Diario de Madrid
Sindicación
 
EN CAPILLA PARA EL VIAJE
Ma llamará esta tarde por mí a una pensión, así cuando manyana aterrize en Lisboa ya tendré resuelto el problema del alojamiento. Bien. Además me dice que, si no le saliera bien una entrevista de trabajo que tiene, a lo mejor se anima y pasa unos días conmigo. Veremos.
Ayer estuvimos tomando algo por Chueca. Con J siempre a su vera, cómo no: últimamente no hay modo de ver al uno sin el otro, parecen Pin y Pon. Me llevaron enganyado al local donde actuaba un amigo suyo travesti. El show fue como todos. Un derroche de lentejuelas con sobredosis de Laura Pausini y Malú, su poquito de picante más mala leche y un mucho de procacidad. Nosotros éramos los bebitos del lugar, la media de edad debía rondar los cincuenta, mínimo. Hombres de pelo blanco, calvos con rotundas barrigas, bigotes grisáceos y arrugas hasta en el carné de identidad. Así que aquel era el cementerio de elefantes donde las maricas ancianas se reúnen, ligan entre sí y chismorrean un poco. Me vi a mí mismo dentro de veinte o treinta anyos, y me dio pánico. Se lo comenté a Ma:
-Te das cuenta de que algún día seremos así?
-Ni lo pienses... Tú estás estupendo.
-Ya, pero estar estupendo no quiere decir nada. Mira ese senyor de allá, cuántos anyos le hechas? Sesenta? A lo mejor tiene setenta y está increíble para su edad, pero no deja de parecer el viejo que es.
Y es que, se gay viejo, para qué enganyarnos, es mucho, muchísimo peor que ser hetero viejo. Porque aunque la soledad es un concepto muy relativo, yo allí vi gente solitaria en busca de un poco de calor humano y con la vida a sus espaldas, no al frente.
No