) con un montón de vestidos de Sissi la Emperatriz, Barbie Profiterol y Nancy Malgusto colgados delante de mis narices.
La tensión se mascaba en el ambiente, porque yo sólo había entrado en aquella tienda para mirar, y ya habíamos pasado a la fase dos antes de ser ni consciente de ello.
Me dice la dependiente:
-¿Tienes alguna idea de lo que quieres?
Y yo pensé: "Sí, largarme de aquí ahora mismo a tomarme un café, que he dormido dos horas y media esta noche".
Y le respondí:
-Pues... no.
Y juraría que se esperaba mi respuesta, la tía, porque al percibir que realmente yo no tenía ni idea, empezó a sacar unos carpesanos que ríome yo de la Capilla Sixtina, lo grandes que eran los condenaos. Y yo pensando en cómo decirle que aquello no eran catálogos, que eran maniquíes a tamaño real impresos en papel brillante.
A mi Sra. Madre los ojos le empezaron a hacer chirivitas, y el gesto de su cara empezó a mutar de manera asesina. Se le puso una sonrisa que daba más miedo de Miércoles Adams, y dejó el bolso en el mostrador.
Yo sudando, y sólo llevábamos tres minutos allá.
Empieza a enseñarme locuras de faldones, almidones, puntillas y otras historias para no dormir y la tensión que me empezaba a subir desde los tobillos hasta la garganta, hasta que espeté:
-Blanco no. Faltaría más, a estas alturas.
Y la mujer:
-Ah, bueeeno, no pasa naaada, te saco el catálogo de los otros colores.
Mujer de recursos donde las haya.
Y yo:
-Esto no son otros colores. Esto es un blanco "como quien no quiere la cosa".
Y ella:
-Se llama hueso. Y este otro es blanco roto.
Y yo: "Romper sí que me gustaría romper unos cuantos huesos a alguien".
-Pues tampoco quiero huesos ni rotos.
Y sacó otro catálogo, la tía. No había manera de llevarle la contraria. Juro que estas dependientas reciben un curso de formación sobre cómo vender vestidos de novia a las novias, bajo la premisa principal de que son nuestras madres las que nos embuten en el sitio, agarradas por las orejas.
Lo sé porque después de tres o cuatro Capillas Sixtinas en papel brillante dijo LA FRASE. Y no les miento, ni les exagero, ni es ninguna licencia literaria. Cito textualmente:
No te preocupes: tu vestido existe.
Y debió de captar al vuelo las intenciones asesinas de mi cara, porque adoptó un estudiado gesto humilde y añadió...
-Pero claro, eres tú quien tiene que decidirlo, porque es tu día, y puede que no lo encuentres aquí, nunca se sabe, blá blá blá.
Estuve a punto de pedirle una tarjeta por si algún día decidía escribir un libro acerca de los abismos infinitos de la superficialidad del ser humano, y largarme. La cara de mi madre, esa cara de "ni se te ocurra", fue lo único que me lo impidió.
La mujer (la de la tienda, no mi sra. Madre) estaba convencida de que mi vestido existía, en verdad. Y yo estaba convencida de que me tenía que casar con Craig, no con un vestido.
Antes de ni verlas venir, ya estaba metida en el probador tamaño loft, forrado de espejos y con una especie de tarima circular en el medio, a la que me tuve que subir unas cinco veces (número que coincide con el número de veces en que me caí de la susodicha. En H&M no hay tarimas en los probadores, qué quieren que les diga. Y una es de naturaleza torpe).
Pues eso: volvemos al momento crucial en que estamos las tres (dependienta de paciencia infinita, sra. Madre y servidora) metidas en el probador, y la tensión se podía moldear cual plastilina.
-Es que creo que no me han entendido: No me gustan los vestidos de novia. No quiero parecer una novia de esas de boda- logré farfullar. Debió de ser la frase más torpe que he pronunciado en mi vida, porque las dos me miraron, se miraron entre ellas como si supieran algún secreto vital que yo obviamente desconocía, y se empezaron a descojonar de la risa. He dicho descojonar, sí, porque aquello no era troncharse ni partirse, ni desovariarse. Aquello era un descojone de enciclopedia, en toda regla.
