FILOSOFÍAS DE TOCADOR
Día de los Inocentes... Un grupo de antiabortistas se ha manifestado aquí en Madrid al grito de "Herodes mató a menos niños". Ya estamos con lo de siempre. No estoy ni a favor ni en contra del aborto (quiero decir que jamás se me ocurriría convencer a nadie de que no abortara, pero tampoco animaría a ninguna a hacerlo, debe ser una experiencia traumática y nada fácil), me parece que cada cual es dueño de sus actos y que no se pueden imponer actitudes cuando lo ético mal entendido –esto es, la religión de nuestros mayores, que tanto daño ha hecho por los siglos de los siglos, amén– se mete por medio. Entiendo que para la Iglesia sea un horror absoluto el matar a un ser humano, que es lo que ellos ven en un embrión de varias semanas, pero harían bien en limpiar primero sus sepulcros. Porque, aunque muy bien blanqueados de puertas del Vaticano para fuera, los tienen hechos unos zorros (misioneros que se follan y embarazan a las pobres monjitas, curas castísimos a quienes les tiemblan las manos y se les cae la baba cuando pasa cerca un monaguillo preadolescente y jugoso, turbios negocios con gente más turbia aún, que jamás saldrán a la luz, pero la pela es la pela...). No soporto que unos seres infestados de defectos y manchas morales se atrevan a decirme cómo he de vivir, con quién debo acostarme y cuántas han de ser las genuflexiones que le dedique a su dios a lo largo del día. Los fundamentalismos, ay, con su rebrote del nuevo siglo. Puestos a ser fundamentalista, elijo serlo anticatólico. Ninguna religión (si no es como opio de primera calidad) es buena para ningún pueblo. Pero bueno, a lo que iba.
Quise levantarme a las once pero no hubo manera. Dormí dos horas más. Otro día perdido en no hacer nada, en cafetear por ahí yo solo –bendita soledad– sin ganas de hablar con nadie. Porque para hablar y discutir y ponerse en plan tertuliano ilustre se queda la noche con sus misterios.
E anda "evizada", cosa que no es mala –al contrario, está muy requetebién. Pero ayer reconozco que hubiera disfrutado de una charla con ella que no pudo ser: Eva tenía pensado pasar por la redacción a buscarla y ambas deseaban intimidad de la buena, de arrechuchos y mordidas, después de varios días sin verse, es lógico. Decidí aprovechar la oportunidad y ser bueno yéndome directo a casa. Estos días, R anda no sé dónde, Granada o Asturias, no me quedó claro, y Patricia se refugia del frío ártico en casa del sinsustancia de su novio (que dispone de calefacción central, qué estupendo oye), así que disfruto del piso para mí solo y, aunque no paso muchas horas en él, la sensación de independencia es magnífica. Qué gusto llegar y no encontrar a nadie. Así que la idea era subir los cuatro pisos, soltar mis bártulos, poner la tele e idiotizarme con alguna cosa de las que programan a medianoche. De lo que me sacó una llamada de Arturo, que estaba con V y la prima de ésta (no recuerdo su nombre, maldito Alzheimer) en la Fábrica del Pan. Allá que me fui sin necesidad de que me lo dijeran dos veces. Hablamos sin parar, yo casi me quedé ronco de tanto darle a la lengua... Ahí estábamos los cuatro, suspirando por el paso del tiempo como estúpidos. El tema a mí me preocupó hace años, cuando todos estos pipiolos se pensaban que nada cambiaría nunca y que ellos serían los amos del mundo por siempre jamás. Ahora ya me aburre, pero mis amigos más jóvenes comienzan a verle las orejas al lobo y no hay reunión de más de dos en que no se toque la cuestión. Arturo se siente más atractivo y observado, analizado con deseo, por los otros (hombres y mujeres), pero se ha quitado del tabaco y de todo vicio conocido –los desconocidos, jeje, él sabrá–, y aunque trata de evitarlo, anoche le noté un tufillo a reconvención cuando comenté que yo, de cuando en cuando, aún me pillo mis juergas. V ponía cara de no entender nada ("Pero esto que le pasa a mi cuerpo, ¿es el envejecimiento?, ¿ya?, ¿tan pronto?"), lo cierto es que mantiene un aire púber, de niña pequeña, que da muy bien el pego. Su prima (cómo coño se llamará esta chica) tiene 32 y hablaba de estar en el momento más floreciente de su juventud... Bueno, bueno, ni tanto ni tan calvo. Yo lo que trato es de no dejarme llevar por la inmediatez del momento, por la visión parcial del aquí y ahora. Un poquito de lucidez, por favor. A nuestro lado, un grupo de cuarentones trajeados y caducos (para mi gusto) seguro que nos veían como a unos jovenzuelos arrogantes que se creen que ya saben de qué va la función y aún no han leído ni el programa de mano. Y a estos, otros de sesenta los juzgarían como inmaduros todavía por crecer y realizarse. Pero los jovencitos reales están haciendo botellón ahora mismo y se nos ríen en la cara a todos nosotros con tantas disquisiciones sobre el ser y el tiempo, que no conducen a nada. No hay que perder de vista esto, que es muy importante. Arrastramos una juventud provecta que cualquier día se nos desprenderá a jirones, como una piel vieja que ya no se sostiene por más tiempo. Mientras tanto: a seguir.
