Prima l'intermezzo.
Bueno, como ya he dicho (y repetido, y repetido...) mañana me voy a Madrid, y cuando vuelva el verano se habrá convertido en otoño, y quizá no tenga tanto tiempo para escribir. (O quizá lo saque de donde no lo hay, que es lo que suelo acabar haciendo siempre). Sólo quería acabar, antes del intermedio, con una buena noticia:
A partir de la semana que viene vuelvo a ser, oficialmente (que equivale a tener contrato, horarios, grupo y una clase) profesora de inglés. Igual era verdad eso que siempre dicen en las pelis llanquis chorras, que cuendo deseas algo con todas tus fuerzas tienes que ponerte con todas tus fuerzas a desearlo (o algo así; no lo recuerdo, porque era demasiado estúpido como para almacenarlo), para que ocurra.
Y... Después de estar a punto de ser ejecutada sumariamente por un Seat Panda, de estar a punto de matar a una abuela en el metro, de estar a punto de ser decapitada por mi familia y amistades más allegadas de tan pesada que me puse con el bailongo del "quemellamenquemellamenquemellamen".... Pues me han llamado.
Felices y prolíficos días a todas y todos, o todos y todas. Escriban mucho, que volveré con ganas de leer.
A partir de la semana que viene vuelvo a ser, oficialmente (que equivale a tener contrato, horarios, grupo y una clase) profesora de inglés. Igual era verdad eso que siempre dicen en las pelis llanquis chorras, que cuendo deseas algo con todas tus fuerzas tienes que ponerte con todas tus fuerzas a desearlo (o algo así; no lo recuerdo, porque era demasiado estúpido como para almacenarlo), para que ocurra.
Y... Después de estar a punto de ser ejecutada sumariamente por un Seat Panda, de estar a punto de matar a una abuela en el metro, de estar a punto de ser decapitada por mi familia y amistades más allegadas de tan pesada que me puse con el bailongo del "quemellamenquemellamenquemellamen".... Pues me han llamado.
Felices y prolíficos días a todas y todos, o todos y todas. Escriban mucho, que volveré con ganas de leer.
Me and Crocodile Dundee.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De gloriosa anticipación de acontecimientos (otra vez). Mañana a estas horas estaremos volando hacia Madrid.
Madrid es EL sitio que siempre he querido ver y que, a pesar de haber pasado por allí mil quinientas setenta y nueve veces, nunca he visto.
Encontrar un sitio que no estuviera completo ha sido una obra de esas de los milagros de la Madre Naturaleza Hotelera. Ayer me pasé el día entero intentando dar con algún sitio donde quedara una habitación doble y, al parecer, todo el mundo ha dicho de ir a visitar Madrid en el mismo fin de semana que nosotros. Al final y después de no sé cuántas llamadas, me he hecho ya amiga íntima de toda la vida de un recepcionista, que ha conseguido hacernos un hueco. Creo que lo invitaré a un bocata calamares en la Castellana y todo.
2. Después de hacer reserva y colgar el teléfono (hace un rato) me he dado cuenta de un dato de interés e importancia sustanciales: no he puesto una lavadora desde el año 53, con lo que casi toda mi ropa está sucia, no se va a secar de aquí a mañana por la mañana y tendré que presentarme en la Ostréilian Émbasi con dos hojas de parra (una delante, otra detrás) y sendos cocos (ubicación obvia). Entonces me han entrado las prisas, los sudores fríos, el aturullamiento, me he estresado y he calculado posibilidades:
a) Me pongo a hacer lavadoras como si me hubiera metido tres rayas de cocaína y siete coca-colas.
b) Me revisto de un realismo sofisticado más adecuado a mi persona, asumo que poner lavadoras a estas alturas es ridículo y carente de utilidad y me siento a escribir. Ya iré esta tarde y me comparé ropa, o algo.
(¿He dicho yo eso? ¿Qué me está pasando? ¿Aún no he llegado a Madrid y ya me creo la Cibeles, la Chula Que Castiga, la Ministra de asuntos catalanes, qué, qué?)
3. De gloriosa anticipación de acontecimientos, otra vez y parte II.
El lunes, Craig y yo tuvimos una especie de discusión que se desarrolló del modo en que me dispongo a relatar:
C- Yo me voy a surfear, tú haz lo que quieras.
A- Pero si en Madrid NO hay playa, ¿Cuántas veces te tengo que poner la canción de los Refrescos pa que aprendas algo de cultura española? (con permiso y disculpas de la gente de Madrid. Aquí sí que hay playas, pero son una porquería, así que no pretendo ofender, ni nada de eso).
C-No, me refiero a otro día. Me voy a surfear. Alquilo un coche y me hago un viaje por el norte.
A- Ah, muy bien, y a mí, que me den, ¿no?
C- No. Te puedes venir conmigo.
A (Hombre, gracias, ¿A qué se debe tanto privilegio, me pregunto?) ... -Y de paso que estás allí, te buscas otra idiota que se quiera casar contigo.
C-Oye, te recuerdo que yo vine a España, ya hace casi cuatro años, para surfear.
A-Sí, claro, y por eso aterrizaste en pleno Mediterráneo, que las únicas olas que tenemos son las de las piscina de olas del Marineland, y sin tabla ni traje de ibuprofeno, ¿no?
C-Neopreno.
A- Perdón, es la costumbre.
C-No estoy diciendo que me quiera ir sin ti, sólo digo que necesito surfear.
A-Y yo lo entiendo, pero lo has dicho como si te quisieras librar de mí, como si yo no pudiera ir contigo, como si....
En este momento, Craig, que es un verdadero príncipe Azul, sonrió, me dio con un trapo de cocina en el trasero, y discusión acabada.
Pero yo seguí dándole vueltas al asunto. El hombre es todavía menos organizado que yo. Es mucho más ordenado, pero no sería capaz de organizar una borrachera en una destilería, que así fue, precisamente, como Aldara se quedó sin ir a la Habana. Hay que decirle las cosas cuando los vuelos ya están comprados, las reservas de hotel hechas, y le queda media hora para hacer la maleta y cerrar la puerta con llave. Si no, olvídate de vacaciones. No les digo más, que el tío quería llegar a Madrid y ponerse a buscar hotel en fin de semana una vez allí. No es por entrar en tópicos, pero... ¿Se acuerdan de Cocodrilo Dundee? Pues el tío era un cosmopolita sofisticadísimo, en comparación con el australopiteco que me ha tocado a mí. No lleva cuchillo porque le dije que no hacía falta, que yo lo defendería si se metían con él por la calle, y que de todas maneras quién se iba a meter con un tío de sus dimensiones. (Tuve que convencerlo, eso sí).
4. De golpe de estado. Ayer, mientras buscaba alojamiento en Madrid, se me encendió una bombillita, que acabó en dos vuelos para Faro (punta sur de Portugal) y alojamiento reservado en un estudio para dos semanas, estas Navidades.
Si quiere surf, dale surf.
Eso sí, y ya he avisado: en pleno Diciembre (que dice que es el mejor mes, yo de eso no entiendo) olas no sé si habrá, pero lo que sí que no va a haber es temperatura ambiente, que se le va a encoger hasta el... alma. Que será el sur de Protugal, sí, pero sigue siendo el Atlántico, y el Atlántico, eso lo sé yo, es un océano frío.
Es que el tío se cree que todo lo que sea agua salada es como el Índico, con sus delfinitos por aquí, sus Nemos por allá y sus peces globo del más allá. Claro, así llegó a Barcelona y se encontró con el agua:
-Joder, no me extraña que Jesucristo caminara sobre el agua. Si esto parece una pista de baile, de tan llano que está.
Pues eso, que pasaremos Navidades y Fin de Año, si no viene el cuñao rebelde y decide quedarse y jod[CENSORED]nos la marrana, en el sur de Portugal. Él, con su tabla y su "traje de buzo" y yo, con mi guitarra y una libreta. A veces, hasta me da que lo hacemos a propósito, lo de hacer las cosas justo "del revés" (lo pongo entre comillas porque el el revés de lo que mi familia entiende por "del derecho", no por nada más) Primero vivimos juntos, luego nos vaos de viaje de bodas, y al final, si hemos sobrevivido a todas esas pruebas, las clasificatorias, las semifinales y la final, nos casamos.
5. De leve malestar. Hoy toca cena en casa de mis padres, y toca hablar de planes de boda, claro. Me siento tan Maruja que creo que me olvidaré conscientemente de sacarme las alpargatas para ir.
COSAS POR HACER:
1. Recordar poner zapatos antes de salir.
2. Mentalizarme de que la cena sólo es un momento del día, que no va a durar para siempre y que llegados a un punto de la noche, nos iremos.
3. Concentrar energías en punto de ida.
4. Comprar ropa nueva o buscar hojas de parra. (Solución de soplarle a la ropa para que se seque antes, descartada: en condición de fumadora empedernida dejaría ropa ahumada, no seca, y pulmones para el arrastre)
5. Buscar pasaporte. ¿Dónde estará?
6. Mirar en nevera o, en su defecto, en congelador.
1. De gloriosa anticipación de acontecimientos (otra vez). Mañana a estas horas estaremos volando hacia Madrid.
Madrid es EL sitio que siempre he querido ver y que, a pesar de haber pasado por allí mil quinientas setenta y nueve veces, nunca he visto.
Encontrar un sitio que no estuviera completo ha sido una obra de esas de los milagros de la Madre Naturaleza Hotelera. Ayer me pasé el día entero intentando dar con algún sitio donde quedara una habitación doble y, al parecer, todo el mundo ha dicho de ir a visitar Madrid en el mismo fin de semana que nosotros. Al final y después de no sé cuántas llamadas, me he hecho ya amiga íntima de toda la vida de un recepcionista, que ha conseguido hacernos un hueco. Creo que lo invitaré a un bocata calamares en la Castellana y todo.
2. Después de hacer reserva y colgar el teléfono (hace un rato) me he dado cuenta de un dato de interés e importancia sustanciales: no he puesto una lavadora desde el año 53, con lo que casi toda mi ropa está sucia, no se va a secar de aquí a mañana por la mañana y tendré que presentarme en la Ostréilian Émbasi con dos hojas de parra (una delante, otra detrás) y sendos cocos (ubicación obvia). Entonces me han entrado las prisas, los sudores fríos, el aturullamiento, me he estresado y he calculado posibilidades:
a) Me pongo a hacer lavadoras como si me hubiera metido tres rayas de cocaína y siete coca-colas.
b) Me revisto de un realismo sofisticado más adecuado a mi persona, asumo que poner lavadoras a estas alturas es ridículo y carente de utilidad y me siento a escribir. Ya iré esta tarde y me comparé ropa, o algo.
(¿He dicho yo eso? ¿Qué me está pasando? ¿Aún no he llegado a Madrid y ya me creo la Cibeles, la Chula Que Castiga, la Ministra de asuntos catalanes, qué, qué?)
3. De gloriosa anticipación de acontecimientos, otra vez y parte II.
El lunes, Craig y yo tuvimos una especie de discusión que se desarrolló del modo en que me dispongo a relatar:
C- Yo me voy a surfear, tú haz lo que quieras.
A- Pero si en Madrid NO hay playa, ¿Cuántas veces te tengo que poner la canción de los Refrescos pa que aprendas algo de cultura española? (con permiso y disculpas de la gente de Madrid. Aquí sí que hay playas, pero son una porquería, así que no pretendo ofender, ni nada de eso).
C-No, me refiero a otro día. Me voy a surfear. Alquilo un coche y me hago un viaje por el norte.
A- Ah, muy bien, y a mí, que me den, ¿no?
C- No. Te puedes venir conmigo.
A (Hombre, gracias, ¿A qué se debe tanto privilegio, me pregunto?) ... -Y de paso que estás allí, te buscas otra idiota que se quiera casar contigo.
C-Oye, te recuerdo que yo vine a España, ya hace casi cuatro años, para surfear.
A-Sí, claro, y por eso aterrizaste en pleno Mediterráneo, que las únicas olas que tenemos son las de las piscina de olas del Marineland, y sin tabla ni traje de ibuprofeno, ¿no?
C-Neopreno.
A- Perdón, es la costumbre.
C-No estoy diciendo que me quiera ir sin ti, sólo digo que necesito surfear.
A-Y yo lo entiendo, pero lo has dicho como si te quisieras librar de mí, como si yo no pudiera ir contigo, como si....
En este momento, Craig, que es un verdadero príncipe Azul, sonrió, me dio con un trapo de cocina en el trasero, y discusión acabada.
Pero yo seguí dándole vueltas al asunto. El hombre es todavía menos organizado que yo. Es mucho más ordenado, pero no sería capaz de organizar una borrachera en una destilería, que así fue, precisamente, como Aldara se quedó sin ir a la Habana. Hay que decirle las cosas cuando los vuelos ya están comprados, las reservas de hotel hechas, y le queda media hora para hacer la maleta y cerrar la puerta con llave. Si no, olvídate de vacaciones. No les digo más, que el tío quería llegar a Madrid y ponerse a buscar hotel en fin de semana una vez allí. No es por entrar en tópicos, pero... ¿Se acuerdan de Cocodrilo Dundee? Pues el tío era un cosmopolita sofisticadísimo, en comparación con el australopiteco que me ha tocado a mí. No lleva cuchillo porque le dije que no hacía falta, que yo lo defendería si se metían con él por la calle, y que de todas maneras quién se iba a meter con un tío de sus dimensiones. (Tuve que convencerlo, eso sí).
4. De golpe de estado. Ayer, mientras buscaba alojamiento en Madrid, se me encendió una bombillita, que acabó en dos vuelos para Faro (punta sur de Portugal) y alojamiento reservado en un estudio para dos semanas, estas Navidades.
Si quiere surf, dale surf.

Eso sí, y ya he avisado: en pleno Diciembre (que dice que es el mejor mes, yo de eso no entiendo) olas no sé si habrá, pero lo que sí que no va a haber es temperatura ambiente, que se le va a encoger hasta el... alma. Que será el sur de Protugal, sí, pero sigue siendo el Atlántico, y el Atlántico, eso lo sé yo, es un océano frío.
Es que el tío se cree que todo lo que sea agua salada es como el Índico, con sus delfinitos por aquí, sus Nemos por allá y sus peces globo del más allá. Claro, así llegó a Barcelona y se encontró con el agua:
-Joder, no me extraña que Jesucristo caminara sobre el agua. Si esto parece una pista de baile, de tan llano que está.
Pues eso, que pasaremos Navidades y Fin de Año, si no viene el cuñao rebelde y decide quedarse y jod[CENSORED]nos la marrana, en el sur de Portugal. Él, con su tabla y su "traje de buzo" y yo, con mi guitarra y una libreta. A veces, hasta me da que lo hacemos a propósito, lo de hacer las cosas justo "del revés" (lo pongo entre comillas porque el el revés de lo que mi familia entiende por "del derecho", no por nada más) Primero vivimos juntos, luego nos vaos de viaje de bodas, y al final, si hemos sobrevivido a todas esas pruebas, las clasificatorias, las semifinales y la final, nos casamos.
5. De leve malestar. Hoy toca cena en casa de mis padres, y toca hablar de planes de boda, claro. Me siento tan Maruja que creo que me olvidaré conscientemente de sacarme las alpargatas para ir.
COSAS POR HACER:
1. Recordar poner zapatos antes de salir.
2. Mentalizarme de que la cena sólo es un momento del día, que no va a durar para siempre y que llegados a un punto de la noche, nos iremos.
3. Concentrar energías en punto de ida.
4. Comprar ropa nueva o buscar hojas de parra. (Solución de soplarle a la ropa para que se seque antes, descartada: en condición de fumadora empedernida dejaría ropa ahumada, no seca, y pulmones para el arrastre)
5. Buscar pasaporte. ¿Dónde estará?
6. Mirar en nevera o, en su defecto, en congelador.
De obras otra vez.
Este post se lo dedico al "profe", que de novato me está demostrando tener bien poco. Se lo dedico porque es quien me ha enseñado, al cabo de ciento diez posts (que ahora son ciento once) a hacer todas esas cosillas que siempre quise hacer en el blog y que NUNCA TUVE EL TALENTO de hacer. Por algo he suspendido informática, no te creas...
Pues eso, te dedico el link (¿a que no te habían dedicado nunca un link, en tanto que link, así, de por si?) del dieciséis de Mayo, Como dos extraños (Milonga-tango, o viceversa. Según se mire) ... que fue donde más deseé saber hacer esto de los hipervínculos, y que ahora ya lo tiene. (la pega es que ahora habrá que mirarlo. El link lo he hecho al principio, así que no hacer falta leérselo. Es otro de esos "relatos", con comillas..)
¡Muchísimas gracias!
A.
(al cabo de un rato...)
He decidido que con un link no bastaba.
Ahí te va.
El claustro de profesores.
Pues eso, te dedico el link (¿a que no te habían dedicado nunca un link, en tanto que link, así, de por si?) del dieciséis de Mayo, Como dos extraños (Milonga-tango, o viceversa. Según se mire) ... que fue donde más deseé saber hacer esto de los hipervínculos, y que ahora ya lo tiene. (la pega es que ahora habrá que mirarlo. El link lo he hecho al principio, así que no hacer falta leérselo. Es otro de esos "relatos", con comillas..)
¡Muchísimas gracias!
A.
(al cabo de un rato...)
He decidido que con un link no bastaba.
Ahí te va.
El claustro de profesores.
El post ciento diez.
Este es mi post ciento diez.
No, no es que me haya quedado sin temas y tenga que recurrir a efemérides ni nada por el estilo. Es que al abrir internet esta mañana y ver la página de Google, me he dado cuenta de que han cumplido siete años (había dibujitos de trozos de tarta y demás) y he pensado en mi blog, en cuántos textos llevo publicados y esas cosas. Y este es el número ciento diez. Nada que celebrar, sólo es un dato.
Un dato que me hace pensar en otros datos de los que me dispongo a hacer inventario:
LLEVO CIENTO DIEZ POSTS Y....
1. Aún no he hecho ni la mitad de cosas que tenía por hacer. Pensé que escribirlas día a día me ayudaría a ponerlas en orden y es que no aprendo la lección: no pensar en tonterías.
2. Aún no he aprendido a hacer enlaces dentro del post. muchas veces me habría gustado poner un linquito de esos que le calcas y te sale una canción, directamente, o una página de otro sitio, u otro blog... Por favor, aquellos/as de ustedes que sepan hacerlo, díganme cómo (esto es un grito de socorro, a estas alturas del post ciento diez). Otras veces también me habría gustado hacer una de esas cosas a las que mi profesora de informática llama "bookmarks" y se queda tan ancha. (Para mí, un bookmark es un cacho cartón, a veces con dibujitos o propaganda, para que no te pierdas de página del libro que lees. En fin, para mí, a decir verdad, un bookmark siempre acaba siendo una tarjeta de metro gastada o una servilleta de papel de alguna cafetería)
Pues eso, que a veces también me gustaría hacer links a posts anteriores, porque hago muchas referencias a cosas que ya he escrito antes y no espero que todo el mundo se lo lea todo. Qué aburrimiento sería, dioses.
3. El primer diario que escribí y que aún conservo data de cuando yo tenía seis años. Tengo fotos de cuando tenía tres años con lápiz y papel, lo cual me hace pensar que quizá esto de escribir sea una necesidad fisiológica de mi carácter. Si me dicen algún día que sólo voy a poder hacer tres cosas para lo que me queda de vida, y que elija, sin duda serían escribir, tocar el piano y fumar. Estará bien o mal, pero ahí estoy, con mis no-virtudes y mis defectos. El hecho de hacer ver que soy profunda no limita en absoluto mi superficialidad.
Como decía, desde mi primer diario hasta que empecé a escribir este blog, he llenado cientos de libretas, algunas grandes, otras más pequeñas, tapas duras, tapas blandas, en castellano, algunas, y el resto en inglés, para que mis padres no entendieran lo que ponía, porque no quería esconder un diario bajo llave, pero tampoco quería que se enteraran de mis cosas. Con el tiempo he ido tirando libretas, haciendo selección, entre mudanzas y cambios de siglo, y cuando me enteré de la existencia de este pequeño rincón electrónico pensé que sería una buena idea escribir aquí, ya que los botoncitos me obligan a ordenar lo que escribo por fechas, y no ocupa estanterías.
Llevo años aprovechando mis diarios para hacerme planificaciones de las cosas que tengo por hacer, de modo que esto sólo es la versión electrónica de lo que había en mis libretas, llenas de listas de "cosas por hacer". Empecé por la necesidad de escribir, pero ahora me he hecho adicta al feedback, de alguna manera, y me encanta abrir el blog y ver que alguien me ha dejado comentarios. Me encanta que la gente me explique sus historias, historias que se parezcan a las mías, o historias donde reaccionan o reaccionarían de otra manera. Me encanta compartir trocitos de vida, de experiencias, de sabiduría, además de escribir. me encanta saber que a veces, lo que escribo llega a alguien. Y lo dejo aquí, o caeré en ciento diez tópicos que no vienen a cuento.
4. Hasta la fecha, sólo hay cuatro personas que me conocen en persona, que sepan que escribo este blog. Ninguna de ellas es familiar mío/a, pero las cuatro forman una parte muy importante de mi familia.
Son las cuatro personas que me escuchan, que nunca me juzgan y cuya existencia es un divino regalo no sólo para mí, sino para el mundo que las rodea. Son las cuatro personas que entienden mis devaneos, mis licencias literarias, mis arranques de rabia o de alegría, y que me toman con todo el buen humor y la paciencia del mundo, en pequeñas o grandes dosis.
COSAS POR HACER:
1. Seguir escribiendo, para no encontrarme un día teniendo que ir a buscar a la niña que llevo dentro. Para poder verla cada día como hasta ahora, ahí mismo, riéndose de mí.
No, no es que me haya quedado sin temas y tenga que recurrir a efemérides ni nada por el estilo. Es que al abrir internet esta mañana y ver la página de Google, me he dado cuenta de que han cumplido siete años (había dibujitos de trozos de tarta y demás) y he pensado en mi blog, en cuántos textos llevo publicados y esas cosas. Y este es el número ciento diez. Nada que celebrar, sólo es un dato.
Un dato que me hace pensar en otros datos de los que me dispongo a hacer inventario:
LLEVO CIENTO DIEZ POSTS Y....
1. Aún no he hecho ni la mitad de cosas que tenía por hacer. Pensé que escribirlas día a día me ayudaría a ponerlas en orden y es que no aprendo la lección: no pensar en tonterías.
2. Aún no he aprendido a hacer enlaces dentro del post. muchas veces me habría gustado poner un linquito de esos que le calcas y te sale una canción, directamente, o una página de otro sitio, u otro blog... Por favor, aquellos/as de ustedes que sepan hacerlo, díganme cómo (esto es un grito de socorro, a estas alturas del post ciento diez). Otras veces también me habría gustado hacer una de esas cosas a las que mi profesora de informática llama "bookmarks" y se queda tan ancha. (Para mí, un bookmark es un cacho cartón, a veces con dibujitos o propaganda, para que no te pierdas de página del libro que lees. En fin, para mí, a decir verdad, un bookmark siempre acaba siendo una tarjeta de metro gastada o una servilleta de papel de alguna cafetería)
Pues eso, que a veces también me gustaría hacer links a posts anteriores, porque hago muchas referencias a cosas que ya he escrito antes y no espero que todo el mundo se lo lea todo. Qué aburrimiento sería, dioses.
3. El primer diario que escribí y que aún conservo data de cuando yo tenía seis años. Tengo fotos de cuando tenía tres años con lápiz y papel, lo cual me hace pensar que quizá esto de escribir sea una necesidad fisiológica de mi carácter. Si me dicen algún día que sólo voy a poder hacer tres cosas para lo que me queda de vida, y que elija, sin duda serían escribir, tocar el piano y fumar. Estará bien o mal, pero ahí estoy, con mis no-virtudes y mis defectos. El hecho de hacer ver que soy profunda no limita en absoluto mi superficialidad.
Como decía, desde mi primer diario hasta que empecé a escribir este blog, he llenado cientos de libretas, algunas grandes, otras más pequeñas, tapas duras, tapas blandas, en castellano, algunas, y el resto en inglés, para que mis padres no entendieran lo que ponía, porque no quería esconder un diario bajo llave, pero tampoco quería que se enteraran de mis cosas. Con el tiempo he ido tirando libretas, haciendo selección, entre mudanzas y cambios de siglo, y cuando me enteré de la existencia de este pequeño rincón electrónico pensé que sería una buena idea escribir aquí, ya que los botoncitos me obligan a ordenar lo que escribo por fechas, y no ocupa estanterías.
Llevo años aprovechando mis diarios para hacerme planificaciones de las cosas que tengo por hacer, de modo que esto sólo es la versión electrónica de lo que había en mis libretas, llenas de listas de "cosas por hacer". Empecé por la necesidad de escribir, pero ahora me he hecho adicta al feedback, de alguna manera, y me encanta abrir el blog y ver que alguien me ha dejado comentarios. Me encanta que la gente me explique sus historias, historias que se parezcan a las mías, o historias donde reaccionan o reaccionarían de otra manera. Me encanta compartir trocitos de vida, de experiencias, de sabiduría, además de escribir. me encanta saber que a veces, lo que escribo llega a alguien. Y lo dejo aquí, o caeré en ciento diez tópicos que no vienen a cuento.
4. Hasta la fecha, sólo hay cuatro personas que me conocen en persona, que sepan que escribo este blog. Ninguna de ellas es familiar mío/a, pero las cuatro forman una parte muy importante de mi familia.
Son las cuatro personas que me escuchan, que nunca me juzgan y cuya existencia es un divino regalo no sólo para mí, sino para el mundo que las rodea. Son las cuatro personas que entienden mis devaneos, mis licencias literarias, mis arranques de rabia o de alegría, y que me toman con todo el buen humor y la paciencia del mundo, en pequeñas o grandes dosis.
COSAS POR HACER:
1. Seguir escribiendo, para no encontrarme un día teniendo que ir a buscar a la niña que llevo dentro. Para poder verla cada día como hasta ahora, ahí mismo, riéndose de mí.
L'elisir d'amore y los calamares a la Romana.
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(L'appuntamento. Ocean's Twelve OST)
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN.
1. Malo, por supuesto, porque es lunes. ¿Qué se esperaban? El lunes es como una mañana de veinticuatro horas antes de café.
2. De gozo y satisfacción ya que desde esta mañana soy, oficialmente, estudiante oficial de primer curso de italiano en la escuela oficial.
Lo de mirar mi nivel en la página web fue demasiado dificl, así que tuve que ir a preguntar:
-Es que yo ya sé algunas cosas de italiano, y no sé si tendría que ir a primero o a la prueba de nivel.
Y me dice la de información:
-Pero a ver, ¿tú sabes algo de italiano?
- Yo...sí, sí, por eso le preguntaba: Due pupile amabili m'hanno piegato il cuore, e se pietà non quiedo a quelle luci belle, per quelle si, per quelle, io moriro d'amor.
-¿Y eso qué quiere decir?
Y yo, al más puro estilo "tradumática power":
-Que dos pupilas amables me han doblado el corazón, y que aunque a tales bellas luces no pido piedad, por ellas, sí, por ellas moriré de amor.
-Pero hija mía, ¿y dónde se habla así en Italia?
-Ni puñetera idea, oiga. Eso pregúnteselo a Mozart, que lo aprendí de él. Tampoco es pa pedirle milagros, al tío, que era austríaco. Bastante hacía el pobre con componer sonetos. Pero si no le gusta la clásica me sé canciones de Nek de memoria, también. Que digo yo que para no tener que estudiar los cinco cursos... Que si Noa canta muiñeiras con carlos Nuñez, que a ver por qué yo no puedo entrar directamente en segundo.
Oficiales también han sido las visiones oníricas que he tenido esta noche de mis antepasados celtas y judíos, que venían a pegarme collejas por ir a aprender la lengua del enemigo. En fin... aprender la "lengua del enemigo" ha llevado a muchas cosas buenas a lo largo de la historia. Alguien, de entre tanto celta, tuvo que hablar latín, para poder firmar el armisticio, ¿no?
De todas maneras, los romanos ya no son lo que eran. Lo más poderoso que tienen ahora mismo los romanos, que yo sepa, son los calamares. Y los mejores calamares a la romana que he probado en mi vida, además, los hacen en un restaurante de carretera en un monte perdido entre Pontevedra y Ourense, así que supongo que si algún espíritu celta o judío va a ir a joderle la marrana a alguien (con perdón), irán primero allí.
3. De dolor digital. Me duelen los dedos de tanto morderme las uñas que ya no hay, que han sido sustituídas por unos padrastos tortuosos, y lo peor del caso es que no cuento con ayuda en casa debido a un problema de décalage terminológico, porque ayer se me saltaban las lágrimas, y me pregunta Craig:
-¿Qué te pasa?
Y le digo:
-I have a padrastro.
Y él:
-What?
Y yo:
-I have a step-father.
Y él:
-Shit! Y el tío que me hace probar cinco vinos diferentes cada vez que vamos a tu casa, ¿quién es?
Hay cosas intraducibles. Se pueden traducir por otras para que causen el mismo efecto (solución "traductora vendida"), o se pueden explicar en un pie de página (Solución "traductora fracasada"), pero no se pueden traducir, traducir, así lo que se dice en todas las letras, traducir. Bueno, sí, sí que se pueden traducir, pero "tengo una piel que me sale al lao de una uña que duele muchísimo" no es lo mismo que "padrastro".
En fin, lo del dolor digital viene de que aún no me han llamado de aquella escuela de inglés, y me muero, me muero, me muero ineludible y muy lentamente.
4. De preocupación porque me voy de vacaciones. Sí, preocupación y vacaciones en la misma frase. Es que, si Craig y yo no somos una pareja normal, ¿cómo van a serlo nuestras vacaciones? Hay gente que se va a Mallorca, a tostarse al sol, otra gente se va a la India, a explorar culturas exóticas, y nosotros nos vamos a MADRID, a la Embajada Australiana. No, no me malinterpreten, que en la Embajada no tienen hotel gratis para los australopitecos y familia añadida, no. Es que tenemos que ir a que le den uno de esos papeles que confirme, afirme y reafirme que Craig no tiene ninguna otra mujer por ahí, ni es separado pero no divorciado, ni nada de eso. Se llama certificado de no impedimento, o algo así. (Todos estos años evitando tener nada que ver con leyes para encontrar, de repente, toda mi vida colgando del hilo del derecho internacional civil. El acabóse). No, lo cierto es que no es el acabóse, es el continuóse, porque Craig ya fue una vez a Madrid a por el dichoso papel, pero no nos dijeron que caducaba a los tres meses.
(Ah, ¿ustedes tampoco lo sabían???? PERO, CÓMOOOOO??? Si lo tiene que saber todo el mundo! Pfuaaa.... En fin...)
Esta vez he decidido ir con él, estar tres o cuatro días y de paso hacer algo de turismo por Madrid y El Escorial, y explicarle nuestras vergüenzas (Me refiero al valle de los Caídos, no al Real Madrid, que yo no tengo ni puñetera idea de fútbol).
La preocupación por estas vacaciones viene de irme de vacaciones justo cuando empiezan todas las clases. Va a ser genial empezar el primer día estando aún en Madrid de vacaciones.
COSAS POR HACER:
1. Buscar libro de oraciones celtas para pedir perdón a antepasados.
2. Prepararme la clase particular de esta tarde, que siempre lo dejo para cuando ya ha venido el pobre chaval.
3. No pensar en calamares a la romana, que tripas hacer más ruido.
4. Adiestrar in-sectos sectáreos para que no se tiren dentro de la cafetera o enseñarles a nadar para que salgan, al menos. Si no puedes con ellos, edúcalos.
5. Empezar a repasar las cuatro cosas que sé de italiano. Es decir: las letras de la Pavone, Nek Zucchero y óperas varias ("Unaaa furtivaaaa laaacccrrrrimmaaaaa", etc.)
6. Dejar de fumar -tanto. Dejar de fumar tanto.
Incidente do Repolo do Carallo.
(NOTAS PREVIAS:
1. Este post viene del anterior.
2. Este post está escrito principalmente en castellano y, aunque haya cosas intraducibles -por miedo a que se queden "Lost in translation"-, intentaré que resulten perfectamente comprensibles. Lo prometo).
De mis veranos en Galicia, cuando ya vivía en Barcelona e iba a mi pueblo todas las vacaciones, podría escribir cien libros. Sólo con la descripción de los personajes autóctonos (pero sobre todo, "las" personajes) ya llenaría un volumen de esos de tapas duras, tamaño Quijote.
Bien, el caso es que todos los años, por las fiestas mayores (que, como ya expliqué en su día, coinciden con mi cumpleaños) la Tía Remedios organizaba unos manjares pantagruélicos en su casa de esos que empalmas comida con cena y si me apuran, desayuno del día siguiente (Igual ahora entienden un poco mejor aquel cuento que escribí en gallego acerca de cómo ocurrirá la Tercera Guerra Mundial)
La Tía Remedios no es mi tía. De hecho creo que propiamente dicho, sólo tiene una sobrina, como lo entiende el derecho civil, que se llama Iria. Iria y yo, que tenemos la misma edad, nos criamos juntas y fuimos siempre como hermanas.
El derecho consuetudinario gallego no entiende de derechos civiles ni "pollas en vinagre", como dicen en mi pueblo, así que a la buena Tía Remedios le han salido más sobrinos y sobrinas que a Anthony Quinn hijos ilegítimos. La Tía Remedios es quien heredó la cabecera de la mesa, lugar que previamente ocupó mi abuela. Explico todo esto para que sepan, si no conocen la cultura gallega, que funcionamos en base a una lista de férreos postulados matriarcales, en que hombre podría ocupar la cabecera de la mesa, físicamente hablando, pero nunca, en ningún supuesto de hecho, LA cabecera de la mesa.
También funcionamos como en el ejército: a la matriarca la verán enseguida: es esa mujer, entre todas las otras, que te mira y te acojonas de golpe, sin saber ni por qué, ni quién es. Una matriarca no entiende la palabra no, a pesar de lo bien que se le da pronunciarla. Una matriarca no dice: dictamina, u ordena. Eso sí, una matriarca SIEMPRE está ahí cuando necesitas algo, muchas veces incluso antes de que te des cuenta de que lo necesitas.
Pues bien, el caso es que allá por nuestros dieciséis años, día de fiesta mayor, "a Tía Remedios" nos pilla por banda a Iria y a mí y nos envía a la frutería del Ramiro, ya de buena mañana, diciéndonos que vayamos a recoger lo que ella ya había encargado para el cocido espectacular del mes. (Lo de "espectacular" lo he añadido yo, porque a las matriarcas, las ollas que te llegan a la cintura desde el suelo les parecen normales).
Y allá que nos vamos Iria y yo, aprendices de mujer sacrificada, aprendices de futura matriarca, aprendices de pilar de la cultura y la sociedad, aprendices de meiga, al bar América, por supuesto.
Ahí tengo que explicar que lo que pasaba era que cada vez que nos enviaban a un recado (que solía ser unas trescientas veces al día) nos hacíamos una visita al bar América, nos tomábamos un café o una coca-cola y nos echábamos el piti de rigor. Era el bar donde iba toda la gente de nuestra edad. Qué recuerdos, aquel bar América, donde me convertí en un hacha del billar, mientras sonaban los Héroes del Silencio por aquellos altavoces hechos polvo.
En fin, nos dieron las once de la mañana y decidimos que ya iba siendo hora de ir a la frutería (so pena de que apareciera la Tía Remedios por el bar con la escoba. Triste, pero no sorprendente, ya que no era la primera vez que sacaba a Iria de la discoteca por una oreja. Y no es licencia literaria, se lo aseguro).
Llegamos al Ramiro y había más cola que en la entrega de los Oscars. Mientras esperábamos íbamos hablando de nuestras cosas de adolescentes: "Qué ropa te vas a poner", "ay, no lo sé", "mira que si aparece Javier el jevi y nos ve en la frutería, qué horror", "pues anda que si aparece Ramón", "Qué Ramón", "el de la moto no, el jevi", "ah vale" " Jo, tía, qué guays son los jevis, que nos llevan a todas partes en moto, tía, qué buenos están"... Etcétera.
De repente, mis ojos topan de bruces con un repollo que aquello no era un repollo: Aquello, señoras y señores, era un planeta recién caído a esta nuestra Tierra, y para variar, caído en medio de Ourense, y no al lado de Texas, como de costumbre.
No podía apartar los ojos de aquel desmesurado vegetal. Aquello no podía ser verdad. Aquello me llegaba casi a la cadera, y estaba en el suelo.
Le di un codazo a Iria, señalándole con los ojos aquella obra monumental de la madre naturaleza. Iria, que ahora es maestra pero en aquella época no hacía mucha gala de ningún tipo de maestría, soltó un berrido que hizo girarse a todas las allí presentes.
-Me cago na cona, tía! Qué pedazo de berza, carallo!
Y yo me puse más roja que una remolacha, (válgame el ejemplo) porque si hay algo que te da vergüenza cuando eres adolescente es llamar la atención, a pesar de ser también el objetivo número uno de tu vida.
-Cala, tía, que te está a mirar todo dios- le susurré yo. Ella no podía parar de mirar aquel repollo y reírse. Tanto, que para cuando nos tocó el turno estábamos las dos llorando.
-Tía, imaxina a quen lle toque levar o repolo pola rúa, eu morro de vergoña, joder. (imagínate a quien le toque llevar el repollo por la calle, yo me muero de vergüenza).
-Xa ves...
Total, que nos toca el turno e Iria, secándose las lágrimas y sorbiéndose los mocos (dije APRENDIZ de mujer, no MUJER) le dice, muy diligentemente al Ramiro de la frutería transgénica:
-Veño polo encargo da Tía Remedios.
Y el Ramiro, con una sonrisa maquiavélica debajo del bigote:
-Pois xa podedes ter bós braciños, miñas nenas- y diciendo esto ladea la cabeza hacia el repollo elefantoide.
Y yo:
-Qué di, qué?
Y el bigote del Ramiro de la frutería de los horrores:
-Que digo que xa podedes cargar con él, que che está aquí.
Vamos, que El Repollo era "el encargo" de la Tía Remedios.
Se me pasaron unas cuantas cosas por la cabeza en cuestión de diez milésimas de segundo:
1. Está de broma.
2. No, no está de broma.
3. La Tía Remedios nos odia por aparecer en misa medio resacosas y comiéndonos un helado el otro día, y esta es su venganza.
4. Nos verán los jevis y nunca más querrán relacionarse con nosotras, ni por carta.
5. Esto va a ser el final de mi vida, nunca más podré volver a este pueblo.
6. Me suicido.
7. Me largo corriendo y aquí no ha pasado nada.
Después de montar el show del año, el Ramiro saca del almacén una especie de bandeja de cartón con una asa a cada lado y nos sugiere que llevemos al Repollo-asteroide entre las dos, que una sola no podrá con él. "¿Una sola" pensé yo, "Si no tenemos carnet de grúa".
Al cabo de veinte minutos, y por mucho que cueste de creer, Iria y yo íbamos por el medio exacto de la calle del bar América (no había otro camino para llegar a casa, a no ser que giráramos por Asturias o El Bierzo, en cuyo caso nos habríamos tenido que comer el Repollo por el camino so pena de morir de hambre, cual peregrinas en el "Camiño".) Iria y yo, asidas a sendas asas de la bandeja de cartón; yo, muerta de vergüenza, decidiendo si me reía o si lloraba, e Iria sin poder dejar de reírse, que no podía ni abrir los ojos.
Yo le digo:
-Iria, mira por donde vas, que imos caer co carallo do repolo, xa verás...
E Iria, sin dejar de reírse, me responde:
-Non podo, tía, non podo, é que estas cousas sólo nos pasan a nós, tía...
Justo en el momento en que pienso "qué puede ser peor que esto", mirando al repollo, que iba en la bandeja como si fuera el sillón de la reina que nunca se peina, va el muy [CENSORED]brón y "se peina, se peina". Y ya saben lo que le pasó a la reina que se peinó. Que se cayó, que fue exactamente lo que hizo el hij[C E N SO R E D]ta del repollo gigante. Se cayó hacia atrás y salió rodando calle abajo, e Iria y yo nos quedamos de idiotas agarrando aún la bandeja de cartón y mirándonos.
-Tía, o repolo do carallo saíu voando!- me grita Iria, como si yo no me hubiera dado cuenta de la diferencia de peso de la [CENSORED]uta bandeja.
Miro hacia delante y veo a todos los jevis en la puerta del bar América mirándonos divertidos, muy entretenidos.
