Diario de Madrid
Sindicación
 
UN VIAJE FALLIDO
Sigo en Madrid, viendo las horas pasar y a este sábado cuasi otoñal despedirse sin siquiera haberlo disfrutado. Los últimos días, el cuatro de septiembre era la fecha mítica que esperaba con impaciencia, hacia la que miraba para poder sortear mejor los agobios del trabajo, la soledad de mi cama, el hastío de Madrid sin P. Me imaginaba un día soleado, al borde del mar (aunque no sea mi Cantábrico querido, sino un remedo domesticado, plano y caldoso de aquél) y con P a mi lado, después de casi dos semanas sin vernos... Ayer empezaron los problemas con el autobús, fui hasta Méndez Álvaro y comprobé que, efectivamente, no quedaban plazas a ninguna hora (yo lo flipo, ¿tanta gente se iba para Torrevieja justamente hoy?). Ya me enrrabieté y, muy en plan pataleta, le envié un mensaje en que le decía que no me esperase. Al cabo de dos o tres horas -yo estaba en casa, preparándome la cena- me llamó él. Que si no podía ir en tren hasta Alicante y desde allí coger un bus a Torrevieja. Dudé en hacerlo, le dije que lo miraría, pero una vez que colgué se me presentó la realidad que había estado ocultando todos estos días: trabajo el domingo, así que llegaría allí en torno al mediodía y me marcharía a primera hora de la mañana siguiente para estar a tiempo en el curro, ando pillado de pelas y, entre el tren y el autobús, el presupuesto del que disponía hacía aguas por todas partes, a lo mejor me iba a encontrar con que P no me haría mucho caso, metido en los intríngulis del estreno, y para colmo no conozco a ninguno de sus amigos y, quizá, me iba a dar el punto tímido y autista con todos ellos. Así que decidí no ir... Creo que no le ha hecho ni puñetera gracia. Acabo de llamarle para ver cómo fue todo (actuaba a las seis) y no me ha cogido el teléfono. Pero no me voy a rallar, he dejado un mensaje de voz y ya me contestará.
Anoche decidí que no me apetecía quedarme en casa y comerme el coco pensando en si había hecho bien o mal. Quedé con E en La ida. Estaba acompañada por Espe y L, dos hermanas de Jaén (de donde también es P) a las que conocí hará unos meses. Luego nos encontramos con J&A y ya malasañeamos hasta tarde. Lo pasé bien, aunque en todo momento tuve a P en mente. Creo que mis sentimientos están claros, pero a veces me dan ganas de mandar la relación a paseo. En el plano emocional no estoy acostumbrado a que las cosas me salgan bien (ningún novio me ha durado más de tres meses) y acojona ver el grado de enganche que podemos llegar a tener P y yo. ¿Y si no estoy preparado? ¿Y si me entrego y él me da la patada? P es un chico dulce, inteligente y sensible que lo ha pasado muy mal y que se merece lo mejor. ¿Soy yo ese "lo mejor"? En ocasiones me puede la inseguridad y lo poco que me quiero, y llego a la conclusión de que no soy la persona adecuada para él, con todas mis rarezas a cuestas. No sé.
Acaba de llamarme y todo bien... No le he notado enfadado y sí con ganas de hablar. El festival, un desastre. Se ha puesto a llover a manta y, como era al aire libre, han tenido que suspender la actuación. Pobrecillo, con todo lo que ha currado estos días. Ojalá que escampe y puedan hacer algo.
No