AMISTAD VERSUS INTERÉS
Hacía casi un mes que no nos veíamos, aparentemente por culpa de las vacaciones y la diáspora propia de ellas (ya se sabe, en Madrid cada uno es de su padre y de su madre, así que cuando llega el verano, o algún puente importante, la gente huye a sus madrigueras particulares), en realidad porque, a raíz de un problema que tuve, comprobé que JM no es mi amigo. Al menos no el tipo de amigo que yo necesito y quiero a mi lado. En su momento me decepcionó; ni siquiera me hizo una putada, simplemente dijo que iba a estar a mi lado y, cuando miré a mi alrededor, había puesto pies en polvorosa dejándome tirado cual colilla. Aproveché, pues, el comienzo de mi historia con P y la llegada de julio para alejarme poco a poco, sin estridencias ni malos rollos. Desaparecer de su día a día y, si te he visto, no me acuerdo...
El caso es que me llamó el sábado con la milonga de que tenía una muy buena noticia que comunicarme, como amigo y como periodista (el tufillo interesado se podía oler a distancia). Quería quedar conmigo cuanto antes para ponerme en antecedentes y, si era posible, publicarlo en el periódico. Era sábado, yo estaba en casa de M con un medio dolor de cabeza que no se me iba, y esa misma noche tenía fiestuqui en casa de E (a la que me estaba dando pereza ir, pero que finalmente salió muy bien: terminamos fumadísimos, jugando a eso de adivinar el título de una película a través de la mímica), y le dije que no podría verle hasta el día siguiente... Noté que no le hacía gracia: JM, que es un tipo de una inteligencia increíble, está tan metido en su mundo, en su "vidita", como diría él mismo, que poco a poco se ha ido desligando de todo y de todos, ya no es capaz de mantener una conversación que verse sobre otra cosa que el tema de la homosexualidad (eso sí, la materia en cuestión la trata en sus múltiples variantes) y no entiende que hay un más allá (o más acá) de sus preocupaciones. Que me llame con una noticia sobre su particular batalla en contra de la homofobia y que yo no corra a su lado con la lengua colgando y moviendo el rabo, eso es algo que no le entra en la cabeza. Así de simple.
Bueno, a lo que iba, ayer al mediodía nos vimos en el Colby. Fueron dos horas de monólogo continuo, yo no fui capaz de meter ni dos frases en toda la conversación. Está delgadísimo, los tics que eran habituales en él se han agudizado mucho (una cierta forma de mirar a los otros, como si juzgara su "frivolidad", el cómo eleva el tono de voz a medida que se va indignando al hilo de su propio discurso, cuando te agarra del hombro y acerca su rostro a tu oreja, demasiado cerca siempre) y ya no es que se le vaya la olla con sus cosas: se le va muchísimo, como de aquí a Lima. Un ejemplo: me cuenta que la otra noche iba caminando por delante de la puerta del Cool y que hubo un grupo de chicos y chicas hetero que, al ver la cola de gays que esperaban para entrar, comenzaron a parodiar a los maricones, soltaban pluma y se reían, los chicos se daban la mano y las chicas se besaban entre ellas mientras la gente en la cola miraba para otro lado, haciendo como que no se daban cuenta. Entonces a JM le empezó a hervir la sangre, se puso el traje de superhéroe y, plantándose delante del grupo homófobo, les dijo que por ahí no pasaban si no se disculpaban con todos y cada uno de los que hacían la cola. Siempre según su versión (?), el grupito de heteros díscolos pidió perdón a la cola, los gays que iban al Cool reconocieron a JM (nótese el punto egotista de la narración), le dieron las gracias por salir en su defensa y le entraron a hombros en la discoteca (como lo escribo me lo contó él, sin rastro de vergüenza por la bola que me estaba intentando colar). Muy fuerte, ¿no? A mí se me quedó una cara de gilipollas que todavía me dura. Realmente el hombre está muy enfermo si piensa que me voy a creer tamaña estupidez. Hay días en que me da pena, en ocasiones me ataca los nervios, pero la mayoría de las veces lo que me provoca es un bostezo mental que es aburrimiento de tanta tontería junta. Y, para colmo, me coló la noticia (que sí se ha publicado, en una tercerita, él pretendía la portada íntegra) y no me preguntó ni por P, ni por mis vacvaciones ni por cómo me va la vida. ¿Para qué? Imagino que eso es algo que no le importa una mierda.