Iria sale corriendo a la caza y captura del Über-Repollo más über jamás creado por la Madre Naturaleza, y yo detrás de Iria, para evitar que acabara muriendo atropellada por el coche que acababa de empezar a dar bocinazos para que apartáramos aquel bicho tremendo del medio de la carretera. Se había empezado a formar un atasco y todo, y la loca de Iria, delante de tamaño Repollo, riéndose tanto que no tenía fuerzas ni para ir dándole chutes hasta la acera.
Los jevis aplaudían con entusiasmo, para mi pasmo.
Al final logramos pillar al Repollo Mutante, volver hacia delante y al recuperar la caja comprobamos que ya no era completamente redondeado, sino más bien aplatanado.
(VALE, SI, YA DEJO LAS RIMAS ESTÚPIDAS, YA)
Para más INRI, aún nos cayó bronca de la Tía Remedios por llegar tan tarde y con un Repollo que parecía un meteorito, que casi le salía humo y todo.
-Pero Tía Remedios- argumentó Iria, cuya bocaza superaba con creces la mía, y ya es decir- si aínda hai repolo para tres xeneracións!
Casi nos castigan sin salir, por contestar.
Y he dicho casi, porque al final salimos. Vaya si salimos. Había que presentarse en sociedad para evitar traumas post-Repollo.
Resultó ser que habíamos tenido más espectadores de los que habíamos visto y que lo del repollo fue recibido con vítores y aplausos, "qué huevos tenéis", etcétera. Las reinas del pueblo, vamos. La última vez que fui allá, hace unos dos o tres años, aún había gente que se acordaba del "Repolo do Carallo".
1. Este post viene del anterior.
2. Este post está escrito principalmente en castellano y, aunque haya cosas intraducibles -por miedo a que se queden "Lost in translation"-, intentaré que resulten perfectamente comprensibles. Lo prometo).
De mis veranos en Galicia, cuando ya vivía en Barcelona e iba a mi pueblo todas las vacaciones, podría escribir cien libros. Sólo con la descripción de los personajes autóctonos (pero sobre todo, "las" personajes) ya llenaría un volumen de esos de tapas duras, tamaño Quijote.
Bien, el caso es que todos los años, por las fiestas mayores (que, como ya expliqué en su día, coinciden con mi cumpleaños) la Tía Remedios organizaba unos manjares pantagruélicos en su casa de esos que empalmas comida con cena y si me apuran, desayuno del día siguiente (Igual ahora entienden un poco mejor aquel cuento que escribí en gallego acerca de cómo ocurrirá la Tercera Guerra Mundial)
La Tía Remedios no es mi tía. De hecho creo que propiamente dicho, sólo tiene una sobrina, como lo entiende el derecho civil, que se llama Iria. Iria y yo, que tenemos la misma edad, nos criamos juntas y fuimos siempre como hermanas.
El derecho consuetudinario gallego no entiende de derechos civiles ni "pollas en vinagre", como dicen en mi pueblo, así que a la buena Tía Remedios le han salido más sobrinos y sobrinas que a Anthony Quinn hijos ilegítimos. La Tía Remedios es quien heredó la cabecera de la mesa, lugar que previamente ocupó mi abuela. Explico todo esto para que sepan, si no conocen la cultura gallega, que funcionamos en base a una lista de férreos postulados matriarcales, en que hombre podría ocupar la cabecera de la mesa, físicamente hablando, pero nunca, en ningún supuesto de hecho, LA cabecera de la mesa.
También funcionamos como en el ejército: a la matriarca la verán enseguida: es esa mujer, entre todas las otras, que te mira y te acojonas de golpe, sin saber ni por qué, ni quién es. Una matriarca no entiende la palabra no, a pesar de lo bien que se le da pronunciarla. Una matriarca no dice: dictamina, u ordena. Eso sí, una matriarca SIEMPRE está ahí cuando necesitas algo, muchas veces incluso antes de que te des cuenta de que lo necesitas.
Pues bien, el caso es que allá por nuestros dieciséis años, día de fiesta mayor, "a Tía Remedios" nos pilla por banda a Iria y a mí y nos envía a la frutería del Ramiro, ya de buena mañana, diciéndonos que vayamos a recoger lo que ella ya había encargado para el cocido espectacular del mes. (Lo de "espectacular" lo he añadido yo, porque a las matriarcas, las ollas que te llegan a la cintura desde el suelo les parecen normales).
Y allá que nos vamos Iria y yo, aprendices de mujer sacrificada, aprendices de futura matriarca, aprendices de pilar de la cultura y la sociedad, aprendices de meiga, al bar América, por supuesto.
Ahí tengo que explicar que lo que pasaba era que cada vez que nos enviaban a un recado (que solía ser unas trescientas veces al día) nos hacíamos una visita al bar América, nos tomábamos un café o una coca-cola y nos echábamos el piti de rigor. Era el bar donde iba toda la gente de nuestra edad. Qué recuerdos, aquel bar América, donde me convertí en un hacha del billar, mientras sonaban los Héroes del Silencio por aquellos altavoces hechos polvo.
En fin, nos dieron las once de la mañana y decidimos que ya iba siendo hora de ir a la frutería (so pena de que apareciera la Tía Remedios por el bar con la escoba. Triste, pero no sorprendente, ya que no era la primera vez que sacaba a Iria de la discoteca por una oreja. Y no es licencia literaria, se lo aseguro).
Llegamos al Ramiro y había más cola que en la entrega de los Oscars. Mientras esperábamos íbamos hablando de nuestras cosas de adolescentes: "Qué ropa te vas a poner", "ay, no lo sé", "mira que si aparece Javier el jevi y nos ve en la frutería, qué horror", "pues anda que si aparece Ramón", "Qué Ramón", "el de la moto no, el jevi", "ah vale" " Jo, tía, qué guays son los jevis, que nos llevan a todas partes en moto, tía, qué buenos están"... Etcétera.
De repente, mis ojos topan de bruces con un repollo que aquello no era un repollo: Aquello, señoras y señores, era un planeta recién caído a esta nuestra Tierra, y para variar, caído en medio de Ourense, y no al lado de Texas, como de costumbre.
No podía apartar los ojos de aquel desmesurado vegetal. Aquello no podía ser verdad. Aquello me llegaba casi a la cadera, y estaba en el suelo.
Le di un codazo a Iria, señalándole con los ojos aquella obra monumental de la madre naturaleza. Iria, que ahora es maestra pero en aquella época no hacía mucha gala de ningún tipo de maestría, soltó un berrido que hizo girarse a todas las allí presentes.
-Me cago na cona, tía! Qué pedazo de berza, carallo!
Y yo me puse más roja que una remolacha, (válgame el ejemplo) porque si hay algo que te da vergüenza cuando eres adolescente es llamar la atención, a pesar de ser también el objetivo número uno de tu vida.
-Cala, tía, que te está a mirar todo dios- le susurré yo. Ella no podía parar de mirar aquel repollo y reírse. Tanto, que para cuando nos tocó el turno estábamos las dos llorando.
-Tía, imaxina a quen lle toque levar o repolo pola rúa, eu morro de vergoña, joder. (imagínate a quien le toque llevar el repollo por la calle, yo me muero de vergüenza).
-Xa ves...
Total, que nos toca el turno e Iria, secándose las lágrimas y sorbiéndose los mocos (dije APRENDIZ de mujer, no MUJER) le dice, muy diligentemente al Ramiro de la frutería transgénica:
-Veño polo encargo da Tía Remedios.
Y el Ramiro, con una sonrisa maquiavélica debajo del bigote:
-Pois xa podedes ter bós braciños, miñas nenas- y diciendo esto ladea la cabeza hacia el repollo elefantoide.
Y yo:
-Qué di, qué?
Y el bigote del Ramiro de la frutería de los horrores:
-Que digo que xa podedes cargar con él, que che está aquí.
Vamos, que El Repollo era "el encargo" de la Tía Remedios.
Se me pasaron unas cuantas cosas por la cabeza en cuestión de diez milésimas de segundo:
1. Está de broma.
2. No, no está de broma.
3. La Tía Remedios nos odia por aparecer en misa medio resacosas y comiéndonos un helado el otro día, y esta es su venganza.
4. Nos verán los jevis y nunca más querrán relacionarse con nosotras, ni por carta.
5. Esto va a ser el final de mi vida, nunca más podré volver a este pueblo.
6. Me suicido.
7. Me largo corriendo y aquí no ha pasado nada.
Después de montar el show del año, el Ramiro saca del almacén una especie de bandeja de cartón con una asa a cada lado y nos sugiere que llevemos al Repollo-asteroide entre las dos, que una sola no podrá con él. "¿Una sola" pensé yo, "Si no tenemos carnet de grúa".
Al cabo de veinte minutos, y por mucho que cueste de creer, Iria y yo íbamos por el medio exacto de la calle del bar América (no había otro camino para llegar a casa, a no ser que giráramos por Asturias o El Bierzo, en cuyo caso nos habríamos tenido que comer el Repollo por el camino so pena de morir de hambre, cual peregrinas en el "Camiño".) Iria y yo, asidas a sendas asas de la bandeja de cartón; yo, muerta de vergüenza, decidiendo si me reía o si lloraba, e Iria sin poder dejar de reírse, que no podía ni abrir los ojos.
Yo le digo:
-Iria, mira por donde vas, que imos caer co carallo do repolo, xa verás...
E Iria, sin dejar de reírse, me responde:
-Non podo, tía, non podo, é que estas cousas sólo nos pasan a nós, tía...
Justo en el momento en que pienso "qué puede ser peor que esto", mirando al repollo, que iba en la bandeja como si fuera el sillón de la reina que nunca se peina, va el muy [CENSORED]brón y "se peina, se peina". Y ya saben lo que le pasó a la reina que se peinó. Que se cayó, que fue exactamente lo que hizo el hij[C E N SO R E D]ta del repollo gigante. Se cayó hacia atrás y salió rodando calle abajo, e Iria y yo nos quedamos de idiotas agarrando aún la bandeja de cartón y mirándonos.
-Tía, o repolo do carallo saíu voando!- me grita Iria, como si yo no me hubiera dado cuenta de la diferencia de peso de la [CENSORED]uta bandeja.
Miro hacia delante y veo a todos los jevis en la puerta del bar América mirándonos divertidos, muy entretenidos.
Iria sale corriendo a la caza y captura del Über-Repollo más über jamás creado por la Madre Naturaleza, y yo detrás de Iria, para evitar que acabara muriendo atropellada por el coche que acababa de empezar a dar bocinazos para que apartáramos aquel bicho tremendo del medio de la carretera. Se había empezado a formar un atasco y todo, y la loca de Iria, delante de tamaño Repollo, riéndose tanto que no tenía fuerzas ni para ir dándole chutes hasta la acera.
Los jevis aplaudían con entusiasmo, para mi pasmo.
Al final logramos pillar al Repollo Mutante, volver hacia delante y al recuperar la caja comprobamos que ya no era completamente redondeado, sino más bien aplatanado.
(VALE, SI, YA DEJO LAS RIMAS ESTÚPIDAS, YA)
Para más INRI, aún nos cayó bronca de la Tía Remedios por llegar tan tarde y con un Repollo que parecía un meteorito, que casi le salía humo y todo.
-Pero Tía Remedios- argumentó Iria, cuya bocaza superaba con creces la mía, y ya es decir- si aínda hai repolo para tres xeneracións!
Casi nos castigan sin salir, por contestar.
Y he dicho casi, porque al final salimos. Vaya si salimos. Había que presentarse en sociedad para evitar traumas post-Repollo.
Resultó ser que habíamos tenido más espectadores de los que habíamos visto y que lo del repollo fue recibido con vítores y aplausos, "qué huevos tenéis", etcétera. Las reinas del pueblo, vamos. La última vez que fui allá, hace unos dos o tres años, aún había gente que se acordaba del "Repolo do Carallo".
Sunless Sunday.
Ya estoy preparada (aunque "disfrazada" es un retrato más fidedigno de la realidad) para ir al gimnasio. Me he puesto mi chandal marca Mix (es decir, pantalones de un conjunto, camiseta autónoma y chaqueta de otro) y mis bambas (en el resto de España creo que se llaman "tenis") de nueve euros. No me digan, que por nueve euros, quien no tiene bambas es porque... No sé por qué. Porque no se las ha comprado, supongo. En fin, el caso es que me he mirado al espejo, con todo el conjunto "megadeportivo-eneryáising".
......
He tenido que respirar hondo un par de veces y he logrado contar hasta seis, que ya es más de lo que aguanta mi madre, que nunca en su vida ha tenido suficiente paciencia como para llegar ni al cinco.
Luego se me han pasado algunas cosas por la cabeza.
1. Va a ser un camino laaaargo y doloroooooso, el de Aldaraville a Croftland. Creo que me saldría más barato llamar a una clínica de esas de cirugías chungas, que me lo arrebañen todo con una pala, (que luego monto una fábrica de jabón, como en El club de la Lucha, y me forro, oigan) que todas las cuotas de gimnasio que voy a tener que pagar de aquí a parecerme ni remotamente a una versión fea de la Jolie.
-¡Mira mamá, una pelota gigante de esas de yoga!
Y la madre:
-Que no, Jordi, que es una SEÑORA.... jeje, perdónelo, que las criaturas, ya se sabe...
Y yo:
-No, si, qué me va a contar a mí, que soy igual de subnormal y maleducada que su hijo, oiga. La diferencia es que mi madre es mucho más guapa que usted y no tiene barba. Hala, a los buenos días, disfruten de la piscina, que la pelota gigante ya se va, y mire que el niño intente mantener la boquita cerrada, pa variar, a ver si le va a tragar agua y se le va a ahogar.
2. Soy incapaz de salir a la calle un domingo por la mañana con chandal. Si tuviera carro de la compra, laca para el pelo y unos tacones marrones, ya sería el no va más.
-Mira, Eusebio, esa chica, tan jovencica la pobre y ya va con chandal los domingos... Igual tiene uno de esos alemanes en casa que le esconden las cosas, como tu tía Virginia, la de Motilla...
-¿Pero qué dices, Francisca, qué aleman?
-Sí hombre, el Alzéimeren ese.
3. Me veo exactamente igual que cuando tenía catorce años. No, no me malinterpreten, que no va por el camino de "joven, piel tersa y más fresca que una lechuga", la cosa. Me refiero a igual de torpe y antimorbo que a los catorce. Ese pensamiento me ha llevado inmediatamente después a acordarme de lo que bautizamos como "Incidente do repolo do carallo" (Incidente del puto repollo, cuando lo explicábamos en castellano) que, como se ha puesto a llover, va ir al gimnasio Rita la Deportiva, y yo me quedo aquí narrando los hecho que dieron pie a tal desastroso acontecimiento. En el post siguiente.
......

He tenido que respirar hondo un par de veces y he logrado contar hasta seis, que ya es más de lo que aguanta mi madre, que nunca en su vida ha tenido suficiente paciencia como para llegar ni al cinco.
Luego se me han pasado algunas cosas por la cabeza.
1. Va a ser un camino laaaargo y doloroooooso, el de Aldaraville a Croftland. Creo que me saldría más barato llamar a una clínica de esas de cirugías chungas, que me lo arrebañen todo con una pala, (que luego monto una fábrica de jabón, como en El club de la Lucha, y me forro, oigan) que todas las cuotas de gimnasio que voy a tener que pagar de aquí a parecerme ni remotamente a una versión fea de la Jolie.
-¡Mira mamá, una pelota gigante de esas de yoga!
Y la madre:
-Que no, Jordi, que es una SEÑORA.... jeje, perdónelo, que las criaturas, ya se sabe...
Y yo:
-No, si, qué me va a contar a mí, que soy igual de subnormal y maleducada que su hijo, oiga. La diferencia es que mi madre es mucho más guapa que usted y no tiene barba. Hala, a los buenos días, disfruten de la piscina, que la pelota gigante ya se va, y mire que el niño intente mantener la boquita cerrada, pa variar, a ver si le va a tragar agua y se le va a ahogar.
2. Soy incapaz de salir a la calle un domingo por la mañana con chandal. Si tuviera carro de la compra, laca para el pelo y unos tacones marrones, ya sería el no va más.
-Mira, Eusebio, esa chica, tan jovencica la pobre y ya va con chandal los domingos... Igual tiene uno de esos alemanes en casa que le esconden las cosas, como tu tía Virginia, la de Motilla...
-¿Pero qué dices, Francisca, qué aleman?
-Sí hombre, el Alzéimeren ese.
3. Me veo exactamente igual que cuando tenía catorce años. No, no me malinterpreten, que no va por el camino de "joven, piel tersa y más fresca que una lechuga", la cosa. Me refiero a igual de torpe y antimorbo que a los catorce. Ese pensamiento me ha llevado inmediatamente después a acordarme de lo que bautizamos como "Incidente do repolo do carallo" (Incidente del puto repollo, cuando lo explicábamos en castellano) que, como se ha puesto a llover, va ir al gimnasio Rita la Deportiva, y yo me quedo aquí narrando los hecho que dieron pie a tal desastroso acontecimiento. En el post siguiente.
¿Nirvana, eres tú?
"Antes morir que dejar de presumir"
( Mujercitas, de Louise May Alcott.)
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Pre-catártico. Mañana, domingo y re-festivo porque estamos de fiestas mayores en Barcelona, mis ovarios y yo hemos decidido que empezaremos a ir al gimnasio. ¿Por qué un domingo por la mañana, y encima de fiestas? Por dos motivos:
a) Estará más vacío que el departamento de tabaquismo de mi ambulatorio, que por no estar, no están ni los del mostrador, que siempre están en la puerta echándose el piti. (Me estoy yendo del tema, me estoy yendo del tema...) Así tendré la sau... digo, las cintas de correr y las máquinas esas de pedalear a lo hámster para mí sola. Lara Croft. Piensa en Lara Croft. Piensa en brazos de músculos largos y más duros que la barra de cuarto que tengo colgada en la cocina desde la cena de fin de año.
b) Porque si consigo ir en un domingo re-festivo por la mañana, "The sky's the limit", como dicen por ahí. Tendré fuerza de voluntad para ir en cualquier momento. De todas maneras, en cuanto el monitor o la monitora que me asignen me vea, me dará un pase de esos "Express", como en Port Aventura, al grito de "dejen que se suba este esperpento, por Dios, que lo necesita más que ustedes" y me haré famosa en el lugar, pero no por mi alegría ni bondad. (Acabáramos). Voy a ser la Abeja Maya más cabreada y más járcor del gimnasio. He dicho.
Y es que ya lo dicen por ahí, también: No pain, no loss. (¿No? ¿No era eso?).
De una cosa estoy convencida. No me sentiré bien hasta que sea la primera persona ingresada en cuidados intensivos por unas agujetas. Sin catarsis dolorosa no hay Nirvana de las narices que valga.
2. De gloriosa anticipación de acontecimientos. Resulta que no hace mucho, y por pura casualidad, acabé preinscribiéndome para empezar italiano en la Escuela Oficial de Idiomas. No pensé, ni por un momento, que mi número fuera a salir (hay tanta gente que se quiere matricular, que te cogen por sorteo). El otro día vino Sacarina a casa y se metió en la web para ver si la habían cogido para francés, que resultó ser que no, y -también- de pura casualidad, me acordé de mi preinscripción y miré si había salido mi número. Y sí. Y no sólo había salido, sino que había salido en el primer grupo de números, lo cual significa que hasta puedo elegir horario y todo. Ya ven. Monto un circo y me crecen los enanos; ahora voy a tener que ir y todo.
El caso es que sí que me hace ilusión ir, fíjense.
3. De gloriosa anticipación de acontecimientos, parte II. La entrevista de ayer fue muy bien. Me gustó la filosofía del centro, me gustó la organización, el sueldo, las condiciones... y los juguetes. Tienen muchísimos juguetes, y si me dan el puesto podré jugar, además, porque me tocará el grupo de los minicacachuetes (pre-escolares)
Al salir, intenté componerme y rebuscar en el baúl de los recuerdos, a ver si quedaba algo de dignidad, porque deseaba tanto que me llamaran que me podría haber subido a cualquier farola de un salto, de los nervios que llevaba encima.
"La semana que viene, te llamarán la semana que viene".
Aquí tengo que darles un consejo. Por muy hábiles que se crean, no intenten cruzar la calle, llamar a Sacarina para quedar e intentar dejar de pensar a mil revoluciones por nanosegundo "quemellamenquemellamenquemellamen" todo a la vez. Es fácil que les pase lo que me pasó a mí, que casi muero atropellada por un ¡SEAT PANDA!
Que me atropellen pase; le puede pasar a cualquiera, pero, ¿un Seat Panda? Dioses, ¿cómo explico yo eso luego, a las amistades, a la familia? ¿Se lo imaginan?
Los de la ambulancia, entrándome en camilla por puerta de urgencias (a lo Michael Crichton, pero sin Doctor Bollycao Carter):
-Hembra blanca de veintiocho años con hemorragia interna y conmoción cerebral por impacto contra Seat Panda.
Y la doctora:
-¿Qué? ¿Seat Panda? ¡¡¡¡¡Virgen del Perpétuo Socorrooooo!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡JUaaaaaaaaJaJaJaJa JaJaJa!!!!!
Y los de la ambulacia, a la doctora:
-Rosa, ¿estás bien? Que si no la atiendes rápido la sacamos de aquí con los pies por delante.
-No, sí, sí, estoy bien, ya me calm... ¡Seat Panda, Juaaaajajajajajajajajaja, yo es que me paaaaaartoooo! Aitor, saca la cámara, que a la mameluca esta hay que hacerle fotos, jajajaja....
Y Aitor, el residente de guardia:
-¿Es la de Seat Panda? Jajajajajaja, ahora voy, ahora voy, jajajaja
Comprenderán que con mi caché, ahora que soy traductora famosa, no me puedo permitir estos devaneos, que los paparazzis guardan las fotos en archivos, y cada vez que se publicara un libro, ahí saldría mi foto, medio inconsciente y sangrando cual gorrino en Diciembre (que es mes de matanza en mi pueblo) y la doctora y el Aitor, descojonaos de la risa, haciendo el signo de la victoria con los dedos. Y en el pie de página:
"Más cutre y no nace".
Si me tiene que atropellar algo, que me atropelle un Audi A8, de esos con calefacción dentro de los asientos y equipo de música de cagarse, que pertenece a la misma empresa pero queda muchísimo mejor. Entraría triunfal, por la puerta grande, y hasta pediría adrenalina pulficshion, de esa que te clavan a lo bonzo en todo el esternón, para mantenerme despierta para la foto. Qué leches.
En fin, y disculpen la digresión, que ríome yo de la Celestina. El caso es que después del susto (por lo feo que era el coche, no sólo porque me fuera a atropellar) cobré conciencia de que tenía que mantener la mente despejada y dejar de pensar en si me llamarían o no.
Al cabo de un cuarto de hora casi tiro a una abuela a la vía del metro.
-¡Niña! ¡¡¿Eres idiota o no miras por dónde vas, coño ya con la juventud que nos ha tocao!?!
Y yo:
"Quemellamenquemellamenquemellamen, si viene el metro antes de que cuente hasta diez, es que me van a llamar... Bueno no, hasta veinte..."
Y así me he pasado, ahora mismo va a hacer veinticuatro horas.
"Si saco más de 1800 puntos en esta partida de solitario es que me van a llamar".
"Si me toca de misión conquistar Europa y Australia es que me van a llamar".
"Si Macgaiber viene cuando le llamo es que no me van a llamar".
Si esto no es catarsis, díganme qué puede serlo. Sólo por el sinvivir en el que vivo, tendrían que llamarme y darme el puesto ahora mismito.
-Ring
-¿Sí?
-Hola, te hemos oído pensar desde aquí, y para ayudarte a dejar de ser tan sumamente patética hemos decidido darte el puesto. Empiezas la semana que viene. A partir de ahora, intenta pensar más bajo, leñe.
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COSAS POR HACER:
1. Acordarme de limpiar el teclado CON EL ORDENADOR APAGADO.
2. Dejar de pensar en si me llamarán o no. Si me llaman, ya me llamaran. (Y si no, les llamo yo).
3. En serio, dejar de pensarlo pero que YA.
4. Controlar las cantidades de café que me tomo, que a su vez ayudará a controlar las cantidades de gilipollez de las que hago alarde.
5. Dejar de una vez la comida china. He dejado el chino de abajo, sí, pero sólo para cambiarlo por el "chino de abajo" de donde vive Sacarina. Es un paso hacia adelante, sin duda. Si se mira desde donde vivo hacia el Tibidabo, quiero decir.
6. Fijar metas: Hablar italiano, parecer versión vitaminada y acolagénica de Lara Croft. Muy positivo, muy positivo.
7. Dejar de mirar con alevosía el bote de helado de nata y nueces que hay en el congelador; no aconsejable en aras de conseguir punto núm. 6. No pain, no loss, no pain, no loss...
(¿Me llamarán? Ya vale, ya vale. Basta.)
( Mujercitas, de Louise May Alcott.)
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Pre-catártico. Mañana, domingo y re-festivo porque estamos de fiestas mayores en Barcelona, mis ovarios y yo hemos decidido que empezaremos a ir al gimnasio. ¿Por qué un domingo por la mañana, y encima de fiestas? Por dos motivos:
a) Estará más vacío que el departamento de tabaquismo de mi ambulatorio, que por no estar, no están ni los del mostrador, que siempre están en la puerta echándose el piti. (Me estoy yendo del tema, me estoy yendo del tema...) Así tendré la sau... digo, las cintas de correr y las máquinas esas de pedalear a lo hámster para mí sola. Lara Croft. Piensa en Lara Croft. Piensa en brazos de músculos largos y más duros que la barra de cuarto que tengo colgada en la cocina desde la cena de fin de año.
b) Porque si consigo ir en un domingo re-festivo por la mañana, "The sky's the limit", como dicen por ahí. Tendré fuerza de voluntad para ir en cualquier momento. De todas maneras, en cuanto el monitor o la monitora que me asignen me vea, me dará un pase de esos "Express", como en Port Aventura, al grito de "dejen que se suba este esperpento, por Dios, que lo necesita más que ustedes" y me haré famosa en el lugar, pero no por mi alegría ni bondad. (Acabáramos). Voy a ser la Abeja Maya más cabreada y más járcor del gimnasio. He dicho.

Y es que ya lo dicen por ahí, también: No pain, no loss. (¿No? ¿No era eso?).
De una cosa estoy convencida. No me sentiré bien hasta que sea la primera persona ingresada en cuidados intensivos por unas agujetas. Sin catarsis dolorosa no hay Nirvana de las narices que valga.
2. De gloriosa anticipación de acontecimientos. Resulta que no hace mucho, y por pura casualidad, acabé preinscribiéndome para empezar italiano en la Escuela Oficial de Idiomas. No pensé, ni por un momento, que mi número fuera a salir (hay tanta gente que se quiere matricular, que te cogen por sorteo). El otro día vino Sacarina a casa y se metió en la web para ver si la habían cogido para francés, que resultó ser que no, y -también- de pura casualidad, me acordé de mi preinscripción y miré si había salido mi número. Y sí. Y no sólo había salido, sino que había salido en el primer grupo de números, lo cual significa que hasta puedo elegir horario y todo. Ya ven. Monto un circo y me crecen los enanos; ahora voy a tener que ir y todo.
El caso es que sí que me hace ilusión ir, fíjense.
3. De gloriosa anticipación de acontecimientos, parte II. La entrevista de ayer fue muy bien. Me gustó la filosofía del centro, me gustó la organización, el sueldo, las condiciones... y los juguetes. Tienen muchísimos juguetes, y si me dan el puesto podré jugar, además, porque me tocará el grupo de los minicacachuetes (pre-escolares)
Al salir, intenté componerme y rebuscar en el baúl de los recuerdos, a ver si quedaba algo de dignidad, porque deseaba tanto que me llamaran que me podría haber subido a cualquier farola de un salto, de los nervios que llevaba encima.
"La semana que viene, te llamarán la semana que viene".
Aquí tengo que darles un consejo. Por muy hábiles que se crean, no intenten cruzar la calle, llamar a Sacarina para quedar e intentar dejar de pensar a mil revoluciones por nanosegundo "quemellamenquemellamenquemellamen" todo a la vez. Es fácil que les pase lo que me pasó a mí, que casi muero atropellada por un ¡SEAT PANDA!
Que me atropellen pase; le puede pasar a cualquiera, pero, ¿un Seat Panda? Dioses, ¿cómo explico yo eso luego, a las amistades, a la familia? ¿Se lo imaginan?
Los de la ambulancia, entrándome en camilla por puerta de urgencias (a lo Michael Crichton, pero sin Doctor Bollycao Carter):
-Hembra blanca de veintiocho años con hemorragia interna y conmoción cerebral por impacto contra Seat Panda.
Y la doctora:
-¿Qué? ¿Seat Panda? ¡¡¡¡¡Virgen del Perpétuo Socorrooooo!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡JUaaaaaaaaJaJaJaJa JaJaJa!!!!!
Y los de la ambulacia, a la doctora:
-Rosa, ¿estás bien? Que si no la atiendes rápido la sacamos de aquí con los pies por delante.
-No, sí, sí, estoy bien, ya me calm... ¡Seat Panda, Juaaaajajajajajajajajaja, yo es que me paaaaaartoooo! Aitor, saca la cámara, que a la mameluca esta hay que hacerle fotos, jajajaja....
Y Aitor, el residente de guardia:
-¿Es la de Seat Panda? Jajajajajaja, ahora voy, ahora voy, jajajaja
Comprenderán que con mi caché, ahora que soy traductora famosa, no me puedo permitir estos devaneos, que los paparazzis guardan las fotos en archivos, y cada vez que se publicara un libro, ahí saldría mi foto, medio inconsciente y sangrando cual gorrino en Diciembre (que es mes de matanza en mi pueblo) y la doctora y el Aitor, descojonaos de la risa, haciendo el signo de la victoria con los dedos. Y en el pie de página:
"Más cutre y no nace".
Si me tiene que atropellar algo, que me atropelle un Audi A8, de esos con calefacción dentro de los asientos y equipo de música de cagarse, que pertenece a la misma empresa pero queda muchísimo mejor. Entraría triunfal, por la puerta grande, y hasta pediría adrenalina pulficshion, de esa que te clavan a lo bonzo en todo el esternón, para mantenerme despierta para la foto. Qué leches.
En fin, y disculpen la digresión, que ríome yo de la Celestina. El caso es que después del susto (por lo feo que era el coche, no sólo porque me fuera a atropellar) cobré conciencia de que tenía que mantener la mente despejada y dejar de pensar en si me llamarían o no.
Al cabo de un cuarto de hora casi tiro a una abuela a la vía del metro.
-¡Niña! ¡¡¿Eres idiota o no miras por dónde vas, coño ya con la juventud que nos ha tocao!?!
Y yo:
"Quemellamenquemellamenquemellamen, si viene el metro antes de que cuente hasta diez, es que me van a llamar... Bueno no, hasta veinte..."
Y así me he pasado, ahora mismo va a hacer veinticuatro horas.
"Si saco más de 1800 puntos en esta partida de solitario es que me van a llamar".
"Si me toca de misión conquistar Europa y Australia es que me van a llamar".
"Si Macgaiber viene cuando le llamo es que no me van a llamar".
Si esto no es catarsis, díganme qué puede serlo. Sólo por el sinvivir en el que vivo, tendrían que llamarme y darme el puesto ahora mismito.
-Ring
-¿Sí?
-Hola, te hemos oído pensar desde aquí, y para ayudarte a dejar de ser tan sumamente patética hemos decidido darte el puesto. Empiezas la semana que viene. A partir de ahora, intenta pensar más bajo, leñe.
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COSAS POR HACER:
1. Acordarme de limpiar el teclado CON EL ORDENADOR APAGADO.
2. Dejar de pensar en si me llamarán o no. Si me llaman, ya me llamaran. (Y si no, les llamo yo).
3. En serio, dejar de pensarlo pero que YA.
4. Controlar las cantidades de café que me tomo, que a su vez ayudará a controlar las cantidades de gilipollez de las que hago alarde.
5. Dejar de una vez la comida china. He dejado el chino de abajo, sí, pero sólo para cambiarlo por el "chino de abajo" de donde vive Sacarina. Es un paso hacia adelante, sin duda. Si se mira desde donde vivo hacia el Tibidabo, quiero decir.
6. Fijar metas: Hablar italiano, parecer versión vitaminada y acolagénica de Lara Croft. Muy positivo, muy positivo.
7. Dejar de mirar con alevosía el bote de helado de nata y nueces que hay en el congelador; no aconsejable en aras de conseguir punto núm. 6. No pain, no loss, no pain, no loss...
(¿Me llamarán? Ya vale, ya vale. Basta.)
Ravalear - ravaler - rawaling - ravalejar.
Janis Joplin Destartalada ravalea su fantasía hacia el lugar de la entrevista de trabajo, un viernes por la mañana.
El Raval es el lado oscuro de todos los lados oscuros del mundo, concentrados en apenas un par de quilómetros cuadrados (aunque no me hagan caso con las medidas, que ya saben lo negada que soy para los números), dentro de Barcelona.
El Raval es una especie de alter-mundo donde conviven gentes de todas clases, condiciones y características.
Podría coger el metro o el autobús. Podría ir Paral·lel hacia arriba, girar a la derecha en la Ronda Sant Pau, hasta Sant Antoni y luego Villarroel. Pero... caminar un sinfín de metros aburridos, cruzándose con turistas aburridos, turistas borrachas o de resaca, y gente del montón, cuando tiene la oportunidad de seguir la senda de su querido Lado Oscuro? Nunca.
Los pasos la llevan, pasando por un callejón de carismático y constante cambio de olores, hacia la Rambla del Raval, más conocida como "Rambla de les Lamentacions", porque siempre está atestada de hombres hindúes descalzos, sentados en la hierba, quejándose de una cosa o de otra.
Antes de llegar allí ya se ha cruzado con una buena veintena de gentes pobrísimas de países inimaginables, tres prostitutas de úteros apenas desarrollados, cinco o seis drogadictos/as de caminar pesado hacia el dispensario de metadona de Drassanes (¿qué estarían haciendo allí de buena mañana, si no lo abren hasta las ocho?) , dos prostitutas de rancio abolengo, tres camellos adolescentes, dos niñas con sari y bambas de marca, cinco niños de cinco colores diferentes, jugando con cien canicas de cien colores diferentes y una estampida de criaturas en bicicleta. Uno muy pequeñito se desprende torpemente de la estampida y va a caer justo encima de ella con bicicleta y todo. Ella le ayuda a levantarse, y aquellos ojos enormes le dedican una sonrisa de más de cien millones de euros, musitan cuantas palabras en urdu y se vuelven a enganchar al manillar y, segundos después, a la estampida.
Sonríe. Ojalá se los encuentre cada día. Ojalá haya ojos que la miren así todas las mañanas, con ese "Buf, ¿qué ha pasado?" ingénuo y sorprendido, escrito en ellos.
Y llega a la Rambla del Raval, la Rambla de las Lamentaciones, La Rambla del Kebab, donde está ubicada la mejor baba de toda la ciudad, donde se sirven los mejores kebabs, y se topa con un grupo de intelectuales snobs, otro de prostitutas feas, un sinfín de marujas que parecen haber nacido ya con cincuenta años, perro feísimo y alpargatas aún más feas que éste (perro), que van apareciendo en su campo de visión como si aquello fuera alguna pantalla dificil de superar de algún juego de la Playstation.
Hoy hay fiesta en la Rambla del Kebab. La ciudad entera está de fiesta, pregúntenselo a todas las Mercès y Mercedes de Barcelona. Hay un grupo de payasos y una muchedumbre de criaturas con ojos, alma y bracitos literalmente estucados al escenario.
Los payasos y payasas, subidos en un escenario montado para la ocasión, hablan en un catalán que no entiendo ni yo.
Los niños y las niñas hindúes y de otros colores los miran como desde otro planeta, y ella se pregunta en qué deben de estar pensando, mientras en su CD portátil suenan The Ziggens y las letras se confunden con las cabecitas de pelo negro, lacio y tieso como la caña.
Deben de estar pensando, "qué dirán, el grupo de patéticos mal vestidos estos...." Pero no, porque a veces dejan escapar unas risillas, señal de que el lenguaje que entienden las criaturas es universal, como la música, como el amor, como...
Como el sonido que acaba de oir. Suena como suele sonar un perro tan mequetrefe como feo cuando le pisan la cola... Se quita un auricular, mira para abajo y efectivamente... uno de los perros más horripilantes de la historia mundial de la existencia perruna le está pegando unos ladridos tan desorbitados que, desde su metro setenta y cinco, le puede ver el páncreas al puñetero bicho.
El bicho, claro está, va seguido, irrefutablemente, de otro bicho peor: una de las Marujas tipo uno de pantalla de Playstation.
"¿Corro? ¿Me enfrento?" Y la inmundicia hecha can, allá, sin moverse, y ella de pie frente a "aquello". No duró más que un segundo, hasta que la dueña ( Maruja tipo uno y, a su vez, bicho número dos) viene gritando Rambla arriba:
-A vé si míra por ande vá, cohóne, pobresito Sandocán! Que ejque soi tós úno drogaísto, que vái to borrácho y no mirái por ande ponéi lo pié!- berrea, mientras avanza galopando hacia ella con todo su tonelaje.
"¿Ha dicho Sandokán?¿A ESTO le llama Sandokán?" piensa, y no puede evitar sonreir. Reirse, vamos. Y para su propia sorpresa, o quizá porque tiene tiempo de sobras, se agacha a hablar con aquel bicho que parece una chufa estrujada más que un... un ¿qué? Un... otra cosa.
-¿Sando-can? Te llamas Sando-can?- le pregunta.
El perro la mira con cara de pocos amigos, enseñando los siete palillos gastados que tiene por dientes, así como diciendo:
"Mira nen, 'metokelowebo ke no arrepondo de mi fuersa".
-Sí, definitivamente eres un perro algo garrulo. Si fueras humano, estarías tuneando el coche, en vez de aguantar a la pelmaza esa que viene por ahí. En fin, ha sido un placer- le dice, mientras le acaricia el lomo- Pero me voy antes de que alguien se quite una alpargata que debe de oler peor que tú y me dé con ella en la cabeza. Charming to meet you, darling.
Y allí los deja, y piensa que quizá ahora le den un bonus point, pero no ve ningún "SAVE TO MEMORY CARD", y se da cuenta de que divaga, y sigue caminando, escuchando a los Ziggens.
Desde la Rambla del Kebab y las Lamentaciones hasta la escuela de inglés aún topa con un par de parejas de turistas fuera de órbita, de esos que te vienen a preguntar sosteniendo un mapa ininteligible (hasta que, o te das cuenta de que estaba en sueco, o se dan ellos cuenta de que lo miraban del revés) y de tropecientas Marujas tipo dos, a todas luces diferenciables de las del tipo uno porque llevan zapatos en vez de alpargatas (horribles, pero zapatos) llevan marido en vez de perro (marido probablemente más feo que perro, pero humanoide en cualquier caso). Básica diferencia entre Marido en Maruja tipo dos y Perro en Maruja tipo uno es que perro caga, mea y lo huele todo y marido escupe, eructa y huele. Mal, huele mal).
Al cruzar la Ronda Sant Antoni en la esquina con Villarroel, todo ese mundo de colorido, vida intensa y olores exóticos desaparece, como un bosque denso que de repente se convierte en arena de playa.
Al final consigue llegar al sitio y le abre la puerta un hombre inglés de unos cuarenta y pico años, que le pregunta, amable y educadamente como manda la Santa Tradición Victoriana:
-¿Has llegado sin dificultades?
Y ella, con una sonrisa cómplice hacia si misma, le responde:
-Sí. Ha sido un paseo.
El Raval es el lado oscuro de todos los lados oscuros del mundo, concentrados en apenas un par de quilómetros cuadrados (aunque no me hagan caso con las medidas, que ya saben lo negada que soy para los números), dentro de Barcelona.
El Raval es una especie de alter-mundo donde conviven gentes de todas clases, condiciones y características.
Podría coger el metro o el autobús. Podría ir Paral·lel hacia arriba, girar a la derecha en la Ronda Sant Pau, hasta Sant Antoni y luego Villarroel. Pero... caminar un sinfín de metros aburridos, cruzándose con turistas aburridos, turistas borrachas o de resaca, y gente del montón, cuando tiene la oportunidad de seguir la senda de su querido Lado Oscuro? Nunca.
Los pasos la llevan, pasando por un callejón de carismático y constante cambio de olores, hacia la Rambla del Raval, más conocida como "Rambla de les Lamentacions", porque siempre está atestada de hombres hindúes descalzos, sentados en la hierba, quejándose de una cosa o de otra.
