Eduardo Haro, Santiago Carrillo y la memoria de la verdad.
Casi 70 años han transcurrido ya de la bochornosa sublevación militar que sumió a este país en cuatro lustros de tinieblas, aislamiento internacional y retraso económico, social e institucional.
Setenta años es tiempo suficiente como para que la historia se vuelva del revés y sea manipulada al antojo de periodistas sin escrúpulos ni compromiso con la verdad o de “pseudohistoriadores” amparados por los voceros de la derecha recalcitrante. Mas si tenemos en cuenta, que el proceso denominado la transición, no supuso mas que un pasar pagina con premura, que gracias a la, en mi opinión, excesiva generosidad de la izquierda, se dejó olvidado en el camino los conceptos de justicia y memoria histórica, dando así legitimidad y cuartada para los impulsores del odio y el genocidio.
En estos tiempos extraños, en los que resulta mas fácil oír en cualquier medio de comunicación (o de incomunicación, como el lector prefiera) hablar de tipos de interés, de especulación inmobiliaria o de abaratamiento del despido, que de conceptos tan vitales como son la justicia social, la solidaridad o la igualdad, la voz de gente como Eduardo Haro o Santiago Carrillo constituyen una soplo de aire fresco, que aspiramos con ansiedad aquellos a los que esta atmósfera que nos rodea, se nos hace cada vez mas irrespirable.
Eduardo Haro tenía la cada día mas extraña virtud, de decir con claridad meridiana lo que muchos de nosotros vemos y pensamos, pero que muy pocos se atreven a expresar. Muchos lo han definido como un pesimista antropológico o como un resentido de la vida, por su continua denuncia de las tinieblas que nos rodean, sin pararse a pensar que, pesimista y resentido es en realidad ,quien acepta este mundo tal y como es, sin aspirara a encontrar el camino de la felicidad global, sin ser capaz de elevarse sobre el escaparate material que nos impide ver la realidad.
Por esa capacidad para ser la voz de los sin voz y la conciencia puñetera del cruel sistema, sirvan estas líneas para rendir un sentido homenaje de parte de alguien, que calmaba al escuchar sus palabras, su sed de verdad y de memoria.
Prácticamente al mismo tiempo que Haro exhalaba su último aliento de vida, Santiago Carrillo era galardonado con el doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid, en medio de los ladridos y rebuznos de una veintena de jóvenes fascistas.
En realidad, gran parte del merito de Carrilo queda reflejado en el hecho, de que gente con tan pocas neuronas, puedan acceder a una universidad pública, obtener una educación de calidad y expresarse con libertad, aunque ejerzan este derecho únicamente para rebuznar.
Contra los ladridos y los rebuznos, mas memoria, mas justicia y mas dignidad. Es vital.
Setenta años es tiempo suficiente como para que la historia se vuelva del revés y sea manipulada al antojo de periodistas sin escrúpulos ni compromiso con la verdad o de “pseudohistoriadores” amparados por los voceros de la derecha recalcitrante. Mas si tenemos en cuenta, que el proceso denominado la transición, no supuso mas que un pasar pagina con premura, que gracias a la, en mi opinión, excesiva generosidad de la izquierda, se dejó olvidado en el camino los conceptos de justicia y memoria histórica, dando así legitimidad y cuartada para los impulsores del odio y el genocidio.
En estos tiempos extraños, en los que resulta mas fácil oír en cualquier medio de comunicación (o de incomunicación, como el lector prefiera) hablar de tipos de interés, de especulación inmobiliaria o de abaratamiento del despido, que de conceptos tan vitales como son la justicia social, la solidaridad o la igualdad, la voz de gente como Eduardo Haro o Santiago Carrillo constituyen una soplo de aire fresco, que aspiramos con ansiedad aquellos a los que esta atmósfera que nos rodea, se nos hace cada vez mas irrespirable.
Eduardo Haro tenía la cada día mas extraña virtud, de decir con claridad meridiana lo que muchos de nosotros vemos y pensamos, pero que muy pocos se atreven a expresar. Muchos lo han definido como un pesimista antropológico o como un resentido de la vida, por su continua denuncia de las tinieblas que nos rodean, sin pararse a pensar que, pesimista y resentido es en realidad ,quien acepta este mundo tal y como es, sin aspirara a encontrar el camino de la felicidad global, sin ser capaz de elevarse sobre el escaparate material que nos impide ver la realidad.
Por esa capacidad para ser la voz de los sin voz y la conciencia puñetera del cruel sistema, sirvan estas líneas para rendir un sentido homenaje de parte de alguien, que calmaba al escuchar sus palabras, su sed de verdad y de memoria.
Prácticamente al mismo tiempo que Haro exhalaba su último aliento de vida, Santiago Carrillo era galardonado con el doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid, en medio de los ladridos y rebuznos de una veintena de jóvenes fascistas.
En realidad, gran parte del merito de Carrilo queda reflejado en el hecho, de que gente con tan pocas neuronas, puedan acceder a una universidad pública, obtener una educación de calidad y expresarse con libertad, aunque ejerzan este derecho únicamente para rebuznar.
Contra los ladridos y los rebuznos, mas memoria, mas justicia y mas dignidad. Es vital.
Comentario:
"Muchos lo han definido como un pesimista antropológico o como un resentido de la vida, por su continua denuncia de las tinieblas que nos rodean, sin pararse a pensar que, pesimista y resentido es en realidad ,quien acepta este mundo tal y como es"
creo que con esto está todo perfectamente resumido!!!
Suerte que entre tanta tiniebla, todavía se ve alguna luz!!!
Besetes!!!
creo que con esto está todo perfectamente resumido!!!
Suerte que entre tanta tiniebla, todavía se ve alguna luz!!!
Besetes!!!