(Todo lo anterior es una paja mental por el efecto chaceliano, lo sé. Llevo días abducido por la prosa de la vallisoletana y se me pegan sus manías, sin remedio. Pero no soy yo, es un híbrido de chico en los treinta con nonagenaria en las últimas. Yo me entiendo)
Esta tarde sin falta he de comprar el billete para Santander. El plan es salir el Viernes por la mañana (no muy temprano) y pasar allí un día y medio. Karen me llamó, así que haré lo imposible por verla. También Alejandra corretea por esos pagos... ¿la llamaré para un café?
Quise levantarme a las once pero no hubo manera. Dormí dos horas más. Otro día perdido en no hacer nada, en cafetear por ahí yo solo –bendita soledad– sin ganas de hablar con nadie. Porque para hablar y discutir y ponerse en plan tertuliano ilustre se queda la noche con sus misterios.
E anda "evizada", cosa que no es mala –al contrario, está muy requetebién. Pero ayer reconozco que hubiera disfrutado de una charla con ella que no pudo ser: Eva tenía pensado pasar por la redacción a buscarla y ambas deseaban intimidad de la buena, de arrechuchos y mordidas, después de varios días sin verse, es lógico. Decidí aprovechar la oportunidad y ser bueno yéndome directo a casa. Estos días, R anda no sé dónde, Granada o Asturias, no me quedó claro, y Patricia se refugia del frío ártico en casa del sinsustancia de su novio (que dispone de calefacción central, qué estupendo oye), así que disfruto del piso para mí solo y, aunque no paso muchas horas en él, la sensación de independencia es magnífica. Qué gusto llegar y no encontrar a nadie. Así que la idea era subir los cuatro pisos, soltar mis bártulos, poner la tele e idiotizarme con alguna cosa de las que programan a medianoche. De lo que me sacó una llamada de Arturo, que estaba con V y la prima de ésta (no recuerdo su nombre, maldito Alzheimer) en la Fábrica del Pan. Allá que me fui sin necesidad de que me lo dijeran dos veces. Hablamos sin parar, yo casi me quedé ronco de tanto darle a la lengua... Ahí estábamos los cuatro, suspirando por el paso del tiempo como estúpidos. El tema a mí me preocupó hace años, cuando todos estos pipiolos se pensaban que nada cambiaría nunca y que ellos serían los amos del mundo por siempre jamás. Ahora ya me aburre, pero mis amigos más jóvenes comienzan a verle las orejas al lobo y no hay reunión de más de dos en que no se toque la cuestión. Arturo se siente más atractivo y observado, analizado con deseo, por los otros (hombres y mujeres), pero se ha quitado del tabaco y de todo vicio conocido –los desconocidos, jeje, él sabrá–, y aunque trata de evitarlo, anoche le noté un tufillo a reconvención cuando comenté que yo, de cuando en cuando, aún me pillo mis juergas. V ponía cara de no entender nada ("Pero esto que le pasa a mi cuerpo, ¿es el envejecimiento?, ¿ya?, ¿tan pronto?"), lo cierto es que mantiene un aire púber, de niña pequeña, que da muy bien el pego. Su prima (cómo coño se llamará esta chica) tiene 32 y hablaba de estar en el momento más floreciente de su juventud... Bueno, bueno, ni tanto ni tan calvo. Yo lo que trato es de no dejarme llevar por la inmediatez del momento, por la visión parcial del aquí y ahora. Un poquito de lucidez, por favor. A nuestro lado, un grupo de cuarentones trajeados y caducos (para mi gusto) seguro que nos veían como a unos jovenzuelos arrogantes que se creen que ya saben de qué va la función y aún no han leído ni el programa de mano. Y a estos, otros de sesenta los juzgarían como inmaduros todavía por crecer y realizarse. Pero los jovencitos reales están haciendo botellón ahora mismo y se nos ríen en la cara a todos nosotros con tantas disquisiciones sobre el ser y el tiempo, que no conducen a nada. No hay que perder de vista esto, que es muy importante. Arrastramos una juventud provecta que cualquier día se nos desprenderá a jirones, como una piel vieja que ya no se sostiene por más tiempo. Mientras tanto: a seguir.