Antes de llegar allí ya se ha cruzado con una buena veintena de gentes pobrísimas de países inimaginables, tres prostitutas de úteros apenas desarrollados, cinco o seis drogadictos/as de caminar pesado hacia el dispensario de metadona de Drassanes (¿qué estarían haciendo allí de buena mañana, si no lo abren hasta las ocho?) , dos prostitutas de rancio abolengo, tres camellos adolescentes, dos niñas con sari y bambas de marca, cinco niños de cinco colores diferentes, jugando con cien canicas de cien colores diferentes y una estampida de criaturas en bicicleta. Uno muy pequeñito se desprende torpemente de la estampida y va a caer justo encima de ella con bicicleta y todo. Ella le ayuda a levantarse, y aquellos ojos enormes le dedican una sonrisa de más de cien millones de euros, musitan cuantas palabras en urdu y se vuelven a enganchar al manillar y, segundos después, a la estampida.
Sonríe. Ojalá se los encuentre cada día. Ojalá haya ojos que la miren así todas las mañanas, con ese "Buf, ¿qué ha pasado?" ingénuo y sorprendido, escrito en ellos.
Y llega a la Rambla del Raval, la Rambla de las Lamentaciones, La Rambla del Kebab, donde está ubicada la mejor baba de toda la ciudad, donde se sirven los mejores kebabs, y se topa con un grupo de intelectuales snobs, otro de prostitutas feas, un sinfín de marujas que parecen haber nacido ya con cincuenta años, perro feísimo y alpargatas aún más feas que éste (perro), que van apareciendo en su campo de visión como si aquello fuera alguna pantalla dificil de superar de algún juego de la Playstation.
Hoy hay fiesta en la Rambla del Kebab. La ciudad entera está de fiesta, pregúntenselo a todas las Mercès y Mercedes de Barcelona. Hay un grupo de payasos y una muchedumbre de criaturas con ojos, alma y bracitos literalmente estucados al escenario.
Los payasos y payasas, subidos en un escenario montado para la ocasión, hablan en un catalán que no entiendo ni yo.
Los niños y las niñas hindúes y de otros colores los miran como desde otro planeta, y ella se pregunta en qué deben de estar pensando, mientras en su CD portátil suenan The Ziggens y las letras se confunden con las cabecitas de pelo negro, lacio y tieso como la caña.
Deben de estar pensando, "qué dirán, el grupo de patéticos mal vestidos estos...." Pero no, porque a veces dejan escapar unas risillas, señal de que el lenguaje que entienden las criaturas es universal, como la música, como el amor, como...
Como el sonido que acaba de oir. Suena como suele sonar un perro tan mequetrefe como feo cuando le pisan la cola... Se quita un auricular, mira para abajo y efectivamente... uno de los perros más horripilantes de la historia mundial de la existencia perruna le está pegando unos ladridos tan desorbitados que, desde su metro setenta y cinco, le puede ver el páncreas al puñetero bicho.
El bicho, claro está, va seguido, irrefutablemente, de otro bicho peor: una de las Marujas tipo uno de pantalla de Playstation.
"¿Corro? ¿Me enfrento?" Y la inmundicia hecha can, allá, sin moverse, y ella de pie frente a "aquello". No duró más que un segundo, hasta que la dueña ( Maruja tipo uno y, a su vez, bicho número dos) viene gritando Rambla arriba:
-A vé si míra por ande vá, cohóne, pobresito Sandocán! Que ejque soi tós úno drogaísto, que vái to borrácho y no mirái por ande ponéi lo pié!- berrea, mientras avanza galopando hacia ella con todo su tonelaje.
"¿Ha dicho Sandokán?¿A ESTO le llama Sandokán?" piensa, y no puede evitar sonreir. Reirse, vamos. Y para su propia sorpresa, o quizá porque tiene tiempo de sobras, se agacha a hablar con aquel bicho que parece una chufa estrujada más que un... un ¿qué? Un... otra cosa.
-¿Sando-can? Te llamas Sando-can?- le pregunta.
El perro la mira con cara de pocos amigos, enseñando los siete palillos gastados que tiene por dientes, así como diciendo:
"Mira nen, 'metokelowebo ke no arrepondo de mi fuersa".
-Sí, definitivamente eres un perro algo garrulo. Si fueras humano, estarías tuneando el coche, en vez de aguantar a la pelmaza esa que viene por ahí. En fin, ha sido un placer- le dice, mientras le acaricia el lomo- Pero me voy antes de que alguien se quite una alpargata que debe de oler peor que tú y me dé con ella en la cabeza. Charming to meet you, darling.
Y allí los deja, y piensa que quizá ahora le den un bonus point, pero no ve ningún "SAVE TO MEMORY CARD", y se da cuenta de que divaga, y sigue caminando, escuchando a los Ziggens.
Desde la Rambla del Kebab y las Lamentaciones hasta la escuela de inglés aún topa con un par de parejas de turistas fuera de órbita, de esos que te vienen a preguntar sosteniendo un mapa ininteligible (hasta que, o te das cuenta de que estaba en sueco, o se dan ellos cuenta de que lo miraban del revés) y de tropecientas Marujas tipo dos, a todas luces diferenciables de las del tipo uno porque llevan zapatos en vez de alpargatas (horribles, pero zapatos) llevan marido en vez de perro (marido probablemente más feo que perro, pero humanoide en cualquier caso). Básica diferencia entre Marido en Maruja tipo dos y Perro en Maruja tipo uno es que perro caga, mea y lo huele todo y marido escupe, eructa y huele. Mal, huele mal).
Al cruzar la Ronda Sant Antoni en la esquina con Villarroel, todo ese mundo de colorido, vida intensa y olores exóticos desaparece, como un bosque denso que de repente se convierte en arena de playa.
Al final consigue llegar al sitio y le abre la puerta un hombre inglés de unos cuarenta y pico años, que le pregunta, amable y educadamente como manda la Santa Tradición Victoriana:
-¿Has llegado sin dificultades?
Y ella, con una sonrisa cómplice hacia si misma, le responde:
-Sí. Ha sido un paseo.
Me and Bobby Mcgee. (Post bilingüe).
"Busted flat in Baton Rouge, waiting for a train
And I's feeling nearly as faded as my jeans.
Bobby thumbed a diesel down just before it rained,
It rode us all the way to New Orleans..."
Se levanta de la silla a mirar por la ventana, sin mucho ánimo, con la velocidad de quien sabe que ni la ventana va a ir a ninguna parte, ni ella tampoco. Lleva días estancada, entre todo lo que tiene que hacer y una inexplicable voluntad férrea de no hacer nada que la lleva al más mortal de todos los tedios.
Es una Janis Joplin destartalada, amante apasionada de su trabajo, su Bobby McGee particular, al que nadie más parece amar del mismo modo... Al menos, no últimamente. Pero claro, su Bobby McGee particular es un trabajo marginal, casi mal visto y peor pagado. Así que sigue envuelta en ese eterno papel de chicle, con el "sigue buscando" escrito, despidiendo un olor a manzana ácida desde hace días. ¿O semanas? Con el tiempo, el olor a manzana se ha ido disipando entre el aburrimiento y el hastío, y cada vez huele más a ácido a secas.
Sus escarceos intentando buscar un sitio decente donde llevarse a su Bobby McGee la han llevado al temor, al deseo, al nerviosismo y a la frustración. No quiere decir demasiado por no perder demasiado, pero lo cierto es que no tiene nada y por lo tanto, nada que perder tampoco.
"I pulled my harpoon out of my dirty red bandanna,
I was playing soft while Bobby sang the blues.
Windshield wipers slapping time, I was holding Bobby's hand in mine,
We sang every song that driver knew."
Secuestra al inalámbrico de su cuna eléctrica y se dispone a empezar a llamar a todos esos números nuevos, como el conductor de autobús que arranca para seguir la misma trayectoria de siempre. Con esperanza, con cansancio, con el humor algo agriado por la repetición. Su pasión yace ahí, en las estanterías, entre tantos libros de inglés, diccionarios, novelas y fotocopias. Entre juegos, dibujos dedicados por letras inocentes, primerizas y la esperanza de cambiar su pequeña parcela de mundo. Ella y Bobby McGee, su amor, sus ideas descarriadas que suelen funcionar bastante bien, sus convencimientos y sus principios.
"Freedom is just another word for nothing left to lose,
Nothing don't mean nothing honey if it ain't free, now now.
And feeling good was easy, Lord, when he sang the blues,
You know feeling good was good enough for me,
Good enough for me and my Bobby McGee."
-¿Diga?- responde una voz bastante seca.
-Buenos días, ¿eres Susan?- le dice.
-Sí.- responde, añadiendo un gramo de sequedad a la sequedad primera.
-Hola, Susan, llamo por el anuncio que habéis puesto.- le responde ella, como si lo de la sequedad no fuera con ella.
-¿Eres nativa?- responde la sequedad hecha voz.
-No, pero mi nivel de inglés sí.- afirma ella, intentando mantener el tipo. Después de todo, no está mintiendo. ¿Qué hay de aquel "hacerse valer", si no?
-¿No eres nativa?- insiste una lámina de papel de lija humana, desde el otro lado del hilo telefónico.
-No.- repite ella, haciendo un último esfuerzo por tragarse el orgullo y la impertinencia. "Don't bite the hand that feeds you", se repite mientras el inalámbrico empieza a resbalarle de la mano izquierda, que ha decidido ponerse a sudar.
-Pues no interesa, lo siento- dice el papel de lija de British Quality 100%. Va a colgar; se nota que está a punto de colgar, pero ella no está a punto de colgar. Ella aún tiene un montón de cosas por decir; cosas que se ha estado guardando unos cuantos años; cosas que no ha dicho por no perder... ¿No perder qué? No tiene nada que perder, y eso lleva, inexorable y felizmente, a la libertad de decir lo que le dé la gana.
"From the Kentucky coal mines to the California sun,
Hey, Bobby shared the secrets of my soul.
Through all kinds of weather, through everything that we done,
Hey Bobby baby kept me from the cold."
Enseñar inglés ha sido la lección más provechosa de su vida. De todos los trabajos por los que ha tenido que pasar, la clase siempre fue el escenario más sublime. Enseñar le ha enseñado, le ha hecho crecer, la ha rescatado del final mediocre y sin sentido por el que se había caído años atrás. Dondequiera que hubiera criaturas, orejitas inquietas, grupos de piernecitas enroscadas en el suelo, allá estaba ella con su guitarra, enseñándoles canciones, contando cuentos, haciendo preguntas, respondiendo a otras, compartiendo un tiempo precioso y cambiando algo de las vidas de aquellas cabecitas pensantes.
"One day up near Salinas, Lord, I let him slip away,
He's looking for that home and I hope he finds it,
But I'd trade all of my tomorrows for one single yesterday
To be holding Bobby's body next to mine."
Llegada a aquel punto sin retorno de la conversación, tenía dos opciones: bajar las orejas, mascullar alguna fórmula para despedirse que no sonara a nada y colgar, o echarle valor y defender sus creencias.
"Si me callo, me voy a seguir callando para siempre, y si no hago que me escuchen, obviamente no me van a escuchar por iniciativa propia. Con el tiempo, iré perdiendo las razones para levantarme por la mañana. Y un día, me despertaré arrepentida y me moriré arrepentida, y mediocre. Mediocre, por cobarde. Mediocre, que equivale a no haber hecho las cosas que tenía que hacer, las cosas que vine a hacer a este mundo. De eso nada." Piensa velozmente.
"Freedom is just another word for nothing left to lose..."
-Hey, hang on a second- le espeta, de repente, a la tal Susan de papel de lija de algún barrio maloliente de las afueras de Londres -You're writing me off and all you know about me is what my passport DOESN'T say. You're gonna have to excuse me there, honey, and I don't know whether you're a teacher yourself or not, but this is the way I see it. The way I see it, I'm sick and tired of having to lie in order to get a crap, underpaid, filthy sad job. The way I see it, there's much more to being a good teacher than whatever it says on your passport, and I don't care whether you wanna consider me for this position or not, at this stage. All I know is that I'm amazed at all the natives I've met who couldn't teach a single lesson if their lives depended on it. So there you go. I can speak English and, damn, can I teach. Don't you doubt it.
Se hace un silencio de papel de lija al otro lado. Sandpaper Susan debe de estar pensando, o soplándose las uñas que se acaba de pintar.
-Have you got any experience with kids?- le dice, seguramente tratando de pasar por alto el hecho de que "el acento de la candidata" es americano y no inglés (a los ingleses les repatea el acento americano, y a las inglesas lo mismo, aunque lo disimulan todavía peor).
-Big time. You would know if you took the time to read my resume, which doesn't seem to be an issue here, due to the fact that you haven't even asked me about my qualifications.
-Oh, yes, well, you see, we did consider, indeed, that being native was the main requirement... however, in your particular case... Where did you learn English?- le grazna, con ese acento inglés exagerado, marcado, subrayado, en negrita y cursiva. Sandpaper está siendo condescendiente. Ella sabe que Susan Sandpaper lo está haciendo a propósito, como diciendo "nosotros los colonizamos, a esa recua de indígenas".
-In the States.- Responde ella, como diciendo "vosotros los colonizásteis, pero son vuestros hijos. Un día se independizaron, "they gave you the middle finger" y siglos después llegué yo con doce años y una maleta al JFK. La guerra de la Independencia no fue culpa mía. Sólo te pido coherencia, chata".
-Oh, well, yes, hehe, evidently- rebuzna-grazna-pía Sandpaper Susan, que había hecho la pregunta por decir algo que la mantuviera a flote. - You know what?- prosiguió, como quien se pega la hostia padre desfilando en la pasarela Cibeles, se levanta y sigue andando como si nada.
-What.- dice Janis Joplin Destartalada, más recompuesta que nunca.
-Send us your resume, and we'll talk about it.-
Como si Sandpaper acabara de llegar al medio de Darfur en un helicóptero de las UN y ella fuera una víctima de los violadores integristas. Acabáramos.
"La la la, la la la la, la la la, la la la la
La la la la la Bobby McGee..."
-I will, count on it, but I am not interested in the position anymore. I'll send it so that you see what you missed. Have a nice day.
Y entonces cuelga. Cuelga ella, antes que la condesa de Fuckupshire tenga tiempo de arremeter contra ella o diga que lo siente pero que seguirán discriminando (nueva tendencia muy de moda en Londres).
"Lord, I'm calling my lover, calling my man,
I said I'm calling my lover just the best I can..."
Mete al inalámbrico de vuelta en su cuna electrónica, y de repente lo ve claro. Cueste lo que cueste, lo va a hacer a su manera. Puede hacer cualquier otra tarea en la que ni crea ni le vaya la vida, sólo por ganar dinero. Pero esta no. Ésta es, sin duda, el amor de su vida, y no está dispuesta a dejarla olvidada, desperdigada por las estanterías de un piso de alquiler del que ni se acordará, dentro de unos años. Ésta es de las de "hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes".
Al cabo de unas horas, y como sonando desde el cielo, el inalámbrico llora. Se ha despertado.
-¿Diga?- pregunta ella.
-Hola, te llamo porque he recibido un mail tuyo con tu currículum y estamos interesados en que vengas a hacer una entrevista... ¿Mañana podrías?- dice una voz de hombre inglés. Es otro sitio. Un sitio diferente al cochambroso negocio del que formaba parte aquella Susan Sandpaper.
Quizá un buen sitio donde llevarse a vivir a su Bobby Mcgee particular y transferible.
"Mañana", sonríe.
"C'mon, where is Bobby now, where is Bobby McGee, yeah!"
And I's feeling nearly as faded as my jeans.
Bobby thumbed a diesel down just before it rained,
It rode us all the way to New Orleans..."
Se levanta de la silla a mirar por la ventana, sin mucho ánimo, con la velocidad de quien sabe que ni la ventana va a ir a ninguna parte, ni ella tampoco. Lleva días estancada, entre todo lo que tiene que hacer y una inexplicable voluntad férrea de no hacer nada que la lleva al más mortal de todos los tedios.
Es una Janis Joplin destartalada, amante apasionada de su trabajo, su Bobby McGee particular, al que nadie más parece amar del mismo modo... Al menos, no últimamente. Pero claro, su Bobby McGee particular es un trabajo marginal, casi mal visto y peor pagado. Así que sigue envuelta en ese eterno papel de chicle, con el "sigue buscando" escrito, despidiendo un olor a manzana ácida desde hace días. ¿O semanas? Con el tiempo, el olor a manzana se ha ido disipando entre el aburrimiento y el hastío, y cada vez huele más a ácido a secas.
Sus escarceos intentando buscar un sitio decente donde llevarse a su Bobby McGee la han llevado al temor, al deseo, al nerviosismo y a la frustración. No quiere decir demasiado por no perder demasiado, pero lo cierto es que no tiene nada y por lo tanto, nada que perder tampoco.
"I pulled my harpoon out of my dirty red bandanna,
I was playing soft while Bobby sang the blues.
Windshield wipers slapping time, I was holding Bobby's hand in mine,
We sang every song that driver knew."
Secuestra al inalámbrico de su cuna eléctrica y se dispone a empezar a llamar a todos esos números nuevos, como el conductor de autobús que arranca para seguir la misma trayectoria de siempre. Con esperanza, con cansancio, con el humor algo agriado por la repetición. Su pasión yace ahí, en las estanterías, entre tantos libros de inglés, diccionarios, novelas y fotocopias. Entre juegos, dibujos dedicados por letras inocentes, primerizas y la esperanza de cambiar su pequeña parcela de mundo. Ella y Bobby McGee, su amor, sus ideas descarriadas que suelen funcionar bastante bien, sus convencimientos y sus principios.
"Freedom is just another word for nothing left to lose,
Nothing don't mean nothing honey if it ain't free, now now.
And feeling good was easy, Lord, when he sang the blues,
You know feeling good was good enough for me,
Good enough for me and my Bobby McGee."
-¿Diga?- responde una voz bastante seca.
-Buenos días, ¿eres Susan?- le dice.
-Sí.- responde, añadiendo un gramo de sequedad a la sequedad primera.
-Hola, Susan, llamo por el anuncio que habéis puesto.- le responde ella, como si lo de la sequedad no fuera con ella.
-¿Eres nativa?- responde la sequedad hecha voz.
-No, pero mi nivel de inglés sí.- afirma ella, intentando mantener el tipo. Después de todo, no está mintiendo. ¿Qué hay de aquel "hacerse valer", si no?
-¿No eres nativa?- insiste una lámina de papel de lija humana, desde el otro lado del hilo telefónico.
-No.- repite ella, haciendo un último esfuerzo por tragarse el orgullo y la impertinencia. "Don't bite the hand that feeds you", se repite mientras el inalámbrico empieza a resbalarle de la mano izquierda, que ha decidido ponerse a sudar.
-Pues no interesa, lo siento- dice el papel de lija de British Quality 100%. Va a colgar; se nota que está a punto de colgar, pero ella no está a punto de colgar. Ella aún tiene un montón de cosas por decir; cosas que se ha estado guardando unos cuantos años; cosas que no ha dicho por no perder... ¿No perder qué? No tiene nada que perder, y eso lleva, inexorable y felizmente, a la libertad de decir lo que le dé la gana.
"From the Kentucky coal mines to the California sun,
Hey, Bobby shared the secrets of my soul.
Through all kinds of weather, through everything that we done,
Hey Bobby baby kept me from the cold."
Enseñar inglés ha sido la lección más provechosa de su vida. De todos los trabajos por los que ha tenido que pasar, la clase siempre fue el escenario más sublime. Enseñar le ha enseñado, le ha hecho crecer, la ha rescatado del final mediocre y sin sentido por el que se había caído años atrás. Dondequiera que hubiera criaturas, orejitas inquietas, grupos de piernecitas enroscadas en el suelo, allá estaba ella con su guitarra, enseñándoles canciones, contando cuentos, haciendo preguntas, respondiendo a otras, compartiendo un tiempo precioso y cambiando algo de las vidas de aquellas cabecitas pensantes.
"One day up near Salinas, Lord, I let him slip away,
He's looking for that home and I hope he finds it,
But I'd trade all of my tomorrows for one single yesterday
To be holding Bobby's body next to mine."
Llegada a aquel punto sin retorno de la conversación, tenía dos opciones: bajar las orejas, mascullar alguna fórmula para despedirse que no sonara a nada y colgar, o echarle valor y defender sus creencias.
"Si me callo, me voy a seguir callando para siempre, y si no hago que me escuchen, obviamente no me van a escuchar por iniciativa propia. Con el tiempo, iré perdiendo las razones para levantarme por la mañana. Y un día, me despertaré arrepentida y me moriré arrepentida, y mediocre. Mediocre, por cobarde. Mediocre, que equivale a no haber hecho las cosas que tenía que hacer, las cosas que vine a hacer a este mundo. De eso nada." Piensa velozmente.
"Freedom is just another word for nothing left to lose..."
-Hey, hang on a second- le espeta, de repente, a la tal Susan de papel de lija de algún barrio maloliente de las afueras de Londres -You're writing me off and all you know about me is what my passport DOESN'T say. You're gonna have to excuse me there, honey, and I don't know whether you're a teacher yourself or not, but this is the way I see it. The way I see it, I'm sick and tired of having to lie in order to get a crap, underpaid, filthy sad job. The way I see it, there's much more to being a good teacher than whatever it says on your passport, and I don't care whether you wanna consider me for this position or not, at this stage. All I know is that I'm amazed at all the natives I've met who couldn't teach a single lesson if their lives depended on it. So there you go. I can speak English and, damn, can I teach. Don't you doubt it.
Se hace un silencio de papel de lija al otro lado. Sandpaper Susan debe de estar pensando, o soplándose las uñas que se acaba de pintar.
-Have you got any experience with kids?- le dice, seguramente tratando de pasar por alto el hecho de que "el acento de la candidata" es americano y no inglés (a los ingleses les repatea el acento americano, y a las inglesas lo mismo, aunque lo disimulan todavía peor).
-Big time. You would know if you took the time to read my resume, which doesn't seem to be an issue here, due to the fact that you haven't even asked me about my qualifications.
-Oh, yes, well, you see, we did consider, indeed, that being native was the main requirement... however, in your particular case... Where did you learn English?- le grazna, con ese acento inglés exagerado, marcado, subrayado, en negrita y cursiva. Sandpaper está siendo condescendiente. Ella sabe que Susan Sandpaper lo está haciendo a propósito, como diciendo "nosotros los colonizamos, a esa recua de indígenas".
-In the States.- Responde ella, como diciendo "vosotros los colonizásteis, pero son vuestros hijos. Un día se independizaron, "they gave you the middle finger" y siglos después llegué yo con doce años y una maleta al JFK. La guerra de la Independencia no fue culpa mía. Sólo te pido coherencia, chata".
-Oh, well, yes, hehe, evidently- rebuzna-grazna-pía Sandpaper Susan, que había hecho la pregunta por decir algo que la mantuviera a flote. - You know what?- prosiguió, como quien se pega la hostia padre desfilando en la pasarela Cibeles, se levanta y sigue andando como si nada.
-What.- dice Janis Joplin Destartalada, más recompuesta que nunca.
-Send us your resume, and we'll talk about it.-
Como si Sandpaper acabara de llegar al medio de Darfur en un helicóptero de las UN y ella fuera una víctima de los violadores integristas. Acabáramos.
"La la la, la la la la, la la la, la la la la
La la la la la Bobby McGee..."
-I will, count on it, but I am not interested in the position anymore. I'll send it so that you see what you missed. Have a nice day.
Y entonces cuelga. Cuelga ella, antes que la condesa de Fuckupshire tenga tiempo de arremeter contra ella o diga que lo siente pero que seguirán discriminando (nueva tendencia muy de moda en Londres).
"Lord, I'm calling my lover, calling my man,
I said I'm calling my lover just the best I can..."
Mete al inalámbrico de vuelta en su cuna electrónica, y de repente lo ve claro. Cueste lo que cueste, lo va a hacer a su manera. Puede hacer cualquier otra tarea en la que ni crea ni le vaya la vida, sólo por ganar dinero. Pero esta no. Ésta es, sin duda, el amor de su vida, y no está dispuesta a dejarla olvidada, desperdigada por las estanterías de un piso de alquiler del que ni se acordará, dentro de unos años. Ésta es de las de "hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes".
Al cabo de unas horas, y como sonando desde el cielo, el inalámbrico llora. Se ha despertado.
-¿Diga?- pregunta ella.
-Hola, te llamo porque he recibido un mail tuyo con tu currículum y estamos interesados en que vengas a hacer una entrevista... ¿Mañana podrías?- dice una voz de hombre inglés. Es otro sitio. Un sitio diferente al cochambroso negocio del que formaba parte aquella Susan Sandpaper.
Quizá un buen sitio donde llevarse a vivir a su Bobby Mcgee particular y transferible.
"Mañana", sonríe.
"C'mon, where is Bobby now, where is Bobby McGee, yeah!"
El cuestionario de Proust.
Resulta que saltando de blog en blog, he ido a parar a uno bastante bueno de una chica que se hace llamar Stuffen, donde instaba, en uno de sus posts, a que hiciéramos lo mismo que ella y rellenáramos el cuestionario de Proust. He pensado que era una buena idea, así que ahí les va el mío, y espero que a quienes les parezca buena idea hagan lo mismo en sus respectivos blogs. Gracias, Stuffen. (www.blogs.ya.com/stuffen).
1. ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
La felicidad perfecta es como el Super Yo: Es eso que te pasas la vida intentando alcanzar sin saber que si lo alcanzas, se acabó tu vida.
2. ¿Cuál es su miedo más grande?
El sentimiento de culpa. La consulta de la dentista.
3. Cuál es el rasgo que más deplora de usted misma?
Mi orgullo, mi gran bocaza, mi intolerancia.
4. ¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?
Pillar a mi madre por banda hace unos cinco años y explicarle de pe a pa mi ideología y experiencias sexuales. Ni que decir tiene que su respuesta no tuvo nada que envidiarle a La Casa de Bernarda Alba, pero yo estaba harta de esconderme.
5. ¿Cuál considera que es actualmente la virtud más sobrevalorada?
Creo que es, precisamente, la falta de virtud. Si no nos enamoramos, somos más “guays” que si nos enamoramos. Si no nos entregamos en nuestro trabajo, somos más “guays” que si nos entregamos. Si podemos conseguir algo sin esfuerzo, si podemos hacer daño a alguien y salir airosos/as, si podemos sobrevivir sin nadie a nuestro lado, si podemos burlarnos del mundo sin aprender a burlarnos primero de nuestra propia persona y sin dejar que nadie se nos burle tampoco, si podemos ocultar nuestra inseguridad y falta de autoestima jactándonos de chorradas, si no somos capaces de escribir tres líneas acerca de algún pensamiento mínimamente profundo sin sentirnos idiotas… somos más “guays”.
6. ¿Qué virtud le gustaría poseer?
Casi todas las que no tengo, en cuya lista no me voy a adentrar ahora so pena de hacerles llorar.
7. ¿Cuáles son las palabras o frases que más usa?
“Dioses”, “acabáramos”, “obviamente”, “my life sucks”, “dentista”.
8. ¿Qué es de lo que más se arrepiente?
De las cosas que no he hecho y debería haber hecho. Acabar aquellas dos asignaturas que me faltaban para acabar la carrera de música, por ejemplo. Pasar aún más tiempo con mi abuela. No haberme matriculado en traducción desde el principio, pasando olímpicamente de la familia, y no haber perdido dos años preciosos y mi amor propio en Derecho, como lo hice.
9. ¿Cuál es su vicio?
Fumar. Meterme donde no me llaman. Decir lo que pienso, a veces, mucho antes de pensarlo y todo. Un café al lado del teclado del piano, o encima.
10. ¿Qué es lo que más valora en sus amigos?
Que han tenido o tienen la paciencia y la dedicación necesaria como para analizarme hasta conocer todos mis defectos y mis puntos débiles, el valor necesario para recordármelos y el altruismo suficiente como para continuar siendo amigos o amigas mías. Y sus inquietudes. No puedo ser amiga de alguien que no tenga inquietudes.
11. ¿Cuál considera que es su estado actual de ánimo?
“Aurea Mediocritas”. No further comments.
12. ¿Cuál es su posesión más preciada?
El piano de media cola que me compraré algún día. Un broche muy especial que me dio mi abuela.
13. ¿Cuál considera que es la peor miseria?
Ser ignorante y creerse sabio/a.
14. ¿Con qué personaje histórico se identifica?
Con nadie. Sí que hay muchos rasgos de muchos y de muchas en los que me veo reflejada, pero creo que identificarme con un personaje histórico, en tanto que histórico, sería pecar de pretensión. Si tengo que hacer historia, ya la haré algún día.
15. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta de una mujer?
La capacidad de análisis, aunque no puedo decir que todas la tengan. Las dificultades que le vemos a todo, haciendo listas de pros y contras, aunque… lo mismo. Soportar lo que soportamos una vez al mes. Soportar lo que soportamos todos los días del mes.
16. ¿Y en un hombre?
La simplicidad con que apaciguan nuestras complejidades. Tómenselo como quieran; a mí me ayuda. La capacidad de estar pegándose puñetazos y olvidar rencores al cabo de cinco minutos. Estoy generalizando tanto que me doy pena, así que voy a dejarlo aquí, lo de los hombres y las mujeres.
17. ¿Quién es su héroe de ficción?
Mafalda, sin duda. Heroína.
18. ¿Cómo le gustaría morir?
Con música de Satie de fondo y sin dolor.
19. ¿Qué apodos tiene?
El principal no lo puedo desvelar, porque se parece mucho a mi nombre. El resto de apodos, los vulgares e insoportables, pregúntenselos a Sacarina, que se los inventó ella todos.
20. ¿Dónde y cuándo es feliz?
En una clase llena de cacahuetes en acción, con las mejillas encendidas y los cerebros chirriando a mil por hora.
21. ¿Cuál es el rasgo de personalidad que menos le gusta de un hombre?
La simplicidad con que apaciguan nuestras complejidades. Eh, que yo también tengo mis contradicciones, qué pasa.
22. ¿Qué o quién ha sido el más grande amor de su vida?
La música. E insisto: no soy lesbiana, soy vegetariana.
23. ¿Cuándo miente?
Cuando hablo con mi madre, por necesidad, por deporte, por costumbre, o por defecto, pero me incita. Cuando hay que poner paz entre otras personas, para que no se acaben matando (esto me lo enseñó a hacer mi abuela, aunque no miento, sólo… modifico o altero levemente la realidad).
24. ¿Cuál es su idea de la muerte?
No tengo ni idea, nunca he estado allí.
25. ¿Qué no perdonaría?
Una mentira deliberada. No es algo que no “perdonaría”: es, simplemente, algo que no perdono.
26. ¿Qué le hace reír?
Las caras de los cacahuetes. Los movimientos diminutos de Macgaiber. Mi hermano. Monty Python. Los juegos de palabras bien conseguidos.
27. ¿qué le hace llorar?
La cebolla.
28. ¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?
Pregúntenme cuando apruebe la maldita asignatura de informática de las narices.
29. Para usted, qué o cuál es un buen insulto?
Que me mientan tan bien que no logre darme cuenta. Cualquier falta de sinceridad en general; un silencio súbito cuando entro en algún sitio y había gente hablando (que no sea una clase).
30. ¿Cuál es su idea de la fidelidad?
Ser fiel a algo o a alguien pasa por serme fiel a mí misma primero; saber lo que quiero y lo que no y reconocérmelo, para no tener que engañar a nadie. Generalmente, la gente que más “infiel” me ha sido, no lo ha sido queriendo, sino simplemente porque no se mantenía fiel a si misma. Y no estoy hablando de un mero “poner los cuernos”. Hablo de las relaciones humanas en general.
1. ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
La felicidad perfecta es como el Super Yo: Es eso que te pasas la vida intentando alcanzar sin saber que si lo alcanzas, se acabó tu vida.
2. ¿Cuál es su miedo más grande?
El sentimiento de culpa. La consulta de la dentista.
3. Cuál es el rasgo que más deplora de usted misma?
Mi orgullo, mi gran bocaza, mi intolerancia.
4. ¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?
Pillar a mi madre por banda hace unos cinco años y explicarle de pe a pa mi ideología y experiencias sexuales. Ni que decir tiene que su respuesta no tuvo nada que envidiarle a La Casa de Bernarda Alba, pero yo estaba harta de esconderme.
5. ¿Cuál considera que es actualmente la virtud más sobrevalorada?
Creo que es, precisamente, la falta de virtud. Si no nos enamoramos, somos más “guays” que si nos enamoramos. Si no nos entregamos en nuestro trabajo, somos más “guays” que si nos entregamos. Si podemos conseguir algo sin esfuerzo, si podemos hacer daño a alguien y salir airosos/as, si podemos sobrevivir sin nadie a nuestro lado, si podemos burlarnos del mundo sin aprender a burlarnos primero de nuestra propia persona y sin dejar que nadie se nos burle tampoco, si podemos ocultar nuestra inseguridad y falta de autoestima jactándonos de chorradas, si no somos capaces de escribir tres líneas acerca de algún pensamiento mínimamente profundo sin sentirnos idiotas… somos más “guays”.
6. ¿Qué virtud le gustaría poseer?
Casi todas las que no tengo, en cuya lista no me voy a adentrar ahora so pena de hacerles llorar.
7. ¿Cuáles son las palabras o frases que más usa?
“Dioses”, “acabáramos”, “obviamente”, “my life sucks”, “dentista”.
8. ¿Qué es de lo que más se arrepiente?
De las cosas que no he hecho y debería haber hecho. Acabar aquellas dos asignaturas que me faltaban para acabar la carrera de música, por ejemplo. Pasar aún más tiempo con mi abuela. No haberme matriculado en traducción desde el principio, pasando olímpicamente de la familia, y no haber perdido dos años preciosos y mi amor propio en Derecho, como lo hice.
9. ¿Cuál es su vicio?
Fumar. Meterme donde no me llaman. Decir lo que pienso, a veces, mucho antes de pensarlo y todo. Un café al lado del teclado del piano, o encima.
10. ¿Qué es lo que más valora en sus amigos?
Que han tenido o tienen la paciencia y la dedicación necesaria como para analizarme hasta conocer todos mis defectos y mis puntos débiles, el valor necesario para recordármelos y el altruismo suficiente como para continuar siendo amigos o amigas mías. Y sus inquietudes. No puedo ser amiga de alguien que no tenga inquietudes.
11. ¿Cuál considera que es su estado actual de ánimo?
“Aurea Mediocritas”. No further comments.
12. ¿Cuál es su posesión más preciada?
El piano de media cola que me compraré algún día. Un broche muy especial que me dio mi abuela.
13. ¿Cuál considera que es la peor miseria?
Ser ignorante y creerse sabio/a.
14. ¿Con qué personaje histórico se identifica?
Con nadie. Sí que hay muchos rasgos de muchos y de muchas en los que me veo reflejada, pero creo que identificarme con un personaje histórico, en tanto que histórico, sería pecar de pretensión. Si tengo que hacer historia, ya la haré algún día.
15. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta de una mujer?
La capacidad de análisis, aunque no puedo decir que todas la tengan. Las dificultades que le vemos a todo, haciendo listas de pros y contras, aunque… lo mismo. Soportar lo que soportamos una vez al mes. Soportar lo que soportamos todos los días del mes.
16. ¿Y en un hombre?
La simplicidad con que apaciguan nuestras complejidades. Tómenselo como quieran; a mí me ayuda. La capacidad de estar pegándose puñetazos y olvidar rencores al cabo de cinco minutos. Estoy generalizando tanto que me doy pena, así que voy a dejarlo aquí, lo de los hombres y las mujeres.
17. ¿Quién es su héroe de ficción?
Mafalda, sin duda. Heroína.
18. ¿Cómo le gustaría morir?
Con música de Satie de fondo y sin dolor.
19. ¿Qué apodos tiene?
El principal no lo puedo desvelar, porque se parece mucho a mi nombre. El resto de apodos, los vulgares e insoportables, pregúntenselos a Sacarina, que se los inventó ella todos.
20. ¿Dónde y cuándo es feliz?
En una clase llena de cacahuetes en acción, con las mejillas encendidas y los cerebros chirriando a mil por hora.
21. ¿Cuál es el rasgo de personalidad que menos le gusta de un hombre?
La simplicidad con que apaciguan nuestras complejidades. Eh, que yo también tengo mis contradicciones, qué pasa.
22. ¿Qué o quién ha sido el más grande amor de su vida?
La música. E insisto: no soy lesbiana, soy vegetariana.
23. ¿Cuándo miente?
Cuando hablo con mi madre, por necesidad, por deporte, por costumbre, o por defecto, pero me incita. Cuando hay que poner paz entre otras personas, para que no se acaben matando (esto me lo enseñó a hacer mi abuela, aunque no miento, sólo… modifico o altero levemente la realidad).
24. ¿Cuál es su idea de la muerte?
No tengo ni idea, nunca he estado allí.
25. ¿Qué no perdonaría?
Una mentira deliberada. No es algo que no “perdonaría”: es, simplemente, algo que no perdono.
26. ¿Qué le hace reír?
Las caras de los cacahuetes. Los movimientos diminutos de Macgaiber. Mi hermano. Monty Python. Los juegos de palabras bien conseguidos.
27. ¿qué le hace llorar?
La cebolla.
28. ¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?
Pregúntenme cuando apruebe la maldita asignatura de informática de las narices.
29. Para usted, qué o cuál es un buen insulto?
Que me mientan tan bien que no logre darme cuenta. Cualquier falta de sinceridad en general; un silencio súbito cuando entro en algún sitio y había gente hablando (que no sea una clase).
30. ¿Cuál es su idea de la fidelidad?
Ser fiel a algo o a alguien pasa por serme fiel a mí misma primero; saber lo que quiero y lo que no y reconocérmelo, para no tener que engañar a nadie. Generalmente, la gente que más “infiel” me ha sido, no lo ha sido queriendo, sino simplemente porque no se mantenía fiel a si misma. Y no estoy hablando de un mero “poner los cuernos”. Hablo de las relaciones humanas en general.
Caca-culo-pedo-pis-tonto-me-rebota-y-te-explota. (Pataleta en Fa menor).
-SE OYE UN VIOLÍN FRENÉTICO, EMBRAVECIDO POR EL "ALLEGRO VIVACE" Y ENTRISTECIDO POR LOS BEMOLES DE LA ARMADURA. A LOS SEIS COMPASES DE MONÓLOGO INTENSO, CROMÁTICO Y VELOZ DEL VIOLÍN SOLISTA, MEZZO FORTE, FORTE, IN CRESCENDO HASTA UN FORTISSIMO ESTRIDENTE, LE SIGUE UN TUTTI ORQUESTAL DE ESOS QUE PROVOCAN FALLOS MUSCULARES EN ESFÍNTERES SENSIBLES (Un tutti de cagarse, vamos. N. de la A.)-
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. El típico. No dejo de hacer cavilaciones que me llevan a otras cavilaciones, que a su vez evolucionan, se ramifican y finalmente degeneran en las enésimas cavilaciones sobre las cavilaciones de las cavilaciones, de las cavilaciones originales (no porque sean originales, válgame la Madre Naturaleza, sino por ser las que originaron a las demás) ... y cuando me quiero dar cuenta, me he acabado las diez uñas y voy por el tercer nudillo, no he hecho ninguna de las cosas que tenía por hacer, y no puedo dejar de pensar, porque mi cerebro (ese ente bicelular que me ronda por entre la oreja izquierda y la nariz y cuya debilidad amenaza con que se me salga disparado todo él con el próximo estornudo)... ¿Qué? ¿Dónde estaba? Mi cerebro, eso, mi cerebro ya ha puesto la pilota automática y funciona solo, sin que yo pueda hacer nada para pararlo.
¿El motivo de tanta cavilación absurda? Bueno, me han vuelto a llamar de la academia de inglés, a pesar de las broncas que tuve el curso pasado con mi jefe, para que vaya a trabajar.
Yo sé que mi jefe aún se lo pensaría dos veces, pero como tengo buenas fuentes informativas también sé que las mamás y los papás de mis cacahuetes han llamado al centro para preguntar si yo iba a seguir de profesora, antes de apuntar a los susodichos a la academia. Esto me llena de orgullo y de satisfacción, y no es el primer año en que lo hacen, lo de "si ella no está, no los apuntamos"... pero también de preocupación y de responsabilidad, hasta tal punto que me convierto en la víctima del chantaje emocional más cruel de la historia de las academias de inglés. No sé cómo decirle que me encanta dar clase, que es mi pasión, mi vivir y sinvivir, que vivo y me desvivo por hacer que alguien aprenda algo de lo que yo sé, porque es como compartir, como ayudar a crecer y a la vez crecer con ellos y ellas. Pero que necesito DINERO, [censored]ño.
