Y MI AMIGO LLEGÓ
En el Café no Chiado con M. Él escribe en su cuaderno de Diario, yo lo hago en el mío. Desde el momento en que nos encontramos ayer, la ciudad y cuanto me rodea cambió de color. Pasamos el domingo en la zona del castillo de Sao Jorge, asomados sobre la Alfama de mirador en mirador, hablando por los codos (literatura: oposición Bolanyo/Pérez-Reverte y lo triste que tiene que ser ver con rabia cómo alguien es superior a ti, por mucho que vendas y vendas ejermplares de novelas de aventuras en el XVII; política: 11-M, comisión de investigación, las bombas que ETA puso en diversas salidas de Madrid el otro día; de nosotros, en fin), alucinando con la cantidad ingente, exagerada, de espanyoles en Lisboa. Comimos en un garito de por allí, estrechísimo y agobiante -como un camarote gastronómico de los hermanos Marx-, no muy bien, la verdad. Lo barato sale caro. Luego hubo descanso en la pensión y más tarde tomamos algo en Heróis. Curioso cómo el local mismo me pareció distinto ahora que estoy bien acompanyado. La noche, para desgracia de M, no fue brillante. Un domingo de capa caída, con los portugueses mayoritariamente en casa y hordas frenéticas y alcoholizadas de espanyoles a la caza y captura de un bar en donde seguir la marcha. El Portas Largas era un revoltijo de gente que bebía y cantaba al son de la música -primero un popurrí de canciones en castellano que yo nunca escucharía de estar en mi país, más tarde musicón. Fumamos algún que otro porro, una tía nos pasó un canuto de maría (su amigo, cuarentón y feo, miraba a M con ojos golositos) y nos dio por buscarles a todos parecidos más o menos razonables. Un paisano era clavadito a Álvarez-Cascos, otro se nos parecía ligeramente a Gallardón (faltaba Aznar con su cara de palo y su bigotito a los Chaplin: no le vimos por ninguna parte, debía de estar en casa, preparando su próxima clase/despropósito en Georgetown), había una mujer de mediana edad que recordaba a Susan Sarandon en "Pena de muerte"... Nos reímos mucho. Chicos guapos, la mayoría espanyoles y, ay, heteros. Vi a un borrokilla que me gustó bastante, borrachín y dicharachero. Charlamos con uno que venía con un grupo numeroso -que resultaron miembros de una coral vasca-, con su patriarca setentón incluido, tocado con una chapela y hablando en euskera. A mí la fiebre, junto con las cervezas y el costo, claro, me culebreaba por dentro, y para cuando cerraron el bar (cuatro de la manyana y sólo unos pocos en la calle, de retirada, desorientados porque todo estaba chapado) le dije a M que me iba para la pensión. Estaba muerto.
Dormí hasta el mediodía, y para cuando me levanté no estaba mucho mejor de lo mío. Entumecido, baldado, con un principio de gripe que no termina de definirse pero que amenaza tormenta en cualquier momento... Como un viejito de ochenta para quien el simple hecho de atarse los cordones ya es toda una hazanya. El día vuelve a ser soleado aunque frío. Esta tarde, a las siete, veré a Paulo en este mismo café -que acabo de descubrir y que me encanta: mesas individuales, música suave de jazz, poca clientela y con un aire bohemio que me hace sentir a gusto.
Leo y leo y leo. Terminé a Fernando Vallejo, en un día me leí el ensayo que Martín Gaite dedica a Aldecoa ("Esperando el porvenir"). Ahora ya navego entusiasta por las páginas de "Qué fue de los Mulvaney", de Joyce Carol Oates.
Dormí hasta el mediodía, y para cuando me levanté no estaba mucho mejor de lo mío. Entumecido, baldado, con un principio de gripe que no termina de definirse pero que amenaza tormenta en cualquier momento... Como un viejito de ochenta para quien el simple hecho de atarse los cordones ya es toda una hazanya. El día vuelve a ser soleado aunque frío. Esta tarde, a las siete, veré a Paulo en este mismo café -que acabo de descubrir y que me encanta: mesas individuales, música suave de jazz, poca clientela y con un aire bohemio que me hace sentir a gusto.
Leo y leo y leo. Terminé a Fernando Vallejo, en un día me leí el ensayo que Martín Gaite dedica a Aldecoa ("Esperando el porvenir"). Ahora ya navego entusiasta por las páginas de "Qué fue de los Mulvaney", de Joyce Carol Oates.
Comentario:
A mi Lisboa me encanta. Estuve viviendo alli un año. Mi Instituto estaba en Alges, cerca del parque de Belem. Desde la ventana de mi clase veia la desembocadura del Tajo. Tengo unos recuerdos mas bonitos...
Comentario:
Bueno disfruta tu estancia en Lisboa hasta q te vengas.... y 1besote milll de gordo ;-)
Comentario:
Cervezas y costo!!! Dios mio me persiguen hasta en la blogosfera!!! Besos