VIERNES CARGADITO
He dormido doce horas y me encuentro en ese estadio en el que uno no sabe si le hizo bien dormir tanto o si, por el contrario, se jodió el día definitivamente. Como en sordina, los estímulos exteriores me llegan desde muy lejos. El barullo del tráfico, ese tipo grande y mal afeitado de la calle Fuencarral que grita su mercancía –"rosas, rosas a dos euros"– entre desganado y aburrido, el grupo de francesas que, en la mesa de mi derecha (aquí en el Laan, donde escribo), acompasan su plática suave, hecha de sonidos mínimos, de gestos minúsculos, de modulaciones imperceptibles, con el entrechocar imperceptible, mínimo y minúsculo de las cucharillas contra la taza de café. Así que aquí estoy, medio dormido medio despierto, leyendo a Bolaño y rememorando el día de ayer, que dio para bastante.
Primero, un café con Raymond a la una de la tarde en el Colby, después de una semana sin vernos. Nada más llegar, diez minutos tarde, la cagó.
–He llegado tarde adrede porque así ya estabas tú y no consumo. ¿Llevas mucho esperando?
–No te preocupes.
Raymond cofrade mayor de la Virgen del Puño. No soporto a ese tipo de gente, y lo que despiertan en mí comportamientos de ese pelo son muy poca simpatía y ninguna gana (pero ninguna) de echarles una mano. Decidido, este tío no se queda en mi casa ni una sola noche, que se gaste la pasta en una pensión.
Cuando le pedí que me contara qué había sucedido el sábado pasado para que me diera plantón, explicó que la noche anterior se fue por ahí de farra, conoció a un grupo de chicos y juerguearon hasta bien entrada la mañana. Que a las 11.30 decidió volverse a la pensión para dormir (porque no era plan de que yo le viera en esas condiciones), pero que previamente había dejado dicho que si llamaba me dijeran que se pondría en contacto conmigo más tarde. No sólo no fue capaz de coger un teléfono y avisarme (por no gastar dinero, como si lo viera) sino que dio por sentado que yo lo haría. No sé si es muy tonto o muy listo, claro que ha ido a dar a buena parte, este no sabe con quién se la juega. En fin. Ayer me lo quité de encima con una excusa de trabajo y le dije que ya le llamaría hoy para vernos (y echar un polvo, le noté con ganas... no debe de haber ligado mucho esta semana). Glups, no sé por qué pero me da en la nariz que se me va a olvidar. Si me gasto 60 céntimos en una llamada, a lo mejor no llego a fin de mes.
Segundo, cuando me estaba afeitando antes de salir camino de Atocha, me llamó M pidiéndome el costo de mi tío que compré para él hace dos semanas. Le noté ansiedad yonkarra en la voz, jeje. Quedamos en vernos en la misma estación de tren, antes de que yo cogiera el que va para Alcalá de Henares. Llegué con algo de antelación y, durante la espera, me crucé con Roberto O, fantasma del pasado más remoto. Me miró con guasa, como sonriéndose de la situación. No nos saludamos, por supuesto. Nada más aparecer M, le di el costo y bajé al andén, sin volver la vista atrás pero con un regusto agrio en la boca del estómago, que se me pasó en unos minutos, eso sí. Fue algo curioso. Después de siete años desde que él rompió unilateralmente nuestra amistad, quien fuera mi mejor amigo y confidente desde el colegio me encuentra a la espera del que ahora es mi mejor amigo. De vodebil barato.
Tercero, viaje hasta Alcalá para asistir a la apertura de Alcine34, el festival de cortos. Con C&H. Nos entonamos con unas cervecitas en El Bierzo de Alcalá, taberna semivacía a esas horas. Luego nos tocó la ceremonia propiamente dicha, en el Teatro Cervantes, con varios cortos que a mí me dejaron más bien indiferente –incluido el de Coffee and Cigarettes, de Jim Jarmusch, con Iggy Pop y Tom Waits. Más tarde, al cóctel que se sirvió en una antigua pollería, todo muy neoyorquino, con gente guapa y mucho intelectual cinéfilo. Fumamos varios porros (H también ha dejado el tabaco, lleva tres semanas y los canutos son su único enlace con la nicotina) y estuvimos un ratillo viendo pasar al fotógrafo del "evento", que no nos pedía una foto ni a tiros... Finalmente nos vio, se acercó a pedir permiso y nos inmortalizó. Menos mal, C y yo empezábamos a preguntarnos si no le parecíamos suficientemente atractivos y glamourosos. C yo creo que se aburrió un poco, aunque la música era muy buena y fue mejorando con el paso del tiempo. Barra semilibre. En un momento dado, se lo comenté a H.