No pude evitarlo. No sé si fueron los nervios, el no saber qué carajo pintaba un sitio como aquél alrededor de alguien como yo, la mala leche, el no haber dormido o qué, pero me puse a llorar.
Mi sra. Madre:
-Pero ahora, ¿por qué lloras?
Y yo:
-No lo sé.
Y la mujer de la tienda:
-Es la emoción, los nervios de la boda.
Y yo:
-Nervios no sé, pero la emoción ya le digo yo que no.
Y la mujer de la tienda:
-A ver, pruébate este. No es blanco, ni crudo, ni hueso, y es muy sencillo. Pruébatelo, sólo por probar.
Y yo:
-¿Qué? ¿Probar? Yo sólo venía a mirar, oiga.
Las dos descojonándose de mí otra vez. Voy a buscar mi partida de nacimiento, a ver si logro verificar que soy humana o si descubro que me fueron a adoptar a Marte. Lo juro.
Mi madre:
-Pero te lo tienes que probar, mujer.
Aaah. Lección de terminología nupcial: En terminología nupcial, mirar quiere decir probar. Que lo sepan.
-Que no, que no me lo pruebo.
-Pues me lo pruebo yo.
Tuve que volver a mirar a ver quién había dicho aquello, porque no daba crédito a mis orejas, hasta que vi a mi madre sacándose la chaqueta, dispuesta a probarse, a sus cincuenta y pico, un vestido de Barbie Bodorrio, con dos... En fin. Palabrotas, las necesarias.
La mujer de la tienda, con visible incomodidad ante lo atípico de la situación y mirando a su alrededor, seguramente con el fin de encontrar la cámara oculta:
-Es que... sería mejor que se lo probara ella. No es por ofender, ni nada, pero claro, es que la novia es ella y...
Y mi madre decidida, se desabrochaba la camisa. Vamos, que me tuve que probar el condenado vestido como resolución de intervención de emergencia, para evitar que mi madre nos dejara en ridículo a las dos.
-Ya me lo pruebo yo, vístete, por favor, mamá.
Otra vez chirivitas en los ojos de mi madre. Otra vez, sonrisitas cómplices entre ella y la mujer de la tienda.
Y no se iban. Quiero decir, que yo acababa de anunciar que me iba a probar el vestido, y ninguna de las dos parecía haberlo captado.
-Que me lo voy a probar- repetí, con la esperanza de que me dejaran un minuto a solas con el dichoso armatoste.
Que no, que seguían allí plantadas.
Qué ha pasado con el derecho constitucional a la intimidad, me pregunto.
Así que opté por ponérmelo encima de los tejanos. Creo que la constitución menciona en algún capítulo el derecho a dejarte los tejanos puestos cuando no llevas ropa interior porque sólo ibas a mirar.... Pero si no dice nada, ahí estoy yo para crear derecho consuetudinario. Camiseta fuera, ¡hop! vestido dentro ¡hop!, vestido y servidora, ¡pataplaf! nos caemos de tarima con todo el equipo.
Por más que la de la tienda, entre "aaahhhs" y "oooohs" me aseguraba y repetía que el vestido no llevaba tanta cola, yo me preguntaba cómo podía ser que ni se notara que llevaba tejanos debajo.
El caso es que después de mirarlo desde todos los ángulos, considerar antis y contras y darme cuenta de que los vestidos de boda, sean como sean, son de boda y por lo tanto no figuran en la lista de vestidos que van con mi carácter, me di cuenta de que aquél, al menos, no parecía tan de novia. Parecía un vestido de fiesta, eso sí. Un vestido muy elegante para algún baile con diplomáticos engominados y señoras de clases nobles y todo eso.