Cuando la amistad se diluye en un mero juego de apariencias, lo mejor que se puede hacer es acabar con ella y a otra cosa, mariposa. JM con sus fantasías animadas de ayer y hoy; yo con mi vida, que será mejor o peor, más o menos interesante, pero que es real y no una mera ficción.
El caso es que me llamó el sábado con la milonga de que tenía una muy buena noticia que comunicarme, como amigo y como periodista (el tufillo interesado se podía oler a distancia). Quería quedar conmigo cuanto antes para ponerme en antecedentes y, si era posible, publicarlo en el periódico. Era sábado, yo estaba en casa de M con un medio dolor de cabeza que no se me iba, y esa misma noche tenía fiestuqui en casa de E (a la que me estaba dando pereza ir, pero que finalmente salió muy bien: terminamos fumadísimos, jugando a eso de adivinar el título de una película a través de la mímica), y le dije que no podría verle hasta el día siguiente... Noté que no le hacía gracia: JM, que es un tipo de una inteligencia increíble, está tan metido en su mundo, en su "vidita", como diría él mismo, que poco a poco se ha ido desligando de todo y de todos, ya no es capaz de mantener una conversación que verse sobre otra cosa que el tema de la homosexualidad (eso sí, la materia en cuestión la trata en sus múltiples variantes) y no entiende que hay un más allá (o más acá) de sus preocupaciones. Que me llame con una noticia sobre su particular batalla en contra de la homofobia y que yo no corra a su lado con la lengua colgando y moviendo el rabo, eso es algo que no le entra en la cabeza. Así de simple.
Bueno, a lo que iba, ayer al mediodía nos vimos en el Colby. Fueron dos horas de monólogo continuo, yo no fui capaz de meter ni dos frases en toda la conversación. Está delgadísimo, los tics que eran habituales en él se han agudizado mucho (una cierta forma de mirar a los otros, como si juzgara su "frivolidad", el cómo eleva el tono de voz a medida que se va indignando al hilo de su propio discurso, cuando te agarra del hombro y acerca su rostro a tu oreja, demasiado cerca siempre) y ya no es que se le vaya la olla con sus cosas: se le va muchísimo, como de aquí a Lima. Un ejemplo: me cuenta que la otra noche iba caminando por delante de la puerta del Cool y que hubo un grupo de chicos y chicas hetero que, al ver la cola de gays que esperaban para entrar, comenzaron a parodiar a los maricones, soltaban pluma y se reían, los chicos se daban la mano y las chicas se besaban entre ellas mientras la gente en la cola miraba para otro lado, haciendo como que no se daban cuenta. Entonces a JM le empezó a hervir la sangre, se puso el traje de superhéroe y, plantándose delante del grupo homófobo, les dijo que por ahí no pasaban si no se disculpaban con todos y cada uno de los que hacían la cola. Siempre según su versión (?), el grupito de heteros díscolos pidió perdón a la cola, los gays que iban al Cool reconocieron a JM (nótese el punto egotista de la narración), le dieron las gracias por salir en su defensa y le entraron a hombros en la discoteca (como lo escribo me lo contó él, sin rastro de vergüenza por la bola que me estaba intentando colar). Muy fuerte, ¿no? A mí se me quedó una cara de gilipollas que todavía me dura. Realmente el hombre está muy enfermo si piensa que me voy a creer tamaña estupidez. Hay días en que me da pena, en ocasiones me ataca los nervios, pero la mayoría de las veces lo que me provoca es un bostezo mental que es aburrimiento de tanta tontería junta. Y, para colmo, me coló la noticia (que sí se ha publicado, en una tercerita, él pretendía la portada íntegra) y no me preguntó ni por P, ni por mis vacvaciones ni por cómo me va la vida. ¿Para qué? Imagino que eso es algo que no le importa una mierda.
Cuando la amistad se diluye en un mero juego de apariencias, lo mejor que se puede hacer es acabar con ella y a otra cosa, mariposa. JM con sus fantasías animadas de ayer y hoy; yo con mi vida, que será mejor o peor, más o menos interesante, pero que es real y no una mera ficción.