Diario de Madrid
Sindicación
 
¿QUÉ HARÉ ESTA NOCHE?
Las dudas se despejan. Ayer por la tarde, en el messenger, Gabriel me saludó (yo llevaba días viéndole por ahí, pero no quise entrarle para no resultar pesado) y comenzó a charlar. Me contó que acababa de pasar por una especie de gripe con fiebre alta y vómitos que le ha dejado para el arrastre. Estaba majete y hablador. En un momento dado se tocó el tema de volver a vernos y me dijo que últimamente está asexuado y que le gustaría verme, pero no para echar un polvo... Contesté que yo no voy buscando sexo a lo desesperado (?) y que si nos veíamos sería para charlar, sin más. Cosa que pienso pero no al cien por cien, claro. Quiero decir que a mí el tío me gusta y si se diera una repetición de las mejores jugadas me encantaría, aunque si no la hay, no pasa nada. Vaya, que Gabriel me dio a entender, de un modo muy sutil, que no le molo como para enrollarse conmigo. E, que es amiga, mantiene que lo que quiere es ir despacio. Intenta animarme (y no estoy desanimado ni de bajón, lo juro), pero no creo que habiendo tenido sexo ya, vayan por ahí los tiros.
Hice los deberes. Por fin están todos avisados de que voy, el billete comprado (autobús a las 10.30 de la mañana, qué pereza madrugar) y cuatro cosas (mal) metidas en una bolsa. Esta noche tengo una disyuntiva: o quedo con Tony (cachitas y simpático, polvo seguro) o salgo al Low –en Valverde, mi calle, al ladito de casa por si me "indispongo" con el alcohol–, donde pinchan no sé quiénes, con los del curro. No tengo el cuerpo jotero (sí suprahormonado: me tiraría casi a cualquiera, pero el proceso de cortejo hasta llegar a la cama no me apetece nada de nada, qué aburrido se me hace), y con Tony habría que esforzarse en la seducción: ponerme guapo, mirarle mucho (con intensidad cinematográfica) a los ojos, buscar aficiones y temas en común, etcétera. En cambio, con E, J&A, Anuska y demás, todo se da rodado, son unas risas, unas copas, unos bailoteos y ya está. A lo largo de la tarde –que me conozco y estas movidas las decido a última hora– ya veremos en qué queda la cosa. De momento disfruto de este mediodía soleado e inusualmente cálido que nos ha nacido de las entretelas del cambio climático. Un año más que se termina. Han sido doce meses preñados de acontecimientos, el más definitivo y brutal, claro, fue la agonía y muerte de mi abuela. Pero no entraré de nuevo en ello. Luego, las dos historias largas (G el venezolano y P el jiennense) en que me enredé sin remedio por unos meses. Y la consolidación en el periódico, que me ha aportado un mucho de tranquilidad con su poco de adocenamiento. Quiero decir que no escribo (no en la novela, que es lo único que me importa), sólo las cosas del día a día junto a este Diario, poco más. Otro año tirado a la basura (y van...). ¿Cuándo creceré y dejaré de llenarme de experiencias para volcarlas, de una puta vez, sobre el papel? Ay, pobre Max Estrella incauto e infatuado. Paso por la vida como quien es millonario en tiempo, pero a medida que discurre este paseo largo y maravilloso, las velas apagadas a mi espalda aumentan su número mientras que se adelgaza su estela al frente (algo de esto se barruntaba Kavafis, con toda la razón, sí).
Con lo que, pías intenciones al comenzar el año: escribir. No hay otra cosa, lo demás me es indiferente, pero este deseo que me quema por dentro se convierte en hielo al contacto frío con mi voluntad (inexistente) y se traduce en poco más que balbuceo de niño meón y desdentado. ¿Será 2005 igual, en todo, a los anteriores? No, no y no. Hay que luchar contra el enemigo principal, el más temible, que es uno mismo. De igual manera que ahora suelto este chorrito de palabras cosidas entre sí, puedo (y debo) continuar la historia de Julio, darle forma y finalizarla. Sé que es posible. Y que soy capaz de hacerlo bien.
 
Comentario:
Hola Cornelio¡¡¡ Espero que te fuese bien todo en el norte. Bienvenido al 2005. Tienes razón cada uno es su peor enemigo y yo todavía no he encontrado el antídoto que me neutralice. Y no me hables de hormonas que me pongo a llorar...
Un besazo
 
Comentario:
Ningún año se parece a otro. Se parecen las caras, las calles, los nombres, las copas e incluso los polvos, pero en mi humilde opinión, ningún día tiene copia, no creo que seas el mismo de hace un año, no? Yo ahora tengo más cosas de las que arrepentirme, más de las que alegrarme, menos de las que llorar, también tengo un deseo que curiosamente comparto contigo: escribir, y un deseo que cada vez es más obsesión, cosa que me preocupa, la verdad. No te lo vas a creer, pero yo estoy escribiendo también la historia de Julio, supongo que será otro Julio distinto al tuyo, o igual es el mismo, en diferente año, que ningún año se parece a otro. Oye, te presiono (con buena intención) a que acabes esa historia. Yo también haré lo posible.
Por cierto, ¿polvo seguro con el Tony? Pos amos, menos pereza y a inaugurar el año.
Feliz año nuevo!!!!
No