Diario de Madrid
Sindicación
 
CUMPLEAÑOS
Infinidad de cositas en estos días de Amor, Felicidad y Familia. Fum, fum, fum. Cumplí los treinta y cuatro. Una barbaridad de años que, dentro de diez, me parecerán el colmo de la juventud. Como no hay píldoras rejuvenecedoras ni máquinas del tiempo, la solución –pero no hay solución posible, todos los relojes continúan su callado tic tac, también el biológico–, lo que he de hacer, pasa por conformarme con lo que me toca y sacarle el mayor partido posible. Y en esas estamos.
La noche del jueves, según salí del curro, estuve primero con E y Eva (Evísima) junto a toda una recua de amigas. No bien llegué, hubo una ronda de presentaciones. Como siempre, según me decían el nombre de una lo iba olvidando, pero bueno, repartí besos a diestro y siniestro. Llenamos La Vaquita y luego nos sumergimos en el torrente de humanidad que rebosaba en la Bohemia. Apareció M**, compañera de piso de E recién llegada de San Francisco, con el cansancio de tan largo viaje brillándole en los ojos pero una evidente emoción –cómo la entiendo– por estar de vuelta. Muy cariñosa y guapa. Me hizo un regalo ("Es una tontería, pero lo vi y me acordé de ti") que ahora mismo llevo puesto. Hablamos de este Diario, que M** ha seguido desde tierras americanas, y me sorprendió el poco reparo, o pudor, que me produjo el saber que ha leído cosas tan íntimas. De algún modo, lo escrito escrito queda, pero luego yo me olvido, como quien escribe una parrafada, la mete en una botella y la tira al mar. Ahí queda; por ahí se va. En fin. Que en la Bohemia, bien. Me pasó a recoger Ma y nos despedimos de las chicas –que iban al Escape. Nosotros recalamos en Sunrise, porque había ganas de ligoteo y de un poquillo de farra. A mí las ganas se me esfumaron en cuanto entré, porque me di de bruces con P. Más bien me vio él y se abalanzó sobre mí. Cariñoso y aparentemente muy contento de verme, dijo que me ha echado mucho de menos estos tres meses (?). Recuerdo toda la secuencia como un sueño muy triste. Algo más grueso, con una melenita lacia que no le favorecía en absoluto... pero era él, mi novio de un tiempo, el nene que ocupó mi pensamiento durante este último verano. Aunque diferente, con la mirada enturbiada por la cocaína y un légamo de desesperanza, de angustia controlada, que me horrorizó. Nos abrazamos, hablamos muy juntos, llegamos a besarnos con una especie de pasión tranquila, o de dulzura apasionada, quién sabe. Y comprendí que, por mucho cariño que le tenga, yo no podría estar con alguien que tiene la picha hecha un lío, que se quiere muy poco y se castiga tantísimo, que va dando palos de ciego por la vida. No tengo nada en contra de las drogas (al día siguiente me tocó a mí), pero sí en contra de su uso estúpido, indiscriminado, como sustitutivo de algo, o como medio de evadirse hacia esos paraísos artificiales que son pompas (hermosísimas) de jabón y a la mínima pinchan, sólo para dejar un vacío y una desolación enormes. Así le vi, desnortado, abatido. Cometí el error de decírselo.
–¿Cómo estás P?
–Bah... He pasado tres meses muy chungo, metiéndome de todo y bastante fastidiado. Pero empiezo a estar bien.
–¿Seguro que estás bien? No me gusta verte así.
–Calla, no me digas eso ahora, que estoy enfarlopado y me rallo. Además, pasado mañana hace dos años que murió mi padre.
–Bueno, vale. No digo nada.
Se me ocurre pensar, ahora que lo escribo... Quizá uno de los motivos ocultos por los que me dejó ("Lo que menos necesito ahora es un novio") sea que no quiere a su lado un Pepitogrillo que le juzgue y "riña" si hace algo malo. Es probable que se sintiera constreñido en una relación para la que no estaba preparado. Quizás lo que busca es hundirse en su propia miseria y no levantar cabeza. No sé. Le deseo lo mejor, y por eso mismo no soporto ver lo que está haciendo con su vida. Me fui a casa bastante afectado y abatido.

(Otro encontronazo, también en el Sunrise: con Jose, noviete de hace tres años. Fue la noche de los ex... Mientras él parloteaba –y me tiraba un dardito envenenado muy a lo marica mala–, yo le miraba y, por muchos esfuerzos que hacía, no lograba comprender qué cojones vi en su momento en un ser tan fatuo, superficial y diferente a mí. Hablamos cuatro cosas y con las mismas lo borré de mi mente.)

