DUELOS CAINITAS: DEBATE QUE ALGO QUEDA...
¿LEGALIZARÍAS LA EUTANASIA?
El pasado jueves 4 de mayo, Jorge León, pentapléjico de 53 años, con seis de permanencia en una silla de ruedas se quitaba la vida en Valladolid gracias a la ayuda de una mano anónima. El caso recuerda a otro de mayor repercusión pública, el del gallego Ramón Sampedro, cuya publicidad desembocó incluso en la creación de una película de cine. El caso de Jorge vuelve a poner de actualidad el debate de la legalización o no de la eutanasia, con lo que os proponemos esta cuestión en este primer debate.
No os cortéis...hay sitio para vuestros comentarios...
NO (Luar)
No, no es preciso legalizar algo que nadie puede impedir de hecho.
Por ser más claros: quien desea morirse, siempre lo consigue. Si alguien tiene alguna duda al respecto, que revise los casos mas famosos de la historia patria. Tanto la historia de Ramón Sanpedro como la del recientemente fallecido Jorge León, demuestran paradójicamente, que aquello por lo que luchaban en vida era completamente innecesario.
La palabra eutanasia, procedente del griego, tiene etimológicamente el significado de “buena muerte”, mientras que el diccionario de la R.A.E. la define como la “accion u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”. Atendiendo a esta definición resultaría complejo establecer límites claros para diferenciar la eutanasia del asesinato. Me explico:
Si el paciente es incapaz de expresarse, ¿quien puede juzgar con absoluta precisión en que momento exacto ese paciente deja de tener ganas de vivir y pasa a preferir una “buena muerte”? ¿No quedaría en estos casos el médico o familiar de turno convertido en un semidiós capaz de decidir sobre la vida o la muerte de quien en ese preciso momento no puede explicarse?.
Por otro lado, si alguien puede expresarse y lo que expresa es su deseo de morir, de lo que estaríamos hablando entonces es de legalizar el suicidio, práctica esta, que hasta el día de hoy no se encuentra penada, y no porque la moral católica no lo viese con buenos ojos, sino principalmente, porque el culpable del delito simplemente ya no existe. Cierto es, que hay personas que por su nula movilidad tendrían casi imposible los métodos de suicidio tradicional, pero no es menos cierto, que cualquiera está perfectamente capacitado para dejar de ingerir líquido o alimentos, algo que sin duda, le permite alcanzar el objetivo.
No conviene olvidar que el Estado es la forma jurídica de la que se dotan las comunidades humanas con el objetivo último de preservar la vida y prosperidad de esas propias comunidades. Por tanto, cuantas leyes emanen de él, deben ir encauzadas a conservar y proteger la vida y en ningún caso a aniquilarla. Caso de legalizar la eutanasia, el propio Estado y la Seguridad Social, tendrían que dotarse de un cuerpo de funcionarios exterminadores capaces de garantizar el acceso libre, igualitario y democrático a la muerte. Personalmente, yo prefiero que ese dinero de mis impuestos se dedique a investigaciones médicas encaminadas a minimizar el dolor y el sufrimiento y a preservar la vida. Al fin y al cabo, si estamos contra la pena de muerte, ¿Por qué no estar también contra la pena de muerte voluntaria?
En términos filosóficos, fue el propio Kant quien expresó que “el hombre no es libre para decidir sobre su propia vida, porque no se puede utilizar un principio como fundamento de la destrucción del mismo”. Así, la autonomía personal no justifica que renunciemos a la vida, pues tal elección implica la destrucción de esa autonomía.
Por otro lado, si se reconoce la primacía de la libertad individual sobre el valor de la vida en enfermos terminales o tetrapléjicos, ¿Por qué no también para el caso de los neuróticos, depresivos o esquizofrénicos?
En definitiva, creo que los argumentos son sobrados como para responder con un NO contundente, en favor de la vida, el derecho, la lógica, la filosofía, y sobre todo, del sentido común.
SI (Puck)
Según el griego clásico, la palabra eutanasia significa morir bien. La pregunta por excelencia frente al tema de la muerte, formulada incluso en este blog (ver temas anteriores) ¿Cómo te gustaría morir? ofrece siempre un amplio abanico de respuestas:
“En manos de mi novena mujer, a los noventa años, haciendo el amor en una playa filipina” comenta el gracioso...