Básicamente, la idea, resumida, viene a ser la que sigue: Trabajaré allí, pero no por menos de once euros la hora, netos y mínimos.
Lo que pasa es que no sé como decir esto sin quedar prepotente, porque lo cierto es que sé que mi naturaleza es orgullosa y prepotente, y acabo callándome y aceptándolo todo por no ser prepotente... y al final, lo que soy es idiota.
2. De jolgorio físico y preocupación muscular. He ido de culo y sin frenos (si me perdonan la expresión) todo el verano, de tal manera que no me he mirado bien en el espejo durante semanas. Hoy, al salir de la ducha, me he regalado un automasaje con uno de esos potingues tan peligrosos del body shop (peligrosos porque cada vez que los abro tengo que hacer serios esfuerzos por recordar que NO son comestibles) y he captado mi imágen entera, tal como llegué a este mundo, pero más crecidita y con el pelo recién teñido de negro, y he comprobado dos cosas:
a) La que me causa jolgorio físico: a pesar de los años, de Newton, del tabaco que llego a fumar y de mis constantes flirteos con la muerte súbita por fallo cardíaco en el chino de abajo, mis tetas aún son de esas que caen para arriba. Señal de que aún no está todo perdido, no soy tan vieja como pensaba, etcétera.
b) La que me causa preocupación muscular: la carencia de. De músculos, se entiende. Llevo más tiempo sin ir al gimnasio que sin ver la tele, que en mi caso es una barbaridad, considerando que para lo único que la veo (la tele) es cuando le quito el polvo, cosa que tampoco suele ser tan a menudo, todo hay que decirlo. Vamos, el caso es que necesito entrar al gimnasio en ambulancia y por la puerta de urgencias. Pero que YA.
Me da igual parecerme a la Swank en vez de a la Jolie. De hecho, prefiero parecerme a mí y que nadie me confunda, que ya me va bien. El caso es que ahora mismo tampoco me parezco mucho a mí, que digamos. Más bien parezco una versión gastada, corrompida por las horas sentada traduciendo, equivalentes a las horas fumando un cigarro tras otro, únicamente interrumpidas para beber café.
Vamos, una fuente de salud y gozo que ni les cuento.
Total, que la comida ingerida hoy hasta esta hora ha sido un microsángüich de queso fresco, aguacate y tomate. Y pensarán, encima de vegetariana, imbécil. (O al revés. A gusto de quien lea). Y tendrán razón. Pero es el pez que se muerde la cola. Si no logro comer menos y más ligero, no lograré entrar en el bañador antimorbo de cuellodaovuelta que al final no quemé este verano, y si no logro entrar en el susodicho, tampoco iré a la piscina, como comprenderán, y me quedaré en casa comiendo palomitas con pan, pa que bajen mejor. Qué dura es la vida de la mujer posmoderna.
3. De sorpresas satisfactorias. Ayer fui a comprarle un libro a Sacarina, pero no se lo digan, que es una sorpresa, y mira por dónde, me topé con MI libro. El de la traducción que he hecho este verano, que ya está publicado.
Me he leído mi parte por encima y lo cierto es que no habían corregido muchas cosas. Ustedes dirán, ¿cómo te puedes acordar palabra por palabra de doscientas páginas? Te acuerdas, créanme. Te acuerdas hasta de la última coma.
Lo fuimos a celebrar Craig y yo poniéndonos morados de buñuelos de bacalao en el chino de abajo, ya que, como saben, los buñuelos de bacalao son típicos de la comida cantonesa, de toda la vida.
4. De envío compulsivo de currículums, a ver si encuentro algún sitio donde me quieran, me den su cariño y me dejen hacer clases de inglés como manda la Santa Madre Naturaleza: bien trabajadas y bien pagadas, no "de carallada", como dicen en mi pueblo. De momento no es que no haya habido suerte. Es que hay un gran vacío en mi cuenta de correo. Tan vacío como mi estómago ahora mismo, más o menos.
COSAS POR HACER:
1. Escribir guión para cuando llame jefe con horarios, llegue el momento crítico y tenga que ponerme a lo mercader persa, a regatear precios. Hacer inventario de palabras y expresiones revestidas de tacto y diplomacia.
Emplear comentarios delicados, elegantes, sensatos y adecuados a mi formación universitaria, tales que:
a) Usted... ¿Tiene un notorio sentido del humor o es, acaso, que le agrada en demasía el consumo de sustancias, digamos, "estimulantes"?
b) Le sugiero que le proponga formar parte de su equipo a la señora que resulta ser hermana de su madre, esa cuya pierna derecha es más larga que la izquierda, que seguro que estará encantada de trabajar para usted y no verá ningún tipo de inconveniente en hacerle "precio familiar". (Lástima que no tiene ni puta idea de inglés, tampoco, claro...)
c) Considero que un putrefacto excremento de cualquier animal inferior y/o invertebrado engloba, en su conjunto y después de considerar todos los factores considerables, harto más importancia que esto que me relata sobre la carencia de alumnado. Le sugiero, no obstante, que dé fe y constancia de ello a cualquier párroco de la localidad a la que pertenezca, por si éste pudiera proporcionarle apoyo moral en estos tiempos de dificultad.
... Que sustituyan a la sarta de vulgaridades que en realidad me gustaría decirle, tales que:
a) Usted... ¿está de broma o es que abusa del happy tobacco?
b) Por ese salario va a enseñar inglés su tía la coja.
c) Me importa una puta mierda que no haya más alumnos. A mí me paga por hora y su puta vida se la explica al cura de su pueblo.
2. Dejar de mirarme las tetas como aquella mañana de mis trece años en que me desperté y me habían crecido de golpe... que ya no tengo edad, y acabaré inventando una nueva orientación sexual y volviéndome "autobollera", o algún otro nombre excéntrico que sin duda se le ocurrirá a algún sicótico, digo, sicólogo, argentino de esos que escriben muchos libros y no follan nunca.
3. Apuntarme al gimnasio YA. Tengo todos los papeles, las fotos y las firmas. ¿A qué viene tanto Síndrome Felipe? (El Sindrome Felipe es aquello "que por Mayo era por Mayo, cuando hace la calor..." Allá por el diecialgo de Mayo).
4. Dejar de mirar mis mails a ver si me han respondido de algún sitio. Por más que me repito que si te quieren hacer una entrevista, te llaman por teléfono, no dejo de darle al ratón a ver si... Que no, que no y que no. Que jugar al Risk me aportará más riqueza mental que esto.
5. Dejar el chino de abajo. Tendrían que haber puesto un cartelito donde los buñuelos de bacalao, de esos que ponen en los prospectos: "Atención. El consumo abusivo de este producto puede dar resultados positivos en pruebas antidopaje". Pero claro, ¿Cuántos/as idiotas como yo hay, a punto de morir de una deficiencia cardíaca causada sin duda por la grasa de una sobredosis de buñuelos de bacalao? Exacto, lo que yo decía.
6. Encender la luz, (cohóne) que parezco idiota. Llevo diez horas (como quien dice) aquí escribiendo y no me he dado cuenta de que se ha ido haciendo de noche y se me está quedando el nervio óptico como unas bragas después de una orgía.
7. Diculparme por todas las barbaridades, atrocidades, palabrotas y otras expresiones soeces de este post. "Un día de furia" lo tiene cualquiera.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. El típico. No dejo de hacer cavilaciones que me llevan a otras cavilaciones, que a su vez evolucionan, se ramifican y finalmente degeneran en las enésimas cavilaciones sobre las cavilaciones de las cavilaciones, de las cavilaciones originales (no porque sean originales, válgame la Madre Naturaleza, sino por ser las que originaron a las demás) ... y cuando me quiero dar cuenta, me he acabado las diez uñas y voy por el tercer nudillo, no he hecho ninguna de las cosas que tenía por hacer, y no puedo dejar de pensar, porque mi cerebro (ese ente bicelular que me ronda por entre la oreja izquierda y la nariz y cuya debilidad amenaza con que se me salga disparado todo él con el próximo estornudo)... ¿Qué? ¿Dónde estaba? Mi cerebro, eso, mi cerebro ya ha puesto la pilota automática y funciona solo, sin que yo pueda hacer nada para pararlo.
¿El motivo de tanta cavilación absurda? Bueno, me han vuelto a llamar de la academia de inglés, a pesar de las broncas que tuve el curso pasado con mi jefe, para que vaya a trabajar.
Yo sé que mi jefe aún se lo pensaría dos veces, pero como tengo buenas fuentes informativas también sé que las mamás y los papás de mis cacahuetes han llamado al centro para preguntar si yo iba a seguir de profesora, antes de apuntar a los susodichos a la academia. Esto me llena de orgullo y de satisfacción, y no es el primer año en que lo hacen, lo de "si ella no está, no los apuntamos"... pero también de preocupación y de responsabilidad, hasta tal punto que me convierto en la víctima del chantaje emocional más cruel de la historia de las academias de inglés. No sé cómo decirle que me encanta dar clase, que es mi pasión, mi vivir y sinvivir, que vivo y me desvivo por hacer que alguien aprenda algo de lo que yo sé, porque es como compartir, como ayudar a crecer y a la vez crecer con ellos y ellas. Pero que necesito DINERO, [censored]ño.
Básicamente, la idea, resumida, viene a ser la que sigue: Trabajaré allí, pero no por menos de once euros la hora, netos y mínimos.
Lo que pasa es que no sé como decir esto sin quedar prepotente, porque lo cierto es que sé que mi naturaleza es orgullosa y prepotente, y acabo callándome y aceptándolo todo por no ser prepotente... y al final, lo que soy es idiota.
2. De jolgorio físico y preocupación muscular. He ido de culo y sin frenos (si me perdonan la expresión) todo el verano, de tal manera que no me he mirado bien en el espejo durante semanas. Hoy, al salir de la ducha, me he regalado un automasaje con uno de esos potingues tan peligrosos del body shop (peligrosos porque cada vez que los abro tengo que hacer serios esfuerzos por recordar que NO son comestibles) y he captado mi imágen entera, tal como llegué a este mundo, pero más crecidita y con el pelo recién teñido de negro, y he comprobado dos cosas:
a) La que me causa jolgorio físico: a pesar de los años, de Newton, del tabaco que llego a fumar y de mis constantes flirteos con la muerte súbita por fallo cardíaco en el chino de abajo, mis tetas aún son de esas que caen para arriba. Señal de que aún no está todo perdido, no soy tan vieja como pensaba, etcétera.
b) La que me causa preocupación muscular: la carencia de. De músculos, se entiende. Llevo más tiempo sin ir al gimnasio que sin ver la tele, que en mi caso es una barbaridad, considerando que para lo único que la veo (la tele) es cuando le quito el polvo, cosa que tampoco suele ser tan a menudo, todo hay que decirlo. Vamos, el caso es que necesito entrar al gimnasio en ambulancia y por la puerta de urgencias. Pero que YA.
Me da igual parecerme a la Swank en vez de a la Jolie. De hecho, prefiero parecerme a mí y que nadie me confunda, que ya me va bien. El caso es que ahora mismo tampoco me parezco mucho a mí, que digamos. Más bien parezco una versión gastada, corrompida por las horas sentada traduciendo, equivalentes a las horas fumando un cigarro tras otro, únicamente interrumpidas para beber café.
Vamos, una fuente de salud y gozo que ni les cuento.
Total, que la comida ingerida hoy hasta esta hora ha sido un microsángüich de queso fresco, aguacate y tomate. Y pensarán, encima de vegetariana, imbécil. (O al revés. A gusto de quien lea). Y tendrán razón. Pero es el pez que se muerde la cola. Si no logro comer menos y más ligero, no lograré entrar en el bañador antimorbo de cuellodaovuelta que al final no quemé este verano, y si no logro entrar en el susodicho, tampoco iré a la piscina, como comprenderán, y me quedaré en casa comiendo palomitas con pan, pa que bajen mejor. Qué dura es la vida de la mujer posmoderna.
3. De sorpresas satisfactorias. Ayer fui a comprarle un libro a Sacarina, pero no se lo digan, que es una sorpresa, y mira por dónde, me topé con MI libro. El de la traducción que he hecho este verano, que ya está publicado.
Me he leído mi parte por encima y lo cierto es que no habían corregido muchas cosas. Ustedes dirán, ¿cómo te puedes acordar palabra por palabra de doscientas páginas? Te acuerdas, créanme. Te acuerdas hasta de la última coma.
Lo fuimos a celebrar Craig y yo poniéndonos morados de buñuelos de bacalao en el chino de abajo, ya que, como saben, los buñuelos de bacalao son típicos de la comida cantonesa, de toda la vida.
4. De envío compulsivo de currículums, a ver si encuentro algún sitio donde me quieran, me den su cariño y me dejen hacer clases de inglés como manda la Santa Madre Naturaleza: bien trabajadas y bien pagadas, no "de carallada", como dicen en mi pueblo. De momento no es que no haya habido suerte. Es que hay un gran vacío en mi cuenta de correo. Tan vacío como mi estómago ahora mismo, más o menos.
COSAS POR HACER:
1. Escribir guión para cuando llame jefe con horarios, llegue el momento crítico y tenga que ponerme a lo mercader persa, a regatear precios. Hacer inventario de palabras y expresiones revestidas de tacto y diplomacia.
Emplear comentarios delicados, elegantes, sensatos y adecuados a mi formación universitaria, tales que:
a) Usted... ¿Tiene un notorio sentido del humor o es, acaso, que le agrada en demasía el consumo de sustancias, digamos, "estimulantes"?
b) Le sugiero que le proponga formar parte de su equipo a la señora que resulta ser hermana de su madre, esa cuya pierna derecha es más larga que la izquierda, que seguro que estará encantada de trabajar para usted y no verá ningún tipo de inconveniente en hacerle "precio familiar". (Lástima que no tiene ni puta idea de inglés, tampoco, claro...)
c) Considero que un putrefacto excremento de cualquier animal inferior y/o invertebrado engloba, en su conjunto y después de considerar todos los factores considerables, harto más importancia que esto que me relata sobre la carencia de alumnado. Le sugiero, no obstante, que dé fe y constancia de ello a cualquier párroco de la localidad a la que pertenezca, por si éste pudiera proporcionarle apoyo moral en estos tiempos de dificultad.
... Que sustituyan a la sarta de vulgaridades que en realidad me gustaría decirle, tales que:
a) Usted... ¿está de broma o es que abusa del happy tobacco?
b) Por ese salario va a enseñar inglés su tía la coja.
c) Me importa una puta mierda que no haya más alumnos. A mí me paga por hora y su puta vida se la explica al cura de su pueblo.
2. Dejar de mirarme las tetas como aquella mañana de mis trece años en que me desperté y me habían crecido de golpe... que ya no tengo edad, y acabaré inventando una nueva orientación sexual y volviéndome "autobollera", o algún otro nombre excéntrico que sin duda se le ocurrirá a algún sicótico, digo, sicólogo, argentino de esos que escriben muchos libros y no follan nunca.
3. Apuntarme al gimnasio YA. Tengo todos los papeles, las fotos y las firmas. ¿A qué viene tanto Síndrome Felipe? (El Sindrome Felipe es aquello "que por Mayo era por Mayo, cuando hace la calor..." Allá por el diecialgo de Mayo).
4. Dejar de mirar mis mails a ver si me han respondido de algún sitio. Por más que me repito que si te quieren hacer una entrevista, te llaman por teléfono, no dejo de darle al ratón a ver si... Que no, que no y que no. Que jugar al Risk me aportará más riqueza mental que esto.
5. Dejar el chino de abajo. Tendrían que haber puesto un cartelito donde los buñuelos de bacalao, de esos que ponen en los prospectos: "Atención. El consumo abusivo de este producto puede dar resultados positivos en pruebas antidopaje". Pero claro, ¿Cuántos/as idiotas como yo hay, a punto de morir de una deficiencia cardíaca causada sin duda por la grasa de una sobredosis de buñuelos de bacalao? Exacto, lo que yo decía.
6. Encender la luz, (cohóne) que parezco idiota. Llevo diez horas (como quien dice) aquí escribiendo y no me he dado cuenta de que se ha ido haciendo de noche y se me está quedando el nervio óptico como unas bragas después de una orgía.
7. Diculparme por todas las barbaridades, atrocidades, palabrotas y otras expresiones soeces de este post. "Un día de furia" lo tiene cualquiera.
In Aldara veritas.
Hoy he empezado a hacer limpieza de los papeles, las cartulinas, los juegos, las fotocopias y los libros de inglés de las clases con los cacahuetes, a los que muy a mi pesar acabaré volviendo a ver este año, seguramente. (No por las criaturas, sino por las condiciones laborales. Eso ya será otro post, que en éste no viene a cuento).
Quizá ha sido eso, el festival de elementos infantiles al que he expuesto a esta caja de zapatos a la que llamo piso, lo que me ha desatado un montón de recuerdos de cuando era pequeña.
Lo primero que he recordado es lo bocazas que llegaba a ser. Cuando eres pequeña no te das cuenta. Yo, al menos, no me daba cuenta, porque no hablaba con mala intención. Era simplemente por ese afán de dejar puntos bien colocaditos sobre íes siempre, y rodaran las cabezas que rodaran. Ante todo, la Verdad.
Un punto a mi favor, en cierto modo: nunca mentía. Y cuando digo nunca, es nunca.
Mis padres sabían que por inverosímil que pareciera mi relato sobre cómo se me había podido caer al suelo el tercer vaso de leche consecutivo que me preparaban aquella mañana (tras haber recogido los pobres, también del suelo, los dos precedentes) era, sin duda, verdad. Y me castigaban poco, porque hiciera lo que hiciera, me preguntaban y lo explicaba.
Eso está bien, supongo. En mi familia siempre se ha valorado muchísimo que las criaturas no mientan, y yo crecí con ese pensamiento volando sobre mi cabeza, al lado de mi peligrosa, inevitable, impía memoria, que era capaz de almacenar hasta el detalle más insignificante durante meses, y sacarlo así como quien no quiere la cosa, un buen día (es decir, un día que parecía ser bueno).
Así fue como "un día que parecía ser bueno" de esos, mi padre se me llevó al mercado y antes de salir le dije al portero del edificio:
-Y a ver si friega la escalera, oiga, que no vea la de mugre que tiene el suelo.
Y mi padre:
-Niña, por dios, ¿te quieres callar?
Y yo, en voz alta:
-Pero si lo dijiste tú el lunes de hace dos semanas, mientras cenábamos, ¿no te acuerdas?
Y mi padre:
-¡Yo qué voy a decir! ¡Qué voy a decir yo eso, mujer, de dónde lo habrás sacado!- nervios, sudor, movimientos frenéticos de cabeza y tirón de mano para hacerme salir de allí corriendo. Y risitas nerviosas hacia el portero.
Y el portero, claro -esto me lo explicó mi padre- se quedó mirando a mi padre con una de esas expresiones a lo Alain Delon, serio y desconfiado, rollo "No, si está claro que la criatura, con sus cuatro añitos, se lo ha inventado, porque una criatura a los cuatro añitos se da cuenta de la MUGRE del suelo, ¿no?"
En fin. Mi padre aún no había superado los nervios de ésa, cuando llegamos al mercado y le dije al frutero que "haga usted el favor de no ponernos más melocotones casi podridos, que mi padre dice que lo está timaaaan-do".
Yo soy mi padre y me mato. Seguro que ustedes también, no les culpo.
A mi madre también le hice unas cuantas, como ir a decirle a un profe de la escuela (compañero suyo), delante de mi madre, que mi madre había dicho que su mujer ya podía tener la casa bien limpia, ya, porque no rascaba otra bola en todo el día.
Además me han contado mis padres que recordaba las citas exactas, para que quedara bien claro en las mentes de los/as aludidos/as, que aquello no lo había podido decir yo, pobrecita de mí, que sólo era una cría inocente.
Al cabo de un tiempo de negociaciones, explicaciones y amenazas:
-Vamos a visitar a X y a Y. Tú calladita, ¿eh? Oigas lo que oigas, diga lo que diga, tú callada. Si oyes a mamá decir algo que crees que es mentira, cállate. No es pecado, de verdad. Algún día te lo explicaremos.
Que yo iba de visita ya con miedo, que me preguntaban algo y no sabía qué decir. Recuerdo que una vez que fuímos a visitar a no sé qué parientes lejanos y mi madre me había hecho un "previo" ( que es como bauticé a las amenazas antes de salir, tanto las que me hacía en casa como las que me hacía, a mí y al resto de la clase, en el cole, antes de una excursión) Yo iba con un miedo de abrir la boca que ni les cuento, por todo aquel sermón que me había pegado de que "a ti si te preguntan algo, tú sólo sabes de tus cosas, ¿estamos?" Así que llegamos al sitio, los parientes lejanos me preguntaron y yo contesté sobre mis cosas, como había sido instruída:
-Yo no sé nada, porque mi madre me obliga a estar toda la tarde encerrada en mi cuarto estudiando piano y nunca me deja salir, casi ni para ir al baño.
Mi madre dice que no sabía qué quería más en aquel momento, si morirse o matarme.
Eso, por no hablar de los gritos que les pegaba a las amigas de mi abuela paterna, la valenciana, en el pueblo, por pasarse todas las tardes jugando al "burro" (peculiar juego de cartas cuyo modus procedendi nunca en mi vida he llegado a entender):
-¡Burreraaaaaasss, que os van a salir orejas de burro de tanto jugar y no le dejáis a mi abuela estar conmigoooooo!
Creo que me tenían por un caso crónico de posesión demoníaca.
En fin, me estoy desviando de la historia. La historia es la de cómo aprendí la diferencia entre ser sincera y ser demasiado sincera.
Insisto, nunca dije nada con intención de avivar polémicas, ni nada por el estilo. Todos aquellos comentarios del tipo de:
- ¿Ya estás mejor?
-¿Cómo? Si yo no estaba enfermo.
-¿Ah no? Pues mi padre dice que si le das besos al perro y dices que es tu hijo es porque estás enfermo. Como no le dabas besos ni decías nada, pensaba que ya te habías curado.
...Yo los hacía porque pensaba que ayudaba al prójimo. Lo juro. La Verdad ante todo.
En mi casa era tradición que para mi santo se me llevara mi padre una mañana entera de sábado a comprar libros. Podía comprarme dos o tres, dependiendo del precio, si me había portado bien. Los que más me gustaran.
Un año, para mi sorpresa (mis padres ya debían de estar hartos de mí) el libro me lo compraron ellos. Se titulaba "La Roser veraç" (era en catalán, aún lo tengo, lo juro) y trataba de una niña que, como yo, no era capaz de callarse y dejaba a sus padres -y familia extendida- en el mayor de los hundimientos espirituales y emocionales, unas cuantas veces al día.
Es curioso, porque no me explicaron nada más. Sólo me lo dieron y me dijeron que me lo leyera atentamente, que de los libros siempre se aprenden cosas, además de divertirte leyéndolos.
No sé si fue el "efecto espejo" de verme completamente retratada en Roser, aquella niña del libro, tan bocazas, tan impertinente, tan quisquillosa, tan.... puñetera, o qué, pero aprendí la lección yo solita. Me sentí algo avergonzada y todo.
¿He dicho que aprendí la lección? Ejem... sí, la aprendí, pero aún estoy intentando controlar mi veracidad compulsiva. No hace ni un año le dije a un tío en una fiesta que menuda pelambrusca teníamos detrás, que no dejaba de darme con el pelo en los ojos, de tanto remenearse, y que ya podía haberse puesto una falda, con aquel cinturón ancho que llevaba, que se le veía el ombligo desde debajo. Aquella pelambrusca era la mujer del tío, claro. El tío debió de pensar: "Tierra, trágatela, por favor".
No escarmiento. Las situaciones siempre parecen tan diferentes, que reacciono metiendo la pezuña exactamente en el mismo charco y me doy cuenta después, al abstraer.
Sigo creyendo, no obstante, que la Verdad es el camino más recto, a la larga. El portero era un poco guarro, el frutero un timador, la mujer del profesor una vaga de campeonato, la pelambrusca, una pelambrusca, y etcétera, etcétera, etcétera.... et coeterae res.
Quizá ha sido eso, el festival de elementos infantiles al que he expuesto a esta caja de zapatos a la que llamo piso, lo que me ha desatado un montón de recuerdos de cuando era pequeña.
Lo primero que he recordado es lo bocazas que llegaba a ser. Cuando eres pequeña no te das cuenta. Yo, al menos, no me daba cuenta, porque no hablaba con mala intención. Era simplemente por ese afán de dejar puntos bien colocaditos sobre íes siempre, y rodaran las cabezas que rodaran. Ante todo, la Verdad.
Un punto a mi favor, en cierto modo: nunca mentía. Y cuando digo nunca, es nunca.
Mis padres sabían que por inverosímil que pareciera mi relato sobre cómo se me había podido caer al suelo el tercer vaso de leche consecutivo que me preparaban aquella mañana (tras haber recogido los pobres, también del suelo, los dos precedentes) era, sin duda, verdad. Y me castigaban poco, porque hiciera lo que hiciera, me preguntaban y lo explicaba.
Eso está bien, supongo. En mi familia siempre se ha valorado muchísimo que las criaturas no mientan, y yo crecí con ese pensamiento volando sobre mi cabeza, al lado de mi peligrosa, inevitable, impía memoria, que era capaz de almacenar hasta el detalle más insignificante durante meses, y sacarlo así como quien no quiere la cosa, un buen día (es decir, un día que parecía ser bueno).
Así fue como "un día que parecía ser bueno" de esos, mi padre se me llevó al mercado y antes de salir le dije al portero del edificio:
-Y a ver si friega la escalera, oiga, que no vea la de mugre que tiene el suelo.
Y mi padre:
-Niña, por dios, ¿te quieres callar?
Y yo, en voz alta:
-Pero si lo dijiste tú el lunes de hace dos semanas, mientras cenábamos, ¿no te acuerdas?
Y mi padre:
-¡Yo qué voy a decir! ¡Qué voy a decir yo eso, mujer, de dónde lo habrás sacado!- nervios, sudor, movimientos frenéticos de cabeza y tirón de mano para hacerme salir de allí corriendo. Y risitas nerviosas hacia el portero.
Y el portero, claro -esto me lo explicó mi padre- se quedó mirando a mi padre con una de esas expresiones a lo Alain Delon, serio y desconfiado, rollo "No, si está claro que la criatura, con sus cuatro añitos, se lo ha inventado, porque una criatura a los cuatro añitos se da cuenta de la MUGRE del suelo, ¿no?"
En fin. Mi padre aún no había superado los nervios de ésa, cuando llegamos al mercado y le dije al frutero que "haga usted el favor de no ponernos más melocotones casi podridos, que mi padre dice que lo está timaaaan-do".
Yo soy mi padre y me mato. Seguro que ustedes también, no les culpo.
A mi madre también le hice unas cuantas, como ir a decirle a un profe de la escuela (compañero suyo), delante de mi madre, que mi madre había dicho que su mujer ya podía tener la casa bien limpia, ya, porque no rascaba otra bola en todo el día.
Además me han contado mis padres que recordaba las citas exactas, para que quedara bien claro en las mentes de los/as aludidos/as, que aquello no lo había podido decir yo, pobrecita de mí, que sólo era una cría inocente.
Al cabo de un tiempo de negociaciones, explicaciones y amenazas:
-Vamos a visitar a X y a Y. Tú calladita, ¿eh? Oigas lo que oigas, diga lo que diga, tú callada. Si oyes a mamá decir algo que crees que es mentira, cállate. No es pecado, de verdad. Algún día te lo explicaremos.
Que yo iba de visita ya con miedo, que me preguntaban algo y no sabía qué decir. Recuerdo que una vez que fuímos a visitar a no sé qué parientes lejanos y mi madre me había hecho un "previo" ( que es como bauticé a las amenazas antes de salir, tanto las que me hacía en casa como las que me hacía, a mí y al resto de la clase, en el cole, antes de una excursión) Yo iba con un miedo de abrir la boca que ni les cuento, por todo aquel sermón que me había pegado de que "a ti si te preguntan algo, tú sólo sabes de tus cosas, ¿estamos?" Así que llegamos al sitio, los parientes lejanos me preguntaron y yo contesté sobre mis cosas, como había sido instruída:
-Yo no sé nada, porque mi madre me obliga a estar toda la tarde encerrada en mi cuarto estudiando piano y nunca me deja salir, casi ni para ir al baño.
Mi madre dice que no sabía qué quería más en aquel momento, si morirse o matarme.
Eso, por no hablar de los gritos que les pegaba a las amigas de mi abuela paterna, la valenciana, en el pueblo, por pasarse todas las tardes jugando al "burro" (peculiar juego de cartas cuyo modus procedendi nunca en mi vida he llegado a entender):
-¡Burreraaaaaasss, que os van a salir orejas de burro de tanto jugar y no le dejáis a mi abuela estar conmigoooooo!
Creo que me tenían por un caso crónico de posesión demoníaca.
En fin, me estoy desviando de la historia. La historia es la de cómo aprendí la diferencia entre ser sincera y ser demasiado sincera.
Insisto, nunca dije nada con intención de avivar polémicas, ni nada por el estilo. Todos aquellos comentarios del tipo de:
- ¿Ya estás mejor?
-¿Cómo? Si yo no estaba enfermo.
-¿Ah no? Pues mi padre dice que si le das besos al perro y dices que es tu hijo es porque estás enfermo. Como no le dabas besos ni decías nada, pensaba que ya te habías curado.
...Yo los hacía porque pensaba que ayudaba al prójimo. Lo juro. La Verdad ante todo.
En mi casa era tradición que para mi santo se me llevara mi padre una mañana entera de sábado a comprar libros. Podía comprarme dos o tres, dependiendo del precio, si me había portado bien. Los que más me gustaran.
Un año, para mi sorpresa (mis padres ya debían de estar hartos de mí) el libro me lo compraron ellos. Se titulaba "La Roser veraç" (era en catalán, aún lo tengo, lo juro) y trataba de una niña que, como yo, no era capaz de callarse y dejaba a sus padres -y familia extendida- en el mayor de los hundimientos espirituales y emocionales, unas cuantas veces al día.
Es curioso, porque no me explicaron nada más. Sólo me lo dieron y me dijeron que me lo leyera atentamente, que de los libros siempre se aprenden cosas, además de divertirte leyéndolos.
No sé si fue el "efecto espejo" de verme completamente retratada en Roser, aquella niña del libro, tan bocazas, tan impertinente, tan quisquillosa, tan.... puñetera, o qué, pero aprendí la lección yo solita. Me sentí algo avergonzada y todo.
¿He dicho que aprendí la lección? Ejem... sí, la aprendí, pero aún estoy intentando controlar mi veracidad compulsiva. No hace ni un año le dije a un tío en una fiesta que menuda pelambrusca teníamos detrás, que no dejaba de darme con el pelo en los ojos, de tanto remenearse, y que ya podía haberse puesto una falda, con aquel cinturón ancho que llevaba, que se le veía el ombligo desde debajo. Aquella pelambrusca era la mujer del tío, claro. El tío debió de pensar: "Tierra, trágatela, por favor".
No escarmiento. Las situaciones siempre parecen tan diferentes, que reacciono metiendo la pezuña exactamente en el mismo charco y me doy cuenta después, al abstraer.
Sigo creyendo, no obstante, que la Verdad es el camino más recto, a la larga. El portero era un poco guarro, el frutero un timador, la mujer del profesor una vaga de campeonato, la pelambrusca, una pelambrusca, y etcétera, etcétera, etcétera.... et coeterae res.
Control Freaks.
Riiiiiiiiiiiiiiiiiing- suena el teléfono.
-¡Yo lo cojo!- sueno yo.
-Dígame- invito yo.
-¿Cuántas veces comes carne a la semana?- cacarea la voz.
-¿Disculpe?- digo yo, a lo "empatía telefónica", porque me da que ya sé quién es.
-¿Cuántas veces comes carne a la semana?- repite la voz, en el mismo tono.
-¿Mamá? ¿Eres tú?- pregunto yo, en un tono que denota que si lo es, es una freak sin perdón. Por si acaso.
-¿Cuántas veces comes carne a la semana?- Mi madre trabaja con cacahuetes desde hace tantísimo tiempo que no capta una sutileza ni aunque le des con ella en toda la cara tres veces.
-¿Mamá? ¿Eres tú, o has grabado un contestador?
-¿Cuántas veces comes carne a la semana?- Y dale.
-Oye, ¿me puedes contestar?
-Yo te llevo preguntando hace rato, así que contesta tú primero- ¡Al fin! ¡Hay alguien al otro lado! ¡No era ningún psicópata! (era más bien "una").
-Hola, mamá, ¿cómo estás? Ya he acabado el libro, mamá, lo publican el Septiembre, mamá, gracias. No tengo que contestarte a ese tipo de preguntas, mamá- le digo yo, con más paciencia que Job.
-¿Menos de tres?- insiste ella, con la perseverancia irritante que la caracteriza.
-¿Eh?- dejo ir yo, como distraída.
-¿Menos de tres veces a la semana?- repite mi madre, sin captar las connotaciones del "eh".
-Mamá, te voy a tener que colgar el teléfono. Tengo veintiocho años y de verdad. no me queda paciencia para este tipo de cosas- intento razonar yo.
Cualquiera que me estuviera oyendo pensaría que mi madre tiene noventa y ocho años, un Alzheimer en fase terminal y las bragas encima de los pantalones. Pero no. Mi madre tiene una mente brillante, muchísimo más organizada de lo que la tendré yo nunca, y lo del Alzheimer creo que no le suena ni de las noticias, que no tiene ni tiempo de ver, con tantas reuniones. Es así, simplemente. Control Freak.
-¿Me vas a contestar o no?- vuelve a preguntar, desafiando a mis nervios, mi savoire faire, mi respeto y mis.... mis subidas de azúcar.
-No, no te voy a contestar- le respondo yo.
-Si te has vuelto bollera, a mi casa no vuelvas- sentencia ella. Yo tardo un rato en conectar "bollera" a "no-carne". De hecho no es que tarde, es que no lo llego a conectar y tengo que preguntárselo, a lo que ella responde:
-Bueno, da igual, lo que sea, el caso es que no comen carne- dice con gran dramatismo, dándose cuenta de la desastrosa metida de pezuña. Sé que ha sido un laspus; mi madre no es tan ignorante. Mi madre tiene una ignorancia selectiva. Ignora las cosas que no quiere saber. Para ella, la homosexualidad está en coma profundo, guardada en el mismo cajón que los bocadillos de tomate con mozarella, porque son cosas que ella mira desde allá arriba, desde el pedestal de la Razón Última y Absoluta.
-¡Mamá, no soy lesbiana, soy vegetariana! ¡Hala, no querías saberlo? Ya está, ya lo sabes! ¡Ni se te ocurra decir nada, piensa lo que te dé la gana y lo piensas para tus adentros, que no te oiga, porque cuanto más hables más tirria le cogeré a la carne!
-titi-titi-titi-titi-titi
-¿Mamá?
-titi-titi-titi-titi-titi-titi
TITI-TITI-TITI-TITI....
Buffffff.... era el despertador.... Si es que... no se puede una ir a dormir con la conciencia en marcha....
Fear and loathing in Las Barcelonas.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN.
1. Nolotilínico. (dícese de cuando se llevan muchos nolotiles encima, y no en caja, no, sino en estómago).
Llevo todo el fin de semana completamente lela, vagando por esta caja de zapatos a la que llamo piso cual alma del purgatorio, en pijamón enorme de hace diez mil años y una camiseta en la que cabíamos siete Aldaras, heredada sin petición de opinión del dueño. (Craig).
Llevo todo el fin de semana sorbiéndome las babas, más, como diría Giulia, mi amiga de la universidad, "antimorbo" que María del Monte en picardías fucsia. Y atracándome con ingestas compulsivas de cine malo, a posta, a ver si el dolor intelectual superaba al gingival y dejaba de dolerme el pedazo de agujero que ha quedado, cual Golfo tras la Tormenta, último resquicio de la muela que allí moró (y dolió; todo lo que quiso, además.) y que ahora yace inerte en algún container, envuelta en una gasa, con sus raíces interminable protuberando curiosas, como cebollas en busca de la luz.
Pues que se joda. Ha dado por el saco al salir, al estar, e incluso después de haber sido arrancada, la muy H.P. de la muela. Como uno de esos parientes ancianos y lejanos que dan por saco hasta después de muertos.
Quería ser del Juicio desde que era pequeña, y al ver que eso o se trae de cuna o nada, como la nobleza, se rebotó contra quien menos culpa tenía: yo.
Estoy escribiendo una canción que narra los eventos acontecidos en relación a la susodicha exodoncia del viernes pasado,
16-S, que empieza...
"Dentista: después de la muela arrancar,
antiinflamatorio has de inyectar,
y que no se te vuelva a olvidar
no me vuelvas la mejilla a hinchar
o te voy a denunciar
y no vas a ejercer ni en Madagascar".
Estoy pendiente de aprobar la asignatura de informática, la última que me queda de la carrera, para aprender a linkear (juas, qué chula soy,. que sé decir linkear. Linkear! Linkear! Dioses, voy a dejarlo aquí o acabaré diciendo K CHULA K SOI. Agh, lo he dicho)
Qué decía.
Aprender a hacer una conexión de esas chungas que le das y te sale el archivo MP3 para que escuches la canción. Gracias a mi amigo Friedrich tenemos un programa para grabar las idas de olla guitarrísticas de Craig (y algún chillido mío que otro), así que cuando la tenga acabada igual me da por ahí.
2. Alucinógeno. Les juro que este fin de semana he visto con mis propios ojos:
a) A Macgaiber (chinchilla macho con graves problemas de sobrepeso y actitud) cantando New York, New York subido a la rama de árbol que Craig y Holden le fueron a buscar a Montjuïch cuando le tunearon la jaula. Icluso subía y bajaba por la rama a lo Liza Minelli, a pasitos lentos, elegantes, con los bracitos estirados.
b) Dragones de rayas de colores trepando en fila por la nevera. (claro que eso no tiene por qué ser del voltarén del viernes, también podría ser del hambre que he pasado.)
c) A Craig recogiendo la mesa y fregando los platos. (Eso es definitivamente de la medicación. O un espejismo, sin más).
d) A mi profesora de 4º de EGB (ex-monja con úlcera gástrica ya pleistocénica cuando yo era alumna suya) en shorts y stilettos con calcetines, bebiéndose una Boldam en la puerta de una farmacia. Miré mejor y me dí cuenta de que era una señora sujetando uno de esos Yorkshires enanos, y no llevaba shorts, llevaba unos pantalones muy raros (la señora, no el Yorkshire) pero el impacto, las gotas de sudor resbalándome sien abajo, el temblor de manos... no tiene precio.
f) A los diez dedos de mi mano estirarse y retraerse cual licántropo en plena metamorfosis.
g) Al Depor ganar la Liga, y fíjense que la tele estaba apagada, que no tengo ni puñetera idea de fútbol y que probablemente estemos hasta fuera de temporada y todo. Ni siquiera sé si el Depor aún existe. Pero les juro que miré la pantalla de la tele, y lo vi ganando la Liga. No sé ni qué leches es la liga, ni si el Depor puede participar en ella. Cuando digo ni puñetera idea, quiero decir Ni-Puñetera-Idea.
3. De inestabilidad bucal. Noto que se me está moviendo uno de los dientes de delante. N o es que se mueva, así a lo "siete grados Richter", pero si que lo noto algo... destensado. En realidad me duele la boca entera.
Puestos a explicar las cosas como son, me duele todo.
Me duelo a mí misma, que es el resultado de que te arranquen una muela sin que te haya hecho efecto del todo la anestesia (ergo te enteras DE TODO) y encima se olviden casualmente de pincharte un antiinflamatorio, de tal manera que llegas a tu casa pareciéndote a Sloth, el pirado aquel de las chocolatinas que se hacía amigo de Gordi en Los Goonies. "EEEEHHHH, CHICOOOOOOSSS" y tal como llegas, sin dejar ni las llaves, decides que no piensas soportar ni un segundo más ni de dolor, ni de hinchazón, así que pillas bolso y vuelves, con cara de estar viendo tu vida pasar delante de ti (y también la vieja colona de turno, dicho sea de paso) a lo peli bélica. "Tengo frío, mucho frío... ¿mamá? Díganle a mi madre que la quise" etcétera, hasta conseguir que una enfermera obtuviera algún tipo de consentimiento de alguna doctora para pincharme, y me pinchara. Todo lo que tuvo de veloz y precipitada la ida, lo tuvo de lenta y excéntrica la vuelta. Iba haciendo eses torcidas por la calle, y Giulia (que estaba conmigo, por suerte) me tuvo que pegar bronca para que dejara de reírme de unas señoras que nos cruzamos. Y de señalarlas. Vamos, que se ve que casi me meto en uno de los líos más absurdos de la historia de los líos.
