LOS DOMINGOS AL SOL
Mediodía de cielos azules y frío. Después de la lluvia de los últimos días, este sol que ya no quema pero entra ahora a través de la ventana y me da en la cara –haciéndome guiñar los ojos– es una bendición, una caricia calórica, un beso suave. Estoy en un café de la calle Barquillo. Desde mi mesa, al lado de un ventanal del primer piso, observo un trocito de calle, edificios nobles, aceras limpias y bien cuidadas, semáforos en las esquinas y papeleras de metal. Pasan pocos coches (es domingo) y muy pocas (y desocupadas: es domingo) personas.
Ayer quedé con M S, con la que me cité en Sol poco después de las seis de la tarde. De camino, bajando Valverde, me encontré con S en su silla de ruedas, todo trajeado (floripondio en la solapa incluido), recién afeitadito y hecho un manojo de nervios... ¡Había olvidado por completo que M y él se casaban esa misma tarde muy cerca de mi casa! Estuve un rato con él, quedé de puta madre (como si hubiese bajado adrede para desearles mucha felicidad, que coman perdices y esas cosas) y luego ya enfilé para el Oso y el Madroño, donde M S me esperaba para ponerme al día en su relación con Raúl, su novio desde finales de agosto. Durante hora y media sólo habló ella, mientras nos comíamos un bocadillo en el Pan's de Callao. Las cosas no les van bien, y yo intuyo una ruptura. Claro que no se lo dije, no de una manera tan brutal. Ella se agobia porque él parece no estar tan cariñoso como antes, tan atento como antes, tan locamente enamorado como antes. Y él se agobia porque está de trabajo hasta el cuello y, aunque desea estar con M S, cree que su forma de ser y de currar no son compatibles con una pareja. Y encima ella le ha llamado alguna vez en pleno ataquito de "no me quieres", lo que a él le dispara sus miedos. Se lo he dicho, está en un momento muy delicado, su amor es como una planta muy tierna y muy joven que, al menos granizo, puede agostarse. No sé, no sé. Había momentos en que lo que M S me contaba se me antojaba extrañamente familiar... Recuerdo que con P yo tuve la misma sensación de desidia por su parte, de olvido, de alejamiento. Y que, aunque la razón me decía que él estaba liado con sus cosas y que no tenía que ver con un desenamoramiento paulatino ni nada por el estilo, lo cierto es que al final me dejó. Espero que a M S no le suceda otro tanto. Aunque las dos historias tienen paralelismos evidentes, ni Raúl es P –se supone que es un tío más maduro y entero–, ni ella soy yo –con toda la carga de negatividad que eso conlleva. Ay, las relaciones amorosas y sus complicaciones...
Una vez que dejé a M S, ya en casa, hablé por teléfono con E, que me propuso salir por Lavapiés. Pero a mí lo que me apetecía era quedarme en el salón, con algo de cena a mano y el libro de Bolaño, "2666". Maravilloso. Lo comencé ayer al mediodía y no he podido dejarlo un solo momento desde entonces. Ya llevo 300 páginas y, a este paso, me lo termino para el martes. Este tío era un genio, y ésta fue su obra máxima. El pulso narrativo no cede en ningún momento. Hay lirismo, y cultismos, y escatología, y múltiples cuentos y novelas cortas que se engarzan en una historia basta, interesantísima. Yo, de momento, completamente entregado. Y deslumbrado. Con otros no me pasa, o me sucede al contrario, pero Roberto Bolaño me da muy buen rollito y unas ganas de escribir de lo más saludables.
De Raymond, ayer, ninguna noticia. Hoy me ha llamado por la mañana para vernos (y, supongo, meterse en mi casa), pero le he dicho que estaba fuera de Madrid, en la sierra. Si quiere quedarse a dormir en mi cuarto, que me llame al curro a eso de las once y ya veremos. Lo hará por esta noche –yo me comprometí a asilarle sábado y domingo–, pero el lunes se vuelve a la pensión. Me ha puesto en bandeja la excusa perfecta para darle boleto
Ayer quedé con M S, con la que me cité en Sol poco después de las seis de la tarde. De camino, bajando Valverde, me encontré con S en su silla de ruedas, todo trajeado (floripondio en la solapa incluido), recién afeitadito y hecho un manojo de nervios... ¡Había olvidado por completo que M y él se casaban esa misma tarde muy cerca de mi casa! Estuve un rato con él, quedé de puta madre (como si hubiese bajado adrede para desearles mucha felicidad, que coman perdices y esas cosas) y luego ya enfilé para el Oso y el Madroño, donde M S me esperaba para ponerme al día en su relación con Raúl, su novio desde finales de agosto. Durante hora y media sólo habló ella, mientras nos comíamos un bocadillo en el Pan's de Callao. Las cosas no les van bien, y yo intuyo una ruptura. Claro que no se lo dije, no de una manera tan brutal. Ella se agobia porque él parece no estar tan cariñoso como antes, tan atento como antes, tan locamente enamorado como antes. Y él se agobia porque está de trabajo hasta el cuello y, aunque desea estar con M S, cree que su forma de ser y de currar no son compatibles con una pareja. Y encima ella le ha llamado alguna vez en pleno ataquito de "no me quieres", lo que a él le dispara sus miedos. Se lo he dicho, está en un momento muy delicado, su amor es como una planta muy tierna y muy joven que, al menos granizo, puede agostarse. No sé, no sé. Había momentos en que lo que M S me contaba se me antojaba extrañamente familiar... Recuerdo que con P yo tuve la misma sensación de desidia por su parte, de olvido, de alejamiento. Y que, aunque la razón me decía que él estaba liado con sus cosas y que no tenía que ver con un desenamoramiento paulatino ni nada por el estilo, lo cierto es que al final me dejó. Espero que a M S no le suceda otro tanto. Aunque las dos historias tienen paralelismos evidentes, ni Raúl es P –se supone que es un tío más maduro y entero–, ni ella soy yo –con toda la carga de negatividad que eso conlleva. Ay, las relaciones amorosas y sus complicaciones...
Una vez que dejé a M S, ya en casa, hablé por teléfono con E, que me propuso salir por Lavapiés. Pero a mí lo que me apetecía era quedarme en el salón, con algo de cena a mano y el libro de Bolaño, "2666". Maravilloso. Lo comencé ayer al mediodía y no he podido dejarlo un solo momento desde entonces. Ya llevo 300 páginas y, a este paso, me lo termino para el martes. Este tío era un genio, y ésta fue su obra máxima. El pulso narrativo no cede en ningún momento. Hay lirismo, y cultismos, y escatología, y múltiples cuentos y novelas cortas que se engarzan en una historia basta, interesantísima. Yo, de momento, completamente entregado. Y deslumbrado. Con otros no me pasa, o me sucede al contrario, pero Roberto Bolaño me da muy buen rollito y unas ganas de escribir de lo más saludables.
De Raymond, ayer, ninguna noticia. Hoy me ha llamado por la mañana para vernos (y, supongo, meterse en mi casa), pero le he dicho que estaba fuera de Madrid, en la sierra. Si quiere quedarse a dormir en mi cuarto, que me llame al curro a eso de las once y ya veremos. Lo hará por esta noche –yo me comprometí a asilarle sábado y domingo–, pero el lunes se vuelve a la pensión. Me ha puesto en bandeja la excusa perfecta para darle boleto
Comentario:
pag.81. cada página, mejor cada pieza, es como un paso q doy en el desierto. siento sed pero no m levanto a por agua pq es una sed distinta. vaya genio, qué derroche... (2666, archimboldiano m tiene)