–¿Te das cuenta de que, en cierto tipo de intelectual moderno de izquierdas, abundan mucho las gafas rectangulares de pasta?
–Pues es verdad.
–Parecen la marca de fábrica...
Primero, un café con Raymond a la una de la tarde en el Colby, después de una semana sin vernos. Nada más llegar, diez minutos tarde, la cagó.
–He llegado tarde adrede porque así ya estabas tú y no consumo. ¿Llevas mucho esperando?
–No te preocupes.
Raymond cofrade mayor de la Virgen del Puño. No soporto a ese tipo de gente, y lo que despiertan en mí comportamientos de ese pelo son muy poca simpatía y ninguna gana (pero ninguna) de echarles una mano. Decidido, este tío no se queda en mi casa ni una sola noche, que se gaste la pasta en una pensión.
Cuando le pedí que me contara qué había sucedido el sábado pasado para que me diera plantón, explicó que la noche anterior se fue por ahí de farra, conoció a un grupo de chicos y juerguearon hasta bien entrada la mañana. Que a las 11.30 decidió volverse a la pensión para dormir (porque no era plan de que yo le viera en esas condiciones), pero que previamente había dejado dicho que si llamaba me dijeran que se pondría en contacto conmigo más tarde. No sólo no fue capaz de coger un teléfono y avisarme (por no gastar dinero, como si lo viera) sino que dio por sentado que yo lo haría. No sé si es muy tonto o muy listo, claro que ha ido a dar a buena parte, este no sabe con quién se la juega. En fin. Ayer me lo quité de encima con una excusa de trabajo y le dije que ya le llamaría hoy para vernos (y echar un polvo, le noté con ganas... no debe de haber ligado mucho esta semana). Glups, no sé por qué pero me da en la nariz que se me va a olvidar. Si me gasto 60 céntimos en una llamada, a lo mejor no llego a fin de mes.
Segundo, cuando me estaba afeitando antes de salir camino de Atocha, me llamó M pidiéndome el costo de mi tío que compré para él hace dos semanas. Le noté ansiedad yonkarra en la voz, jeje. Quedamos en vernos en la misma estación de tren, antes de que yo cogiera el que va para Alcalá de Henares. Llegué con algo de antelación y, durante la espera, me crucé con Roberto O, fantasma del pasado más remoto. Me miró con guasa, como sonriéndose de la situación. No nos saludamos, por supuesto. Nada más aparecer M, le di el costo y bajé al andén, sin volver la vista atrás pero con un regusto agrio en la boca del estómago, que se me pasó en unos minutos, eso sí. Fue algo curioso. Después de siete años desde que él rompió unilateralmente nuestra amistad, quien fuera mi mejor amigo y confidente desde el colegio me encuentra a la espera del que ahora es mi mejor amigo. De vodebil barato.
Tercero, viaje hasta Alcalá para asistir a la apertura de Alcine34, el festival de cortos. Con C&H. Nos entonamos con unas cervecitas en El Bierzo de Alcalá, taberna semivacía a esas horas. Luego nos tocó la ceremonia propiamente dicha, en el Teatro Cervantes, con varios cortos que a mí me dejaron más bien indiferente –incluido el de Coffee and Cigarettes, de Jim Jarmusch, con Iggy Pop y Tom Waits. Más tarde, al cóctel que se sirvió en una antigua pollería, todo muy neoyorquino, con gente guapa y mucho intelectual cinéfilo. Fumamos varios porros (H también ha dejado el tabaco, lleva tres semanas y los canutos son su único enlace con la nicotina) y estuvimos un ratillo viendo pasar al fotógrafo del "evento", que no nos pedía una foto ni a tiros... Finalmente nos vio, se acercó a pedir permiso y nos inmortalizó. Menos mal, C y yo empezábamos a preguntarnos si no le parecíamos suficientemente atractivos y glamourosos. C yo creo que se aburrió un poco, aunque la música era muy buena y fue mejorando con el paso del tiempo. Barra semilibre. En un momento dado, se lo comenté a H.
–¿Te das cuenta de que, en cierto tipo de intelectual moderno de izquierdas, abundan mucho las gafas rectangulares de pasta?
–Pues es verdad.
–Parecen la marca de fábrica...