La de la tienda se había equivocado. Mi vestido no existe, como tampoco mi media naranja... pero la capacidad de adaptación me proporciona una especie de sexto sentido que en aquel momento me susurró: "si sabes que no vas a ser infeliz y que vas a hacer a esta mujer que admiras, que quieres y que adoras, infinitamente feliz... déjate de cabezonerías y tírate a la piscina, que vale la pena."
Y así fue como salimos mi sra. Madre y yo de la tienda, ella abrazándome, con una sonrisa de oreja a oreja como no la he visto ni en mis audiciones de piano, y yo con taquicardias, pensando,
"Esto sólo es el principio del fin de la voluntad privada".
Pero qué leches, a mí el derecho civil no me gustó en la vida.
Me he leído todos sus comentarios unas cuantas veces antes de ponerme a escribir, eso sí.
Igual necesitaba unas vacaciones... Igual necesitaba unas cuantas páginas en blanco para que vean (y para que me conste a mí también) cómo cambian las cosas en apenas un par de semanas.
Les pongo en situación. ¿Se acuerdan de mis planeados planes de antiboda? Todo bien explicadito, bien remendadito, bien pensado y estipulado, ¿verdad?
Pues ahora bórrenlos de sus mentes, porque por una vez en mi vida he decidido darle otra interpretación al Árbol de la Ciencia de Baroja y ser feliz e ignorante.
Lo he hecho en defensa propia, eso sí.
Un abrazo a toda la parroquia. Uno muy fuerte a Sacarina, por no abandonar su puesto al pie del cañón, y otro a mi querido marqués, por pegarme un toque vía mail. A la Reina de las Nieves, una cerveza en vaso de plástico (como aquella noche, como está mandao) por sus dulcísimos rayos X.
Abrazos también a Maki, a Laura, a Juli, , a Sinclair, a Aitor (es oficial, me confieso adicta a Mertens), a Paquito en Chocolatero, a Ángela y a Tintin.
Dioses, cualquiera que leyera esto sin saber de qué va pensaría que tengo un cáncer terminal o que acaban de darme un Oscar.
Ustedes sí que lo saben, no obstante, y aunque no haya escrito sí que me he leído sus blogs.
Ahora toca explicar la causa de mi bloqueo, pienso yo.
THE ANTIPLANES DE BODA REVOLUSHIONS.
CAPÍTULO 1. Consideraciones.
En apenas dos semanas he sufrido una terrible y muy abrupta mutación, de la revolucionaria feminista de izquierdas que creía ser a una especie de Marujilla Junior no muy definida cuya preocupación máxima en estos momentos estriba en la dicotomía "velitas-o-hierbitas-aromáticas-como-recuerdo-de-mi-boda".
Y no. Lo más cachondo del tema es que no me he olvidado del hambre que pasan las criaturas en algunas regiones de África, ni de las torturas, ni de Cachemira, ni nada de nada. Sigo pensando que hay cosas harto más importantes de las que preocuparse que una boda... con el añadido de la contradicción. ¿Velitas o hierbitas? ¿Por qué la Comisión de Genocidios de la ONU es tan recontracondenadamente inútil? ¿Lambrusco o vino español? ¿Por qué no quisieron llevar a cabo el magnífico plan de Macnamara, que se habrían evitado un montón de muertes infantiles, de sed, de hambre, de infecciones, de tristeza? ¿Écharpe o abrigo?
Hay algo que sí que tengo claro, porque me ha venido impuesto: los puros, cubanos.
Y este es el único convencimiento de mi vida en estos momentos. Que los puros tienen que ser cubanos, y que es fácil entender de puros: basta con comprar los más horriblemente caros que encuentre.
CAPÍTULO 2. Vestido de novia.
Quedamos mi Sra. Madre y yo el sábado pasado para ir a mirar. El presunto e inocente "Ir a mirar" acabó con mi sra. Madre y yo metidas en un probador más grande que mi piso (eso tampoco es decir tanto, claro, pero tendrían que haberlo visto. En el condenado probador podrían vivir siete familias chinas) con un montón de vestidos de Sissi la Emperatriz, Barbie Profiterol y Nancy Malgusto colgados delante de mis narices.
