Días de otoño.
Con cierta frecuencia, me gusta acercarme solo a algún bar desconocido.
Mi pequeño ritual es siempre el mismo. Busco un lugar al final de la barra, me hago con un taburete, pido una cerveza y me agencio la primera revista o periódico a mi alcance. Mientras enciendo un cigarrillo, comienzo a ojear la publicación en mi poder, pero mi atención acaba siempre alejada del papel. Con la mirada aun en las letras, el sentido que realmente estoy usando es el oído. Me gusta escuchar de que habla la gente, intentando imaginar como serán esas personas a las que oigo pero que no miro. A través del contenido de sus conversaciones, de su acento y de sus expresiones, dibujo mentalmente como serán sus caras, a que dedicarán sus vidas o porque están en ese momento allí mismo.
La última conversación que escuché, giraba en torno a las estaciones del año. Una voz grave, como de un varón de mediana edad, expresaba sus preferencias por el otoño, por ser esta una estación de bellos tonos ocres y suaves condiciones climáticas, mientras una voz aguda, seguramente perteneciente a una joven, disentía mostrando sus preferencias por los alegres tonos primaverales y los cielos soleados y despejados.
Llegué entonces a la inmediata conclusión de que ni el varón era barrendero, ni la joven alergóloga. Pero mi mente no se paró ahí.
Imagine al hombre melancólico, contemplando desde la ventana de su solitario piso, como el viento desnudaba a los árboles, mientras recordaba aquel día, en que él había desnudado por primera vez, a aquel amor perdido y nunca reencontrado.

La voz femenina tomo forma de una veinteañera alegre y risueña, que retozaba despreocupada en los jardines de su universidad, mientras soñaba que aquel compañero tan guapo que compartía sol y césped con ella, le declaraba su amor incondicional.

Entonces comprendí, que entre la primavera y el otoño, apenas median veinte años.
Comentario:
Esa forma de identificar la efervervescencia de la juventud con la primavera y la melancolía de la edad adulta con el otoño me ha parecido una metáfora perfecta... Deberíamos conservar siempre una parte primaveral en cualquier edad...
Saludos desde Rod@ndo!
Saludos desde Rod@ndo!
Comentario:
Bonito lo que he leído, y bonito lo que he visto a través de esta lectura.
Yo, me quedo con ver caer la nieve sobre el agua del mar, impresionante.
Yo, me quedo con ver caer la nieve sobre el agua del mar, impresionante.
Comentario:
A mis 33 prefiero el otoño... a los 15 preferia el otoño...
Soy normal?? O a los 78 me pirraré por las playas en agosto??
Un placer leerte
Soy normal?? O a los 78 me pirraré por las playas en agosto??
Un placer leerte
Comentario:
Muy bueno!!!Escribes muy bien luar, siempre es un placer leer tu blog.
Realmente la melancolia puede consumir a una persona con el paso de los años, por eso siempre debemos buscar motivos para seguir viviendo y luchando, para no perder el espiritu de esa nila universitaria que adora la primavera y aun no ha averiguado cuan monotona puede ser la vida...
Bueno eso es lo que interpreto yo de tu relato ;) esa es la libertad del lector en su conversacion con el comunicador ;)
Realmente la melancolia puede consumir a una persona con el paso de los años, por eso siempre debemos buscar motivos para seguir viviendo y luchando, para no perder el espiritu de esa nila universitaria que adora la primavera y aun no ha averiguado cuan monotona puede ser la vida...
Bueno eso es lo que interpreto yo de tu relato ;) esa es la libertad del lector en su conversacion con el comunicador ;)