“Sin enterarme, mientras duermo”, asoma el temoroso...
“Plenamente consciente” espeta el pseudovaliente...
Pero a ciencia cierta que entre ese batiburrillo de respuestas no encontraríamos a nadie que, a priori, eligiese morir después de padecer innumerables sufrimientos, una enfermedad terminal terriblemente dolorosa o después de vivir postrado veinte años en una silla de ruedas o en estado vegetativo en una cama.
En este punto es donde toma fuerza la práctica de la eutanasia, que, a saber, puede ser de tres tipos:
Indirecta, dónde se causa la muerte acortando la vida del individuo a cambio de paliar dolores y sufrimientos.
Pasiva, consistente en descartar la posibilidad de prolongar la vida de una persona mediante el empleo de medios artificiales.
Activa, cuando se suministran sustancias para acabar con la vida de la persona de forma inmediata.
En el Código Penal vigente actualmente en España solamente está recogida como de responsabilidad penal la eutanasia activa, quedando las otras prácticas sin consideración de homicidio. El artículo 143 de este código establece penas tajantes para quien ayude a morir a enfermos terminales o con graves dolencias que (y esto es lo interesante) formulen esta petición expresa, de manera seria e inequívoca.
El debate moral se plantea entonces en términos de si un individuo es o no dueño de su propia vida, o si como se infiere del mencionado artículo del Código Penal, la vida de los individuos pertenece al estado del que son miembros, que es el que con sus leyes, recorta las libertades individuales de elección sobre la vida y la forma de terminar con ella.
Considero que una nación debe legislar para garantizar que la vida de sus ciudadanos sea lo más acorde posible a unos estándares de dignidad: facilitando el acceso a una educación pública, garantizando la creación de puestos de trabajo, luchando contra la especulación que impide el acceso a la vivienda, manteniendo una eficaz atención sanitaria de carácter público y regulando las relaciones interpersonales de tal modo que no atenten contra las libertades individuales. El estado ha de legislar para convertirse en el marco donde cada uno pinte el óleo de su propia vida con los colores disponibles, pero no ha de convertirse ni en crítico de arte ni en marchante que decida los qué, cuándo y cómo para nuestras propias vidas.
Sinceramente, no creo que existan las muertes dignas, pero a veces la vida tampoco lo es, así que hay que respetar y ayudar a los que, plenamente conscientes emiten o han emitido previamente (mediante testamentos vitales), que no desean seguir viviendo bajo ciertas condiciones.
Igual que nadie puede obligarnos a morir, nadie puede sentenciarnos a vivir de cualquier manera.
El pasado jueves 4 de mayo, Jorge León, pentapléjico de 53 años, con seis de permanencia en una silla de ruedas se quitaba la vida en Valladolid gracias a la ayuda de una mano anónima. El caso recuerda a otro de mayor repercusión pública, el del gallego Ramón Sampedro, cuya publicidad desembocó incluso en la creación de una película de cine. El caso de Jorge vuelve a poner de actualidad el debate de la legalización o no de la eutanasia, con lo que os proponemos esta cuestión en este primer debate.
No os cortéis...hay sitio para vuestros comentarios...
NO (Luar)
No, no es preciso legalizar algo que nadie puede impedir de hecho.
Por ser más claros: quien desea morirse, siempre lo consigue. Si alguien tiene alguna duda al respecto, que revise los casos mas famosos de la historia patria. Tanto la historia de Ramón Sanpedro como la del recientemente fallecido Jorge León, demuestran paradójicamente, que aquello por lo que luchaban en vida era completamente innecesario.
La palabra eutanasia, procedente del griego, tiene etimológicamente el significado de “buena muerte”, mientras que el diccionario de la R.A.E. la define como la “accion u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”. Atendiendo a esta definición resultaría complejo establecer límites claros para diferenciar la eutanasia del asesinato. Me explico:
Si el paciente es incapaz de expresarse, ¿quien puede juzgar con absoluta precisión en que momento exacto ese paciente deja de tener ganas de vivir y pasa a preferir una “buena muerte”? ¿No quedaría en estos casos el médico o familiar de turno convertido en un semidiós capaz de decidir sobre la vida o la muerte de quien en ese preciso momento no puede explicarse?.