La tensión se mascaba en el ambiente, porque yo sólo había entrado en aquella tienda para mirar, y ya habíamos pasado a la fase dos antes de ser ni consciente de ello.
Me dice la dependiente:
-¿Tienes alguna idea de lo que quieres?
Y yo pensé: "Sí, largarme de aquí ahora mismo a tomarme un café, que he dormido dos horas y media esta noche".
Y le respondí:
-Pues... no.
Y juraría que se esperaba mi respuesta, la tía, porque al percibir que realmente yo no tenía ni idea, empezó a sacar unos carpesanos que ríome yo de la Capilla Sixtina, lo grandes que eran los condenaos. Y yo pensando en cómo decirle que aquello no eran catálogos, que eran maniquíes a tamaño real impresos en papel brillante.
A mi Sra. Madre los ojos le empezaron a hacer chirivitas, y el gesto de su cara empezó a mutar de manera asesina. Se le puso una sonrisa que daba más miedo de Miércoles Adams, y dejó el bolso en el mostrador.
Yo sudando, y sólo llevábamos tres minutos allá.
Empieza a enseñarme locuras de faldones, almidones, puntillas y otras historias para no dormir y la tensión que me empezaba a subir desde los tobillos hasta la garganta, hasta que espeté:
-Blanco no. Faltaría más, a estas alturas.
Y la mujer:
-Ah, bueeeno, no pasa naaada, te saco el catálogo de los otros colores.
Mujer de recursos donde las haya.
Y yo:
-Esto no son otros colores. Esto es un blanco "como quien no quiere la cosa".
Y ella:
-Se llama hueso. Y este otro es blanco roto.
Y yo: "Romper sí que me gustaría romper unos cuantos huesos a alguien".
-Pues tampoco quiero huesos ni rotos.
Y sacó otro catálogo, la tía. No había manera de llevarle la contraria. Juro que estas dependientas reciben un curso de formación sobre cómo vender vestidos de novia a las novias, bajo la premisa principal de que son nuestras madres las que nos embuten en el sitio, agarradas por las orejas.
Lo sé porque después de tres o cuatro Capillas Sixtinas en papel brillante dijo LA FRASE. Y no les miento, ni les exagero, ni es ninguna licencia literaria. Cito textualmente:
No te preocupes: tu vestido existe.
Y debió de captar al vuelo las intenciones asesinas de mi cara, porque adoptó un estudiado gesto humilde y añadió...
-Pero claro, eres tú quien tiene que decidirlo, porque es tu día, y puede que no lo encuentres aquí, nunca se sabe, blá blá blá.
Estuve a punto de pedirle una tarjeta por si algún día decidía escribir un libro acerca de los abismos infinitos de la superficialidad del ser humano, y largarme. La cara de mi madre, esa cara de "ni se te ocurra", fue lo único que me lo impidió.
La mujer (la de la tienda, no mi sra. Madre) estaba convencida de que mi vestido existía, en verdad. Y yo estaba convencida de que me tenía que casar con Craig, no con un vestido.
Antes de ni verlas venir, ya estaba metida en el probador tamaño loft, forrado de espejos y con una especie de tarima circular en el medio, a la que me tuve que subir unas cinco veces (número que coincide con el número de veces en que me caí de la susodicha. En H&M no hay tarimas en los probadores, qué quieren que les diga. Y una es de naturaleza torpe).
Pues eso: volvemos al momento crucial en que estamos las tres (dependienta de paciencia infinita, sra. Madre y servidora) metidas en el probador, y la tensión se podía moldear cual plastilina.
-Es que creo que no me han entendido: No me gustan los vestidos de novia. No quiero parecer una novia de esas de boda- logré farfullar. Debió de ser la frase más torpe que he pronunciado en mi vida, porque las dos me miraron, se miraron entre ellas como si supieran algún secreto vital que yo obviamente desconocía, y se empezaron a descojonar de la risa. He dicho descojonar, sí, porque aquello no era troncharse ni partirse, ni desovariarse. Aquello era un descojone de enciclopedia, en toda regla.