Llegué a casa y tal como caí en el sofá, me quedé inconsciente, durmiéndome la de "Sahara" por tercera vez, sin querer.
Qué mala es la Pene Cruz, por todos los dioses y diosas de la mitología griega. Actúan mucho mejor mis cacahuetes, y fíjense que no se han follado nunca a Tom Cruise. Qué se le habrá pegado de él, me pregunto, porque lo que es acento inglés genuino y dotes de interpretación... "pos va a ser que no".
4. De salubridad dolorosa. Llevo desde el viernes (por la mañana muy temprano) sin fumarme NI UN CIGARRO. Cada vez que cierro los ojos veo a mi madre riendo cual bruja malvada, triunfante, como si hubiera conseguido algo. No, ella no tiene mérito ninguno. Es puramente el miedo al dolor que causa la infección. Paso de infecciones, al menos de momento, que el boquete aún está abierto.
5. De pinchacidad puñetera. Me he clavado inexplicablemente un pincho en la yema de un dedo. Una cosa tan estúpida, de verdad, y lo que llega a doler. Les juro que voy a llamar a telecinco para que organicen un premio "Doña Pupas 2005" y me lo den a mi, y que consista en vales de descuento para clínicas pijas, al menos.
COSAS POR HACER:
1. Sacar pincho metido inexplicablemente en punta de yema de dedo.
2. Fregar cocina.
3. Deportar secta de in-sectos que han decidido celebrar suicidio en masa tirándose dentro de cafetera recién hecha (creo que ya me he bebido más de tres, no les miento. Qué asco, dioses) y hacer café nuevo. Tabaco no, pero café... hasta ahí podríamos llegar.
4. Registrar jaula de Macgaiber en busca de silla, sombrero de copa y bastón reluciente. "Go spreading the neeews, I'm leaving todaaaay..."
1. Nolotilínico. (dícese de cuando se llevan muchos nolotiles encima, y no en caja, no, sino en estómago).
Llevo todo el fin de semana completamente lela, vagando por esta caja de zapatos a la que llamo piso cual alma del purgatorio, en pijamón enorme de hace diez mil años y una camiseta en la que cabíamos siete Aldaras, heredada sin petición de opinión del dueño. (Craig).
Llevo todo el fin de semana sorbiéndome las babas, más, como diría Giulia, mi amiga de la universidad, "antimorbo" que María del Monte en picardías fucsia. Y atracándome con ingestas compulsivas de cine malo, a posta, a ver si el dolor intelectual superaba al gingival y dejaba de dolerme el pedazo de agujero que ha quedado, cual Golfo tras la Tormenta, último resquicio de la muela que allí moró (y dolió; todo lo que quiso, además.) y que ahora yace inerte en algún container, envuelta en una gasa, con sus raíces interminable protuberando curiosas, como cebollas en busca de la luz.
Pues que se joda. Ha dado por el saco al salir, al estar, e incluso después de haber sido arrancada, la muy H.P. de la muela. Como uno de esos parientes ancianos y lejanos que dan por saco hasta después de muertos.
Quería ser del Juicio desde que era pequeña, y al ver que eso o se trae de cuna o nada, como la nobleza, se rebotó contra quien menos culpa tenía: yo.
Estoy escribiendo una canción que narra los eventos acontecidos en relación a la susodicha exodoncia del viernes pasado,
16-S, que empieza...
"Dentista: después de la muela arrancar,
antiinflamatorio has de inyectar,
y que no se te vuelva a olvidar
no me vuelvas la mejilla a hinchar
o te voy a denunciar
y no vas a ejercer ni en Madagascar".
Estoy pendiente de aprobar la asignatura de informática, la última que me queda de la carrera, para aprender a linkear (juas, qué chula soy,. que sé decir linkear. Linkear! Linkear! Dioses, voy a dejarlo aquí o acabaré diciendo K CHULA K SOI. Agh, lo he dicho)
Qué decía.
Aprender a hacer una conexión de esas chungas que le das y te sale el archivo MP3 para que escuches la canción. Gracias a mi amigo Friedrich tenemos un programa para grabar las idas de olla guitarrísticas de Craig (y algún chillido mío que otro), así que cuando la tenga acabada igual me da por ahí.
2. Alucinógeno. Les juro que este fin de semana he visto con mis propios ojos:
a) A Macgaiber (chinchilla macho con graves problemas de sobrepeso y actitud) cantando New York, New York subido a la rama de árbol que Craig y Holden le fueron a buscar a Montjuïch cuando le tunearon la jaula. Icluso subía y bajaba por la rama a lo Liza Minelli, a pasitos lentos, elegantes, con los bracitos estirados.
b) Dragones de rayas de colores trepando en fila por la nevera. (claro que eso no tiene por qué ser del voltarén del viernes, también podría ser del hambre que he pasado.)
c) A Craig recogiendo la mesa y fregando los platos. (Eso es definitivamente de la medicación. O un espejismo, sin más).
d) A mi profesora de 4º de EGB (ex-monja con úlcera gástrica ya pleistocénica cuando yo era alumna suya) en shorts y stilettos con calcetines, bebiéndose una Boldam en la puerta de una farmacia. Miré mejor y me dí cuenta de que era una señora sujetando uno de esos Yorkshires enanos, y no llevaba shorts, llevaba unos pantalones muy raros (la señora, no el Yorkshire) pero el impacto, las gotas de sudor resbalándome sien abajo, el temblor de manos... no tiene precio.
f) A los diez dedos de mi mano estirarse y retraerse cual licántropo en plena metamorfosis.
g) Al Depor ganar la Liga, y fíjense que la tele estaba apagada, que no tengo ni puñetera idea de fútbol y que probablemente estemos hasta fuera de temporada y todo. Ni siquiera sé si el Depor aún existe. Pero les juro que miré la pantalla de la tele, y lo vi ganando la Liga. No sé ni qué leches es la liga, ni si el Depor puede participar en ella. Cuando digo ni puñetera idea, quiero decir Ni-Puñetera-Idea.
3. De inestabilidad bucal. Noto que se me está moviendo uno de los dientes de delante. N o es que se mueva, así a lo "siete grados Richter", pero si que lo noto algo... destensado. En realidad me duele la boca entera.
Puestos a explicar las cosas como son, me duele todo.
Me duelo a mí misma, que es el resultado de que te arranquen una muela sin que te haya hecho efecto del todo la anestesia (ergo te enteras DE TODO) y encima se olviden casualmente de pincharte un antiinflamatorio, de tal manera que llegas a tu casa pareciéndote a Sloth, el pirado aquel de las chocolatinas que se hacía amigo de Gordi en Los Goonies. "EEEEHHHH, CHICOOOOOOSSS" y tal como llegas, sin dejar ni las llaves, decides que no piensas soportar ni un segundo más ni de dolor, ni de hinchazón, así que pillas bolso y vuelves, con cara de estar viendo tu vida pasar delante de ti (y también la vieja colona de turno, dicho sea de paso) a lo peli bélica. "Tengo frío, mucho frío... ¿mamá? Díganle a mi madre que la quise" etcétera, hasta conseguir que una enfermera obtuviera algún tipo de consentimiento de alguna doctora para pincharme, y me pinchara. Todo lo que tuvo de veloz y precipitada la ida, lo tuvo de lenta y excéntrica la vuelta. Iba haciendo eses torcidas por la calle, y Giulia (que estaba conmigo, por suerte) me tuvo que pegar bronca para que dejara de reírme de unas señoras que nos cruzamos. Y de señalarlas. Vamos, que se ve que casi me meto en uno de los líos más absurdos de la historia de los líos.
Llegué a casa y tal como caí en el sofá, me quedé inconsciente, durmiéndome la de "Sahara" por tercera vez, sin querer.
Qué mala es la Pene Cruz, por todos los dioses y diosas de la mitología griega. Actúan mucho mejor mis cacahuetes, y fíjense que no se han follado nunca a Tom Cruise. Qué se le habrá pegado de él, me pregunto, porque lo que es acento inglés genuino y dotes de interpretación... "pos va a ser que no".
4. De salubridad dolorosa. Llevo desde el viernes (por la mañana muy temprano) sin fumarme NI UN CIGARRO. Cada vez que cierro los ojos veo a mi madre riendo cual bruja malvada, triunfante, como si hubiera conseguido algo. No, ella no tiene mérito ninguno. Es puramente el miedo al dolor que causa la infección. Paso de infecciones, al menos de momento, que el boquete aún está abierto.
5. De pinchacidad puñetera. Me he clavado inexplicablemente un pincho en la yema de un dedo. Una cosa tan estúpida, de verdad, y lo que llega a doler. Les juro que voy a llamar a telecinco para que organicen un premio "Doña Pupas 2005" y me lo den a mi, y que consista en vales de descuento para clínicas pijas, al menos.
COSAS POR HACER:
1. Sacar pincho metido inexplicablemente en punta de yema de dedo.
2. Fregar cocina.
3. Deportar secta de in-sectos que han decidido celebrar suicidio en masa tirándose dentro de cafetera recién hecha (creo que ya me he bebido más de tres, no les miento. Qué asco, dioses) y hacer café nuevo. Tabaco no, pero café... hasta ahí podríamos llegar.
4. Registrar jaula de Macgaiber en busca de silla, sombrero de copa y bastón reluciente. "Go spreading the neeews, I'm leaving todaaaay..."
Historia de un soplo.
- ¿Cuándo te lo encontraron por primera vez?- le pregunta la cardióloga.
Mala pregunta. El interrogante que cierra la pregunta después de la última sílaba la arroja con fuerza hacia una concatenación de recuerdos, sensaciones, olores, sentimientos, risas, conversaciones, y llanto que ruedan mezclados y revueltos en una especie de tornado mental en el que ya se ha perdido, en cuestión de segundos.
-¿Oye?- insiste la doctora, viéndola ida.
- Fue... En fin, se dieron cuenta de que en situaciones de estrés, o de demasiada tensión, me desmayaba. Mi compañero de piso de aquel entonces era cardiólogo, y al auscultarme, se dió cuenta de que tenía un soplo. Nada más. Quiero decir, que no es grave, sólo necesita revisión de vez en cuando, por si acaso.
-Ya, pero ¿por aquel entonces? ¿a qué "entonces" te refieres?
-Oiga, perdóneme, pero tengo mucha prisa. Me tengo que ir.
-Cómo me duele la lluvia. Hay días en que todo me recuerda a ti- me encuentro diciéndole a un árbol.
He ido caminando hacia Montjuïch, al salir del ambulatorio. He atravesado el parque de las Tres Chimeneas, he subido la cuesta que lleva a la montaña, y me he puesto a hablarle a un árbol. Quizá los indios me entenderían, qué sé yo. Lo cierto es que hay días en que todo, absolutamente todo, me recuerda a ella, y he ido buscando como una loca las escaleras que subíamos cada día, en las que me enseñó a contar, y ya no están. A ver que ya no estaban (o que mi sentido de la orientación inexistente no las encontraba) me he puesto a llorar con ganas.
La recuerdo vestida de negro, siempre. Con aquel porte de señora, de sencillez elegante, de elegancia humilde, de vida interior interminable, dándome la mano a mí, que era un pequeño botijo con abriguito azul marino, mientras subíamos las escaleras.
-Unha, dúas, tres, catro, cinco, seis, sete, oito, nove, dez...
Recuerdo su sonrisa perenne. Siempre. Recuerdo la fuerza, la energía y la alegría con la que vivía hasta el último segundo de un día. Y voy caminando por la carretera que sube hacia la montaña, y contando las escaleras que no hay, unha, dúas, tres, y pensando cómo pudo ser que se fuera, que me dejara, a mí, que nunca fui completa sin ella. Cómo me pudo hacer algo así y además queriendo, porque yo ya lo sabía al despedirme de ella, aquella noche de Navidad. Yo lo sabía y ella también. Ya no quería seguir viviendo aquellos "años prestados", como ella llamaba al periodo de su vida después de la muerte de su marido (mi abuelo) y hasta que yo me independicé.
-Ella sabía que ahora que te habías ido no podía protegerte desde su casa, así que se fue a un sitio desde donde poder verte mejor.- dijo mi madre.
-¿Me estás culpando de su muerte, o me estás tratando como si fuera idiota?- le digo yo, intentando ponerme aquella ropa horrenda, para su funeral. Todo era horrendo, en su funeral. Todo eran escenarios nuevos, porque ella ya no estaba para vestirlos. Todo eran idas y venidas de conciencia, porque el mundo se había acabado y ella no estaba allí para calmarme, para darme ánimos, para controlar mis rabias, mis ansiedades, mis rebotes.
Estoy sentada en un banco de Montjuïch. Estoy sentada en un banco del monasterio. Estoy sentada en el banco de su cocina. Estoy tumbada con ella en la cama, donde solíamos hablar durante horas, donde me decía que mi hermano sería un día mi mejor amigo, ya lo vería y me acordaría de ella, donde me decía que encontraría un hombre enorme, de enorme paciencia, "ya te acordarás del día en que te lo dije", donde me explicaba que a veces hay que mentir un poco para que todo el mundo esté en paz con todo el mundo, que a gritos nunca se soluciona nada, que tenía que lograr entenderme con mi madre cuando ella se hubiera ido... Llevaba veintiún años preparando su marcha.
Hay días en que todo me recuerda a ella. Sus palabras, que rebotan en mis oídos por enésima vez, aunque cada vez me cuesta más recordar su voz y me esfuerzo por no perder ni un detalle de ella, ni un recuerdo, ni un consejo, ni una palabra... Hay días en que la añoro, porque fue mi primera madre, mi amiga, mi mentora, mi confesora, mi correctora, mi alma, mi voz de la conciencia y mi puente hacia la paz con mi madre. Hay días en que la necesito tanto que siento que murió ayer, o que no lo voy a superar nunca. He intentado volver allí después de su funeral, pero andaba buscándola como un perro perdido, y nadie de mi familia tiene ni idea de la relación que teníamos ella y yo. Nadie tiene ni idea de nada.
Era una mujer respetable, adorable, admirable, envidiable, y fue respetada, adorada, admirada y envidiada en consecuencia. La única cristiana de verdad a la que he conocido en mi vida. La gente se agolpaba, el día de su funeral, para decirle adiós y darle las gracias por todo.
Y yo pensaba, ella y yo. Tumbadas en su cama, todas las tardes de verano, hablando durante horas, desde que era pequeña hasta... ¿Ayer por la tarde? ¿Hace ya años? ¿Cuándo se fue? A veces hasta me olvido de que no está, y cojo el teléfono para llamarla. Un día me contestaron y de repente, revivió durante un segundo, hasta que me dí cuenta de que era la señora a la que mi madre había alquilado la casa.
-Es que si no, la casa sola, en poco tiempo se queda en ruinas; lo entiendes, ¿no?- dijo mi madre.
-No. - respondí yo.
-Pues me da igual.- sentenció mi madre.
-De eso precisamente se trata todo, de que TE DA IGUAL.
Nuestra relación, ahora que ella no estaba, sólo podía ir a mejor, porque en "peor" ya estábamos. Para nuestra sospresa, al morir mi abuela, la relación entre mi madre y yo fue hacia todas partes, se desperdigó por ahí, en conversaciones telefónicas absurdas, en cenas incoherentes, en momentos incómodos y en ningún abrazo, en ningún momento.
Hay días en los que me siento a esperar en un banco, a la entrada de la muerte, a ver si ella sale, o si puedo verla desde dentro.
Hay días, cuando todo me recuerda a ella, en que cierro los ojos y volvemos las dos a tumbarnos en su cama, ella desde su eternidad y yo desde mi nostalgia, y hablamos durante horas, y el mundo no nos alcanza. Es un momento efímero, un segundo fugaz, como un soplo... pero si consigo creérmelo, vulevo a la realidad mucho más contenta.
Ella lo decía; nunca mueres, si hay alguien que te sigue recordando.
Mala pregunta. El interrogante que cierra la pregunta después de la última sílaba la arroja con fuerza hacia una concatenación de recuerdos, sensaciones, olores, sentimientos, risas, conversaciones, y llanto que ruedan mezclados y revueltos en una especie de tornado mental en el que ya se ha perdido, en cuestión de segundos.
-¿Oye?- insiste la doctora, viéndola ida.
- Fue... En fin, se dieron cuenta de que en situaciones de estrés, o de demasiada tensión, me desmayaba. Mi compañero de piso de aquel entonces era cardiólogo, y al auscultarme, se dió cuenta de que tenía un soplo. Nada más. Quiero decir, que no es grave, sólo necesita revisión de vez en cuando, por si acaso.
-Ya, pero ¿por aquel entonces? ¿a qué "entonces" te refieres?
-Oiga, perdóneme, pero tengo mucha prisa. Me tengo que ir.
-Cómo me duele la lluvia. Hay días en que todo me recuerda a ti- me encuentro diciéndole a un árbol.
He ido caminando hacia Montjuïch, al salir del ambulatorio. He atravesado el parque de las Tres Chimeneas, he subido la cuesta que lleva a la montaña, y me he puesto a hablarle a un árbol. Quizá los indios me entenderían, qué sé yo. Lo cierto es que hay días en que todo, absolutamente todo, me recuerda a ella, y he ido buscando como una loca las escaleras que subíamos cada día, en las que me enseñó a contar, y ya no están. A ver que ya no estaban (o que mi sentido de la orientación inexistente no las encontraba) me he puesto a llorar con ganas.
La recuerdo vestida de negro, siempre. Con aquel porte de señora, de sencillez elegante, de elegancia humilde, de vida interior interminable, dándome la mano a mí, que era un pequeño botijo con abriguito azul marino, mientras subíamos las escaleras.
-Unha, dúas, tres, catro, cinco, seis, sete, oito, nove, dez...
Recuerdo su sonrisa perenne. Siempre. Recuerdo la fuerza, la energía y la alegría con la que vivía hasta el último segundo de un día. Y voy caminando por la carretera que sube hacia la montaña, y contando las escaleras que no hay, unha, dúas, tres, y pensando cómo pudo ser que se fuera, que me dejara, a mí, que nunca fui completa sin ella. Cómo me pudo hacer algo así y además queriendo, porque yo ya lo sabía al despedirme de ella, aquella noche de Navidad. Yo lo sabía y ella también. Ya no quería seguir viviendo aquellos "años prestados", como ella llamaba al periodo de su vida después de la muerte de su marido (mi abuelo) y hasta que yo me independicé.
-Ella sabía que ahora que te habías ido no podía protegerte desde su casa, así que se fue a un sitio desde donde poder verte mejor.- dijo mi madre.
-¿Me estás culpando de su muerte, o me estás tratando como si fuera idiota?- le digo yo, intentando ponerme aquella ropa horrenda, para su funeral. Todo era horrendo, en su funeral. Todo eran escenarios nuevos, porque ella ya no estaba para vestirlos. Todo eran idas y venidas de conciencia, porque el mundo se había acabado y ella no estaba allí para calmarme, para darme ánimos, para controlar mis rabias, mis ansiedades, mis rebotes.
Estoy sentada en un banco de Montjuïch. Estoy sentada en un banco del monasterio. Estoy sentada en el banco de su cocina. Estoy tumbada con ella en la cama, donde solíamos hablar durante horas, donde me decía que mi hermano sería un día mi mejor amigo, ya lo vería y me acordaría de ella, donde me decía que encontraría un hombre enorme, de enorme paciencia, "ya te acordarás del día en que te lo dije", donde me explicaba que a veces hay que mentir un poco para que todo el mundo esté en paz con todo el mundo, que a gritos nunca se soluciona nada, que tenía que lograr entenderme con mi madre cuando ella se hubiera ido... Llevaba veintiún años preparando su marcha.
Hay días en que todo me recuerda a ella. Sus palabras, que rebotan en mis oídos por enésima vez, aunque cada vez me cuesta más recordar su voz y me esfuerzo por no perder ni un detalle de ella, ni un recuerdo, ni un consejo, ni una palabra... Hay días en que la añoro, porque fue mi primera madre, mi amiga, mi mentora, mi confesora, mi correctora, mi alma, mi voz de la conciencia y mi puente hacia la paz con mi madre. Hay días en que la necesito tanto que siento que murió ayer, o que no lo voy a superar nunca. He intentado volver allí después de su funeral, pero andaba buscándola como un perro perdido, y nadie de mi familia tiene ni idea de la relación que teníamos ella y yo. Nadie tiene ni idea de nada.
Era una mujer respetable, adorable, admirable, envidiable, y fue respetada, adorada, admirada y envidiada en consecuencia. La única cristiana de verdad a la que he conocido en mi vida. La gente se agolpaba, el día de su funeral, para decirle adiós y darle las gracias por todo.
Y yo pensaba, ella y yo. Tumbadas en su cama, todas las tardes de verano, hablando durante horas, desde que era pequeña hasta... ¿Ayer por la tarde? ¿Hace ya años? ¿Cuándo se fue? A veces hasta me olvido de que no está, y cojo el teléfono para llamarla. Un día me contestaron y de repente, revivió durante un segundo, hasta que me dí cuenta de que era la señora a la que mi madre había alquilado la casa.
-Es que si no, la casa sola, en poco tiempo se queda en ruinas; lo entiendes, ¿no?- dijo mi madre.
-No. - respondí yo.
-Pues me da igual.- sentenció mi madre.
-De eso precisamente se trata todo, de que TE DA IGUAL.
Nuestra relación, ahora que ella no estaba, sólo podía ir a mejor, porque en "peor" ya estábamos. Para nuestra sospresa, al morir mi abuela, la relación entre mi madre y yo fue hacia todas partes, se desperdigó por ahí, en conversaciones telefónicas absurdas, en cenas incoherentes, en momentos incómodos y en ningún abrazo, en ningún momento.
Hay días en los que me siento a esperar en un banco, a la entrada de la muerte, a ver si ella sale, o si puedo verla desde dentro.
Hay días, cuando todo me recuerda a ella, en que cierro los ojos y volvemos las dos a tumbarnos en su cama, ella desde su eternidad y yo desde mi nostalgia, y hablamos durante horas, y el mundo no nos alcanza. Es un momento efímero, un segundo fugaz, como un soplo... pero si consigo creérmelo, vulevo a la realidad mucho más contenta.
Ella lo decía; nunca mueres, si hay alguien que te sigue recordando.
A modo de homenaje...
Hoy es un viernes excepcional. Para que vean que la palabra "excepcional" no siempre tiene buenas connotaciones, les diré que es excepcional porque generalmente, el viernes es mi día favorito de la semana, pero esta semana tendré que hacer una excepción.
Hoy es el viernes temido en que tengo visita con la dentista y quizá me arranque una de las dos archimencionadas muelas (la otra necesita más reconstrucción que el Partenón, pero se puede salvar)
Como no sé si saldré viva de ésta, he decidido hacer una especie de homenaje a las gentes que escriben en estos blogs del Señor (Gates. Del Señor Gates) y agradecer la atención de quienes me leen. Como suspendí informática (tema candente, también) no sé hacer negritas en código fuente, (cachis) así que búsquense por el post, y perdonen las molestias.
Mis enlaces...
DONJON: Donjon es el autor de "Diario de barra", y amigo personal mío desde hace siglos. Si después de leerle les duele el diafragma de tanto reírse, no imaginen lo que puede llegar a pasar si hablan con él en persona. Es de un sarcástico inmaculado, de respuesta y reflejos veloces. Obviamente, no es sólo camarero... Pero yo no soy quién para desvelar nada. Fue gracias a él, que descubrí este curioso mundo de los blogs, y después de leerle, decidí empezar el mío. A ver si alguien lo convence de que siga escribiendo, porque yo no sé qué más decirle, ya. Todo lo que lee se le queda estucado en la memoria de tal modo que me corroe la envidia cochina al oírle, porque se lee un periódico y lo entiende, oigan. Lo entiende.
RUMPELSTINKE. (También conocido como Evro, el marqués). Buf... Otro que también se está dando unas vacaciones literarias de su blog, "Pulpos y esquinas". Lo tituló así porque como él mismo dijo, en su blog cabía de todo, desde pulpos hasta esquinas, entre reflexiones sobre lo divino y lo terrenal. Es una lectura que recomiendo, no sólo por lo bien que escribe sino por lo enriquecedor de sus reflexiones. A ver cuando volvéis, Marqués, si me estáis leyendo.
ESTHER. Esther es una mujer que despertó mi admiración a las dos líneas de leer un post suyo, en su "Diario de una mujer que sigue en pie" . Me costó bastante no echarme a llorar de rabia, a cada post, y ojalá las causas por las que empezó a escribir hubieran sido más felices. De todas maneras, agradezco enormemente que haya mujeres como ella, que nos enseñen a las demás, que nos inspiren. Esther es mucho más que una superviviente. Es una luchadora.
"E LA NAVE VA..." ...Con Bruji dentro. Bruji es de esas pocas personas que me gustaría tener como amigas, porque si te queda mal una falda, te lo dice, y si eres idiota, también, de modo que si te felicita por algo, es que has hecho algo bien. Sus posts son ácidos, para mi deleite y disfrute, y sus reflexiones, aunque revestidas siempre de un impermeable cómico, que parece que todo le resbale por él, son muy serias. Las cosas que dice acerca de las relaciones entre hombres y mujeres van a misa. Lo garantizo.
DEFECTUOSO. Defectuoso es un mexicano "padrísimo", como dirían allí, que me provoca, en sus "Crónicas de un crónico defectuoso", ese dolor de diafragma de tanto reírme. No sé si es ese dar en el clavo cada vez que reflexiona sobre algo, o si es la manera en que lo cuenta. Sólo sé que sus posts son terapéuticos y que, sin querer, llevas tres minutos leyéndole y ya te ha devuelto el buen humor. A veces es agrio y pesimista, pero nunca pierde ni las formas, ni el estilo. Es capaz de convertir un domingo de resaca en la aventura más disparatada.
ANGELA. Esta me toca de cerca. Así, "Whistling", y como quien no quiere la cosa, nos dimos cuenta un día, leyéndonos mútuamente, que somos tal para cual. Tendremos maneras diferentes de explicarnos, viviremos en sitios distintos... pero llevamos vidas paralelas, hasta puntos que nos sorprenden (y a veces hasta dan miedo, de lo que se parecen). Angela, como yo, está en medio del mar que va desde el continente adolescente al de la edad adulta. Ángela es mi Bridget Jones personal e intransferible... pero compartible. Les recomiendo que la lean: produce los mismos efectos que el café, pero es mucho más saludable que el café. Busquen en particular el pasaje donde narra el incidente que yo bauticé como "Insert coin in the rajilla", acerca de la altura a la que llevaba los pantalones el obrero teutón. Magnífica.
DESENCANTADO... O "La belleza del desencanto". Fui a parar a su blog a través del de Bruji, y ahora lo sigo de cerca. No sé si es la ternura con la que razona todo lo que le envuelve, o algo con lo que me siento identificada de alguna manera, en esa visión agridulce de la vida... Lo descubrí hace relativamente poco y me gusta por la variación de temas, por la inteligencia emocional, por su sencillez y su riqueza.
Hasta ahí mis enlaces... Pero también tengo lectores y lectoras a quienes me hace mucha ilusión agradecer públicamente que me sigan leyendo, y me sigan comentando. Melliug, Maktub, Sacarina, Maple Syrup (éste tiene muchos nombres, pero se le reconoce porque suele escribir en francés... a no ser que tenga algo realmente polémico que decir), Séneca, y un etcétera no muy largo, porque mi blog es de corta tirada y de interés particular...
La sensación de abrir tu blog y encontrarte comentarios es gratíiiiiisima. Es un "Estoy de acuerdo contigo, o no, pero que sepas que no te ignoro". Es mejor que cuando era pequeña, en Galicia, e iba cada mañana a ver si las gallinas habían puesto huevos. Es mejor que mirar la carpeta de los archivos bajados del e-mule y ver que por fín tienes la banda sonora que querías. Es mejor que aprobar un exámen de la universidad y descontar créditos que te faltan para acabar. Es como saber que a alguien le interesa tu pasión por escribir. ¿Puede haber algo mejor que eso? Sólo me queda tener un hijo o una hija, y plantar un árbol, ¿no?.
Muchas gracias a todos/as. Si no vuelvo viva de ésta, sepan que hablaré bien de ustedes en el Purgatorio (donde estoy segura que acabaré, desde hace años. Pero no se preocupen, que las noticias vuelan e inmediatamente tienen carta de recomendación celestial) y que la sensación de "Piña Literaria" es espectacular.

Hoy es el viernes temido en que tengo visita con la dentista y quizá me arranque una de las dos archimencionadas muelas (la otra necesita más reconstrucción que el Partenón, pero se puede salvar)
Como no sé si saldré viva de ésta, he decidido hacer una especie de homenaje a las gentes que escriben en estos blogs del Señor (Gates. Del Señor Gates) y agradecer la atención de quienes me leen. Como suspendí informática (tema candente, también) no sé hacer negritas en código fuente, (cachis) así que búsquense por el post, y perdonen las molestias.
Mis enlaces...
DONJON: Donjon es el autor de "Diario de barra", y amigo personal mío desde hace siglos. Si después de leerle les duele el diafragma de tanto reírse, no imaginen lo que puede llegar a pasar si hablan con él en persona. Es de un sarcástico inmaculado, de respuesta y reflejos veloces. Obviamente, no es sólo camarero... Pero yo no soy quién para desvelar nada. Fue gracias a él, que descubrí este curioso mundo de los blogs, y después de leerle, decidí empezar el mío. A ver si alguien lo convence de que siga escribiendo, porque yo no sé qué más decirle, ya. Todo lo que lee se le queda estucado en la memoria de tal modo que me corroe la envidia cochina al oírle, porque se lee un periódico y lo entiende, oigan. Lo entiende.
RUMPELSTINKE. (También conocido como Evro, el marqués). Buf... Otro que también se está dando unas vacaciones literarias de su blog, "Pulpos y esquinas". Lo tituló así porque como él mismo dijo, en su blog cabía de todo, desde pulpos hasta esquinas, entre reflexiones sobre lo divino y lo terrenal. Es una lectura que recomiendo, no sólo por lo bien que escribe sino por lo enriquecedor de sus reflexiones. A ver cuando volvéis, Marqués, si me estáis leyendo.
ESTHER. Esther es una mujer que despertó mi admiración a las dos líneas de leer un post suyo, en su "Diario de una mujer que sigue en pie" . Me costó bastante no echarme a llorar de rabia, a cada post, y ojalá las causas por las que empezó a escribir hubieran sido más felices. De todas maneras, agradezco enormemente que haya mujeres como ella, que nos enseñen a las demás, que nos inspiren. Esther es mucho más que una superviviente. Es una luchadora.
"E LA NAVE VA..." ...Con Bruji dentro. Bruji es de esas pocas personas que me gustaría tener como amigas, porque si te queda mal una falda, te lo dice, y si eres idiota, también, de modo que si te felicita por algo, es que has hecho algo bien. Sus posts son ácidos, para mi deleite y disfrute, y sus reflexiones, aunque revestidas siempre de un impermeable cómico, que parece que todo le resbale por él, son muy serias. Las cosas que dice acerca de las relaciones entre hombres y mujeres van a misa. Lo garantizo.
DEFECTUOSO. Defectuoso es un mexicano "padrísimo", como dirían allí, que me provoca, en sus "Crónicas de un crónico defectuoso", ese dolor de diafragma de tanto reírme. No sé si es ese dar en el clavo cada vez que reflexiona sobre algo, o si es la manera en que lo cuenta. Sólo sé que sus posts son terapéuticos y que, sin querer, llevas tres minutos leyéndole y ya te ha devuelto el buen humor. A veces es agrio y pesimista, pero nunca pierde ni las formas, ni el estilo. Es capaz de convertir un domingo de resaca en la aventura más disparatada.
ANGELA. Esta me toca de cerca. Así, "Whistling", y como quien no quiere la cosa, nos dimos cuenta un día, leyéndonos mútuamente, que somos tal para cual. Tendremos maneras diferentes de explicarnos, viviremos en sitios distintos... pero llevamos vidas paralelas, hasta puntos que nos sorprenden (y a veces hasta dan miedo, de lo que se parecen). Angela, como yo, está en medio del mar que va desde el continente adolescente al de la edad adulta. Ángela es mi Bridget Jones personal e intransferible... pero compartible. Les recomiendo que la lean: produce los mismos efectos que el café, pero es mucho más saludable que el café. Busquen en particular el pasaje donde narra el incidente que yo bauticé como "Insert coin in the rajilla", acerca de la altura a la que llevaba los pantalones el obrero teutón. Magnífica.
DESENCANTADO... O "La belleza del desencanto". Fui a parar a su blog a través del de Bruji, y ahora lo sigo de cerca. No sé si es la ternura con la que razona todo lo que le envuelve, o algo con lo que me siento identificada de alguna manera, en esa visión agridulce de la vida... Lo descubrí hace relativamente poco y me gusta por la variación de temas, por la inteligencia emocional, por su sencillez y su riqueza.
Hasta ahí mis enlaces... Pero también tengo lectores y lectoras a quienes me hace mucha ilusión agradecer públicamente que me sigan leyendo, y me sigan comentando. Melliug, Maktub, Sacarina, Maple Syrup (éste tiene muchos nombres, pero se le reconoce porque suele escribir en francés... a no ser que tenga algo realmente polémico que decir), Séneca, y un etcétera no muy largo, porque mi blog es de corta tirada y de interés particular...
La sensación de abrir tu blog y encontrarte comentarios es gratíiiiiisima. Es un "Estoy de acuerdo contigo, o no, pero que sepas que no te ignoro". Es mejor que cuando era pequeña, en Galicia, e iba cada mañana a ver si las gallinas habían puesto huevos. Es mejor que mirar la carpeta de los archivos bajados del e-mule y ver que por fín tienes la banda sonora que querías. Es mejor que aprobar un exámen de la universidad y descontar créditos que te faltan para acabar. Es como saber que a alguien le interesa tu pasión por escribir. ¿Puede haber algo mejor que eso? Sólo me queda tener un hijo o una hija, y plantar un árbol, ¿no?.
Muchas gracias a todos/as. Si no vuelvo viva de ésta, sepan que hablaré bien de ustedes en el Purgatorio (donde estoy segura que acabaré, desde hace años. Pero no se preocupen, que las noticias vuelan e inmediatamente tienen carta de recomendación celestial) y que la sensación de "Piña Literaria" es espectacular.

Good morning, starshine.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Confuso. Muy confuso. He abierto el bolso para encontrar el enésimo micropapelito donde debe de poner la hora para el pinchazo penicil-procaínico de hoy, y aún no lo he encontrado, pero sí que he encontrado los siguientes elementos, de los que me dispongo a hacer inventario:
a). Papel de derivación a clínica Quirón para ecografía cardíaca (o eco-cardiograma. Ni idea. Es como lo que les hacen a las embarazadas en la tripa, sólo que en vez de ver a un embrión todo monísimo él, veré a mi corazón con hipo perpétuo, sacándome el dedo ídem, en señal de desprecio por los cigarros y cafés consumidos)
b). Papel de derivación a ginecología. (Él de programación quedó hasta los genitales de que le insistiera en que si no era mujer, me negaba a que me visitaran. Qué quieren que les diga, o soy muy chapada a la antigua, o muy feminista, pero basándome en el dicho "zapatero a tus zapatos", si necesitara un urólogo, buscaría un hombre.)
c). Hora para analítica. Una de las de ayer, que me hicieron personarme en ambulatorio a las ocho y sin llevar nada en el cuerpo, y me pasé el día mareada. Encima tuve que aguantar a una abuela vestida de "Barbie Complementos" y más maquillada que la Jurado, gritándole a la enfermera por llegar tarde. Como si tuviera tantísimo que hacer. Y la enfermera observa mi cara de video-clip de Michael Jackson y aún tiene narices de preguntarme: "¿Estás en ayunas?" Y casi le solté alguna, del tipo: "No, es la hepatitis, querida, que me hace poner esta cara". Si no me tomo un café antes de empezar el día, me paso unas veinticuatro horas más zombie que poco. Ayer, al salir de la analítica I, casi me como a un médico que pasaba por allí. No del hambre, no, del mareo que llevaba encima.
Por si fuera poco (y eso que no quería mirar) al girarme para coger mi chaqueta, mis ojos se toparon de bruces con la jeringuilla llena de sangre, y el color me recordó a los tapetes de terciopelo rojo, oscurísimo, con los que cubrían las mesas de los tribunales de los exámenes finales de piano. De hecho, creo que eso fue lo que me acabó de marear. Pensar en los exámenes finales de piano, quiero decir, no la sangre, que soy donante y estoy acostumbrada.
d) Hora para electro, al que llegué tarde porque las enfermeras de extracciones también habían llegado tarde. La tía empieza a sacar cables y ventosas, y unas pinzas muy sospechosas que me hicieron pensar que me iba a pillar tobillos y muñecas con ellas (y acerté, carajos. Siempre que pienso algo así, acierto). Y al verme la cara me pregunta: "¿Te has hecho alguna vez un electro?" y yo: "Sí, pero no recordaba lo de las pinzas. ¿Dan corriente?" Y ella: "Niña, "electro" de "electrocardiograma", no de "electroshock". Vale, pues.
e) Hora para dosis diaria de penicilina y procaína. Como ya iba zombi perdida, me personé una hora antes sin darme cuenta. Me lo dijo una señora pleistocénica, que no sabía si estaba allí para pincharse o para que le dieran un baño en formol. Justo se lo iba a preguntar cuando me explicó, a lo "Barrio Sésamo, hola niños y niñas", la diferencia sustancial de sesenta minutos que hay entre las diez menos cuarto (que era a la hora a la que yo había llegado) y las once menos cinco (que era la hora a la que me tocaba el turno). También me explicó, gratis, que había subido los siete pisos a pie, con sus ochenta y dos años, porque los jóvenes (cualquiera de 18 a 79 años de edad) habían okupado, con k, el ascensor. Me cayó bien. Estoy conociendo más gente que en los campamentos de verano. Hoy me la volveré a encontrar, fijo, porque me la encuentro cada día. Nos pinchamos cada día a la misma hora.
f) Hora para dentista el viernes. Si todo va bien y la penicilina funciona, me sacarán una muela pasado mañana. Para la otra tengo que ir a una clínica privada, porque "Sanitat" no cubre nada en atención dental, que no sean flemones o "arranques".
g) Hora para cita con médico de cabecera para comentar resultados de pruebas. Me siento como en los días de revisión de exámenes. Sólo espero que el médico, al contrario que los profesores de mi uni, se presente a la cita.
h) El teléfono inalámbrico de casa. No me pregunten, no tengo ni idea de cómo ha ido a parar a mi bolso.
COSAS POR HACER:
1. Acabarme el segundo libro que me regalaron para mi cumpleaños, el guión de Smoke y Blue in the face. Me tiene enganchada, aunque la traducción, debo decir, es pésima. Los diálogos son tan calcados del inglés que en algunos pasajes, si no entendiera inglés, no tendría ni puñetera idea de lo que quieren decir. El argumento es lo que me engancha, las profundidades y superficialidades de los personajes, la decadencia de los días, el pesimismo. No he visto Blue in the face, pero sí Smoke, y la recomiendo muchísimo. Además salen Harvey Keitel y William Hurt (William Hurt, otro de los maduritos que me pierden...) y merecen muchísimo la pena.
2. Seguir enviando currículums por esos mundos de Gates. No quiero volver a la academia del año pasado, aunque me llamen. Prefiero escuchar a Britney Spears durante ocho horas, a diario, antes que volver al sitio. (Bueno, exagero, pero ya me entienden). Creo que me limitaré a dar clases particulares, que se pagan mucho mejor, y no tengo ni que salir de casa.
3. Ir a mirar sitios para casarme, donde nos quieran y nos den su cariño. Me da igual que sea un salón del Ayuntamiento, como un descampado debajo de un puente. A estas alturas, y a sabiendas, insisto, de que sólo es un contrato, "paso de todo, tío", como decía uno de mis cacahuetes de cinco años. Me caso por necesidad legal; malditas las ganas.
4. Dejar de pensar en que estas son mis vacaciones, so pena de acabar pensando en lo triste que es mi existencia. Figúrense:
-¿Dónde has estado estas vacaciones?
-En el ambulatorio de mi barrio, que es como visitar India, Pakistán, Ecuador y medio continente africano en una semana y sin ir más allá de dos manzanas de tu casa, oyes.