Por otro lado, si alguien puede expresarse y lo que expresa es su deseo de morir, de lo que estaríamos hablando entonces es de legalizar el suicidio, práctica esta, que hasta el día de hoy no se encuentra penada, y no porque la moral católica no lo viese con buenos ojos, sino principalmente, porque el culpable del delito simplemente ya no existe. Cierto es, que hay personas que por su nula movilidad tendrían casi imposible los métodos de suicidio tradicional, pero no es menos cierto, que cualquiera está perfectamente capacitado para dejar de ingerir líquido o alimentos, algo que sin duda, le permite alcanzar el objetivo.
No conviene olvidar que el Estado es la forma jurídica de la que se dotan las comunidades humanas con el objetivo último de preservar la vida y prosperidad de esas propias comunidades. Por tanto, cuantas leyes emanen de él, deben ir encauzadas a conservar y proteger la vida y en ningún caso a aniquilarla. Caso de legalizar la eutanasia, el propio Estado y la Seguridad Social, tendrían que dotarse de un cuerpo de funcionarios exterminadores capaces de garantizar el acceso libre, igualitario y democrático a la muerte. Personalmente, yo prefiero que ese dinero de mis impuestos se dedique a investigaciones médicas encaminadas a minimizar el dolor y el sufrimiento y a preservar la vida. Al fin y al cabo, si estamos contra la pena de muerte, ¿Por qué no estar también contra la pena de muerte voluntaria?
En términos filosóficos, fue el propio Kant quien expresó que “el hombre no es libre para decidir sobre su propia vida, porque no se puede utilizar un principio como fundamento de la destrucción del mismo”. Así, la autonomía personal no justifica que renunciemos a la vida, pues tal elección implica la destrucción de esa autonomía.
Por otro lado, si se reconoce la primacía de la libertad individual sobre el valor de la vida en enfermos terminales o tetrapléjicos, ¿Por qué no también para el caso de los neuróticos, depresivos o esquizofrénicos?
En definitiva, creo que los argumentos son sobrados como para responder con un NO contundente, en favor de la vida, el derecho, la lógica, la filosofía, y sobre todo, del sentido común.
SI (Puck)
Según el griego clásico, la palabra eutanasia significa morir bien. La pregunta por excelencia frente al tema de la muerte, formulada incluso en este blog (ver temas anteriores) ¿Cómo te gustaría morir? ofrece siempre un amplio abanico de respuestas:
“En manos de mi novena mujer, a los noventa años, haciendo el amor en una playa filipina” comenta el gracioso...
“Sin enterarme, mientras duermo”, asoma el temoroso...
“Plenamente consciente” espeta el pseudovaliente...
Pero a ciencia cierta que entre ese batiburrillo de respuestas no encontraríamos a nadie que, a priori, eligiese morir después de padecer innumerables sufrimientos, una enfermedad terminal terriblemente dolorosa o después de vivir postrado veinte años en una silla de ruedas o en estado vegetativo en una cama.
En este punto es donde toma fuerza la práctica de la eutanasia, que, a saber, puede ser de tres tipos:
Indirecta, dónde se causa la muerte acortando la vida del individuo a cambio de paliar dolores y sufrimientos.
Pasiva, consistente en descartar la posibilidad de prolongar la vida de una persona mediante el empleo de medios artificiales.
Activa, cuando se suministran sustancias para acabar con la vida de la persona de forma inmediata.
En el Código Penal vigente actualmente en España solamente está recogida como de responsabilidad penal la eutanasia activa, quedando las otras prácticas sin consideración de homicidio. El artículo 143 de este código establece penas tajantes para quien ayude a morir a enfermos terminales o con graves dolencias que (y esto es lo interesante) formulen esta petición expresa, de manera seria e inequívoca.