No pude evitarlo. No sé si fueron los nervios, el no saber qué carajo pintaba un sitio como aquél alrededor de alguien como yo, la mala leche, el no haber dormido o qué, pero me puse a llorar.
Mi sra. Madre:
-Pero ahora, ¿por qué lloras?
Y yo:
-No lo sé.
Y la mujer de la tienda:
-Es la emoción, los nervios de la boda.
Y yo:
-Nervios no sé, pero la emoción ya le digo yo que no.
Y la mujer de la tienda:
-A ver, pruébate este. No es blanco, ni crudo, ni hueso, y es muy sencillo. Pruébatelo, sólo por probar.
Y yo:
-¿Qué? ¿Probar? Yo sólo venía a mirar, oiga.
Las dos descojonándose de mí otra vez. Voy a buscar mi partida de nacimiento, a ver si logro verificar que soy humana o si descubro que me fueron a adoptar a Marte. Lo juro.
Mi madre:
-Pero te lo tienes que probar, mujer.
Aaah. Lección de terminología nupcial: En terminología nupcial, mirar quiere decir probar. Que lo sepan.
-Que no, que no me lo pruebo.
-Pues me lo pruebo yo.
Tuve que volver a mirar a ver quién había dicho aquello, porque no daba crédito a mis orejas, hasta que vi a mi madre sacándose la chaqueta, dispuesta a probarse, a sus cincuenta y pico, un vestido de Barbie Bodorrio, con dos... En fin. Palabrotas, las necesarias.
La mujer de la tienda, con visible incomodidad ante lo atípico de la situación y mirando a su alrededor, seguramente con el fin de encontrar la cámara oculta:
-Es que... sería mejor que se lo probara ella. No es por ofender, ni nada, pero claro, es que la novia es ella y...
Y mi madre decidida, se desabrochaba la camisa. Vamos, que me tuve que probar el condenado vestido como resolución de intervención de emergencia, para evitar que mi madre nos dejara en ridículo a las dos.
-Ya me lo pruebo yo, vístete, por favor, mamá.
Otra vez chirivitas en los ojos de mi madre. Otra vez, sonrisitas cómplices entre ella y la mujer de la tienda.
Y no se iban. Quiero decir, que yo acababa de anunciar que me iba a probar el vestido, y ninguna de las dos parecía haberlo captado.
-Que me lo voy a probar- repetí, con la esperanza de que me dejaran un minuto a solas con el dichoso armatoste.
Que no, que seguían allí plantadas.
Qué ha pasado con el derecho constitucional a la intimidad, me pregunto.
Así que opté por ponérmelo encima de los tejanos. Creo que la constitución menciona en algún capítulo el derecho a dejarte los tejanos puestos cuando no llevas ropa interior porque sólo ibas a mirar.... Pero si no dice nada, ahí estoy yo para crear derecho consuetudinario. Camiseta fuera, ¡hop! vestido dentro ¡hop!, vestido y servidora, ¡pataplaf! nos caemos de tarima con todo el equipo.
Por más que la de la tienda, entre "aaahhhs" y "oooohs" me aseguraba y repetía que el vestido no llevaba tanta cola, yo me preguntaba cómo podía ser que ni se notara que llevaba tejanos debajo.
El caso es que después de mirarlo desde todos los ángulos, considerar antis y contras y darme cuenta de que los vestidos de boda, sean como sean, son de boda y por lo tanto no figuran en la lista de vestidos que van con mi carácter, me di cuenta de que aquél, al menos, no parecía tan de novia. Parecía un vestido de fiesta, eso sí. Un vestido muy elegante para algún baile con diplomáticos engominados y señoras de clases nobles y todo eso.
La de la tienda se había equivocado. Mi vestido no existe, como tampoco mi media naranja... pero la capacidad de adaptación me proporciona una especie de sexto sentido que en aquel momento me susurró: "si sabes que no vas a ser infeliz y que vas a hacer a esta mujer que admiras, que quieres y que adoras, infinitamente feliz... déjate de cabezonerías y tírate a la piscina, que vale la pena."
