Diario de Madrid
Sindicación
 
VUELVO A QUEDARME SOLO...
A M le restan unas pocas horas aquí. Esta tarde/noche sale su autobús para Madrid. Han sido tres días intensos, ambivalentes. Por una parte, hemos salido cada noche, pero también he tenido momentos en los que buscaba la soledad de mi cuarto, horas y horas pasadas allí leyendo, sin importarme que afuera me aguardara toda una ciudad a la que conocer. Mientras M se dedicaba a dar paseos por Lisboa, a tratar de apresar entre sus dedos la esencia de esta hermosura que es Lisboa, yo me aovillaba en mi cama y pasaba de los cantos de sirena del exterior. Acabo de terminar la novela de Joyce Carol Oates, que no me ha gustado. Así como "Las hermanas Zinn" me pareció un experimento curioso y bastante bien resuelto, ésta apenas se eleva un poco en la categoría de best seller. Mal traducida -con fallos evidentes que me chirriaban a cada momento-, poco elaborada, la he leído rapidísimo, eso sí, porque la historia era interesante; casi ochocientas páginas en tres días, pero no me ha emocionado nada. Y esta mujer ha sido candidata al premio Nobel. Y dicen que "Qué fue de los Mulvaney" es su mejor obra... Es el turno, ahora, de Laura Restrepo ("Delirio"). Las diferencias entre las dos saltan a la vista, aquí se trata de unas páginas en que la historia que se cuenta está supeditada al cómo se cuenta, lo cual es un alivio. De nuevo frases bien construidas, buena literatura de la que te obliga a pararte para saborear con calma una metáfora especialmente brillante, un adjetivo que reluce por cuenta propia.
Anoche estuvimos en Fragil (vi a Paulo, metido en su cubículo del guardarropa), sin mucho éxito por mi parte. Se me había olvidado lo que supone salir por sitios de ambiente con M. Que concita miradas depredadoras, provoca deseos y galvaniza el ambiente a su alrededor. Él prolongó la marcha hasta el Lux y volvió, esta manyana, prendado de una chica con la que, por miedos tontos, no llegó a ocurrir nada. Se ha pasado todo el día cabizbajo, rumiando los motivos por los cuales no se atrevió a dar el paso definitivo para llevársela a la cama. Somos esclavos de nuestro temor al qué dirán. Yo creo que no hay solución, que uno es como es. M se niega a ello, y lucha contra su naturaleza. Quizá está a tiempo de cambiar, le deseo mucha suerte y, si lo consigue, que escriba un libro de autoayuda y me lo regale por mi cumpleanyos, que buena falta me hace. Porque en mi caso... supongo que ya no hay vuelta de hoja. No cambiaré ni aunque asista a quinientas sesiones de terapia con el abuelo Freud.

Después del café del otro día con Paulo me di cuenta de las pocas ganas que tengo de enrollarme con él. Prefiero volver a Madrid sin haberme acostado con nadie que con la mala conciencia de follarme a Paulo por la simple necesidad de tener sexo. Una paja a tiempo es mejor que joder la paz interior de nadie. Si en casa no me esperaran aventuras, sería otra cosa, pero allí están la incógnita Gabriel, y Diego el argentino (a quien he escrito una postal preparando el terreno), y las visitas mensuales de R, y Richard el bailarín...
No