Diario de Madrid
Sindicación
 
DE DIGESTIONES Y MONSTRUOS
Frío intenso (polar, lo llaman), que se multiplica por tres en mi casa y me deja entumecido por las mañanas, sin ganas de salir de la cama, que es como un oasis de calor, el capullo en que la crisálida Cornelio fermenta y va creciendo. Hoy he dormido muy mal. Cometí el error de ponerme hasta arriba del jamón regalo de la empresa, inmediatamente antes de irme a dormir. La digestión ha sido lenta, lenta, me he despertado multitud de veces a lo largo de la noche, con sensación de hartazgo y una bola dura, enorme, en el estómago. A eso de las nueve la cosa amainó y pude dormitar hasta el mediodía. Ahora, en Colby, me tomo un café que me despeje –estoy volado– y trato de leer pero sin ganas. Para colmo, el bolígrafo con que escribo está en las últimas y apenas suelta tinta. Esta es otra de mis manías: escribo siempre con bolis negros y con tinta abundante y gruesa. Cada día más, soy un compendio de filias y fobias que me organizan la vida, sin remedio.
El trabajo, estos días, promete ser tranquilo. Apenas hay páginas y, por tanto, casi no tengo nada que hacer. Anoche salí a las once, no llegué a pisar la redacción ni seis horas seguidas. Con la movida del temporal, ni Leoncio, ni Anuska, ni J C pudieron regresar a Madrid, así que todos estaban un poco saturados de trabajo. Pero a mí eso no me afecta, así que...
Avanzo con los Diarios de la Chacel, que ya anda por el 84. Una ancianita obsesionada con traer a su hijo y a su nuera del Brasil. Cuando yo la conocí, diez años más tarde, ya vivían con ella en un pisito por el norte de Madrid. Yo era un admirador incondicional de todo lo suyo y llevaba un tiempo tratando de conocerla. En la primavera de 1992 me habían presentado, en Bocaccio, a Luis Antonio de Villena y no me cansaba nunca de oírle hablar de ella, acariciando en secreto la idea de que un día, no sé cómo, me introdujera en su círculo. Con Luis Antonio nunca hubo una amistad profunda y duradera, así que no me atreví a pedirle tal cosa. Con Pepe I fue diferente: gracias a él (y a Fanny Rubio) estuve el verano del 92 en un encuentro sobre poesía árabe en El Escorial, al que también asistieron Chacel y su hijo Carlos. Durante el cóctel, o lo que fuera, a punto estuve de recordarle a Fanny que nos presentara, pero me entraron las timideces habituales y lo dejé pasar –Antoñito, mi novio del momento, se empeñó en hacerlo él... le dije que ni de coña hiciera nada parecido. Total, que en junio del 94, poco después de su noventa y seis cumpleaños, yo andaba de nuevo por Madrid y se me ocurrió llamar, en plan desesperado, al País (sección Cultura) para que me pasaran con la chica que la había entrevistado, a toda página, unos días antes. Le eché morro al asunto y dije que era periodista y quería entrevistar a Rosa Chacel. No esperaba que me diera su número, pero lo hizo enseguida, sin oponer resistencia. El siguiente paso fue llamar a su casa (yo estaba nerviosísimo) y hablar con Carlos. Mentí asegurando que nos habían presentado dos años antes en la movida del Escorial. Como todos los datos coincidían, el tipo se lo creyó –aunque dijo no recordarme– y conseguí una cita para dos días más tarde... La entrevista fue un sueño hecho realidad, ella pequeñita, muy torpe ya, gordísima y con una cabeza enorme, monstruosa. Acababa de perder la visión del único ojo que aún le funcionaba y estaba muy intranquila por cómo lograría seguir trabajando. Pero seguía lúcida (la cinta grabada con la conversación anda por ahí, en alguno de mis cajones, no sé dónde). Creo que se dio cuenta de que estaba con alguien que realmente se había leído todo lo que ella tenía publicado, porque nos caímos muy bien. Al final de dos horas de charla intensa, me dedicó una "Sinrazón" ("Para *****, a quien no puedo ver pero entiendo muy bien") y me recordó que cuando volviera a Madrid no dejara de pasarme por allí para seguir charlando. No pudo ser. En unas semanas llegaron su hospitalización, un repunte de salud que se quedó en nada y su muerte.

Vi a J M después de mucho tiempo rehuyendo su presencia. Me mostró un articulito que ha publicado, en su línea obsesiva, pero bien. Anduvo a vueltas con ciertas últimas decepciones de sus amigos los "poderes fácticos" del mundo rosa, gentes que piensan con la polla y así actúan. Claro que, de lo que me dice, siempre temo que un tanto por ciento elevado sea pura invención. No hay duda que se trata de una inteligencia activa, poderosísima, y cuando no se quijotiza da gusto conversar con él. Ahora bien, en cuanto cree vislumbrar unos molinos en el horizonte ya no hay nada que hacer, se revuelve en su cuna de tranquilidad, comienza a farfullar incongruencias y se lía a lanzazos con todo dios. Una lástima. Quedamos en que un día de estos nos aventuraremos al B&N, para recordar viejos tiempos –de hace sólo siete meses, pero ya viejos porque no volverán– y echarnos unas risas. Veremos.
 
Comentario:
Pero como puedes ir al B&N!!!! Es que ni en plan revival, no no no no. Ay
No