Y así fue como salimos mi sra. Madre y yo de la tienda, ella abrazándome, con una sonrisa de oreja a oreja como no la he visto ni en mis audiciones de piano, y yo con taquicardias, pensando,
"Esto sólo es el principio del fin de la voluntad privada".
Pero qué leches, a mí el derecho civil no me gustó en la vida.
Me duelo.
Como cantaban Guns 'n' Roses, "... And it's hard to hold a candle
In the cold November rain..."
A mí me cuesta incluso aguantarme a mí misma. Física y malalecheramente hablando. Es decir, que últimamente, ni me aguanto (me voy apoyando en paredes, pizarras, mesas, pupitres, ventanas y cualquier objeto/persona que me quede a la altura del codo), ni me soporto. Literatúricamente. No me soporto. Qué le vamos a hacer, a nadie le puede caer bien todo el mundo, y a mí no me caigo bien yo.
Cuando el cerebro me pega estas volteretas mortales con caída exodóncica, me da por pensar que quizá soy una sociópata de verdad, que me cuesta relacionarme con la gente.
En ese momento exacto es cuando empiezo a odiarme.
Un remolino de viento sacude al paraguas desde debajo, el paraguas hace un "flop" maldito y no avisado, adoptando forma taza, no paraguas, y ahí estoy yo, con unos pantalones que juraría que me van cortos cuando no llueve, pero que se arrastran por el suelo en cuanto caen cuatro gotas.
Y el caso es que sigo caminando sin darme ni cuenta, porque hace días (tantos como desde algo más que el último post que escribí) que me importan un pepino ciertas cosas. No es que quiera que no me importen. QUIERO que me importen. Es, simplemente, que no consigo que me importen, y no dejo de pensar en otras que no deberían de tener importancia. (La historia de mi vida).
Hace días que el mundo, la gente con la que me cruzo por la calle, mis colegas profesionales, las vecinas de mi sra. Madre, tres perros, cinco gatos, diez paradas de autobús, un paquistaní que vende de todo en una tienda de una esquina, el portero de la escalera, seis papeleras públicas, la que limpia el edificio, el que barre la calle, la que me enseña italiano, ocho rodajas de merluza congeladas, el que me pide el billete de metro, los adultos, los archivos mp3, las quinceañeras, el mando de la Playstation... me odian. Hace días que me odian. Es como vivir en un estado de resaca severa, continuo y perenne.
Puede ser peor, claro. Puede que incluso ni me odien, puede que simplemente les desagraden una barbaridad algunos rasgos de mi carácter, o de mi cara. O mis tobillos. O las uñas que me muerdo. Entonces es menosprecio, que me convierte no sólo en ente imperfecto (esa ya la sabía) sino además, mediocre.
Joder, pienso entonces, si alguien me quiere odiar, que me odie bien, con elegancia, del todo, con garra, con pasión y obsesión, permanentemente, que al menos sabré que soy célebre, carajo.
Y no sé si es una o la otra, pero mientras tanto, como no puedo dejar de pensar en esto, en vez de intentar ganar puntos con mi entorno perpetrando alguna sonrisa que otra, voy y me porto peor.
Sociópata perdida.
Me veo en una semana llorando por las esquinas del Raval, preguntándole a quien pase si quiere jugar conmigo a "I spy".
He intentado, muy torpemente, explicarle a Sacarina que no quiero estar con nadie cuando sé que no soy buena compañía, pero creo que no lo entendió.
Luego intenté explicárselo a Craig, que prácticamente se me rió en la cara.
No le voy a decir nada a Macgaiber, no vaya a ser que me muerda y encima tenga que soportar competencias.
Es por todo lo que he explicado (o farfullado, no lo sé, no consigo oírme y cada vez me doy más miedo) que no he escrito mucho últimamente. De hecho, hacía tiempo que ni venía por aquí y me he encontrado con un montón de comentarios a la vez, dulce sorpresa. Sé que me perdonarán. Vendrán tiempos mejores.