La mañana del 24, nada más despertarme, un mensaje en el móvil, de mamá: "Felicidades. Besos". Increíble. Cómo no se da cuenta esta mujer de lo mucho que se le ve el plumero en este tipo de detalles. A lo largo del día recibí llamadas y mensajes de muchísima gente, algunos con quienes no contaba para nada, de lo más cariñosos y efusivos. Así que la mierdecita del mensaje de mi madre... Bueno, contesté en los mismos términos y con una carga de ironía y de mala leche que (espero) habrá captado: "Gracias. Abrazos".
Pasé el día con Arturo y, a media tarde, también con Vera. fue agradable. Me regalé los dos volúmenes de las "Memorias de ultratumba", de Chateubriand (80 euros del ala), y Arturo me trajo "La vida perra de Juanita Narboni", de Ángel Vázquez, un autor al que no conocía. Ya tengo lectura para cuando se me termine Rosa Chacel. Entre risas y charleta distendida se me pasó el día y no me dio tiempo a sentirme solo ni a pensar demasiado en el significado –fin de etapa– de este cumpleaños que, por primera vez, ya no tengo con quién compartir. Abuelita hubiera hecho los ochenta y cuatro.
Camino de casa de Ma, llamé a Santander y hablé con mi abuelo. Por lo que me contó Charly, estuvieron por la mañana en el cementerio y se emocionó. Lógico. Le comuniqué mis planes de ir en Nochevieja y cenar así con ellos y con Ana (que me telefoneó para invitarme al condumio, cómo se lo he agradecido...). Fue inevitable que me pasara con mis padres y mi hermana Cristina. Con papá, bromas (es alucinante comprobar que el pobre no sabe cómo acercarse a su hijo y entonces recurre siempre a los sarcasmos y los chistecillos tontos); con mamá, danza de lo social: acepté la invitación para comer en su casa del pueblo el primer día del año; con Cristina... bueno, con ella también danza.
Después de la cena, nos entretuvimos chateando en el ordenador. Ma se bebió íntegra la botella de Rioja que traje y yo me ventilé la de cava. En un momento dado, a través del messenger, ligoteó con uno y le dejé en su cuarto haciéndose una paja por la cam... este chico no tiene medida. La noche fue bien, gracias a la química. Bailé tanto, con tal furia (podría decirse), que aún hoy me duele todo el cuerpo. Estuvimos en Cool, Ma husmeó por ahí a la búsqueda de un camello de confianza y, con las compras ya hechas, yo me descamisé en cuanto sentí los primeros efectos de la droga. Mi amigo me miraba y me jaleaba: "Estás estupendo". Y es verdad, lo estoy, pero cómo explicar cuánto mar de fondo hay en ese "estar estupendo". Más tarde nos metimos en Heaven, adonde no iba desde hace la friolera de diez años. Mucha gente, muchos guapos. Hasta el final no hice caso a nadie, estaba demasiado arrebatado por la música y lo único que me apetecía era bailar como un descosido. Calor tremendo. Un cachas enorme y feo, a quien ya tengo controlado de otras veces (siempre colocado y pegajoso), me persiguió toda la noche, soplándome el aliento sobre la nuca cada vez que me despistaba. Un pesado. Y otro, pequeño y fondoncillo, venga a rozarse conmigo cada dos por tres. Estuve a punto de pegarle un buen corte, no me dejaba ni a sol ni a sombra, pero lo dejé correr: el tipo no debía darse ni cuenta de lo que hacía. A última hora, apareció un chaval guapísimo –demasiado musculado para mi gusto... ¿qué les pasa a las maricas de esta ciudad?– con dos chicas. Primero pensé que era hetero, pero luego comenzó a mirarme, cada vez más insistente. No se atrevía a decirme nada, sus amigos le animaban a ello, era evidente, pero el chico no terminaba de decidirse. Y yo no iba a hacer nada, rodeado como estaba de todo su grupo, una manada de moles de carne anabolizada. Así que todo se quedó en un flirteo de adolescentes.
Ayer pasé el día como dormido, a medias y sin aterrizar del todo. Hubo la cita a ciegas con J, el enfermero. Un tío majo pero en absoluto mi tipo, de ahí puede salir una amistad, nada más. Nos encontramos en Tribunal a las siete y aguantamos hasta las 11.30, así que la cosa no fue mal, nos reímos y eso. Luego me encerré en casa hasta hoy.
Y en algo más de una hora (son las cuatro de la tarde cuando escribo esto), al periódico. Sin ganas. Pero la vida sigue. Como E se queda un día más por las Asturias, no hay con quién cervezear más tarde, así que seré bueno y me iré para la piltra.
 
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Felicidadesssssssss
 
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Yo creo que estas en una edad buena, de verdad que se te quite la tonteria con eso. Ademas ligas un monton y esas cosas... que mas quieres??? te quejas de vicio. Seguro que yo ligo menos que tu... y bebo mas jaja
 
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Felicidades!!

Realmente según cuentas te pegas unas farras que no cuadran con un vejete, así que no te kejes, petardoso!! xDD

Besotes!
 
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Felicidadessssss!!!
Weeeeno esos 34 no van mal si toavia te sigues yendo de marchuki x ay....y x lo que e leido...tambien de ligoteo...Y que la ostia, yo quiero tener tus 34 y tu espiritu cervecero!!! jejeje
Muakis :-p
 
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Ay si llego a saber lo de cervecear me hubiera apuntado contigo y nos contamos las navidades, pero llegue de Jaen algo tarde. Que lo de los 34 tampoco son tantos, yo conozco a gente que tiene casi 20 mas que tu y salen conmigo de marcha y tan guay. Desde luego... pasais de los treinta y... pero si te dicen que estas estupendo. Viva Cornelio Navideño!!! Si señor!!! Te queremos!!!
 
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Muchas felicidades. Que cumplas muchos más y todo eso. Y sigue escribiendo, eres de lo más ameno que hay en el universo bitacoril

Hasta luego
No