5. Prepararme alguna frase lapidaria de esas que duelen, para el próximo especimen pleistocénico al que se le ocurra quejarse de la población inmigrante en alguna sala de espera, delante de mí.
1. Confuso. Muy confuso. He abierto el bolso para encontrar el enésimo micropapelito donde debe de poner la hora para el pinchazo penicil-procaínico de hoy, y aún no lo he encontrado, pero sí que he encontrado los siguientes elementos, de los que me dispongo a hacer inventario:
a). Papel de derivación a clínica Quirón para ecografía cardíaca (o eco-cardiograma. Ni idea. Es como lo que les hacen a las embarazadas en la tripa, sólo que en vez de ver a un embrión todo monísimo él, veré a mi corazón con hipo perpétuo, sacándome el dedo ídem, en señal de desprecio por los cigarros y cafés consumidos)
b). Papel de derivación a ginecología. (Él de programación quedó hasta los genitales de que le insistiera en que si no era mujer, me negaba a que me visitaran. Qué quieren que les diga, o soy muy chapada a la antigua, o muy feminista, pero basándome en el dicho "zapatero a tus zapatos", si necesitara un urólogo, buscaría un hombre.)
c). Hora para analítica. Una de las de ayer, que me hicieron personarme en ambulatorio a las ocho y sin llevar nada en el cuerpo, y me pasé el día mareada. Encima tuve que aguantar a una abuela vestida de "Barbie Complementos" y más maquillada que la Jurado, gritándole a la enfermera por llegar tarde. Como si tuviera tantísimo que hacer. Y la enfermera observa mi cara de video-clip de Michael Jackson y aún tiene narices de preguntarme: "¿Estás en ayunas?" Y casi le solté alguna, del tipo: "No, es la hepatitis, querida, que me hace poner esta cara". Si no me tomo un café antes de empezar el día, me paso unas veinticuatro horas más zombie que poco. Ayer, al salir de la analítica I, casi me como a un médico que pasaba por allí. No del hambre, no, del mareo que llevaba encima.
Por si fuera poco (y eso que no quería mirar) al girarme para coger mi chaqueta, mis ojos se toparon de bruces con la jeringuilla llena de sangre, y el color me recordó a los tapetes de terciopelo rojo, oscurísimo, con los que cubrían las mesas de los tribunales de los exámenes finales de piano. De hecho, creo que eso fue lo que me acabó de marear. Pensar en los exámenes finales de piano, quiero decir, no la sangre, que soy donante y estoy acostumbrada.
d) Hora para electro, al que llegué tarde porque las enfermeras de extracciones también habían llegado tarde. La tía empieza a sacar cables y ventosas, y unas pinzas muy sospechosas que me hicieron pensar que me iba a pillar tobillos y muñecas con ellas (y acerté, carajos. Siempre que pienso algo así, acierto). Y al verme la cara me pregunta: "¿Te has hecho alguna vez un electro?" y yo: "Sí, pero no recordaba lo de las pinzas. ¿Dan corriente?" Y ella: "Niña, "electro" de "electrocardiograma", no de "electroshock". Vale, pues.
e) Hora para dosis diaria de penicilina y procaína. Como ya iba zombi perdida, me personé una hora antes sin darme cuenta. Me lo dijo una señora pleistocénica, que no sabía si estaba allí para pincharse o para que le dieran un baño en formol. Justo se lo iba a preguntar cuando me explicó, a lo "Barrio Sésamo, hola niños y niñas", la diferencia sustancial de sesenta minutos que hay entre las diez menos cuarto (que era a la hora a la que yo había llegado) y las once menos cinco (que era la hora a la que me tocaba el turno). También me explicó, gratis, que había subido los siete pisos a pie, con sus ochenta y dos años, porque los jóvenes (cualquiera de 18 a 79 años de edad) habían okupado, con k, el ascensor. Me cayó bien. Estoy conociendo más gente que en los campamentos de verano. Hoy me la volveré a encontrar, fijo, porque me la encuentro cada día. Nos pinchamos cada día a la misma hora.
f) Hora para dentista el viernes. Si todo va bien y la penicilina funciona, me sacarán una muela pasado mañana. Para la otra tengo que ir a una clínica privada, porque "Sanitat" no cubre nada en atención dental, que no sean flemones o "arranques".
g) Hora para cita con médico de cabecera para comentar resultados de pruebas. Me siento como en los días de revisión de exámenes. Sólo espero que el médico, al contrario que los profesores de mi uni, se presente a la cita.
h) El teléfono inalámbrico de casa. No me pregunten, no tengo ni idea de cómo ha ido a parar a mi bolso.
COSAS POR HACER:
1. Acabarme el segundo libro que me regalaron para mi cumpleaños, el guión de Smoke y Blue in the face. Me tiene enganchada, aunque la traducción, debo decir, es pésima. Los diálogos son tan calcados del inglés que en algunos pasajes, si no entendiera inglés, no tendría ni puñetera idea de lo que quieren decir. El argumento es lo que me engancha, las profundidades y superficialidades de los personajes, la decadencia de los días, el pesimismo. No he visto Blue in the face, pero sí Smoke, y la recomiendo muchísimo. Además salen Harvey Keitel y William Hurt (William Hurt, otro de los maduritos que me pierden...) y merecen muchísimo la pena.
2. Seguir enviando currículums por esos mundos de Gates. No quiero volver a la academia del año pasado, aunque me llamen. Prefiero escuchar a Britney Spears durante ocho horas, a diario, antes que volver al sitio. (Bueno, exagero, pero ya me entienden). Creo que me limitaré a dar clases particulares, que se pagan mucho mejor, y no tengo ni que salir de casa.
3. Ir a mirar sitios para casarme, donde nos quieran y nos den su cariño. Me da igual que sea un salón del Ayuntamiento, como un descampado debajo de un puente. A estas alturas, y a sabiendas, insisto, de que sólo es un contrato, "paso de todo, tío", como decía uno de mis cacahuetes de cinco años. Me caso por necesidad legal; malditas las ganas.
4. Dejar de pensar en que estas son mis vacaciones, so pena de acabar pensando en lo triste que es mi existencia. Figúrense:
-¿Dónde has estado estas vacaciones?
-En el ambulatorio de mi barrio, que es como visitar India, Pakistán, Ecuador y medio continente africano en una semana y sin ir más allá de dos manzanas de tu casa, oyes.
5. Prepararme alguna frase lapidaria de esas que duelen, para el próximo especimen pleistocénico al que se le ocurra quejarse de la población inmigrante en alguna sala de espera, delante de mí.
Mis bacanes adorados.
Bacán: (lunfardo) elegante, bien vestido, chic, dandy...
Hombres con ese "je-ne-sais-quoi".
Todo desde mi perspectiva, claro, y dejándome unos cuantos cientos de ellos, poque no me cabrían todos... pero hacía tiempo que quería hacer una lista de mis amores platónicos del cine. Allá voy.
10. ALAN SIDNEY PATRICK RICKMAN. (Alan Rickman)
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Nació en Londres, al lado de donde vivía yo, en Hammersmith, en 1946. Películas destacadas, "Robin Hood", "Sense and sensibility", "Love actually", "Dogma" y las de Harry Potter, claro...
Está medio casi que como que arrejuntado desde hace siglos, pero él y la mujer viven separados. Es una historia muy larga. Siempre me ha gustado ese aspecto tan elegante e intranquilo, que nunca sabes, así, de buenas a primeras, si es el bueno o el malo. Sus personajes (exceptuando quizá el terrorista de "Jungla de Cristal") están llenos de fobias, manías, contradicciones y segundas y terceras capas.
9. JACK NICHOLSON.
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Jack casi siempre es el pillo bueno, el casi malo o el malo. L'enfant térrible, aunque ya no es tan "enfant". Nació el 22 de Abril del 37 (joder, podría ser mi abuelo) en New Jersey, y he perdido la cuenta de sus divorcios y separaciones, aunque me bajó unos cuantos puntos cuando me enteré, ya hace años, de su relación con Lara Flynn Boyle, que dicho sea de paso, también podría ser su nieta. Entre mis películas favoritas figuran "A few good men", "As good as it gets" (brillantísima actuación, con un guión que le iba como un guante) y "About Schmitt".
8. RALPH FIENNES.
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El mayor de los dos Fiennes... mmmm... y soltero. Es más inglés que el Yorkshire pudding; nació en Suffolk en el 62 y uno de los papeles que más me impresionó de él fue el que hacía en "Schindler's list", de oficial nazi. Aquellas caras tan intensas, de hombre atormentado, luchando por esconderse a si mismo que se había enamorado de su criada judía... Hombre tan miserable y tan infeliz a la vez... Tampoco se pierdan su Heathcliff en "Wuthering Heights", con Juliette Binoche. Está de infarto.
7. GERARD XAVIER DEPARDIEU.
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Pese a lo que mucha gente pueda decir (de hecho, mucha gente YA me lo ha dicho) a Gerard Depardieu le encuentro un encanto especial, una atracción que no puedo acabar de ubicar. ¿Será la mirada? ¿Serán esos andares de gorila de las colinas? No sé qué es, sólo sé que las películas donde aparece se revisten automáticamente de una elegancia inexplicable... ese "je-ne-sais-quoi", ciertamente. Como dato informativo, nació en Châteroux (France, of course) en el 48, de modo que al menos, mi abuelo, mi abuelo, no podría ser... aunque casi. Pero este sí que es de los platónicos, platónicos, porque está casado con una actriz a la que adoro, Carole Bouquet y, a riesgo de quedar de pseudopresentadora de las noticias del corazón, creo que hacen una pareja perfecta. Las que más destaco: "Novecento", "Cyrano de Bergerac", "Tous les matins du monde" y "Les misérables".
6. ROBERT DE NIRO.
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De la cosecha del '43 del Soho neoyorquino. Un hombre de esos peligrosos, imprevisibles, indomables, de un atractivo gaseoso que cala hasta los huesos. Quién fuera Lolita...
Recuerdo con pasión: "Falling in love", "The Godfather II", "Taxi driver", "The mission", "Mary Shelley's Frankenstein"... Y muchas otras, pero como ya he dicho antes, no me cabrían todas. Les invito a que añadan las que ustedes recuerdesn, o las que más les gusten de cada actor y que yo no haya puesto, en los comentarios.
Está divorciado, pero por más que le llamo para intentar quedar con él, me da largas. Va a ser que tiene alguna historia secreta con alguna casada famosa...
5. GERARD BUTLER.
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Ya de fantasma de la ópera se le adivinaba un poderío que para qué contarles. Es un licenciado en derecho, de Glasgow. Tiene una de esas sonrisas de labios ondulados en los que se me pierden los ojos cien veces por minuto. Quizá el hecho de ser "guapo" le resta algo de atractivo, pero sin duda tiene carisma, es simpático, sencillo, bueno para la salud y me da igual que me tachen de prosáica: está como un tren, el tío. exceptuando "The phantom of the opera" y "Attila" no ha hecho grandes papeles en grandes producciones, pero me llegó al corazón su personaje en "Dear Frankie", una película escocesa en que utiliza su propio acento para hablar y le entiende su tía la Juani. Sentí que el acento indescifrable aún lo hacía más misterioso, más complejo, más... bacán.
4. JOHN CHRISTOPHER DEPP.
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Tiene uno de esos aires que me incitan a ponerme a cantar "Johnny tu n'es pas an ange". Desde que babeaba (yo, evidentemente, no él)en New Jersey, con apenas 12 años gastando la tele literalmente frente a los capítulos de "21 Jump Street" hasta hace un par de semanas, que fui al cine por segunda vez para ver "Charlie and the chocolate factory", pasando por "Edward Scissorhands", "Donnie Brasco", "Fear and loathing in Las Vegas", "What's eating Gilbert Grape", "Once upon a time in Mexico", "Chocolat", "The secret window", "Pirates of the Caribbean".... No hay ABSOLUTAMENTE ninguna película donde salga él que no me guste. Incluso "Sleepy hollow" y "From Hell", que eran demasiado tétricas para mi estómago, se salvaron porque me encantaba su actuación. Ese porte serio, ese estar desenfadado pero ido, como si fuera demasiado salvaje para ser humano... Esos personajes que cobran verosimilitud cuando les presta su cuerpo, sus gestos, sus ojos. Es impresionante. Nunca hace el mismo papel. No sé cómo lo consigue.
Pero claro, supongo que Vanessa Paradis, la francesa con la que lleva bastantes años (y la madre de sus hijos, cawenlalechequerabiameda), debe de pensar lo mismo, así que desisto de llamarlo para quedar. Además, ´quedamos que le tocaba a él, la última vez.
... Y el TOP 3.
3. COLIN FIRTH
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Recuerdo una tarde de jueves en que íbamos paseando por Parson's Green Craig y yo y hablando de cine, y le dije: "Tú ya sabes que te quiero muchísimo, pero si me encontrara con Colin Firth y me hiciera caso, seguramente te dejaría. Sólo quiero que lo sepas, por si acaso". Recuerdo que Craig se rió y recuerdo que era jueves, porque justo la mañana del día siguiente fui al museo de la ciencia (de Londres) y me lo encontré de cara. Me quedé tan, tan pasmada, que no fui capaz ni de decirle hola. Creo que Craig puede estar tranquilo. No le pondré los cuernos con Colin Firth nunca, por varios motivos:
Está felizmente casado desde hace tiempo, vive por Notting Hill, en algún lugar de Holland Park, con su mujer y las dos criaturas (las que había llevado al museo).
Tiene diecisiete años más que yo, y obviamente ni sabe que existo.
Mis películas favoritas de Colin Firth..."Love actually", porque es la primera vez que se muestra vulnerable, deshecho, abandonado y sensiblón; "Relative values", donde creo que está más en su papel, "Circle of friends", "Another country" (un dramón de cuidado donde sale con Rupert Everett, con quien mantiene una relación de desprecio-odio mútua, en la vida real), y "Hope springs". Dicen que es muy altivo, muy... "inglés", muy gallito. Yo creo que ya puede. Y al que no le guste... en fin.
2. RICARDO DARÍN
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Darín es la personificación del hombre de todas las letras de tango que pertenecen a historias de hombres porteños que perdieron a sus pebetas por no cuidarlas, y que lloran al sentir el olor del yuyo verde arrabalero, que las trae de vuelta en estado gaseoso irreal. Darín es un niño madurito, con esa sonrisa pícara de argentino playboy, esa pose de "che, no me rompás las pelotas" y esos ojos de "quiéreme y dame tu cariño". Darín, en todas las películas que he visto de él, es mi imagen perfecta del hombre. Ojo: he dicho mi imágen perfecta del hombre, no mi imagen del hombre perfecto. No se me confundan que no tiene nada que ver. Darín se me antoja como el argentino capaz de hacerte perder la cabeza, el dinero, la dignidad y la reputación y de tenerten perdida del todo, perdidamente enamorada.
"El mismo amor, la misma lluvia", "El hijo de la novia", "Kamchatka", con Cecilia Roth (qué manera de llorar a moco tendido con las tres) "Nueve reinas"... Me encantaron todas. Ahora quiero ver la de la luna de Avellaneda. No saben lo contenta que estoy de que esté casado. Así me ahorro desgaste neuronal y hormonal.
Y el último, el número uno, el que todos y todas estaban esperando (aunque seguro que ya se lo imaginan) El increíble, el fantástico, el Über-sexiest man in the world...
1. GEORGE CLOONEY.
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Ah... ¿No? ¿No creen que sea el über-mega de los über-megas?... Consulten con su almohada, que la envidia es muy mala.
No tengo palabras para éste. Sólo les dejo con estas fotos. Quédense con el feliz pensamiento de aquella camiseta ajustada, y del tatuaje que salía de debajo de ella, trepando por su cuello en "From dusk till dawn" y con la imagen de su cuerpo serrano (o llanqui, da igual, se lo perdono todo, todo, todo) comiéndose inevitable e irrefenablemente la pantalla entera, ni Brad Pitts ni pollas en vinagre, como dicen en mi pueblo, en Ocean's 11 y 12. Esa elegancia, esa sonrisa de "No tengo nada que perder", ese reflejo tan, tan travieso en la caída de sus ojos, en las esquinitas donde justo empieza la sien... desparpajo, seguridad, confianza... y un cerdo como mascota.
A este juro que no lo dejo ni respirar, si me lo encuentro en un museo. Venceré la timidez, el shock y lo que haga falta, pero yo, acoso y derribo, oigan.
Hombres con ese "je-ne-sais-quoi".
Todo desde mi perspectiva, claro, y dejándome unos cuantos cientos de ellos, poque no me cabrían todos... pero hacía tiempo que quería hacer una lista de mis amores platónicos del cine. Allá voy.
10. ALAN SIDNEY PATRICK RICKMAN. (Alan Rickman)
rickman.bmp
Nació en Londres, al lado de donde vivía yo, en Hammersmith, en 1946. Películas destacadas, "Robin Hood", "Sense and sensibility", "Love actually", "Dogma" y las de Harry Potter, claro...
Está medio casi que como que arrejuntado desde hace siglos, pero él y la mujer viven separados. Es una historia muy larga. Siempre me ha gustado ese aspecto tan elegante e intranquilo, que nunca sabes, así, de buenas a primeras, si es el bueno o el malo. Sus personajes (exceptuando quizá el terrorista de "Jungla de Cristal") están llenos de fobias, manías, contradicciones y segundas y terceras capas.
9. JACK NICHOLSON.
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Jack casi siempre es el pillo bueno, el casi malo o el malo. L'enfant térrible, aunque ya no es tan "enfant". Nació el 22 de Abril del 37 (joder, podría ser mi abuelo) en New Jersey, y he perdido la cuenta de sus divorcios y separaciones, aunque me bajó unos cuantos puntos cuando me enteré, ya hace años, de su relación con Lara Flynn Boyle, que dicho sea de paso, también podría ser su nieta. Entre mis películas favoritas figuran "A few good men", "As good as it gets" (brillantísima actuación, con un guión que le iba como un guante) y "About Schmitt".
8. RALPH FIENNES.
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El mayor de los dos Fiennes... mmmm... y soltero. Es más inglés que el Yorkshire pudding; nació en Suffolk en el 62 y uno de los papeles que más me impresionó de él fue el que hacía en "Schindler's list", de oficial nazi. Aquellas caras tan intensas, de hombre atormentado, luchando por esconderse a si mismo que se había enamorado de su criada judía... Hombre tan miserable y tan infeliz a la vez... Tampoco se pierdan su Heathcliff en "Wuthering Heights", con Juliette Binoche. Está de infarto.
7. GERARD XAVIER DEPARDIEU.
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Pese a lo que mucha gente pueda decir (de hecho, mucha gente YA me lo ha dicho) a Gerard Depardieu le encuentro un encanto especial, una atracción que no puedo acabar de ubicar. ¿Será la mirada? ¿Serán esos andares de gorila de las colinas? No sé qué es, sólo sé que las películas donde aparece se revisten automáticamente de una elegancia inexplicable... ese "je-ne-sais-quoi", ciertamente. Como dato informativo, nació en Châteroux (France, of course) en el 48, de modo que al menos, mi abuelo, mi abuelo, no podría ser... aunque casi. Pero este sí que es de los platónicos, platónicos, porque está casado con una actriz a la que adoro, Carole Bouquet y, a riesgo de quedar de pseudopresentadora de las noticias del corazón, creo que hacen una pareja perfecta. Las que más destaco: "Novecento", "Cyrano de Bergerac", "Tous les matins du monde" y "Les misérables".
6. ROBERT DE NIRO.
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De la cosecha del '43 del Soho neoyorquino. Un hombre de esos peligrosos, imprevisibles, indomables, de un atractivo gaseoso que cala hasta los huesos. Quién fuera Lolita...
Recuerdo con pasión: "Falling in love", "The Godfather II", "Taxi driver", "The mission", "Mary Shelley's Frankenstein"... Y muchas otras, pero como ya he dicho antes, no me cabrían todas. Les invito a que añadan las que ustedes recuerdesn, o las que más les gusten de cada actor y que yo no haya puesto, en los comentarios.
Está divorciado, pero por más que le llamo para intentar quedar con él, me da largas. Va a ser que tiene alguna historia secreta con alguna casada famosa...
5. GERARD BUTLER.
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Ya de fantasma de la ópera se le adivinaba un poderío que para qué contarles. Es un licenciado en derecho, de Glasgow. Tiene una de esas sonrisas de labios ondulados en los que se me pierden los ojos cien veces por minuto. Quizá el hecho de ser "guapo" le resta algo de atractivo, pero sin duda tiene carisma, es simpático, sencillo, bueno para la salud y me da igual que me tachen de prosáica: está como un tren, el tío. exceptuando "The phantom of the opera" y "Attila" no ha hecho grandes papeles en grandes producciones, pero me llegó al corazón su personaje en "Dear Frankie", una película escocesa en que utiliza su propio acento para hablar y le entiende su tía la Juani. Sentí que el acento indescifrable aún lo hacía más misterioso, más complejo, más... bacán.
4. JOHN CHRISTOPHER DEPP.
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Tiene uno de esos aires que me incitan a ponerme a cantar "Johnny tu n'es pas an ange". Desde que babeaba (yo, evidentemente, no él)en New Jersey, con apenas 12 años gastando la tele literalmente frente a los capítulos de "21 Jump Street" hasta hace un par de semanas, que fui al cine por segunda vez para ver "Charlie and the chocolate factory", pasando por "Edward Scissorhands", "Donnie Brasco", "Fear and loathing in Las Vegas", "What's eating Gilbert Grape", "Once upon a time in Mexico", "Chocolat", "The secret window", "Pirates of the Caribbean".... No hay ABSOLUTAMENTE ninguna película donde salga él que no me guste. Incluso "Sleepy hollow" y "From Hell", que eran demasiado tétricas para mi estómago, se salvaron porque me encantaba su actuación. Ese porte serio, ese estar desenfadado pero ido, como si fuera demasiado salvaje para ser humano... Esos personajes que cobran verosimilitud cuando les presta su cuerpo, sus gestos, sus ojos. Es impresionante. Nunca hace el mismo papel. No sé cómo lo consigue.
Pero claro, supongo que Vanessa Paradis, la francesa con la que lleva bastantes años (y la madre de sus hijos, cawenlalechequerabiameda), debe de pensar lo mismo, así que desisto de llamarlo para quedar. Además, ´quedamos que le tocaba a él, la última vez.
... Y el TOP 3.
3. COLIN FIRTH
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Recuerdo una tarde de jueves en que íbamos paseando por Parson's Green Craig y yo y hablando de cine, y le dije: "Tú ya sabes que te quiero muchísimo, pero si me encontrara con Colin Firth y me hiciera caso, seguramente te dejaría. Sólo quiero que lo sepas, por si acaso". Recuerdo que Craig se rió y recuerdo que era jueves, porque justo la mañana del día siguiente fui al museo de la ciencia (de Londres) y me lo encontré de cara. Me quedé tan, tan pasmada, que no fui capaz ni de decirle hola. Creo que Craig puede estar tranquilo. No le pondré los cuernos con Colin Firth nunca, por varios motivos:
Está felizmente casado desde hace tiempo, vive por Notting Hill, en algún lugar de Holland Park, con su mujer y las dos criaturas (las que había llevado al museo).
Tiene diecisiete años más que yo, y obviamente ni sabe que existo.
Mis películas favoritas de Colin Firth..."Love actually", porque es la primera vez que se muestra vulnerable, deshecho, abandonado y sensiblón; "Relative values", donde creo que está más en su papel, "Circle of friends", "Another country" (un dramón de cuidado donde sale con Rupert Everett, con quien mantiene una relación de desprecio-odio mútua, en la vida real), y "Hope springs". Dicen que es muy altivo, muy... "inglés", muy gallito. Yo creo que ya puede. Y al que no le guste... en fin.
2. RICARDO DARÍN
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Darín es la personificación del hombre de todas las letras de tango que pertenecen a historias de hombres porteños que perdieron a sus pebetas por no cuidarlas, y que lloran al sentir el olor del yuyo verde arrabalero, que las trae de vuelta en estado gaseoso irreal. Darín es un niño madurito, con esa sonrisa pícara de argentino playboy, esa pose de "che, no me rompás las pelotas" y esos ojos de "quiéreme y dame tu cariño". Darín, en todas las películas que he visto de él, es mi imagen perfecta del hombre. Ojo: he dicho mi imágen perfecta del hombre, no mi imagen del hombre perfecto. No se me confundan que no tiene nada que ver. Darín se me antoja como el argentino capaz de hacerte perder la cabeza, el dinero, la dignidad y la reputación y de tenerten perdida del todo, perdidamente enamorada.
"El mismo amor, la misma lluvia", "El hijo de la novia", "Kamchatka", con Cecilia Roth (qué manera de llorar a moco tendido con las tres) "Nueve reinas"... Me encantaron todas. Ahora quiero ver la de la luna de Avellaneda. No saben lo contenta que estoy de que esté casado. Así me ahorro desgaste neuronal y hormonal.
Y el último, el número uno, el que todos y todas estaban esperando (aunque seguro que ya se lo imaginan) El increíble, el fantástico, el Über-sexiest man in the world...
1. GEORGE CLOONEY.
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Ah... ¿No? ¿No creen que sea el über-mega de los über-megas?... Consulten con su almohada, que la envidia es muy mala.
No tengo palabras para éste. Sólo les dejo con estas fotos. Quédense con el feliz pensamiento de aquella camiseta ajustada, y del tatuaje que salía de debajo de ella, trepando por su cuello en "From dusk till dawn" y con la imagen de su cuerpo serrano (o llanqui, da igual, se lo perdono todo, todo, todo) comiéndose inevitable e irrefenablemente la pantalla entera, ni Brad Pitts ni pollas en vinagre, como dicen en mi pueblo, en Ocean's 11 y 12. Esa elegancia, esa sonrisa de "No tengo nada que perder", ese reflejo tan, tan travieso en la caída de sus ojos, en las esquinitas donde justo empieza la sien... desparpajo, seguridad, confianza... y un cerdo como mascota.
A este juro que no lo dejo ni respirar, si me lo encuentro en un museo. Venceré la timidez, el shock y lo que haga falta, pero yo, acoso y derribo, oigan.
Raval Sud Blues.
Creí que llegaba tarde, pero como de costumbre, había mirado mal el papelito. Siempre los dichosos papelitos, de esos que no llegan ni a tamaño de post-it enano y haciendo publicidad de algún medicamento. En el mío ponía "ibuprofeno XMS 600 mg", lo que hasta creí una broma de mal gusto por parte del de programación.
En fín, el caso es que tuve que subir los siete pisos a pie, porque sólo funcionaba un ascensor, cuya puerta había quedado literalmente sepultada bajo ciento cincuenta personas de todos los países imaginables ( y no imaginables). Entonces recordé lo que le había oído decir a la mujer del estanco, minutos antes:
-Aquests desgraciats, venen aquí a operar-se gratis, i nosaltres hem de "paga'ls-ho"...
Me daban ganas de matarla, en cierto modo. Puedo entender que tenga su punto de vista... es sólo que soy incapaz de respetarlo, porque seguro que al ver el telediario es de las que exclama, con fervor casi maternal, un "ay, pobrets nens, com en passen, de gana, si pogués fer res per ajudar..." La muy H.P. (que no es marca de impresora, sino insulto que se merece)
El santo al cielo.
Llegué a la séptima planta que se me salía el bazo por la oreja izquierda, jadeando, sudando y con los ojos fuera de las órbitas. Me senté, y el médico de cabecera acababa de empezar a visitar. Sólo había una pobre mujer con una cara de víctima de esas que se reconocen ipso facto: "Dame la baja, que agonizo" y un hombre de algún país entre la India y Pakistán, alto y flaquísimo, de mirada lacónica y mandíbulas retraídas.
Justo cuando iba a sacar el libro que había llevado (no saben la de libros que pueden llegar a leer en la seguridad social) entró Daniela.
Daniela hablaba con los de programación, hablaba con un sobre marrón que llevaba, hablaba con su bolsito rosa fucsia, con sus zapatos, con los pájaros. Daniela hablaba con una voz de criatura que era completamente imposible no enternecerse ni quererla de inmediato, a pesar de su cara picassiana, de sus andares torpísimos y de aquella bata que llevaba, que era algo entre un camisón muy bien conseguido y un casi-vestido demasiado corto.
Daniela se sentó a mi lado, casi-gritándole al sobre marrón, mientras lo abría muy desmañadamente y sacaba los papeles que había dentro. Se le rompió, pero recogió cuidadosamente todos los trocitos de papel marrón del suelo y se los metió en el bolso.
Tal como se incorporaba la miré de reojo. Se estaba quedando calva; el camisón no ocultaba ni una de las grandezas de sus sostenes, y llevaba las piernas mal depiladas. Olía bien. Olía a nata fresca, a baño de bebé. Olía a persona nueva. Me miró sonriéndome, pero sin dejar de farfullar algo sobre los medicamentos.
-Es que estoy harta de esos medicamentos, me paso el día durmiendo, y yo no quiero dormir, yo quiero vivir, que tengo veintiocho años, y encima dice la Eli que soy agresiva, y me han puesto en tratamiento psiquiátrico como si estuviera loca, encima, encima, jolines, es que no hay derecho, ¿son tontos o qué? Y ya les he dicho que como lo me cambien la medicación les pego un puñetazo y les rompo todos los dientes y....
Yo hice ver que seguía leyendo. Por un lado tenía unas ganas enormes de responderle, de hablar con ella, de conseguir que se calmara un poco. Por otro lado, sabía que aquello era tarea de especialistas, y que ya estábamos en la sala de espera de un ambulatorio, de todas maneras.
Entró una monja de paisano. Entró un señor de unos sesenta y pico, más flaco, más lacónico y más retraído que el exótico asiático. La monja y el señor se sentaron frente a nosotras.
Daniela le preguntó a la monja:
-¿Qué lees?- con la curiosidad genuina de una criatura de cinco años.
Y la monja, ante mi tremendo pasmo, le contestó con gran prepotencia y todavía mayor ignorancia:
-Nada, tú no lo entenderías.
Le dediqué una mirada a la monja, de esas de "así venga Satán y te haga un hijo", que la tipa captó al vuelo, y no dijo nada más.
Vaya mierda de monja, pensé yo. No es por meterme con el personal eclesiástico, pero creo que necesitan plantilla nueva pero que ya.
-No te preocupes. Casi nadie entiende esos libros; sólo los que estudian religión toda la vida- me sorprendí diciéndole a Daniela. Otra mirada sucia a la Anti-madreteresa.
-Ah. ¿Cuándo viene el doctor a llamarme? Es que tengo que volver a la resi a las cinco, si no se pondrán locos, porque ya me ha costado mucho que me dejaran salir y es que me tienen frita, todo el día haciendo lo que me dicen, y cuando digo algo no me hacen caso, y todo el mundo me molesta y encima al siquiatra, como si yo tuviera traumas, que dicen que tengo traumas, qué tontos, no saben nada, lo que estoy es muy cansada y cansa que tu padrastro te viole, claro, luego estás muy cansada muchos días, porque tuve que abortar, que me llevaron a un sitio y el otro día tuve un ataque de epilepsia y me tuvieron que sacar la lengua de la garganta, ¿tú te crees? casi me muero, ¿eh? pero yo les dije que no quería que viniera mi madre a verme ¡Mi madre es mala! y...
Y así siguió, haciéndonos un fast-forward frenético de los últimos meses de su vida, en que sus padres se habían divorciado ( o eso pude entender), su madre se había ido con un fulano y el fulano había violado a Daniela y la había dejado embarazada. Ahora estaba pendiente de juicios y mientras tanto, en una institución. Y no le daba la gana de comer porque decía que no quería engordar más.
Si una lo pensaba bien, realmente el sentido común de Daniela le daba cuarenta patadas al de cualquier especialista. Lo que más nerviosa le ponía eran los calmantes, precisamente, porque sabía que si los tomaba estaría atontada todo el día.
-Lo que tienes que hacer es encontrar algo que te guste mucho, mucho, un oficio, un trabajo, y dedicarte a ello- dijo una voz con un marcado acento catalán.
Era una abuelita con un simpático aspecto bohemio, el carro de la compra bajo los dedos de la mano derecha, y la mano izquierda ensangrentada. Daniela inmediatamente rebuscó, con tanta torpeza como buena voluntad, y sacó un paquete de pañuelos de papel con el que casi le pegó tremendo derechazo a la abuela. No lo hacía a propósito, no: le costaba calcular distancias.
-Tenga, yo la curo, está sangrando, sangra mucho, ¿qué le ha pasado?- y sin dejar que la abuelita rechistara siquiera, le presionó el corte del dedo con un pañuelo y se lo sujetó así, sin más.
Yo estaba entre si me levantaba y la abrazaba, o si salía corriendo para que no me vieran llorar. Luego, después de haber respirado hondo tres veces y con más calma, me di cuenta de un dato curioso. Daniela había tratado de tú a la monja, que debía de tener la misma edad que la abuelita bohemia, y en cambio, a la abuelita bohemia la trataba de usted. Seguro que ni ella misma se daba cuenta, pero sabía, de algún modo, quién merecía qué tratamiento.
La abuelita y Daniela se pusieron a hablar de perros. A Daniela le encantaban los perros. A estas alturas todo el mundo la escuchaba con un encandilamiento singular. Una pareja de gitanos, tres asiáticos, un matrimonio sudamericano, los que ya estábamos, y una enfermera que apareció para suministrarle gasas y tiritas a la abuelita.
Daniela volvió al tema del peso y me explicó que desde que la medicaban se había engordado mucho, y que no quería engordar más. Era más dueña de su cuerpo que mucha gente, contra cualquier apariencia, y me dijo que no quería comer carne.
-Pero tienes que comer carne- le dije, imbécil de mí. -Tiene muchas proteínas, y las proteínas no te engordan.
-No, claro, lo que engorda es todo el aceite donde fríen la carne, en la resi- me respondió ella. Touchée. ¿Qué podía decirle? Pensaba que la cosa no se podía poner peor y entonces va y me suelta:
-¿Tú comes mucha carne?
Joder, mal momento para decirle que soy vegetariana, pensé, y entre la espada y la pared, porque no quería mentirle pero tampoco quería resultar condescendiente, el médico me llamó. Fiiiuuuuu.... qué oportuno.
-Tengo que irme. Espero volver a verte pronto- le dije -y que estés más contenta cuando te vea, ¿eh?.
Y allí la dejé, sin parar de sonreír a pesar de las pastillas, del padrastro hijo de puta, de la madre que la maltrataba, del personal de la residencia que la obligaba a comer cosas que vomitaba automáticamente, de un aborto, unos cuantos ataques epilépticos y una inteligencia emocional que no he encontrado ni en las criaturas. Bellísima, extraordinaria Daniela.
En fín, el caso es que tuve que subir los siete pisos a pie, porque sólo funcionaba un ascensor, cuya puerta había quedado literalmente sepultada bajo ciento cincuenta personas de todos los países imaginables ( y no imaginables). Entonces recordé lo que le había oído decir a la mujer del estanco, minutos antes:
-Aquests desgraciats, venen aquí a operar-se gratis, i nosaltres hem de "paga'ls-ho"...
Me daban ganas de matarla, en cierto modo. Puedo entender que tenga su punto de vista... es sólo que soy incapaz de respetarlo, porque seguro que al ver el telediario es de las que exclama, con fervor casi maternal, un "ay, pobrets nens, com en passen, de gana, si pogués fer res per ajudar..." La muy H.P. (que no es marca de impresora, sino insulto que se merece)
El santo al cielo.
Llegué a la séptima planta que se me salía el bazo por la oreja izquierda, jadeando, sudando y con los ojos fuera de las órbitas. Me senté, y el médico de cabecera acababa de empezar a visitar. Sólo había una pobre mujer con una cara de víctima de esas que se reconocen ipso facto: "Dame la baja, que agonizo" y un hombre de algún país entre la India y Pakistán, alto y flaquísimo, de mirada lacónica y mandíbulas retraídas.
Justo cuando iba a sacar el libro que había llevado (no saben la de libros que pueden llegar a leer en la seguridad social) entró Daniela.
Daniela hablaba con los de programación, hablaba con un sobre marrón que llevaba, hablaba con su bolsito rosa fucsia, con sus zapatos, con los pájaros. Daniela hablaba con una voz de criatura que era completamente imposible no enternecerse ni quererla de inmediato, a pesar de su cara picassiana, de sus andares torpísimos y de aquella bata que llevaba, que era algo entre un camisón muy bien conseguido y un casi-vestido demasiado corto.
Daniela se sentó a mi lado, casi-gritándole al sobre marrón, mientras lo abría muy desmañadamente y sacaba los papeles que había dentro. Se le rompió, pero recogió cuidadosamente todos los trocitos de papel marrón del suelo y se los metió en el bolso.
Tal como se incorporaba la miré de reojo. Se estaba quedando calva; el camisón no ocultaba ni una de las grandezas de sus sostenes, y llevaba las piernas mal depiladas. Olía bien. Olía a nata fresca, a baño de bebé. Olía a persona nueva. Me miró sonriéndome, pero sin dejar de farfullar algo sobre los medicamentos.
-Es que estoy harta de esos medicamentos, me paso el día durmiendo, y yo no quiero dormir, yo quiero vivir, que tengo veintiocho años, y encima dice la Eli que soy agresiva, y me han puesto en tratamiento psiquiátrico como si estuviera loca, encima, encima, jolines, es que no hay derecho, ¿son tontos o qué? Y ya les he dicho que como lo me cambien la medicación les pego un puñetazo y les rompo todos los dientes y....
Yo hice ver que seguía leyendo. Por un lado tenía unas ganas enormes de responderle, de hablar con ella, de conseguir que se calmara un poco. Por otro lado, sabía que aquello era tarea de especialistas, y que ya estábamos en la sala de espera de un ambulatorio, de todas maneras.
Entró una monja de paisano. Entró un señor de unos sesenta y pico, más flaco, más lacónico y más retraído que el exótico asiático. La monja y el señor se sentaron frente a nosotras.
Daniela le preguntó a la monja:
-¿Qué lees?- con la curiosidad genuina de una criatura de cinco años.
Y la monja, ante mi tremendo pasmo, le contestó con gran prepotencia y todavía mayor ignorancia:
-Nada, tú no lo entenderías.
Le dediqué una mirada a la monja, de esas de "así venga Satán y te haga un hijo", que la tipa captó al vuelo, y no dijo nada más.
Vaya mierda de monja, pensé yo. No es por meterme con el personal eclesiástico, pero creo que necesitan plantilla nueva pero que ya.
-No te preocupes. Casi nadie entiende esos libros; sólo los que estudian religión toda la vida- me sorprendí diciéndole a Daniela. Otra mirada sucia a la Anti-madreteresa.
-Ah. ¿Cuándo viene el doctor a llamarme? Es que tengo que volver a la resi a las cinco, si no se pondrán locos, porque ya me ha costado mucho que me dejaran salir y es que me tienen frita, todo el día haciendo lo que me dicen, y cuando digo algo no me hacen caso, y todo el mundo me molesta y encima al siquiatra, como si yo tuviera traumas, que dicen que tengo traumas, qué tontos, no saben nada, lo que estoy es muy cansada y cansa que tu padrastro te viole, claro, luego estás muy cansada muchos días, porque tuve que abortar, que me llevaron a un sitio y el otro día tuve un ataque de epilepsia y me tuvieron que sacar la lengua de la garganta, ¿tú te crees? casi me muero, ¿eh? pero yo les dije que no quería que viniera mi madre a verme ¡Mi madre es mala! y...
Y así siguió, haciéndonos un fast-forward frenético de los últimos meses de su vida, en que sus padres se habían divorciado ( o eso pude entender), su madre se había ido con un fulano y el fulano había violado a Daniela y la había dejado embarazada. Ahora estaba pendiente de juicios y mientras tanto, en una institución. Y no le daba la gana de comer porque decía que no quería engordar más.
Si una lo pensaba bien, realmente el sentido común de Daniela le daba cuarenta patadas al de cualquier especialista. Lo que más nerviosa le ponía eran los calmantes, precisamente, porque sabía que si los tomaba estaría atontada todo el día.
-Lo que tienes que hacer es encontrar algo que te guste mucho, mucho, un oficio, un trabajo, y dedicarte a ello- dijo una voz con un marcado acento catalán.
Era una abuelita con un simpático aspecto bohemio, el carro de la compra bajo los dedos de la mano derecha, y la mano izquierda ensangrentada. Daniela inmediatamente rebuscó, con tanta torpeza como buena voluntad, y sacó un paquete de pañuelos de papel con el que casi le pegó tremendo derechazo a la abuela. No lo hacía a propósito, no: le costaba calcular distancias.