(Todo lo anterior es una paja mental por el efecto chaceliano, lo sé. Llevo días abducido por la prosa de la vallisoletana y se me pegan sus manías, sin remedio. Pero no soy yo, es un híbrido de chico en los treinta con nonagenaria en las últimas. Yo me entiendo)
Esta tarde sin falta he de comprar el billete para Santander. El plan es salir el Viernes por la mañana (no muy temprano) y pasar allí un día y medio. Karen me llamó, así que haré lo imposible por verla. También Alejandra corretea por esos pagos... ¿la llamaré para un café?
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Yo pienso, pero no impongo mi opinión, por supuesto. Y cuando se habla del aborto creo que por grande que sea la humanidad total, le viene pequeño un problema que sólo es cuestión de dos: la madre, y lo que podría llegar a ser su hijo pero aún es un órgano más de ella. Creo que la naturaleza es sabia y el don de gestar un bebé se lo dio a la mujer porque ella sabe (casi siempre) lo que tiene que hacer. Retomando otros post opino (pero no impongo), que cuando se saben usar las drogas te puedes traer lo mejor de ti, a pesar de que haya días nefastos en los que no tenías que haberte metido nada. Y también opino, y casi impongo, que treinta y cuatro es una edad estupenda para alguien que, influido o no por lo que pasa por su cabeza últimamente, escribe con tanta melancolía y, al mismo tiempo, con tanta coherencia como tú.
Ni falta hace decir que me encanta tu blog
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Para más información sobre Ángel Vázquez:
http://www.literaturas.com/v010/sec0412/memoria/memoria.htm
http://www.literaturas.com/v010/sec0412/memoria/memoria.htm
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Nada, que te veo estupendo como siempre. No dejes de leer la "Juanita Narboni" de Ángel Vázquez y luego busca su otra novela olvidada y premio Planeta "Se Enciende Y Se Apaga Una Luz". Para mí es uno de los mejores escritores españoles. Por cierto, también hay peli de "Juanita Narboni", monologada por Esperanza Roy y dirigida por su marido.
Prometo que retomo mi weblog. Besos y abrazos.
Prometo que retomo mi weblog. Besos y abrazos.
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Me parece muy fuerte el argumento biblico de Herodes, como se nota que esa gente es conservadora a mas no poder. Porque no se han ido con el mismo cuento de la Biblia a Canarias cuando la plaga de langostas??? es que no ha habido plagas en el Egipto de los faraones que dicen en el genesis??? Y el belen de cera de los beckham???? Que no que no, que la gente es demasiado oportunista
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Hola Cornelio. Yo creo que el problema de la Iglesia y el aborto radica en el deseo de esta última de coartar todo tipo de libertad individual, su deseo de controlar cada esfera de la vida de la persona, especialmente la conciencia. Yo tampoco estoy ni a favor ni en contra del aborto. Estoy a favor de la posibilidad de que una persona pueda elegir lo que quiere hacer con su persona. Me parece un derecho fundamental. Yo nunca abortaría, eso lo tengo claro, pero no puedo imponer mi pensamiento a los demás. Es una simple cuestión de convivencia y, sobre todo de educación. Algo que falta en el aparato represivo de la iglesia tal y como está constituida desde hace siglos.
En cuanto al tema del paso del tiempo, también es un tema recurrente en mi grupo de amigos. Todos rondamos entre los 26 y 27 años pero la angustia existencial ya va haciendo mella en algunos. A mí no me preocupa que pasen los años, lo que me preocupa es que el año que viene mi vida no haya cambiado. Me asusta la inmutabilidad y la pérdida de un espacio de tiempo que podría haber exprimido aún más. Es una sensación que me angustia enormemente.
Que tengas buen día, o buena noche.
En cuanto al tema del paso del tiempo, también es un tema recurrente en mi grupo de amigos. Todos rondamos entre los 26 y 27 años pero la angustia existencial ya va haciendo mella en algunos. A mí no me preocupa que pasen los años, lo que me preocupa es que el año que viene mi vida no haya cambiado. Me asusta la inmutabilidad y la pérdida de un espacio de tiempo que podría haber exprimido aún más. Es una sensación que me angustia enormemente.
Que tengas buen día, o buena noche.
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Referente a lo del aborto, yo viví con una muy amiga mía una situación e dilema este verano. Y lo pasé mal, siendo testigo de la decisión...
Suerte y disfruta tu viaje!
Suerte y disfruta tu viaje!
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Bueno tio...pos pasatelo mu bien en santander y cuidate muxo!!
Muakk xDDDD
Muakk xDDDD