FILOSOFÍAS, MAHOU Y CINTAS DE VÍDEO
Tanto anoche como el domingo, al Angie de cabeza con E. El domingo no pudo ser lo de estar a solas los dos para que ella me pusiera al día de sus últimas vicisitudes sentisexuales –se acostó con su amiga la guardia civil (menos mal que no quedamos ese día, el rollo aguantavelas me aburre terriblemente), tuvo una bronca con R, ojo: no por los cuernos, que le puso de vuelta y media ("eres una egoísta", "inmadura emocional", "no me das lo que yo necesito", etcétera, etcétera, etcétera...) y para el jueves verá a una tía con la que estuvo de charleta la última vez que nos dejamos caer por el Escape–. No fue posible porque nos encontramos con M y su prima Lucía. Ella es una chica dulce (aunque con carácter, eso se adivina nada más conocerla), muy inteligente pero al mismo tiempo de lo más modesto que he visto, con una falsa inseguridad que es su fortaleza. Hacía como dos años y pico que no nos veíamos –desde un concierto infumable en el Hard Rock Café– y la charla fluyó alegre, despreocupada, entre bromas y veras.
M me comentó que venían del teatro, de ver "La Celestina", con Nuria Espert. Le respondí que, desde lo de P, la idea de ir al teatro me tienta pero también me produce rechazo. ¿Echo de menos a P? ¿Pienso en él? Qué responder... Apenas pienso en P, aunque a veces lo hago con una intensidad enfermiza, cuando estoy en mi cama, ya tarde en la noche, leyendo. De repente soy consciente de que hubo un tiempo, para nada lejano, en que él era un elemento más del decorado de mi cuarto, tumbado a mi lado, hablando o follando sobre esas mismas sábanas, desnudo y contento, recitándome largos pasajes del "Calígula" de Camus, o de "La vida es sueño", o algo más actual, de Sanchís Sinisterra, por ejemplo. Y ahora todos esos recuerdos son aire en el aire, un soplo de nostalgia idiota, la delgada línea de mis pensamientos en pugna por arrancar del olvido una serie de hechos felices. ¿Quiero un novio en mi vida? Rotundamente, no. O rotundamente, sí. Quiero un cuerpo que se abrace al mío por las noches, quiero una boca que me bese suave suave en el cuello y en el hueco de la clavícula, quiero unas manos que me agarren fuerte y no me dejen escapar nunca. Pero también soy consciente de mi ser arisco, de lo poco que me gusta que me controlen, de cuánto me agobia que alguien se inmiscuya en mis cosas... A lo mejor, estoy enamorado de la idea de amar, quiero un novio como quien envidia a los otros lo que no tiene. Y en el fondo, si alguno me hiciera caso, no lo querría. Vaya, vaya.
M se retiró pronto y nos quedamos los tres hasta las tantas, Lucía y E hablando de Harry Potter, yo haciendo el payaso, como tengo por norma. Noté algo parecido a la química entre ellas dos, aunque en ningún momento me sentí excluido.
M me comentó que venían del teatro, de ver "La Celestina", con Nuria Espert. Le respondí que, desde lo de P, la idea de ir al teatro me tienta pero también me produce rechazo. ¿Echo de menos a P? ¿Pienso en él? Qué responder... Apenas pienso en P, aunque a veces lo hago con una intensidad enfermiza, cuando estoy en mi cama, ya tarde en la noche, leyendo. De repente soy consciente de que hubo un tiempo, para nada lejano, en que él era un elemento más del decorado de mi cuarto, tumbado a mi lado, hablando o follando sobre esas mismas sábanas, desnudo y contento, recitándome largos pasajes del "Calígula" de Camus, o de "La vida es sueño", o algo más actual, de Sanchís Sinisterra, por ejemplo. Y ahora todos esos recuerdos son aire en el aire, un soplo de nostalgia idiota, la delgada línea de mis pensamientos en pugna por arrancar del olvido una serie de hechos felices. ¿Quiero un novio en mi vida? Rotundamente, no. O rotundamente, sí. Quiero un cuerpo que se abrace al mío por las noches, quiero una boca que me bese suave suave en el cuello y en el hueco de la clavícula, quiero unas manos que me agarren fuerte y no me dejen escapar nunca. Pero también soy consciente de mi ser arisco, de lo poco que me gusta que me controlen, de cuánto me agobia que alguien se inmiscuya en mis cosas... A lo mejor, estoy enamorado de la idea de amar, quiero un novio como quien envidia a los otros lo que no tiene. Y en el fondo, si alguno me hiciera caso, no lo querría. Vaya, vaya.
M se retiró pronto y nos quedamos los tres hasta las tantas, Lucía y E hablando de Harry Potter, yo haciendo el payaso, como tengo por norma. Noté algo parecido a la química entre ellas dos, aunque en ningún momento me sentí excluido.