-Tenga, yo la curo, está sangrando, sangra mucho, ¿qué le ha pasado?- y sin dejar que la abuelita rechistara siquiera, le presionó el corte del dedo con un pañuelo y se lo sujetó así, sin más.
Yo estaba entre si me levantaba y la abrazaba, o si salía corriendo para que no me vieran llorar. Luego, después de haber respirado hondo tres veces y con más calma, me di cuenta de un dato curioso. Daniela había tratado de tú a la monja, que debía de tener la misma edad que la abuelita bohemia, y en cambio, a la abuelita bohemia la trataba de usted. Seguro que ni ella misma se daba cuenta, pero sabía, de algún modo, quién merecía qué tratamiento.
La abuelita y Daniela se pusieron a hablar de perros. A Daniela le encantaban los perros. A estas alturas todo el mundo la escuchaba con un encandilamiento singular. Una pareja de gitanos, tres asiáticos, un matrimonio sudamericano, los que ya estábamos, y una enfermera que apareció para suministrarle gasas y tiritas a la abuelita.
Daniela volvió al tema del peso y me explicó que desde que la medicaban se había engordado mucho, y que no quería engordar más. Era más dueña de su cuerpo que mucha gente, contra cualquier apariencia, y me dijo que no quería comer carne.
-Pero tienes que comer carne- le dije, imbécil de mí. -Tiene muchas proteínas, y las proteínas no te engordan.
-No, claro, lo que engorda es todo el aceite donde fríen la carne, en la resi- me respondió ella. Touchée. ¿Qué podía decirle? Pensaba que la cosa no se podía poner peor y entonces va y me suelta:
-¿Tú comes mucha carne?
Joder, mal momento para decirle que soy vegetariana, pensé, y entre la espada y la pared, porque no quería mentirle pero tampoco quería resultar condescendiente, el médico me llamó. Fiiiuuuuu.... qué oportuno.
-Tengo que irme. Espero volver a verte pronto- le dije -y que estés más contenta cuando te vea, ¿eh?.
Y allí la dejé, sin parar de sonreír a pesar de las pastillas, del padrastro hijo de puta, de la madre que la maltrataba, del personal de la residencia que la obligaba a comer cosas que vomitaba automáticamente, de un aborto, unos cuantos ataques epilépticos y una inteligencia emocional que no he encontrado ni en las criaturas. Bellísima, extraordinaria Daniela.
Mondo Bongo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN: 
1. De hipoglucemia sacaroide. Llevo unos cuantos días olvidándome de comprar azúcar y sustituyéndolo, con gran dolor de corazón, pero a malas horas, por los cientos de sobrecitos de edulcorante que he ido robando de todas partes para cuando viene Sacarina a casa. Resultado, me he dado cuenta de un par de cosas:
a) Que Sacarina no consume tanta ídem como yo me pensaba, a juzgar por la de sobrecitos que tenía acumulados. En realidad, ahora que lo pienso, sólo bebe "Cola light", como dice ella. Desde aquí hago pública mi amenaza de que si no deja de envenenarse con la mierda de la "cola-lait" del carajo, la mato yo, que al menos será más rápido. (Lo dice la fumadora, qué pasa).
b) Que si sigo echándole edulcorante al café en vez del saludable y riquísimo azúcar moreno de siempre, acabaré odiando el café, que es lo único de este mundo a lo que le echo azúcar. Esto podría tener sus:
b.1. Ventajas: salud y esplendor dental, renal y estomacal, y un hígado la mar de contento. Véase también reducción de nervios y celulitis.
Pero también sus
b.2. Desventajas: Nervios reducidos, hipotensión, mal carácter, migrañas, flaccidez, descolgamiento, desaparición de vida social tal y como la conocía y de todas maneras, seamos realistas: me importan un carajo el esplendor dental, renal y etcétera. Si no, tampoco fumaría, ni bebería boldams, ni comería conguitos. No te jo.....
...Hum... A todo esto, me acabo de dar cuenta de que hace casi un siglo que no me bebo una boldam. Esto hay que celebrarlo. Con cinco o seis boldams, diría yo.
2. De paz mental y sosiego físico. Holden, el cuñao rebelde y su madre, mi suegra jipi, recién llegada de Australia, se han ido esta madrugada a recorrer las islas griegas. ¿Si les envidio? Ahora mismo no puedo: la felicidad de tener la casa otra vez para Craig y para mí solos es tan grande que me ocupa el corazón entero. A la mierda, las islas griegas. Ahora mismo necesito mi espacio y mi rutina, no descubrir mundos nuevos. Qué iba a rascar yo en Grecia, de todas maneras. Lo único malo es que vuelven, dentro de tres semanas, así que esta sensación de paz y felicidad son artificiales, como quien dice.
Estoy atacá.
COSAS POR HACER:
1. Largarme corriendo al ambulatorio. Tengo visita con dentista, strike two, (sí, ya lo sé, no voy en cien años y ahora voy dos veces en menos de una semana. Qué lle imos facer, como decía mi añorada abuela). Luego tengo visita con el de cabecera, al que le voy a pedir una ITV, que la necesito ya con urgencia. Ahora que tengo unos días, se me acaban las excusas. Necesito hacerme el electro de rutina, para ver cómo me va el soplo "Me lo pedía el corasóooon y entonseees te busqué...." y esas cosas. También necesito revisión ginecológica. Bueno, en realidad no sé si la necesito o no, pero eso ya me lo dirán allí, que para eso están.
2. Hacerme fotos de esas que acabas saliendo peor que en una rueda de reconocimiento, para renovarme el DNI (que tengo caducado desde hace tres años y pico, no miento) y para el gimnasio nuevo. Después de unos cuantos intentos frustrados de hacer cosas con Craig (clases de tango, viajes, etc.) y visto lo visto, he decidido que al gimnasio no se puede negar. Al que voy ahora puede que sí, porque tiene una piscina que es, como dice mi querido hermano, que es más perceptivo que poco, "de tamaño semejante a un escupitajo mal tirao", y a Craig, almalibresurferaquesellevaelviento, le va el agua más que a un tonto un lápiz. Pero al nuevo no puede negarse, porque tiene una piscina suficientemente grande para ahogar a todos/as los/as dentistas de Barcelona. Es un decir.
3. Hacerle mimitos a Macgaiber, que parece que los necesita. Ahora se le da por dormir tumbado, y me pega unos sustos de la muerte mortal. Lo malo es que encima no descanso hasta que lo despierto, y el pobre debe de estar de mí hasta dondetedije.
4. Recomendar ALTAMENTE (si es que se puede recomendar "altamente", que yo esto de los adverbios así tan puestos nunca lo he visto claro) una canción que me pierde, me inspira, me pica, me duele, me encanta, me motiva y desmotiva y me pone los pelos de punta de lo que me llega a gustar. "Mondo Bongo", de la BSO de Mr and Mrs Smith. Joe Strummer and the Mescaleros. Diviértanse.
1. De hipoglucemia sacaroide. Llevo unos cuantos días olvidándome de comprar azúcar y sustituyéndolo, con gran dolor de corazón, pero a malas horas, por los cientos de sobrecitos de edulcorante que he ido robando de todas partes para cuando viene Sacarina a casa. Resultado, me he dado cuenta de un par de cosas:
a) Que Sacarina no consume tanta ídem como yo me pensaba, a juzgar por la de sobrecitos que tenía acumulados. En realidad, ahora que lo pienso, sólo bebe "Cola light", como dice ella. Desde aquí hago pública mi amenaza de que si no deja de envenenarse con la mierda de la "cola-lait" del carajo, la mato yo, que al menos será más rápido. (Lo dice la fumadora, qué pasa).
b) Que si sigo echándole edulcorante al café en vez del saludable y riquísimo azúcar moreno de siempre, acabaré odiando el café, que es lo único de este mundo a lo que le echo azúcar. Esto podría tener sus:
b.1. Ventajas: salud y esplendor dental, renal y estomacal, y un hígado la mar de contento. Véase también reducción de nervios y celulitis.
Pero también sus
b.2. Desventajas: Nervios reducidos, hipotensión, mal carácter, migrañas, flaccidez, descolgamiento, desaparición de vida social tal y como la conocía y de todas maneras, seamos realistas: me importan un carajo el esplendor dental, renal y etcétera. Si no, tampoco fumaría, ni bebería boldams, ni comería conguitos. No te jo.....
...Hum... A todo esto, me acabo de dar cuenta de que hace casi un siglo que no me bebo una boldam. Esto hay que celebrarlo. Con cinco o seis boldams, diría yo.
2. De paz mental y sosiego físico. Holden, el cuñao rebelde y su madre, mi suegra jipi, recién llegada de Australia, se han ido esta madrugada a recorrer las islas griegas. ¿Si les envidio? Ahora mismo no puedo: la felicidad de tener la casa otra vez para Craig y para mí solos es tan grande que me ocupa el corazón entero. A la mierda, las islas griegas. Ahora mismo necesito mi espacio y mi rutina, no descubrir mundos nuevos. Qué iba a rascar yo en Grecia, de todas maneras. Lo único malo es que vuelven, dentro de tres semanas, así que esta sensación de paz y felicidad son artificiales, como quien dice.
Estoy atacá.
COSAS POR HACER:
1. Largarme corriendo al ambulatorio. Tengo visita con dentista, strike two, (sí, ya lo sé, no voy en cien años y ahora voy dos veces en menos de una semana. Qué lle imos facer, como decía mi añorada abuela). Luego tengo visita con el de cabecera, al que le voy a pedir una ITV, que la necesito ya con urgencia. Ahora que tengo unos días, se me acaban las excusas. Necesito hacerme el electro de rutina, para ver cómo me va el soplo "Me lo pedía el corasóooon y entonseees te busqué...." y esas cosas. También necesito revisión ginecológica. Bueno, en realidad no sé si la necesito o no, pero eso ya me lo dirán allí, que para eso están.
2. Hacerme fotos de esas que acabas saliendo peor que en una rueda de reconocimiento, para renovarme el DNI (que tengo caducado desde hace tres años y pico, no miento) y para el gimnasio nuevo. Después de unos cuantos intentos frustrados de hacer cosas con Craig (clases de tango, viajes, etc.) y visto lo visto, he decidido que al gimnasio no se puede negar. Al que voy ahora puede que sí, porque tiene una piscina que es, como dice mi querido hermano, que es más perceptivo que poco, "de tamaño semejante a un escupitajo mal tirao", y a Craig, almalibresurferaquesellevaelviento, le va el agua más que a un tonto un lápiz. Pero al nuevo no puede negarse, porque tiene una piscina suficientemente grande para ahogar a todos/as los/as dentistas de Barcelona. Es un decir.
3. Hacerle mimitos a Macgaiber, que parece que los necesita. Ahora se le da por dormir tumbado, y me pega unos sustos de la muerte mortal. Lo malo es que encima no descanso hasta que lo despierto, y el pobre debe de estar de mí hasta dondetedije.
4. Recomendar ALTAMENTE (si es que se puede recomendar "altamente", que yo esto de los adverbios así tan puestos nunca lo he visto claro) una canción que me pierde, me inspira, me pica, me duele, me encanta, me motiva y desmotiva y me pone los pelos de punta de lo que me llega a gustar. "Mondo Bongo", de la BSO de Mr and Mrs Smith. Joe Strummer and the Mescaleros. Diviértanse.
Post de una muela en apuros.
Me presento, aunque estoy segura de que ya habrán leído sobre mí incluso puede que más de lo que les interesaría: soy LA muela. No cualquier muela habitante de cualquier boca, no. Soy LA muela en cuestión.
Para mi dueña, toda esta historia de dentistas sólo es una cuestión de dolor de muelas. Para mí es una cuestión de vida o muerte. Tengo que lidiar a diario con una infección que ríome yo del ejército llanqui. Y ni siquiera tengo dos manos para ello, no, porque una está sujeta permanentemente al cerebro, así que con la otra tengo que ir repartiendo leches a un rebaño de bacterias infecciosas, todo lo rápido y fuerte que puedo. Agotador.
Esto sólo era un pequeño preámbulo para que entiendan la situación que viví el jueves pasado por la tarde.
Aquella tarde le tuve que doler bastante. Créanme, no soy la mala de la película, soy la víctima. Si me arrancan, ella (mi dueña) sigue viviendo, pero yo me joderé y acabaré, con mucha suerte, en un cubo de la basura. Menudo fin para alguien como yo, que ha catado los mejores entrecots de ternera gallega y los roastbeefs más estupendos de Nueva Jersey. Aquella tarde no le dolí de infección, sino de lo contenta y nerviosa que estaba ante la tan esperada visita con el dentista.
En cuanto entramos en la consulta noté un mordisco en la mano que llevo anclada al cerebro. Era el nervio óptico, que se cagó de miedo al ver la sillita esa de marras. Háganse una idea de lo dura que es mi vida, rodeada de cobardes perpétuamente. En fin, el caso es que logramos aposentar los glúteos en la sillita y en seguida ví la cara sonriente del verdugo, mirándome fijamente.
-Ay, qué lahtima de muelita, víiihte, pero por qué no vinihte ánteh, muhé?
Y mi dueña le responde, muy en su línea:
-Porque los dentistas me dan pánico.
Mal comienzo, pensé. Muy mal comienzo, y las voy a tener que pagar yo, encima, que no he dicho nada.
-Bueeeno, vamoh a ponerte la anehtésia, sentáte bien y miráme, oquei?
Aquí tengo que decirles que sentí un poco de vergüenza ajena. De mi dueña, claro, que estaba de todo menos quieta. Mi encía temblaba tanto que no era capaz de mantener las raíces en su sitio, casi pensé que me caía garganta abajo. Un miedo que ni les cuento. Antes ni de prepararme mentalmente, ya está el argentino con una máscara puesta hurgándome por todas partes. Unas cosquillas del copón, cosa que ustedes pensarían que con la infección, casi que se agradecen... pero no. Si las muelas pudiéramos hablar... Los que hacern los cartelitos de LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN" estarían en el paro.
En fin, lo que recuerdo, antes de quedarme semi-inconsciente (y ahora les explicaré el "semi") es que todo era gris y amarillo. Todo lo que venía de la mano que tengo enganchada al cerebro, quiero decir. Parece que quieran hacer las consultas a juego con el dolor. Así ya no sólo notas el sabor metálico de la infección, sino que para que no te despistes, también tus ojos lo ven, y tus manos lo pueden tocar. Genial, pensé yo, con lo cobarde que es ésta sólo le faltaban más sugestiones sensoriales.
El tío ya iba por la tercera botella de anestesia y yo tenía ganas de salir y decirle:
-No, mira, chato, que es que parece que no te has dado cuenta de que con esta infección ecuestre va a ser como bastante imposible que me duermas. Padezco de insomnio ya desde hace tiempo, y no dormiré hasta que no sepa que puedo dormir tranquila y que no me voy a despertar en un cubo de la basura, apátrida y ensangrentada, con las raíces clavadas en un cacho de algodón.
Pero claro, es volver a lo mismo.
Cuarta botella de anestesia, que me arranquen de cuajo si miento, y mi dueña intentando explicarle al verdugo argentino que la anestesia no le hace efecto de golpe, que hay que esperar un rato, y el verdugo, tan médico él, diciéndole que no, que la anestesia tiene que hacer efecto de golpe, como si fuera el Dios Griego de las terminaciones nerviosas... debió ser con este pensamiento que me empezó a dar la mosca, empecé a cabecear y pude ver a un especie de monstruo tipo mitólogía griega, con agujas en vez de pelo y de cuerpo transparente, relleno de líquido amarillo, luchando contra Medusa, y haciéndose llamar Anestesia. Les juro que hacía unas cuantas Boldams que no tenía sueños tan extraños.
Pero el cabeceo duró poco, y me desperté de golpe, con un pinchazo en todo el nervio, que es la zona bélica donde se está desarrollando el conflicto. Expulsé, del susto, una partícula de resto de pan de cereales. Si esto les parece asqueroso, hay gente que cuando tiene miedo se caga, que es peor, oigan.
Sentí un movimiento brusco y de golpe, la cobarde en cuestión abrió la boca y pude ver, en primer plano, la pileta de enjuagarse. ¡Pcccht!
Buá. Y yo que pensaba que aquel jueves por la tarde se anunciaría el final de la guerra. Aunque claro, la situación no permitía el rendimiento de armas, porque yo, con aquella infección amenazando con quedarse a vivir en mi casa y echarme, no me podía dormir, como comprenderán, y ni mi dueña podía soportar el "ñiiiiiiiiiiiiii" de la excavadora asesina si yo no me dormía, ni el verdugo podía verduguear si mi dueña no dejaba de darle rodillazos en el esternón. Muy jodidas, las negociaciones, oigan.
Luchando por permanecer despierta, pude oir como la muy gallina de mi dueña le decía al verdugo:
-Me voy. Esto no va a funcionar. Me voy.
Entonces noté algo salado entrando por la boca.
Lágrimas. Con veintiocho años, y la tía se escapaba de la consulta del dentista llorando.
-Es de dolor- me confirmó el cerebro, a la salida. Yo andaba un poco drogada, todo hay que decirlo. Sentía unas inusuales ganas de reírme, bailar, y trillar bistecs, que era algo que no sentía en años, y no les exagero. Me habría comido el mundo en aquel momento, y nunca mejor dicho.
Pues las lágrimas fueron, más o menos, el último sabor salado que ha entrado por estos barrios últimamente. El resto, yogures, ibuprofeno y amoxicilina a punta pala.
Sigo sin dormir tranquila, no obstante, porque sé que se prepara una bien gorda, y quiero mantener la cabeza despierta.
En ello me va la vida.
Para mi dueña, toda esta historia de dentistas sólo es una cuestión de dolor de muelas. Para mí es una cuestión de vida o muerte. Tengo que lidiar a diario con una infección que ríome yo del ejército llanqui. Y ni siquiera tengo dos manos para ello, no, porque una está sujeta permanentemente al cerebro, así que con la otra tengo que ir repartiendo leches a un rebaño de bacterias infecciosas, todo lo rápido y fuerte que puedo. Agotador.
Esto sólo era un pequeño preámbulo para que entiendan la situación que viví el jueves pasado por la tarde.
Aquella tarde le tuve que doler bastante. Créanme, no soy la mala de la película, soy la víctima. Si me arrancan, ella (mi dueña) sigue viviendo, pero yo me joderé y acabaré, con mucha suerte, en un cubo de la basura. Menudo fin para alguien como yo, que ha catado los mejores entrecots de ternera gallega y los roastbeefs más estupendos de Nueva Jersey. Aquella tarde no le dolí de infección, sino de lo contenta y nerviosa que estaba ante la tan esperada visita con el dentista.
En cuanto entramos en la consulta noté un mordisco en la mano que llevo anclada al cerebro. Era el nervio óptico, que se cagó de miedo al ver la sillita esa de marras. Háganse una idea de lo dura que es mi vida, rodeada de cobardes perpétuamente. En fin, el caso es que logramos aposentar los glúteos en la sillita y en seguida ví la cara sonriente del verdugo, mirándome fijamente.
-Ay, qué lahtima de muelita, víiihte, pero por qué no vinihte ánteh, muhé?
Y mi dueña le responde, muy en su línea:
-Porque los dentistas me dan pánico.
Mal comienzo, pensé. Muy mal comienzo, y las voy a tener que pagar yo, encima, que no he dicho nada.
-Bueeeno, vamoh a ponerte la anehtésia, sentáte bien y miráme, oquei?
Aquí tengo que decirles que sentí un poco de vergüenza ajena. De mi dueña, claro, que estaba de todo menos quieta. Mi encía temblaba tanto que no era capaz de mantener las raíces en su sitio, casi pensé que me caía garganta abajo. Un miedo que ni les cuento. Antes ni de prepararme mentalmente, ya está el argentino con una máscara puesta hurgándome por todas partes. Unas cosquillas del copón, cosa que ustedes pensarían que con la infección, casi que se agradecen... pero no. Si las muelas pudiéramos hablar... Los que hacern los cartelitos de LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN" estarían en el paro.
En fin, lo que recuerdo, antes de quedarme semi-inconsciente (y ahora les explicaré el "semi") es que todo era gris y amarillo. Todo lo que venía de la mano que tengo enganchada al cerebro, quiero decir. Parece que quieran hacer las consultas a juego con el dolor. Así ya no sólo notas el sabor metálico de la infección, sino que para que no te despistes, también tus ojos lo ven, y tus manos lo pueden tocar. Genial, pensé yo, con lo cobarde que es ésta sólo le faltaban más sugestiones sensoriales.
El tío ya iba por la tercera botella de anestesia y yo tenía ganas de salir y decirle:
-No, mira, chato, que es que parece que no te has dado cuenta de que con esta infección ecuestre va a ser como bastante imposible que me duermas. Padezco de insomnio ya desde hace tiempo, y no dormiré hasta que no sepa que puedo dormir tranquila y que no me voy a despertar en un cubo de la basura, apátrida y ensangrentada, con las raíces clavadas en un cacho de algodón.
Pero claro, es volver a lo mismo.
Cuarta botella de anestesia, que me arranquen de cuajo si miento, y mi dueña intentando explicarle al verdugo argentino que la anestesia no le hace efecto de golpe, que hay que esperar un rato, y el verdugo, tan médico él, diciéndole que no, que la anestesia tiene que hacer efecto de golpe, como si fuera el Dios Griego de las terminaciones nerviosas... debió ser con este pensamiento que me empezó a dar la mosca, empecé a cabecear y pude ver a un especie de monstruo tipo mitólogía griega, con agujas en vez de pelo y de cuerpo transparente, relleno de líquido amarillo, luchando contra Medusa, y haciéndose llamar Anestesia. Les juro que hacía unas cuantas Boldams que no tenía sueños tan extraños.
Pero el cabeceo duró poco, y me desperté de golpe, con un pinchazo en todo el nervio, que es la zona bélica donde se está desarrollando el conflicto. Expulsé, del susto, una partícula de resto de pan de cereales. Si esto les parece asqueroso, hay gente que cuando tiene miedo se caga, que es peor, oigan.
Sentí un movimiento brusco y de golpe, la cobarde en cuestión abrió la boca y pude ver, en primer plano, la pileta de enjuagarse. ¡Pcccht!
Buá. Y yo que pensaba que aquel jueves por la tarde se anunciaría el final de la guerra. Aunque claro, la situación no permitía el rendimiento de armas, porque yo, con aquella infección amenazando con quedarse a vivir en mi casa y echarme, no me podía dormir, como comprenderán, y ni mi dueña podía soportar el "ñiiiiiiiiiiiiii" de la excavadora asesina si yo no me dormía, ni el verdugo podía verduguear si mi dueña no dejaba de darle rodillazos en el esternón. Muy jodidas, las negociaciones, oigan.
Luchando por permanecer despierta, pude oir como la muy gallina de mi dueña le decía al verdugo:
-Me voy. Esto no va a funcionar. Me voy.
Entonces noté algo salado entrando por la boca.
Lágrimas. Con veintiocho años, y la tía se escapaba de la consulta del dentista llorando.
-Es de dolor- me confirmó el cerebro, a la salida. Yo andaba un poco drogada, todo hay que decirlo. Sentía unas inusuales ganas de reírme, bailar, y trillar bistecs, que era algo que no sentía en años, y no les exagero. Me habría comido el mundo en aquel momento, y nunca mejor dicho.
Pues las lágrimas fueron, más o menos, el último sabor salado que ha entrado por estos barrios últimamente. El resto, yogures, ibuprofeno y amoxicilina a punta pala.
Sigo sin dormir tranquila, no obstante, porque sé que se prepara una bien gorda, y quiero mantener la cabeza despierta.
En ello me va la vida.
OS ESCRAVOS DO BANDOLLO.
O casus belli víase vir dende Novembro, e é que cada ano era a mesma historia.
Sentéi a ler o Correo Galego cunha taza de caldo. Ía unha viruxa, xa pola mañán, que prometía xeada pola noite. Aínda non espertara ninguén da miña familia. Una mañán de nadal de frío, coma tódalas mañáns de nadal de frío no medio do monte da provincia de Ourense.
Respiraba unha paz que caseque dábame medo, porque na miña familia, ter unha mañán de nadal de paz, non foi nunca normal.
Xusto no momento que penséi nesto, empezaron a face-la súa aparición as nobles xentes integrantes do medio familiar. Tamén nesto era típica a miña familia. Tiñamos tódolos compoñentes dunha familia galega de vademecum: un tío que non falaba nunca, casado cunha muller que falaba sobexo. Un xenro (meu pai) de fora de Galicia, tratado de extraterrestre, máis ou menos; unha récua de curmáns medio imbecilizados polos programas de televisión, unha filla sufridora (miña mái) e... unha obsesión predominante en todos eles ( e todas elas) polos xantares que non selle podía chamar saúde mental, precisamente.
Cada ano había unha gran disputa para decidir o menú da noite de fin de ano. Unha traxedia, unha catástrofe.
Empezóu miña avóa:
-Poderiamos facer uns pés de poeta, que che están mói bós, aínda que a min non me importa porque só de vos ver felices xa me está ben- pero houbo un compoente que saltou de seguida. Foi o meu curmán de doce anos, o Brais, en plena furia de consumismo americano, que berrou máis co derradeiro porco do nadal do ano anterior:
-Pes de poeta! Que noxo, mamá, nin se vos ocurra! Eu quero pissa! Vai que me mercarás unha pissa, mami, vai que sí?
Ó que a tía respondeu cun "cala neno" moi medido e do disgusto, o resto dos curmáns pequenos caíronselle os bolos de cereais entre tanto movemento, porque como dicia o tío (seu pai) "iso de toma-lo leite de boa mañán mirándolle as bolas a non séi qué gragón da televisión non é cousa normal, pero vaia, con que estean calados xa é moito".
A historia continuou; eu sabía que só rematara de comenzar, de feito, e continuaba cos ollos metidos no xornal. Colleu o relevo a avóa, capitana xeral das milicias matriarcais galegas da posguerra:
-Mirade, xa está, xa o penséi, non lle deamos máis voltas. De entrantes, salpicón de marisco, coas súas centolas de ría, os seus bois de mar, pemento e cebola, vinagre e aceite, pescada e mexillóns. De segundo, rodaballo ó forno con patacas asadas... Xesús, terás que traer máis viño da viña, , que non haberá sobexo. Despois, como matamos no trinta, unhas boas filloas. Tamén podo facer unhas orellas, arroz con leite... ou brzo de xitano. Nenos, que vos parece?- A avóa recreábase só de se imaxinar felízmente metida na cociña todo o día, porque as mulleres nacían só para traballar para os demáis.
Pero a sua divagación culinaria de sguida foi interrumpida pola rapazada:
-Sí home, avóa, imos saír todos nadando, con tanto peixe! Nós queremos pissa!- E a sua mesma filla, miña nai, que tamén falaba sobexo, uníuselles na disputa:
-Mamá, este ano non te quero ver na cociña- frase que soaba igual ou máis rutineira que decir boas noites cando te vas deitar, porque levaba toda a vida repetíndoa sen posibilidades de éxito, pero vaia, remprendeu o menú a herdeira indirecta da tradición matriarcal, miña tía, coma se alguén lle preguntara:
-O do salpicón estame ben, pero por que en trocas do rodaballo non facemos un cabrito ó forno con pementos morróns? Lembrádevos da boda do Xoán e a Tereixa de Allariz, cando fomos alá a Carfaxiño naquela churrasqueira, que tanto nos prestou...
-Nada, caralladas- contestou outro tío, o solteiro, que acababa de se despertar e ata entón gardárase moito de falar, -unhas empanadas e vai listo, tanto fin de ano nin tanta enchenta.
-Empa-naaadas?- saltou miña nai, caseque ofendida e cun evidente ton cáustico -Sí, home, e podiamos mercar esas pissas xa de pasada, non? Por tí, calquera cousa. E un dos curmáns, como era de esperar, interceptou o discurso nun segundo:
-Si, tía, esas pissas!!!! Empanadas e pissas!!!!- e o xenro de fora de Galicia (meu pai), que xa non atunaba máis, propuxo de ir a Valencia á casa de seus pais a comer unha paella... verdadeiramente impresionante, penséi, aquí cada tolo vai á sua.
A min érame igual comer carne ca peixe, raxo, polbo ou cachelos, ca canard à l'orange, porque o importante, pensaba eu, era estar todos xuntos en paz e harmonía familiar, iso sí, sen ter a avóa de cacho para cabazo, servindo á xente coma se fora unha serventa. Pero aínda me gardara moito de falar, e seguía escondido detrás do Correo Galego, mollando o pan de millo no caldo e botando pestes e carallos de cando en vez, a ver se alguén se enteraba do barullo que facían. Non, claro que non se enteraban, pero por intenta-lo...
-Coma avóa Dores- dicía a miña avóa, mirándome, con bágoas nos ollos; bágoas que por certo nunca entendín, porque a Dores, a sua sogra, que "Dio-la-te-ña-na-Ghloria" déralle máis disgustos ca pouco. Pero o caso é que como sempre dicían que eu xa era un home feito e dereito, aproveitei para falar.
-Imos facer un cocido. Con patacas, cenorias, grelos, lenguizas, garavanzos, feixóns ou o que sexa que se lle bote, éme igual. Despois un congro, ou pescada fervida, ou xurelos, e de derradeiro, leite frito ou chulas, as uvas de rigor, coma sempre, e xa está, non fai falla pelexarse máis, que non son tan importantes as esmorgas, cona.- En fin, falei con seguridade e control, pero o menú que propuxen para Noitevella non coincidía coa visión do resto da familia. Uns limitáronse a ordearme que non botara pecados, e os outros, os cativos, que "jobar, que rollo, cocido e outra vez peixe". Miña nai fíxome calar e punto, e tíven que volver a miña atención ó Correo Galego, recordando esa máxima do dereito de familia galego: non fales.
Teño que dicir, iso sí, que polo menos tivera unha idea sinxela e altruista máis propia do nadal que tanta ostentación nin tanta mariscada.
Pois a cousa ía acrecentándose, e unhas palabras levaban ás outras, e entre solombos e salsas, lagostas, marmelos e queixos, empezaron a chegar os carallos e as hostias e os "mal-raio-che-coma" e "rabia-de-neno-se-foras-meu-fillo" e "teu-fillo-é-un-preghizoso-do-carallo" e "me-cagho-no-demo-que-te-fixo", e empezáronse a aldraxar os unos ós outros coma quen non quere a cousa, e a "cousa" chegou ó concello lindante". Algúns veciños uníronse na pelexa, porque "xa está ben, estes valenciáns do carallo qué pensan que son para vír, dicir e mandar", e cando tal, a loita chegara a Ponferrada e os Telexornáis ata empezaban a falar do tema, pero iso non foi nada, porque coma todo nesta vida, a intolerancia e os malentendidos fixeron queimar montes e destrozar hórreos, e as noticias chegaron ó Norte, a México, a Caracas, a Santiago, Montevideo e á Plata. Por todo o continente americano, masas impresionantes de guettos e colonias de galegos manifestábanse polas rúas máis históricas do mundo en contra do Bloque Nacionalista Galego, que tiña a culpa de todo por ir arrincar a paz onde xa a había, que "a ver que cona de tanto esnobismo nin tanto independentismo", e tal. Entón os grupos independentistas de todo o mundo uníronse, porque os galegos manifestáranse nas capitais do planeta, e é que cando os galegos facemos unha cousa, facémo-la ben e que se nos vexa, pero esta vez fora mellor ficar na casa e mira-lo Superpiñeiro... mellor, ou menos perigoso, polo menos.
Tres días despóis, o mundo espertou ó Ano Novo en plena guerra mundial. Os americanos botaban uns estentóreos peidos atómicos e radiactivos, ó mando dun emigrante de Monforte de Lemos, que xa levaba en "Niuár" (Newark) vinte e sete anos e que non aprendera unha palabra de inglés, pero os de "Niuár" falaban galego que nin Curros Enríquez, e aprendérano de balde.
O escenario ficou baldeiro. Os escravos do bandollo morreron defendendo algunha causa que non tiña que ver. A gula foi a vasoira que levou tras de si a tódala especie galega, situada en puntos estratéxicos do mapamundi.
Sentéi hai uns seis ou sete minutos cunha taza de caldo, a ler o Correo Galego. Vai unha viruxa que promete xeada pola noite. Érgome a pecha-la porta, mais decátome logo de que non a hai.
*******
Un cuento que acabo de rescatar de una de las mil carpetas que tengo embutidas en los armarios de la caja de zapatos a la que llamo "piso", tan optimista. Un tributo a la sociedad en que nací, me crié y aprendí a hablar.
Pido perdón por las faltas que pueda haber, aunque como la normativa no se acaba de poner de acuerdo, aún no sé muy bien qué es falta y qué no.
Sentéi a ler o Correo Galego cunha taza de caldo. Ía unha viruxa, xa pola mañán, que prometía xeada pola noite. Aínda non espertara ninguén da miña familia. Una mañán de nadal de frío, coma tódalas mañáns de nadal de frío no medio do monte da provincia de Ourense.
Respiraba unha paz que caseque dábame medo, porque na miña familia, ter unha mañán de nadal de paz, non foi nunca normal.
Xusto no momento que penséi nesto, empezaron a face-la súa aparición as nobles xentes integrantes do medio familiar. Tamén nesto era típica a miña familia. Tiñamos tódolos compoñentes dunha familia galega de vademecum: un tío que non falaba nunca, casado cunha muller que falaba sobexo. Un xenro (meu pai) de fora de Galicia, tratado de extraterrestre, máis ou menos; unha récua de curmáns medio imbecilizados polos programas de televisión, unha filla sufridora (miña mái) e... unha obsesión predominante en todos eles ( e todas elas) polos xantares que non selle podía chamar saúde mental, precisamente.
Cada ano había unha gran disputa para decidir o menú da noite de fin de ano. Unha traxedia, unha catástrofe.
Empezóu miña avóa:
-Poderiamos facer uns pés de poeta, que che están mói bós, aínda que a min non me importa porque só de vos ver felices xa me está ben- pero houbo un compoente que saltou de seguida. Foi o meu curmán de doce anos, o Brais, en plena furia de consumismo americano, que berrou máis co derradeiro porco do nadal do ano anterior:
-Pes de poeta! Que noxo, mamá, nin se vos ocurra! Eu quero pissa! Vai que me mercarás unha pissa, mami, vai que sí?
Ó que a tía respondeu cun "cala neno" moi medido e do disgusto, o resto dos curmáns pequenos caíronselle os bolos de cereais entre tanto movemento, porque como dicia o tío (seu pai) "iso de toma-lo leite de boa mañán mirándolle as bolas a non séi qué gragón da televisión non é cousa normal, pero vaia, con que estean calados xa é moito".
A historia continuou; eu sabía que só rematara de comenzar, de feito, e continuaba cos ollos metidos no xornal. Colleu o relevo a avóa, capitana xeral das milicias matriarcais galegas da posguerra:
-Mirade, xa está, xa o penséi, non lle deamos máis voltas. De entrantes, salpicón de marisco, coas súas centolas de ría, os seus bois de mar, pemento e cebola, vinagre e aceite, pescada e mexillóns. De segundo, rodaballo ó forno con patacas asadas... Xesús, terás que traer máis viño da viña, , que non haberá sobexo. Despois, como matamos no trinta, unhas boas filloas. Tamén podo facer unhas orellas, arroz con leite... ou brzo de xitano. Nenos, que vos parece?- A avóa recreábase só de se imaxinar felízmente metida na cociña todo o día, porque as mulleres nacían só para traballar para os demáis.
Pero a sua divagación culinaria de sguida foi interrumpida pola rapazada:
-Sí home, avóa, imos saír todos nadando, con tanto peixe! Nós queremos pissa!- E a sua mesma filla, miña nai, que tamén falaba sobexo, uníuselles na disputa:
-Mamá, este ano non te quero ver na cociña- frase que soaba igual ou máis rutineira que decir boas noites cando te vas deitar, porque levaba toda a vida repetíndoa sen posibilidades de éxito, pero vaia, remprendeu o menú a herdeira indirecta da tradición matriarcal, miña tía, coma se alguén lle preguntara:
-O do salpicón estame ben, pero por que en trocas do rodaballo non facemos un cabrito ó forno con pementos morróns? Lembrádevos da boda do Xoán e a Tereixa de Allariz, cando fomos alá a Carfaxiño naquela churrasqueira, que tanto nos prestou...
-Nada, caralladas- contestou outro tío, o solteiro, que acababa de se despertar e ata entón gardárase moito de falar, -unhas empanadas e vai listo, tanto fin de ano nin tanta enchenta.
-Empa-naaadas?- saltou miña nai, caseque ofendida e cun evidente ton cáustico -Sí, home, e podiamos mercar esas pissas xa de pasada, non? Por tí, calquera cousa. E un dos curmáns, como era de esperar, interceptou o discurso nun segundo:
-Si, tía, esas pissas!!!! Empanadas e pissas!!!!- e o xenro de fora de Galicia (meu pai), que xa non atunaba máis, propuxo de ir a Valencia á casa de seus pais a comer unha paella... verdadeiramente impresionante, penséi, aquí cada tolo vai á sua.
A min érame igual comer carne ca peixe, raxo, polbo ou cachelos, ca canard à l'orange, porque o importante, pensaba eu, era estar todos xuntos en paz e harmonía familiar, iso sí, sen ter a avóa de cacho para cabazo, servindo á xente coma se fora unha serventa. Pero aínda me gardara moito de falar, e seguía escondido detrás do Correo Galego, mollando o pan de millo no caldo e botando pestes e carallos de cando en vez, a ver se alguén se enteraba do barullo que facían. Non, claro que non se enteraban, pero por intenta-lo...
-Coma avóa Dores- dicía a miña avóa, mirándome, con bágoas nos ollos; bágoas que por certo nunca entendín, porque a Dores, a sua sogra, que "Dio-la-te-ña-na-Ghloria" déralle máis disgustos ca pouco. Pero o caso é que como sempre dicían que eu xa era un home feito e dereito, aproveitei para falar.
-Imos facer un cocido. Con patacas, cenorias, grelos, lenguizas, garavanzos, feixóns ou o que sexa que se lle bote, éme igual. Despois un congro, ou pescada fervida, ou xurelos, e de derradeiro, leite frito ou chulas, as uvas de rigor, coma sempre, e xa está, non fai falla pelexarse máis, que non son tan importantes as esmorgas, cona.- En fin, falei con seguridade e control, pero o menú que propuxen para Noitevella non coincidía coa visión do resto da familia. Uns limitáronse a ordearme que non botara pecados, e os outros, os cativos, que "jobar, que rollo, cocido e outra vez peixe". Miña nai fíxome calar e punto, e tíven que volver a miña atención ó Correo Galego, recordando esa máxima do dereito de familia galego: non fales.
Teño que dicir, iso sí, que polo menos tivera unha idea sinxela e altruista máis propia do nadal que tanta ostentación nin tanta mariscada.
Pois a cousa ía acrecentándose, e unhas palabras levaban ás outras, e entre solombos e salsas, lagostas, marmelos e queixos, empezaron a chegar os carallos e as hostias e os "mal-raio-che-coma" e "rabia-de-neno-se-foras-meu-fillo" e "teu-fillo-é-un-preghizoso-do-carallo" e "me-cagho-no-demo-que-te-fixo", e empezáronse a aldraxar os unos ós outros coma quen non quere a cousa, e a "cousa" chegou ó concello lindante". Algúns veciños uníronse na pelexa, porque "xa está ben, estes valenciáns do carallo qué pensan que son para vír, dicir e mandar", e cando tal, a loita chegara a Ponferrada e os Telexornáis ata empezaban a falar do tema, pero iso non foi nada, porque coma todo nesta vida, a intolerancia e os malentendidos fixeron queimar montes e destrozar hórreos, e as noticias chegaron ó Norte, a México, a Caracas, a Santiago, Montevideo e á Plata. Por todo o continente americano, masas impresionantes de guettos e colonias de galegos manifestábanse polas rúas máis históricas do mundo en contra do Bloque Nacionalista Galego, que tiña a culpa de todo por ir arrincar a paz onde xa a había, que "a ver que cona de tanto esnobismo nin tanto independentismo", e tal. Entón os grupos independentistas de todo o mundo uníronse, porque os galegos manifestáranse nas capitais do planeta, e é que cando os galegos facemos unha cousa, facémo-la ben e que se nos vexa, pero esta vez fora mellor ficar na casa e mira-lo Superpiñeiro... mellor, ou menos perigoso, polo menos.
