VACACIONES A LA VISTA
Pasado mañana me voy de viaje a Lisboa. Sin comerlo ni beberlo, en apenas unas horas, he decidido y organizado todo. Resulta que nos dan cinco días de puente, y a éstos he sumado los dos que me debían. De golpe me encontré con nueve maravillosos días libres sin saber muy bien cómo emplearlos. Quedarse en Madrid era la opción más triste, lógico. De Santander no quiero oír ni hablar, creo que por ahí no me ven el pelo hasta 2005. Otra opción era Londres, visitar a Ainhoa y tal. Pero estuve hace unos meses, en febrero, y además Londres es una ciudad que conozco muy bien –en la medida en que uno puede llegar a conocer de verdad una ciudad tan grande–. finalmente, pensé en Lisboa. Hace tres años que no voy, me encanta perderme por sus callejas empinadas y antiguas, con la cara de viejo sin lavar y todas las cicatrices del siglo en la mirada, conozco lo suficiente como para no sentirme perdido o desorientado. Total, que ayer pillé una oferta en Lastminute y compré un billete de ida y vuelta en avión. Sin siquiera pensarlo mucho, la verdad. El problema es que luego (y no antes, este Cornelio y sus caprichitos) llamé a Ma, por ver de convencerle para pasar unos días conmigo allí, pero no hubo manera, me ha dicho que no puede. Como él es portugués –sus padres viven en un pueblecito cercano a la capital– ya me veía de la mano de alguien que controle el percal por esos lares. Ahora es seguro que pasaré solo todos estos días. Me apetece pero también me aterra. Con lo paradito y tímido que soy a veces... ¿seré capaz de cruzar más de dos palabras con alguien?
Ya tengo móvil. Es monillo y de momento me entretengo descubriendo cómo se hace esto y aquello. Mi primer mensaje enviado ha sido para Gabriel. Como su escuela está cerca de mi casa, quedamos en que podríamos tomarnos un café a media mañana. No me contestó. Esta tarde hemos charlado por el messenger y me dice que a lo mejor mañana, aunque no me asegura nada. En fins. Como me voy en dos días, las ocasiones de encontrarnos (no digo ya de meternos en la cama, prácticamente inexistentes) son escasísimas. Y lo más seguro es que, para cuando vuelva de Portugal, se haya olvidado de mí. También yo lo haría si me dieran una semana de vacaciones de mí mismo.
Llegó la carta de los abogados de Telefónica... Hoy no –esta mañana estaba muy cansado y demasiado pasado por agua como para hacerlo–, pero he de ir sin falta hasta el bufete para explicar mis razones y cuál es mi opinión al respecto. Paso de pagar a Telefónica lo que se debió a un error suyo, no mío (casi 1500 euros del ala). Reconozco que estoy un poco acojonado: con la Justicia hemos topado.
Al mediodía me encontré en Colby con Richard, bailarín venezolano o colombiano (no recuerdo) con quien tuve algo más que palabras hace unos seis meses. Se sentó a mi mesa, me comía con los ojos. En un momento dado se quejó de que últimamente no folla con su novio y que está salidísimo. Me miraba con tanta insistencia y se me pegaba tanto al costado que al final cedí a la tentación (uno, que es buen samaritano) y le invité a subir a casa. Ahí me sorprendió.
–Hoy no, que ya tengo planes. Si quieres, la semana que viene quedamos y echamos un casquete.
–¿Qué planes dices que tienes?
–He alquilado dos pelis porno y me voy ahora a casa para hacerme una paja.
Curioso, ¿verdad? Lo que es el ser humano. Tiene la oportunidad de acostarse con alguien que le gusta y prefiere dejarlo correr porque ya ha organizado su tarde previamente. No me molestó: me hizo gracia. Porque el tío seguía dale que te pego. Que si tengo unos ojos preciosos, que si con sólo pensar en mi cuerpo se pone malo...
–Guardo muy buen recuerdo de aquella vez que estuvimos juntos. Y me encantaría repetir.
Pero no hoy, claro.
Ya tengo móvil. Es monillo y de momento me entretengo descubriendo cómo se hace esto y aquello. Mi primer mensaje enviado ha sido para Gabriel. Como su escuela está cerca de mi casa, quedamos en que podríamos tomarnos un café a media mañana. No me contestó. Esta tarde hemos charlado por el messenger y me dice que a lo mejor mañana, aunque no me asegura nada. En fins. Como me voy en dos días, las ocasiones de encontrarnos (no digo ya de meternos en la cama, prácticamente inexistentes) son escasísimas. Y lo más seguro es que, para cuando vuelva de Portugal, se haya olvidado de mí. También yo lo haría si me dieran una semana de vacaciones de mí mismo.
Llegó la carta de los abogados de Telefónica... Hoy no –esta mañana estaba muy cansado y demasiado pasado por agua como para hacerlo–, pero he de ir sin falta hasta el bufete para explicar mis razones y cuál es mi opinión al respecto. Paso de pagar a Telefónica lo que se debió a un error suyo, no mío (casi 1500 euros del ala). Reconozco que estoy un poco acojonado: con la Justicia hemos topado.
Al mediodía me encontré en Colby con Richard, bailarín venezolano o colombiano (no recuerdo) con quien tuve algo más que palabras hace unos seis meses. Se sentó a mi mesa, me comía con los ojos. En un momento dado se quejó de que últimamente no folla con su novio y que está salidísimo. Me miraba con tanta insistencia y se me pegaba tanto al costado que al final cedí a la tentación (uno, que es buen samaritano) y le invité a subir a casa. Ahí me sorprendió.
–Hoy no, que ya tengo planes. Si quieres, la semana que viene quedamos y echamos un casquete.
–¿Qué planes dices que tienes?
–He alquilado dos pelis porno y me voy ahora a casa para hacerme una paja.
Curioso, ¿verdad? Lo que es el ser humano. Tiene la oportunidad de acostarse con alguien que le gusta y prefiere dejarlo correr porque ya ha organizado su tarde previamente. No me molestó: me hizo gracia. Porque el tío seguía dale que te pego. Que si tengo unos ojos preciosos, que si con sólo pensar en mi cuerpo se pone malo...
–Guardo muy buen recuerdo de aquella vez que estuvimos juntos. Y me encantaría repetir.
Pero no hoy, claro.
Comentario:
Pues pasatelo bien en Portugal!!!