El debate moral se plantea entonces en términos de si un individuo es o no dueño de su propia vida, o si como se infiere del mencionado artículo del Código Penal, la vida de los individuos pertenece al estado del que son miembros, que es el que con sus leyes, recorta las libertades individuales de elección sobre la vida y la forma de terminar con ella.
Considero que una nación debe legislar para garantizar que la vida de sus ciudadanos sea lo más acorde posible a unos estándares de dignidad: facilitando el acceso a una educación pública, garantizando la creación de puestos de trabajo, luchando contra la especulación que impide el acceso a la vivienda, manteniendo una eficaz atención sanitaria de carácter público y regulando las relaciones interpersonales de tal modo que no atenten contra las libertades individuales. El estado ha de legislar para convertirse en el marco donde cada uno pinte el óleo de su propia vida con los colores disponibles, pero no ha de convertirse ni en crítico de arte ni en marchante que decida los qué, cuándo y cómo para nuestras propias vidas.
Sinceramente, no creo que existan las muertes dignas, pero a veces la vida tampoco lo es, así que hay que respetar y ayudar a los que, plenamente conscientes emiten o han emitido previamente (mediante testamentos vitales), que no desean seguir viviendo bajo ciertas condiciones.
Igual que nadie puede obligarnos a morir, nadie puede sentenciarnos a vivir de cualquier manera.
Comentario:
Joshe, casi que me has convencido...jeje
Comentario:
Uff.. traté de responder aquí y siempre se me perdía la respuesta.
A resumidas cuentas, la vuelvo a dejar...
Aquí estoy con Puck.
"Igual que nadie puede obligarnos a morir, nadie puede sentenciarnos a vivir de cualquier manera."
ahi se resume todo.
Reconocerla sería invertir en seguridad jurídica (no como ahora que no se sabe qué pasa con los sujetos actores) y en el derecho a la dignidad.
Como tal, el derecho de cada uno a su libre y digno ejercicio de la vida, y creo que es un error comparándolo con el suicidio, porque hay factores determinantes que lo diferencian. El sujeto se ve obligado, incapacitado, sin vuelta atrás...
(para los problemas psicologicas que llevan al suicidio hay mas margen de actuación y respuesta)
Entonces, no creo que sea bueno ampararse en el egoismo social, sino en el interés esencial de uno mismo para con sus familiares o personas cercanas. Se trata de una situación irreversible, dolorosa... y claro, que el sujeto manifieste voluntariamente y reiteradamente su intención. Estas serían las cautelas de un consentimiento serio y conformado.
Mas o menos, lo veo una medida de dignidad, igual que se permite a las víctimas de violación poder abortar. Y claro que también se puede revestir en que es un caso de muerte, pero por delante está la vida esencial de cada uno.
Fui muy difuso, pero no tengo tiempo de construirlo mas jjjjjjj
Saludos!!!
A resumidas cuentas, la vuelvo a dejar...
Aquí estoy con Puck.
"Igual que nadie puede obligarnos a morir, nadie puede sentenciarnos a vivir de cualquier manera."
ahi se resume todo.
Reconocerla sería invertir en seguridad jurídica (no como ahora que no se sabe qué pasa con los sujetos actores) y en el derecho a la dignidad.
Como tal, el derecho de cada uno a su libre y digno ejercicio de la vida, y creo que es un error comparándolo con el suicidio, porque hay factores determinantes que lo diferencian. El sujeto se ve obligado, incapacitado, sin vuelta atrás...
(para los problemas psicologicas que llevan al suicidio hay mas margen de actuación y respuesta)
Entonces, no creo que sea bueno ampararse en el egoismo social, sino en el interés esencial de uno mismo para con sus familiares o personas cercanas. Se trata de una situación irreversible, dolorosa... y claro, que el sujeto manifieste voluntariamente y reiteradamente su intención. Estas serían las cautelas de un consentimiento serio y conformado.
Mas o menos, lo veo una medida de dignidad, igual que se permite a las víctimas de violación poder abortar. Y claro que también se puede revestir en que es un caso de muerte, pero por delante está la vida esencial de cada uno.
Fui muy difuso, pero no tengo tiempo de construirlo mas jjjjjjj
Saludos!!!