Tres días despóis, o mundo espertou ó Ano Novo en plena guerra mundial. Os americanos botaban uns estentóreos peidos atómicos e radiactivos, ó mando dun emigrante de Monforte de Lemos, que xa levaba en "Niuár" (Newark) vinte e sete anos e que non aprendera unha palabra de inglés, pero os de "Niuár" falaban galego que nin Curros Enríquez, e aprendérano de balde.
O escenario ficou baldeiro. Os escravos do bandollo morreron defendendo algunha causa que non tiña que ver. A gula foi a vasoira que levou tras de si a tódala especie galega, situada en puntos estratéxicos do mapamundi.
Sentéi hai uns seis ou sete minutos cunha taza de caldo, a ler o Correo Galego. Vai unha viruxa que promete xeada pola noite. Érgome a pecha-la porta, mais decátome logo de que non a hai.
*******
Un cuento que acabo de rescatar de una de las mil carpetas que tengo embutidas en los armarios de la caja de zapatos a la que llamo "piso", tan optimista. Un tributo a la sociedad en que nací, me crié y aprendí a hablar.
Pido perdón por las faltas que pueda haber, aunque como la normativa no se acaba de poner de acuerdo, aún no sé muy bien qué es falta y qué no.
Cuentos de misterio e imaginación.
Él le dice, muy serio:
- Creo que no va a pasar el autobús, ¿sabes si suele tardar tanto?
Ella sonríe y le mira por encima de las gafas, mientras éstas parecen seguir leyendo. Sus ojos dependen de las gafas para leer, sus gafas no, y siguen devorando el libro.
Él lleva observándola desde hace cuatro calles, pensando que quizá, con un poco de suerte, le seguía, aunque fuera él quien iba detrás. Se ha armado de valor, al ver que acaba de sentarse justo en SU parada de autobús, la que habita cada día por un total de media hora, entre idas, venidas y retrasos. Y le ha preguntado la primera gilipollez que se le ha ocurrido. "Gilipollas, gilipollas, con la de preguntas posibles que se pueden llegar a formular, y tu matrícula de honor en combinatoria, y fíjate por dónde sales..."
Tampoco es la primera vez que la ve. Se la cruzó un día, yendo hacia el autobús, al salir de trabajar, y nunca más dejó de cruzársela. Quizá ella sonríe por eso. Quizá ella también se haya dado cuenta de que comparten un segundo, unos cuantos segundos, a diario, por la calle. Por eso sonríe.
O igual no sonríe, igual se está riendo de él, de su aspecto torpe, pero él no es torpe, sólo está levemente alterado por la invasión súbita de aquella misteriosa ninfa, de una parada de bus generalmente desierta que le pertenecía a él.
"Pues que se ría. Ella es bonita, pero tampoco es nada del otro mundo. No tiene nada que destaque. No tiene ni la altura, ni los pechos, ni el trasero, ni....."
Sí que tiene, si la mira bien, una cara suave y firme, debajo de ese pelo corto, negrísimo, y ese flequillo de niño rebelde. Tiene unos ojos enormes, contínuos, infinitos y televisivos. Tiene una nariz pequeña que parece ir buscando la frente en un bostezo acompañado de estiramiento, elástica, inquieta, y una sonrisa que ya lo lleva atormentando más minutos de los que él hubiera querido.
"Por el amor de dios, dile algo más, que no parezca que eres imbécil; va a pensar que eres imbécil, debe de estar analizando hasta el último de tus defectos; guarda las manos, que no vea que te comes las uñas, seguro que hasta se ha dado cuenta de que eres ingeniero, porque en ingeniería todos mis compañeros eran así, es que nos ponemos nerviosos, la falta de costumbre de relacionarnos con humanos y no con máquinas porque son las máquinas es más fácil porque sólo tienes que pulsar el botón que toca y si todo va bien obtienes el resultado que querías, play, rewind, un giro, una pinza, una antena, una conexión, pero por qué no me dice nada, por favor, tampoco soy tan feo, digo yo, ni parezco sacado de un cuento de Poe, porque conozco a Poe, que también leo, no soy ningún inculto, y tengo muchas inquietudes más allá de la que está sintiendo ahora mi estómago..."
Ella sigue sonriendo. A él se le escapan los pensamientos, enmarañados en una rueda que da vueltas a la velocidad de la luz. No se atreve a decirle nada más: le toca a ella. "Hello?", ya le vale, que tampoco le estaba pidiendo que se fuera con él a su piso, sólo estaba intentando entablar conversación, por lo que se ve, bastante "hello?" torpemente, porque ella ni siquiera se ha dignado a decirle ni que se fuera a la mierda, la muy ingrata y ---
-Hello? Do you understand what I just said? I don't speak Spanish. Are you ok? You look like you've lost it, pal...
Entre su propia confusión mental logra darse cuenta de que ella lleva algún rato intentando decirle algo, descifrar sus palabras, se da cuenta de que llevaba un rato, quizá minutos, quizá años, ido, y mientras tanto, ella intentaba decirle que... ¿qué? No la oía, porque la rueda de pensamientos se le había hecho tan grande que le tapaba los tímpanos.
Claro.
Mira el libro bajo las gafas de ella. "Tales of mystery and imagination", vaya por Dios, de Poe. En inglés.
- Creo que no va a pasar el autobús, ¿sabes si suele tardar tanto?
Ella sonríe y le mira por encima de las gafas, mientras éstas parecen seguir leyendo. Sus ojos dependen de las gafas para leer, sus gafas no, y siguen devorando el libro.
Él lleva observándola desde hace cuatro calles, pensando que quizá, con un poco de suerte, le seguía, aunque fuera él quien iba detrás. Se ha armado de valor, al ver que acaba de sentarse justo en SU parada de autobús, la que habita cada día por un total de media hora, entre idas, venidas y retrasos. Y le ha preguntado la primera gilipollez que se le ha ocurrido. "Gilipollas, gilipollas, con la de preguntas posibles que se pueden llegar a formular, y tu matrícula de honor en combinatoria, y fíjate por dónde sales..."
Tampoco es la primera vez que la ve. Se la cruzó un día, yendo hacia el autobús, al salir de trabajar, y nunca más dejó de cruzársela. Quizá ella sonríe por eso. Quizá ella también se haya dado cuenta de que comparten un segundo, unos cuantos segundos, a diario, por la calle. Por eso sonríe.
O igual no sonríe, igual se está riendo de él, de su aspecto torpe, pero él no es torpe, sólo está levemente alterado por la invasión súbita de aquella misteriosa ninfa, de una parada de bus generalmente desierta que le pertenecía a él.
"Pues que se ría. Ella es bonita, pero tampoco es nada del otro mundo. No tiene nada que destaque. No tiene ni la altura, ni los pechos, ni el trasero, ni....."
Sí que tiene, si la mira bien, una cara suave y firme, debajo de ese pelo corto, negrísimo, y ese flequillo de niño rebelde. Tiene unos ojos enormes, contínuos, infinitos y televisivos. Tiene una nariz pequeña que parece ir buscando la frente en un bostezo acompañado de estiramiento, elástica, inquieta, y una sonrisa que ya lo lleva atormentando más minutos de los que él hubiera querido.
"Por el amor de dios, dile algo más, que no parezca que eres imbécil; va a pensar que eres imbécil, debe de estar analizando hasta el último de tus defectos; guarda las manos, que no vea que te comes las uñas, seguro que hasta se ha dado cuenta de que eres ingeniero, porque en ingeniería todos mis compañeros eran así, es que nos ponemos nerviosos, la falta de costumbre de relacionarnos con humanos y no con máquinas porque son las máquinas es más fácil porque sólo tienes que pulsar el botón que toca y si todo va bien obtienes el resultado que querías, play, rewind, un giro, una pinza, una antena, una conexión, pero por qué no me dice nada, por favor, tampoco soy tan feo, digo yo, ni parezco sacado de un cuento de Poe, porque conozco a Poe, que también leo, no soy ningún inculto, y tengo muchas inquietudes más allá de la que está sintiendo ahora mi estómago..."
Ella sigue sonriendo. A él se le escapan los pensamientos, enmarañados en una rueda que da vueltas a la velocidad de la luz. No se atreve a decirle nada más: le toca a ella. "Hello?", ya le vale, que tampoco le estaba pidiendo que se fuera con él a su piso, sólo estaba intentando entablar conversación, por lo que se ve, bastante "hello?" torpemente, porque ella ni siquiera se ha dignado a decirle ni que se fuera a la mierda, la muy ingrata y ---
-Hello? Do you understand what I just said? I don't speak Spanish. Are you ok? You look like you've lost it, pal...
Entre su propia confusión mental logra darse cuenta de que ella lleva algún rato intentando decirle algo, descifrar sus palabras, se da cuenta de que llevaba un rato, quizá minutos, quizá años, ido, y mientras tanto, ella intentaba decirle que... ¿qué? No la oía, porque la rueda de pensamientos se le había hecho tan grande que le tapaba los tímpanos.
Claro.
Mira el libro bajo las gafas de ella. "Tales of mystery and imagination", vaya por Dios, de Poe. En inglés.
The Fonologueitor Revolushions.
Veintipico años diciendo que hablo catalán, jactándome de mi 8,5 en la Selectividad, traduciendo, leyendo, yendo hasta al Caprabo, para encontrarme con esto:
"És generalment acceptat que aquests indicis són la durada del període oclusiu del segment obstruent, la presència de la vibració glotal durant l'oclusió, la durada i intensitat de l'explosió, el VOT (moment d'engegada laríngia) i la presència de transicions cap al segment següent."
Claro. Es generalmente aceptado, ¿cómo puede ser que yo, con lo culta e instruída que soy, NO TENGA NI PUÑETERA IDEA? ¿Dónde lo "aceptan generalmente", en convenciones internacionales de freaks? Porque no se me ocurre otro sitio donde algo tan sumamente opaco e ininteligible sea "aceptado generalmente." Como quien dice, "pero por dios, si esto lo sabemos todos".
Yo, personalmente, para aceptar algo (o no) primero tengo que entenderlo. Y esto no hay Chomsky que lo entienda.
¿Qué ha pasado con el Plain Language Movement? ¿No se pueden explicar las cosas que hacemos al pronunciar (porque en líneas generales creo que eso es de lo que va el semejante parrafarón) así como para que las podamos entender quienes hemos optado por traducción conociendo nuestros límites en lo que a teorías lingüísticas y filológicas se refiere? Que total, sólo es el estudio de cómo pronunciamos; sólo es la descripción de sonidos que puede emitir hasta una criatura de tres años.
Para mí, un texto así sólo difiere de un manga en versión original en que el manga, al menos, tiene dibujitos y puedes seguir la historia. Carajo, qué cabreo.
Me voy, a ver si con la de cosas que se encuentran por internet puedo pillar algún diccionario Freak-catalán, catalán-freak. (both ways).
"És generalment acceptat que aquests indicis són la durada del període oclusiu del segment obstruent, la presència de la vibració glotal durant l'oclusió, la durada i intensitat de l'explosió, el VOT (moment d'engegada laríngia) i la presència de transicions cap al segment següent."
Claro. Es generalmente aceptado, ¿cómo puede ser que yo, con lo culta e instruída que soy, NO TENGA NI PUÑETERA IDEA? ¿Dónde lo "aceptan generalmente", en convenciones internacionales de freaks? Porque no se me ocurre otro sitio donde algo tan sumamente opaco e ininteligible sea "aceptado generalmente." Como quien dice, "pero por dios, si esto lo sabemos todos".
Yo, personalmente, para aceptar algo (o no) primero tengo que entenderlo. Y esto no hay Chomsky que lo entienda.
¿Qué ha pasado con el Plain Language Movement? ¿No se pueden explicar las cosas que hacemos al pronunciar (porque en líneas generales creo que eso es de lo que va el semejante parrafarón) así como para que las podamos entender quienes hemos optado por traducción conociendo nuestros límites en lo que a teorías lingüísticas y filológicas se refiere? Que total, sólo es el estudio de cómo pronunciamos; sólo es la descripción de sonidos que puede emitir hasta una criatura de tres años.
Para mí, un texto así sólo difiere de un manga en versión original en que el manga, al menos, tiene dibujitos y puedes seguir la historia. Carajo, qué cabreo.
Me voy, a ver si con la de cosas que se encuentran por internet puedo pillar algún diccionario Freak-catalán, catalán-freak. (both ways).
FONOLOGUEITOR: El retorno.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De ebullición de pasta (rellena de ricota y espinacas, ahora que ya he conseguido explicar que "rellena de jamón" sí que lleva carne y que me lo entiendan los australopitecos con los que cohabito).
2. De rascaduras contínuas de cabeza pensando en cómo organizo el trabajo de fonología que me ha tocado hacer como penitencia por suspender exámen con 4,5, a pesar de tener sobresaliente en trabajo que acompañaba a exámen, también de fonología. Vivir para comprender.
3. De síndrome crossroad. Ahora que voy acabando (aunque volveré a hacer informática hasta Febrero porque así lo he decidido, y esto me costará un segundo post dentro de poco que se titulará algo así como "Crisis con mi madre, capítulo 36583278")... ahora que voy acabando, que sólo me queda una asignatura, me entran los dichosos cold feet y tengo algo así como una urgencia absoluta de seguir estudiando, miedo a morir, qué sé yo. El caso es que he pensado en algunas posibilidades.
...Que detallo a continuación.
COSAS POR HACER:
1. Hacer ese curso tan inútil como absurdo para obtener el certificado de aptitud pedagógica y poder dar clases en centros homologados (ESO y bachillerato). Proyecto, meterme en una clase llena de feromonas y testosterona e intentar echar algún tipo de hormonizida en el aire para que logren comprender que la tercera persona del singular de los verbos en inglés lleva -s en el presente (excepto CAN, que no es "perro", sino "poder". Y no exagero, me he encontrado con cada elemento/a...)
2. Hacer ese curso tan aburrido como carente de interés para mí, que huí literalmente de derecho, corriendo por la calle con mi expediente hacia una universidad donde me quisieran y me dieran más cariño... ese curso para llamarme traductora jurada e imprimir tarjetitas e ir repartiéndolas por círculos selectos de la sociedad. Ojo, no traductora jurídica, no. Traductora jurada, que quiere decir desde partidas de nacimiento hasta autopsias, pasando por certificados médicos, contratos, interpretación en juicios, etcétera. Hay un problema: me recontrarequetejode tener que ir a hacer un exámen a Madrid, como si aquí no se hablara español. No voy a entrar en polémicas.
3. Empezar italiano en la escuela oficial. De momento voy a continuar las clases particulares con Corleone (ver compañero de sufrimientos en el summercamp de Julio).
4. Volverme para Australia en Marzo, que se casa mi cuñada. Mi cuñada es una pedazo tiarrona de metro ochenta y pico, con cuerpo de esos que a una la dejan "me-muero-o-me-pongo-un-burka-pa-que-nadie-vea-diferencias", pelo hasta la cintura rubísimo, y un desparpajo que para qué. Pues eso, se casa con un mastodonte de dos metros y pico y tendrán niños que podrán tomar cafés con San Pedro, pero serán los primeros en pillar insolaciones y mojarse con la lluvia (joder, qué mala es la envidia. Ya paro. Estoy muy contenta con mi metro setenta y cinco, que para ser gallega debería de dar gracias a la madre naturaleza). Dejar las cosas atadas y bien atadas antes de viaje.
5. Casarme. Después de diez mil estiras y aflojas, todos perpetrados, organizados, hechos y deshechos por mí, yo solita, he decidido dejarme de pánicos y casarme, que para eso está el divorcio, aunque crea en el divorcio tanto como en el casorio: cero. Para mí son contratos, y como ya he dicho, por algo dejé derecho. En fin, que me caso, pero tengo que ir a mirar cuándo. Esto tiene de romántico lo que yo de genialidad en álgebra.
6. dejar de incluir "pedir visita con el dentista" en la lista de cosas por hacer, dado que (RATATACHÁAAAAAAAAAAAAAANNNNNNN CHAN CHAAAAAAANNNNNNNNNN) por imposible que parezca, tengo cita para el próximo jueves. Fui la semana pasada (brotes esquizofrénicos que inducen a capítulos de desdoblamiento de la personalidad. Si no fue eso, debió de ser alguna resaca de efectos retardados)
Llegué y dije: Necesito exodoncia en esta muela de aquí y endodoncia y amalgama en esta otra. La exodoncia con cirugía, por favor, porque en la ortopantomografía salía la puñetera muela con unas raíces más grandes que las de los árboles del Yosemite.
La dentista se me quedó mirando con esa rabia tan propia de los dentistas de que les jodan la primera visita, que la cobran igual, me sentó en la sillita de marras, que me da hasta taquicardias, me abrió la boca hasta despeinarme el flequillo y le dijo a su ayudante:
-Exodoncia en esta de aquí, y endodoncia y amalgama en esta otra.
Y la ayudante apuntó, como si yo fuera una cabeza gigante de esas de muñeca que te regalaban de pequeña para que le hicieras peinados.
Y la dentista me dijo:
-La exodoncia te la tendrá que practicar un cirujano, porque las raíces de la muela son demasiado profundas.
(Perdona, hay eco en esta sala, o acabas de repetir exactamente lo que acabo de decir hace escasamente cincuenta y tres segundos?)
Les juro que me la quedé mirando, pensando en si había tenido yo las alucinaciones, o era ella la que quería hacer ver que el mérito era suyo. El dolor es mío, la experiencia en dentistas es mía, ergo el mérito también es mío. Y se acabó.
Menudo mérito de las narices. Yo también podría ser dentista, si no fuera porque implica trabajar al lado de la sillita de marras y me pasaría la vida con sarpullidos tropicales.
7. Dejar de incluir "dejar el chino de abajo" en mi lista de cosas por hacer ahora que no como carne y las tres últimas veces que fui no tuve más remedio que comer ensalada china sin jamón y con atún, porque no había otra cosa sin carne, exceptuando unas empanadillas de atún de aspecto sospechosamente tétrico, o tétricamente sospechoso. Creo que lo estoy superando.
8. Controlar número de partidas de Risk diarias. A consumir con moderación.
9. Ponerme de una dichosa vez a hacer el maldito trabajo de fonología.
1. De ebullición de pasta (rellena de ricota y espinacas, ahora que ya he conseguido explicar que "rellena de jamón" sí que lleva carne y que me lo entiendan los australopitecos con los que cohabito).
2. De rascaduras contínuas de cabeza pensando en cómo organizo el trabajo de fonología que me ha tocado hacer como penitencia por suspender exámen con 4,5, a pesar de tener sobresaliente en trabajo que acompañaba a exámen, también de fonología. Vivir para comprender.
3. De síndrome crossroad. Ahora que voy acabando (aunque volveré a hacer informática hasta Febrero porque así lo he decidido, y esto me costará un segundo post dentro de poco que se titulará algo así como "Crisis con mi madre, capítulo 36583278")... ahora que voy acabando, que sólo me queda una asignatura, me entran los dichosos cold feet y tengo algo así como una urgencia absoluta de seguir estudiando, miedo a morir, qué sé yo. El caso es que he pensado en algunas posibilidades.
...Que detallo a continuación.
COSAS POR HACER:
1. Hacer ese curso tan inútil como absurdo para obtener el certificado de aptitud pedagógica y poder dar clases en centros homologados (ESO y bachillerato). Proyecto, meterme en una clase llena de feromonas y testosterona e intentar echar algún tipo de hormonizida en el aire para que logren comprender que la tercera persona del singular de los verbos en inglés lleva -s en el presente (excepto CAN, que no es "perro", sino "poder". Y no exagero, me he encontrado con cada elemento/a...)
2. Hacer ese curso tan aburrido como carente de interés para mí, que huí literalmente de derecho, corriendo por la calle con mi expediente hacia una universidad donde me quisieran y me dieran más cariño... ese curso para llamarme traductora jurada e imprimir tarjetitas e ir repartiéndolas por círculos selectos de la sociedad. Ojo, no traductora jurídica, no. Traductora jurada, que quiere decir desde partidas de nacimiento hasta autopsias, pasando por certificados médicos, contratos, interpretación en juicios, etcétera. Hay un problema: me recontrarequetejode tener que ir a hacer un exámen a Madrid, como si aquí no se hablara español. No voy a entrar en polémicas.
3. Empezar italiano en la escuela oficial. De momento voy a continuar las clases particulares con Corleone (ver compañero de sufrimientos en el summercamp de Julio).
4. Volverme para Australia en Marzo, que se casa mi cuñada. Mi cuñada es una pedazo tiarrona de metro ochenta y pico, con cuerpo de esos que a una la dejan "me-muero-o-me-pongo-un-burka-pa-que-nadie-vea-diferencias", pelo hasta la cintura rubísimo, y un desparpajo que para qué. Pues eso, se casa con un mastodonte de dos metros y pico y tendrán niños que podrán tomar cafés con San Pedro, pero serán los primeros en pillar insolaciones y mojarse con la lluvia (joder, qué mala es la envidia. Ya paro. Estoy muy contenta con mi metro setenta y cinco, que para ser gallega debería de dar gracias a la madre naturaleza). Dejar las cosas atadas y bien atadas antes de viaje.
5. Casarme. Después de diez mil estiras y aflojas, todos perpetrados, organizados, hechos y deshechos por mí, yo solita, he decidido dejarme de pánicos y casarme, que para eso está el divorcio, aunque crea en el divorcio tanto como en el casorio: cero. Para mí son contratos, y como ya he dicho, por algo dejé derecho. En fin, que me caso, pero tengo que ir a mirar cuándo. Esto tiene de romántico lo que yo de genialidad en álgebra.
6. dejar de incluir "pedir visita con el dentista" en la lista de cosas por hacer, dado que (RATATACHÁAAAAAAAAAAAAAANNNNNNN CHAN CHAAAAAAANNNNNNNNNN) por imposible que parezca, tengo cita para el próximo jueves. Fui la semana pasada (brotes esquizofrénicos que inducen a capítulos de desdoblamiento de la personalidad. Si no fue eso, debió de ser alguna resaca de efectos retardados)
Llegué y dije: Necesito exodoncia en esta muela de aquí y endodoncia y amalgama en esta otra. La exodoncia con cirugía, por favor, porque en la ortopantomografía salía la puñetera muela con unas raíces más grandes que las de los árboles del Yosemite.
La dentista se me quedó mirando con esa rabia tan propia de los dentistas de que les jodan la primera visita, que la cobran igual, me sentó en la sillita de marras, que me da hasta taquicardias, me abrió la boca hasta despeinarme el flequillo y le dijo a su ayudante:
-Exodoncia en esta de aquí, y endodoncia y amalgama en esta otra.
Y la ayudante apuntó, como si yo fuera una cabeza gigante de esas de muñeca que te regalaban de pequeña para que le hicieras peinados.
Y la dentista me dijo:
-La exodoncia te la tendrá que practicar un cirujano, porque las raíces de la muela son demasiado profundas.
(Perdona, hay eco en esta sala, o acabas de repetir exactamente lo que acabo de decir hace escasamente cincuenta y tres segundos?)
Les juro que me la quedé mirando, pensando en si había tenido yo las alucinaciones, o era ella la que quería hacer ver que el mérito era suyo. El dolor es mío, la experiencia en dentistas es mía, ergo el mérito también es mío. Y se acabó.
Menudo mérito de las narices. Yo también podría ser dentista, si no fuera porque implica trabajar al lado de la sillita de marras y me pasaría la vida con sarpullidos tropicales.
7. Dejar de incluir "dejar el chino de abajo" en mi lista de cosas por hacer ahora que no como carne y las tres últimas veces que fui no tuve más remedio que comer ensalada china sin jamón y con atún, porque no había otra cosa sin carne, exceptuando unas empanadillas de atún de aspecto sospechosamente tétrico, o tétricamente sospechoso. Creo que lo estoy superando.
8. Controlar número de partidas de Risk diarias. A consumir con moderación.
9. Ponerme de una dichosa vez a hacer el maldito trabajo de fonología.
Músicas por escuchar. Una de grupos musicales.
Hace semanas que no escucho música. No, claro, sí que he oído música, pero no la he escuchado.
Lo primero que he hecho, a modo de acto reflejo, al pulsar "send" y acabar así con el tremendo capítulo de mi traducción, ha sido correr a refugiarme en una carpeta que tengo en el escritorio (el del ordenador, se entiende) con mi nombre real, y empezar a meter canciones, piezas y demás en el reproductor de música, como quien se está deshidratando por momentos y se va al super a llenar el carro de botellas de agua.
Y pensaba, mientras fregaba esos platos de la cocina que ya tenían solera, denominación de orígen y todo un ecosistema a su alrededor, que en realidad fue una buena idea llamarle a mi blog "cosas por hacer", si pensaba en escribir algo que no se acabara nunca. Las cosas por hacer sólo se acaban después de la muerte, porque incluso agonizante tienes dos cosas por hacer: seguir luchando, rendirte y morirte, o seguir luchando hasta que te mueras. Cosas por hacer y opciones, fíjense.
Bien, siempre me salgo del tema principal. Como en mi calendario el año siempre empieza en Septiembre, no en Enero, estoy haciendo un repaso de cosas y, entre esas cosas, obviamente, hay un pedestal enorme para la música.
Es muy complicado, al menos para mí, responder a la pregunta "¿Y qué música escuchas?"
Al principio, siempre la escucho toda. Si me gusta, la sigo escuchando. Si no, me limito a oírla cuando no tengo más remedio.
Entre la música que escucho también hay prioridades, jerarquías, funciones, momentos... Voy a intentar explicarlo con algo de orden.
Me gustan los métodos antiguos y además soy un desastre con los aparatitos demasiado sofisticados (para mí demasiado sofisticado es cualquier artilugio que tenga seis años o menos de vida en el mercado) En fin, la música que escucho por la calle sale de un CD portátil que me compré por unos cincuenta euros. Para unas manazas como las mías, pagar ni un duro más sería una tragedia, dado que los objetos inanimados que entran en contacto con mi piel cobran vida de algún modo extraño que no acierto a descubrir, y tal como descubren la nueva vida que antes no tenían, descubren automáticamente la ley de la gravedad, también.
No sé si me explico. Bien, da igual. Que soy torpe, en resumidas cuentas. Lo puedo poner todo lo literario que me permitan las cuatro neuronas que me quedan, pero the bottomline is, soy torpe.
Por la calle necesito música movida. Siempre camino rápido, a no ser que vaya de paseo, pero no paseo sola desde hace tiempo, y no considero muy educado ir paseando con alguien y llevar las orejas tapadas.
Uno de mis grupos preferidos de siempre es Vaya con Dios. Al principio lo que más me impactó de ellos fue la coordinación de instrumentos, las trompetas, el blues... y sobre todo, sobre todo, la voz de Dani Klein, la cantante. Creo que no hay otra voz como la suya, dentro del género tan personal que representan. No, claro que hay otras cantantes de blues a las que adoro, Nina Simone, Aretha, Nina Hagen, Ella Fitzgerald... la lista sería interminable, pero hay algo diferente en la voz de Dani Klein. O hay algo diferente en la manera en que su voz flota con los instrumentos del grupo. No acierto a decir qué es, pero para mí es mágico, y se complementa con las letras, que tampoco cojean de ningún lado. Muchas de ellas hablan de mujeres fuertes y sacrificadas que sufren por hombres que no valen la pena, o de noches de fiesta, o de seducción, o de cosas que pasan en la vida... Las canciones que tienen en francés, como "quand elle rit aux éclats" son verdaderas piezas de artesanía, todo bien pulidito, cosidito, moldeadito y mimado hasta la saciedad...
Otro grupo que considero genial es K's Choice. Esto me hizo preguntarme, un día, qué tienen en Bélgica que hacen tan buena música. Será el bilingüismo... ¿será el chocolate? (No, no vuelvo a taladrar con el tema del cacao, lo prometo) En fín, el caso es que K's choice son un par de hermanos, Sarah y Gert Bettens y por dios, si alguien de aquí tiene una banda de música y una hermana pequeña, conéctenlas, porque nunca se sabe. Gert tenía un grupo de esos que no conocería ni la vecina de al lado, aunque no pueda dormir por el ruido. Un día Sarah le pidió que la dejara unirse al grupo (casi hasta me imagino la situación, con un cierto regustillo a triunfo)
-Gert, Gert, déjame entrar en tu grupo.
-Y una mierda, mocosa, que aquí hacemos música seria. Vete a jugar con la barbi.
...
De hecho, cuando la oyeron cantar, se dieron cuenta de que su voz superaba las expectativas de cualquiera. Ahora se han hecho enormes y han llegado a las Américas, gracias a la hermana pequeña.
Es una voz muy diferente a la de Dani Klein, es una voz que me recuerda a la lluvia de Galicia, que "chove miudiño", así, como quien no quiere la cosa, y te empapa y te cala hasta los huesos. Pero lo que aún me gusta más que su voz es lo brillantes y redondas que llegan a ser las letras. Canciones como "I smoke a lot", "Something's wrong", "Breakfast", "Someone to say hi to" forman parte ineludible de la banda sonora de mi vida. Son letras con las que me he identificado, me he reído, he llorado, he hecho llorar y he vivido durante años, y no se acaba aún.
Otro de esos grupos a los que tengo en una carpeta de mi cabez con un rótulo enorme que pone "sublimes" son los Cousteau. No tengo palabras para describir ni la sensualidad de los instrumentos que utilizan, una orquestación impresionante, ni para inventarme algo que haga justicia a la voz de ese hombre. Aunque fuera el individuo más feo y repugnante de la faz de la tierra, esa voz derrite hasta el Kilimanjaro. Es una especie de blues mezclado con chill mezclado con especias exóticas de no sé dónde, mezclado con una especie de sensación de verano, la escuches en el mes que la escuches, que te hace cerrar los ojos e imaginarte caminando de noche por una playa y esas cosas... Recomiendo la escucha atenta de "The last good day of the year", que es una auténtica joya. A estos los tengo, más o menos, en el mismo cajón que a los Archive... aunque no son exactamente lo mismo. Archive me encantan también, creo que hay muchos músicos de ese estilo que hacen que los "clásicos" quisieran volver a la Tierra para tocar con ellos, para componer música... En fin, no sé qué dirían Haydn, Bach ni Haendel de esto, pero estoy segura de que Satie y Sibelius me entenderían. Pongo clásicos entre comillas porque no me gustan los malentendidos en este tema: de los autores que he citado, sólo Haydn se considera más o menos clásico. Los otros son barrocos y contemporáneos, respectivamente. No es prepotencia, es rigor.(N. de la A.)
Y Morcheeba, cómo no. Táchenme de inmadura, pero me encanta Morcheeba. Me gustan los aires ágiles y flotantes que adquieren esas canciones con la voz de esa Skye, pedazo mujer de ébano, y me gusta el desparpajo de los dos hermanos. Me gusta cómo suenan en directo, cosa que considero muy importante, porque hay grupos que suenan muy bien con todos los retoques y las artistadas de la maquinaria moderna, pero son auténtica basura al subirse en el escenario y... ¿qué queda, entonces? Morcheeba suena muy bien, en el escenario también, y me encanta particularmente esa canción, "Wonders never cease". Tiene un algo éntre lo erótico y lo infantil que me pierde al escucharla.
Dejo el Buena Vista Social Club aparte, porque aunque sean un grupo, no los veo como tal. Más bien son una especie de categoría separada, una especie de Monte Olimpo de los dioses de la música. Qué dedos tan largos, dios mío. Y qué humildad, qué genio, qué desinterés sumamente interesado en cada acorde. A esa gente, Elíades Ochoa, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Juan de Marcos... la música no les daba de comer: los alimentaba. No era un instrumento, sino un fín. Para mí no sólo son admirables en tanto que músicos o artistas, sino en tanto que personas. No puedo decir lo mismo de todas las personas que se dedican a la música, por mucho que lo que hagan, profesionalmente hablando, me guste.
Me gustan los Stones, pero odio toda la sarta de subnormalidades y excentricidades que los rodea (por poner un ejemplo).
En fin... hay muchos más, claro, pero supongo que me cabrán en otros posts. Un día leí por ahí el comentario de alguien, en otro blog, que decía que odiaba los posts largos... y pensé... No quieres entrar en mi blog, de verdad que no.
A quienes hayan estado de vacaciones, feliz vuelta a casa. A quienes no las hayan tenido, sepan que entiendo perfectamente -y lo sufro- cómo se sienten.
Hasta pronto.
Lo primero que he hecho, a modo de acto reflejo, al pulsar "send" y acabar así con el tremendo capítulo de mi traducción, ha sido correr a refugiarme en una carpeta que tengo en el escritorio (el del ordenador, se entiende) con mi nombre real, y empezar a meter canciones, piezas y demás en el reproductor de música, como quien se está deshidratando por momentos y se va al super a llenar el carro de botellas de agua.
Y pensaba, mientras fregaba esos platos de la cocina que ya tenían solera, denominación de orígen y todo un ecosistema a su alrededor, que en realidad fue una buena idea llamarle a mi blog "cosas por hacer", si pensaba en escribir algo que no se acabara nunca. Las cosas por hacer sólo se acaban después de la muerte, porque incluso agonizante tienes dos cosas por hacer: seguir luchando, rendirte y morirte, o seguir luchando hasta que te mueras. Cosas por hacer y opciones, fíjense.
Bien, siempre me salgo del tema principal. Como en mi calendario el año siempre empieza en Septiembre, no en Enero, estoy haciendo un repaso de cosas y, entre esas cosas, obviamente, hay un pedestal enorme para la música.
Es muy complicado, al menos para mí, responder a la pregunta "¿Y qué música escuchas?"
Al principio, siempre la escucho toda. Si me gusta, la sigo escuchando. Si no, me limito a oírla cuando no tengo más remedio.
Entre la música que escucho también hay prioridades, jerarquías, funciones, momentos... Voy a intentar explicarlo con algo de orden.
Me gustan los métodos antiguos y además soy un desastre con los aparatitos demasiado sofisticados (para mí demasiado sofisticado es cualquier artilugio que tenga seis años o menos de vida en el mercado) En fin, la música que escucho por la calle sale de un CD portátil que me compré por unos cincuenta euros. Para unas manazas como las mías, pagar ni un duro más sería una tragedia, dado que los objetos inanimados que entran en contacto con mi piel cobran vida de algún modo extraño que no acierto a descubrir, y tal como descubren la nueva vida que antes no tenían, descubren automáticamente la ley de la gravedad, también.
No sé si me explico. Bien, da igual. Que soy torpe, en resumidas cuentas. Lo puedo poner todo lo literario que me permitan las cuatro neuronas que me quedan, pero the bottomline is, soy torpe.
Por la calle necesito música movida. Siempre camino rápido, a no ser que vaya de paseo, pero no paseo sola desde hace tiempo, y no considero muy educado ir paseando con alguien y llevar las orejas tapadas.
Uno de mis grupos preferidos de siempre es Vaya con Dios. Al principio lo que más me impactó de ellos fue la coordinación de instrumentos, las trompetas, el blues... y sobre todo, sobre todo, la voz de Dani Klein, la cantante. Creo que no hay otra voz como la suya, dentro del género tan personal que representan. No, claro que hay otras cantantes de blues a las que adoro, Nina Simone, Aretha, Nina Hagen, Ella Fitzgerald... la lista sería interminable, pero hay algo diferente en la voz de Dani Klein. O hay algo diferente en la manera en que su voz flota con los instrumentos del grupo. No acierto a decir qué es, pero para mí es mágico, y se complementa con las letras, que tampoco cojean de ningún lado. Muchas de ellas hablan de mujeres fuertes y sacrificadas que sufren por hombres que no valen la pena, o de noches de fiesta, o de seducción, o de cosas que pasan en la vida... Las canciones que tienen en francés, como "quand elle rit aux éclats" son verdaderas piezas de artesanía, todo bien pulidito, cosidito, moldeadito y mimado hasta la saciedad...
Otro grupo que considero genial es K's Choice. Esto me hizo preguntarme, un día, qué tienen en Bélgica que hacen tan buena música. Será el bilingüismo... ¿será el chocolate? (No, no vuelvo a taladrar con el tema del cacao, lo prometo) En fín, el caso es que K's choice son un par de hermanos, Sarah y Gert Bettens y por dios, si alguien de aquí tiene una banda de música y una hermana pequeña, conéctenlas, porque nunca se sabe. Gert tenía un grupo de esos que no conocería ni la vecina de al lado, aunque no pueda dormir por el ruido. Un día Sarah le pidió que la dejara unirse al grupo (casi hasta me imagino la situación, con un cierto regustillo a triunfo)
-Gert, Gert, déjame entrar en tu grupo.
-Y una mierda, mocosa, que aquí hacemos música seria. Vete a jugar con la barbi.
...
De hecho, cuando la oyeron cantar, se dieron cuenta de que su voz superaba las expectativas de cualquiera. Ahora se han hecho enormes y han llegado a las Américas, gracias a la hermana pequeña.
Es una voz muy diferente a la de Dani Klein, es una voz que me recuerda a la lluvia de Galicia, que "chove miudiño", así, como quien no quiere la cosa, y te empapa y te cala hasta los huesos. Pero lo que aún me gusta más que su voz es lo brillantes y redondas que llegan a ser las letras. Canciones como "I smoke a lot", "Something's wrong", "Breakfast", "Someone to say hi to" forman parte ineludible de la banda sonora de mi vida. Son letras con las que me he identificado, me he reído, he llorado, he hecho llorar y he vivido durante años, y no se acaba aún.
Otro de esos grupos a los que tengo en una carpeta de mi cabez con un rótulo enorme que pone "sublimes" son los Cousteau. No tengo palabras para describir ni la sensualidad de los instrumentos que utilizan, una orquestación impresionante, ni para inventarme algo que haga justicia a la voz de ese hombre. Aunque fuera el individuo más feo y repugnante de la faz de la tierra, esa voz derrite hasta el Kilimanjaro. Es una especie de blues mezclado con chill mezclado con especias exóticas de no sé dónde, mezclado con una especie de sensación de verano, la escuches en el mes que la escuches, que te hace cerrar los ojos e imaginarte caminando de noche por una playa y esas cosas... Recomiendo la escucha atenta de "The last good day of the year", que es una auténtica joya. A estos los tengo, más o menos, en el mismo cajón que a los Archive... aunque no son exactamente lo mismo. Archive me encantan también, creo que hay muchos músicos de ese estilo que hacen que los "clásicos" quisieran volver a la Tierra para tocar con ellos, para componer música... En fin, no sé qué dirían Haydn, Bach ni Haendel de esto, pero estoy segura de que Satie y Sibelius me entenderían. Pongo clásicos entre comillas porque no me gustan los malentendidos en este tema: de los autores que he citado, sólo Haydn se considera más o menos clásico. Los otros son barrocos y contemporáneos, respectivamente. No es prepotencia, es rigor.(N. de la A.)
Y Morcheeba, cómo no. Táchenme de inmadura, pero me encanta Morcheeba. Me gustan los aires ágiles y flotantes que adquieren esas canciones con la voz de esa Skye, pedazo mujer de ébano, y me gusta el desparpajo de los dos hermanos. Me gusta cómo suenan en directo, cosa que considero muy importante, porque hay grupos que suenan muy bien con todos los retoques y las artistadas de la maquinaria moderna, pero son auténtica basura al subirse en el escenario y... ¿qué queda, entonces? Morcheeba suena muy bien, en el escenario también, y me encanta particularmente esa canción, "Wonders never cease". Tiene un algo éntre lo erótico y lo infantil que me pierde al escucharla.
Dejo el Buena Vista Social Club aparte, porque aunque sean un grupo, no los veo como tal. Más bien son una especie de categoría separada, una especie de Monte Olimpo de los dioses de la música. Qué dedos tan largos, dios mío. Y qué humildad, qué genio, qué desinterés sumamente interesado en cada acorde. A esa gente, Elíades Ochoa, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Juan de Marcos... la música no les daba de comer: los alimentaba. No era un instrumento, sino un fín. Para mí no sólo son admirables en tanto que músicos o artistas, sino en tanto que personas. No puedo decir lo mismo de todas las personas que se dedican a la música, por mucho que lo que hagan, profesionalmente hablando, me guste.
Me gustan los Stones, pero odio toda la sarta de subnormalidades y excentricidades que los rodea (por poner un ejemplo).
En fin... hay muchos más, claro, pero supongo que me cabrán en otros posts. Un día leí por ahí el comentario de alguien, en otro blog, que decía que odiaba los posts largos... y pensé... No quieres entrar en mi blog, de verdad que no.
A quienes hayan estado de vacaciones, feliz vuelta a casa. A quienes no las hayan tenido, sepan que entiendo perfectamente -y lo sufro- cómo se sienten.
Hasta pronto.