In the cold November rain..."
A mí me cuesta incluso aguantarme a mí misma. Física y malalecheramente hablando. Es decir, que últimamente, ni me aguanto (me voy apoyando en paredes, pizarras, mesas, pupitres, ventanas y cualquier objeto/persona que me quede a la altura del codo), ni me soporto. Literatúricamente. No me soporto. Qué le vamos a hacer, a nadie le puede caer bien todo el mundo, y a mí no me caigo bien yo.
Cuando el cerebro me pega estas volteretas mortales con caída exodóncica, me da por pensar que quizá soy una sociópata de verdad, que me cuesta relacionarme con la gente.
En ese momento exacto es cuando empiezo a odiarme.
Un remolino de viento sacude al paraguas desde debajo, el paraguas hace un "flop" maldito y no avisado, adoptando forma taza, no paraguas, y ahí estoy yo, con unos pantalones que juraría que me van cortos cuando no llueve, pero que se arrastran por el suelo en cuanto caen cuatro gotas.
Y el caso es que sigo caminando sin darme ni cuenta, porque hace días (tantos como desde algo más que el último post que escribí) que me importan un pepino ciertas cosas. No es que quiera que no me importen. QUIERO que me importen. Es, simplemente, que no consigo que me importen, y no dejo de pensar en otras que no deberían de tener importancia. (La historia de mi vida).
Hace días que el mundo, la gente con la que me cruzo por la calle, mis colegas profesionales, las vecinas de mi sra. Madre, tres perros, cinco gatos, diez paradas de autobús, un paquistaní que vende de todo en una tienda de una esquina, el portero de la escalera, seis papeleras públicas, la que limpia el edificio, el que barre la calle, la que me enseña italiano, ocho rodajas de merluza congeladas, el que me pide el billete de metro, los adultos, los archivos mp3, las quinceañeras, el mando de la Playstation... me odian. Hace días que me odian. Es como vivir en un estado de resaca severa, continuo y perenne.
Puede ser peor, claro. Puede que incluso ni me odien, puede que simplemente les desagraden una barbaridad algunos rasgos de mi carácter, o de mi cara. O mis tobillos. O las uñas que me muerdo. Entonces es menosprecio, que me convierte no sólo en ente imperfecto (esa ya la sabía) sino además, mediocre.
Joder, pienso entonces, si alguien me quiere odiar, que me odie bien, con elegancia, del todo, con garra, con pasión y obsesión, permanentemente, que al menos sabré que soy célebre, carajo.
Y no sé si es una o la otra, pero mientras tanto, como no puedo dejar de pensar en esto, en vez de intentar ganar puntos con mi entorno perpetrando alguna sonrisa que otra, voy y me porto peor.
Sociópata perdida.
Me veo en una semana llorando por las esquinas del Raval, preguntándole a quien pase si quiere jugar conmigo a "I spy".
He intentado, muy torpemente, explicarle a Sacarina que no quiero estar con nadie cuando sé que no soy buena compañía, pero creo que no lo entendió.
Luego intenté explicárselo a Craig, que prácticamente se me rió en la cara.
No le voy a decir nada a Macgaiber, no vaya a ser que me muerda y encima tenga que soportar competencias.
Es por todo lo que he explicado (o farfullado, no lo sé, no consigo oírme y cada vez me doy más miedo) que no he escrito mucho últimamente. De hecho, hacía tiempo que ni venía por aquí y me he encontrado con un montón de comentarios a la vez, dulce sorpresa. Sé que me perdonarán. Vendrán tiempos mejores.
Macgaiber
Hoy no tengo mucho que contar... pero sí tengo un guiño: la foto de Macgaiber, en todo su esplendor, en el fotolog de Sacarina.
Está para comérselo (bien estofadito y con patatas asadas...)
Hasta pronto,
A.
Está para comérselo (bien estofadito y con patatas asadas...)
Hasta pronto,
A.





