CUENTA ATRÁS
Ya está. Con lo que he enviado esta manyana al periódico tengo cubiertas mis colaboraciones de la semana. Sensación agradable del deber cumplido.
Escribo en el Heróis (Carla Bruni susurrándonos al oído en su francés de gata), después de una comida rápida en el McDonald's. A pesar de las advertencias de M, que ha visto "Super size me" y me aseguró que, si él fuera yo, no volvería nunca más a un McDonald's. Bueno, seguro que tiene razón, pero ojos que no ven...
Anoche dimos un último paseo por la ciudad. El frío era intenso y, por primera vez, casi se me congelan las orejas. Nos detuvimos en un parquecito por la zona del Bairro Alto, con unas espléndidas vistas de la capital a nuestros pies, el castillo al fondo, las lucecitas un tanto psicotrópicas de la Praça de Restauradores brillando como senyales en el aire. Un último porro en companyía y para la pensión, a por sus cosas. Alrededor de las siete y media nos dijimos adiós. A él le espera hoy un día ajetreado, con viaje a Santander a primera hora de la tarde, porque finalmente operan a su madre. Nos veremos poco (o nada) estas navidades: yo no tengo vacaciones y él debe estar allí, al lado de su familia. Dice que bajará algún finde por Madrid. Yo ya me he hecho a la idea de pasar mi cumple en solitario.
La cuenta atrás de este viaje extranyo se inició con la despedida de M. Ahora quedan unos cuantos paseos, diversos cafés diseminados en las próximas horas y, para cuando quiera darme cuenta, estaré de nuevo a mi mesa en la redacción, frente al ordenador. Ay, cómo se pasa el tiempo sin sentir.
Escribo en el Heróis (Carla Bruni susurrándonos al oído en su francés de gata), después de una comida rápida en el McDonald's. A pesar de las advertencias de M, que ha visto "Super size me" y me aseguró que, si él fuera yo, no volvería nunca más a un McDonald's. Bueno, seguro que tiene razón, pero ojos que no ven...
Anoche dimos un último paseo por la ciudad. El frío era intenso y, por primera vez, casi se me congelan las orejas. Nos detuvimos en un parquecito por la zona del Bairro Alto, con unas espléndidas vistas de la capital a nuestros pies, el castillo al fondo, las lucecitas un tanto psicotrópicas de la Praça de Restauradores brillando como senyales en el aire. Un último porro en companyía y para la pensión, a por sus cosas. Alrededor de las siete y media nos dijimos adiós. A él le espera hoy un día ajetreado, con viaje a Santander a primera hora de la tarde, porque finalmente operan a su madre. Nos veremos poco (o nada) estas navidades: yo no tengo vacaciones y él debe estar allí, al lado de su familia. Dice que bajará algún finde por Madrid. Yo ya me he hecho a la idea de pasar mi cumple en solitario.
La cuenta atrás de este viaje extranyo se inició con la despedida de M. Ahora quedan unos cuantos paseos, diversos cafés diseminados en las próximas horas y, para cuando quiera darme cuenta, estaré de nuevo a mi mesa en la redacción, frente al ordenador. Ay, cómo se pasa el tiempo sin sentir.
Comentario:
Bueno creo que volveras con el buen sabor de boca de haber estado en una ciudad maravillosa. Yo el recuerdo mas gracioso que tengo es del "restaurante del gordito", un sitio donde servian el mejor arroz con pulpo de todo Lisboa, situado en el barrio de Areeiro (donde yo vivia), muy cerca del Hotel Roma. No sabia que eras periodista!!! Si es que somos un monton en la blogosfera. Besitors