ESCENAS DE VIDAS MUDAS (Una imagen vale más con mil palabras)
:EL RINCÓN DE PUCK:
EL TITIRITERO (15/06/2006)

Soy actor.
Actor de los que sueñan con volver a subirse a unas tablas aunque sea un minutito, a volver a sentir el calor de un público, aunque sea de ese que ni entiende, ni respeta, ni siente, pero aplaude.
Y eso halaga.
Halagan las palmas, los bravos, los bises...halagan aunque el que lo diga no haya entendido ni una sola palabra del mensaje de Chejov, o no comprenda el espíritu burlón del Puck que sueña en una noche de verano más allá de la jacaranda como evasión personal...
Soy actor.
Y eso atrapa.
Por eso cuando me surgió la posibilidad de trabajar justo ahí, donde veis, moviendo los hilos de las grandes caretas que animan el frontal de esta antigua estación de ferrocarril que hoy alberga el Musée d’Orsay en París, me lo tomé como una especie de reto personal.
Así que improvisé, manejé, monté y desmonté. Construí mecanismos nuevos, e interconecté todas las máscaras mediante un sencillo sistema de engranajes, cuerdas y poleas que podría moverse con facilidad desde un cómodo puesto de control.
Y todos los días a las siete en punto el baile de máscaras envuelto en el Vals nº 2 de Dimitri Shostakovich inundaba cada rincón del museo. La música se anticipaba por los rincones de cada sala y con una especie de mano invisible arrastraba a los visitantes hacia los balcones que se asomaban al vestíbulo principal. Embobados asistían a un espectáculo único, de unos diez minutos, a los cuales sucedía un minuto de silencio seguido de una salva de aplausos que hubiera hecho temblar de emoción los falsos cimientos de los premios Goya.
Pero soy actor.
Y sólo aplaudían a las máscaras.
Por eso aquel día me cambié por una de ellas.
Porque soy actor, y eso engancha.
Como la cuerda, que en un movimiento en falso de aquel que debía sustituirme en el puesto de mando me agarró por el cuello.
Ahora que lo pienso.
Él también es actor.
Y titiritero.
EL TITIRITERO (15/06/2006)

Soy actor.
Actor de los que sueñan con volver a subirse a unas tablas aunque sea un minutito, a volver a sentir el calor de un público, aunque sea de ese que ni entiende, ni respeta, ni siente, pero aplaude.
Y eso halaga.
Halagan las palmas, los bravos, los bises...halagan aunque el que lo diga no haya entendido ni una sola palabra del mensaje de Chejov, o no comprenda el espíritu burlón del Puck que sueña en una noche de verano más allá de la jacaranda como evasión personal...
Soy actor.
Y eso atrapa.
Por eso cuando me surgió la posibilidad de trabajar justo ahí, donde veis, moviendo los hilos de las grandes caretas que animan el frontal de esta antigua estación de ferrocarril que hoy alberga el Musée d’Orsay en París, me lo tomé como una especie de reto personal.
Así que improvisé, manejé, monté y desmonté. Construí mecanismos nuevos, e interconecté todas las máscaras mediante un sencillo sistema de engranajes, cuerdas y poleas que podría moverse con facilidad desde un cómodo puesto de control.
Y todos los días a las siete en punto el baile de máscaras envuelto en el Vals nº 2 de Dimitri Shostakovich inundaba cada rincón del museo. La música se anticipaba por los rincones de cada sala y con una especie de mano invisible arrastraba a los visitantes hacia los balcones que se asomaban al vestíbulo principal. Embobados asistían a un espectáculo único, de unos diez minutos, a los cuales sucedía un minuto de silencio seguido de una salva de aplausos que hubiera hecho temblar de emoción los falsos cimientos de los premios Goya.
Pero soy actor.
Y sólo aplaudían a las máscaras.
Por eso aquel día me cambié por una de ellas.
Porque soy actor, y eso engancha.
Como la cuerda, que en un movimiento en falso de aquel que debía sustituirme en el puesto de mando me agarró por el cuello.
Ahora que lo pienso.
Él también es actor.
Y titiritero.
Comentario:
¿Y quién no ha sido actor alguna vez?
Engancha... por eso, quién más y quién menos también sabe lo que es ser actor y convertirse en máscara... o viceversa...
y, quién sabe, quizá también titiritero...
Engancha... por eso, quién más y quién menos también sabe lo que es ser actor y convertirse en máscara... o viceversa...
y, quién sabe, quizá también titiritero...







